Más vale tarde que nunca, habrá pensado Macri al decidir meter la marcha atrás con el traspaso de los subtes. Los habÃa aceptado de mala gana hace dos meses. Pero, salvo para aumentar la tarifa, todo lo demás continuaba hasta hoy en manos del gobierno nacional (Ver: Macri rechazó el subte y el Gobierno salió a cruzarlo).
Macri habÃa quedado preso de su propio reclamo. Por años pidió a la Nación que cumpliera un decreto de Menem que dispuso transferir el subte a la Ciudad. Y, urgido por sus problemas de caja , el kirchnerismo decidió cedérselos de un dÃa para otro.
Cristina presentó todo como un gesto de federalismo . Lo apretó públicamente y Macri resistió como Sacachispas ante el Barcelona: no tenÃa presupuesto para bancar el servicio pero accedió al traspaso sin los fondos del subsidio. Sólo le prometieron pagar la mitad del déficit de este año.
No hubo inventario ni se revisó el contrato de concesión. Los papeles definitivos debÃan estar listos en tres meses pero Macri asumió de entrada la facultad para fijar la tarifa. La usó de inmediato: la subió un 125%. Pagó ese precio polÃtico sin siquiera compartirlo con el Gobierno. Y, encima, el kirchnerismo salió en bloque a castigarlo por el ajuste.
El costo de las seis lÃneas y el Premetro es de unos $ 100 millones al mes. Antes del incremento de tarifas, un 40% se financiaba con los boletos y los $ 60 millones restantes, con subsidios. Macri creyó que los nuevos ingresos cubrirÃan su parte del gasto pero el Gobierno entendió que en la misma medida debÃa bajar su aporte Esa fue una de las razones de la marcha atrás. Otras: debÃa lidiar con la izquierda gremial y el Gobierno lo apuró al retirar la Federal de las estaciones. La Metropolitana tenÃa que custodiarlas desde hoy. Hubo una más que terminó de convencerlo : la tragedia de Once. Vio reflejado allà todo el riesgo que corrÃa, aunque los subtes estén mucho mejor que los trenes.
Quedarse ahora con los subtes era un negocio a pura pérdida. Y se plantó.
Macri habÃa quedado preso de su propio reclamo. Por años pidió a la Nación que cumpliera un decreto de Menem que dispuso transferir el subte a la Ciudad. Y, urgido por sus problemas de caja , el kirchnerismo decidió cedérselos de un dÃa para otro.
Cristina presentó todo como un gesto de federalismo . Lo apretó públicamente y Macri resistió como Sacachispas ante el Barcelona: no tenÃa presupuesto para bancar el servicio pero accedió al traspaso sin los fondos del subsidio. Sólo le prometieron pagar la mitad del déficit de este año.
No hubo inventario ni se revisó el contrato de concesión. Los papeles definitivos debÃan estar listos en tres meses pero Macri asumió de entrada la facultad para fijar la tarifa. La usó de inmediato: la subió un 125%. Pagó ese precio polÃtico sin siquiera compartirlo con el Gobierno. Y, encima, el kirchnerismo salió en bloque a castigarlo por el ajuste.
El costo de las seis lÃneas y el Premetro es de unos $ 100 millones al mes. Antes del incremento de tarifas, un 40% se financiaba con los boletos y los $ 60 millones restantes, con subsidios. Macri creyó que los nuevos ingresos cubrirÃan su parte del gasto pero el Gobierno entendió que en la misma medida debÃa bajar su aporte Esa fue una de las razones de la marcha atrás. Otras: debÃa lidiar con la izquierda gremial y el Gobierno lo apuró al retirar la Federal de las estaciones. La Metropolitana tenÃa que custodiarlas desde hoy. Hubo una más que terminó de convencerlo : la tragedia de Once. Vio reflejado allà todo el riesgo que corrÃa, aunque los subtes estén mucho mejor que los trenes.
Quedarse ahora con los subtes era un negocio a pura pérdida. Y se plantó.