Durante el siglo pasado, el “sur†recibió distintas definiciones: paÃses subdesarrollados, tercer mundo, bloque no alineado, periferia. Si bien existÃa una coincidencia territorial, esas nominaciones estaban relacionadas con un orden geopolÃtico, vinculado a la Guerra FrÃa, primero, y la hegemonÃa norteamericana, después. En la actualidad, con el surgimiento de economÃas emergentes y la consolidación de un mundo cada vez más multipolar, el debate sobre el lugar del “sur†cobra un lugar novedoso.
Si bien se podrÃa decir, pensando en fronteras más o menos estables, que hoy el “sur†incluye América Latina, Ãfrica y gran parte de Asia, el problema no se cierra ahÃ. Por ejemplo, Rusia, por su poder geopolÃtico, y China, por ser la segunda potencia económica, están en los lÃmites de esta definición. Pero no son los únicos: ¿se debe incluir a India? ¿Dónde se sitúa Brasil, la quinta economÃa mundial, inserta en América Latina? Pero, además, ¿proponen estas economÃas emergentes modelos autónomos de desarrollo o se trata de nuevos colonialismos? ¿Se compensan o se reformulan las antiguas asimetrÃas?
La Universidad Nacional San MartÃn (UNSAM) lanzó el Programa de Estudios Sur Global, con el objetivo de analizar el protagonismo mundial de esa nueva periferia emergente y comparar las experiencias polÃticas, económicas y culturales desde una perspectiva Sur-Sur. Su director, el antropólogo argentino Juan Obarrio, doctorado en Columbia University y experto en estudios africanos, conversó con Tiempo Argentino y señaló: “En el cono sur, hay un intento de retomar polÃticas neokeynesianas, de distribución, Pero hay una discusión sobre posneoliberalismo que es más polÃtica que económica. En la economÃa no hay una gran rupturaâ€.
-¿Estamos en un mundo más multipolar o seguimos bajo la hegemonÃa de Estados Unidos?
-En la primera ola de la globalización, se creÃa que el borramiento de fronteras iba a derivar en el surgimiento de supraestados. Pero si bien el capital financiero es transnacional, en estos años hubo, en paralelo, una reafirmación de los Estados nación. Estados Unidos sigue siendo la primera potencia, pero no como en el fin de la Guerra FrÃa, se abrió mucho más el juego geopolÃtico. Se pasó de un mundo unipolar, a un mundo más múltiple, que involucra más negociaciones. No voy a decir que Estados Unidos está en declive, pero vemos por ejemplo en las negociaciones y retrocesos de EEUU con respecto una intervención militar en Siria, el rol del G20, de Rusia. El poderÃo militar de EEUU sigue siendo abrumador, es muchas veces mayor que el del resto del mundo junto. Ahà sà se terminan las discusiones sobre el mundo multipolar. Es decir, puede haber cierto declive, más negociaciones, debido al endeudamiento y los muy altos déficits norteamericanos, pero el poderÃo militar americano es avasallante. Dentro de esa dicotomÃa, se mueve la globalización hoy en dÃa.
-¿Los paÃses del sur proponen modelos autónomos de desarrollo o están aprovechando las oportunidades de negocios que abren los nuevos mercados?
-Los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) ponen en juego la definición del sur global. Tenés potencias que empiezan a actuar en acuerdo, aunque todavÃa sin resultados concretos, para tratar de influir en la arquitectura geopolÃtica mundial. TodavÃa no se ha concretado una propuesta alternativa, y mucho menos han cambiado los parámetros en temas como la discusión sobre cambio climático. Pero han avanzado en el Banco de Desarrollo y el año pasado establecieron la cantidad de financiamiento que cada uno va a aportar. Es muy importante contar con fuentes de financiamiento alternativas a las agencias multilaterales. Esto está empezando y es aún muy incipiente. Se dice, desde el norte, que estos paÃses no sólo tienen que traccionar desarrollo en sus regiones, sino revitalizar la economÃa global. Ahà hay un gran problema, candente, vinculado a la pregunta sobre la reinversión de los excedentes del sur. Hasta ahora, en gran medida están siendo reinvertidos en la economÃa del norte, en los mercados financieros globales, y en regenerar la economÃa global. Algunos paÃses financian polÃticas públicas, pero en ningún caso se han volcado a hacer cambios estructurales de fondo en la economÃa. Está por verse si son potencias emergentes que se van sumando a un concierto multipolar o si van a adoptar otra posición respecto a las regiones de pertenencia. ¿Se puede hablar de un neocolonialismo? ¿De una megapotencia en cada región que comienza a hegemonizar polÃticas y diplomacias?
-A Brasil, por ejemplo, se le exige que sea la Alemania de Latinoamérica, pero Alemania tiene un comportamiento extorsivo con sus vecinos.
-SÃ, el tema de que surjan potencias en el sur genera una ruptura que vale la pena evaluar. Brasil está invirtiendo muy fuertemente en Ãfrica, aunque menos que China, en infraestructura y desarrollo. Ahà hay una discusión sobre la cooperación sur-sur. Ãfrica lo que busca de China o de Brasil es un mejor acceso a tecnologÃa, donde está muy atrasada. Esa discusión está por verse. Si se va a tratar de una cooperación horizontal o si es como algunos ya están hablando, de una relación neocolonial.
-¿En qué sentido la experiencia de China en Ãfrica puede resultar ilustrativa para América Latina?
-Hay una gran y creciente presencia China en Ãfrica vinculada a la compra de tierras, la extracción de recursos, la inversión en infraestructura y la entrega de créditos a muy largo plazo. Algunos analistas dicen que en Ãfrica hay una corrida de apropiación de tierras, a través de distintas modalidades, ya sea con inversiones extranjeras o mediante asociaciones con el Estado. China está pensando en el mediano plazo, en los recursos y alimentos para su economÃa. Tiene una gran liquidez y con eso crea grandes mercados para sus productos industriales, que son muy baratos. No están claros aún los términos polÃticos de esos acuerdos económicos, qué implicancias tendrán a nivel geopolÃtico. Es evidente que ganó en influencia diplomática, pero nadie tiene en claro las dimensiones de la contrapartida futura. Obviamente están invirtiendo para desarrollar su propia economÃa, pero está por verse si eso representa un modelo de desarrollo alternativo al norte y occidente.
-¿Por qué China potencia otros cultivos en Ãfrica, pero acá potenció, sobre todo, el monocultivo de soja?
-China ha entrado de una manera muy extendida en Ãfrica y no lo ha hecho con la misma envergadura aun en América Latina. Lo del monocultivo se explica también como parte de un modelo polÃtico colonial: que cada paÃs esté especializado y compartimentado, subdividido en enclaves. Este punto nos lleva a pensar el colonialismo como una negociación entre élites locales y agentes extranjeros que, según sus conveniencias, pueden abrir el espectro y generar una diversificación económica o no. Si algún paÃs quiere exigir diversidad, lo va a tener que negociar. Pero si esa demanda no existe desde lo local, es difÃcil que suceda desde afuera.
-¿Cuál es el rol de las élites en los procesos postcoloniales?
-En Ãfrica las dirigencias polÃticas y económicas se están beneficiando de una cierta seguridad financiera, a raÃz del ingreso del estado y las empresas chinas, que les otorga poder polÃtico, seguridad y control. Pero al mismo tiempo, existe una disyuntiva entre tratar de reformular un Estado neodesarrollista, otorgarle cierta autonomÃa, y ceder a las presiones de diferentes sectores internacionales. Los Estados africanos son estados de muy escasos recursos, y todavÃa hay mucha presión, muchos condicionamientos, por parte de sus antiguos poderes coloniales y, obviamente, una fuerte injerencia de Estados Unidos. Las élites aun están muy ligadas polÃtica, militar y económicamente a los paÃses que los habÃan colonizado, como se vio en la intervención francesa a Mali.
-¿Por qué asegura que el paralelo más enriquecedor entre Latinoamérica, Ãfrica y Asia se da en la discusión postcolonial-postotalitaria?
-La teorÃa poscolonial se desarrolló, sobre todo, en India, sur de Asia y luego en Ãfrica. Se trata de un pensamiento polÃtico que busca entender cómo el Estado nación y los sujetos, los ciudadanos, transitan la experiencia de la salida de los regÃmenes coloniales, es decir del capitalismo de extracción, la negación de derechos y la represión polÃtica. Nuestro equivalente a la postcolonia nacida en los cincuenta y sesenta, son nuestras experiencias de cuasi guerras civiles, regÃmenes totalitarios y transición post-dictadura. Pensando en América Latina, es interesante ver, por un lado, que tenemos una experiencia de siglos como postcolonia, donde obviamente entra el imperio español y portugués, que han moldeado nuestros estados, identidades raciales y sociales. Pero más recientemente hemos vivido experiencias contemporáneas de colonialismo británico en el siglo diecinueve y principios del veinte y el imperialismo norteamericano a partir de la segunda mitad del siglo XX, con golpes de estado, gobiernos dictatoriales, represión polÃtica y mecanismos neocoloniales de extracción y endeudamiento ligados a poderes externos.
-Mirando Egipto o Siria, parece una violencia polÃtica distinta en su magnitud y en su naturaleza a la vivida en América Latina.
-En principio, estoy de acuerdo con establecer esa diferencia. Sin embargo, los procesos de violencia polÃtica, en Latinoamérica y en otras regiones de sur global, tienen raÃces comunes, en los mismos actores y procesos internacionales que establecieron dinámicas neocoloniales paralelas. La experiencia de la represión polÃtica en Argentina no se restringe a la última dictadura sino que ha habido elementos de guerra civil y autoritarismo colonial desde 1950. Tal vez no se pueden comparar cuantitativamente las polÃticas de muerte en Ãfrica y Latinoamérica. Pero algunas guerras civiles e insurgencias en nuestra región, como el caso colombiano, llevan más de cincuenta años. Es decir, sà se pueden comparar los efectos de esas experiencias en la cultura polÃtica y en las subjetividades.
-En Latinoamérica se habla de la recuperación del Estado. Sobre Ãfrica, usted menciona que el Estado es un «actor privado más», ¿existe una diferencia tan profunda?
-Lo primero que hay que decir es que el neoliberalismo transformó la orientación o el sentido del derecho según la lógica del funcionamiento de los mercados. Se supone que el neoliberalismo es una desregulación, pero en verdad, es una proliferación de regÃmenes legales, de derecho, todo un aparato jurÃdico para desregular la circulación de capital. El derecho está cada vez más presente. Lo social y la polÃtica se judicializan. Las luchas polÃticas se convierten en demandas legales y eso cambia un sentido previo del derecho y la ley. La cuestión es ver si lo que prima en las orientaciones polÃticas es la lógica del mercado y la rentabilidad financiera, el lucro, o si es el bien común. Aunque una empresa esté manejada por el Estado, puede seguir primando la rentabilidad. Empresas públicas renacionalizadas pueden actuar como un ente privado, donde lo que nuclea es la ganancia. En el cono sur, hay un intento de retomar polÃticas neokeynesianas, de distribución, mucho más concretamente en Brasil que en Argentina. Pero hay una discusión sobre posneoliberalismo que es más polÃtica que económica. En la economÃa no hay una gran ruptura. Hubo hechos concretos, pero se trata de estados muy debilitados por décadas de descentralización y presiones externas como para poder generar cambios estructurales, como el freno al capitalismo de extracción, la extranjerización transnacional de la economÃa o la distribución social del capital. «
por qué nadie habla de la «primavera africana»
Un buen ejemplo de cómo influyen las definiciones en la forma de analizar la realidad internacional es el uso del término «primavera árabe» para caracterizar a los levantamientos populares ocurridos entre 2010 y 2013. Si bien ese proceso comenzó en Túnez y se expandió hacia Egipto y Libia, nadie priorizó la inscripción territorial en ese continente, ni pensó en denominarlo la «primavera africana». «Ahà hay una cuestión muy antigua. La cuna de la civilización es Ãfrica y fueron los árabes los que tradujeron la filosofÃa griega y la llevaron a Europa, a través de España. Desde siempre, hay eventos centrales que ocurren en Ãfrica, pero no se los define desde ahÃ. Por eso, podemos dejar abierta la pregunta: ¿será que algo de vanguardia no puede ser africano? Ãfrica ha sido siempre como lo retrasado, lo abandonado, lo fuera de la historia», advierte Obarrio.
Del mismo modo, resulta usual conectar la primavera árabe con las masivas movilizaciones en Brasil o el movimiento Occupy en Estados Unidos. Algunos periodistas, incluso, establecieron simetrÃas con los hechos ocurridos en Argentina en 2001 y 2002. En paralelo, no se establecen otras asociaciones que parecen más obvias. «Por el imaginario de la toma de los espacios públicos, se asociaron las demostraciones en la plaza tunecina con las de Nueva York. Pero son polÃtica y culturalmente diferentes. ¿Qué similitudes hay entre Mubarak, y el PT? ¿Quién establece ese nexo y por qué? En cambio, lo que sucede en el Norte de Ãfrica occidental tiene mucha más cercanÃa que la que existe con Mali, Senegal, pero ahà no se dice nada», agrega.
proyectos académicos y sistemas
La caÃda del bloque soviético, no sólo trajo una reconfiguración geopolÃtica, sino también una revolución en el mundo de los saberes. A partir de 1945, en consonancia con la Guerra FrÃa, Estados Unidos y Europa consolidaron los «estudios de área»: grupos interdisciplinarios, con expertos de distintas ciencias, que analizaban un paÃs o una región en particular. Estos proyectos académicos estaban vinculados con los sistemas de gobierno, las fundaciones internacionales y fueron denunciados por expertos locales, como una forma de «colonización», en este caso a través del saber.
Con el fin del modelo de dominación colonial, ese esquema de conocimiento entró en crisis, quedó obsoleto y comenzó el auge de los «estudios globales». Pero, otra vez, la producción de esas ideas se realiza «en el norte». «Por eso, apostamos a los estudios de la globalización desde una perspectiva comparativa sur-sur. Es muy distinto verse como una región y conectarse con otros paÃses para estudiar o intervenir sobre el mundo, que generar estudios en Brasil sobre Ãfrica o China. En Brasil, el intercambio económico, comercial va generando recursos financieros para las investigaciones. El tema es ver si Brasil toma a Ãfrica como objeto o si establece una colaboración horizontal», cuestionó Obarrio.
la globalización, categorÃa militar
Un poco provocando, un poco no, Obarrio describe a la globalización como una categorÃa militar: una dominación económica que surge como consecuencia de una guerra y que se basa en la desregulación del capital financiero y el libre flujo de capitales especulativos.
A pesar de que en algunos paÃses la globalización cumple un rol central en el debate público, no sucede lo mismo en Argentina. «Puede no plantearse en esos términos, pero los temas más urgentes están directamente asociados a la globalización: el canje de la deuda, los modelos de capitalismo extractivo, la tensión privatización-nacionalización, la eficacia de las empresas mixtas, la inserción o desarticulación del resto del mundo, el apoyo en las alianzas bilaterales como multilaterales. Incluso la discusión con las corporaciones mediáticas y la libre circulación de información es propia del debate en torno a la globalización. No es una discusión sobre un diario nacional y un gobierno, es sobre capitales financieros transnacionales. Cuando se habla de las reservas o de la salida de capitales se está discutiendo lo central de la globalización: la posibilidad o no de su regulación y la incidencia que tienen en cuestiones de ciudadanÃa, acceso y distribución», explicó Obarrio.
Si bien se podrÃa decir, pensando en fronteras más o menos estables, que hoy el “sur†incluye América Latina, Ãfrica y gran parte de Asia, el problema no se cierra ahÃ. Por ejemplo, Rusia, por su poder geopolÃtico, y China, por ser la segunda potencia económica, están en los lÃmites de esta definición. Pero no son los únicos: ¿se debe incluir a India? ¿Dónde se sitúa Brasil, la quinta economÃa mundial, inserta en América Latina? Pero, además, ¿proponen estas economÃas emergentes modelos autónomos de desarrollo o se trata de nuevos colonialismos? ¿Se compensan o se reformulan las antiguas asimetrÃas?
La Universidad Nacional San MartÃn (UNSAM) lanzó el Programa de Estudios Sur Global, con el objetivo de analizar el protagonismo mundial de esa nueva periferia emergente y comparar las experiencias polÃticas, económicas y culturales desde una perspectiva Sur-Sur. Su director, el antropólogo argentino Juan Obarrio, doctorado en Columbia University y experto en estudios africanos, conversó con Tiempo Argentino y señaló: “En el cono sur, hay un intento de retomar polÃticas neokeynesianas, de distribución, Pero hay una discusión sobre posneoliberalismo que es más polÃtica que económica. En la economÃa no hay una gran rupturaâ€.
-¿Estamos en un mundo más multipolar o seguimos bajo la hegemonÃa de Estados Unidos?
-En la primera ola de la globalización, se creÃa que el borramiento de fronteras iba a derivar en el surgimiento de supraestados. Pero si bien el capital financiero es transnacional, en estos años hubo, en paralelo, una reafirmación de los Estados nación. Estados Unidos sigue siendo la primera potencia, pero no como en el fin de la Guerra FrÃa, se abrió mucho más el juego geopolÃtico. Se pasó de un mundo unipolar, a un mundo más múltiple, que involucra más negociaciones. No voy a decir que Estados Unidos está en declive, pero vemos por ejemplo en las negociaciones y retrocesos de EEUU con respecto una intervención militar en Siria, el rol del G20, de Rusia. El poderÃo militar de EEUU sigue siendo abrumador, es muchas veces mayor que el del resto del mundo junto. Ahà sà se terminan las discusiones sobre el mundo multipolar. Es decir, puede haber cierto declive, más negociaciones, debido al endeudamiento y los muy altos déficits norteamericanos, pero el poderÃo militar americano es avasallante. Dentro de esa dicotomÃa, se mueve la globalización hoy en dÃa.
-¿Los paÃses del sur proponen modelos autónomos de desarrollo o están aprovechando las oportunidades de negocios que abren los nuevos mercados?
-Los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) ponen en juego la definición del sur global. Tenés potencias que empiezan a actuar en acuerdo, aunque todavÃa sin resultados concretos, para tratar de influir en la arquitectura geopolÃtica mundial. TodavÃa no se ha concretado una propuesta alternativa, y mucho menos han cambiado los parámetros en temas como la discusión sobre cambio climático. Pero han avanzado en el Banco de Desarrollo y el año pasado establecieron la cantidad de financiamiento que cada uno va a aportar. Es muy importante contar con fuentes de financiamiento alternativas a las agencias multilaterales. Esto está empezando y es aún muy incipiente. Se dice, desde el norte, que estos paÃses no sólo tienen que traccionar desarrollo en sus regiones, sino revitalizar la economÃa global. Ahà hay un gran problema, candente, vinculado a la pregunta sobre la reinversión de los excedentes del sur. Hasta ahora, en gran medida están siendo reinvertidos en la economÃa del norte, en los mercados financieros globales, y en regenerar la economÃa global. Algunos paÃses financian polÃticas públicas, pero en ningún caso se han volcado a hacer cambios estructurales de fondo en la economÃa. Está por verse si son potencias emergentes que se van sumando a un concierto multipolar o si van a adoptar otra posición respecto a las regiones de pertenencia. ¿Se puede hablar de un neocolonialismo? ¿De una megapotencia en cada región que comienza a hegemonizar polÃticas y diplomacias?
-A Brasil, por ejemplo, se le exige que sea la Alemania de Latinoamérica, pero Alemania tiene un comportamiento extorsivo con sus vecinos.
-SÃ, el tema de que surjan potencias en el sur genera una ruptura que vale la pena evaluar. Brasil está invirtiendo muy fuertemente en Ãfrica, aunque menos que China, en infraestructura y desarrollo. Ahà hay una discusión sobre la cooperación sur-sur. Ãfrica lo que busca de China o de Brasil es un mejor acceso a tecnologÃa, donde está muy atrasada. Esa discusión está por verse. Si se va a tratar de una cooperación horizontal o si es como algunos ya están hablando, de una relación neocolonial.
-¿En qué sentido la experiencia de China en Ãfrica puede resultar ilustrativa para América Latina?
-Hay una gran y creciente presencia China en Ãfrica vinculada a la compra de tierras, la extracción de recursos, la inversión en infraestructura y la entrega de créditos a muy largo plazo. Algunos analistas dicen que en Ãfrica hay una corrida de apropiación de tierras, a través de distintas modalidades, ya sea con inversiones extranjeras o mediante asociaciones con el Estado. China está pensando en el mediano plazo, en los recursos y alimentos para su economÃa. Tiene una gran liquidez y con eso crea grandes mercados para sus productos industriales, que son muy baratos. No están claros aún los términos polÃticos de esos acuerdos económicos, qué implicancias tendrán a nivel geopolÃtico. Es evidente que ganó en influencia diplomática, pero nadie tiene en claro las dimensiones de la contrapartida futura. Obviamente están invirtiendo para desarrollar su propia economÃa, pero está por verse si eso representa un modelo de desarrollo alternativo al norte y occidente.
-¿Por qué China potencia otros cultivos en Ãfrica, pero acá potenció, sobre todo, el monocultivo de soja?
-China ha entrado de una manera muy extendida en Ãfrica y no lo ha hecho con la misma envergadura aun en América Latina. Lo del monocultivo se explica también como parte de un modelo polÃtico colonial: que cada paÃs esté especializado y compartimentado, subdividido en enclaves. Este punto nos lleva a pensar el colonialismo como una negociación entre élites locales y agentes extranjeros que, según sus conveniencias, pueden abrir el espectro y generar una diversificación económica o no. Si algún paÃs quiere exigir diversidad, lo va a tener que negociar. Pero si esa demanda no existe desde lo local, es difÃcil que suceda desde afuera.
-¿Cuál es el rol de las élites en los procesos postcoloniales?
-En Ãfrica las dirigencias polÃticas y económicas se están beneficiando de una cierta seguridad financiera, a raÃz del ingreso del estado y las empresas chinas, que les otorga poder polÃtico, seguridad y control. Pero al mismo tiempo, existe una disyuntiva entre tratar de reformular un Estado neodesarrollista, otorgarle cierta autonomÃa, y ceder a las presiones de diferentes sectores internacionales. Los Estados africanos son estados de muy escasos recursos, y todavÃa hay mucha presión, muchos condicionamientos, por parte de sus antiguos poderes coloniales y, obviamente, una fuerte injerencia de Estados Unidos. Las élites aun están muy ligadas polÃtica, militar y económicamente a los paÃses que los habÃan colonizado, como se vio en la intervención francesa a Mali.
-¿Por qué asegura que el paralelo más enriquecedor entre Latinoamérica, Ãfrica y Asia se da en la discusión postcolonial-postotalitaria?
-La teorÃa poscolonial se desarrolló, sobre todo, en India, sur de Asia y luego en Ãfrica. Se trata de un pensamiento polÃtico que busca entender cómo el Estado nación y los sujetos, los ciudadanos, transitan la experiencia de la salida de los regÃmenes coloniales, es decir del capitalismo de extracción, la negación de derechos y la represión polÃtica. Nuestro equivalente a la postcolonia nacida en los cincuenta y sesenta, son nuestras experiencias de cuasi guerras civiles, regÃmenes totalitarios y transición post-dictadura. Pensando en América Latina, es interesante ver, por un lado, que tenemos una experiencia de siglos como postcolonia, donde obviamente entra el imperio español y portugués, que han moldeado nuestros estados, identidades raciales y sociales. Pero más recientemente hemos vivido experiencias contemporáneas de colonialismo británico en el siglo diecinueve y principios del veinte y el imperialismo norteamericano a partir de la segunda mitad del siglo XX, con golpes de estado, gobiernos dictatoriales, represión polÃtica y mecanismos neocoloniales de extracción y endeudamiento ligados a poderes externos.
-Mirando Egipto o Siria, parece una violencia polÃtica distinta en su magnitud y en su naturaleza a la vivida en América Latina.
-En principio, estoy de acuerdo con establecer esa diferencia. Sin embargo, los procesos de violencia polÃtica, en Latinoamérica y en otras regiones de sur global, tienen raÃces comunes, en los mismos actores y procesos internacionales que establecieron dinámicas neocoloniales paralelas. La experiencia de la represión polÃtica en Argentina no se restringe a la última dictadura sino que ha habido elementos de guerra civil y autoritarismo colonial desde 1950. Tal vez no se pueden comparar cuantitativamente las polÃticas de muerte en Ãfrica y Latinoamérica. Pero algunas guerras civiles e insurgencias en nuestra región, como el caso colombiano, llevan más de cincuenta años. Es decir, sà se pueden comparar los efectos de esas experiencias en la cultura polÃtica y en las subjetividades.
-En Latinoamérica se habla de la recuperación del Estado. Sobre Ãfrica, usted menciona que el Estado es un «actor privado más», ¿existe una diferencia tan profunda?
-Lo primero que hay que decir es que el neoliberalismo transformó la orientación o el sentido del derecho según la lógica del funcionamiento de los mercados. Se supone que el neoliberalismo es una desregulación, pero en verdad, es una proliferación de regÃmenes legales, de derecho, todo un aparato jurÃdico para desregular la circulación de capital. El derecho está cada vez más presente. Lo social y la polÃtica se judicializan. Las luchas polÃticas se convierten en demandas legales y eso cambia un sentido previo del derecho y la ley. La cuestión es ver si lo que prima en las orientaciones polÃticas es la lógica del mercado y la rentabilidad financiera, el lucro, o si es el bien común. Aunque una empresa esté manejada por el Estado, puede seguir primando la rentabilidad. Empresas públicas renacionalizadas pueden actuar como un ente privado, donde lo que nuclea es la ganancia. En el cono sur, hay un intento de retomar polÃticas neokeynesianas, de distribución, mucho más concretamente en Brasil que en Argentina. Pero hay una discusión sobre posneoliberalismo que es más polÃtica que económica. En la economÃa no hay una gran ruptura. Hubo hechos concretos, pero se trata de estados muy debilitados por décadas de descentralización y presiones externas como para poder generar cambios estructurales, como el freno al capitalismo de extracción, la extranjerización transnacional de la economÃa o la distribución social del capital. «
por qué nadie habla de la «primavera africana»
Un buen ejemplo de cómo influyen las definiciones en la forma de analizar la realidad internacional es el uso del término «primavera árabe» para caracterizar a los levantamientos populares ocurridos entre 2010 y 2013. Si bien ese proceso comenzó en Túnez y se expandió hacia Egipto y Libia, nadie priorizó la inscripción territorial en ese continente, ni pensó en denominarlo la «primavera africana». «Ahà hay una cuestión muy antigua. La cuna de la civilización es Ãfrica y fueron los árabes los que tradujeron la filosofÃa griega y la llevaron a Europa, a través de España. Desde siempre, hay eventos centrales que ocurren en Ãfrica, pero no se los define desde ahÃ. Por eso, podemos dejar abierta la pregunta: ¿será que algo de vanguardia no puede ser africano? Ãfrica ha sido siempre como lo retrasado, lo abandonado, lo fuera de la historia», advierte Obarrio.
Del mismo modo, resulta usual conectar la primavera árabe con las masivas movilizaciones en Brasil o el movimiento Occupy en Estados Unidos. Algunos periodistas, incluso, establecieron simetrÃas con los hechos ocurridos en Argentina en 2001 y 2002. En paralelo, no se establecen otras asociaciones que parecen más obvias. «Por el imaginario de la toma de los espacios públicos, se asociaron las demostraciones en la plaza tunecina con las de Nueva York. Pero son polÃtica y culturalmente diferentes. ¿Qué similitudes hay entre Mubarak, y el PT? ¿Quién establece ese nexo y por qué? En cambio, lo que sucede en el Norte de Ãfrica occidental tiene mucha más cercanÃa que la que existe con Mali, Senegal, pero ahà no se dice nada», agrega.
proyectos académicos y sistemas
La caÃda del bloque soviético, no sólo trajo una reconfiguración geopolÃtica, sino también una revolución en el mundo de los saberes. A partir de 1945, en consonancia con la Guerra FrÃa, Estados Unidos y Europa consolidaron los «estudios de área»: grupos interdisciplinarios, con expertos de distintas ciencias, que analizaban un paÃs o una región en particular. Estos proyectos académicos estaban vinculados con los sistemas de gobierno, las fundaciones internacionales y fueron denunciados por expertos locales, como una forma de «colonización», en este caso a través del saber.
Con el fin del modelo de dominación colonial, ese esquema de conocimiento entró en crisis, quedó obsoleto y comenzó el auge de los «estudios globales». Pero, otra vez, la producción de esas ideas se realiza «en el norte». «Por eso, apostamos a los estudios de la globalización desde una perspectiva comparativa sur-sur. Es muy distinto verse como una región y conectarse con otros paÃses para estudiar o intervenir sobre el mundo, que generar estudios en Brasil sobre Ãfrica o China. En Brasil, el intercambio económico, comercial va generando recursos financieros para las investigaciones. El tema es ver si Brasil toma a Ãfrica como objeto o si establece una colaboración horizontal», cuestionó Obarrio.
la globalización, categorÃa militar
Un poco provocando, un poco no, Obarrio describe a la globalización como una categorÃa militar: una dominación económica que surge como consecuencia de una guerra y que se basa en la desregulación del capital financiero y el libre flujo de capitales especulativos.
A pesar de que en algunos paÃses la globalización cumple un rol central en el debate público, no sucede lo mismo en Argentina. «Puede no plantearse en esos términos, pero los temas más urgentes están directamente asociados a la globalización: el canje de la deuda, los modelos de capitalismo extractivo, la tensión privatización-nacionalización, la eficacia de las empresas mixtas, la inserción o desarticulación del resto del mundo, el apoyo en las alianzas bilaterales como multilaterales. Incluso la discusión con las corporaciones mediáticas y la libre circulación de información es propia del debate en torno a la globalización. No es una discusión sobre un diario nacional y un gobierno, es sobre capitales financieros transnacionales. Cuando se habla de las reservas o de la salida de capitales se está discutiendo lo central de la globalización: la posibilidad o no de su regulación y la incidencia que tienen en cuestiones de ciudadanÃa, acceso y distribución», explicó Obarrio.