El Frente puede perder

Nacional – OPINIÓN – ADOLFO GARCÉ
Después de la elección del domingo pasado ya no considero prácticamente imposible que el FA pierda la elección en noviembre
Quienes tienen la paciencia de leer lo que escribo en este espacio saben que, desde hace años, vengo argumentando que el Frente Amplio es el favorito. Sigo pensando lo mismo. Pero después de la elección del domingo pasado ya no considero prácticamente imposible que pierda la elección en noviembre. El FA realmente puede perder. En 2004, la probabilidad de que el FA no ganara la elección tendía a cero. Le bastó calmar a los electores centristas y a la city mediante el gesto hacia Danilo Astori en julio de 2004 y hacer una campaña electoral correcta para triunfar en primera vuelta. Cinco años después, le alcanzó con armar la fórmula Mujica-Astori y enfilar sin piedad las baterías discursivas contra el Partido Nacional encabezado por el expresidente Luis Alberto Lacalle para reeditar la victoria. Ya no es así. La campaña sería decisiva. Y la actitud de su candidato presidencial, realmente fundamental.
El FA puede perder porque el domingo la ciudadanía dejó muy claro hasta qué punto empieza a estar cansada de las mismas caras y de los mismos gestos. Muchísimos, demasiados, manifestaron su desinterés no concurriendo a votar. Pero los que sí votaron, especialmente en el FA y en el PN, se pronunciaron por lo nuevo. En el PN se manifestaron claramente a favor de la renovación. La experiencia de Jorge Larrañaga, su larga trayectoria en la política, a la postre, terminó siendo una debilidad y no una fortaleza. Pagó muy caro sus largos años de actuación como protagonista central del escenario de la política nacional (senador muy activo durante el gobierno de Jorge Batlle, candidato a la Presidencia en 2004, principal referente de la oposición durante los mandatos sucesivos del FA). Hace 10 años encarnó la demanda de renovación en un PN fatigado del protagonismo del expresidente Lacalle. El domingo esa misma demanda, la de voces y perfiles nuevos, demolió su sueño de pelearle otra vez la Presidencia a Vázquez.
Pero la demanda de renovación se manifestó también en el FA. Es cierto que Vázquez logró una cómoda victoria sobre Constanza Moreira. Pero Constanza, siendo una figura extraordinariamente nueva en el tablero, logró un porcentaje similar al obtenido por Astori cuando, en 1999, y luego de haber sido candidato a la vicepresidencia por el FA en 1989 y senador durante una década, pugnó por la candidatura presidencial contra Vázquez. Pero entre los que el domingo pasado prefirieron a Vázquez, rompiendo todos los pronósticos, descolló la lista 711 de Raúl Sendic. Compromiso Frenteamplista obtuvo más apoyo que el Frente Líber Seregni de Astori y que el Espacio 609 encabezado en esta oportunidad por Lucía Topolansky. También los frenteamplistas buscaron caras nuevas, voces diferentes. También los frenteamplistas están diciendo que empiezan a hartarse de ver salir a escena, una y otra vez, a los mismos actores.
Hasta el domingo pasado no era tan visible. Pero ahora sí está muy claro que circula por la sociedad uruguaya una potente demanda de renovación política. Si el FA no logra entenderla y canalizarla puede perder la elección. Así de simple. Los mismos gestos que hace diez años eran bien recibidos por los votantes, ahora aburren y generan malestar. Antes, cuando Vázquez leía con seriedad propuestas de gobierno o decía que Astori iba a ser su ministro de Economía generaba un efecto positivo. Ya no. La estrategia electoral del 2004 funcionó bien en ese contexto. El líder del FA tenía que ponerse la ropa de presidente para ser confiable. Pero Vázquez ya no es el mismo. La oposición tampoco. El país cambió.
Hay cerca de un cuarto de millón de nuevos votantes. Tradicionalmente, la izquierda ha tenido más éxito que los otros partidos en la captación de estos electores. Me pregunto hasta qué punto la comunicación del candidato frenteamplista (por su edad, por lo que dice y por cómo lo dice) es funcional a ese objetivo. ¿No es obvio, para poner un ejemplo sencillo, que Lacalle Pou (por su edad, por lo que dice y por cómo lo dice) está en mejores condiciones que el expresidente para sintonizar con los nuevos electores?
La campaña de Vázquez durante estos meses fue francamente mala. A una sociedad que, sin estridencia pero con contundencia, está otra vez exigiendo novedad, no tuvo mejor idea que decirle “vamos bien”. Las 10 propuestas leídas con circunspección presidencial por el candidato frenteamplista el domingo pasado al menos tuvieron el mérito de desplazar el énfasis discursivo desde la simple defensa del statu quo a la promesa de novedad. Aunque sin generar emoción, el discurso logró escapar del “vamos bien” y apuntó a despertar otra vez la ilusión de la innovación. Deberían –creo– insistir en argumentos de ese tipo. Menos restauración, más innovación.
Desde luego, el resultado no depende solamente de lo que haga o dejen de hacer el FA y su candidato presidencial. Cae sobre los líderes de la oposición, como dicen los abogados, “la carga de la prueba”. La oposición debe realmente poder demostrar ante la ciudadanía que, además de ser capaz de sintonizar con la demanda de renovación, está preparada para hacerse cargo de la responsabilidad del gobierno. La competencia por el segundo lugar entre blancos y colorados puede conspirar contra este objetivo. Prometo volver sobre el delicado asunto de cuál es el balance óptimo entre competencia y cooperación entre blancos y colorados en otra oportunidad.

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