EL PAIS › ENTREVISTA A RICARDO FORSTER, SECRETARIO DE COORDINACION ESTRATEGICA DEL PENSAMIENTO NACIONAL
Antes de encabezar el CapÃtulo Nordeste de los Foros por una Nueva Independencia, el filósofo habló con Página/12 de sus primeros meses de gestión, rechazó las crÃticas de la oposición y reconoció tensiones en el oficialismo de cara a las elecciones de 2015.
Por Nicolás Lantos
En junio de este año, poco después de la creación del Ministerio de Cultura, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner decidió fundar, bajo la órbita de esa cartera, una secretarÃa de Coordinación Estratégica del Pensamiento Nacional y poner al frente al miembro de Carta Abierta Ricardo Forster. La decisión despertó innumerables crÃticas por parte de partidos y medios de comunicación opositores, quienes veÃan detrás de esta iniciativa tintes “fascistas†y “totalitaristasâ€, además de intenciones proselitistas destinadas a influir en la campaña electoral del año próximo. “El espÃritu es romper toda idea de ortodoxia, de dogmatismo, de mirada sesgada, esa lógica tan absurda de comisariato polÃtico, como si hubiera alguien que vaya a determinar qué es el pensamiento nacional. Se puede poner en discusión incluso la idea misma de qué es el pensamiento nacional. Todo eso implica debates que introduzcan figuras antagónicas dentro de lo que es la historia del pensamiento polÃtico en Argentinaâ€, responde Forster a esos cuestionamientos, ya con tres meses en funciones y a pocos dÃas de encabezar el CapÃtulo Nordeste de los Foros por un Nueva Independencia, que se realizarán del 11 al 13 de septiembre en Resistencia, Chaco. Bajo el lema Pensar la Argentina entre dos Bicentenarios, participarán en diversas mesas de debate el escritor Mempo Giardinelli, el sociólogo Eduardo Grüner, la historiadora Patricia Funes, los politólogos Jorge Bernetti y Eduardo Rinesi, entre otros intelectuales, artistas y funcionarios.
–¿Qué significa coordinar estratégicamente el pensamiento nacional?
–Uno tiene que hacer algo con los nombres. El nombre es algo que connota, que supone una forma de definir el orden de las cosas, pero es también algo que debe ser interpretado. La secretarÃa tiene un nombre que puede parecer complicado y creo que a ese nombre hay que resignificarlo. El nombre produjo escándalo, una mezcla de crÃticas interesantes e injurias. En ese sentido, para mà eso es un sÃntoma de lo que está en juego. Cuando un nombre genera tanta ofuscación es porque toca un nervio. Pero en la historia argentina hay muchÃsimas cuestiones que pueden discutirse en torno del pensamiento nacional: ¿No es Sarmiento acaso un pensador nacional? ¿O EcheverrÃa? ¿O Lugones? MartÃnez Estrada se dedicó a pensar y encontrar aquello que define lo argentino (sin haberlo encontrado nunca, probablemente). Por eso, creo que es interesante poner a dialogar a MartÃnez Estrada con John William Cooke, a Sarmiento con Casullo. Cruzar esos hilos, que parecen un oxÃmoron, pero que son en el fondo la complejidad de la construcción de un tejido cultural. Que venga Juan José Sebreli, que venga Tomás Abraham, que venga Carlos Altamirano, que venga Horacio Tarcus, que venga Mercedes Marcó del Pont: kirchneristas u opositores son todos parte de la riqueza de eso que llamamos pensamiento nacional.
–¿Es posible que ese pensamiento nacional sea coordinado desde el Estado? ¿Es deseable tal cosa?
–No. No lo es. Pero no se trata de una coordinación en ese sentido, sino de generar los espacios, juntar a los que no se juntan, tener una mirada que reconozca el papel de la intención polÃtica y cultural, que reconozca la complejidad de las tramas. Desde ese punto de vista hay una coordinación, que significa por supuesto una mirada de la Argentina, que se abra a Latinoamérica. Pero no implica vigilancia, univocidad, restricción, ortodoxia. Obviamente, hay una mirada con significado polÃtico: yo soy secretario bajo un gobierno que tiene una lÃnea muy clara, polÃtica e ideológica. Pero la secretarÃa quiere ser un ámbito donde se debata con amplitud y se genere una confluencia de miradas diversas.
–Desde la oposición se acusó a la secretarÃa de ser un aparato de propaganda electoral encubierto…
–La secretarÃa va a desarrollar actividades que son independientes de la campaña polÃtica, va a seguir con su programa y su calendario, sabiendo que la realidad argentina va a estar sacudida y atravesada por la demanda de lo polÃtico y sabiendo que, en lo personal, seguramente como tantos otros militantes o miembros del gobierno, quienes trabajamos acá estaremos metidos en ese debate polÃtico. No me imagino afuera de ese debate, pero no es que la secretarÃa tenga ningún objetivo o candidato en esa campaña, porque no es su rol. Asà como hay ministros que son candidatos y eso no significa que AgustÃn Rossi o Florencio Randazzo pongan a sus ministerios a trabajar como una máquina electoral, lo mismo pasa con esta secretarÃa: no va a intervenir en la interna polÃtica, no es su misión y no está bien que lo haga. Lo que hagan los individuos que conforman esta secretarÃa es otro tema diferente.
–Ricardo Forster, como individuo, ha sido muy crÃtico de uno de los principales candidatos del Frente para la Victoria, Daniel Scioli. ¿No lo ve como parte del mismo proyecto?
–Scioli no me representa pero lo reconozco como un aliado que ha sido parte de esta historia del kirchnerismo. Una cosa es Scioli como parte de una polÃtica cuyo liderazgo ejercieron Néstor y Cristina, y otra es Scioli como un candidato a presidente, que no me parece que sea la mejor expresión de esto que ha sucedido en los últimos diez años en la Argentina y que se llama kirchnerismo. Punto. Tiene todo el derecho a presentarse como candidato, pero a mà me interesa que emerjan otras candidaturas.
–¿Existe, entre los otros precandidatos, uno que exprese de forma acabada el kirchnerismo?
–Me parece que eso sólo puede surgir en la medida en que haya una confluencia, un camino a recorrer en estos meses en el que distintos hombres y mujeres se postulen y que finalmente algunos de ellos, que representan lo mejor de este recorrido polÃtico, lleguen a un acuerdo para presentar una candidatura conjunta en las PASO que implique una perspectiva de continuidad de este proyecto. Creo que ésa es la única posibilidad de que haya una disputa en la que un sector que represente al kirchnerismo tenga posibilidades de triunfar en las PASO. Si cada uno va por separado, es casi imposible. Hay que trabajar por una confluencia de esas candidaturas.
–En esa lectura, dentro del Frente para la Victoria, ¿hay una facción kirchnerista y otra que no lo es? El peronismo, ¿qué rol juega en este escenario?
–Hay un sector kirchnerista y otro que yo llamarÃa sciolista. No sé bien qué representa Scioli. Peronistas habrá en las distintas ofertas de candidaturas del Frente para la Victoria, e incluso fuera de él. Es algo tan amplio que no creo que se encolumne detrás de un solo candidato. Creo sà que es necesario pensar en este momento de reparación y reconstrucción del peronismo que lleva el nombre de kirchnerismo, que expresa lo mejor de la tradición peronista y le ha dado una renovación necesaria después de ese peronismo que en los ’90 giró alrededor del neoliberalismo. La llegada de Néstor y el proceso histórico que se abrió le dieron al peronismo bajo el nombre de kirchnerismo una potencia inédita. Creo que la candidatura a la que aspiro representa eso: lo mejor de la tradición peronista, que intentó desafiar siempre el poder real en la Argentina. Espero que el postulante que emerja tenga esa genealogÃa y al mismo tiempo, como el kirchnerismo, sea abierto a recibir otras corrientes polÃticas e ideológicas. No me parece que haya que ir a buscar las soluciones a otro peronismo. El otro peronismo ha sido siempre conservador y funcional al establishment.
–¿La falta de un candidato “propio†es un déficit del kirchnerismo?
–No es sencillo en cualquier proyecto polÃtico basado en liderazgos fuertes producir ese traspaso de la figura del lÃder hacia otra emergente. Eso no significa que el kirchnerismo no pueda encontrar una alternativa, un buen candidato, que después puede o no ganar las elecciones de octubre porque en democracia nadie tiene la vaca atada, los electorados fluyen y no hay nada más difÃcil que sostenerse en el tiempo. El kirchnerismo siempre tuvo la capacidad de tomar riesgos. El desafÃo es responder a su ADN, que siempre ha sido no dejarse llevar por el posibilismo sino tomar riesgos.
–¿Qué sucede con ese ADN kirchnerista ante situaciones como la designación de César Milani al frente del Ejército o las denuncias contra las fuerzas de seguridad de las últimas semanas? ¿También forman parte de esa identidad o son una desviación?
–El kirchnerismo no es algo homogéneo o monolÃtico sino que es también un campo de disputas. Es inimaginable que una alianza o un espacio complejo como éste no tenga conflictos a su interior. Cuando fue el debate sobre Milani, yo quise explicar la diferencia entre la intervención de un organismo no gubernamental o de un intelectual que se coloca en una posición crÃtica, a la mirada del polÃtico que está al frente del Estado. Yo no defendà a Milani sino que quise complejizar esa cuestión. Creo que si el camino judicial pone en evidencia, a través de un procesamiento, la responsabilidad de Milani en crÃmenes de lesa humanidad, tiene que renunciar sin dudas. Respecto de los actos recientes de fuerzas de seguridad, yo firmé una solicitada muy crÃtica respecto del desalojo del barrio Francisco. También creo que no se puede pronunciar la palabra “extranjero†de una forma inocente, que hay que tener un cuidado inmenso porque detrás de esa palabra en la historia reciente hay mucha violencia y genera un núcleo de sentido muy peligroso. Y ése es un retroceso. Pero mientras el gobierno nacional, y quien conduce, siga manteniendo una polÃtica de ampliación de derechos y de tolerancia, hablamos de un problema puntual de un funcionario puntual que está equivocado y deberÃa corregirse.
“El espÃritu (de la secretarÃa) es romper toda idea de ortodoxia, de dogmatismoâ€, asegura Forster.
Imagen: Pablo Piovano