El Tribunal Supremo Federal de Brasil (STF), la corte suprema del paÃs, cerró este lunes el llamado caso mensalão, el proceso más largo y el mayor escándalo de corrupción polÃtica de su historia, con 25 condenas y siete absoluciones. Antes de iniciarse la fase de sentencias, el tribunal deberá definir los empates registrados en torno a siete acusados, entre los cuales destaca el exministro de Transporte Anderson Adauto, que fueron declarados culpables por cinco de los jueces e inocentes por otros cinco.
El tribunal decidió finalmente que parte de los acusados habÃan formado una cuadrilla o asociación criminal para cometer varios delitos. Todos ellos ya habÃan sido condenados por otros crÃmenes. Era el tema más delicado y el que más habÃa divido a los jueces en este proceso, que comenzó el 3 de agosto y fue retransmitido en directo y al completo por la televisión.
Según los jueces tres núcleos constituÃan esta asociación delictiva. En primer lugar, el polÃtico que comprendÃa a los tres principales responsables del Partido de los Trabajadores en 2003, durante el primer gobierno Lula: el exministro del gobierno y brazo derecho del mismo, José Dirceu, el entonces Presidente del partido, José Genoino, ambos exguerrilleros durante la dictadura militar, y el entonces tesorero, Delubio Soares. En segundo lugar, el núcleo financiero, en torno al Banco Rural. Y por último, el grupo operacional, formado por las empresas de publicidad de Marcos Valerio.
Finalmente, 11 de los 13 acusados fueron condenados por seis votos a cuatro, de formar parte de dicha asociación, tras una fuerte discusión sobre el concepto de este delito, que implica poner en peligro la paz social. Los que votaron por la condena, entre ellos, el Presidente del Supremo, Ayres Brito, y el decano del mismo, Celso de Mello, consideraron que la paz pública se quebranta cuando a través de un escándalo de corrupción de esa emvergadura “la sociedad pierde la fe en el Estadoâ€. Según Mello, se intentó condenar no a la polÃtica ni a los polÃticos en general, sino a un grupo de servidores públicos “con una perversa vocación para un control criminal del poder que intentaba perpetuarse ilegalmenteâ€.
En los próximos dÃas, el Supremo deberá fijar las penas de cada uno de los 25 condenados, algo complejo ya que algunos fueron condenados por varios delitos o por uno solo perpetrado hasta 15 veces. Los magistrados tendrán en cuenta también la responsabilidad de cada condenado según la importancia de las funciones que ejercÃan en el esquema criminal que ha sido juzgado y condenado en la lÃnea presentada por el Fiscal General del Estado y por el juez instructor.
Ahora se espera una declaración del expresidente Lula da Silva que ha visto condenados a los hombres de su partido que lo llevaron al poder. Lula advirtió dÃas atrás que hablarÃa sólo tras el veredicto final del Supremo. Lula se habÃa quedado fuera de la denuncia al considerar el Fiscal que no habÃa pruebas de su participación en el esquema criminal del soborno a los diputados.
Sin embargo, dado que la oposición insistÃa en que de alguna forma también él resultarÃa salpicado si condenaban a los que fueran sus personas de confianza, se adelantó a decir que él ya habÃa sido “absuelto por las urnasâ€, refiriéndose al hecho de que después de haber estallado el escándalo, fue reelegido para un segundo mandato.
El tribunal decidió finalmente que parte de los acusados habÃan formado una cuadrilla o asociación criminal para cometer varios delitos. Todos ellos ya habÃan sido condenados por otros crÃmenes. Era el tema más delicado y el que más habÃa divido a los jueces en este proceso, que comenzó el 3 de agosto y fue retransmitido en directo y al completo por la televisión.
Según los jueces tres núcleos constituÃan esta asociación delictiva. En primer lugar, el polÃtico que comprendÃa a los tres principales responsables del Partido de los Trabajadores en 2003, durante el primer gobierno Lula: el exministro del gobierno y brazo derecho del mismo, José Dirceu, el entonces Presidente del partido, José Genoino, ambos exguerrilleros durante la dictadura militar, y el entonces tesorero, Delubio Soares. En segundo lugar, el núcleo financiero, en torno al Banco Rural. Y por último, el grupo operacional, formado por las empresas de publicidad de Marcos Valerio.
Finalmente, 11 de los 13 acusados fueron condenados por seis votos a cuatro, de formar parte de dicha asociación, tras una fuerte discusión sobre el concepto de este delito, que implica poner en peligro la paz social. Los que votaron por la condena, entre ellos, el Presidente del Supremo, Ayres Brito, y el decano del mismo, Celso de Mello, consideraron que la paz pública se quebranta cuando a través de un escándalo de corrupción de esa emvergadura “la sociedad pierde la fe en el Estadoâ€. Según Mello, se intentó condenar no a la polÃtica ni a los polÃticos en general, sino a un grupo de servidores públicos “con una perversa vocación para un control criminal del poder que intentaba perpetuarse ilegalmenteâ€.
En los próximos dÃas, el Supremo deberá fijar las penas de cada uno de los 25 condenados, algo complejo ya que algunos fueron condenados por varios delitos o por uno solo perpetrado hasta 15 veces. Los magistrados tendrán en cuenta también la responsabilidad de cada condenado según la importancia de las funciones que ejercÃan en el esquema criminal que ha sido juzgado y condenado en la lÃnea presentada por el Fiscal General del Estado y por el juez instructor.
Ahora se espera una declaración del expresidente Lula da Silva que ha visto condenados a los hombres de su partido que lo llevaron al poder. Lula advirtió dÃas atrás que hablarÃa sólo tras el veredicto final del Supremo. Lula se habÃa quedado fuera de la denuncia al considerar el Fiscal que no habÃa pruebas de su participación en el esquema criminal del soborno a los diputados.
Sin embargo, dado que la oposición insistÃa en que de alguna forma también él resultarÃa salpicado si condenaban a los que fueran sus personas de confianza, se adelantó a decir que él ya habÃa sido “absuelto por las urnasâ€, refiriéndose al hecho de que después de haber estallado el escándalo, fue reelegido para un segundo mandato.