Se ha producido en la Argentina una radical mutación de valores, una verdadera revolución en nuestra cultura polÃtica… una gran mayorÃa podrá alinearse consensualmente en pos de un objetivo nacional…†¿Mauricio Macri? No Raúl AlfonsÃn. Pero Macri piensa lo mismo. Otra muestra del “eterno comienzo de la Argentina†expresado en palabras que proyectan una intencionalidad grandilocuente, republicana y difÃcilmente cuestionable. Sentido común. Pero a AlfonsÃn no le fue tan bien en su gestión. A Macri, no sabemos. Un cambio cultural trabaja menos sobre climas de opinión y más sobre climas de época. Y estos dependen del largo plazo.
Cuidado con la supuesta inocencia de los discursos. Pareciera que quien llega a la presidencia se creyera esta máxima: “la historia comienza conmigoâ€. Es por eso que las expectativas siempre son altas. AltÃsimas. Con mensajes optimistas, atrevidos, fanfarrones. Más de la mitad de los argentinos pagaron con su voto por ver la implementación de un mensaje (no sólo como estilo, sino como polÃtica) que, en total simplificación, representa el máximo aspiracional posible de un cambio positivo: revolución y alegrÃa. Tienen de todo esas palabras, menos neutralidad.
Cambiemos, atado a expectativas, es una esperanza. Gran parte de los argentinos no quieren tropezar de nuevo y han generado una capacidad de paciencia mayor. Le hacen el aguante al Gobierno. Pero atado a resultados, es todavÃa una gran duda. Bernard Manin dirÃa que ninguna medida se valida como una decisión polÃtica representativa si no obtiene el consentimiento de una mayorÃa. Elemental. Pero en Argentina, no tanto para que nos quede claro cuál es la mayorÃa predominante en este presente. Repasemos.
¿La mayorÃa que pidió un cambio y lo sigue apoyando en términos de expectativas?; ¿la mayorÃa que no llega a fin de mes ni mucho menos ahorra?. Hay también una mayorÃa que aprueba al presidente personalmente, pero ya no una mayorÃa clara que apruebe al gobierno. Hay una mayorÃa contundente que desaprueba lo económico. Si la identidad son también los intereses que se promueven públicamente, ¿como sorteará Cambiemos su estigma de que gobierna para los que más tienen?. Eso también es una mayorÃa, porque las polÃticas parecen hablar más hacia dónde va el gobierno en términos ideológicos que lo que el propio Gobierno dice de sà mismo.
Ahà el dilema: si el gobierno tiene consentimiento, no es algo que no se pueda cuestionar. ¿Cuál consentimiento y para qué?. Lo defendible para muchos, es al mismo tiempo cuestionable para otros tantos. Hay múltiples mayorÃas. ¿Múltiples Argentinas?.
Suponiendo que el optimismo futuro explica mayoritariamente el apoyo al gobierno, hace décadas que Anthony Downs advierte que el ciudadano, sin prescindir del futuro, al juzgar al gobierno que está en curso, le aplica un corrector que le denomina “factor tendenciaâ€. Y en este caso, es evaluar que el Gobierno ha comenzado de modo excelente, pero que su proyección ha venido dándose en constante decaÃda. Charles Peguy recuerda que “todo comienza como mÃstica pero acaba como polÃticaâ€. En criollo: menos Gilda y perros Balcarces han frenado el exceso de la descontractura inicial como estilo. Bien ahÃ. No todo vale cuando se gobierna, menos en contextos recesivos. Su proclamado estilo de ensayo y error -mayor capacidad adaptativa- no es otra cosa que pragmatismo.
Pero mucho pragmatismo corre el riesgo de confundirse con una ideologÃa del poder sin rumbo. Déficit y deuda son ejemplos de ello, o más bien, el precio de la gobernabilidad que están pagando. Decisiones adaptables a las circunstancias con una mochila liviana de condicionamientos históricos (para el PRO, no tanto para la UCR). El retroceso de una polÃtica o una decisión, como señal de escucha, de disculpas, no es visto como algo malo en polÃtica. La sobreabundancia de retrocesos es lo que podrÃa afectar seriamente al gobierno. Muchos de estos tienen que ver con el estilo comunicacional. El gobierno fue virtuoso (gracias a hechos bochornosos asociados al pasado) en resignificar negativamente el perÃodo kirchnerista. Pero de las trayectorias de polÃticas públicas propuestas a la consecución de resultados hay una distancia considerable, aún con un “dream team†que tiene más de “dream†que de “teamâ€. Criticado por los ortodoxos por todo lo que no se anima a hacer, criticado por los heterodoxos por todo lo que deja de hacer. Y surgen otros desafÃos. Desde el potente “decir la verdad†para blanquear estadÃsticas, aparecen recurrentes negaciones sistemáticas que son desmentidas por la realidad. Las económicas en el top ten. En la oportunidad de instalar que la transparencia y la honestidad provoquen cambios verdaderos en la cultura nacional, las incompatibilidades de funcionarios, más el ariete Carrió, han deslucido esa chance. Y para colmo, las periódicas tentaciones ejecutivistas (que terminan más mal que bien) marchitan el perfil consensualista de Cambiemos. Su estilo. Las formas que tanto se reclamaban.
Si hay dudas sobre qué mayorÃa representa Cambiemos, cada vez es más difÃcil afirmar cuál y qué mayorÃa representan las varias tribus de la oposición, con discursos serpenteantes. Y encima, el sistema federal no ofrece incentivos para que se unifiquen liderazgos antes de las elecciones de medio término. Por eso Cambiemos empieza a escapar hacia adelante. Hacia las elecciones. Para volver al terreno donde supo jugar cómodo, donde su hito fue la ausencia de hitos… donde la táctica le permite escapar de las metas de gobierno. Otro comienzo.
Cuidado con la supuesta inocencia de los discursos. Pareciera que quien llega a la presidencia se creyera esta máxima: “la historia comienza conmigoâ€. Es por eso que las expectativas siempre son altas. AltÃsimas. Con mensajes optimistas, atrevidos, fanfarrones. Más de la mitad de los argentinos pagaron con su voto por ver la implementación de un mensaje (no sólo como estilo, sino como polÃtica) que, en total simplificación, representa el máximo aspiracional posible de un cambio positivo: revolución y alegrÃa. Tienen de todo esas palabras, menos neutralidad.
Cambiemos, atado a expectativas, es una esperanza. Gran parte de los argentinos no quieren tropezar de nuevo y han generado una capacidad de paciencia mayor. Le hacen el aguante al Gobierno. Pero atado a resultados, es todavÃa una gran duda. Bernard Manin dirÃa que ninguna medida se valida como una decisión polÃtica representativa si no obtiene el consentimiento de una mayorÃa. Elemental. Pero en Argentina, no tanto para que nos quede claro cuál es la mayorÃa predominante en este presente. Repasemos.
¿La mayorÃa que pidió un cambio y lo sigue apoyando en términos de expectativas?; ¿la mayorÃa que no llega a fin de mes ni mucho menos ahorra?. Hay también una mayorÃa que aprueba al presidente personalmente, pero ya no una mayorÃa clara que apruebe al gobierno. Hay una mayorÃa contundente que desaprueba lo económico. Si la identidad son también los intereses que se promueven públicamente, ¿como sorteará Cambiemos su estigma de que gobierna para los que más tienen?. Eso también es una mayorÃa, porque las polÃticas parecen hablar más hacia dónde va el gobierno en términos ideológicos que lo que el propio Gobierno dice de sà mismo.
Ahà el dilema: si el gobierno tiene consentimiento, no es algo que no se pueda cuestionar. ¿Cuál consentimiento y para qué?. Lo defendible para muchos, es al mismo tiempo cuestionable para otros tantos. Hay múltiples mayorÃas. ¿Múltiples Argentinas?.
Suponiendo que el optimismo futuro explica mayoritariamente el apoyo al gobierno, hace décadas que Anthony Downs advierte que el ciudadano, sin prescindir del futuro, al juzgar al gobierno que está en curso, le aplica un corrector que le denomina “factor tendenciaâ€. Y en este caso, es evaluar que el Gobierno ha comenzado de modo excelente, pero que su proyección ha venido dándose en constante decaÃda. Charles Peguy recuerda que “todo comienza como mÃstica pero acaba como polÃticaâ€. En criollo: menos Gilda y perros Balcarces han frenado el exceso de la descontractura inicial como estilo. Bien ahÃ. No todo vale cuando se gobierna, menos en contextos recesivos. Su proclamado estilo de ensayo y error -mayor capacidad adaptativa- no es otra cosa que pragmatismo.
Pero mucho pragmatismo corre el riesgo de confundirse con una ideologÃa del poder sin rumbo. Déficit y deuda son ejemplos de ello, o más bien, el precio de la gobernabilidad que están pagando. Decisiones adaptables a las circunstancias con una mochila liviana de condicionamientos históricos (para el PRO, no tanto para la UCR). El retroceso de una polÃtica o una decisión, como señal de escucha, de disculpas, no es visto como algo malo en polÃtica. La sobreabundancia de retrocesos es lo que podrÃa afectar seriamente al gobierno. Muchos de estos tienen que ver con el estilo comunicacional. El gobierno fue virtuoso (gracias a hechos bochornosos asociados al pasado) en resignificar negativamente el perÃodo kirchnerista. Pero de las trayectorias de polÃticas públicas propuestas a la consecución de resultados hay una distancia considerable, aún con un “dream team†que tiene más de “dream†que de “teamâ€. Criticado por los ortodoxos por todo lo que no se anima a hacer, criticado por los heterodoxos por todo lo que deja de hacer. Y surgen otros desafÃos. Desde el potente “decir la verdad†para blanquear estadÃsticas, aparecen recurrentes negaciones sistemáticas que son desmentidas por la realidad. Las económicas en el top ten. En la oportunidad de instalar que la transparencia y la honestidad provoquen cambios verdaderos en la cultura nacional, las incompatibilidades de funcionarios, más el ariete Carrió, han deslucido esa chance. Y para colmo, las periódicas tentaciones ejecutivistas (que terminan más mal que bien) marchitan el perfil consensualista de Cambiemos. Su estilo. Las formas que tanto se reclamaban.
Si hay dudas sobre qué mayorÃa representa Cambiemos, cada vez es más difÃcil afirmar cuál y qué mayorÃa representan las varias tribus de la oposición, con discursos serpenteantes. Y encima, el sistema federal no ofrece incentivos para que se unifiquen liderazgos antes de las elecciones de medio término. Por eso Cambiemos empieza a escapar hacia adelante. Hacia las elecciones. Para volver al terreno donde supo jugar cómodo, donde su hito fue la ausencia de hitos… donde la táctica le permite escapar de las metas de gobierno. Otro comienzo.