El poder señala y los fanáticos cooperan

21/01/13
En los últimos días en la Argentina parecieron exacerbarse discusiones que se debaten entre el absurdo y la decadencia intelectual. Convengamos que los síntomas existen desde hace tiempo y que, por alguna razón extraña, muchos se vienen naturalizando. Pero la escalada fanática de los últimos días merece que nos detengamos a reflexionar.
Este gobierno tiene gente de bien que lo apoya porque le gusta lo que hace. Pero ha generado, además, una legión de fanáticos (muchos de ellos debidamente subsidiados) con gran llegada a la opinión pública desde una enorme red de prensa oficialista estatal y paraestatal, redes sociales y diferentes estructuras de poder.
El fanático K tiene las mismas características que los fanáticos políticos de cualquier causa y cualquier época: el dogma, el culto a la personalidad, la agresividad.
La historia da muchos ejemplos de esto. Puede haber distinta intensidad pero la conformación es la misma siempre. Y los últimos datos empiezan a generar preocupación: las sociedades no salen indemnes cuando la intolerancia y la irracionalidad empiezan a ser el discurso dominante.
¿Cuándo fue que naturalizamos que un intelectual le diga a un artista gráfico qué es lo que debe dibujar y qué no? ¿Cuándo perdió la capacidad de abstracción y metáfora que lo hace reaccionar por debajo de su inteligencia? ¿Cuándo muchos dejaron de sentir vergüenza ajena? ¿Cuándo otros encontraron su vocación como “comisarios políticos”? La “policía del pensamiento” orwelliana encuentra en la Argentina inesperados seguidores.
El asado en la ex ESMA nos mostró que el patetismo y la estupidez corren los límites todo el tiempo.
Cuesta entender la insensibilidad frente a quienes aún sufren los crímenes cometidos en ese centro de detención. La reivindicación que de ese acto hicieron muchos fanáticos da un poco de miedo: eran los torturadores los que hacían asados en ese sitio. Intriga mucho decodificar cierto tipo de conductas: ¿cómo alguien elige ponerse en ese lugar?
El episodio de la carta presidencial a Ricardo Darín forma parte de esta preocupación.
No voy a detenerme en los hechos: una carta amenazadora, que contenía un comentario malintencionado sobre una cuestión judicial (Darín tuvo que explicar que estaba sobreseído y que el juez le había pedido disculpas), algunos errores ortográficos y poco más. Hasta aquí los hechos. Lo que preocupa, una vez más, son las reacciones posteriores. Entre algunas condenas lúcidas (Campanella, Brandoni, Gasalla) aparecieron comentarios justificatorios. Y mucho silencio de parte de los miembros de la farándula que han estado hasta el hartazgo en la Casa Rosada o en programas de TV oficialista. Vale recordar que, antes del actor, fue José Pablo Feinmann (el mismo disciplinador del gran Menchi Sábat) el que se expresó sobre el enriquecimiento presidencial y no recibió carta pública que sepamos.
No se debe poner nunca en pie de igualdad la opinión de un ciudadano con la del poder.
Darín tiene sólo su poder de opinión (y todo el derecho de manifestarla) sobre los servidores públicos que administran un Estado que es de todos. La Presidenta detenta todo el poder del Estado: tiene la policía, la AFIP, el dinero público, los medios oficialistas, los fanáticos, la Fragata Libertad, Fuerza Bruta, Gvirtz, Bonafini, los músicos por Cristina, los pintores por Cristina y millones de etcéteras más. No se puede poner en pie de igualdad lo que, por naturaleza, es desigual.
Lo que dicho por un ciudadano es una opinión, dicho por el poder puede ser una amenaza, un apriete.
Cuando el poder te señala y los fanáticos cooperan con el silencio y la difamación, la libertad retrocede. Le pasó a Shostakovich en la URSS cuando Stalin vio una obra suya y al otro día fue “condenado” en la portada del Pravda; a Salman Rushdie, condenado a muerte por un decrépito imán por escribir una novela; a Reinaldo Arenas, que fue a prisión por su homosexualidad en Cuba y sufrió el silencio de muchos de sus colegas; y a muchísimos más en la historia. Y les pasa hoy a las chicas de Pussy Riot en Rusia, a Yoani Sánchez en Cuba y a todos los artistas e intelectuales que opinan distinto en Irán, en Corea del Norte, en Venezuela, en China, en Cuba y en muchísimos lugares en el mundo.
Señalar a un artista cuando hay fanatismo suelto es peligroso. El silencio atronador de la farándula K da un poco de pena. La misma pena que da el silencio para las familias de los muertos en el tren del Sarmiento. La Presidenta tiene una legitimidad que los oportunistas no tienen. Confiemos en que sea un momento de confusión y las cosas vuelvan a su cauce.

22 comentarios en «El poder señala y los fanáticos cooperan»

  1. Cuando leo este tipo de sartal de tonterías, me suelo preguntar si el autor las cree, o sabiendo su inexactitud, su falacia y su falsedad las afirma creyendo que tiene algún tipo de utilidad decirlas. Serían dos casos bien distintos de error. En el presente, de Lopérfido y su articulito, tiendo a creer que es una desafortunada combinación de los dos.

    1. Tercera razón: la calle está dura…
      (No es una pavada. No sé si éste, pero puede explicar unos cuaaaantos casos a los que uno no les encuentra lógica).

  2. Yo te la explico: ellos tienen Ciencias, nosotros ideología. Ellos, Religión; nosotros supersticiones. Por último, ellos son de Profundas Convicciones, nosotros somos fanáticos.

    1. Primero habría que dilucidar quienes son los «ellos», agrupamiento cada día más numeroso y heterogéneo, y luego ver cómo se puede compatibilizar la ciencia con la religión. Por otro lado, después del 7-D, sí creo que deben ser muy supersticiosos.

      1. no le entra una idea, pero tampoco se le cae una, una fanatica en repetición constante, un totem sin fisuras donde las opiniones ajenas no hacen mella pero denuncia fanatismos ajenos, todo un caso daio

      2. Para qué voy a atender si ya conozco el mensaje. Por lo menos, disimulen un poco y tengan siempre en cuenta que los rasgos que caracterizan al fanatismo y que lo describen a ustedes, según el tenor de las respuestas, son los siguientes:
        Dogmatismo: fe en una serie de verdades que no se cuestionan ni razonan y cuya justificación lo es por su propia naturaleza o con relación a alguna autoridad;
        carencia de espíritu crítico: no se admite la libre discusión acerca de las propias verdades, ni su crítica racional.
        Maniqueísmo: las diferencias son consideradas de manera radical; no se admiten los matices. Además, la diversidad humana suele encerrarse en dos categorías: buenos y malos;
        odio a la diferencia: desprecio y rechazo de lo que escapa a unos determinados modelos y etiquetas.
        Autoritarismo: afán de imponer las propias creencia y de forzar a que todo el mundo se adscriba a la misma.
        En resumen el fanático siempre busca estar dentro de un grupo: por soledad, busca aceptación, compensar sus carencias o ejercer la autoridad, el liderazgo no alcanzado.

    1. Darío Lopérfido, uno de los integrantes del Grupo Sushi, fue Secretario de Cultura y Comunicación de De La Rúa, tanto en la ciudad como en la nación, y su vocero presidencial.
      En la actualidad es un funcionario de segunda línea del macrismo.
      Lo que no se le puede negar a este representante de las virtudes republicanas es coherencia.

      1. Te amplio la data, por si no te acordas (raro dijiste que desde chuiquito te interesabas por la politica), pero bue.
        Los SUSHIS , eran algo asi como los Jovenes brillantes funcionarios de la Campora , pero sin presupuesto.
        Caramba!!, casi igual que los «jovenes Brillantes» que presentaba Neustand en los 90′.

      2. los sushis no llegaban a 5 contando a Aito y el novio de Shakira. De presupuestos que manejaban podría contarse el de la secretaría de cultura que manejaba Loperfido o el de la vicejefatura de gobierno de la Ciudad que manejaba Ceci Felgueras. Ascetas no eran.

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