Consciente del final, acordó con su mujer, Mara Lamadrid, con quien vivió sus últimos 25 años, que no hubiera quimios, radios ni cirugÃas, porque no creÃan en la eternidad y prefirieron que muriera en su casa. Hasta pocas horas antes escribió poemas estremecedores y reflexiones sobre su historia y la del paÃs. Las obscenas tentativas por encaramarse sobre su grandeza para denigrarlo no resisten un archivo. La misma pasión por la verdad impregnó su vida, su poesÃa y sus textos polÃticos.
Por Horacio Verbitsky
médicos quisieron internarlo para comenzar un tratamiento pero se negó para no cancelar el viaje a Buenos Aires donde, contra su costumbre quiso presentar su nuevo libro, Hoy. La foto fue tomada por Cristina Banegas, la más exquisita anfitriona de esta ciudad, y registra un dato trivial. Han pasado siete minutos del martes 20 de agosto de 2013. Juan me toma del hombro y me habla bajito. Lucila Pagliai nos mira pero no alcanza a escuchar el diálogo. Fue una de las redactoras de la agencia clandestina de noticias, ANCLA, y hace un par de años publicó junto con Nacho Vélez una dura edición crÃtica de la revista Evita Montonera, cuyo prólogo nos dio a leer en otro de los viajes de Juan. También están pero no aparecen en la foto Liliana Herrero, Mónica Muller, Horacio González y Rodolfo Alonso. Antes de irse con Mara Lamadrid, Juan me dirá con una seguridad inapelable y una sonrisa dulce: “Es la última vez que nos vemos, Perro”. Han pasado cincuenta años de la primera.
El 11 de enero, Mara avisó que “Juan es un enfermo terminal sin que se lo haya sometido a lo que la medicina produce como terminales. Juan es un terminal sin pasar por quimios, radios, cirugÃas. Como ni él ni yo creemos en la eternidad, impedimos conscientemente y no sólo, también ante notario, que lo sometieran a tales manejos tecnológicos. Apostamos, Juan en primera lÃnea y por mi parte secundándolo, a que la vida tiene un fin y que lo mejor que a alguien le puede pasar es morir en su casa”. Cuando Mara le contó que me habÃa alertado, pidió que le escribiera. Pudimos decirnos lo que pensábamos de la muerte, la suya, la mÃa, la de todos, de lo que cada uno significó en la vida del otro (para mà un privilegio que la hizo más rica e intensa). Es un tesoro privado, que no quiero compartir. Con una curiosidad intelectual intacta me pidió copia de la antiquÃsima correspondencia en la que reflexionábamos sobre nuestro destino de fósiles, mero combustible para que se abriguen y alumbren los que vienen detrás. “Estoy escribiendo sobre eso”, explicó. Las últimas lÃneas que me envió aún laten en la pantalla. El 19 de enero se cumplirÃan 25 años de su radicación en México e Ãbamos a brindar a distancia, porque yo fui el cómplice del amor de Juan y Mara. Pero horas después, ella nos informó que Juan habÃa entrado en la recta final. “Es inminente, pueden ser varios dÃas, pueden ser horas.” Le pregunté si estaba consciente. “SÃ. Pero casi no tiene voz y está apagándose”. .Y el definitivo: “Perro, Juan murió hace una hora y cuarto”.
Al dÃa siguiente se conoció uno de sus poemas más explÃcitos y conmovedores, “Verdad es”, que escribió el 28 de octubre. Concluye asÃ:
“Esqueleto saqueado, pronto
no estorbará tu vista ninguna veleidad.
Aguantarás el universo desnudo”.
No mentirás
Recién ahora y lejos de Buenos Aires, puedo trastabillar estas palabras sobre él, impresionado por tamaña lucidez, que sólo se extinguió con su vida. Jamás se permitió un engaño, ni siquiera una verdad a medias. En contraste, me pareció obscena la seguidilla de por lo menos cinco artÃculos denigratorios que Ceferino Reato, de cut&paste fácil, se apresuró a publicar en tres diarios distintos durante la semana posterior, para ofrecer sus propios libros como modelo antagónico a la actitud de Juan. En realidad, la actitud que él atribuye a Juan.
Luego de citar el “No matarás” de Oscar del Barco, Reato se pregunta: “¿Por qué ocultar o disimular su militancia como ‘oficial’ montonero”?
Según el columnista de La Nación, Perfil e Infobae:
– “Luego de romper con Montoneros, en 1979, Gelman se dedicó a la escritura y no quiso hablar de su experiencia armada”.
– “Estos guardianes de la memoria histórica construida por el kirchnerismo, con la imprescindible colaboración de la mayorÃa de los organismos de derechos humanos, consideran que de esos temas no hay que hablar. Comparten con Gelman el convencimiento de que no hay autocrÃtica que realizar, (…) siguen convencidos de que la lucha armada fue correcta porque era el mejor camino”.
– “Gelman no hizo autocrÃtica sobre su militancia en Montoneros –donde llegó a ‘tenienteÂ’ y a integrar el Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero– porque pensaba que no tenÃa nada que criticarse. (…) Si fuera por ellos, nadie deberÃa recordar los atentados de las guerrillas o los fusilamientos de militantes sospechados de traición y delación. (…) Mi posición es que un periodista debe preocuparse sólo por llegar lo más cerca posible de la verdad”.
Con el propósito de asistirlo en esa preocupación por acercarse a la verdad, voy a recordarle al ex asesor de prensa de Esteban Caselli en la embajada menemista ante el Vaticano que la autocrÃtica de Gelman (como la de Walsh o la mÃa), comenzó antes de la ruptura con Montoneros y le valió una ridÃcula condena a muerte de su conducción. Afirmar que desde entonces Juan no habló de la experiencia armada ni la criticó requiere, por ser benévolo, de una alta dosis de ignorancia. Para subsanarla voy a transcribir algunas definiciones que constan en un libro de 1987: Juan Gelman. Contraderrota. Montoneros y la Revolución Perdida.
Militarista y antipopular
Según Gelman:
– “No sólo habrÃa que analizar los errores de Perón (…) sino también los de la propia organización que decidió profundizar –y mal– el enfrentamiento que ya existÃa”.
– “Lo que hubo fue soberbia. No sólo la soberbia polÃtica que se dio al comienzo, sino también la que derivó luego hacia la soberbia militarista. (…) Se cayó en una suerte de enfrentamiento cupular. Se supuso que en la medida en que Perón se inclinaba a la derecha –apoyando a López Rega, jefe de la Triple A– el único medio de contrabalancear ese tipo de tendencia era tirarle un cadáver cotidiano sobre la mesa. Ese fue el origen de la muerte de José Rucci”.
– “El primer grupo de resistencia armada como tal –los Uturuncos– fueron precedidos por la resistencia de los obreros peronistas que asumieron las formas de la violencia en 1956, tres años antes de la revolución cubana. Aun asà digamos que, como factor impulsor de la historia que habrÃa de seguir, lo de Cuba planteó un ejemplo claro, aunque también influyó en los errores posteriores del movimiento armado en la Argentina y en toda América Latina.”
– “Era el error enorme suponer que la revolución cubana habÃa sido solamente Fidel Castro y Sierra Maestra” (ignorando) las luchas populares en las ciudades. (…) Otro de los grandes errores fue suponer que lo de Cuba habÃa sido un foco. Se quiso creer y ver a la revolución cubana como lo que no era. Creencia a la que ayudaron los propios cubanos.”
– “La mala lectura de la revolución cubana produjo un nefasto voluntarismo polÃtico.”
– “Uno de los factores de la derrota fue la subestimación del enemigo, que se explica por desconocerlo y también por la soberbia militarista que luego se apoderó de Montoneros.”
– “La imagen es muy linda. Pero para que una chispa incendie una pradera en primer lugar tiene que existir la pradera, en segundo lugar la pradera tiene que estar seca, no tiene que llover y, además tenés que saber dónde tirar la chispa. Era y es metafÃsico plantear la revolución en esos términos, (…) Este y otros errores no les caben solamente a un grupo o alguno grupos en los años 60, sino también al mismo movimiento comunista internacional, que se equivocó larguÃsimo tiempo en la caracterización del movimiento popular y en la situación de América Latina, al considerarnos paÃses coloniales, (…) al poner en pie de igualdad a un continente donde se inaugura el neocolonialismo mundial con Asia y Africa, donde efectivamente, el colonialismo funcionaba y habÃa tropas extranjeras y virreyes.”
– “La respuesta que Montoneros da a todo eso es incorrecta, ya que empieza a practicar una polÃtica elitista y, en el fondo, antipopular. (…) A pesar de todas las persecuciones, en 1974 habÃa márgenes democráticos para seguir avanzando en la lucha de masas y en la organización de las bases. Pero es entonces cuando la conducción autoclandestiniza a Montoneros, autoclandestiniza la organización militar y deja con el culo al aire a las organizaciones de masa, configurando asà una polÃtica suicida: la estructura de base no tenÃa medios para escapar a la persecución de la Triple A. La gente que trabajaba en las villas miseria, en los frigorÃficos, en las fábricas, el único modo que tenÃa de salvarse era salir de sus lugares y por lo tanto dejar su trabajo. Pero, ¿dónde iba a encontrar otro?”
– “Este grueso error significó dejarle el campo polÃtico a la derecha. Concepción que pese a las diferencias de contexto vuelve a repetirse durante el comienzo de la dictadura militar, cuando Montoneros confÃa su enfrentamiento con las Fuerzas Armadas al plano estrictamente militar.(…) Frente a determinadas acciones, como los casos de Mor Roig o Rucci, hubo opiniones encontradas, pero de ningún modo debatidas a fondo en la organización.”
– “Yo no conozco ningún movimiento armado donde el mesianismo genere tanto espacio. (…) Montoneros pone en práctica el uso de la pastilla de cianuro: la cuestión entonces era suicidarse para no caer en manos del enemigo y no batir. (…) Efectivamente habÃa gente de Montoneros que era capturada y cantaba (…). Pero no era asà con la gente más vinculada al barrio, a la vida del pueblo que, difÃcilmente abrÃa la boca. Esto es curioso. Pero muy importante y da lugar a toda una reflexión filosófica sobre esas diferencias de conducta. Paralelamente, la conducción de Montoneros consideraba que todo esto era un problema de debilidad ideológica. Como bien señaló Rodolfo Walsh, (…) el problema real era el de una lÃnea polÃtica equivocada y asà lo demostró la historia posterior.”
– “Santo Tomás hablaba de la salvación individual y de elevar el alma a partir del sacrificio del cuerpo, y tipos como Firmenich formularon una concepción similar, pero en el plano revolucionario. De ese modo se entró en la alucinación de pretender formar militantes de acero, militantes revolucionarios, sobre una base totalmente individualista y mesiánica.”
– “Los métodos aplicados a la organización revolucionaria revelan los vicios que tenÃa la formación ideológica de esa conducción. Y si se quiere rastrear en el pasado de Firmenich, PerdÃa u otros, se encuentra su formación ligada al misticismo y a la religión, tomada como ellos la tomaron.”
– “En el comportamiento general de golpear, de endurecer a la organización, de hacerla casi religiosa, hubo una finalidad polÃtica relacionada con lo que antes decÃamos sobre el modo de concebir el poder, (…) elitista, contrarrevolucionario y antipopular.”
– “Un obrero que era simpatizante de la organización y dirigente natural de una fábrica de 2.000 trabajadores (…) fue incorporado a la organización, que era absolutamente vertical, también asumÃa formas militares, con grados, rangos y taconeos. Por supuesto, el que ingresaba lo hacÃa con el grado Ãnfimo de aspirante a oficial, desde el punto de vista de la mentalidad militar era un suboficial que aspiraba a ser oficial. A partir de allà se entraba en una cadena de obediencia a los grados superiores. Aquel obrero fue incorporado con ese grado y participaba en reuniones de ámbito; en esas condiciones estaba hasta que la conducción de Montoneros resuelve que hay que lanzar una huelga en la zona. (…) El obrero lo miró y le contestó: ‘Vos estás ligeramente en pedo. Yo no tengo condiciones para hacer una huelga en la fábrica ni vestido de mono. De manera que yo eso no lo voy a hacer.
–Como yo soy capitán y vos sos aspirante, tenés que obedecer.
–Vos serás capitán y yo aspirante, pero chupame la pija, porque yo esa cosa no la voy a hacer.
No se hizo. Este es un ejemplo que sirve para explicar cómo Montoneros se cagaba en el referente de masas. En vez de promover la organización de las masas, teniendo en cuenta a sus representantes naturales, sus necesidades y reivindicaciones, pretendió absorber en una organización jerárquica a los dirigentes de base para transmitir órdenes a las masas, pasar decretos, bajar lÃnea y movilizarlas, supuestamente a través de sus dirigentes”.
– “Si lo de Rucci habÃa conmocionado tan mal, después ocurrió un error tremendo al suponer que iba a producirse algún tipo de repercusión popular dando muerte a Mor Roig porque se cumplÃa un año de los crÃmenes de Trelew del 22 de agosto. No hubo ninguna adhesión popular. De ahà que esta sea una muestra más de esa polÃtica a la que califico de cupular, aunque tal vez para ser exactos, habrÃa que llamarla polÃtica elitista y en el fondo, foquista (…).La cuestión para la conducción montonera era continuar en una disputa de cúpulas, lejana de la discusión y la acción de las bases. Y en las bases, no se aplicaban polÃticas que disputaran el liderazgo de Perón en la conciencia de las masas, sino simples hechos espectaculares. Lo de Rucci iba a cercenar el apoyo de la clase obrera y lo de Mor Roig los apoyos de la clase media, con las consecuencias naturales que se desprenden de ese debilitamiento. Me consta que hubo gente, pese a todo, dentro de Montoneros y perteneciente a distintas organizaciones que no estuvieron de acuerdo. Y si se llevó a cabo es porque entonces Montoneros hizo otra vez un análisis equivocado. (…) Pensar que la alianza de la burocracia sindical con el lopezreguismo era una cosa inmutable y sin fisuras. No entendieron que López Rega no tenÃa ninguna base de masas y que la burocracia sindical si. Esa burocracia sindical, con todo lo que era y representaba, no podÃa ser confundida necesariamente con lo otro, ya que debÃa responder a las presiones de las masas, como se vio en las huelgas y movilizaciones de junio de 1975, que ‘casualmenteÂ’ dieron por tierra con López Rega”.
– “El fusilamiento de Aramburu fue todo un sÃmbolo para las masas peronistas: ese habÃa sido un hombre que dirigió la dictadura que sustituyó a Perón y cuya muerte tuvo un significado enorme para el pueblo. (Pero) no es lo mismo Aramburu que Dirk Kloosterman, ni es lo mismo Aramburu que Rucci. De modo que no puede ponerse un signo igual entre aquella primera acción de Montoneros, que tuvo un impacto polÃtico grande, y otras cosas”.
– “En el fondo de este problema sobrevuela la concepción foquista por la cual es la lucha militar la que impulsa a la lucha de masas, cuando resulta que de hecho, esto es absolutamente al revés. (…) Si tal o cual organización de masas pide que se organice tal o cual acción militar, son las masas las que asumen las tareas de autodefensa y el aparato militar puede entrenar y luego acompañarlas, pero nunca dominar. Ese ejemplo de subordinación de las acciones militares a las polÃticas sà existió en la primera etapa de la resistencia peronista, cuando en las acciones violentas siempre se dio la vinculación entre la lucha armada, la de masas y la sindical. Digamos entonces que se asistió a un proceso de degradación polÃtica en el cual se terminó por llegar a una conducción militarista similar a la del enemigo, en la cual se copia hasta sus grados. (…) Y cuando lo que predomina es lo militar, sólo se desemboca en un enfrentamiento entre aparatos, donde es evidente que siempre van a ganar las Fuerzas Armadas”.
– “El lÃder unificador era efectivamente Perón y lo que él hacÃa no era otra cosa que dar unidad a la clase obrera y a buena parte de las clases medias, (…) aunque digamos que en las concepciones de Perón, la hegemonÃa de esa alianza no correspondÃa a la clase obrera. Por lo tanto habÃa que partir de esa comprensión para saber cómo promover dentro del Movimiento una polÃtica que, sin romper la unidad, invirtiera poco a poco los términos; pero no a partir de disputarle la conducción abruptamente al lÃder reconocido por aquellos sectores sociales (…). Eso obligaba a una lucha polÃtica muy difÃcil, ya que por supuesto es mucho más fácil tirar tiros”.
– “En 1974 las organizaciones armadas que habÃan tenido un papel muy claro en la resistencia obrera contra la dictadura de OnganÃa dejan de ser protagonistas y apenas un año después, son los obreros los que toman la primacÃa. Es este último elemento lo que más miedo le da a los militares y lo que quiebra la tranquilidad de los BalbÃn, que empieza a inventar aquello de la guerrilla industrial. Es por eso que el golpe de 1976 fue esencialmente antiperonista y antiobrero”.
– “Lo de Rucci no se hizo para despertar la conciencia obrera; se hizo en la concepción de tirarle un cadáver a Perón sobre la mesa para que equilibrase el juego polÃtico entre la derecha y la izquierda. (…) No formó parte de una concepción polÃtica en relación con las masas, sino de una estrategia cupular”.
El análisis de Juan fue tan despiadado y poco complaciente que su propio editor, Eduardo Luis Duhalde, tomó distancia y en la contratapa del volumen se preguntó: “¿Es exacto que de nuestra autocrÃtica los opresores sólo pueden recoger las migajas?” y agregó: “Gelman ejerce su crÃtica amarga –¿siempre justa?– contra aquella organización”.
Una respuesta anticipada
Cuando Reato recién comenzaba su labor como periodista, Gelman se anticipó a desmenuzar los cuestionamientos que le harÃa 27 años después, cuando ya no pudiera responderle. Escribió entonces que la reflexión crÃtica y autocrÃtica debÃa realizarse sin culpa:
– “No hacerlo como los cuervos polÃticos que están esperando las crÃticas más o menos internas o cercanas, Ãntimas, como las que se hacen sobre Montoneros para regodearse con su derrota y decretar el fin de las utopÃas. (…) Tampoco es posible hacer una autocrÃtica para salvar el honor personal; son formas que pueden tener su valor, no lo niego, pero más interesa que las crÃticas y autocrÃticas se hagan con la voluntad de revertir esta situación y no incurrir en la autoflagelación pública”.
Y como de costumbre, fue a fondo:
– “Recuerdo una nota firmada en la Argentina por Beatriz Sarlo que hizo la crÃtica de las cartas de Rodolfo Walsh cuando se enteró de la muerte de su hija. Entonces Beatriz Sarlo las calificó de ‘voluntad de estetizar la muerteÂ’. SerÃa muy sencillo despachar el asunto diciendo que esta señora es una pelotuda; pero esta señora, digamos, no es ninguna pelotuda. Lo que hace en realidad es negar toda una situación social compleja, abstraerla de muestro contexto polÃtico, sacar a Walsh de eso, sacar de eso a la muerte de su hija y plantear, en una especie de isla edénica, que se produce la muerte de la muchacha sin saber quién la mata ni por qué, ni cómo. Y además, que Walsh, enamorado de la muerte, escribe un par de textos magnÃficos porque tiene la voluntad de idealizar la muerte. (…) Esa gente siempre apunta a lo mismo: eliminar los contextos, las situaciones concretas. (…) Lo que quieren analizar es el texto en sà mismo y por sà solo, absolutamente y sin contexto para hallar por fin que esas cartas de Rodolfo son un simple canto a la muerte. Esta gente, más que a reflexionar, se dedica a parcelar, a castrar la reflexión. Ellos están en su derecho, pero de ahà a que uno les dé bola”.
La misma pasión por la verdad que en su poesÃa y en su vida resplandece en este preciso texto polÃtico, que desmorona las trabajosas ficciones de quienes, por ello, prefieren desconocerlo. Juan les queda demasiado grande.
Hace rato que no recomiendo textos, pero éste es uno que me hace variar de actitud. Nunca pensé que en vida Juan fuera tanto como lo explica el perro aquÃ.
Donde te habÃas metido Eduardo?. Me alegro por tu reprise
Gracias Juan. Todo el 2013 en el hospital(acv), pero ahora todo bien, y en la lucha de nuevo.
No deja de ser interesante el texto que cita H.V.
Sin embargo con mucha habilidad el «poeta» se excluye de la organización Montoneros, criticándola como si no hubiese sido integrante de ella.
Falta una real crÃtica a la violencia polÃtica, a la que evidentemente apoya, por ejemplo, cuando distingue el asesinato de Aramburu del de Rucci y Mor Roig.
Buenas las consideraciones sobre la revolución cubana, y su falsa lectura por parte de nuestros revolucionarios,uno de los temas generalmente soslayado en los estudios sobre los 70.
cuáles son esos estudios que soslayan esto que decis?? no cites articulos de diarios por favor
La mayorÃa de los textos sobre los 70 soslayan la verdadera historia de la revolución cubana,y muchos de ellos no hablan de la preparación que recibieron en ese paÃs los grupos guerrilleros,y que luego se lanzaron a la revolución por toda América. No se narra la importante lucha que realizaron los habitantes de las ciudades en Cuba, apoyo que fue decisivo para el triunfo. Por supuesto estos cubanos, la mayorÃa no comunistas, luego fueron prolijamente eliminados del escenario polÃtico, mediante el fusilamiento, la prisión o el exilio, y solo quedaron algunos de los compañeros de guerrilla de Fidel y el Che.
Esta parte de la historia lo cuenta Pierre Kalfon (*),lo retoma y amplÃa José Pablo Feinmann (**), y lo sintetiza bien Jorge Castañeda: “Si Fidel y el Che habÃan derrotado a la dictadura de Batista gracias a la acción armada de un grupo de militantes audaces inicialmente minúsculo, la reproducción del intento era posible y hasta inevitable.†(***)
A eso me referÃ, es más fácil que me cites los textos que asà lo mencionan.
(*)Che Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro siglo. Plaza & Janés. Barcelona. 1997. págs. 268 y sgts.
(**)La sangre derramada. Ensayo sobre la violencia polÃtica. Ariel. Buenos Aires. 1998. págs. 53 y sgts.
(***)La utopÃa desarmada. El futuro de la izquierda en América Latina. Ariel. Buenos Aires. 1993. pag. 79.
Gelman es poeta, no filósofo, por lo que deja de lado el relativismo de la violencia polÃtica,. A propósito , no recuerdo tus firme condena al asesinato de un Sr. de 80 y tantos de apellio
Laden, ni de la ejecución de Saddam, video «filtrado» por error, seguramente, como el asesinato de Kadaffi. Ta resbaloso el piso, no?
Eduardo:
veo que no has aprendido nada. Madura en tus comentarios.
Sin embargo con mucha habilidad el “poeta†se excluye de la organización Montoneros, criticándola como si no hubiese sido integrante de ella
Curiosa actitud comunmente conocida como autocrÃtica. Pero a la Gata Flora hay que aplastarle las guampas de un alpargatazo, no explicarle nada.
Recuerda Verbitsky que Gelman:
«Escribió entonces que la reflexión crÃtica y autocrÃtica debÃa realizarse sin culpa (…)»
Curiosa actitud, que también nuestra presidenta repite en todos sus discursos: la culpa la tienen los demás.
Hay una culpa penal y otra moral. La penal de los guerrilleros está prescrita, según resolvió la Corte, y lo acato como acepto todos los fallos de ese tribunal como última instancia, aunque me reservo el derecho a criticarlos. La culpa moral solo tiene una sanción de la sociedad.
La mayorÃa de los textos sobre los 70 soslayan la verdadera historia de la revolución cubana,y muchos de ellos no hablan de la preparación que recibieron en ese paÃs los grupos guerrilleros,y que luego se lanzaron a la revolución por toda América. No se narra la importante lucha que realizaron los habitantes de las ciudades en Cuba, apoyo que fue decisivo para el triunfo. Por supuesto estos cubanos, la mayorÃa no comunistas, luego fueron prolijamente eliminados del escenario polÃtico, mediante el fusilamiento, la prisión o el exilio, y solo quedaron algunos de los compañeros de guerrilla de Fidel y el Che.
Esta parte de la historia lo cuenta Pierre Kalfon (*),lo retoma y amplÃa José Pablo Feinmann (**), y lo sintetiza bien Jorge Castañeda: «Si Fidel y el Che habÃan derrotado a la dictadura de Batista gracias a la acción armada de un grupo de militantes audaces inicialmente minúsculo, la reproducción del intento era posible y hasta inevitable.» (***)
A eso me referÃ, es más fácil que me cites los textos que asà lo mencionan.
(*)Che Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro siglo. Plaza & Janés. Barcelona. 1997. págs. 268 y sgts.
(**)La sangre derramada. Ensayo sobre la violencia polÃtica. Ariel. Buenos Aires. 1998. págs. 53 y sgts.
(***)La utopÃa desarmada. El futuro de la izquierda en América Latina. Ariel. Buenos Aires. 1993. pag. 79.
Es muy discutible la autoridad de los autores que citas. No creo que alguno de ellos alcance la estatura patriótica de Juan Gelman- Ya que sos tan dado a las citas serÃa bueno que repasaras la célebre expresión de Hegel: para el valet no hay gran hombre. No se puede abordar la figura del Che ni la de Gelman con una mirada propia de siervientes
¿Discutible debido a que lo que narran es falso, o debido a que no simpatizas con ellos?
Si es lo primero, debes demostrarlo.
Si es lo segundo, en lo que me juego, es porque debes ser fanático del Che y de Gelman, y con fanáticos es imposible discutir, puesto que escapa al ámbito de la historia.
Todo ello sin perjuicio de que el propio Gelman, y por partida doble, te descalifica:
Primero: Porque critica a los soberbios, y entre fanatismo y soberbia no hay mucha distancia.
Segundo: Porque la visión histórica de Gelman coincide con la de esos autores. Lo expresa bien claro:
«- “Era el error enorme suponer que la revolución cubana habÃa sido solamente Fidel Castro y Sierra Maestra†(ignorando) las luchas populares en las ciudades. (…) Otro de los grandes errores fue suponer que lo de Cuba habÃa sido un foco. Se quiso creer y ver a la revolución cubana como lo que no era. Creencia a la que ayudaron los propios cubanos.â€
Gelman se negó a hacer autocrÃtica. Tiene todo su derecho. Tampoco criticó la violencia revolucionaria. Espero que sus discÃpulos no sigan al maestro.