Desde el punto de vista técnico era previsible que Carlos Menem iba a ser absuelto. Desde el punto de vista polÃtico, era un final cantado.
Menem habÃa decidido instrumentar la venta de armas a través de varios decretos secretos. Y esos decretos, en suma, instrumentaban una decisión que, básicamente, es de carácter polÃtico.
El delito de contrabando es doloso: significa que para condenar a alguien por ese delito hay que probarle la intención de engañar.
Nada más difÃcil: era casi imposible pretender probarle a Menem, jefe del Estado en aquellos años, que bajo la decisión polÃtica plasmada en varios decretos, existÃa la intención de engañar al Estado. Sólo se podrÃa haber logrado esa prueba si se hubiese acreditado que Menem sabÃa que las armas estaban siendo desviadas porque él mismo lo habÃa ordenado o lo consintió.
En otras palabras, lo que habÃa hecho Menem en aquellos años olÃa a algo muy irregular, pero de ahà a probar que esa irregularidad encubrÃa un delito habÃa un camino casi imposible de recorrer.
También era difÃcil probarles a los funcionarios inferiores a Menem la intención de engañar: ellos cumplÃan órdenes estampadas en un decreto y en directivas de toda una cadena de mandos del Gobierno.
Entonces, quedaba poco margen para acreditar que alguien habÃa querido desviar las armas.
Naturalmente, la decisión de absolver a Menem no fue sólo jurÃdica, sino eminentemente polÃtica. HabÃa muchos motivos para adoptarla:
Menem es un aliado del kirchnerismo.
Soltarle la mano a Menem hubiese puesto al Senado en la incómoda posición de tener de desaforar al ex presidente y, además, hubiese sido una mala señal para otros aliados.
El fallo de condena también hubiese también creado un mal precedente: en efecto, si un decreto de exportación de armas pudiese dar lugar a una condena, ¿por qué no habrÃa de condenarse a un presidente por entrar al megacanje, por pagar la deuda al FMI o por estatizar las AFJP? Es decir, se abrirÃa una puerta de final incierto.
La solución absolutoria cerró la puerta a todos esos problemas. Se puede estar de acuerdo con eso o sostener lo contrario. Pero quizá el error estuvo en el inicio, cuando el fiscal Carlos Stornelli imputó el delito de contrabando, casi imposible de probar.
Ahora, por más que la FiscalÃa apele el fallo absolutorio, la Cámara de Casación demorará, al menos, cuatro o cinco años en expedirse. Y después viene la Corte. En suma, nada amenaza a Menem..
Menem habÃa decidido instrumentar la venta de armas a través de varios decretos secretos. Y esos decretos, en suma, instrumentaban una decisión que, básicamente, es de carácter polÃtico.
El delito de contrabando es doloso: significa que para condenar a alguien por ese delito hay que probarle la intención de engañar.
Nada más difÃcil: era casi imposible pretender probarle a Menem, jefe del Estado en aquellos años, que bajo la decisión polÃtica plasmada en varios decretos, existÃa la intención de engañar al Estado. Sólo se podrÃa haber logrado esa prueba si se hubiese acreditado que Menem sabÃa que las armas estaban siendo desviadas porque él mismo lo habÃa ordenado o lo consintió.
En otras palabras, lo que habÃa hecho Menem en aquellos años olÃa a algo muy irregular, pero de ahà a probar que esa irregularidad encubrÃa un delito habÃa un camino casi imposible de recorrer.
También era difÃcil probarles a los funcionarios inferiores a Menem la intención de engañar: ellos cumplÃan órdenes estampadas en un decreto y en directivas de toda una cadena de mandos del Gobierno.
Entonces, quedaba poco margen para acreditar que alguien habÃa querido desviar las armas.
Naturalmente, la decisión de absolver a Menem no fue sólo jurÃdica, sino eminentemente polÃtica. HabÃa muchos motivos para adoptarla:
Menem es un aliado del kirchnerismo.
Soltarle la mano a Menem hubiese puesto al Senado en la incómoda posición de tener de desaforar al ex presidente y, además, hubiese sido una mala señal para otros aliados.
El fallo de condena también hubiese también creado un mal precedente: en efecto, si un decreto de exportación de armas pudiese dar lugar a una condena, ¿por qué no habrÃa de condenarse a un presidente por entrar al megacanje, por pagar la deuda al FMI o por estatizar las AFJP? Es decir, se abrirÃa una puerta de final incierto.
La solución absolutoria cerró la puerta a todos esos problemas. Se puede estar de acuerdo con eso o sostener lo contrario. Pero quizá el error estuvo en el inicio, cuando el fiscal Carlos Stornelli imputó el delito de contrabando, casi imposible de probar.
Ahora, por más que la FiscalÃa apele el fallo absolutorio, la Cámara de Casación demorará, al menos, cuatro o cinco años en expedirse. Y después viene la Corte. En suma, nada amenaza a Menem..
todos en la misma lÃnea: quedó libre porque es «aliado» del kirchnerismo…
igual el peor es van der koy, para variar.
son unos genios. me imagino que los otros 17 imputados también son senadores aliados.
Otro baldazo de agua fria en la jeta para recordarnos que en este paÃs no las paga nadie.