Hay que eliminar las distorsiones

El reciente aumento en la volatilidad en los precios de los activos financieros, y en particular en las cotizaciones de las bolsas de valores, es una visible y cuantificable expresión de la magnitud de las incertidumbres que hoy acosan a la economía mundial. Pero esta volatilidad es el reflejo de un conjunto de factores reales y de riesgos tangibles que son la verdadera causa de la inestabilidad en los mercados.
Tal vez simplificando en exceso, debido a la interacción entre todos los elementos del sistema, es posible clasificar en tres categorías los riesgos que hoy acechan a la economía mundial:
El riesgo de una nueva recesión en las economías avanzadas. Los Estados Unidos y Europa nunca recuperaron los niveles de crecimiento previos a la crisis de 2008-2009, y su recuperación fue muy tenue y mediocre. Pero hoy enfrentamos el peligro de una recaída recesiva, particularmente en la economía norteamericana.
Una incipiente crisis financiera en Europa, causada por el sobre-endeudamiento del sector público de gran parte de los integrantes de la eurozona. El elemento más visible de esta situación es la crisis de Grecia, donde un default está completamente descontado por los mercados, así como el posible contagio de otros países vulnerables, como Portugal, España e Italia.
Una fuerte reversión en el alto crecimiento de las economías emergentes que, sin convertirse en un proceso recesivo, tiende a reducir el rol de estas economías como el motor del crecimiento mundial.
En las últimas semanas, la incidencia de estos riesgos ha aumentado notablemente. La incertidumbre se vio acrecentada por la notable incapacidad, tanto en EE.UU. como en Europa, de adoptar las medidas necesarias para contrarrestar estas tendencias y estabilizar las economías.
Sólo en los últimos días parecería observarse alguna distensión, al mejorar los indicadores de empleo en EE.UU. y, prosperar cierto acuerdo para la recapitalización de los bancos en Europa. Sin embargo, los problemas básicos se mantienen irresueltos y el potencial de una «tormenta perfecta» en la cual todos estos riesgos se materializan sigue siendo altamente relevante.
¿Cuáles son las consecuencias de esta situación para el desempeño de nuestro país? Una continuación prolongada de la incertidumbre actual, en cualquier caso, tiene importantes repercusiones.
La incertidumbre alimenta la aversión al riesgo y reduce la demanda de activos considerados riesgosos, entre los que se cuentan los originados en las economías emergentes. Los flujos de capital se revierten hacia las propias economías avanzadas, a pesar de ser aquellos la fuente de la incertidumbre. Esto ha afectado ya a nuestros socios comerciales, particularmente a Brasil, que devaluó su moneda con consecuencias muy negativas para nuestro comercio internacional.
La situación sería mucho más adversa en caso de que todos los riesgos se materialicen. La contracción de la demanda externa y la caída en los precios de nuestras exportaciones afectarían muy negativamente la balanza comercial y las cuentas fiscales. Los efectos negativos tenderían a multiplicarse si la duración de la recesión externa es prolongada.
¿Está preparada la economía argentina para enfrentar un shock externo de esta magnitud? Probablemente mejor que en otras ocasiones, debido al buen nivel de reservas, la poca dependencia del crédito externo y la existencia de equilibrios macroeconómicos fundamentales. Pero es necesario estar particularmente atentos a los desarrollos globales y eliminar distorsiones, que permitan afinar los instrumentos necesarios para la implementación de políticas contracíclicas, cruciales para reducir el impacto de un viento de cola convertido en tormenta perfecta.
Mario Blejer
Fue presidente del Banco Central de la República Argentina.
Ex director del Centro de Estudios del Banco de Inglaterra.
Actualmente es vicepresidente 1° del Banco Hipotecario..

Acerca de Nicolás Tereschuk (Escriba)

"Escriba" es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM). Me interesa la política y la forma en que la política moldea lo económico (¿o era al revés?).

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