El dato básico es la ausencia y el silencio de sus principales lÃderes, referentes y partidos ante la mayor parte de los debates que ocupan a la sociedad argentina. Salvo anuncios esporádicos de improbables interpelaciones parlamentarias o denuncias judiciales ante noticias de impacto público, poco o nada se sabe de lo que ocurre al interior del campo opositor. Las propuestas en materia de seguridad, gestión macroeconómica, inflación, salud, desarrollo social, reformas tributarias, financiamiento de la crisis, polÃtica energética o desarrollo de infraestructura no pasan de afirmaciones generales, sin que conste algo más que las propuestas de la campaña 2011.
Sumidos en conflictos internos de difÃcil comprensión para el ciudadano medio, la docena de partidos que pueblan el archipiélago de la oposición buscan todavÃa explicaciones para la derrota en las pasadas elecciones presidenciales y cavilan en busca de algún tipo de estrategia común ante una crisis que amenaza con borrarlos del mapa polÃtico.
El efecto social del default opositor no es otro que el previsible. En el Monitor de Tendencias Económicas y Sociales que OPSM distribuye semanalmente entre sus suscriptores, ante la pregunta: “Independientemente de su posición polÃtica en general ¿a qué sector se siente usted más próximo en una coyuntura polÃtica como la actual?â€, un 34,7% respondió en estos dÃas “más cerca de las posiciones del gobiernoâ€. Un Ãnfimo 9,6 optó por auto ubicarse “más cerca de la oposiciónâ€.
Más uno menos uno igual cero o, en otras palabras, un verdadero juego de suma-cero, en el que nadie saca ventajas. Es más, un importante 43% de la sociedad se reconoce “lejos de ambosâ€, un 10,4 “cerca de ambos por igualâ€.
Una vez más, la sociedad se debate ante la falta de alternativas. Entre el año 2010 y 2011, los diversos fragmentos de la oposición supieron enhebrar estrategias conjuntas. No les alcanzó para articular una alternativa de gobierno pero al menos pudieron delinear los trazos gruesos de una oposición parlamentaria.
El saldo fue positivo para el paÃs: la mejorÃa de la oposición mejoró al gobierno. Ello le permitió, con apoyos no demasiado diferentes a los actuales, alcanzar un 54% del voto nacional y –lo más importante– casi 40 puntos de ventaja respecto de cualquiera de los principales contendientes en las presidenciales de octubre.
Las oportunidades para la oposición han vuelto a abrirse, aunque nada indica la capacidad de sus lÃderes para aprovecharlas.
Según la misma encuesta nacional, de reproducirse hoy el conflicto entre el gobierno y los sectores del campo, un 25,5 apoyarÃa una nueva Resolución 125 y un 47,4 se encolumnarÃa detrás de las organizaciones agropecuarias. De reproducirse un debate en torno a la regulación de los medios audiovisuales, un 30,5 apoyarÃa al gobierno y un 45% a los medios, en tanto que un 15,9 adoptarÃa posiciones equidistantes.
Los espacios para el ejercicio de una labor de oposición existen y tienden incluso a ampliarse. Sin embargo, lo que está socialmente deslegitimada es la oferta polÃtica de la oposición, sus actitudes, métodos y formas de expresión.
Preguntada la opinión publica acerca de que deberÃa hacer la oposición en el futuro, un 56% responde “apoyar al gobierno aunque de un modo negociado y pactadoâ€. Un 9,4 le aconseja “apoyar sin condiciones†y un 4,3 oponerse también incondicionalmente. Un 23% opta por sugerir un tipo de oposición del modo prudente y acotado de los últimos tiempos.
La calidad de un gobierno depende en medida sustancial de la calidad de su oposición. En tiempos de dudas y replanteamientos de fondo, bueno es recordar que sin polÃtica, de gobierno o de oposición, no habrán economÃa ni polÃtica social sustentables en el largo plazo.
Sumidos en conflictos internos de difÃcil comprensión para el ciudadano medio, la docena de partidos que pueblan el archipiélago de la oposición buscan todavÃa explicaciones para la derrota en las pasadas elecciones presidenciales y cavilan en busca de algún tipo de estrategia común ante una crisis que amenaza con borrarlos del mapa polÃtico.
El efecto social del default opositor no es otro que el previsible. En el Monitor de Tendencias Económicas y Sociales que OPSM distribuye semanalmente entre sus suscriptores, ante la pregunta: “Independientemente de su posición polÃtica en general ¿a qué sector se siente usted más próximo en una coyuntura polÃtica como la actual?â€, un 34,7% respondió en estos dÃas “más cerca de las posiciones del gobiernoâ€. Un Ãnfimo 9,6 optó por auto ubicarse “más cerca de la oposiciónâ€.
Más uno menos uno igual cero o, en otras palabras, un verdadero juego de suma-cero, en el que nadie saca ventajas. Es más, un importante 43% de la sociedad se reconoce “lejos de ambosâ€, un 10,4 “cerca de ambos por igualâ€.
Una vez más, la sociedad se debate ante la falta de alternativas. Entre el año 2010 y 2011, los diversos fragmentos de la oposición supieron enhebrar estrategias conjuntas. No les alcanzó para articular una alternativa de gobierno pero al menos pudieron delinear los trazos gruesos de una oposición parlamentaria.
El saldo fue positivo para el paÃs: la mejorÃa de la oposición mejoró al gobierno. Ello le permitió, con apoyos no demasiado diferentes a los actuales, alcanzar un 54% del voto nacional y –lo más importante– casi 40 puntos de ventaja respecto de cualquiera de los principales contendientes en las presidenciales de octubre.
Las oportunidades para la oposición han vuelto a abrirse, aunque nada indica la capacidad de sus lÃderes para aprovecharlas.
Según la misma encuesta nacional, de reproducirse hoy el conflicto entre el gobierno y los sectores del campo, un 25,5 apoyarÃa una nueva Resolución 125 y un 47,4 se encolumnarÃa detrás de las organizaciones agropecuarias. De reproducirse un debate en torno a la regulación de los medios audiovisuales, un 30,5 apoyarÃa al gobierno y un 45% a los medios, en tanto que un 15,9 adoptarÃa posiciones equidistantes.
Los espacios para el ejercicio de una labor de oposición existen y tienden incluso a ampliarse. Sin embargo, lo que está socialmente deslegitimada es la oferta polÃtica de la oposición, sus actitudes, métodos y formas de expresión.
Preguntada la opinión publica acerca de que deberÃa hacer la oposición en el futuro, un 56% responde “apoyar al gobierno aunque de un modo negociado y pactadoâ€. Un 9,4 le aconseja “apoyar sin condiciones†y un 4,3 oponerse también incondicionalmente. Un 23% opta por sugerir un tipo de oposición del modo prudente y acotado de los últimos tiempos.
La calidad de un gobierno depende en medida sustancial de la calidad de su oposición. En tiempos de dudas y replanteamientos de fondo, bueno es recordar que sin polÃtica, de gobierno o de oposición, no habrán economÃa ni polÃtica social sustentables en el largo plazo.