EconomÃa Lunes 7 de Julio de 2014
Por Guillermo Laborda.-
• EN JULIO DE 1989 EL INDEC ANUNCIABA SUBA DEL 114,5%.
• EMPRESAS PAGABAN SALARIOS QUINCENALES.
Por: Guillermo Laborda
El “Rodrigazo†habÃa sido ya un antecedente en los 70. Los últimos meses de la gestión radical en 1989 vieron cómo los precios trepaban sin lÃmite. Julio fue peor y en el primer trimestre de 1990 se verÃa un nuevo brote del virus inflacionario.
Poco importan las definiciones de hiperinflación. Hay quienes señalan que los precios tienen subir un 100% durante tres años; otros, como Philip Cagan estipulan que tiene que haber un mes con alza del 50% mÃnimo. El jueves 6 de julio de 1989 el INDEC no mintió y anunció el incremento del costo de vida del mes anterior: el 114,5%. Los precios mayoristas treparon un 132,3%, la construcción, el 134,1%. Eran épocas en las que el austral, la moneda lanzada 4 años antes, quemaba en las manos. Las empresas, las que podÃan, decidieron en esos meses pagar salarios en forma quincenal. Era una manera de que los empleados no perdieran el 50% del valor de sus haberes. La venta de nafta se racionó a partir de julio con despacho como máximo de 20 litros por combustible por disposición de la SecretarÃa de EnergÃa. Es que la corrida no era sólo hacia el dólar: el que más rápido se deshacÃa de los australes ganaba y los refugios eran las compras de alimentos y también, los combustibles. Los mayorÃa de los asalariados, apenas recibÃan sus ingresos mensuales, se dirigÃan a supermercados. Dejarlo para el dÃa siguiente tenÃa un alto costo financiero. El aceite entre abril y junio habÃa pasado de 70 a 290 australes. El azúcar, de 35 a 140 australes. Un plazo fijo a 30 dÃas en julio se podÃa hacer a una tasa de interés del 1.200% anual, tentador por cierto, pero que podÃa ser un fiasco en la tradicional comparación con el dólar. El 1 de julio se dispuso el aumento de la jubilación mÃnima del 125% a 16.400 australes. La UOM acordaba un aumento quincenal del 50%. La producción industrial caÃa en los primeros cinco meses del año un 32,7% según cifras de la UADE. Bolivia entonces generaba envida con una inflación del 2,5% en seis meses.
Un funcionario radical del área económica en 1989, destacaba ayer a Ãmbito Financiero que la raÃz de la hiperinflación estuvo en el desplome de las reservas. «Un sábado del verano de 1989 vino a una reunión Adolfo Canitrot y nos dijo que habÃamos perdido el crédito del Banco Mundial». Por entonces, Domingo Cavallo advertÃa que no se iban a pagar nuevas deudas. Los radicales culparon del desenlace final a ese corte del crédito internacional motorizado por quien paradójicamente serÃa en 2001 ministro de EconomÃa de Fernando de la Rúa. El mismo funcionario consultado por este diario aportó el siguiente dato: «En ese momento, las reservas del BCRA eran menores a los 100 millones de dólares; pero habÃa 4 millones de onzas de oro que no figuraban contabilizadas como reservas y que si se las amonedaba, representaban 1.600 millones de dólares; pero significaba tocar algo sagrado que el presidente Raúl AlfonsÃn desechó.
En la primera semana de julio, el 8 asumÃa Carlos Menem, seguÃan los aumentos de precios a alta velocidad. Las empresas se armaban de colchones en los valores ante lo que iba ser un nuevo plan a lanzarse, el enésimo, el 10 de julio. El ministro por asumir, Miguel Roig, ya se reunÃa con representantes del Fondo Monetario. HabÃa por entonces, todos los fines de semana, reuniones con los exportadores para definir el tipo de cambio para las liquidaciones de sus divisas. Como siempre muestra la historia económica argentina, hubo convocatorias a empresas y gremios para un pacto. Roig cursaba invitaciones a directivos de las principales firmas. El designado secretario de Comercio, Alberto Albamonte señalaba ya que «las empresas van a tener que bajar los precios si quieren vender porque a los valores actuales no van a tener demanda». El Ãndice de precios de julio mostrarÃa un avance del 197%.
La historia seguirÃa. En enero y febrero de 1990 se registraron aumentos en el costo de vida del 79,2% y un 62% respectivamente. Ya estaba Carlos Menem y el plan Bonex. El dólar libre, que comenzó en 1989 a 24,3 australes se pasó a los 6.000 australes en marzo de 1990, mes en el que los precios trepan un 95,5%. No hay que ser Funes el memorioso para recordar lo que siguió: la convertibilidad, y luego el default y devaluación de 2001. Y más reciente, continuando este clásico incorregible argentino de la inflación, tenemos la devaluación de enero, el temor a un default (técnico o no técnico el 30 de julio) y un alza de los precios estimada entre 30 y 40% este año según sea la fuente que consulte.
Por Guillermo Laborda.-
• EN JULIO DE 1989 EL INDEC ANUNCIABA SUBA DEL 114,5%.
• EMPRESAS PAGABAN SALARIOS QUINCENALES.
Por: Guillermo Laborda
El “Rodrigazo†habÃa sido ya un antecedente en los 70. Los últimos meses de la gestión radical en 1989 vieron cómo los precios trepaban sin lÃmite. Julio fue peor y en el primer trimestre de 1990 se verÃa un nuevo brote del virus inflacionario.
Poco importan las definiciones de hiperinflación. Hay quienes señalan que los precios tienen subir un 100% durante tres años; otros, como Philip Cagan estipulan que tiene que haber un mes con alza del 50% mÃnimo. El jueves 6 de julio de 1989 el INDEC no mintió y anunció el incremento del costo de vida del mes anterior: el 114,5%. Los precios mayoristas treparon un 132,3%, la construcción, el 134,1%. Eran épocas en las que el austral, la moneda lanzada 4 años antes, quemaba en las manos. Las empresas, las que podÃan, decidieron en esos meses pagar salarios en forma quincenal. Era una manera de que los empleados no perdieran el 50% del valor de sus haberes. La venta de nafta se racionó a partir de julio con despacho como máximo de 20 litros por combustible por disposición de la SecretarÃa de EnergÃa. Es que la corrida no era sólo hacia el dólar: el que más rápido se deshacÃa de los australes ganaba y los refugios eran las compras de alimentos y también, los combustibles. Los mayorÃa de los asalariados, apenas recibÃan sus ingresos mensuales, se dirigÃan a supermercados. Dejarlo para el dÃa siguiente tenÃa un alto costo financiero. El aceite entre abril y junio habÃa pasado de 70 a 290 australes. El azúcar, de 35 a 140 australes. Un plazo fijo a 30 dÃas en julio se podÃa hacer a una tasa de interés del 1.200% anual, tentador por cierto, pero que podÃa ser un fiasco en la tradicional comparación con el dólar. El 1 de julio se dispuso el aumento de la jubilación mÃnima del 125% a 16.400 australes. La UOM acordaba un aumento quincenal del 50%. La producción industrial caÃa en los primeros cinco meses del año un 32,7% según cifras de la UADE. Bolivia entonces generaba envida con una inflación del 2,5% en seis meses.
Un funcionario radical del área económica en 1989, destacaba ayer a Ãmbito Financiero que la raÃz de la hiperinflación estuvo en el desplome de las reservas. «Un sábado del verano de 1989 vino a una reunión Adolfo Canitrot y nos dijo que habÃamos perdido el crédito del Banco Mundial». Por entonces, Domingo Cavallo advertÃa que no se iban a pagar nuevas deudas. Los radicales culparon del desenlace final a ese corte del crédito internacional motorizado por quien paradójicamente serÃa en 2001 ministro de EconomÃa de Fernando de la Rúa. El mismo funcionario consultado por este diario aportó el siguiente dato: «En ese momento, las reservas del BCRA eran menores a los 100 millones de dólares; pero habÃa 4 millones de onzas de oro que no figuraban contabilizadas como reservas y que si se las amonedaba, representaban 1.600 millones de dólares; pero significaba tocar algo sagrado que el presidente Raúl AlfonsÃn desechó.
En la primera semana de julio, el 8 asumÃa Carlos Menem, seguÃan los aumentos de precios a alta velocidad. Las empresas se armaban de colchones en los valores ante lo que iba ser un nuevo plan a lanzarse, el enésimo, el 10 de julio. El ministro por asumir, Miguel Roig, ya se reunÃa con representantes del Fondo Monetario. HabÃa por entonces, todos los fines de semana, reuniones con los exportadores para definir el tipo de cambio para las liquidaciones de sus divisas. Como siempre muestra la historia económica argentina, hubo convocatorias a empresas y gremios para un pacto. Roig cursaba invitaciones a directivos de las principales firmas. El designado secretario de Comercio, Alberto Albamonte señalaba ya que «las empresas van a tener que bajar los precios si quieren vender porque a los valores actuales no van a tener demanda». El Ãndice de precios de julio mostrarÃa un avance del 197%.
La historia seguirÃa. En enero y febrero de 1990 se registraron aumentos en el costo de vida del 79,2% y un 62% respectivamente. Ya estaba Carlos Menem y el plan Bonex. El dólar libre, que comenzó en 1989 a 24,3 australes se pasó a los 6.000 australes en marzo de 1990, mes en el que los precios trepan un 95,5%. No hay que ser Funes el memorioso para recordar lo que siguió: la convertibilidad, y luego el default y devaluación de 2001. Y más reciente, continuando este clásico incorregible argentino de la inflación, tenemos la devaluación de enero, el temor a un default (técnico o no técnico el 30 de julio) y un alza de los precios estimada entre 30 y 40% este año según sea la fuente que consulte.