La Presidenta está ante un dios indiferente. Entre las confesiones públicas de Cristina Kirchner sobre sus vanas conversaciones con un ser superior (a quien le pidió, dijo, ser humilde), se deslizó otra revelación, ésta de gravedad institucional. Después de criticar a los medios periodÃsticos y a los economistas opositores, se entusiasmó con el plazo que vence en el mes de diciembre para la nueva ley de medios. La alegrÃa por la cercanÃa de ese plazo venÃa siendo celebrada ya por expresiones diversas del kirchnerismo (incluidos sus infaltables blogueros), pero nunca antes tales regodeos se habÃan escuchado desde la más alta instancia del poder.
La primera novedad que plantearon aquellas palabras presidenciales fue que Cristina Kirchner conoce de antemano lo que decidirá -o no decidirá- la Justicia. En rigor, el único artÃculo de la ley de medios que está protegido por una medida cautelar es el 161, que les ordena a las empresas de medios la desinversión en el plazo de un año de las propiedades que excedan las cantidades estipuladas por la norma. La medida cautelar fue interpuesta por el Grupo ClarÃn porque considera inconstitucional ese artÃculo que violarÃa el derecho a la propiedad y los derechos adquiridos.
El 7 de diciembre comenzará a correr el año para la desinversión que prevé la ley de medios.
En un reciente fallo, la Corte Suprema de Justicia fijó el 7 de diciembre como fecha final para que el juez de primera instancia se pronuncie sobre la cuestión de fondo. El máximo tribunal argumentó que las medidas cautelares deben tener un plazo, porque de otra manera esa medida transitoria se convertirÃa de hecho en una decisión de fondo.
De todos modos, ese plazo harÃa caer la medida cautelar sólo si el juez declarara constitucional el artÃculo o si no hubiera pronunciamiento previo del magistrado. Al revés, la protección cautelar sobre la propiedad seguirÃa vigente si el juez calificara de inconstitucional el artÃculo en cuestión. Es previsible que el Gobierno apelarÃa en este último caso a la Cámara, pero la medida cautelar seguirÃa vigente. La alegrÃa presidencial ha descartado un pronunciamiento judicial en contra de los intereses del Gobierno. La Presidenta, por el contrario, dio por seguro que el juez fallará a favor de sus posiciones o que nunca se pronunciará. Puede colegirse fácilmente, por lo tanto, que el poder que manda cuenta con información sobre cruciales decisiones judiciales que el resto de los argentinos ignoran.
Aun asÃ, y si se interpretara bien aquella resolución de la Corte Suprema, el 7 de diciembre comenzará a correr el año para la desinversión que prevé la ley de medios. Sin embargo, todo indica que, en caso de que el plazo realmente venciera ese dÃa, el Gobierno comenzará a reclamar en el acto que le informen cómo y a quiénes se les venderán las propiedades no incluidas en la norma. La ansiedad kirchnerista por ver desarticulados los medios no adictos (que es la intención última de la ley de medios) ha convertido el 7 de diciembre en el desembarco de NormandÃa. En efecto, desde ese dÃa el caso ya no estarÃa en manos de la Justicia, sino en las arbitrarias manos del poder polÃtico.
La ley de medios está vigente en más del 90 por ciento de su articulado, pero no se cumple casi ninguna de sus disposiciones.
Con todo, la reciente confesión presidencial fue más allá y reveló el propósito final de la ley. Con palabras menos directas, la Presidenta vino a decir que la vigencia total de la ley les cerrará la boca a los medios periodÃsticos independientes y a las voces crÃticas de la oposición. A todo esto, la ley de medios está vigente en más del 90 por ciento de su articulado, pero no se cumple casi ninguna de sus disposiciones. No se cumple, por ejemplo, la regulación que hace del uso de la cadena nacional de radio y televisión por parte del Gobierno, que es un resabio de los viejos tiempos del autoritarismo militar en la Argentina.
La Presidenta concluyó con la esperanza puesta en diciembre después de quejarse de la «cadena nacional del miedo y el desánimo» y de vapulear a dos economistas que formaron parte del gobierno kirchnerista, pero que hoy militan en filas opositoras. Alfonso Prat-Gray y MartÃn Redrado fueron presidentes del Banco Central durante las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner. Con sus aciertos y con sus errores, ellos fueron autoridades monetarias mucho más razonables que las que los sucedieron.
Es cierto que hay una caÃda notable en las acciones polÃticas de Guillermo Moreno (ha cometido demasiados errores hasta para los ojos presidenciales) y que el hombre fuerte que se perfila en el manejo económico es el actual viceministro de EconomÃa, Axel Kicillof. Aun asÃ, se trataba de una disputa entre economistas que mantuvo a la Presidenta al margen de la batalla. Pero la pelea es el ámbito que mejor le sienta a Cristina Kirchner, que optó por defender a Kicillof y por revelar supuestos secretos del gobierno cuando Prat-Gay y Redrado eran jefes del Central. La versión de la historia por parte de sus protagonistas es siempre parcial. Prat-Gay y Redrado se desatendieron de Kicillof y se enfrentaron directamente con Cristina. Ninguna sorpresa en tiempos en que es polÃticamente redituable el combate directo con la Presidenta.
Sobresale también la poca capacidad de los funcionarios para el ejercicio de la polÃtica. No hay nada más impopular que decir lo que dijo Kicillof: que es progresista que el dinero de los jubilados, a quienes se les niegan las actualizaciones dispuestas por la Corte Suprema de Justicia, sea utilizado para pagar, por ejemplo, el aguinaldo de los empleados públicos bonaerenses. ¿Esperaban que los jubilados se sumaran al progresismo de Kicillof o que salieran enardecidos a criticarlo, como sucedió?
La versión de la historia por parte de sus protagonistas es siempre parcial.
El viceministro de Seguridad, Sergio Berni, cometió otro zafarrancho polÃtico cuando respondió con estadÃsticas al drama de la inseguridad. La Capital, el territorio que Berni acepta como responsabilidad del gobierno nacional en materia de seguridad, es cada vez más una zona liberada para el vandalismo y el crimen. Otras ciudades latinoamericanas están peor, como aseguró Berni, pero los porteños viven en la Capital, no en México, Bogotá o San Pablo. Las estadÃsticas no les dicen nada a los porteños.
Estos son, de todos modos, los relatos únicos y persistentes que la Presidenta quisiera ver diseminados en la unanimidad de los medios audiovisuales. No está lejos de lograrlo: su discurso admonitorio fue transmitido en directo por cuatro de los cinco canales de noticias y por un canal de aire (Canal 7, desde ya). No fue una cadena nacional, pero se le pareció. Sus palabras reveladoras indican que aspira a algo más que a la difusión unÃsona del discurso oficial; quiere que el resto se calle, de una vez por todas..
La primera novedad que plantearon aquellas palabras presidenciales fue que Cristina Kirchner conoce de antemano lo que decidirá -o no decidirá- la Justicia. En rigor, el único artÃculo de la ley de medios que está protegido por una medida cautelar es el 161, que les ordena a las empresas de medios la desinversión en el plazo de un año de las propiedades que excedan las cantidades estipuladas por la norma. La medida cautelar fue interpuesta por el Grupo ClarÃn porque considera inconstitucional ese artÃculo que violarÃa el derecho a la propiedad y los derechos adquiridos.
El 7 de diciembre comenzará a correr el año para la desinversión que prevé la ley de medios.
En un reciente fallo, la Corte Suprema de Justicia fijó el 7 de diciembre como fecha final para que el juez de primera instancia se pronuncie sobre la cuestión de fondo. El máximo tribunal argumentó que las medidas cautelares deben tener un plazo, porque de otra manera esa medida transitoria se convertirÃa de hecho en una decisión de fondo.
De todos modos, ese plazo harÃa caer la medida cautelar sólo si el juez declarara constitucional el artÃculo o si no hubiera pronunciamiento previo del magistrado. Al revés, la protección cautelar sobre la propiedad seguirÃa vigente si el juez calificara de inconstitucional el artÃculo en cuestión. Es previsible que el Gobierno apelarÃa en este último caso a la Cámara, pero la medida cautelar seguirÃa vigente. La alegrÃa presidencial ha descartado un pronunciamiento judicial en contra de los intereses del Gobierno. La Presidenta, por el contrario, dio por seguro que el juez fallará a favor de sus posiciones o que nunca se pronunciará. Puede colegirse fácilmente, por lo tanto, que el poder que manda cuenta con información sobre cruciales decisiones judiciales que el resto de los argentinos ignoran.
Aun asÃ, y si se interpretara bien aquella resolución de la Corte Suprema, el 7 de diciembre comenzará a correr el año para la desinversión que prevé la ley de medios. Sin embargo, todo indica que, en caso de que el plazo realmente venciera ese dÃa, el Gobierno comenzará a reclamar en el acto que le informen cómo y a quiénes se les venderán las propiedades no incluidas en la norma. La ansiedad kirchnerista por ver desarticulados los medios no adictos (que es la intención última de la ley de medios) ha convertido el 7 de diciembre en el desembarco de NormandÃa. En efecto, desde ese dÃa el caso ya no estarÃa en manos de la Justicia, sino en las arbitrarias manos del poder polÃtico.
La ley de medios está vigente en más del 90 por ciento de su articulado, pero no se cumple casi ninguna de sus disposiciones.
Con todo, la reciente confesión presidencial fue más allá y reveló el propósito final de la ley. Con palabras menos directas, la Presidenta vino a decir que la vigencia total de la ley les cerrará la boca a los medios periodÃsticos independientes y a las voces crÃticas de la oposición. A todo esto, la ley de medios está vigente en más del 90 por ciento de su articulado, pero no se cumple casi ninguna de sus disposiciones. No se cumple, por ejemplo, la regulación que hace del uso de la cadena nacional de radio y televisión por parte del Gobierno, que es un resabio de los viejos tiempos del autoritarismo militar en la Argentina.
La Presidenta concluyó con la esperanza puesta en diciembre después de quejarse de la «cadena nacional del miedo y el desánimo» y de vapulear a dos economistas que formaron parte del gobierno kirchnerista, pero que hoy militan en filas opositoras. Alfonso Prat-Gray y MartÃn Redrado fueron presidentes del Banco Central durante las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner. Con sus aciertos y con sus errores, ellos fueron autoridades monetarias mucho más razonables que las que los sucedieron.
Es cierto que hay una caÃda notable en las acciones polÃticas de Guillermo Moreno (ha cometido demasiados errores hasta para los ojos presidenciales) y que el hombre fuerte que se perfila en el manejo económico es el actual viceministro de EconomÃa, Axel Kicillof. Aun asÃ, se trataba de una disputa entre economistas que mantuvo a la Presidenta al margen de la batalla. Pero la pelea es el ámbito que mejor le sienta a Cristina Kirchner, que optó por defender a Kicillof y por revelar supuestos secretos del gobierno cuando Prat-Gay y Redrado eran jefes del Central. La versión de la historia por parte de sus protagonistas es siempre parcial. Prat-Gay y Redrado se desatendieron de Kicillof y se enfrentaron directamente con Cristina. Ninguna sorpresa en tiempos en que es polÃticamente redituable el combate directo con la Presidenta.
Sobresale también la poca capacidad de los funcionarios para el ejercicio de la polÃtica. No hay nada más impopular que decir lo que dijo Kicillof: que es progresista que el dinero de los jubilados, a quienes se les niegan las actualizaciones dispuestas por la Corte Suprema de Justicia, sea utilizado para pagar, por ejemplo, el aguinaldo de los empleados públicos bonaerenses. ¿Esperaban que los jubilados se sumaran al progresismo de Kicillof o que salieran enardecidos a criticarlo, como sucedió?
La versión de la historia por parte de sus protagonistas es siempre parcial.
El viceministro de Seguridad, Sergio Berni, cometió otro zafarrancho polÃtico cuando respondió con estadÃsticas al drama de la inseguridad. La Capital, el territorio que Berni acepta como responsabilidad del gobierno nacional en materia de seguridad, es cada vez más una zona liberada para el vandalismo y el crimen. Otras ciudades latinoamericanas están peor, como aseguró Berni, pero los porteños viven en la Capital, no en México, Bogotá o San Pablo. Las estadÃsticas no les dicen nada a los porteños.
Estos son, de todos modos, los relatos únicos y persistentes que la Presidenta quisiera ver diseminados en la unanimidad de los medios audiovisuales. No está lejos de lograrlo: su discurso admonitorio fue transmitido en directo por cuatro de los cinco canales de noticias y por un canal de aire (Canal 7, desde ya). No fue una cadena nacional, pero se le pareció. Sus palabras reveladoras indican que aspira a algo más que a la difusión unÃsona del discurso oficial; quiere que el resto se calle, de una vez por todas..
¡Qué guacho este Lulú! ¿Cómo hizo para darse cuenta que nuestras oscuras intenciones eran desarmar el oligopolio mediático, y no solucionar el aujero de ozono?
Nadie podrÃa imaginarlo leyendo la ley, que en realidad versa sobre el devenir del universo.
No contaban con su astucia!
Es tanta la ansiedad de la Presidenta para acallar las crÃticas, que se confundió en su discurso y dijo que la cautelar vencÃa el 1/12, no es asÃ, es el 7. Y en una semana pueden pasar muchas cosas, todo ello sin perjuicio de que, como dice el amigo JoaquÃn, recién a partir del 12 comenzarÃa a correr el plazo de un año para desinvertir, o sea que hay un año más para que la JUSTICIA resuelva. No hay que apurarse, nadie lee ClarÃn ni ve TN., salvo, según parece, los cristinistas.