Antes que en 6,7,8, Beatriz Sarlo habÃa expuesto su impugnación al kirchnerismo en un libro. Con escaso sustento fáctico alaba al ex senador Duhalde, ignora el compromiso de Kirchner con los derechos humanos previo a su presidencia, minimiza el reto del poder agromediático, desconoce la cronologÃa del conflicto con ClarÃn, atribuye a Kirchner la ley de comunicación audiovisual con menosprecio machista por CFK y subestima la calidad del debate que la precedió y la coalición que la sustenta.
Néstor y Cristina en 1983, durante un acto de campaña en el que se reclamó juicio y castigo por los crÃmenes de la dictadura militar. Beatriz Sarlo desconoce esos hechos y sostiene que ese fue un discurso adoptado en 2003 para legitimar a un gobierno débil.
La visita de la ensayista Beatriz Sarlo al programa 6,7,8 tuvo una merecida repercusión. Introdujo en un medio tan ubicuo y paupérrimo como la televisión un debate polÃtico necesario, lo cual merece todo encomio, para la invitada y sus anfitriones. Si no pudieron profundizar los temas discutidos, fue antes por las limitaciones intrÃnsecas del medio que por deficiencias de ellos. Más propicio para ese fin son el papel y la letra impresa. Lo que sigue no es un comentario del último libro de Sarlo(1), que contiene opiniones sobre medios y estilos de comunicación, sino apenas una discusión de aquellos tramos en los que plantea algunas cuestiones polÃticas.
El campo del debate
Sarlo afirma que “el campo” no habÃa sido enemigo de Kirchner “hasta la resolución 125” y después se convirtió en su “enemigo principal”, cuando en realidad sólo se trataba de una “mera disputa por la renta”. Agrega que “hasta el enfrentamiento con el Grupo ClarÃn, cuyo inicio coincide con el conflicto con el campo, el kirchnerismo no habÃa agitado la necesidad de una nueva ley de medios audiovisuales. No era una cuestión de principios ni una cuestión programática. Iniciado el conflicto con ClarÃn se convirtió en ambas cosas”. También sostiene que desde que Kirchner favoreció al grupo con la extensión de licencias “no habÃa sucedido otra cosa que el cambio de lÃnea editorial del diario”, por lo cual la ley de medios de comunicación audiovisual habrÃa constituido una mera venganza. De este modo, y sin más trámite, desdeña la magnitud y la gravedad del desafÃo que la oligarquÃa diversificada (según la definición de Eduardo Basualdo) planteó en la disputa por las retenciones que, tal como Sarlo sostiene, adquirió una dimensión simbólica. En ella se jugaba el destino de la democracia en la Argentina, agrego yo. Es imprescindible recordar que el Grupo ClarÃn no sólo es socio de La Nación y de las patronales rústicas en la megaferia Expoagro, en la que se cierran cada año negocios por 300 millones de dólares, sino que desde la Asociación Empresaria AEA conduce junto con la trasnacional italiana Techint a la fracción dominante del capitalismo en la Argentina, que dos de sus voceros, Hugo Biolcati y Mariano Grondona, vaticinaron entre chanzas que Cristina no terminarÃa su mandato y que, una vez fracasado ese intento, el CEO del Grupo, Héctor Magneto, reunió en su casa a los jefes de la oposición polÃtica para urgirlos a encontrar una combinación electoral que permitiera derrotar al gobierno. Sarlo realiza una crÃtica cultural a partir de afirmaciones e imágenes instaladas por ese mismo poder agromediático. La inteligencia de su especulación intelectual no puede suplir tamaña falla de origen en los cimientos de la obra, que pierde densidad al rebajar a la autora al nivel de sus interesadas fuentes.
Licencia para divagar
La prórroga por diez años de todas las licencias de radiodifusión, dispuesta en mayo de 2005 por el decreto 527, no fue un favor al Grupo ClarÃn (que acababa de renovar las suyas) sino a sus competidores de los canales de televisión 2 y 9, que las tenÃan a punto de vencer y para colmo estaban en convocatoria de acreedores. Esto era causal de extinción de las licencias, según el artÃculo 53, inciso c, de la ley de radiodifusión 22.285 vigente entonces. En tal caso, ClarÃn reinarÃa sin competencia, dado que el restante canal de aire, en manos de la española Telefonica, se abstenÃa de cualquier intervención polÃtica. El entonces secretario de Comercio, Guillermo Moreno, intercedió ante Telefonica para que condonara o refinanciara la deuda que Daniel Hadad contrajo al adquirir el canal 9, como informó este diario oficialista el 26 de diciembre de 2004. Cuando esas gestiones fracasaron, Kirchner acudió a la prórroga de las licencias. De ese modo revalorizó a los contrincantes del Grupo ClarÃn y los rescató de la quiebra. Es decir que ya en el segundo año de su presidencia, Kirchner estaba prevenido contra la enorme concentración de poder mediático en un solo grupo, que además procuraba expandirse al campo de las telecomunicaciones, para lo que solicitaba el apoyo oficial. Que no lo haya enfrentado entonces obedece a debilidad objetiva y subjetiva. “Hay cosas que no me animé a hacer, para no de-sestabilizar, para no profundizar, y que, gracias a Dios, Cristina las está haciendo”, dijo en enero del año pasado (“Hombre de la Plaza Rosada”, Página/12, 10 de enero de 2010). Una vez más, la cronologÃa ayuda a comprender los procesos. En diciembre de 2007, tres dÃas antes de su conclusión, el gobierno de Kirchner habÃa autorizado la operación conjunta de Cablevisión y Multicanal, si se cumplÃan las condiciones de desmonopolización señaladas por el Tribunal de Defensa de la Competencia. El 4 de abril de 2008, a diez dÃas del primer lockout agropecuario, la presidente recibió a los directivos de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y el 16 de abril a los miembros de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, quienes le presentaron los “21 puntos por el Derecho a la Comunicación”en los que desde 2003 trabajaron 300 organizaciones sociales y cooperativas, sindicatos, universidades, organismos de derechos humanos, asociaciones de radiodifusores y radios comunitarias y le solicitaron que reformara la vetusta ley de Radiodifusión, sancionada por Videla en 1980 y empeorada por Menem diez años después.
Un año de debate
Transcurrió un año de debates, seminarios, foros, mesas redondas, en los barrios, los sindicatos, las universidades, Concejos Deliberantes y Legislaturas provinciales antes de que CFK presentara su primer anteproyecto, que recién se convirtió en proyecto de ley luego de otro semestre de apasionados foros regionales realizados en todo el paÃs. También las dos cámaras del Congreso realizaron sendas rondas de consulta con las organizaciones de la Coalición y con aquellas que representaban a los intereses económicos en juego, incluyendo a las autoridades del Grupo ClarÃn, que se negaron a concurrir aduciendo que las decisiones ya estaban tomadas. No hay otra ley discutida con tan alto grado de participación en la historia argentina, y sólo el Código Civil del siglo XIX puede competir con ella en cuanto a anotaciones de legislación comparada. Con una desventaja: aquel Código fue obra de un solo hombre, Dalmacio Vélez Sarsfield, y se aprobó a libro cerrado en el Congreso. PodrÃa decirse que Cristina se apropió de las propuestas para la democratización de las comunicaciones que elaboraron las organizaciones fundadoras de la Coalición y que tenÃan un antecedente fundamental en los proyectos del ex presidente Raúl AlfonsÃn, elaborados por el Consejo para la Consolidación de la Democracia pero nunca aplicados, como tantas otras buenas iniciativas de aquel malogrado gobierno. Más costarÃa fundamentar qué tiene de malo que un gobierno elegido por el voto popular adopte las reivindicaciones que provienen de los sectores más avanzados de su propia base electoral. Lo mismo hizo Cristina con la Asignación Universal por Hijo, que también surgió de fuerzas polÃticas y sociales ajenas a la propia y que durante años fue resistida por el gobierno. La laboriosa ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, y su hermano presidente objetaban ese tipo de transferencia directa de ingresos, y en su lugar privilegiaban la reducción del desempleo, para que cada cual se ganara con mayor dignidad el sustento. Pero, igual que en otros campos, fue el éxito de esa polÃtica (con la creación de cinco millones de puestos de trabajo y la caida del desempleo a los niveles de hace un cuarto de siglo) el que puso en evidencia sus limitaciones y la necesidad de superarlas. Cristina pudo adoptar la AUH porque antes habÃa recuperado el sistema previsional, convertido por Menem y Cavallo en un negocio financiero para los grandes bancos, que con ese dinero financiaban a altas tasas los déficit del Estado, consecuencia de esa misma privatización. Esta capacidad de reconocer los problemas y el desprejuicio para adoptar las soluciones ideadas por otros es una clave de la vitalidad del kirchnerismo, que no deberÃa suscitar rechazo en quienes valoran el diálogo y los consensos.
Derechos y humanos
En un capÃtulo importante de su libro, Sarlo dice que Kirchner encontró en la reivindicación de los derechos humanos una fuente de legitimidad ya “que habÃa llegado al gobierno cautivo de su propia debilidad”. Se tratarÃa de una operación polÃtica, comenzada en su discurso inaugural cuando “recordó a los militantes asesinados” que en Santa Cruz nunca habÃan recibido “el menor homenaje de su parte”. Asà habrÃa puesto fin a “una amnesia polÃtica que habÃa durado mucho tiempo”. HabrÃa dramatizado de ese modo “una puesta en escena de una alianza entre las organizaciones de derechos humanos y el presidente”, con quienes Kirchner “se inventa una relación”. Sarlo dice que al pedir perdón en nombre del Estado Nacional el 24 de marzo de 2004 en la ESMA, “por la vergüenza de haber callado durante veinte años de democracia tantas atrocidades”, Kirchner dio “un paso principal en su propia invención polÃtica”. Con una entonación psicologista comenta: “Él, que no se habÃa ocupado de los derechos humanos hasta llegar a la presidencia, transferÃa ese lapsus al Estado argentino y a otro presidente, Raúl AlfonsÃn, que habÃa hecho su campaña electoral comprometiéndose a juzgar a los comandantes responsables de los crÃmenes de la dictadura”. Concluye que esa omisión le evitó “el incómodo recuerdo de que él mismo votó, en 1983, a un partido justicialista que consideraba legal la autoamnistÃa que se habÃan otorgado los militares”. El oficio de la crÃtica literaria, que Sarlo practica con general beneplácito, no soporta bien su traslado a la polÃtica, como bien saben quienes admiraron la obra de David Viñas, porque esta materia no se circunscribe a un texto fijo ofrecido a la interpretación del lector, según establecieron Hegel y Perón. Por el contrario, es tan huidiza que, con toda probabilidad, Sarlo no conocÃa al escribir su libro el discurso que Kirchner pronunció en el Ateneo Juan Domingo Perón, durante la campaña para elegir el candidato justicialista a la intendencia de RÃo Gallegos en 1983. Allà dijo que “la represión de la dictadura militar ha ensangrentado a todo el pueblo argentino” y que “siempre dijimos que Videla y Massera y Agosti, y todos los sinvergüenzas que vinieron después, iban a ser sentados en el banquillo de la justicia constitucional para que respondan ante tantos abusos y ante tantos crÃmenes cometidos contra este pueblo”. La observación de Sarlo sobre la posición del candidato justicialista a la presidencia en 1983, Italo Luder, es de estricta justicia, pero no puede reclamársele a Kirchner, quien recién en 1991, después de las amnistÃas de AlfonsÃn y los indultos de Menem, accedió a la gobernación de su provincia, una posición desde la que no es posible modificar asuntos que pertenecen a la escena nacional. El discurso completo pronunciado por el joven Kirchner a sus 33 años puede encontrarse en http://www.youtube.com/watch?v=siuGYpy-G3A&feature=youtu.be. Hay un bonus track: la presentación del orador por la también jovencÃsima Cristina Fernández, que está despertando pasiones retrospectivas en la web.
Floja de papeles
“A diferencia de los radicales”, dice también Sarlo, “los peronistas ‘se metenÂ’ con los medios, los favorecen, los acosan o los cortejan, fundan medios y los financian”. Es una afirmación incomprensible en alguien que haya vivido en la Argentina durante las presidencias de Arturo Frondizi y Raúl AlfonsÃn. Lo que les faltó no fue desprejuicio, sino eco popular. La principal diferencia entre El Nacional y Tiempo Argentino, entre los “Bueyes perdidos” de Mario Monteverde y 6,7,8, está en la eficacia, y ésta no depende sólo de las calidades personales o profesionales de sus responsables, sino de la Ãndole de los respectivos gobiernos que defendieron.
Equivocaciones menores de Sarlo confirman la impresión de una exégesis teórica presuntuosa, edificada sobre una base fáctica que conoce mal. Por ejemplo, al referirse a las elecciones de 2005, en las que Kirchner decidió confrontar con quien lo habÃa impulsado al gobierno, dice que “en la madrugada de la victoria, entre gallos y medianoche, abandonaron a Duhalde y se hicieron kirchneristas los fieles DÃaz Bancalari y Pampuro, nombres importantes del derrotado peronismo bonaerense”. Es cierto que DÃaz Bancalari era el compañero de fórmula de Hilda González en el Partido Justicialista, pero Pampuro fue quien lo venció, como segundo de la boleta que encabezaba Cristina Fernández. Sorprenden también las alabanzas al ex senador Eduardo Duhalde, quien durante unos meses de 2002 y 2003 ocupó en forma interina la presidencia. Dice que “practicó la moderación hasta que la policÃa, en un episodio oscuro, asesinó a los militantes Kosteki y Santillán”. Sólo las distintas acepciones del adjetivo impiden calificarlo de escandaloso: el gobierno de Duhalde preparó en forma cuidadosa esa emboscada, con el propósito de dar un escarmiento a las fuerzas sociales movilizadas en aquellos dÃas, con informes falsos y tremendistas elaborados desde la SIDE por su ministro Carlos Soria y presentados a la Justicia por su ministro Jorge Vanossi. Antes, habÃa presionado a la Justicia federal para que encarcelara a Cavallo y a varios banqueros, ofreciéndolos a la vindicta pública. Según Sarlo, el moderado Duhalde trabajó “en la reparación de un paÃs en ruinas, donde la palabra incendio no era una hipérbole sino una imagen descriptiva bastante realista”. Ni una lÃnea en las 235 páginas del libro menciona la brutal transferencia de ingresos, de los sectores subordinados a las mayores empresas, provocada por la mayor devaluación del tipo de cambio real de la historia y por la pesificación asimétrica dispuesta en aquel nefasto gobierno, sin el cual la devastación de la década anterior no hubiera terminado de ejecutarse. Sin duda, se trata de un libro audaz, escrito con más pasión que cálculo.
(1). Beatriz Sarlo, Kirchner 2003-2010. La audacia y el cálculo, Sudamericana, 2011.
Néstor y Cristina en 1983, durante un acto de campaña en el que se reclamó juicio y castigo por los crÃmenes de la dictadura militar. Beatriz Sarlo desconoce esos hechos y sostiene que ese fue un discurso adoptado en 2003 para legitimar a un gobierno débil.
La visita de la ensayista Beatriz Sarlo al programa 6,7,8 tuvo una merecida repercusión. Introdujo en un medio tan ubicuo y paupérrimo como la televisión un debate polÃtico necesario, lo cual merece todo encomio, para la invitada y sus anfitriones. Si no pudieron profundizar los temas discutidos, fue antes por las limitaciones intrÃnsecas del medio que por deficiencias de ellos. Más propicio para ese fin son el papel y la letra impresa. Lo que sigue no es un comentario del último libro de Sarlo(1), que contiene opiniones sobre medios y estilos de comunicación, sino apenas una discusión de aquellos tramos en los que plantea algunas cuestiones polÃticas.
El campo del debate
Sarlo afirma que “el campo” no habÃa sido enemigo de Kirchner “hasta la resolución 125” y después se convirtió en su “enemigo principal”, cuando en realidad sólo se trataba de una “mera disputa por la renta”. Agrega que “hasta el enfrentamiento con el Grupo ClarÃn, cuyo inicio coincide con el conflicto con el campo, el kirchnerismo no habÃa agitado la necesidad de una nueva ley de medios audiovisuales. No era una cuestión de principios ni una cuestión programática. Iniciado el conflicto con ClarÃn se convirtió en ambas cosas”. También sostiene que desde que Kirchner favoreció al grupo con la extensión de licencias “no habÃa sucedido otra cosa que el cambio de lÃnea editorial del diario”, por lo cual la ley de medios de comunicación audiovisual habrÃa constituido una mera venganza. De este modo, y sin más trámite, desdeña la magnitud y la gravedad del desafÃo que la oligarquÃa diversificada (según la definición de Eduardo Basualdo) planteó en la disputa por las retenciones que, tal como Sarlo sostiene, adquirió una dimensión simbólica. En ella se jugaba el destino de la democracia en la Argentina, agrego yo. Es imprescindible recordar que el Grupo ClarÃn no sólo es socio de La Nación y de las patronales rústicas en la megaferia Expoagro, en la que se cierran cada año negocios por 300 millones de dólares, sino que desde la Asociación Empresaria AEA conduce junto con la trasnacional italiana Techint a la fracción dominante del capitalismo en la Argentina, que dos de sus voceros, Hugo Biolcati y Mariano Grondona, vaticinaron entre chanzas que Cristina no terminarÃa su mandato y que, una vez fracasado ese intento, el CEO del Grupo, Héctor Magneto, reunió en su casa a los jefes de la oposición polÃtica para urgirlos a encontrar una combinación electoral que permitiera derrotar al gobierno. Sarlo realiza una crÃtica cultural a partir de afirmaciones e imágenes instaladas por ese mismo poder agromediático. La inteligencia de su especulación intelectual no puede suplir tamaña falla de origen en los cimientos de la obra, que pierde densidad al rebajar a la autora al nivel de sus interesadas fuentes.
Licencia para divagar
La prórroga por diez años de todas las licencias de radiodifusión, dispuesta en mayo de 2005 por el decreto 527, no fue un favor al Grupo ClarÃn (que acababa de renovar las suyas) sino a sus competidores de los canales de televisión 2 y 9, que las tenÃan a punto de vencer y para colmo estaban en convocatoria de acreedores. Esto era causal de extinción de las licencias, según el artÃculo 53, inciso c, de la ley de radiodifusión 22.285 vigente entonces. En tal caso, ClarÃn reinarÃa sin competencia, dado que el restante canal de aire, en manos de la española Telefonica, se abstenÃa de cualquier intervención polÃtica. El entonces secretario de Comercio, Guillermo Moreno, intercedió ante Telefonica para que condonara o refinanciara la deuda que Daniel Hadad contrajo al adquirir el canal 9, como informó este diario oficialista el 26 de diciembre de 2004. Cuando esas gestiones fracasaron, Kirchner acudió a la prórroga de las licencias. De ese modo revalorizó a los contrincantes del Grupo ClarÃn y los rescató de la quiebra. Es decir que ya en el segundo año de su presidencia, Kirchner estaba prevenido contra la enorme concentración de poder mediático en un solo grupo, que además procuraba expandirse al campo de las telecomunicaciones, para lo que solicitaba el apoyo oficial. Que no lo haya enfrentado entonces obedece a debilidad objetiva y subjetiva. “Hay cosas que no me animé a hacer, para no de-sestabilizar, para no profundizar, y que, gracias a Dios, Cristina las está haciendo”, dijo en enero del año pasado (“Hombre de la Plaza Rosada”, Página/12, 10 de enero de 2010). Una vez más, la cronologÃa ayuda a comprender los procesos. En diciembre de 2007, tres dÃas antes de su conclusión, el gobierno de Kirchner habÃa autorizado la operación conjunta de Cablevisión y Multicanal, si se cumplÃan las condiciones de desmonopolización señaladas por el Tribunal de Defensa de la Competencia. El 4 de abril de 2008, a diez dÃas del primer lockout agropecuario, la presidente recibió a los directivos de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y el 16 de abril a los miembros de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, quienes le presentaron los “21 puntos por el Derecho a la Comunicación”en los que desde 2003 trabajaron 300 organizaciones sociales y cooperativas, sindicatos, universidades, organismos de derechos humanos, asociaciones de radiodifusores y radios comunitarias y le solicitaron que reformara la vetusta ley de Radiodifusión, sancionada por Videla en 1980 y empeorada por Menem diez años después.
Un año de debate
Transcurrió un año de debates, seminarios, foros, mesas redondas, en los barrios, los sindicatos, las universidades, Concejos Deliberantes y Legislaturas provinciales antes de que CFK presentara su primer anteproyecto, que recién se convirtió en proyecto de ley luego de otro semestre de apasionados foros regionales realizados en todo el paÃs. También las dos cámaras del Congreso realizaron sendas rondas de consulta con las organizaciones de la Coalición y con aquellas que representaban a los intereses económicos en juego, incluyendo a las autoridades del Grupo ClarÃn, que se negaron a concurrir aduciendo que las decisiones ya estaban tomadas. No hay otra ley discutida con tan alto grado de participación en la historia argentina, y sólo el Código Civil del siglo XIX puede competir con ella en cuanto a anotaciones de legislación comparada. Con una desventaja: aquel Código fue obra de un solo hombre, Dalmacio Vélez Sarsfield, y se aprobó a libro cerrado en el Congreso. PodrÃa decirse que Cristina se apropió de las propuestas para la democratización de las comunicaciones que elaboraron las organizaciones fundadoras de la Coalición y que tenÃan un antecedente fundamental en los proyectos del ex presidente Raúl AlfonsÃn, elaborados por el Consejo para la Consolidación de la Democracia pero nunca aplicados, como tantas otras buenas iniciativas de aquel malogrado gobierno. Más costarÃa fundamentar qué tiene de malo que un gobierno elegido por el voto popular adopte las reivindicaciones que provienen de los sectores más avanzados de su propia base electoral. Lo mismo hizo Cristina con la Asignación Universal por Hijo, que también surgió de fuerzas polÃticas y sociales ajenas a la propia y que durante años fue resistida por el gobierno. La laboriosa ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, y su hermano presidente objetaban ese tipo de transferencia directa de ingresos, y en su lugar privilegiaban la reducción del desempleo, para que cada cual se ganara con mayor dignidad el sustento. Pero, igual que en otros campos, fue el éxito de esa polÃtica (con la creación de cinco millones de puestos de trabajo y la caida del desempleo a los niveles de hace un cuarto de siglo) el que puso en evidencia sus limitaciones y la necesidad de superarlas. Cristina pudo adoptar la AUH porque antes habÃa recuperado el sistema previsional, convertido por Menem y Cavallo en un negocio financiero para los grandes bancos, que con ese dinero financiaban a altas tasas los déficit del Estado, consecuencia de esa misma privatización. Esta capacidad de reconocer los problemas y el desprejuicio para adoptar las soluciones ideadas por otros es una clave de la vitalidad del kirchnerismo, que no deberÃa suscitar rechazo en quienes valoran el diálogo y los consensos.
Derechos y humanos
En un capÃtulo importante de su libro, Sarlo dice que Kirchner encontró en la reivindicación de los derechos humanos una fuente de legitimidad ya “que habÃa llegado al gobierno cautivo de su propia debilidad”. Se tratarÃa de una operación polÃtica, comenzada en su discurso inaugural cuando “recordó a los militantes asesinados” que en Santa Cruz nunca habÃan recibido “el menor homenaje de su parte”. Asà habrÃa puesto fin a “una amnesia polÃtica que habÃa durado mucho tiempo”. HabrÃa dramatizado de ese modo “una puesta en escena de una alianza entre las organizaciones de derechos humanos y el presidente”, con quienes Kirchner “se inventa una relación”. Sarlo dice que al pedir perdón en nombre del Estado Nacional el 24 de marzo de 2004 en la ESMA, “por la vergüenza de haber callado durante veinte años de democracia tantas atrocidades”, Kirchner dio “un paso principal en su propia invención polÃtica”. Con una entonación psicologista comenta: “Él, que no se habÃa ocupado de los derechos humanos hasta llegar a la presidencia, transferÃa ese lapsus al Estado argentino y a otro presidente, Raúl AlfonsÃn, que habÃa hecho su campaña electoral comprometiéndose a juzgar a los comandantes responsables de los crÃmenes de la dictadura”. Concluye que esa omisión le evitó “el incómodo recuerdo de que él mismo votó, en 1983, a un partido justicialista que consideraba legal la autoamnistÃa que se habÃan otorgado los militares”. El oficio de la crÃtica literaria, que Sarlo practica con general beneplácito, no soporta bien su traslado a la polÃtica, como bien saben quienes admiraron la obra de David Viñas, porque esta materia no se circunscribe a un texto fijo ofrecido a la interpretación del lector, según establecieron Hegel y Perón. Por el contrario, es tan huidiza que, con toda probabilidad, Sarlo no conocÃa al escribir su libro el discurso que Kirchner pronunció en el Ateneo Juan Domingo Perón, durante la campaña para elegir el candidato justicialista a la intendencia de RÃo Gallegos en 1983. Allà dijo que “la represión de la dictadura militar ha ensangrentado a todo el pueblo argentino” y que “siempre dijimos que Videla y Massera y Agosti, y todos los sinvergüenzas que vinieron después, iban a ser sentados en el banquillo de la justicia constitucional para que respondan ante tantos abusos y ante tantos crÃmenes cometidos contra este pueblo”. La observación de Sarlo sobre la posición del candidato justicialista a la presidencia en 1983, Italo Luder, es de estricta justicia, pero no puede reclamársele a Kirchner, quien recién en 1991, después de las amnistÃas de AlfonsÃn y los indultos de Menem, accedió a la gobernación de su provincia, una posición desde la que no es posible modificar asuntos que pertenecen a la escena nacional. El discurso completo pronunciado por el joven Kirchner a sus 33 años puede encontrarse en http://www.youtube.com/watch?v=siuGYpy-G3A&feature=youtu.be. Hay un bonus track: la presentación del orador por la también jovencÃsima Cristina Fernández, que está despertando pasiones retrospectivas en la web.
Floja de papeles
“A diferencia de los radicales”, dice también Sarlo, “los peronistas ‘se metenÂ’ con los medios, los favorecen, los acosan o los cortejan, fundan medios y los financian”. Es una afirmación incomprensible en alguien que haya vivido en la Argentina durante las presidencias de Arturo Frondizi y Raúl AlfonsÃn. Lo que les faltó no fue desprejuicio, sino eco popular. La principal diferencia entre El Nacional y Tiempo Argentino, entre los “Bueyes perdidos” de Mario Monteverde y 6,7,8, está en la eficacia, y ésta no depende sólo de las calidades personales o profesionales de sus responsables, sino de la Ãndole de los respectivos gobiernos que defendieron.
Equivocaciones menores de Sarlo confirman la impresión de una exégesis teórica presuntuosa, edificada sobre una base fáctica que conoce mal. Por ejemplo, al referirse a las elecciones de 2005, en las que Kirchner decidió confrontar con quien lo habÃa impulsado al gobierno, dice que “en la madrugada de la victoria, entre gallos y medianoche, abandonaron a Duhalde y se hicieron kirchneristas los fieles DÃaz Bancalari y Pampuro, nombres importantes del derrotado peronismo bonaerense”. Es cierto que DÃaz Bancalari era el compañero de fórmula de Hilda González en el Partido Justicialista, pero Pampuro fue quien lo venció, como segundo de la boleta que encabezaba Cristina Fernández. Sorprenden también las alabanzas al ex senador Eduardo Duhalde, quien durante unos meses de 2002 y 2003 ocupó en forma interina la presidencia. Dice que “practicó la moderación hasta que la policÃa, en un episodio oscuro, asesinó a los militantes Kosteki y Santillán”. Sólo las distintas acepciones del adjetivo impiden calificarlo de escandaloso: el gobierno de Duhalde preparó en forma cuidadosa esa emboscada, con el propósito de dar un escarmiento a las fuerzas sociales movilizadas en aquellos dÃas, con informes falsos y tremendistas elaborados desde la SIDE por su ministro Carlos Soria y presentados a la Justicia por su ministro Jorge Vanossi. Antes, habÃa presionado a la Justicia federal para que encarcelara a Cavallo y a varios banqueros, ofreciéndolos a la vindicta pública. Según Sarlo, el moderado Duhalde trabajó “en la reparación de un paÃs en ruinas, donde la palabra incendio no era una hipérbole sino una imagen descriptiva bastante realista”. Ni una lÃnea en las 235 páginas del libro menciona la brutal transferencia de ingresos, de los sectores subordinados a las mayores empresas, provocada por la mayor devaluación del tipo de cambio real de la historia y por la pesificación asimétrica dispuesta en aquel nefasto gobierno, sin el cual la devastación de la década anterior no hubiera terminado de ejecutarse. Sin duda, se trata de un libro audaz, escrito con más pasión que cálculo.
(1). Beatriz Sarlo, Kirchner 2003-2010. La audacia y el cálculo, Sudamericana, 2011.
como siempre lo de horacio es lapidario.
pobre sarlo. mejor que vuelva a hablar de literatura.
¿Por qué es lapidario? Contanos.
Yo lo leo deshonesto como cuando dice «En diciembre de 2007, tres dÃas antes de su conclusión, el gobierno de Kirchner habÃa autorizado la operación conjunta de Cablevisión y Multicanal, si se cumplÃan las condiciones de desmonopolización señaladas por el Tribunal de Defensa de la Competencia. »
Todo lo que está después de Multicanal es falso.
No, Francisco. Eso fue asÃ. Lo de la fusión me tocó estudiarlo a mà en Derecho Comercial. Nuestra ley de defensa de la competencia, a diferencia del modelo británico -sigue el modelo inglés-, no fulmina la posibilidad de concentración empresaria, sino que la admite bajo condicionalidades. En este caso en especÃfico, se pidió, por ejemplo, que en los lugares en los que esas eran las únicas opciones de cable, se brindaran precios preferenciales, que se de servicios gratis en determinadas zonas o inversiones. No las hicieron y se les revocó el permiso, que en esos casos siempre es provisorio.
Me llama la atención que no critiques que Sarlo ponga en un libro algo como por ejemplo que Pampuro abandonó a Duhalde después de 2005, cuando en esa elección acompañó, Pampu, a CFK. Y era ministro de Defensa de Néstor, además. Indica cierta liviandad en el dateo del libro, me parece.
Lo de la Ley de Medios, por ejemplo, ¿es falso? ¿El recorrido que tuvo previo a su sanción? ¿Lo del Código Civil? ¿Cuáles son las falsedades?
Digo, tampoco Sarlo debe ser perfecta.
Pablo, yo también estudié el tema y la fusión se aprobó sin condiciones. Lo único que hubo fue un compromiso ofrecido voluntariamente por los compradores, ClarÃn y Fintech. La resolución 257/07 de Moreno, que ejerce las competencias del tribunal que todavÃa no fue constituido, aprobó la operación en los términos del art. 13.a) de la ley de defensa de la competencia, lo dice textualmente la parte dispositiva. Y el art. 15 de la ley prevé que las concentraciones autorizadas -se entiende, en los términos del art. 13.a), sin condiciones- no pueden ser impugnadas posteriormente en sede administrativa en base a información y documentación verificada por el Tribunal.
El art. 13.b) es el que permite subordinar la operación al cumplimiento de las condiciones que fije el Tribunal. Y no fue mencionado, ni en el dictamen de la CNDC ni en el acto administrativo.
El gobierno cesó los efectos de la autorización por el supuesto incumplimiento del compromiso ofrecido, lo cual está siendo discutido en tribunales.
Acá se puede ver la ley: http://www.infoleg.gov.ar/infolegInternet/anexos/60000-64999/60016/texact.htm
tengo que contarte, francisco? porque la nota es biel clarita y resume muy bien todas las inexactitudes en las que incurre tu querida intelectual. una intelectual muy flojita de papeles, por cierto, que habla sobre temas que no investigó a pura boca de jarro.
menos mal que no hizo eso con la literatura, porque si no no podrÃa haber dado dando clases en ningún lado.
y muy lindo lo que dice de duhalde también.
mamadera.
todo bien pero al argumento de «lo unico que cambio fue la linea editorial del diario» no fue refutado por Horacio.
fue venganza, ahora si eso importa, no se.
Lo que falta en este intercambio es ver ‘qué hay entre la autorización a Cablevisión/Multicanal y el impulso a la Ley de Medios’ (la venganza).
Si es cierto como dicen los republicanos con Sarlo a la cabeza (ahora la han puesto en ese lugar) que andaban ‘como chanchos’ -lo que se prueba con la autorización mencionada- y después directamente viene la ‘venganza’, no se entiende nada.
En el medio, ClarÃn se pone *a la cabeza* de una rebelión contra el gobierno. Cuyo objetivo era que Cristina renuncie y quede Cobos.
Entiéndase bien, no es que ClarÃn pasó de ‘oficialista’ a ‘neutral’… Tuvo una actitud extrema.
¿Tan raro es que NK haya tomado esa actitud como una ruptura unilateral de compromisos anteriores traducidos en favores?
Estamos hablando de ClarÃn, al que la dictadura le regaló su parte en Papel Prensa (monopolio) y lo retribuyó con una **calurosa** adhesión al terrorismo de Estado.
Porque tal como lo pintan aquà es como el chico que dice ‘todo empezó cuando el otro me devolvió una trompada’.
¿Y cuál fue la ‘venganza’? ¿Intentar clausurar el multimedios, amordazarlo? No hubo nada de eso. Sólo intentar que su posición en el mercado no sea tan dominante y abusiva.
Salvando las distancias, es como con el terrorismo de Estado. Todos los cañones republicanos se olvidaron de los responsables, sólo apuntan a quienes quieren ‘venganza’, aunque no haya nada de eso en la realidad.
Raúl cuando sucedio lo de la 125, la mayoria de la sociedad repudiaba al gobierno.
Clarin advirtio esto y cambio su mirada, hacia una opositora.
no fue algo que invento Clarin, sucedia en la sociedad.
la respuesta de Nestor fue inteligencia politica, impulsar una ley que mucha gente reclamaba hace años y que perjudicaba a Clarin por su posicion dominante. Lo desprestigio, lo desgasto y hoy Clarin es menos creible.
le salio bien.
Pepe:
Lo de ‘la mayorÃa de la sociedad’ es muy subjetivo.
Posiblemente en 2008 percibiste lo mismo que yo en mi ámbito de clase media de la CABA.
Pero no somos ‘la mayorÃa de la sociedad’.
Hay algunos datos para tener en cuenta:
-En los 60 y los 70, ante el auge de las ideas de liberación de distinto tipo, el centro y la derecha hablaban de una ‘mayorÃa silenciosa’ afÃn a ellos, en contraposición a una izquierda ‘ruidosa’ pero minoritaria. Nos gustara o no la idea, tenÃa conexión con una realidad.
-En estos años yo veo en Argentina algo de este fenómeno, pero al revés. Hay una derecha minoritaria y gritona (y una centroderecha y ‘centroizquierda’ que le copiaron el discurso). Grita por los medios hegemónicos, grita por los tacheros (¿pertenecerán a una secta, todos con el discurso calcado?), grita por los ‘opinadores’ que organizadamente escriben o hablan en los medios. Y los que están conformes… no lo gritan.
-Si no hubiera algo de esto, la ‘K’ no hubiera tenido su rápido y espectacular repunte en las encuestas.
-Más todavÃa, NK no hubiera podido ‘desprestigiar y desgastar’ tan fácilmente a ClarÃn. Recordemos que la ley no se está aplicando todavÃa. Es decir, si bastó con una frase (¿Qué te pasa, ClarÃn?), un programita modesto como 6,7,8 y poco más, para ‘redimensionar’ a ClarÃn, algo más debÃa haber.
-Aun cuando hubiera habido ese repudio masivo que mencionás, ClarÃn podrÃa haber optado por suavizar o disimular. Al fin y al cabo, el 90% de los que compran ClarÃn no lo hace por polÃtica sino por deportes, farándula, clasificados, fascÃculos, etc.
-PodrÃa haber seguido dejando el papel de opositor salvaje en manos de La Nación y Perfil. No habrÃa perdido ni un ejemplar de venta, como sà perdió por radicalizarse.
-Lo que me parece mucho más probable es que ClarÃn de ninguna manera ‘siguió a la gente’ (y finalmente ¿qué serÃa ‘la gente’?), sino que ‘eligió’ liderar un movimiento destituyente, con esperanzas de sacar mucho rédito económico de un posible cambio de gobierno. Y -no nos olvidemos- la certeza del cajoneo por tiempo infinito del asuntito de los chicos Noble.
Raul:
Es cuerto lo de la CABA, pero en Santa fe y Cordoba el repudio tambien era masivo. No los invento Clarin, puede haber influido pero el sentimiento ya existia.
no me interesa entrar en la discusion sobre «lagente» que si, es una construccion, pero aqui habia algo real.
No me acuerdo quien es que explico como funciona Clarin pero decia mas o menos que cuando los gobiernos empiezan a declinar se radicaliza mas porque esta en una mejor situacion para exigir beneficios.
la primera oracion es «es cierto lo de la CABA»