Por Atilio A. Boron
¿Qué está sucediendo en Gaza? El gobierno de Israel, un estado que somete a un injusto, cruel e inhumano bloqueo a un diminuto territorio palestino a orillas del Mediterráneo, decidió aplicar un escarmiento ejemplar por el asesinato de tres jóvenes colonos judÃos presuntamente perpetrado por Hamas. Sin pruebas mÃnimamente convincentes y en medio de una sospechosa operación policial, Jerusalén acusó a esa organización de lo ocurrido con el propósito –como lo reconociera dÃas atrás un apologista de Israel dentro de EE.UU., Zbigniew Brzezinski– de “agitar a la opinión pública en Israel para que justifique su ataque a Gazaâ€. Y eso fue lo que ocurrió: niños, ancianos, mujeres y hombres caen bajo el fuego de su metralla. Para Netanyahu y su gavilla en Gaza todos son terroristas, más allá de sus apariencias. Uno de los jerarcas de la dictadura genocida en la Argentina, Ibérico Saint Jean, dijo que “primero vamos a matar a todos los subversivos, después a sus colaboradores; después a los indiferentes y por último a los tÃmidosâ€. El gobierno israelà invirtió esa secuencia y comenzó por la población civil, gente cuyo único crimen era vivir en Gaza, y cometió un delito al aplicar una penalidad colectiva para un crimen perpetrado por algunos individuos. Después de este brutal y aleccionador escarmiento invadieron Gaza para aniquilar a los terroristas y sus colaboradores. Israel sabe que el rudimentario y escaso armamento de Hamas apenas podÃa ocasionarle daños de alguna significación. Sus amenazas de destruir al Estado de Israel son bravuconadas que no se corresponden ni remotamente con su poder efectivo de fuego. Pero son muy útiles en la guerra psicológica: sirven para aterrorizar a la población israelà y asà obtener su consentimiento para el genocidio y la ocupación de los territorios palestinos. Y también para que Estados Unidos y los paÃses europeos aporten todo tipo de armamentos y amparen polÃticamente al régimen. Justamente en estos dÃas Israel solicitó a Wa-shington la entrega de 225 millones de dólares adicionales para financiar la producción de componentes de su escudo antimisiles, conocido como “Cúpula de Hierroâ€. El secretario de Defensa de EE.UU. remitió un mensaje al Senado y a la Cámara de Representantes urgiendo la rápida aprobación de la petición israelÃ. Si fuese aprobada la ayuda de EE.UU. para estos propósitos ascenderÃa, sólo en 2014, a 500 millones de dólares. La ayuda militar, de cualquier fuente, que recibe Hamas es cero. La desproporción de fuerzas es tan flagrante que hablar de una “guerra†es una broma macabra. Lo dijo Marco Aurelio GarcÃa, asesor especial de la presidenta Dilma Rousseff: “Lo que estamos viendo en Medio Oriente, por el amor de Dios, es un genocidio, es una masacreâ€.
Y es asà porque Gaza no tiene ejército, no se le ha permitido que lo tenga. Israel tiene uno de los mejores del mundo, pertrechado con la más sofisticada tecnologÃa bélica que le proporcionan Washington y las viejas potencias coloniales europeas. Gaza tampoco tiene una aviación para vigilar su espacio aéreo o una flota que custodie su mar y sus playas. Los drones y helicópteros israelÃes sobrevuelan Gaza sin temor y disparan sus misiles sin preocuparse por el fuego enemigo, porque no hay fuego enemigo. Las nuevas tecnologÃas bélicas le han permitido “perfeccionar†lo que hizo Hitler en Guernica. En su furia asesina han bombardeado casas, escuelas, hospitales, recintos de la ONU. Sus poderosos aliados (cómplices de sus crÃmenes) convalidan cualquier atrocidad. Ya lo hicieron antes, y no sólo con Israel, y lo harán cuantas veces sea necesario. Su mala conciencia juega a favor de este plan genocida: callaron desvergonzadamente durante la Shoá perpetrada por Hitler ante la vista y paciencia de todo el mundo, desde el papa PÃo XII hasta Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill. Callarán también ante el genocidio que metódica y periódicamente se está consumando en Gaza, porque matar palestinos a mansalva es eso: un genocidio. El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional estableció en 1998 que “se entenderá por ‘genocidio’ cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal: a) matanza de miembros del grupo; b) lesión grave a la integridad fÃsica o mental de los miembros del grupo; c) sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción fÃsica, total o parcialâ€. El gobierno israelà incurre en los tres componentes de la definición. El problema para el Estado de Israel, al menos en su actual conformación, es que rara vez el genocidio ha sido un camino hacia la victoria. Hitler asesinó a seis millones de judÃos en los hornos crematorios y terminó aplastado por sus enemigos. ¿Por qué pensar que este genocidio tendrá un resultado diferente? Es tal vez por eso que en la entrevista ya mencionada Brzezinski afirmó que con sus polÃticas Netanyahu “está aislando a Israel y poniendo en peligro su futuro en el largo plazoâ€.
Afortunadamente, dentro de Israel hay sectores que reprueban con durÃsimos términos la conducta seguida en Gaza: un grupo denominado “JudÃos contra el genocidioâ€, el Partido Comunista de Israel junto con el Frente Democrático por la Paz y la (Hadash) han condenado los crÃmenes perpetrados en Gaza y plantean, además, la legitimidad de la resistencia de cualquier territorio ocupado. Pero hay otros que predican la aniquilación de los palestinos, como Ayelet Shaked, la diputada que instó a las fuerzas de ocupación a matar a las madres palestinas porque engendran serpientes terroristas. Y desde el gobierno israelà se trabaja para fomentar la deshumanización del “otro†árabe. Los grandes medios de comunicación y las escuelas enseñan a los niños israelÃes a odiar a sus indeseables vecinos, degradados a la condición de una raza despreciable. Para involucrarlos en el esfuerzo bélico se los invita a que escriban mensajes de muerte en los misiles que lanzan sus fuerzas armadas. Otros niños serán los que caerán muertos por esos proyectiles amorosamente dedicados por sus contrapartes israelÃes.
Este comportamiento es un escupitajo a la gran tradición humanista del pueblo judÃo, que arranca con los profetas bÃblicos, sigue con Moisés, Abraham, Jesucristo y pasa por Avicena, Maimónides, Baruch Spinoza, Sigmund Freud, Albert Einstein, Martin Buber hasta llegar a Erich Fromm, Claude Lévi-Strauss, Hannah Arendt y Noam Chomsky. O con extraordinarios judÃos que enriquecieron el acervo cultural de la Argentina como León Rozitchner, Juan Gelman, Alberto Szpunberg y Daniel Barenboim, entre tantos otros que serÃa muy largo nombrar aquÃ. La traición a los grandes ideales que el judaÃsmo aportó a la humanidad no será gratuita. Con su criminal cobardÃa, con sus delitos de lesa humanidad, con sus prácticas propias del “terrorismo de Estadoâ€, con la violación de la legalidad internacional (desacatando la resolución Nº 242, de noviembre de 1967, del Consejo de Seguridad de la ONU, que por unanimidad exige que Israel se retire de los territorios ocupados durante la Guerra de los Seis DÃas de 1967), las autoridades israelÃes están infligiendo un durÃsimo golpe a la sustentabilidad a largo plazo del estado de Israel. Su aislamiento en la Asamblea General de la ONU es patético, ejemplificado por su sistemático y solitario acompañamiento a los Estados Unidos en las votaciones sobre el bloqueo impuesto a Cuba. Incluso sus más incondicionales amigos, como Mario Vargas Llosa, no ahorran crÃticas: después de visitar Gaza en 2005 dijo en el diario español El PaÃs: “Nadie me lo ha contado, no soy vÃctima de ningún prejuicio contra Israel, un paÃs que siempre defendà … lo he visto con mis propios ojos. Y me he sentido asqueado y sublevado por la miseria atroz, indescriptible, en que languidecen, sin trabajo, sin futuro, sin espacio vital, en las cuevas estrechas e inmundas de los campos de refugiados o en esas ciudades atestadas y cubiertas por las basuras, donde se pasean las ratas a la vista y paciencia de los transeúntes, esas familias palestinas condenadas sólo a vegetar, a esperar que la muerte venga a poner fin a esa existencia sin esperanza, de absoluta inhumanidad, que es la suya. Son esos pobres infelices, niños y viejos y jóvenes, privados ya de todo lo que hace humana la vida, condenados a una agonÃa tan injusta y tan larval como la de los judÃos en los guetos de la Europa nazi, los que ahora están siendo masacrados por los cazas y los tanques de Israel, sin que ello sirva para acercar un milÃmetro la ansiada pazâ€.
Parece poco probable que la infernal maquinaria bélica israelà pueda hacer un alto y reflexionar sobre el significado de esta traición a los ideales del humanismo judÃo. Un enfermizo racismo se ha apoderado de los cÃrculos dominantes en la sociedad israelà que le inhibe reaccionar ante las monstruosidades perpetradas en contra de los palestinos en Gaza o ante la construcción de un ignominioso muro en Cisjordania, o ante la perpetuación y profundización de las polÃticas de usurpación y despojo colonial. Los horrores padecidos bajo el nazismo parecerÃan ser suficientes para justificar lo que es a todas luces injustificable e imperdonable. ¿Será asÃ? Pero, en caso afirmativo, la cuestión es: ¿por cuánto tiempo? Pregunta pertinente si se recuerda el dictum de John Quincy Adams, sexto presidente de EE.UU. cuando dijo que “Estados Unidos no tiene amistades permanentes, sino intereses permanentesâ€, una frase repetida hasta el cansancio por otro criminal de guerra, Henry Kissinger. SerÃa bueno que las autoridades israelÃes, que dan por descontado un apoyo indefinido de Wa-shington a sus polÃticas, meditaran sobre este asunto.