La exhibición de atrocidades

Su cara está en la lista de los más buscados. En sólo unos días, Edward Snowden pasó de empleado anónimo de la CIA a un “topo” capaz de horadar uno de los mejores secretos del capitalismo digital actual: PRISM, un complejo entramado de vigilancia norteamericano, que circula por las redes omnipresentes de internet y utiliza plataformas como Google o Facebook para espiar cada rincón del planeta. Entre las tensiones de la geopolítica actual y las formas juguetonas de una guerra fría 2.0, la de Snowden es también una historia sobre el presente y el quiebre de la utopía de la circulación democrática de la información. ¿Qué quedó de aquel ciberespacio sin fronteras ni Estados con el que nació el sueño de internet?Contemos los hechos como lo que parecen: una peli. Un ex empleado de la CIA que trabaja ahora para una empresa que presta servicios para la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (a partir de ahora NSA, por sus siglas en inglés que el humor popular rebautizó como “No Such Agency”) filtra a dos diarios una cantidad aún desconocida de información sobre el sistema de inteligencia norteamericano. Viaja a Hong Kong desde donde revela su identidad. El Departamento de Estado solicita su extradición. Al día siguiente, el vuelo n°213 de Aeroflot aterriza en el aeropuerto Sheremiétevo de Moscú. El rumor es que allí viene Edward Snowden, el protagonista de esta historia, en escala hacia La Habana. Afuera espera la prensa, la policía, autos con placas diplomáticas. El avión se vacía: Snowden no está. Vladimir Putin anuncia, un día después, que el personaje en cuestión se encuentra en la zona de tránsito internacional del aeropuerto que, técnicamente, no es territorio ruso. EEUU suspende su pasaporte y la historia, al cierre de esta nota, continúa físicamente estacionada ahí: la zona de tránsito internacional del aeropuerto. Mientras tanto, la cumbre del G-8 en Irlanda del Norte no tiene otro tema sino las filtraciones. Ecuador se cruza con EEUU por un supuesto ofrecimiento de asilo. La Unión Europea le pide explicaciones a Obama. Evo Morales se ve impedido de sobrevolar Francia y Portugal por la sospecha de que lleva a Snowden. La UNASUR se reúne en Cochabamba para repudiar esa actitud. Al cierre de esta nota, sólo Venezuela y Bolivia le habían ofrecido asilo oficialmente. Snowden aleteó en Hawai y provocó un terremoto en todo el mundo. Un revival de la Guerra Fría en formato multipolar y vía web.¿Qué es PRISM?PRISM es el nombre de un programa secreto de vigilancia electrónica a cargo de la Agencia de Seguridad Nacional, en vigencia desde 2007 y cuyo objetivo es desarrollar tareas de inteligencia sobre ciudadanos extranjeros potencialmente peligrosos para Estados Unidos. No fue la única filtración, aunque sí la más llamativa por el nivel de detalle. Lo cierto es que el caso Snowden permitió también conocer detalles de ECHELON, un programa de vigilancia global que comparte información de inteligencia entre EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, y programas como el británico GCHQ, que interceptó informaciones diplomáticas durante la cumbre del G20 en Londres, en 2009.Un PowerPoint publicado por los dos medios a los que Snowden filtró los documentos explica la mecánica burocrática de PRISM. Un analista de la NSA elige un objetivo, lo eleva a su supervisor que tiene la responsabilidad de garantizar, con un grado de certeza del 51%, que el objetivo elegido es un extranjero. Cumplido el requisito, el analista está en condiciones de obtener, entre otras cosas, sus emails, llamados y videos. Un archivo bastante exhaustivo que luego distintos sistemas de la NSA procesan y almacenan para futuras consultas. Y que comparte con la CIA y el FBI, para sus propias búsquedas.Pero PRISM tiene un valor agregado respecto a otros programas de vigilancia: sus fuentes. El material no es interceptado sino requerido. ¿A quién? Nueve “empresas proveedoras”, como denomina la presentación de PRISM, son la materia prima principal de un programa que se denomina a sí mismo como el más usado por la NSA para sus reportes. Desde el 11 de septiembre (por si faltaban metáforas) hasta octubre de 2012, nueva empresas fueron incorporándose al programa hasta crear un plantel envidiable. Microsoft, Facebook, YouTube, Google, Yahoo, PalTalk, Skype, AOL y Apple funcionaron desde entonces como fuente de información de datos que los usuarios suponían del orden de lo privado.La revelación causó conmoción y abrió un debate sobre el papel de esas empresas, que exige conocer algunos detalles del programa. PRISM es un programa oficial de la NSA supervisado por una corte judicial dedicada exclusivamente a esa clase de tareas, la Foreign Intelligence Surveillance Court (FISC) y regulado por la denominada ley FISA. Sancionada en 1978, la ley creó un régimen especial para este tipo de investigaciones, intentando conciliar las necesidades operativas con los principios constitucionales de respeto a la privacidad. Quizás entonces lo logró, pero desde entonces ha sufrido modificaciones que alteraron su sentido. Tras la sanción de la Patriotic Act, post septiembre de 2001, los requisitos para ordenar un seguimiento se redujeron al mínimo. El Presidente, por ejemplo, puede ordenar vigilar un objetivo sin orden de la FISC, a simple certificación de la versión norteamericana del Procurador General, que luego tiene la obligación de enviar la información a los comités de Seguridad del Senado. La garantía constitucional de ser investigado sólo bajo la orden de un juez en el marco de una causa probable de delito dejó de cumplirse.Visto así, la colaboración de las empresas parecería ser un hecho casi inevitable. Sin embargo, la propia Google mantiene por estos días un conflicto con la FISC debido a sus intenciones de publicar, a raíz del caso Snowden, qué tipo y cantidad de información era requerida para el programa. La política de esa empresa es la de publicar periódicamente la cantidad de información requerida por los estados, en una suerte de contrato de transparencia con el usuario. PRISM, sin embargo, significa un cambio de matriz más por la forma de colaboración entre la NSA y las empresas que por la cantidad de información.Acceso directoLa presentación asegura que el programa recoge información “directamente de los servidores” de las nueve empresas. Un acceso que supondría la capacidad, al menos técnica y potencial, de la NSA de disponer de la base de datos de esas empresas para extraer datos en tiempo real sin mediación. Parece una sutileza semántica pero es el nudo de la cuestión: se trata de si las empresas debían brindar información sólo ante pedidos judiciales o si la NSA disponía de la base de datos entera. Los planteos contra esta segunda opción aseguran que sería inviable tener un plantel de agentes de seguridad capaz de consultar permanentemente todas las bases de semejantes empresas. Más plausible resultaría la existencia de mecanismos informales de consulta a esas bases, a partir de las cuales se pudieran rastrear patrones de conducta para detectar un “comportamiento sospechoso”.Tanto Google como Facebook rechazaron esa clase de permisos y aseguran que sólo accedieron a pedidos judiciales. Una última interpretación posible es la suposición de que acceso directo a los servidores implica la obtención de la información directamente de las empresas proveedoras y no de sus bases. Aún así, PRISM no dejaría de ser novedoso. Es que los programas de inteligencia conocidos hasta el momento usaban métodos para interceptar comunicaciones que no requerían la colaboración de las empresas. Este programa sería un salto de calidad en el tipo de colaboración entre empresas de Internet y las agencias de inteligencia.Unidos y TercerizadosPreguntarse por el significado de esta filtración implica buscar una respuesta del orden de lo estructural a una cuestión exageradamente respondida desde las acciones de una persona. Entre héroe o demonio, elegimos hacer el intento de suponerlo el emergente de un proceso que lo supera.“Un sector privado fuerte” es uno de los clichés para retratar la dinámica de los Estados Unidos. La realidad tiende a ser más compleja que las sentencias de café. El complejo militar industrial norteamericano, a riesgo de sonar conspiranoico, parece haber creado una amalgama de intereses que desdibuja el límite entre lo público y lo privado.Snowden es el hijo de esa fusión. Tras su paso como técnico en sistemas de la CIA fue empleado por Booz Allen Hamilton, una empresa global que brinda al gobierno de los Estados Unidos servicios de consultoría en defensa y tecnología. Su principal accionista es el fondo de capital de riesgo Carlyle, que vio la luz pública cuando Michael Moore probara que entre sus inversores y directivos figuraban nombres que iban desde George Bush padre hasta la familia Bin Laden. Booz Allen y su controlante son la expresión de un oscuro entramado entre el Estado y las empresas del sector, cuyos vínculos dan por tierra con el mito republicano del capitalismo construido a pura mano invisible del mercado.El vice presidente de Booz Allen es a la vez 2do Director Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, la oficina que coordina las 50 agencias de inteligencia del país, con un presupuesto anual de cerca de 80.000 millones de dólares. Y la capacidad para contratar, entre otras, a su propia empresa. No es el único caso: James Woolsey, que dirigió la CIA durante la administración Clinton, también fue vice presidente de Booz Allen. Y cualquiera puede recordar el vínculo de Dick Cheney con Halliburton, principal contratista de la reconstrucción de Irak, y de la cual formaba parte antes de asumir como vice presidente de George W. Bush.El salto no es únicamente de lo privado a lo público, porque la frontera se borró para los dos: la noticia de que Max Kelly pasaba de ser el responsable de la seguridad privada de los datos de Facebook a trabajar para la NSA en 2010 no causó demasiado revuelo por entonces. Pero, parafraseando a Pierre Menard: no en vano han transcurrido tres años de aquél pase, cargados de complejísimos hechos. Entre ellos, para mencionar uno solo: Snowden.¿Tiranía llave en mano?El lunes siguiente a la entrevista que dio Snowden en Hong Kong, Obama daba una respuesta al primero de sus problemas: la relación con los países a los que Estados Unidos apuntó con PRISM. La explicación fue houseana: todos espían. Una verdad que, por tautológica, resultó insuficiente.El aleteo de la mariposa que arrancó en Estados Unidos volvió a su punto de origen. La filtración supuso un golpe para los demócratas mucho más por lo que sugiere que por lo que demuestra: que la administración Obama espió y grabó conversaciones de ciudadanos norteamericanos, en el “noble objetivo” de prevenir el terrorismo. Ese es el núcleo del argumento de Snowden.Mucho más interesante que descubrir, ahora que está de moda, el móvil que lo llevó a filtrar resulta su hobbesiana y pesimista mirada sobre el futuro. El panorama que retrata es el de una burocracia que persigue sus propios fines y los autonomiza del gobierno civil que, se supone, los elige. Un entramado público-privado que, dirá Snowden, tiene la capacidad para cambiar, en nombre de la seguridad, políticos, políticas y leyes. Para concluir en que la independencia de la burocracia de la vigilancia se irá convirtiendo, paulatinamente, en un arma que denomina una “tiranía llave en mano” (turnkey tiranny).La metáfora confunde, quizás, por una barrera idiomática infranqueable. Porque retrata un escenario donde la llave se da en mano al próximo que acceda al poder. Y su denuncia es la contraria: que esa burocracia está creando una política para sí. Hay hechos, sin embargo, que permiten pensar la cuestión sin caer en una visión determinista sobre la inevitabilidad de una red ultra supervisada. Al tiempo que crecen las capacidades de obtener datos personales, crece también la capacidad de adaptación de los usuarios, con mails encriptados o software de llamadas seguras que corren en paralelo una carrera de obstáculos mutuos.La era post Snowden, si existiera, marca el fin de la utopía de la sociedad democrática de la información, basada en el libre intercambio entre ciudadanos que navegan por el ciberespacio lo que no pueden en la vida real. Si aquella utopía sirvió para caminar, como dice el mandamiento galeano, se encontró con que la autopista por la que caminan los bytes está igual de regulada y vigilada. En franca colaboración entre el Estado y las empresas concesionarias.
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Julián Eyzaguirre
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ColaboranJimena Rosli. Walter Lezcano. Fernando Ressia. Patricio Tesei. Emiliano Flores. Carlos Godoy. Charly Gradín. Mariano Vespa. Salvador Salinas. Lorena Soler. Esteban De Gori. Emanuel Damoni. Benito Messina.
NI A PALOS 2012
Suplemento jóven del diario Miradas al sur