En Foco – 07/06/12
«No sé cómo salir de acá» . La frase la escribió Julio De Vido, hace pocos dÃas, cuando le envió una carta a un amigo para solicitarle un favor: que le filtrara, en lo posible, los pedidos de algunos empresarios que pretendÃan verlo.
“No estoy en un buen momentoâ€, explicó en el mismo texto, de puño y letra, el ministro de Planificación.
De Vido supo, con certeza que nada iba a ser igual para él desde aquel 27 de octubre del 2010, en que repentinamente murió Néstor Kirchner. El año electoral fue de tránsito, pero cuando Cristina Fernández asumió su segundo mandato comenzó a percibir la pérdida de influencia y el aislamiento.
Condiciones que la Presidenta le hizo conocer de a poco, por goteo.
Aunque en las últimas semanas, pareció volcarse sobre el ministro una catarata de desgracias. Fue sometido, primero, por el viceministro de EconomÃa, Axel Kicillof, cuando se construyó la plana gerencial de la reestatizada YPF. Ayer Cristina comunicó la creación de un ente tripartito (Nación, Buenos Aires y la Ciudad) para hallarle alguna salida a la crisis del sistema de transporte que el Gobierno ocultó hasta la tragedia ferroviaria de Once.
En representación de la Nación estará Florencio Randazzo, el ministro del Interior. Eso significa que el manejo del transporte deja de tener dependencia de Planificación.
Transporte y EnergÃa fueron dos áreas que De Vido, con la anuencia de Kirchner, manejó con un poder discrecional durante muchos años.
La pobreza de los resultados obtenidos no lo dejaron bien parado y facilitaron el vaciamiento que acaba de sufrir.
Le queda aún, como consuelo, el control de la obra pública . Pero esa zona está convertida casi en una bomba de tiempo. La falta de dinero ha obligado a bajar el ritmo o directamente a paralizar muchas obras, en especial en el interior. Se sabe por las recurrentes quejas de los gobernadores.
En esos emprendimientos perduran además importantes nichos de corrupción que los momentos difÃciles, como el presente, podrÃan potenciar. De Vido tirita, por ejemplo, cuando escucha las acusaciones cruzadas entre Sergio Schoklender y las Madres de Hebe de Bonafini, por el escándalo de “Sueños Compartidosâ€, el proyecto para darle viviendas a gente humilde.
De Vido compartió mientras Kirchner tuvo vida el núcleo de poder más sólido que tuvo el kirchnerismo . Entre ellos tramaron también alianzas sólidas con sectores clave para la estabilidad del Gobierno. La principal, por supuesto, fue con Hugo Moyano, el lÃder de la CGT.
El distanciamiento de Cristina con el lÃder camionero fue otra pérdida sensible para el ministro de Planificación. Siempre trató de evitar la ruptura y, más todavÃa, la posible división que se avecina en la CGT. De Vido defendió a Moyano, incluso, cuando el propio Kirchner empezó a enfadarse con el camionero.
De Vido ve en Moyano a un peronista clásico, con pinceladas de barniz renovador. Viejos amigos del ex presidente recuerdan que el ministro era la usina de peronismo clásico a la que solÃa recurrir Kirchner. Del mismo modo que el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, oficiaba como un bálsamo en sus momentos de arrebato.
De Vido y Kirchner, también, fueron mentores de algunos funcionarios que, con el tiempo, alcanzaron una dimensión polÃtica insospechada . Guillermo Moreno, el ahora supersecretario, fue empinado por ambos sólo con el afán de perturbar a Roberto Lavagna, el titular de EconomÃa de esa época. El ministro de Planificación ganó esa guerra breve.
La declinación de De Vido empezó a acentuarse cuando Cristina resolvió modificar la matriz del kirchnerismo, de raÃz peronista, con la torrentosa incorporación de La Cámpora y de las organizaciones sociales , sobre todo el Movimiento Evita, de Emilio Pérsico. Los camporistas siempre indentificaron al ministro con un “viejo burócrataâ€.
De Vido disintió con varias de las decisiones de Cristina, pero siempre las acompañó con entereza. La última: la forma en que fue expropiada YPF.
La forma : el ministro creyó que habÃa espacio para negociar con España y llegar al mismo puerto. Quizá sin tanto rédito polÃtico público. Pero ganando, tal vez, en futura previsibilidad.
Por la cabeza del ministro pasa la posibilidad de la renuncia . Pero sabe que ese gesto desagradarÃa profundamente a Cristina. PodrÃa condenarlo también a una intemperie difÃcil de sobrellevar.
«No sé cómo salir de acá» . La frase la escribió Julio De Vido, hace pocos dÃas, cuando le envió una carta a un amigo para solicitarle un favor: que le filtrara, en lo posible, los pedidos de algunos empresarios que pretendÃan verlo.
“No estoy en un buen momentoâ€, explicó en el mismo texto, de puño y letra, el ministro de Planificación.
De Vido supo, con certeza que nada iba a ser igual para él desde aquel 27 de octubre del 2010, en que repentinamente murió Néstor Kirchner. El año electoral fue de tránsito, pero cuando Cristina Fernández asumió su segundo mandato comenzó a percibir la pérdida de influencia y el aislamiento.
Condiciones que la Presidenta le hizo conocer de a poco, por goteo.
Aunque en las últimas semanas, pareció volcarse sobre el ministro una catarata de desgracias. Fue sometido, primero, por el viceministro de EconomÃa, Axel Kicillof, cuando se construyó la plana gerencial de la reestatizada YPF. Ayer Cristina comunicó la creación de un ente tripartito (Nación, Buenos Aires y la Ciudad) para hallarle alguna salida a la crisis del sistema de transporte que el Gobierno ocultó hasta la tragedia ferroviaria de Once.
En representación de la Nación estará Florencio Randazzo, el ministro del Interior. Eso significa que el manejo del transporte deja de tener dependencia de Planificación.
Transporte y EnergÃa fueron dos áreas que De Vido, con la anuencia de Kirchner, manejó con un poder discrecional durante muchos años.
La pobreza de los resultados obtenidos no lo dejaron bien parado y facilitaron el vaciamiento que acaba de sufrir.
Le queda aún, como consuelo, el control de la obra pública . Pero esa zona está convertida casi en una bomba de tiempo. La falta de dinero ha obligado a bajar el ritmo o directamente a paralizar muchas obras, en especial en el interior. Se sabe por las recurrentes quejas de los gobernadores.
En esos emprendimientos perduran además importantes nichos de corrupción que los momentos difÃciles, como el presente, podrÃan potenciar. De Vido tirita, por ejemplo, cuando escucha las acusaciones cruzadas entre Sergio Schoklender y las Madres de Hebe de Bonafini, por el escándalo de “Sueños Compartidosâ€, el proyecto para darle viviendas a gente humilde.
De Vido compartió mientras Kirchner tuvo vida el núcleo de poder más sólido que tuvo el kirchnerismo . Entre ellos tramaron también alianzas sólidas con sectores clave para la estabilidad del Gobierno. La principal, por supuesto, fue con Hugo Moyano, el lÃder de la CGT.
El distanciamiento de Cristina con el lÃder camionero fue otra pérdida sensible para el ministro de Planificación. Siempre trató de evitar la ruptura y, más todavÃa, la posible división que se avecina en la CGT. De Vido defendió a Moyano, incluso, cuando el propio Kirchner empezó a enfadarse con el camionero.
De Vido ve en Moyano a un peronista clásico, con pinceladas de barniz renovador. Viejos amigos del ex presidente recuerdan que el ministro era la usina de peronismo clásico a la que solÃa recurrir Kirchner. Del mismo modo que el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, oficiaba como un bálsamo en sus momentos de arrebato.
De Vido y Kirchner, también, fueron mentores de algunos funcionarios que, con el tiempo, alcanzaron una dimensión polÃtica insospechada . Guillermo Moreno, el ahora supersecretario, fue empinado por ambos sólo con el afán de perturbar a Roberto Lavagna, el titular de EconomÃa de esa época. El ministro de Planificación ganó esa guerra breve.
La declinación de De Vido empezó a acentuarse cuando Cristina resolvió modificar la matriz del kirchnerismo, de raÃz peronista, con la torrentosa incorporación de La Cámpora y de las organizaciones sociales , sobre todo el Movimiento Evita, de Emilio Pérsico. Los camporistas siempre indentificaron al ministro con un “viejo burócrataâ€.
De Vido disintió con varias de las decisiones de Cristina, pero siempre las acompañó con entereza. La última: la forma en que fue expropiada YPF.
La forma : el ministro creyó que habÃa espacio para negociar con España y llegar al mismo puerto. Quizá sin tanto rédito polÃtico público. Pero ganando, tal vez, en futura previsibilidad.
Por la cabeza del ministro pasa la posibilidad de la renuncia . Pero sabe que ese gesto desagradarÃa profundamente a Cristina. PodrÃa condenarlo también a una intemperie difÃcil de sobrellevar.
¿la hora del crepúsculo?
¿crepúsculo?
qué poeta kooy, qué poeta.
ja ja…
Hace mucho que no le leÃa al coso este.. los dos primeros párrafos antológicos….
En fin, un incunable más