› LOS POLITICOS Y LAS FOTOS EN LAS REDES SOCIALES
En los últimos dÃas, la moda de las autofotos de polÃticos cobró una magnitud excepcional. En algunos casos, con un claro mensaje electoral, en otros, no tanto. Página/12 consultó a especialistas en comunicación polÃtica para analizar el fenómeno.
La moda de las autofotos, más conocidas como selfies, comenzó a arrimarse al terreno de la polÃtica en sintonÃa con el uso cada vez más desarrollado de las redes sociales. Pero esta práctica habitual entre jóvenes y adolescentes, popularizada y masificada a partir de casos puntuales como la foto de Ellen DeGeneres en la entrega de los premios Oscar, tomó en los últimos dÃas un protagonismo excepcional en la polÃtica doméstica con las imágenes de Mauricio Macri junto a Facundo Moyano y de Sergio Massa con Cristian Ritondo y Diego Kravetz, en donde además de la selfie habÃa también un claro mensaje polÃtico tanto hacia adentro como hacia afuera de sus propios espacios. “Una selfie es la inmediatez misma. Es el hoy con un olor a electoralización e inmanencia muy fuerte. Y ésta aparece cuando se favorece de modo muy exagerado la transmisión de una espuria idea por la facilidad con la cual la publicidad polÃtica provee soluciones, o cuando se evidencia la sustitución del liderazgo polÃtico por métodos abrumadores de marketingâ€, asegura Mario Riorda, consultor en estrategia y comunicación polÃtica y ex decano de la Facultad de Ciencia PolÃtica de la Universidad Católica de Córdoba.
Como fenómeno relativamente reciente y en constante transformación, el uso de las redes sociales por parte de los polÃticos fue mutando de una presencia más formal, institucional, en la que sólo se transmitÃan actividades o gacetillas de prensa, a un uso más desestructurado, informal y vinculado con situaciones de la vida cotidiana. “Las redes, en general, te dejan expresar lo que vos sentÃs, lo que vos creés, y hacerlo con libertad, y fundamentalmente, conectarte con lo que pasa en el mundo también, conectarte desde la familia, desde lo personal, desde lo cotidiano, y yo creo que esto vale mucho, muchÃsimo.†La reflexión, en este caso, no pertenece a un analista de nuevas tecnologÃas, sino al muro de Face- book de la presidenta Cristina Fernández. Página/12 consultó a especialistas en comunicación polÃtica para analizar un fenómeno que tiene una presencia cada vez más fuerte.
El sociólogo y director del área de Comunicación y Cultura de Flacso, Luis Alberto Quevedo, diferencia tres tipos de fotos polÃticas: la foto publicitaria, aquella que se elabora para un cartel o un afiche y que está administrada por el polÃtico; la foto periodÃstica, una foto inesperada y manejada por el periodista; y la foto producida, en la que hay una negociación entre el polÃtico y el periodista. “Las tres comunican, tienen sus efectos polÃticos y sus objetivosâ€, señala Quevedo en diálogo con este diario. En ese esquema, la selfie surge para Quevedo como una técnica producto de una práctica social que no parece “cambiar la historia entre polÃtica e imágenesâ€. Por el momento, no apunta a constituirse como un “lenguaje de comunicación nuevo en sÆya que, entre otras cosas y según la mayorÃa de las imágenes conocidas por el momento, no se trata de una muestra de intimidad como puede ser el caso de celebrities o incluso del usuario “común†de las redes sociales. La mayorÃa de las selfies polÃticas son “elegidas y seleccionadas por el polÃtico, tanto en su producción como en su circulaciónâ€.
“No se ha mostrado la eficacia polÃtica de estas fotos o que sea un lenguaje de comunicación nuevo. No creo que un votante que mira una autofoto cambie su relación con el polÃtico a partir de ella. Lo puede ver ridÃculo o simpático, pero no por el hecho de que la foto se la saque élâ€, concluye Quevedo, circunscribiendo el fenómeno al “de una novedad técnica y no polÃticaâ€.
Desde otra arista, Riorda aclara que desde que existen medios masivos hay una “ritualización cambiante†para adaptar la comunicación bajo parámetros estratégicos que muchas veces están “dispuestos a satisfacer los estándares de los propios medios de comunicación, aun –en muchas circunstancias– con consecuencias desafortunadas para la polÃticaâ€. En sintonÃa con Quevedo, el especialista cordobés señala que es muy difÃcil discernir qué tipo de efectos genera la comunicación polÃtica y en el caso de las selfies sucede lo mismo. Con una mirada crÃtica sobre los usos “inescrupulosos†de los postulados de “sorpresa, acción y éxitoâ€, de los que no puede rehuir la comunicación polÃtica, Riorda sostiene que el acercamiento a la opinión pública no puede hacerse “de modo exclusivo vÃa acciones de seudoacontecimientos o priorizando exclusivamente los plazos cortos de la comunicación, porque contribuye a aumentar la ‘mala fama’ de la comunicación polÃticaâ€.
Según Riorda, las selfies por sà mismas “no tienen mucho sentido†si no se expanden convergentemente hacia otros medios masivos. “Que los famosos la hagan como práctica no significa que los famosos tengan expectativa de las respuestas públicas que tiene un polÃtico. Y no toda selfie en polÃtica tiene efecto viral. Las que más eco han tenido son las llamadas usies (derivado de “nosotrosâ€, us en inglés) que son las selfies grupales, vale decir, aquellas fotos grupales que saca uno de los integrantes de la propia fotoâ€, detalla.
El consultor explica que este fenómeno se da en un contexto donde los tuits con imagen se viralizan un 60 por ciento más y existe la necesidad por parte de candidatos o polÃticos de “descontracturar su imagen para achicar la brecha/grieta de la representación†y los nuevos votantes viven paralelamente en las redes. Es por eso, advierte Riorda, que esta práctica se hace cada dÃa más fuerte, “aun con los enormes riesgos de generación de perfiles frÃvolos, ególatras, vanidosos o, lo que es peor, de exponerse al ridÃculoâ€.
Como advertencia final, el ex decano de la Facultad de Ciencia PolÃtica de la Universidad Católica de Córdoba sostiene que “cada vez que la polÃtica se vio colonizada por parte del sistema de medios (todos los ’90 fueron un claro ejemplo), las consecuencias para la polÃtica no fueron buenasâ€. Cuando la polÃtica cae en la liviandad de argumentos y cede en la agenda por un cambio de estilo “se transforma en politainmentâ€. “Cuando eso pasa los beneficiarios son los medios, no la polÃticaâ€, concluye.
“La selfie es la maduración, paradójicamente porque en algún punto es una práctica infantil, del uso de los medios sociales. Expresan lo que uno tiene ganas expresar y no solamente en términos polÃticosâ€, afirma el especialista en comunicación digital Pablo Capurro, que como Quevedo advierte que muchos polÃticos no hacen un uso “genuino†del recurso, es decir que no se trata de una foto espontánea, sino pensada y diseñada por el polÃtico. Pero a diferencia de la caracterización como una mera técnica, Capurro sostiene que esta herramienta puede ser tomada también como un contenido en sà mismo. “Una selfie es una técnica que también es un mensaje, que está de moda en Internet, y que como un formato más que se pone de moda, el polÃtico que quiere hablar el código de Internet, el del diálogo digital, hace esa búsqueda. Pero no es algo nuevo, no es un fenómeno que nació con Twitter y Facebookâ€, sostiene Capurro.
Algunas diseñadas con precisión quirúrgica, otras espontáneas, las selfies pasaron ya a integrar de la larga lista de herramientas que la clase polÃtica local incorporó como propias y cuyo futuro es, como el de cada uno de sus dirigentes, incierto.
En los últimos dÃas, la moda de las autofotos de polÃticos cobró una magnitud excepcional. En algunos casos, con un claro mensaje electoral, en otros, no tanto. Página/12 consultó a especialistas en comunicación polÃtica para analizar el fenómeno.
La moda de las autofotos, más conocidas como selfies, comenzó a arrimarse al terreno de la polÃtica en sintonÃa con el uso cada vez más desarrollado de las redes sociales. Pero esta práctica habitual entre jóvenes y adolescentes, popularizada y masificada a partir de casos puntuales como la foto de Ellen DeGeneres en la entrega de los premios Oscar, tomó en los últimos dÃas un protagonismo excepcional en la polÃtica doméstica con las imágenes de Mauricio Macri junto a Facundo Moyano y de Sergio Massa con Cristian Ritondo y Diego Kravetz, en donde además de la selfie habÃa también un claro mensaje polÃtico tanto hacia adentro como hacia afuera de sus propios espacios. “Una selfie es la inmediatez misma. Es el hoy con un olor a electoralización e inmanencia muy fuerte. Y ésta aparece cuando se favorece de modo muy exagerado la transmisión de una espuria idea por la facilidad con la cual la publicidad polÃtica provee soluciones, o cuando se evidencia la sustitución del liderazgo polÃtico por métodos abrumadores de marketingâ€, asegura Mario Riorda, consultor en estrategia y comunicación polÃtica y ex decano de la Facultad de Ciencia PolÃtica de la Universidad Católica de Córdoba.
Como fenómeno relativamente reciente y en constante transformación, el uso de las redes sociales por parte de los polÃticos fue mutando de una presencia más formal, institucional, en la que sólo se transmitÃan actividades o gacetillas de prensa, a un uso más desestructurado, informal y vinculado con situaciones de la vida cotidiana. “Las redes, en general, te dejan expresar lo que vos sentÃs, lo que vos creés, y hacerlo con libertad, y fundamentalmente, conectarte con lo que pasa en el mundo también, conectarte desde la familia, desde lo personal, desde lo cotidiano, y yo creo que esto vale mucho, muchÃsimo.†La reflexión, en este caso, no pertenece a un analista de nuevas tecnologÃas, sino al muro de Face- book de la presidenta Cristina Fernández. Página/12 consultó a especialistas en comunicación polÃtica para analizar un fenómeno que tiene una presencia cada vez más fuerte.
El sociólogo y director del área de Comunicación y Cultura de Flacso, Luis Alberto Quevedo, diferencia tres tipos de fotos polÃticas: la foto publicitaria, aquella que se elabora para un cartel o un afiche y que está administrada por el polÃtico; la foto periodÃstica, una foto inesperada y manejada por el periodista; y la foto producida, en la que hay una negociación entre el polÃtico y el periodista. “Las tres comunican, tienen sus efectos polÃticos y sus objetivosâ€, señala Quevedo en diálogo con este diario. En ese esquema, la selfie surge para Quevedo como una técnica producto de una práctica social que no parece “cambiar la historia entre polÃtica e imágenesâ€. Por el momento, no apunta a constituirse como un “lenguaje de comunicación nuevo en sÆya que, entre otras cosas y según la mayorÃa de las imágenes conocidas por el momento, no se trata de una muestra de intimidad como puede ser el caso de celebrities o incluso del usuario “común†de las redes sociales. La mayorÃa de las selfies polÃticas son “elegidas y seleccionadas por el polÃtico, tanto en su producción como en su circulaciónâ€.
“No se ha mostrado la eficacia polÃtica de estas fotos o que sea un lenguaje de comunicación nuevo. No creo que un votante que mira una autofoto cambie su relación con el polÃtico a partir de ella. Lo puede ver ridÃculo o simpático, pero no por el hecho de que la foto se la saque élâ€, concluye Quevedo, circunscribiendo el fenómeno al “de una novedad técnica y no polÃticaâ€.
Desde otra arista, Riorda aclara que desde que existen medios masivos hay una “ritualización cambiante†para adaptar la comunicación bajo parámetros estratégicos que muchas veces están “dispuestos a satisfacer los estándares de los propios medios de comunicación, aun –en muchas circunstancias– con consecuencias desafortunadas para la polÃticaâ€. En sintonÃa con Quevedo, el especialista cordobés señala que es muy difÃcil discernir qué tipo de efectos genera la comunicación polÃtica y en el caso de las selfies sucede lo mismo. Con una mirada crÃtica sobre los usos “inescrupulosos†de los postulados de “sorpresa, acción y éxitoâ€, de los que no puede rehuir la comunicación polÃtica, Riorda sostiene que el acercamiento a la opinión pública no puede hacerse “de modo exclusivo vÃa acciones de seudoacontecimientos o priorizando exclusivamente los plazos cortos de la comunicación, porque contribuye a aumentar la ‘mala fama’ de la comunicación polÃticaâ€.
Según Riorda, las selfies por sà mismas “no tienen mucho sentido†si no se expanden convergentemente hacia otros medios masivos. “Que los famosos la hagan como práctica no significa que los famosos tengan expectativa de las respuestas públicas que tiene un polÃtico. Y no toda selfie en polÃtica tiene efecto viral. Las que más eco han tenido son las llamadas usies (derivado de “nosotrosâ€, us en inglés) que son las selfies grupales, vale decir, aquellas fotos grupales que saca uno de los integrantes de la propia fotoâ€, detalla.
El consultor explica que este fenómeno se da en un contexto donde los tuits con imagen se viralizan un 60 por ciento más y existe la necesidad por parte de candidatos o polÃticos de “descontracturar su imagen para achicar la brecha/grieta de la representación†y los nuevos votantes viven paralelamente en las redes. Es por eso, advierte Riorda, que esta práctica se hace cada dÃa más fuerte, “aun con los enormes riesgos de generación de perfiles frÃvolos, ególatras, vanidosos o, lo que es peor, de exponerse al ridÃculoâ€.
Como advertencia final, el ex decano de la Facultad de Ciencia PolÃtica de la Universidad Católica de Córdoba sostiene que “cada vez que la polÃtica se vio colonizada por parte del sistema de medios (todos los ’90 fueron un claro ejemplo), las consecuencias para la polÃtica no fueron buenasâ€. Cuando la polÃtica cae en la liviandad de argumentos y cede en la agenda por un cambio de estilo “se transforma en politainmentâ€. “Cuando eso pasa los beneficiarios son los medios, no la polÃticaâ€, concluye.
“La selfie es la maduración, paradójicamente porque en algún punto es una práctica infantil, del uso de los medios sociales. Expresan lo que uno tiene ganas expresar y no solamente en términos polÃticosâ€, afirma el especialista en comunicación digital Pablo Capurro, que como Quevedo advierte que muchos polÃticos no hacen un uso “genuino†del recurso, es decir que no se trata de una foto espontánea, sino pensada y diseñada por el polÃtico. Pero a diferencia de la caracterización como una mera técnica, Capurro sostiene que esta herramienta puede ser tomada también como un contenido en sà mismo. “Una selfie es una técnica que también es un mensaje, que está de moda en Internet, y que como un formato más que se pone de moda, el polÃtico que quiere hablar el código de Internet, el del diálogo digital, hace esa búsqueda. Pero no es algo nuevo, no es un fenómeno que nació con Twitter y Facebookâ€, sostiene Capurro.
Algunas diseñadas con precisión quirúrgica, otras espontáneas, las selfies pasaron ya a integrar de la larga lista de herramientas que la clase polÃtica local incorporó como propias y cuyo futuro es, como el de cada uno de sus dirigentes, incierto.