Las inversiones, en lista de espera

Una de las grandes apuestas del Gobierno detrás de la ley que abrocharía el acuerdo con los fondos buitre pasa por la inversión privada. Al parecer la habrá y en algún sentido será útil a los planes oficiales, pero no todavía de aquella que puede cambiar el panorama económico.
Dice un ex funcionario del Banco Central que integra el espacio de Sergio Massa: “Tendremos al principio mucho movimiento financiero, dólares alimentados por la colocación de bonos tanto del Estado nacional como de las provincias. La otra, la inversión reproductiva y la que finalmente importa aguardará a que se despeje el horizonte”.
En una consultora cercana a la Casa Rosada opinan parecido, aunque con sus propias palabras: “Hay expectativas de los empresarios que siguen en penumbras. Y mientras tanto prefieren desensillar hasta que aclare, sin arriesgar”.
¿Y de qué hablan?: de nada muy diferente a lo conocido.
Dentro de esa lista confluyen desde el proceso inflacionario, la inestabilidad del dólar y las altas tasas de interés, hasta el agujero fiscal, la caída del consumo y los aumentos salariales aún indefinidos. Parecen demasiadas cuestiones en el aire como para decidirse a poner plata ya en inversiones reales:
– Los últimos datos privados arrojan un índice de precios en ascenso y por arriba del 30% anual. Todavía siguen pendientes el aumento en las tarifas del gas y la probabilidad de que la suba de los transportes, prevista inicialmente para junio-julio, sea adelantada.
– Después del golpe que la semana pasada le provocaron al dólar la oferta de divisas y el fuerte incremento a las tasas de interés, ambos del Banco Central, ayer reaparecieron las presiones cambiarias. Además, sigue en declive la liquidación de los exportadores de soja.
– El Gobierno tampoco la tiene fácil con las cuentas fiscales, pese a que recorta y posterga gastos y a que congela pagos. Obviamente, todo repercute sobre la actividad de los sectores vinculados a la obra pública.
– Luego, la caída del consumo. Los relevamientos de enero cantan entre un leve 0,1% y un abrupto 3 o 4% respecto del mismo mes del año pasado, lo cual pinta hasta ahora un cuadro difuso en una variable clave de la economía.
– CAME, una entidad que agrupa a pequeñas y medianas empresas, acaba de reportar un bajón del 4,5% en las ventas del comercio minorista de febrero, desigual según los rubros pero sin excepciones. Advierte, también, que los consumidores difieren gastos considerados prescindibles y van sobre las ofertas.
– Probablemente, los incrementos salariales de las paritarias levanten la demanda interna y mejoren el cuadro, pues hoy coexisten precios nuevos y salarios viejos.
Los funcionarios de los equipos económicos oficiales mantienen en pie la idea de que hacia el segundo semestre la economía empezará a salir del pozo, a medida que vayan corrigiéndose algunos de los desajustes heredados y pegue el efecto de mejoras decididas por el Gobierno.
Sin embargo, cuesta encontrar especialistas que se jueguen a un año con crecimiento.
“Poco o nada”, dice el escenario de Economía & Regiones, la consultora fundada por el actual ministro del Interior, Rogelio Frigerio. A partir de la devaluación y de las quitas a las retenciones, anota avances significativos en la competitividad del campo y de las producciones regionales pero señala que no es insuficiente para arrastrar a otras actividades.
Pasa eso y pasan otras cosas, como que la caída del consumo les ha hecho ver a algunos que el peligro de seguir subiendo los precios al final termina por dañar su rentabilidad.
También existen quienes, entre los consultores, apuntan un detalle que es bastante más que un detalle. Dicen: “Durante años los empresarios se acostumbraron a pensar y hacer según un modelo aplicado tanto a la economía como a la política. Ahora deben aprender a moverse con otro modelo y están desacomodados”.
Como todos, ellos juzgan crucial concluir la película de los fondos buitre. Y al revés de varios, cuentan que hay inversores del exterior acelerando estudios para sus proyectos en la Argentina.
“En el mundo de los negocios igual que en muchos más, dicen, pesa la regla del costo de oportunidad”. Traducida: el costo que se paga por entrar tarde a algo que era una oportunidad o perdérsela, versus el beneficio que se obtiene por anticiparse. Decisiones así están hoy en danza.
Solo que siempre hay un pero. Esta vez flota en el Congreso y tiene forma de ley: la que liberará el camino hacia un acuerdo definitivo con los houldouts y levantará el default; ambas condición necesaria para acceder al crédito internacional.
El plazo, ya menor a 60 días, apremia tanto a la Casa Rosada como a unos cuantos gobernadores también urgidos de fondos que alivien sus cuentas fiscales y financien obras públicas. Entonces, no son pocos los que corren contra el reloj.
En el entretanto, el equipo de Alfonso Prat-Gay apura los papeles que el Gobierno debe presentar ante la SEC de Estados Unidos –similar a la Comisión de Valores argentina–, previos a la emisión de los bonos destinados a pagarles a los acreedores. Es un mamotreto donde manda describir al detalle pros y contras del estado de la economía, cosa que no ocurre desde el canje de 2010, hace ya seis años.
También en el entretanto, Mauricio Macri tendrá que sortear demandas que le llueven de todas partes; entre ellas, de kircheristas que nunca las plantearon durante el kirchnerismo. “Debieran comprender que si ellos están fundidos a nosotros nos dejaron fundidos”, dicen desde el Ministerio del Interior.
Y dicen más por fuera del macrismo: “Los principios de la democracia ordenan escuchar y negociar y los de los gobiernos, terminar con el método del yo te doy si vos me das”. Sin decirlo expresamente, algo semejante se proponen hacer dentro del oficialismo.
Los inversores privados miden cada movimiento, pues atado al rédito va siempre el riesgo. Sobre todo si se trata de meter plata a mediano y largo plazo: es una antigua regla de los negocios y vale aunque se cruce con las de la política.

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