EconomÃa Lunes 1 de Septiembre de 2014
El paÃs de las desmesuras
Juan Llach
La palabra elegida no pudo ser más adecuada. Es que la desmesura acompaña la histórica económica de la Argentina en las últimas décadas. La colección de defaults, de desbordes fiscales con alta inflación e «hÃper», de tasas chinas a derrumbes del PBI lo atestiguan. Juan Llach junto con MartÃn Lagos investigaron las raÃces del fenómeno argentino en lo económico y buscan reflejarlo en el libro «El paÃs de las desmesuras». Ambos ocuparon cargos relevantes en los dos frentes: el Ministerio de EconomÃa (Llach fue viceministro en la gestión Cavallo en los 90) y el BCRA (Lagos, vicepresidente en la misma época). «Me permito recomendar al Gobierno inspirarse en la macroeconomÃa y en el Banco Central del presidente de Bolivia, Evo Morales», señala Llach a Ãmbito Financiero.
Periodista: Hablando de las desmesuras de la Argentina, ¿cómo se explica la repetición de errores de polÃtica macroeconómica en el paÃs, puntualmente en la actualidad con alta inflación después de haber atravesado dos hiperinflaciones?
Juan José Llach: En el libro que publicamos este año con MartÃn Lagos comparamos la trayectoria económica de la Argentina con las de Brasil, Chile, Uruguay y Nueva Zelanda en los últimos 140 años. Constatamos haber compartido con ellos varias causas del retraso, tales como inflación, déficit fiscal, endeudamiento, aperturas violentas de la economÃa, proteccionismo extremo. Pero todas ellas fueron aquà más excesivas, desmesuradas, y le agregamos algunas propias como la intensidad de la dolarización. En la raÃz de todo esto hay un paÃs más difÃcil de gobernar, más conflictivo, que con frecuencia otorga gran apoyo
a un lÃder «salvador» -antes a veces militar, ahora por suerte sólo civiles-. El lÃder retribuye con polÃticas populistas que logran mejorar los ingresos y el empleo, pero que no son sostenibles. Cuando hay margen, se las financia con deuda. Si no, con inflación. Tenemos el récord mundial de inflación desde que ésta empezó, en la Segunda Guerra y también la hiperinflación más alta de la historia en tiempos de paz. Este tipo de regÃmenes polÃticos tiende a concentrar cada vez más poder y desarrolla una creciente incapacidad para corregir errores decidiendo en cambio «ir por más» (invento que no es de ahora), muchas veces con el auxilio de intelectuales que racionalizan, créase o no, cosas tales como la inflación. Una de las desmesuras argentinas es, precisamente, tropezar muy reiteradamente con la misma piedra.
P.: El actual default, ¿es distinto a los anteriores?
J.J.L.: Es distinto. En primer lugar porque podrÃa haberse evitado y se prefirió incurrir en él. Es increÃble que incurra en conductas defaulteadoras un paÃs cuya deuda con acreedores privados es el 15% del PBI, la de jurisdicción extranjera es bastante menos del 10% y la acreencia holdout (incluida en aquell 15%) es apenas del 3% del PBI. No se trata de un asesinato, sino de un suicidio.
P.: Tomando como base el costo de endeudamiento, Chile, Perú, Brasil, Bolivia y Uruguay dieron pasos sustanciales en los últimos años y gozan hoy de tasas mÃnimas en la actualidad para financiarse. ¿Prevé un contagio de la Argentina algún dÃa?
J.J.L.: Desde la globalización financiera nunca habÃa ocurrido hasta ahora que la cesación de pagos de un paÃs del tamaño de la Argentina tuviera tan bajo impacto. Penoso: no nos consideran relevantes.
P.: Se ha creado una suerte de ley económica o sensación en la sociedad que sostiene que la Argentina cada diez años atraviesa una crisis cambiaria. En enero último hubo una devaluación. A eso se sumó el default. ¿Cómo rompe con esa sensación o ley?
J.J.L.: Desde el puntapié inicial dado por el Rodrigazo en 1975 la frecuencia de crisis graves fue quinquenal: 1975, 1981, 1985, 1989, 1995, 2001-02. En este siglo esa «regla» se rompió. Penosamente, se están convocando de nuevo a los fantasmas, haciendo varias cosas que nos pueden llevar a un episodio similar. La más obvia es optar al mismo tiempo por la cesación de pagos y por un déficit fiscal cercano al 4% del PIB que se financia ¡con emisión monetaria! Otra vez la desmesura, la rareza, el exceso. Me permito recomendar al Gobierno inspirarse en la macroeconomÃa y en el Banco Central del presidente de Bolivia, Evo Morales.
P.: La presión impositiva en la Argentina está en niveles máximos con impuestos de todo tipo. ¿Es posible desarmar esa estructura?
J.J.L.: Buena parte de las tareas macro del próximo deberán ser graduales. El gran desafÃo tributario de la Argentina es bajar los impuestos que castigan a la producción y a la exportación (y suman casi un 7% del PIB [sic]) y aumentar la recaudación del gran impuesto progresivo que es Ganancias, sobre todo de las personas. Con menos retenciones también el impuesto inmobiliario deberÃa ser mayor. Si esto no se hace no habrá competitividad sistémica. Ningún paÃs puede sostener el crecimiento de las exportaciones sólo sobre el tipo de cambio.
P.: Otra fuente de problemas pasa por la coparticipación de impuestos entre las diferentes provincias. ¿Cómo se lo puede modificar si deben ponerse de acuerdo todas las provincias, inclusive las que pierden con la reforma?
J.J.L.: En «Federales y Unitarios en el siglo XXI» (Temas, 2013) presenté propuestas concretas para lograrlo superando ese obstáculo. La traba es polÃtica: el poder central se quiere hegemónico y concentrador de recursos. Casi ninguna provincia se atreve
a reclamar vehemente volver a un régimen federal por temor
a quedarse sin plata.
P.: No tiene la sensación de que hay cuestiones básicas que aún se discuten en la Argentina. Por ejemplo, ¿la emisión genera inflación? ¿El BCRA debe ser independiente? ¿Es positivo que empresas tengan alta rentabilidad?
J.J.L.: Otra desmesura. Son menos de diez, y aun quizás de cinco, los paÃses cuyas autoridades piensan que la emisión sin demanda de dinero adecuada no genera inflación, que el Banco Central puede ser el gran tesorero del Gobierno o que el Gobierno debe regular la rentabilidad.
P.: ¿Qué cuestiones de la actualidad lo hacen ser optimista?
J.J.L.: Las delicias de la democracia, que aquà se manifiestan mostrando precios en dólares de los activos reales (campos, departamentos, casas, Bolsa) bastante sostenidos, y aun los bonos han caÃdo menos de lo esperado. Ello ocurre por la certeza de que la polÃtica y la polÃtica económica cambiarán para bien a partir de diciembre de 2015 y que todos los presidenciables tienen pensamientos mucho más sensatos y racionales que el Gobierno de hoy. Llevar las buenas ideas a la práctica no será nada fácil y requerirá acuerdos. Pero a la Argentina se le presentará una nueva chance.
Entrevista de Guillermo Laborda
El paÃs de las desmesuras
Juan Llach
La palabra elegida no pudo ser más adecuada. Es que la desmesura acompaña la histórica económica de la Argentina en las últimas décadas. La colección de defaults, de desbordes fiscales con alta inflación e «hÃper», de tasas chinas a derrumbes del PBI lo atestiguan. Juan Llach junto con MartÃn Lagos investigaron las raÃces del fenómeno argentino en lo económico y buscan reflejarlo en el libro «El paÃs de las desmesuras». Ambos ocuparon cargos relevantes en los dos frentes: el Ministerio de EconomÃa (Llach fue viceministro en la gestión Cavallo en los 90) y el BCRA (Lagos, vicepresidente en la misma época). «Me permito recomendar al Gobierno inspirarse en la macroeconomÃa y en el Banco Central del presidente de Bolivia, Evo Morales», señala Llach a Ãmbito Financiero.
Periodista: Hablando de las desmesuras de la Argentina, ¿cómo se explica la repetición de errores de polÃtica macroeconómica en el paÃs, puntualmente en la actualidad con alta inflación después de haber atravesado dos hiperinflaciones?
Juan José Llach: En el libro que publicamos este año con MartÃn Lagos comparamos la trayectoria económica de la Argentina con las de Brasil, Chile, Uruguay y Nueva Zelanda en los últimos 140 años. Constatamos haber compartido con ellos varias causas del retraso, tales como inflación, déficit fiscal, endeudamiento, aperturas violentas de la economÃa, proteccionismo extremo. Pero todas ellas fueron aquà más excesivas, desmesuradas, y le agregamos algunas propias como la intensidad de la dolarización. En la raÃz de todo esto hay un paÃs más difÃcil de gobernar, más conflictivo, que con frecuencia otorga gran apoyo
a un lÃder «salvador» -antes a veces militar, ahora por suerte sólo civiles-. El lÃder retribuye con polÃticas populistas que logran mejorar los ingresos y el empleo, pero que no son sostenibles. Cuando hay margen, se las financia con deuda. Si no, con inflación. Tenemos el récord mundial de inflación desde que ésta empezó, en la Segunda Guerra y también la hiperinflación más alta de la historia en tiempos de paz. Este tipo de regÃmenes polÃticos tiende a concentrar cada vez más poder y desarrolla una creciente incapacidad para corregir errores decidiendo en cambio «ir por más» (invento que no es de ahora), muchas veces con el auxilio de intelectuales que racionalizan, créase o no, cosas tales como la inflación. Una de las desmesuras argentinas es, precisamente, tropezar muy reiteradamente con la misma piedra.
P.: El actual default, ¿es distinto a los anteriores?
J.J.L.: Es distinto. En primer lugar porque podrÃa haberse evitado y se prefirió incurrir en él. Es increÃble que incurra en conductas defaulteadoras un paÃs cuya deuda con acreedores privados es el 15% del PBI, la de jurisdicción extranjera es bastante menos del 10% y la acreencia holdout (incluida en aquell 15%) es apenas del 3% del PBI. No se trata de un asesinato, sino de un suicidio.
P.: Tomando como base el costo de endeudamiento, Chile, Perú, Brasil, Bolivia y Uruguay dieron pasos sustanciales en los últimos años y gozan hoy de tasas mÃnimas en la actualidad para financiarse. ¿Prevé un contagio de la Argentina algún dÃa?
J.J.L.: Desde la globalización financiera nunca habÃa ocurrido hasta ahora que la cesación de pagos de un paÃs del tamaño de la Argentina tuviera tan bajo impacto. Penoso: no nos consideran relevantes.
P.: Se ha creado una suerte de ley económica o sensación en la sociedad que sostiene que la Argentina cada diez años atraviesa una crisis cambiaria. En enero último hubo una devaluación. A eso se sumó el default. ¿Cómo rompe con esa sensación o ley?
J.J.L.: Desde el puntapié inicial dado por el Rodrigazo en 1975 la frecuencia de crisis graves fue quinquenal: 1975, 1981, 1985, 1989, 1995, 2001-02. En este siglo esa «regla» se rompió. Penosamente, se están convocando de nuevo a los fantasmas, haciendo varias cosas que nos pueden llevar a un episodio similar. La más obvia es optar al mismo tiempo por la cesación de pagos y por un déficit fiscal cercano al 4% del PIB que se financia ¡con emisión monetaria! Otra vez la desmesura, la rareza, el exceso. Me permito recomendar al Gobierno inspirarse en la macroeconomÃa y en el Banco Central del presidente de Bolivia, Evo Morales.
P.: La presión impositiva en la Argentina está en niveles máximos con impuestos de todo tipo. ¿Es posible desarmar esa estructura?
J.J.L.: Buena parte de las tareas macro del próximo deberán ser graduales. El gran desafÃo tributario de la Argentina es bajar los impuestos que castigan a la producción y a la exportación (y suman casi un 7% del PIB [sic]) y aumentar la recaudación del gran impuesto progresivo que es Ganancias, sobre todo de las personas. Con menos retenciones también el impuesto inmobiliario deberÃa ser mayor. Si esto no se hace no habrá competitividad sistémica. Ningún paÃs puede sostener el crecimiento de las exportaciones sólo sobre el tipo de cambio.
P.: Otra fuente de problemas pasa por la coparticipación de impuestos entre las diferentes provincias. ¿Cómo se lo puede modificar si deben ponerse de acuerdo todas las provincias, inclusive las que pierden con la reforma?
J.J.L.: En «Federales y Unitarios en el siglo XXI» (Temas, 2013) presenté propuestas concretas para lograrlo superando ese obstáculo. La traba es polÃtica: el poder central se quiere hegemónico y concentrador de recursos. Casi ninguna provincia se atreve
a reclamar vehemente volver a un régimen federal por temor
a quedarse sin plata.
P.: No tiene la sensación de que hay cuestiones básicas que aún se discuten en la Argentina. Por ejemplo, ¿la emisión genera inflación? ¿El BCRA debe ser independiente? ¿Es positivo que empresas tengan alta rentabilidad?
J.J.L.: Otra desmesura. Son menos de diez, y aun quizás de cinco, los paÃses cuyas autoridades piensan que la emisión sin demanda de dinero adecuada no genera inflación, que el Banco Central puede ser el gran tesorero del Gobierno o que el Gobierno debe regular la rentabilidad.
P.: ¿Qué cuestiones de la actualidad lo hacen ser optimista?
J.J.L.: Las delicias de la democracia, que aquà se manifiestan mostrando precios en dólares de los activos reales (campos, departamentos, casas, Bolsa) bastante sostenidos, y aun los bonos han caÃdo menos de lo esperado. Ello ocurre por la certeza de que la polÃtica y la polÃtica económica cambiarán para bien a partir de diciembre de 2015 y que todos los presidenciables tienen pensamientos mucho más sensatos y racionales que el Gobierno de hoy. Llevar las buenas ideas a la práctica no será nada fácil y requerirá acuerdos. Pero a la Argentina se le presentará una nueva chance.
Entrevista de Guillermo Laborda
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