Hermes Binner Roberto Bouzas Juan J. Campanella Dante Caputo Roberto GarcÃa Moritán Roberto Guareschi Osvaldo Guariglia AnÃbal Pérez Liñan Vicente Palermo Roberto Russell Horacio Tarcus Marcela Ternavasio Juan Gabriel Tokatlian
La aprobación legislativa del Memorándum de Entendimiento firmado con la República Islámica de Irán tiene y tendrá profundas implicancias internas e internacionales. La polÃtica exterior del paÃs, su inserción actual y su proyección futura nos enfrentan a un camino que se bifurca.
El logro de justicia frente al acto terrorista ocurrido en 1994 contra la AMIA se debe inscribir en las mejores tradiciones del paÃs. El aporte argentino a la paz y la seguridad internacional coronada en su momento con el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz al Canciller Carlos Saavedra Lamas y el fin de la rivalidad argentino-brasileña a partir de los acuerdos entre los Presidentes Raúl AlfonsÃn y José Sarney –y que derivaron más tarde en MERCOSUR– fueron testimonio de un modo de validar, entre otros, el derecho internacional y la convivencia pacÃfica entre las naciones. Se trató de decisiones de alcance estratégico que le brindaron reputación y credibilidad a la polÃtica internacional de la Argentina, al tiempo que contribuyeron al bienestar, la seguridad y la autonomÃa del paÃs. En un tiempo más reciente la activa promoción y defensa de los derechos humanos en la polÃtica internacional durante la presidencia de Néstor Kirchner le brindó prestigio e influencia al paÃs. Inversamente, la tardÃa declaración de beligerancia contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial y la ocupación militar de las Islas Malvinas significaron decisiones que erosionaron el reconocimiento y el respeto mundial de la Argentina: fueron decisiones estratégicamente erradas. Este Memorándum, firmado por el Ejecutivo y hoy debatido por el Legislativo tiene la estatura de aquellas determinaciones. Ese es el tamaño de lo que hay en juego con el acuerdo iranÃ-argentino.
No dudamos que cuando un gobierno, en Argentina y en otras latitudes, se dispone a negociar con otro paÃs lo hace con la convicción de que no siempre los intereses y valores de las partes son convergentes: se negocia con aliados, con amigos, con distantes, con oponentes, y hasta con recalcitrantes. El punto medular es que el Memorándum firmado necesita más esclarecimiento y una mejor comprensión. Nada obliga –tal lo públicamente acordado– que nuestro paÃs deba ser el primero en aprobarlo ni que haya que hacerlo con carácter urgente ni que sea bueno contar para ello con el apoyo de un solo partido. No se debe maniobrar con ambigüedades, porque el resultado serÃa una legalidad frágil y una legitimidad cuestionable.
Es imperioso hacer una pausa; esto es, ampliar los canales de deliberación, elevar la calidad del debate e incrementar las expresiones de diversos actores de la sociedad civil. En breve, se requiere una discusión sustantiva de un asunto cuyos efectos de corto y largo plazos serán, a no dudarlo, importantes. El Congreso deberÃa convocar audiencias especiales, los partidos polÃticos deberÃan avanzar en nuevos debates internos sobre el tema, las organizaciones no gubernamentales deberÃan pronunciarse con amplitud y difusión, y el gobierno deberÃa dar la bienvenida a todas esas manifestaciones democráticas y pluralistas.
En buena medida el ingreso de la Argentina a la polÃtica mundial del siglo XXI está Ãntimamente vinculado a este tema. Oficialistas y opositores, fuerzas polÃticas y sociales, trabajadores e intelectuales, expertos y legos debemos asumir que, mancomunados, podemos dar un paso prometedor para alcanzar la justicia en el atentado a la AMIA; o podemos, en el vértigo, dar un paso abismal que nos divida, cree rencores y consagre la impunidad.
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La aprobación legislativa del Memorándum de Entendimiento firmado con la República Islámica de Irán tiene y tendrá profundas implicancias internas e internacionales. La polÃtica exterior del paÃs, su inserción actual y su proyección futura nos enfrentan a un camino que se bifurca.
El logro de justicia frente al acto terrorista ocurrido en 1994 contra la AMIA se debe inscribir en las mejores tradiciones del paÃs. El aporte argentino a la paz y la seguridad internacional coronada en su momento con el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz al Canciller Carlos Saavedra Lamas y el fin de la rivalidad argentino-brasileña a partir de los acuerdos entre los Presidentes Raúl AlfonsÃn y José Sarney –y que derivaron más tarde en MERCOSUR– fueron testimonio de un modo de validar, entre otros, el derecho internacional y la convivencia pacÃfica entre las naciones. Se trató de decisiones de alcance estratégico que le brindaron reputación y credibilidad a la polÃtica internacional de la Argentina, al tiempo que contribuyeron al bienestar, la seguridad y la autonomÃa del paÃs. En un tiempo más reciente la activa promoción y defensa de los derechos humanos en la polÃtica internacional durante la presidencia de Néstor Kirchner le brindó prestigio e influencia al paÃs. Inversamente, la tardÃa declaración de beligerancia contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial y la ocupación militar de las Islas Malvinas significaron decisiones que erosionaron el reconocimiento y el respeto mundial de la Argentina: fueron decisiones estratégicamente erradas. Este Memorándum, firmado por el Ejecutivo y hoy debatido por el Legislativo tiene la estatura de aquellas determinaciones. Ese es el tamaño de lo que hay en juego con el acuerdo iranÃ-argentino.
No dudamos que cuando un gobierno, en Argentina y en otras latitudes, se dispone a negociar con otro paÃs lo hace con la convicción de que no siempre los intereses y valores de las partes son convergentes: se negocia con aliados, con amigos, con distantes, con oponentes, y hasta con recalcitrantes. El punto medular es que el Memorándum firmado necesita más esclarecimiento y una mejor comprensión. Nada obliga –tal lo públicamente acordado– que nuestro paÃs deba ser el primero en aprobarlo ni que haya que hacerlo con carácter urgente ni que sea bueno contar para ello con el apoyo de un solo partido. No se debe maniobrar con ambigüedades, porque el resultado serÃa una legalidad frágil y una legitimidad cuestionable.
Es imperioso hacer una pausa; esto es, ampliar los canales de deliberación, elevar la calidad del debate e incrementar las expresiones de diversos actores de la sociedad civil. En breve, se requiere una discusión sustantiva de un asunto cuyos efectos de corto y largo plazos serán, a no dudarlo, importantes. El Congreso deberÃa convocar audiencias especiales, los partidos polÃticos deberÃan avanzar en nuevos debates internos sobre el tema, las organizaciones no gubernamentales deberÃan pronunciarse con amplitud y difusión, y el gobierno deberÃa dar la bienvenida a todas esas manifestaciones democráticas y pluralistas.
En buena medida el ingreso de la Argentina a la polÃtica mundial del siglo XXI está Ãntimamente vinculado a este tema. Oficialistas y opositores, fuerzas polÃticas y sociales, trabajadores e intelectuales, expertos y legos debemos asumir que, mancomunados, podemos dar un paso prometedor para alcanzar la justicia en el atentado a la AMIA; o podemos, en el vértigo, dar un paso abismal que nos divida, cree rencores y consagre la impunidad.
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