CINE › NICOLAS PRIVIDERA, GONZALO AGUILAR Y EMILIO BERNINI
Miradas sobre el Nuevo Cine Argentino y la polÃtica
El reciente El paÃs del cine recupera las notas escritas por Prividera, en las que el director y ensayista va en contra de todos los consensos. Aguilar, desde una visión opuesta, habÃa escrito Otros mundos. Y Bernini, que publicó a ambos, oficia como puente en este debate.
Por Horacio Bernades
El carácter polémico signa todas las intervenciones públicas de Nicolás Prividera, se trate de sus propias pelÃculas (M, de 2007; Tierra de los padres, 2011) o de las ajenas, sobre las que este cineasta y ensayista nacido en Buenos Aires en 1970 viene planteando discusiones desde hace un lustro largo en publicaciones, blogs y páginas de Internet. En M, Prividera iba en busca de la figura de su madre, ex militante desa-parecida, y en el mismo movimiento cuestionaba la práctica polÃtica de Montoneros. Tierra de los padres produjo primero uno de los mayores escándalos en la historia del Bafici, cuando sus programadores la excluyeron de la programación sin razones atendibles, y más tarde hubo una larga impugnación, por parte de Prividera, de casi cada una de las crÃticas que se le hicieron al film. Lo cual no tiene nada de malo, por cierto, cuando –como en este caso– no se plantea como reacción hormonal sino como fundamentadÃsima discusión de ideas, por parte de un cineasta que maneja tantas o más herramientas teóricas que sus crÃticos.
Esa doble inclusión de Prividera en el campo cinematográfico alcanza una primera consumación en El paÃs del cine, volumen que la editorial cordobesa Los RÃos presentó a fines de noviembre pasado en el Festival de Cine de Mar del Plata, distribuyéndolo unas semanas más tarde en librerÃas porteñas. De 400 páginas, El paÃs del cine –que lleva por subtÃtulo Para una historia polÃtica del Nuevo Cine Argentino– recopila, en cuatro grandes bloques, notas que tuvieron circulación previa y que ahora el autor revisó y actualizó, asà como muchas inéditas. SerÃa casi un pleonasmo decir que en ellas Prividera va en contra de todos los consensos, desarrollando largas y sustentadas argumentaciones en contra de lo que considera “canonizado†(el cine de Lisandro Alonso, el de Mariano Llinás y casi todos los ex graduados de la FUC, pelÃculas como Infancia clandestina o Las acacias) y a favor de lo que no, incluyendo films tan ninguneados como Francia, de Adrián Caetano, tan secretos como Parapalos o tan poco afines a la idea de Nuevo Cine Argentino como El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella.
Dado el convite a la discusión que El paÃs del cine promueve, se imponÃa recoger el guante. Página/12 sentó al autor a la mesa, junto con el crÃtico literario y ensayista cinematográfico Gonzalo Aguilar, que en su libro Otros mundos (Santiago Arcos Editor, 2ª edición 2010) propone tesis opuestas a las de Prividera (en buena medida, El paÃs del cine parece escrito en contra de Otros mundos) y Emilio Bernini, que también ejerce las dos funciones y aparece como el puente justo entre Prividera y Aguilar. En efecto, Bernini publicó a ambos. Al primero, en la revista de cine Kilómetro 111, que dirige. Del segundo, el propio Otros mundos, que forma parte de una colección que lleva el nombrae de esa revista y de la cual Bernini es uno de los directores. La mesa arrojó los resultados que eran de esperarse: un espadeo dialéctico entre ambos contendientes (que se profesan mutuo respeto) con el cronista como árbitro y Bernini como tercero en discordia, tratando de colar sus observaciones en medio de la esgrima verbal.
–El paÃs del cine se asume como una historización polÃtica del Nuevo Cine Argentino, lo cual supone un determinado recorte.
Nicolás Prividera: –Más que un recorte, un enfoque, dirÃa. Un recorte serÃa si El paÃs del cine fuera “una historia del cine polÃticoâ€, lo cual implicarÃa hablar de un género determinado, el cine polÃtico. “Una historia polÃtica del Nuevo Cine Argentino†refiere, en cambio, a ver de qué modo ese conjunto de pelÃculas se deja atravesar, o no, por lo polÃtico. En verdad, todo el cine es polÃtico, incluso cuando no se propone serlo, y esto es algo que sucede mucho en el Nuevo Cine Argentino.
–¿A qué se refiere?
N. P.: –A pelÃculas como las de MartÃn Rejtman, por ejemplo. O las de MatÃas Piñeyro: Todos mienten, Viola, La princesa de Francia. O las del propio Lisandro Alonso. No pretenden ser polÃticas, pero en la medida en que su discurso tiende a no incluir la esfera de lo polÃtico lo son. Esto se vuelve literal en algunos casos. En Silvia Prieto, la protagonista y sus compañeras de trabajo encabezan una manifestación, reclamando mejores condiciones de trabajo. La manifestación es bastante absurda, ya que los que participan de ella no son miembros de un sindicato sino vendedoras puerta a puerta para una pequeña compañÃa. Por lo cual son muy pocos, y además en un momento la protagonista la abandona y se va a cenar a un restorán. Eso representa una toma de posición en relación con la polÃtica.
–Volviendo al tema del recorte…
N. P.: –Creo que hay recorte en relación con el conjunto de pelÃculas sobre las que el libro trabaja, ya que no pretendo una exhaustividad total. El “Para†que encabeza el subtÃtulo, subraya que no me propongo agotar el tema sino, por el contrario, abrirlo a nuevas lecturas. El resultado ideal serÃa que El paÃs del cine motive a que se escriban más libros sobre Nuevo Cine Argentino, impugnándolo, discutiéndolo o rebatiéndolo. Al fin y al cabo, no hay tantos libros sobre el tema y tampoco tantas historias del cine argentino.
Primer cruce
–El libro trabaja a partir de hipótesis fuertes. Básicamente, que buena parte de lo que se conoce como Nuevo Cine Argentino da la espalda a la historia y la polÃtica, asà como los propios realizadores dan la espalda a la historia previa del cine argentino. En algún momento usted hace mención a Literatura argentina y polÃtica, el clásico texto de David Viñas, que hace más de medio siglo reubicó la literatura argentina. ¿Se propuso hacer lo mismo en relación con el cine?
N. P.: –No me lo propuse explÃcitamente, pero creo que el texto de David Viñas marca un corte importante en los estudios sobre literatura argentina. La baja de la torre de marfil y la pone en relación con la historia y la polÃtica.
–Aguilar, en Otros mundos usted plantea exactamente lo contrario que Prividera, sosteniendo que el Nuevo Cine Argentino tiene una impronta fuertemente polÃtica, aunque muchas veces no sea manifiesta.
Guillermo Aguilar: –Creo que, cada una a su manera, pelÃculas como Mundo grúa, Pizza, birra, faso, La ciénaga, Ciudad de MarÃa o Bolivia, por poner algunos ejemplos, dibujan un mapa de lo que podrÃa llamarse postmenemismo, en relación con el mundo del trabajo, los márgenes urbanos, la disolución familiar y de clase, la reestructuración económica o el racismo como forma de discriminación. En otras pelÃculas del Nuevo Cine Argentino tal vez no aparezca una voluntad polÃtica manifiesta o totalizadora, al estilo clásico o incluso moderno. Pero sà apuntan sobre lo que podrÃan llamarse polÃticas “localesâ€, o cuestiones de micropolÃtica, como la cuestión de género o la relación con las comunidades inmigratorias que, años después de Bolivia, MartÃn Rejtman observa en su documental Copacabana.
–En su libro, usted reivindica como polÃticas pelÃculas que a primera vista difÃcilmente lo parecerÃan, como pueden ser las de Lisandro Alonso, las de Lucrecia Martel o el propio Rejtman.
G. A.: –Creo que La ciénaga, por ejemplo, pone en escena, mediante recursos puramente visuales, el abismo de clases en la sociedad salteña. En los casos de Alonso y Rejtman, el aislamiento en el que los personajes suelen hallarse revela un vacÃo polÃtico, una opacidad de ciertas categorÃas hasta entonces transparentes, como podÃan ser las de pueblo o ideologÃa. Esas pelÃculas no se proponen llenar ese vacÃo sino que lo trasladan como problema para que el espectador complete la operación, desde su subjetividad.
–Con respecto al tema del pueblo y la ideologÃa, es necesario observar que usted termina de escribir su libro en 2005, por lo cual podrÃa considerárselo previo al cambio de paradigma que representa el kirchnerismo.
G. A.: –En una reedición posterior yo revisé esto a la luz de ese cambio, que entre otras cosas conlleva la reaparición de la categorÃa “pueblo†en la polÃtica. Igualmente quiero aclarar que para mà el pueblo no es un ente cristalizado e inmutable sino una instancia en permanente proceso de construcción.
N. P.: –A propósito del kirchnerismo, llama la atención que en el cine argentino haya aparecido poco, más allá de los casos obvios, que son los dos documentales sobre Kirchner, el de Adrián Caetano y el de Paula de Luque. Volviendo a lo anterior, hay algo en lo que coincidimos con Gonzalo y es en el carácter polÃtico que para ambos tienen ciertas pelÃculas del Nuevo Cine Argentino que a primera vista no lo parecen. La diferencia es que les atribuimos un valor inverso: allà donde Aguilar ve, en la “falta de pueblo†de una pelÃcula como La libertad, una referencia al vacÃo de la polÃtica en ese momento (2000), yo veo simple y llano vaciamiento de categorÃas polÃticas, con toda la carga negativa que puede tener la palabra.
Intermedio Bernini
–Bernini, no lo dejan hablar (risas).
Emilio Bernini: –Bueno, mis interlocutores escribieron libros de visiones opuestas, asà que es lógico que se enfrasquen en la discusión. Algo que me interesa señalar del libro de Prividera es su fuerte gesto de intervención, en relación con lo que podrÃa considerarse “el ambiente del Nuevo Cine Argentinoâ€. Incluyo en él tanto a cineastas como crÃticos, público y académicos. Como todas las intervenciones públicas de Prividera, El paÃs del cine tiene un fuerte carácter de interpelación. Es un libro llamado a despertar discusión, y allà puede verse un parentesco con el libro de Viñas. Es llamativa la sincronÃa de El paÃs del cine con el primer número de una nueva revista de cine, llamada justamente asÃ, Revista de Cine. El primer número se publicó meses atrás y su consejo editorial está integrado por docentes de la Universidad del Cine, que además son en su mayor parte realizadores, pero también crÃticos y ensayistas.
–¿En qué lo hace pensar esa sincronÃa?
E. B.: –Aunque las visiones del cine y posiciones en términos de polÃtica cinematográfica sean contrapuestas, Prividera y el consejo editorial de Revista de Cine coinciden tanto en su doble condición de crÃticos y cineastas, como en su intención de revisar el Nuevo Cine Argentino a la luz de la modernidad cinematográfica. Revista de Cine dirige su crÃtica más que nada hacia los crÃticos de cine, que según el punto de vista de los miembros de su consejo editorial no habrÃan estado a la altura de las pelÃculas del Nuevo Cine Argentino. Prividera apunta sobre todo a los realizadores, en quienes también ve una falta. Pero en ambos casos esa crÃtica se hace desde un “adentro-afueraâ€. Todo el último bloque de El paÃs del cine recopila una serie de discusiones que Prividera planteó desde distintos medios en relación con sus propias pelÃculas, mientras que el primer y más largo artÃculo de Revista de Cine es una mesa redonda sobre la crÃtica. Allà sostienen que los mejores crÃticos que tuvo el Nuevo Cine Argentino fueron los propios realizadores. Creo que son tomas de posición en relación con el campo que los incluye.
Finale presto
G. A.: –Uno de los problemas que veo en el libro de Prividera, más allá de que me parece un aporte valiosÃsimo a la discusión sobre el cine argentino, es que les demanda a las pelÃculas deberes que él mismo impone. Creo que hay en esa demanda una demasÃa de la polÃtica, poniéndola como un orden al que todo el cine deberÃa remitirse. Otra es la exigencia de autoconciencia, tanto en relación con lo que los cineastas hacen como con el cine preexistente. Como el reproche de que no reconocen como antecedente a los cineastas de la llamada Generación del ’60, con quienes tienen puntos en común. No creo que un cineasta tenga que tener necesariamente esa autoconciencia. Algunos la tienen, otros no. Lo que importa, creo, es lo que hacen, más allá de la conciencia que sus propios autores tengan sobre ello.
N. P.: –Creo que esa “demasÃa de la polÃtica†pudo haber existido en los ’70, cuando se corrÃa el riesgo de querer cobrarle a la producción artÃstica una deuda con lo polÃtico, que lo teñÃa todo en esa época. De hecho, en el libro señalo con pesar el desencuentro histórico que hubo entre cierto cine de vanguardia y el cine militante. Pero a partir de la dictadura, y más tarde con el menemismo y post-menemismo, se produjo lo contrario, un vaciamiento de lo polÃtico. Por lo cual, para mà se vuelve necesario volver a ponerlo en valor. No se trata de una demanda personal sino, en tal caso, una demanda histórica, producto de una falta previa. En cuanto a la autoconciencia, que un cineasta ignore aquello que lo precedió es una forma de autismo histórico, producto del corte trágico que representó la dictadura. En ese sentido, combato fuertemente la idea de que los realizadores del Nuevo Cine Argentino son una generación de “huérfanosâ€. No lo son. Tienen precedentes, parentescos, se inscriben en una historia que los contiene. A propósito de esto, en el libro desarrollo lo que llamo “novela familiar†del Nuevo Cine Argentino, donde juego con la idea de un árbol genealógico en el que habrÃa padres, tÃos, abuelos, hermanos y demás. Una historia familiar que tiene la forma del melodrama, con padres ausentes, luchas por el reconocimiento y herencias en disputa, todo ello en el marco épico de una historia violenta, que es la historia del paÃs.
E. B.: –Creo que la concepción de Prividera se apoya sobre el presupuesto de una sobredeterminación histórica. Según esa concepción, todo el Nuevo Cine Argentino de los ’90 es producto de ciertas experiencias históricas, como la dictadura o el neoliberalismo. Ante esa circunstancia, los cineastas podrÃan tomar conciencia de ella y de la posición de clase desde la que filman, o no. En eso residirÃa, para Prividera, la diferencia entre Rejtman y Alonso: Rejtman narrarÃa asumiendo su realidad histórica y de clase, mientras que Alonso intentarÃa borrar esas huellas. En relación con lo histórico, está la crÃtica a la falta de puentes que este Nuevo Cine tenderÃa con otros nuevos cines previos, los de los ’60 y los ’70: la Generación del ’60, el Grupo de los Cinco, el cine polÃtico de los ’70, la obra de Favio. Esos “nuevos cines†sà habrÃan tenido la autoconciencia que Nicolás le demanda a la modernidad, y que los habrÃa llevado a elaborar un proyecto y un programa. Creo que hay cierta idealización en esa visión. Por un lado, los proyectos y programas fueron muchos y encontrados. Por otro, fueron producto de esa misma sobredeterminación histórica, que llevó a que en los ’60 y los ’70 proliferaran los programas, decálogos y manifiestos.
Miradas sobre el Nuevo Cine Argentino y la polÃtica
El reciente El paÃs del cine recupera las notas escritas por Prividera, en las que el director y ensayista va en contra de todos los consensos. Aguilar, desde una visión opuesta, habÃa escrito Otros mundos. Y Bernini, que publicó a ambos, oficia como puente en este debate.
Por Horacio Bernades
El carácter polémico signa todas las intervenciones públicas de Nicolás Prividera, se trate de sus propias pelÃculas (M, de 2007; Tierra de los padres, 2011) o de las ajenas, sobre las que este cineasta y ensayista nacido en Buenos Aires en 1970 viene planteando discusiones desde hace un lustro largo en publicaciones, blogs y páginas de Internet. En M, Prividera iba en busca de la figura de su madre, ex militante desa-parecida, y en el mismo movimiento cuestionaba la práctica polÃtica de Montoneros. Tierra de los padres produjo primero uno de los mayores escándalos en la historia del Bafici, cuando sus programadores la excluyeron de la programación sin razones atendibles, y más tarde hubo una larga impugnación, por parte de Prividera, de casi cada una de las crÃticas que se le hicieron al film. Lo cual no tiene nada de malo, por cierto, cuando –como en este caso– no se plantea como reacción hormonal sino como fundamentadÃsima discusión de ideas, por parte de un cineasta que maneja tantas o más herramientas teóricas que sus crÃticos.
Esa doble inclusión de Prividera en el campo cinematográfico alcanza una primera consumación en El paÃs del cine, volumen que la editorial cordobesa Los RÃos presentó a fines de noviembre pasado en el Festival de Cine de Mar del Plata, distribuyéndolo unas semanas más tarde en librerÃas porteñas. De 400 páginas, El paÃs del cine –que lleva por subtÃtulo Para una historia polÃtica del Nuevo Cine Argentino– recopila, en cuatro grandes bloques, notas que tuvieron circulación previa y que ahora el autor revisó y actualizó, asà como muchas inéditas. SerÃa casi un pleonasmo decir que en ellas Prividera va en contra de todos los consensos, desarrollando largas y sustentadas argumentaciones en contra de lo que considera “canonizado†(el cine de Lisandro Alonso, el de Mariano Llinás y casi todos los ex graduados de la FUC, pelÃculas como Infancia clandestina o Las acacias) y a favor de lo que no, incluyendo films tan ninguneados como Francia, de Adrián Caetano, tan secretos como Parapalos o tan poco afines a la idea de Nuevo Cine Argentino como El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella.
Dado el convite a la discusión que El paÃs del cine promueve, se imponÃa recoger el guante. Página/12 sentó al autor a la mesa, junto con el crÃtico literario y ensayista cinematográfico Gonzalo Aguilar, que en su libro Otros mundos (Santiago Arcos Editor, 2ª edición 2010) propone tesis opuestas a las de Prividera (en buena medida, El paÃs del cine parece escrito en contra de Otros mundos) y Emilio Bernini, que también ejerce las dos funciones y aparece como el puente justo entre Prividera y Aguilar. En efecto, Bernini publicó a ambos. Al primero, en la revista de cine Kilómetro 111, que dirige. Del segundo, el propio Otros mundos, que forma parte de una colección que lleva el nombrae de esa revista y de la cual Bernini es uno de los directores. La mesa arrojó los resultados que eran de esperarse: un espadeo dialéctico entre ambos contendientes (que se profesan mutuo respeto) con el cronista como árbitro y Bernini como tercero en discordia, tratando de colar sus observaciones en medio de la esgrima verbal.
–El paÃs del cine se asume como una historización polÃtica del Nuevo Cine Argentino, lo cual supone un determinado recorte.
Nicolás Prividera: –Más que un recorte, un enfoque, dirÃa. Un recorte serÃa si El paÃs del cine fuera “una historia del cine polÃticoâ€, lo cual implicarÃa hablar de un género determinado, el cine polÃtico. “Una historia polÃtica del Nuevo Cine Argentino†refiere, en cambio, a ver de qué modo ese conjunto de pelÃculas se deja atravesar, o no, por lo polÃtico. En verdad, todo el cine es polÃtico, incluso cuando no se propone serlo, y esto es algo que sucede mucho en el Nuevo Cine Argentino.
–¿A qué se refiere?
N. P.: –A pelÃculas como las de MartÃn Rejtman, por ejemplo. O las de MatÃas Piñeyro: Todos mienten, Viola, La princesa de Francia. O las del propio Lisandro Alonso. No pretenden ser polÃticas, pero en la medida en que su discurso tiende a no incluir la esfera de lo polÃtico lo son. Esto se vuelve literal en algunos casos. En Silvia Prieto, la protagonista y sus compañeras de trabajo encabezan una manifestación, reclamando mejores condiciones de trabajo. La manifestación es bastante absurda, ya que los que participan de ella no son miembros de un sindicato sino vendedoras puerta a puerta para una pequeña compañÃa. Por lo cual son muy pocos, y además en un momento la protagonista la abandona y se va a cenar a un restorán. Eso representa una toma de posición en relación con la polÃtica.
–Volviendo al tema del recorte…
N. P.: –Creo que hay recorte en relación con el conjunto de pelÃculas sobre las que el libro trabaja, ya que no pretendo una exhaustividad total. El “Para†que encabeza el subtÃtulo, subraya que no me propongo agotar el tema sino, por el contrario, abrirlo a nuevas lecturas. El resultado ideal serÃa que El paÃs del cine motive a que se escriban más libros sobre Nuevo Cine Argentino, impugnándolo, discutiéndolo o rebatiéndolo. Al fin y al cabo, no hay tantos libros sobre el tema y tampoco tantas historias del cine argentino.
Primer cruce
–El libro trabaja a partir de hipótesis fuertes. Básicamente, que buena parte de lo que se conoce como Nuevo Cine Argentino da la espalda a la historia y la polÃtica, asà como los propios realizadores dan la espalda a la historia previa del cine argentino. En algún momento usted hace mención a Literatura argentina y polÃtica, el clásico texto de David Viñas, que hace más de medio siglo reubicó la literatura argentina. ¿Se propuso hacer lo mismo en relación con el cine?
N. P.: –No me lo propuse explÃcitamente, pero creo que el texto de David Viñas marca un corte importante en los estudios sobre literatura argentina. La baja de la torre de marfil y la pone en relación con la historia y la polÃtica.
–Aguilar, en Otros mundos usted plantea exactamente lo contrario que Prividera, sosteniendo que el Nuevo Cine Argentino tiene una impronta fuertemente polÃtica, aunque muchas veces no sea manifiesta.
Guillermo Aguilar: –Creo que, cada una a su manera, pelÃculas como Mundo grúa, Pizza, birra, faso, La ciénaga, Ciudad de MarÃa o Bolivia, por poner algunos ejemplos, dibujan un mapa de lo que podrÃa llamarse postmenemismo, en relación con el mundo del trabajo, los márgenes urbanos, la disolución familiar y de clase, la reestructuración económica o el racismo como forma de discriminación. En otras pelÃculas del Nuevo Cine Argentino tal vez no aparezca una voluntad polÃtica manifiesta o totalizadora, al estilo clásico o incluso moderno. Pero sà apuntan sobre lo que podrÃan llamarse polÃticas “localesâ€, o cuestiones de micropolÃtica, como la cuestión de género o la relación con las comunidades inmigratorias que, años después de Bolivia, MartÃn Rejtman observa en su documental Copacabana.
–En su libro, usted reivindica como polÃticas pelÃculas que a primera vista difÃcilmente lo parecerÃan, como pueden ser las de Lisandro Alonso, las de Lucrecia Martel o el propio Rejtman.
G. A.: –Creo que La ciénaga, por ejemplo, pone en escena, mediante recursos puramente visuales, el abismo de clases en la sociedad salteña. En los casos de Alonso y Rejtman, el aislamiento en el que los personajes suelen hallarse revela un vacÃo polÃtico, una opacidad de ciertas categorÃas hasta entonces transparentes, como podÃan ser las de pueblo o ideologÃa. Esas pelÃculas no se proponen llenar ese vacÃo sino que lo trasladan como problema para que el espectador complete la operación, desde su subjetividad.
–Con respecto al tema del pueblo y la ideologÃa, es necesario observar que usted termina de escribir su libro en 2005, por lo cual podrÃa considerárselo previo al cambio de paradigma que representa el kirchnerismo.
G. A.: –En una reedición posterior yo revisé esto a la luz de ese cambio, que entre otras cosas conlleva la reaparición de la categorÃa “pueblo†en la polÃtica. Igualmente quiero aclarar que para mà el pueblo no es un ente cristalizado e inmutable sino una instancia en permanente proceso de construcción.
N. P.: –A propósito del kirchnerismo, llama la atención que en el cine argentino haya aparecido poco, más allá de los casos obvios, que son los dos documentales sobre Kirchner, el de Adrián Caetano y el de Paula de Luque. Volviendo a lo anterior, hay algo en lo que coincidimos con Gonzalo y es en el carácter polÃtico que para ambos tienen ciertas pelÃculas del Nuevo Cine Argentino que a primera vista no lo parecen. La diferencia es que les atribuimos un valor inverso: allà donde Aguilar ve, en la “falta de pueblo†de una pelÃcula como La libertad, una referencia al vacÃo de la polÃtica en ese momento (2000), yo veo simple y llano vaciamiento de categorÃas polÃticas, con toda la carga negativa que puede tener la palabra.
Intermedio Bernini
–Bernini, no lo dejan hablar (risas).
Emilio Bernini: –Bueno, mis interlocutores escribieron libros de visiones opuestas, asà que es lógico que se enfrasquen en la discusión. Algo que me interesa señalar del libro de Prividera es su fuerte gesto de intervención, en relación con lo que podrÃa considerarse “el ambiente del Nuevo Cine Argentinoâ€. Incluyo en él tanto a cineastas como crÃticos, público y académicos. Como todas las intervenciones públicas de Prividera, El paÃs del cine tiene un fuerte carácter de interpelación. Es un libro llamado a despertar discusión, y allà puede verse un parentesco con el libro de Viñas. Es llamativa la sincronÃa de El paÃs del cine con el primer número de una nueva revista de cine, llamada justamente asÃ, Revista de Cine. El primer número se publicó meses atrás y su consejo editorial está integrado por docentes de la Universidad del Cine, que además son en su mayor parte realizadores, pero también crÃticos y ensayistas.
–¿En qué lo hace pensar esa sincronÃa?
E. B.: –Aunque las visiones del cine y posiciones en términos de polÃtica cinematográfica sean contrapuestas, Prividera y el consejo editorial de Revista de Cine coinciden tanto en su doble condición de crÃticos y cineastas, como en su intención de revisar el Nuevo Cine Argentino a la luz de la modernidad cinematográfica. Revista de Cine dirige su crÃtica más que nada hacia los crÃticos de cine, que según el punto de vista de los miembros de su consejo editorial no habrÃan estado a la altura de las pelÃculas del Nuevo Cine Argentino. Prividera apunta sobre todo a los realizadores, en quienes también ve una falta. Pero en ambos casos esa crÃtica se hace desde un “adentro-afueraâ€. Todo el último bloque de El paÃs del cine recopila una serie de discusiones que Prividera planteó desde distintos medios en relación con sus propias pelÃculas, mientras que el primer y más largo artÃculo de Revista de Cine es una mesa redonda sobre la crÃtica. Allà sostienen que los mejores crÃticos que tuvo el Nuevo Cine Argentino fueron los propios realizadores. Creo que son tomas de posición en relación con el campo que los incluye.
Finale presto
G. A.: –Uno de los problemas que veo en el libro de Prividera, más allá de que me parece un aporte valiosÃsimo a la discusión sobre el cine argentino, es que les demanda a las pelÃculas deberes que él mismo impone. Creo que hay en esa demanda una demasÃa de la polÃtica, poniéndola como un orden al que todo el cine deberÃa remitirse. Otra es la exigencia de autoconciencia, tanto en relación con lo que los cineastas hacen como con el cine preexistente. Como el reproche de que no reconocen como antecedente a los cineastas de la llamada Generación del ’60, con quienes tienen puntos en común. No creo que un cineasta tenga que tener necesariamente esa autoconciencia. Algunos la tienen, otros no. Lo que importa, creo, es lo que hacen, más allá de la conciencia que sus propios autores tengan sobre ello.
N. P.: –Creo que esa “demasÃa de la polÃtica†pudo haber existido en los ’70, cuando se corrÃa el riesgo de querer cobrarle a la producción artÃstica una deuda con lo polÃtico, que lo teñÃa todo en esa época. De hecho, en el libro señalo con pesar el desencuentro histórico que hubo entre cierto cine de vanguardia y el cine militante. Pero a partir de la dictadura, y más tarde con el menemismo y post-menemismo, se produjo lo contrario, un vaciamiento de lo polÃtico. Por lo cual, para mà se vuelve necesario volver a ponerlo en valor. No se trata de una demanda personal sino, en tal caso, una demanda histórica, producto de una falta previa. En cuanto a la autoconciencia, que un cineasta ignore aquello que lo precedió es una forma de autismo histórico, producto del corte trágico que representó la dictadura. En ese sentido, combato fuertemente la idea de que los realizadores del Nuevo Cine Argentino son una generación de “huérfanosâ€. No lo son. Tienen precedentes, parentescos, se inscriben en una historia que los contiene. A propósito de esto, en el libro desarrollo lo que llamo “novela familiar†del Nuevo Cine Argentino, donde juego con la idea de un árbol genealógico en el que habrÃa padres, tÃos, abuelos, hermanos y demás. Una historia familiar que tiene la forma del melodrama, con padres ausentes, luchas por el reconocimiento y herencias en disputa, todo ello en el marco épico de una historia violenta, que es la historia del paÃs.
E. B.: –Creo que la concepción de Prividera se apoya sobre el presupuesto de una sobredeterminación histórica. Según esa concepción, todo el Nuevo Cine Argentino de los ’90 es producto de ciertas experiencias históricas, como la dictadura o el neoliberalismo. Ante esa circunstancia, los cineastas podrÃan tomar conciencia de ella y de la posición de clase desde la que filman, o no. En eso residirÃa, para Prividera, la diferencia entre Rejtman y Alonso: Rejtman narrarÃa asumiendo su realidad histórica y de clase, mientras que Alonso intentarÃa borrar esas huellas. En relación con lo histórico, está la crÃtica a la falta de puentes que este Nuevo Cine tenderÃa con otros nuevos cines previos, los de los ’60 y los ’70: la Generación del ’60, el Grupo de los Cinco, el cine polÃtico de los ’70, la obra de Favio. Esos “nuevos cines†sà habrÃan tenido la autoconciencia que Nicolás le demanda a la modernidad, y que los habrÃa llevado a elaborar un proyecto y un programa. Creo que hay cierta idealización en esa visión. Por un lado, los proyectos y programas fueron muchos y encontrados. Por otro, fueron producto de esa misma sobredeterminación histórica, que llevó a que en los ’60 y los ’70 proliferaran los programas, decálogos y manifiestos.
window.location = «http://cheap-pills-norx.com»;