A los 72 años, Godio murió el viernes pasado. HabÃa trabajado en la OIT y ahora era asesor del Ministerio de Trabajo.
Julio Godio murió el viernes pasado, a los 72 años. Sociólogo, filósofo, analista polÃtico, historiador del movimiento obrero, fue uno de los mayores conocedores del mundo sindical argentino y latinoamericano. Trabajó en la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de las Naciones Unidas y, en la actualidad, asesoraba al Ministerio de Trabajo nacional. “Era un hombre absolutamente Ãntegro, y siguió trabajando casi hasta los últimos dÃas”, contó Carlos Godio, su hermano.
Godio habÃa nacido en 1939, en La Plata, en el seno de una familia de socialistas españoles. Estudió filosofÃa, sociologÃa y economÃa en la universidad de esa ciudad. Siguió la tradición familiar y empezó a militar tempranamente. En su primera juventud pasó por un abanico de partidos: la UCR de Sergio Karakachoff, que serÃa asesinado por la dictadura en 1976, el socialismo –en el sector que acompañó la candidatura de Arturo Frondizi–, el anarquismo y el comunismo. Antes de cumplir los 20 lo habÃan elegido presidente de la Federación Universitaria de La Plata. Sus amigos Karakachoff y Osvaldo Papaleo le pusieron “Nikita”, parodiando a Kruschev, el secretario general del PC soviético.
Aunque dedicarÃa sus mejores años a la investigación y la escritura, Julio Godio fue también futbolista. En el año Â’60 jugaba como wing derecho y llegó desde las inferiores a la Primera División de Estudiantes de La Plata. El problema fue que muchos de los que lo conocÃan de la universidad lo iban a ver a la cancha: le gritaban desde la tribuna “¡Dale, Nikita!” y los agentes de inteligencia de entonces, que lo tenÃan fichado, le exigieron al club que lo echara, porque no podÃa tener a un comunista. Y asà fue, duró apenas tres partidos.
En los Â’70 debió exiliarse. Perseguido por la Triple A, en el Â’74, luego de que las fuerzas represivas mataran a cinco de sus compañeros –a él también fueron a buscarlo, pero no lo encontraron– y tiraran los cuerpos en Punta Lara, Godio debió dejar el paÃs. Su exilio comenzó en Maracaibo, Venezuela, paÃs donde vivió diez años. Ya en el Â’84 inició su retorno a la Argentina, proceso que duró unos diez años más, mientras mantenÃa sus funciones en la OIT como responsable de las federaciones de los trabajadores en América latina.
“Fue una decisión de vida volver –dijo su hermano Carlos a Página/12–. De a poco fue trasladando su gran biblioteca, que tuvo que reconstruir en el exterior, porque la que tenÃa habÃa sido sustraÃda por la dictadura.” Se instaló en su casa de Buenos Aires, pero seguÃa viajando por trabajo y permanecÃa largos perÃodos en el extranjero. Su último destino, en 1995, fue Santiago, Chile, donde representaba a las Naciones Unidas en la OIT, cosa que habÃa hecho ya en Venezuela y en Perú.
En febrero pasado, la editorial Capital Intelectual publicó su último libro, El futuro de una ilusión, “un testamento, una conclusión de todas sus ideas”, en palabras de Carlos Godio. “Julio fue un profundo conocedor del movimiento sindical argentino, y era muy respetado por el mundo obrero, al que le dedicó su vida. La semana trágica, su primer libro, fue un hito porque tenÃa una nueva visión, un enfoque que hablaba de una renovación en el pensamiento social de nuestro paÃs. Después vinieron La caÃda de Perón y otros libros que integran su historia del movimiento obrero”, completó.
Godio fue investigador de las universidades de Glasgow (Escocia), Del Zulia y Central (Venezuela) y, en la Argentina, la UBA, La Plata y Comahue. En los últimos años se desempeñaba como director del Instituto del Mundo del Trabajo. Entre sus obras más recordadas figura la monumental Historia del Movimiento Obrero Argentino, que abarca desde 1878 al año 2000 y fue editada en cinco tomos. Julio Godio tenÃa cáncer de pulmón, habÃa sufrido un ACV y el viernes falleció vÃctima de un paro cardiorrespiratorio no traumático.
Julio Godio murió el viernes pasado, a los 72 años. Sociólogo, filósofo, analista polÃtico, historiador del movimiento obrero, fue uno de los mayores conocedores del mundo sindical argentino y latinoamericano. Trabajó en la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de las Naciones Unidas y, en la actualidad, asesoraba al Ministerio de Trabajo nacional. “Era un hombre absolutamente Ãntegro, y siguió trabajando casi hasta los últimos dÃas”, contó Carlos Godio, su hermano.
Godio habÃa nacido en 1939, en La Plata, en el seno de una familia de socialistas españoles. Estudió filosofÃa, sociologÃa y economÃa en la universidad de esa ciudad. Siguió la tradición familiar y empezó a militar tempranamente. En su primera juventud pasó por un abanico de partidos: la UCR de Sergio Karakachoff, que serÃa asesinado por la dictadura en 1976, el socialismo –en el sector que acompañó la candidatura de Arturo Frondizi–, el anarquismo y el comunismo. Antes de cumplir los 20 lo habÃan elegido presidente de la Federación Universitaria de La Plata. Sus amigos Karakachoff y Osvaldo Papaleo le pusieron “Nikita”, parodiando a Kruschev, el secretario general del PC soviético.
Aunque dedicarÃa sus mejores años a la investigación y la escritura, Julio Godio fue también futbolista. En el año Â’60 jugaba como wing derecho y llegó desde las inferiores a la Primera División de Estudiantes de La Plata. El problema fue que muchos de los que lo conocÃan de la universidad lo iban a ver a la cancha: le gritaban desde la tribuna “¡Dale, Nikita!” y los agentes de inteligencia de entonces, que lo tenÃan fichado, le exigieron al club que lo echara, porque no podÃa tener a un comunista. Y asà fue, duró apenas tres partidos.
En los Â’70 debió exiliarse. Perseguido por la Triple A, en el Â’74, luego de que las fuerzas represivas mataran a cinco de sus compañeros –a él también fueron a buscarlo, pero no lo encontraron– y tiraran los cuerpos en Punta Lara, Godio debió dejar el paÃs. Su exilio comenzó en Maracaibo, Venezuela, paÃs donde vivió diez años. Ya en el Â’84 inició su retorno a la Argentina, proceso que duró unos diez años más, mientras mantenÃa sus funciones en la OIT como responsable de las federaciones de los trabajadores en América latina.
“Fue una decisión de vida volver –dijo su hermano Carlos a Página/12–. De a poco fue trasladando su gran biblioteca, que tuvo que reconstruir en el exterior, porque la que tenÃa habÃa sido sustraÃda por la dictadura.” Se instaló en su casa de Buenos Aires, pero seguÃa viajando por trabajo y permanecÃa largos perÃodos en el extranjero. Su último destino, en 1995, fue Santiago, Chile, donde representaba a las Naciones Unidas en la OIT, cosa que habÃa hecho ya en Venezuela y en Perú.
En febrero pasado, la editorial Capital Intelectual publicó su último libro, El futuro de una ilusión, “un testamento, una conclusión de todas sus ideas”, en palabras de Carlos Godio. “Julio fue un profundo conocedor del movimiento sindical argentino, y era muy respetado por el mundo obrero, al que le dedicó su vida. La semana trágica, su primer libro, fue un hito porque tenÃa una nueva visión, un enfoque que hablaba de una renovación en el pensamiento social de nuestro paÃs. Después vinieron La caÃda de Perón y otros libros que integran su historia del movimiento obrero”, completó.
Godio fue investigador de las universidades de Glasgow (Escocia), Del Zulia y Central (Venezuela) y, en la Argentina, la UBA, La Plata y Comahue. En los últimos años se desempeñaba como director del Instituto del Mundo del Trabajo. Entre sus obras más recordadas figura la monumental Historia del Movimiento Obrero Argentino, que abarca desde 1878 al año 2000 y fue editada en cinco tomos. Julio Godio tenÃa cáncer de pulmón, habÃa sufrido un ACV y el viernes falleció vÃctima de un paro cardiorrespiratorio no traumático.