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Marcelo Zlotogwiazda, Periodista
La primera impronta que Cristina quiso darle a su segundo mandato fue la de la sintonÃa fina, y la primera aplicación concreta de ese nuevo estilo de gestión fue el programa de quita de subsidios a la electricidad, el gas y el agua. Se lo anunció como un plan a implementar paulatina y cuidadosamente, a diferencia de la torpeza técnica y polÃtica con que se habÃa intentado recortar los subsidios cuatro años antes.
Era una medida que venÃa siendo reclamada por los principales partidos de la oposición y que contaba con consenso entre los especialistas. Se trataba nada menos que de achicar gastos que para este año podrÃan rondar los 40.000 millones de pesos, con el agravante de que parte considerable de los subsidios beneficiaba a sectores privilegiados, y que las tarifas baratas incentivaban el consumo excesivo de la energÃa que ya escaseaba.
Comenzaron a tono con la declamada sintonÃa fina. Eliminaron por completo los subsidios a algunos barrios de muy alto poder adquisitivo, a un puñado de actividades (bancos, casinos, telefonÃa celular, bingos, etc.), abrieron un registro para la renuncia voluntaria (cuya bajÃsima adhesión revela el nivel de solidaridad y conciencia ciudadana de las clases altas de la sociedad), y adelantaron que la quita se iba a ampliar en base a lo que resultara de las Declaraciones Juradas sobre la Necesidad de Subsidio que se repartirÃan a todos los usuarios.
Pero a ocho meses del lanzamiento el programa esta paralizado, y no hay indicios de que se esté pensando en reactivarlo. Al revés, la nueva fricción entre el gobierno nacional y el bonaerense alrededor de las tarifas de electricidad es una señal de que el kirchnerismo retomó la idea de ‘tarifas baratas para todosÂ’. Apenas Scioli le autorizó a las distribuidoras provinciales aumentos de entre un 10 y un 20 por ciento, le salió al cruce Julio De Vido criticándolo por no apoyar “las polÃticas de inclusión y competitividad que en materia energética lleva adelante el gobierno nacional”.
Además de interrumpir la aplicación de sintonÃa fina con los subsidios a la electricidad, gas y agua, el gobierno parece haber archivado la idea de hacer lo mismo con el transporte, que está insumiendo subsidios por más de 15.000 millones de pesos. En el anuncio del aumento de trenes y colectivos para los que no tengan la tarjeta SUBE que realizó Florencio Randazzo dÃas atrás, se omitió cualquier referencia al aprovechamiento del nuevo sistema para discriminar tarifas según la condición del titular, tal como prometÃa con entusiasmo el ex secretario Juan Pablo Schiavi. A lo sumo, el ministro del Interior y Transporte dijo que quedaba congelado el actual nivel de subsidios para colectivos, y que tanto la ciudad de Buenos Aires como la Provincia deberán decidir en su momento si los mayores costos los cubren con aumento de boleto o con subsidios de sus respectivos presupuestos.
¿Dónde quedó la idea de gestionar con sintonÃa fina a través de la tarjeta SUBE para que el gerente de banco que vive en San Isidro y se traslada en el Mitre pague más que el obrero de Paso del Rey que hace seis viajes por dÃa?
Por fuera del enorme problema que en términos fiscales y de iniquidad provocan los subsidios, el gobierno tampoco hizo gala de sintonÃa fina con la baterÃa de medidas que vino tomando para enfrentar las dificultades en el flanco externo y cuidar las reservas. La restricción a la compra de dólares es una historia plagada de improvisación, idas y vueltas, escasa y confusa comunicación, y que está teniendo resultados de dudosa efectividad: es cierto que por un lado se cortó el drenaje, pero también que la brecha entre el oficial y el negro es del 40 por ciento, que los depósitos en dólares cayeron más de 6.000 millones, que eso afectó el crédito a los exportadores, y que el sector inmobiliario está sufriendo una brusco golpe.
La sintonÃa fina tampoco caracteriza la manera en que el dúo Guillermo Moreno-Beatriz Paglieri restringe las importaciones. Hubo innumerable cantidad de casos (ahora menos) de empresas que tuvieron inconvenientes para producir por falta de insumos. Y están los absurdos intercambios compensados de empresas que, a cambio de una comisión, exportan lo que la otra hubiera exportado de todas maneras, para poder importar lo suyo. Algunos ejemplos, en base a datos oficiales: Nissan se comprometió a exportar aceite de soja y biodiesel (es la estrellita); Subaru, maÃz; Mitsubishi, alimento balanceado, manà y agua mineral; Porsche, vinos y aceitunas.
Siguiendo con la industria automotriz, tampoco se percibe sintonÃa fina para promover polÃticas de sustitución serias que permitan elevar el nivel de integración local y aliviar el déficit comercial que genera el complejo automotriz por alrededor de 7.000 millones de dólares anuales. En un trabajo que acaba de publicar en Voces del Fénix el experto Saturnino Angel Castaño resalta que ‘solamente el 38 por ciento de los vehÃculos vendidos en el mercado local son de fabricación nacional, y si consideramos que como máximo el contenido de autopartes es del 30 por ciento, esto significa que al parque automotor de la Argentina se están incorporando vehÃculos con un contenido local de autopartes inferior al 12 por ciento‘.
En el Plan Estratégico Industrial 2020 lanzado a fines del año pasado se establecen como objetivos para el sector automotriz llegar en diez años a fabricar 1,9 millones de autos con un 60 por ciento de integración nacional, y transformar el actual déficit comercial en un superávit de 8.240 millones de dólares.
Es una linda expresión de deseos, pero para lograrlos se requiere de instrumentos bien diseñados y mucha sintonÃa fina en la gestión.
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Marcelo Zlotogwiazda, Periodista
La primera impronta que Cristina quiso darle a su segundo mandato fue la de la sintonÃa fina, y la primera aplicación concreta de ese nuevo estilo de gestión fue el programa de quita de subsidios a la electricidad, el gas y el agua. Se lo anunció como un plan a implementar paulatina y cuidadosamente, a diferencia de la torpeza técnica y polÃtica con que se habÃa intentado recortar los subsidios cuatro años antes.
Era una medida que venÃa siendo reclamada por los principales partidos de la oposición y que contaba con consenso entre los especialistas. Se trataba nada menos que de achicar gastos que para este año podrÃan rondar los 40.000 millones de pesos, con el agravante de que parte considerable de los subsidios beneficiaba a sectores privilegiados, y que las tarifas baratas incentivaban el consumo excesivo de la energÃa que ya escaseaba.
Comenzaron a tono con la declamada sintonÃa fina. Eliminaron por completo los subsidios a algunos barrios de muy alto poder adquisitivo, a un puñado de actividades (bancos, casinos, telefonÃa celular, bingos, etc.), abrieron un registro para la renuncia voluntaria (cuya bajÃsima adhesión revela el nivel de solidaridad y conciencia ciudadana de las clases altas de la sociedad), y adelantaron que la quita se iba a ampliar en base a lo que resultara de las Declaraciones Juradas sobre la Necesidad de Subsidio que se repartirÃan a todos los usuarios.
Pero a ocho meses del lanzamiento el programa esta paralizado, y no hay indicios de que se esté pensando en reactivarlo. Al revés, la nueva fricción entre el gobierno nacional y el bonaerense alrededor de las tarifas de electricidad es una señal de que el kirchnerismo retomó la idea de ‘tarifas baratas para todosÂ’. Apenas Scioli le autorizó a las distribuidoras provinciales aumentos de entre un 10 y un 20 por ciento, le salió al cruce Julio De Vido criticándolo por no apoyar “las polÃticas de inclusión y competitividad que en materia energética lleva adelante el gobierno nacional”.
Además de interrumpir la aplicación de sintonÃa fina con los subsidios a la electricidad, gas y agua, el gobierno parece haber archivado la idea de hacer lo mismo con el transporte, que está insumiendo subsidios por más de 15.000 millones de pesos. En el anuncio del aumento de trenes y colectivos para los que no tengan la tarjeta SUBE que realizó Florencio Randazzo dÃas atrás, se omitió cualquier referencia al aprovechamiento del nuevo sistema para discriminar tarifas según la condición del titular, tal como prometÃa con entusiasmo el ex secretario Juan Pablo Schiavi. A lo sumo, el ministro del Interior y Transporte dijo que quedaba congelado el actual nivel de subsidios para colectivos, y que tanto la ciudad de Buenos Aires como la Provincia deberán decidir en su momento si los mayores costos los cubren con aumento de boleto o con subsidios de sus respectivos presupuestos.
¿Dónde quedó la idea de gestionar con sintonÃa fina a través de la tarjeta SUBE para que el gerente de banco que vive en San Isidro y se traslada en el Mitre pague más que el obrero de Paso del Rey que hace seis viajes por dÃa?
Por fuera del enorme problema que en términos fiscales y de iniquidad provocan los subsidios, el gobierno tampoco hizo gala de sintonÃa fina con la baterÃa de medidas que vino tomando para enfrentar las dificultades en el flanco externo y cuidar las reservas. La restricción a la compra de dólares es una historia plagada de improvisación, idas y vueltas, escasa y confusa comunicación, y que está teniendo resultados de dudosa efectividad: es cierto que por un lado se cortó el drenaje, pero también que la brecha entre el oficial y el negro es del 40 por ciento, que los depósitos en dólares cayeron más de 6.000 millones, que eso afectó el crédito a los exportadores, y que el sector inmobiliario está sufriendo una brusco golpe.
La sintonÃa fina tampoco caracteriza la manera en que el dúo Guillermo Moreno-Beatriz Paglieri restringe las importaciones. Hubo innumerable cantidad de casos (ahora menos) de empresas que tuvieron inconvenientes para producir por falta de insumos. Y están los absurdos intercambios compensados de empresas que, a cambio de una comisión, exportan lo que la otra hubiera exportado de todas maneras, para poder importar lo suyo. Algunos ejemplos, en base a datos oficiales: Nissan se comprometió a exportar aceite de soja y biodiesel (es la estrellita); Subaru, maÃz; Mitsubishi, alimento balanceado, manà y agua mineral; Porsche, vinos y aceitunas.
Siguiendo con la industria automotriz, tampoco se percibe sintonÃa fina para promover polÃticas de sustitución serias que permitan elevar el nivel de integración local y aliviar el déficit comercial que genera el complejo automotriz por alrededor de 7.000 millones de dólares anuales. En un trabajo que acaba de publicar en Voces del Fénix el experto Saturnino Angel Castaño resalta que ‘solamente el 38 por ciento de los vehÃculos vendidos en el mercado local son de fabricación nacional, y si consideramos que como máximo el contenido de autopartes es del 30 por ciento, esto significa que al parque automotor de la Argentina se están incorporando vehÃculos con un contenido local de autopartes inferior al 12 por ciento‘.
En el Plan Estratégico Industrial 2020 lanzado a fines del año pasado se establecen como objetivos para el sector automotriz llegar en diez años a fabricar 1,9 millones de autos con un 60 por ciento de integración nacional, y transformar el actual déficit comercial en un superávit de 8.240 millones de dólares.
Es una linda expresión de deseos, pero para lograrlos se requiere de instrumentos bien diseñados y mucha sintonÃa fina en la gestión.
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Mjmm relacionado al post de osvaldon pero del otro lado del mostrador, el PEI 2020 para el sector automotrÃz nos sigue acarreando casi los mismos problemas que hace 40 años atrás:
Desbalanceadores seriales de la balanza, con un sector subsidiario de PyMES que podrán aportar crecimiento a los sumo y, como es de suponerse, sus centros de investigacion y desarrolo o laboratorios en sus casas matrices, donde los ingenieros de allá laburan de ingenieros mientras los de la sucursal local supervisan… no se…
Debemos volver a fabricar integramente los motores de automotores y heladeras. También los rieles para la renovación de vÃas de ferrocarril.