01/03/14
En 1998, acompañé a Jorge Castro, por entonces Secretario de Estrategia del gobierno nacional, en una gira por la República Popular China. El objetivo era corroborar si, tal como ambos imaginábamos, China se convertirÃa en un mercado importante para el aluvión de productos agrÃcolas que prometÃa la Segunda Revolución de las Pampas, que comenzaba a desplegarse.
En la Argentina se habÃa liberado la soja transgénica, con resistencia a glifosato. La primera compañÃa que empleó el gen RR fue Nidera Semillas, una flamante división de la trading que habÃa aterrizado 65 años antes en el paÃs (1929). Todos sabÃamos que la soja RR iba a desatar un fenomenal crecimiento de la producción, y no solo de soja.
Al facilitarse la rotación agrÃcola gracias a la siembra directa, millones de hectáreas condenadas al uso ganadero extensivo podrÃan dedicarse a la agricultura de alta productividad. La pregunta: “a quién le vamos a vender toda esta soja, todo este maÃz, todo este trigoâ€.
La esperanza estaba en Beijing. Yo habÃa leÃdo el libro de Lester Brown “Who will feed China†(Quién va a alimentar a China). Su tesis era que la demanda de proteÃnas animales iba a provocar faltantes de granos forrajeros y harina de soja. Justo lo que necesitaba la Argentina. Tuve la mala idea de mencionarlo en una cena con un pope de planificación del Partido Comunista Chino. Casi se atraganta. Nos dijo, a Castro y a mÃ, que ese señor Brown era una amenaza para su paÃs, y que su lectura estaba poco menos que prohibida. China acababa de importar su primer millón de toneladas de soja. “Fue por una mala cosecha, pero el año que viene nos recuperaremos. OlvÃdense de que seremos grandes importadores de granosâ€.
Fue un baño de agua frÃa. “La realidad siempre se sublevaâ€, recuerdo que razonó Castro. TenÃa razón.
Quince años después, China está importando 60 millones de toneladas de soja. La soja es para alimentar cerdos, pollos y todo bicho que camina y va a parar al asador. La emergente clase media, quiere poner una pechuga o una chuleta de cerdo arriba del plato de arroz. El pollo sale con fritas, necesitan mucho aceite.
Ya el año pasado mostraron que la voracidad carnÃvora no tiene lÃmites. La compañÃa Shuanghui International Holdings pagó 7.100 millones de dólares por la corporación estadounidense Smithfield, lÃder en la producción de cerdos. Fue también una forma de comprar soja, maÃz y agua con valor agregado.
Con este marco, se conoce ahora la noticia de que Cofco, una enorme corporación alimenticia cuyo principal accionista es el estado chino, compró el 51% de Nidera. ¿Qué es Nidera para ellos? Una empresa global de básicos alimenticios. Argentina es una pata más, aunque poderosa. Un “caño†que, de ida, bombea insumos de alta tecnologÃa hacia el campo. Y, a la vuelta, recibe, procesa y embarca la producción de soja, maÃz, trigo, girasol, a todo el mundo. China es uno de los grandes clientes.
Con este “dealâ€, los chinos se meten en la originación. Y Nidera se introduce más de lleno en el mejor mercado con el aceite refinado, que sale en botellas de litro, etiquetado, desde la planta de ValentÃn Alsina. Su harina de soja va a alimentar las granjas piscÃcolas de Dalian y los pollos de Helonjiang, que terminan en uno de esos Kentucky Fried Chicken que inauguran cada 16 horas. Recibirá los recursos necesarios para profundizar su presencia en semillas en Argentina, Brasil, y Europa Oriental, donde ya campean los genes desarrollados en su laboratorio de biotecnologÃa de JunÃn y Venado Tuerto que permiten controlar malezas terribles, como el Orobanque.
OxÃgeno para competir en el tremendo mundo del trading, y en el no menos peleado ring de la biotecnologÃa.
Ambos ganan. Y la Argentina se acerca a su principal cliente.
En 1998, acompañé a Jorge Castro, por entonces Secretario de Estrategia del gobierno nacional, en una gira por la República Popular China. El objetivo era corroborar si, tal como ambos imaginábamos, China se convertirÃa en un mercado importante para el aluvión de productos agrÃcolas que prometÃa la Segunda Revolución de las Pampas, que comenzaba a desplegarse.
En la Argentina se habÃa liberado la soja transgénica, con resistencia a glifosato. La primera compañÃa que empleó el gen RR fue Nidera Semillas, una flamante división de la trading que habÃa aterrizado 65 años antes en el paÃs (1929). Todos sabÃamos que la soja RR iba a desatar un fenomenal crecimiento de la producción, y no solo de soja.
Al facilitarse la rotación agrÃcola gracias a la siembra directa, millones de hectáreas condenadas al uso ganadero extensivo podrÃan dedicarse a la agricultura de alta productividad. La pregunta: “a quién le vamos a vender toda esta soja, todo este maÃz, todo este trigoâ€.
La esperanza estaba en Beijing. Yo habÃa leÃdo el libro de Lester Brown “Who will feed China†(Quién va a alimentar a China). Su tesis era que la demanda de proteÃnas animales iba a provocar faltantes de granos forrajeros y harina de soja. Justo lo que necesitaba la Argentina. Tuve la mala idea de mencionarlo en una cena con un pope de planificación del Partido Comunista Chino. Casi se atraganta. Nos dijo, a Castro y a mÃ, que ese señor Brown era una amenaza para su paÃs, y que su lectura estaba poco menos que prohibida. China acababa de importar su primer millón de toneladas de soja. “Fue por una mala cosecha, pero el año que viene nos recuperaremos. OlvÃdense de que seremos grandes importadores de granosâ€.
Fue un baño de agua frÃa. “La realidad siempre se sublevaâ€, recuerdo que razonó Castro. TenÃa razón.
Quince años después, China está importando 60 millones de toneladas de soja. La soja es para alimentar cerdos, pollos y todo bicho que camina y va a parar al asador. La emergente clase media, quiere poner una pechuga o una chuleta de cerdo arriba del plato de arroz. El pollo sale con fritas, necesitan mucho aceite.
Ya el año pasado mostraron que la voracidad carnÃvora no tiene lÃmites. La compañÃa Shuanghui International Holdings pagó 7.100 millones de dólares por la corporación estadounidense Smithfield, lÃder en la producción de cerdos. Fue también una forma de comprar soja, maÃz y agua con valor agregado.
Con este marco, se conoce ahora la noticia de que Cofco, una enorme corporación alimenticia cuyo principal accionista es el estado chino, compró el 51% de Nidera. ¿Qué es Nidera para ellos? Una empresa global de básicos alimenticios. Argentina es una pata más, aunque poderosa. Un “caño†que, de ida, bombea insumos de alta tecnologÃa hacia el campo. Y, a la vuelta, recibe, procesa y embarca la producción de soja, maÃz, trigo, girasol, a todo el mundo. China es uno de los grandes clientes.
Con este “dealâ€, los chinos se meten en la originación. Y Nidera se introduce más de lleno en el mejor mercado con el aceite refinado, que sale en botellas de litro, etiquetado, desde la planta de ValentÃn Alsina. Su harina de soja va a alimentar las granjas piscÃcolas de Dalian y los pollos de Helonjiang, que terminan en uno de esos Kentucky Fried Chicken que inauguran cada 16 horas. Recibirá los recursos necesarios para profundizar su presencia en semillas en Argentina, Brasil, y Europa Oriental, donde ya campean los genes desarrollados en su laboratorio de biotecnologÃa de JunÃn y Venado Tuerto que permiten controlar malezas terribles, como el Orobanque.
OxÃgeno para competir en el tremendo mundo del trading, y en el no menos peleado ring de la biotecnologÃa.
Ambos ganan. Y la Argentina se acerca a su principal cliente.