Después de las algarabÃas opositoras del jueves pasado, ningún kirchnerista volvió a hablar de la re-reelección . El oficialismo oscila entre el ninguneo y la descalificación de los cacerolazos, pero lo cierto es que esas manifestaciones clausuraron, por ahora, el proyecto de perpetuar a la Presidenta.
La crÃtica a la reforma de la Constitución fue, junto con el reproche a la descontrolada inseguridad y a la creciente inflación, uno de los tres principales temas convocantes. Es cierto que el petitorio implÃcito fue mucho más amplio (cada uno podÃa poner lo que querÃa), pero la sÃntesis mayoritaria de la protesta podrÃa caber en ese puñado de conflictos.
En los últimos tiempos no faltó semana sin que algún kirchnerista (gobernador, funcionario, legislador) proclamara la necesidad de cambiar la Constitución para que Cristina Kirchner tuviera la oportunidad de una segunda reelección consecutiva.
Esas cosas nunca ocurren en el kirchnerismo, y sobre todo en el cristinismo, sin una orden expresa de la Presidenta. Cuando sucede una obsecuencia espontánea o inconsulta, es ella misma la que se encarga de desautorizar la propuesta, muchas veces en público. Esta vez, Cristina prefirió el silencio, que es una manera de consentir, para responder a los planes de su propia exaltación.
Ni el hiperkirchnerista Carlos Kunkel, dispuesto a eternizar a cualquier precio el espÃritu de la época, volvió a hablar desde el jueves de la re-reelección. No lo podrÃa hacer. AnÃbal Fernández fue el único que hizo un vuelo rasante y rápido sobre el asunto: dijo que Cristina Kirchner no tiene posibilidad de ser reelegida en 2015 y que, por lo tanto, no se explicaba el reclamo social contra la re-reelección. Fue una manera desaliñada y torpe de anunciar la retirada de un discurso.
La polÃtica sabe que ese proyecto es una decisión tomada. Desde el socialismo hasta el macrismo, pasando por el radicalismo y el sindicalismo de Hugo Moyano, se habÃan lanzado a militar contra la reforma. Están lanzados.
El ex ministro de EconomÃa Roberto Lavagna suele decir que no se dará por satisfecho ni aunque le digan que la re-reelección está muerta. «Al cuarto dÃa iré a ver si al tercer dÃa no resucitó», ironiza. Lavagna ocupa gran parte de su actual tiempo polÃtico hablando ante peronistas y radicales contra la reforma.
Existe, sin embargo, otro hecho de estos dÃas que podrÃa convertirse en un serio obstáculo para la reforma de la Constitución. Es la intensa ofensiva verbal del kirchnerismo contra la clase media. Ninguna elección puede ganarse en la Argentina sin ese sector social. Algunos sociólogos estiman que la clase media argentina representa cerca del 80 por ciento de la sociedad. «Hay sectores sociales que no son de clase media, pero que aspiran a serlo y tienen sus mismas aspiraciones», argumentan.
En estos dÃas, cuando abundan los análisis de la crisis europea, muchos analistas subrayan el hecho negativo de que la clase media de Europa haya dejado de consumir. Es un freno enorme para cualquier economÃa. Es el sector social más dinámico, ambicioso y consumista de cualquier sociedad. El sistemático ataque a la clase media argentina podrÃa ser una renuncia inconsciente del kirchnerismo a nuevas victorias electorales. «Â¿Por qué tanto desprecio a la clase media? ¿Será porque gobierna una clase de magnates?», se preguntó, cáustica, la historiadora MarÃa Sáenz Quesada.
El Gobierno se ha encargado de resaltar la importancia de los cacerolazos del jueves pasado. Durante cuatro dÃas, el oficialismo tuvo casi el monopolio de un discurso duro y constante contra las manifestaciones. Nadie ocupa tanto tiempo ni tanta imaginación en un episodio minoritario. Fue muy importante, por lo tanto. La dureza de la réplica oficial es la dirección que marcó la Presidenta. Gobernadores que se habÃan manifestado comprensivos de las marchas, como el sanjuanino José Luis Gioja o el tucumano José Alperovich, rectificaron su posición rápidamente. Oportunas llamadas telefónicas desde Buenos Aires les indicaron que estaban equivocados.
El más significativo de todos fue el ministro de Planificación, Julio De Vido, un peronista al que naturalmente no le gustan las rupturas. Su nombre figuró entre algunos trascendidos como un funcionario moderado frente a los reclamos. Horas después, era más duro que los duros. Es la eterna reacción de De Vido: es más morenista que Moreno o más estatista que Axel Kicillof si la dirección del viento va hacia ahÃ. Es su fórmula para sobrevivir. No le ha ido mal, si ése es su propósito. Sobrevive en el poder desde el primer dÃa de los Kirchner.
Entre las oscilaciones y las contradicciones, el mensaje oficial se ha centrado en dos cuestionamientos básicos a los manifestantes del jueves: que no tienen lÃderes y que se dejaron llevar por una conspiración mediática. También se mencionaron mucho el supuesto odio o los presuntos insultos a los que gobiernan de parte de los manifestantes, pero varios testimonios desmienten que esas expresiones hayan sido mayoritarias. El relato oficial necesita extender hacia todo el universo cacerolero la mancha de aisladas groserÃas. SucederÃa lo mismo si se involucrara a todo el kirchnerismo en los disparatados exabruptos de Hebe de Bonafini. Los fanáticos nunca son mayorÃa.
Una parte del cristinismo resalta la ausencia de lÃderes entre los caceroleros (Kunkel y De Vido, fundamentalmente). Pero otra parte hace trascender que la protesta formó parte de una conspiración polÃtica que va desde Macri hasta Binner. ¿Cómo? ¿No es que carecÃan de lÃderes? El kirchnerismo tiene una astucia incomparable para colocar una realidad encima de otra realidad, hasta hacer ilegible la propia realidad.
Sólo dos canales (uno de aire y otro de noticias, ambos del Grupo ClarÃn) informaron sobre las manifestaciones. Ésa es la conspiración mediática. El subtexto del mensaje cristinista es alarmante: las sociedades no se sublevan cuando están desinformadas. Eso era cierto antes, cuando no existÃan Internet ni las amplias redes sociales. Tal discurso, por otra parte, no deja de ser ofensivo para amplios sectores sociales. ¿Alguien irÃa a una manifestación que no le gustara sólo porque la está viendo en un canal de televisión? ¿Las sociedades son tan manipulables? El cristinismo, al menos, cree que controlando el monopolio del aparato audiovisual basta y sobra para alzarse para siempre con el poder..
La crÃtica a la reforma de la Constitución fue, junto con el reproche a la descontrolada inseguridad y a la creciente inflación, uno de los tres principales temas convocantes. Es cierto que el petitorio implÃcito fue mucho más amplio (cada uno podÃa poner lo que querÃa), pero la sÃntesis mayoritaria de la protesta podrÃa caber en ese puñado de conflictos.
En los últimos tiempos no faltó semana sin que algún kirchnerista (gobernador, funcionario, legislador) proclamara la necesidad de cambiar la Constitución para que Cristina Kirchner tuviera la oportunidad de una segunda reelección consecutiva.
Esas cosas nunca ocurren en el kirchnerismo, y sobre todo en el cristinismo, sin una orden expresa de la Presidenta. Cuando sucede una obsecuencia espontánea o inconsulta, es ella misma la que se encarga de desautorizar la propuesta, muchas veces en público. Esta vez, Cristina prefirió el silencio, que es una manera de consentir, para responder a los planes de su propia exaltación.
Ni el hiperkirchnerista Carlos Kunkel, dispuesto a eternizar a cualquier precio el espÃritu de la época, volvió a hablar desde el jueves de la re-reelección. No lo podrÃa hacer. AnÃbal Fernández fue el único que hizo un vuelo rasante y rápido sobre el asunto: dijo que Cristina Kirchner no tiene posibilidad de ser reelegida en 2015 y que, por lo tanto, no se explicaba el reclamo social contra la re-reelección. Fue una manera desaliñada y torpe de anunciar la retirada de un discurso.
La polÃtica sabe que ese proyecto es una decisión tomada. Desde el socialismo hasta el macrismo, pasando por el radicalismo y el sindicalismo de Hugo Moyano, se habÃan lanzado a militar contra la reforma. Están lanzados.
El ex ministro de EconomÃa Roberto Lavagna suele decir que no se dará por satisfecho ni aunque le digan que la re-reelección está muerta. «Al cuarto dÃa iré a ver si al tercer dÃa no resucitó», ironiza. Lavagna ocupa gran parte de su actual tiempo polÃtico hablando ante peronistas y radicales contra la reforma.
Existe, sin embargo, otro hecho de estos dÃas que podrÃa convertirse en un serio obstáculo para la reforma de la Constitución. Es la intensa ofensiva verbal del kirchnerismo contra la clase media. Ninguna elección puede ganarse en la Argentina sin ese sector social. Algunos sociólogos estiman que la clase media argentina representa cerca del 80 por ciento de la sociedad. «Hay sectores sociales que no son de clase media, pero que aspiran a serlo y tienen sus mismas aspiraciones», argumentan.
En estos dÃas, cuando abundan los análisis de la crisis europea, muchos analistas subrayan el hecho negativo de que la clase media de Europa haya dejado de consumir. Es un freno enorme para cualquier economÃa. Es el sector social más dinámico, ambicioso y consumista de cualquier sociedad. El sistemático ataque a la clase media argentina podrÃa ser una renuncia inconsciente del kirchnerismo a nuevas victorias electorales. «Â¿Por qué tanto desprecio a la clase media? ¿Será porque gobierna una clase de magnates?», se preguntó, cáustica, la historiadora MarÃa Sáenz Quesada.
El Gobierno se ha encargado de resaltar la importancia de los cacerolazos del jueves pasado. Durante cuatro dÃas, el oficialismo tuvo casi el monopolio de un discurso duro y constante contra las manifestaciones. Nadie ocupa tanto tiempo ni tanta imaginación en un episodio minoritario. Fue muy importante, por lo tanto. La dureza de la réplica oficial es la dirección que marcó la Presidenta. Gobernadores que se habÃan manifestado comprensivos de las marchas, como el sanjuanino José Luis Gioja o el tucumano José Alperovich, rectificaron su posición rápidamente. Oportunas llamadas telefónicas desde Buenos Aires les indicaron que estaban equivocados.
El más significativo de todos fue el ministro de Planificación, Julio De Vido, un peronista al que naturalmente no le gustan las rupturas. Su nombre figuró entre algunos trascendidos como un funcionario moderado frente a los reclamos. Horas después, era más duro que los duros. Es la eterna reacción de De Vido: es más morenista que Moreno o más estatista que Axel Kicillof si la dirección del viento va hacia ahÃ. Es su fórmula para sobrevivir. No le ha ido mal, si ése es su propósito. Sobrevive en el poder desde el primer dÃa de los Kirchner.
Entre las oscilaciones y las contradicciones, el mensaje oficial se ha centrado en dos cuestionamientos básicos a los manifestantes del jueves: que no tienen lÃderes y que se dejaron llevar por una conspiración mediática. También se mencionaron mucho el supuesto odio o los presuntos insultos a los que gobiernan de parte de los manifestantes, pero varios testimonios desmienten que esas expresiones hayan sido mayoritarias. El relato oficial necesita extender hacia todo el universo cacerolero la mancha de aisladas groserÃas. SucederÃa lo mismo si se involucrara a todo el kirchnerismo en los disparatados exabruptos de Hebe de Bonafini. Los fanáticos nunca son mayorÃa.
Una parte del cristinismo resalta la ausencia de lÃderes entre los caceroleros (Kunkel y De Vido, fundamentalmente). Pero otra parte hace trascender que la protesta formó parte de una conspiración polÃtica que va desde Macri hasta Binner. ¿Cómo? ¿No es que carecÃan de lÃderes? El kirchnerismo tiene una astucia incomparable para colocar una realidad encima de otra realidad, hasta hacer ilegible la propia realidad.
Sólo dos canales (uno de aire y otro de noticias, ambos del Grupo ClarÃn) informaron sobre las manifestaciones. Ésa es la conspiración mediática. El subtexto del mensaje cristinista es alarmante: las sociedades no se sublevan cuando están desinformadas. Eso era cierto antes, cuando no existÃan Internet ni las amplias redes sociales. Tal discurso, por otra parte, no deja de ser ofensivo para amplios sectores sociales. ¿Alguien irÃa a una manifestación que no le gustara sólo porque la está viendo en un canal de televisión? ¿Las sociedades son tan manipulables? El cristinismo, al menos, cree que controlando el monopolio del aparato audiovisual basta y sobra para alzarse para siempre con el poder..
no se habla o mas bien la opo habla menos de la re por haber quedado satisfecha con la manifestacion,aunque guarda la carta.
JoaquÃn se equivoca. La Presidenta no puede renunciar a la ree, salvo que cumpla con las sugerencias de Jorge:
http://www.jorgeasisdigital.com/2012/09/17/el-cristinismo-fue/
jejeje… Le voy a proponer a Fonteveccia si no quiere hacerte una tapa como la de Cristina, al grito de «Post-Kirchnerismo, Post-Kirchnerismo, ahhh, aaAahhHhh».
Después llega octubre, se cuentan los porotos y… Bueno, el coito interruptus no es extremadamente saludable, pero si a usté le va…