Por Manuel Mora Y Araujo
29/04/12 – 02:02
El grado de apoyo que recibe el gobierno nacional en la población es esencialmente dependiente de la situación económica del paÃs. Por cierto hay otros temas que preocupan a la gente; pero la economÃa es el tema dominante. Desde hace varios años viene ocurriendo algo asÃ: cuando la tendencia de la economÃa es a la baja, el Gobierno registra una sensación térmica incómoda, se preocupa y sobreactúa alguna decisión dramática, hasta que registra que ninguna opción opositora cosecha réditos y entonces retoma la tranquilidad; cuando la tendencia es en alza, el Gobierno se robustece y los grupos opositores se desorientan. Desde luego, tanto en la polÃtica como en la vida cotidiana la gente experimenta el estado de la economÃa como una “sensación†–no porque se lo cuenten o se lo analicen, sino porque lo vive diariamente–; por lo tanto, el registro se produce teñido de otras sensaciones y revestido de discursos y mensajes diversos. Por eso a menudo hay bastante “ruido†alrededor de las señales de la economÃa. Es “ruido†en el sentido de que, lejos de introducir mayor definición en la situación, esos mensajes confunden. El efecto decisivo es, en definitiva, el de la situación económica percibida. Los datos de las encuestas de opinión establecen esto de manera inequÃvoca. Y en esa situación, el Gobierno obtiene réditos y la oposición se desdibuja.
Además de la economÃa, a la gente le preocupan otros temas que hasta ahora no mueven el amperÃmetro electoral –la delincuencia, el desempleo o la educación–. Lo cierto es que, sobre esos temas, desde la polÃtica casi no se dice nada relevante. Desde la oposición se habla más de la calidad institucional y de la corrupción, que aparentemente a muchÃsima gente no le preocupan tanto, y desde el Gobierno se habla de la maldad de los medios de prensa y de cada enemigo circunstancial que elige, y la mayorÃa de la gente no le cree. De la calidad de los servicios públicos –otro gran tema en la Argentina– se habla cuando el tema se instala a través de una tragedia de proporciones, pero no cotidianamente. En general, hay baja sintonÃa entre la polÃtica y la sociedad. Se entiende que un gobierno al que le va bien no busque mejorar la sintonÃa; pero, ¿y la oposición?
¿Qué pasa con esta oposición que no consigue mejorar su desempeño? Es cierto que hay demasiados grupos opositores como para hablar de “una†oposición; pero todos experimentan la misma dificultad, todos fracasan en encontrar una frecuencia de onda para comunicarse con la sociedad. El Gobierno consiguió el 54 por ciento de los votos no porque algo más de la mitad de los argentinos piense exactamente lo mismo sobre todos los asuntos que conducen a decidir el voto, sino porque fue hábil en la formación de una coalición ganadora. Se analizan mucho las diferencias entre distintos integrantes de la coalición gobernante –Scioli, Moyano y los sindicatos, los intendentes del conurbano, los gobernadores, incluso las tensiones internas al núcleo duro del Gobierno–, pero lo cierto es que la Presidenta gobierna con esa coalición y la conduce; tiene sentido de los tiempos, mantiene la iniciativa y maneja con habilidad los recursos de poder que resultan efectivos para sostener esa coalición, a pesar de sus diferencias internas. Asà se ha hecho polÃtica en todos los tiempos.
Los opositores, por otro lado, se encuentran con un 46 por ciento de los votos dispersos. La propensión a la dispersión fue y es la nota dominante en los grupos opositores. La coalición que derrotó a Néstor Kirchner en Buenos Aires en 2009 se dividió pomposamente en 2011. La UCR, que nunca ofreció una autocrÃtica convincente por su mal desempeño en 2011, ahora se muestra dividida ante asuntos muy importantes. Del lado del centro izquierda a los votantes les cuesta entender el fundamento de las fronteras que separan a los socialistas de algunos radicales, algunos miembros de la Coalición CÃvica y Pino Solanas; las misma Coalición CÃvica parece un mosaico pulverizado. Muchos opositores apoyan las polÃticas del Gobierno, criticando el estilo o las formas, mientras otros, a menudo del mismo partido, critican la sustancia de las polÃticas. No se sabe a quién buscan representar unos y otros.
Es difÃcil hacer polÃtica sin sostenerse en algunas ideas. Hacer polÃtica con ideas confusas, y mezclando esa confusión con identidades que también son confusas, es una receta para el fracaso. El Gobierno es exitoso porque sabe lo que quiere y sabe cómo hacer lo que quiere. Es difÃcil saber qué quieren los opositores y parece evidente que, sea lo que sea aquello que busquen, no lo hacen bien. A veces hasta parece que el fracaso es su propósito. En esto los opositores argentinos recuerdan al Club Surrealista de la Francia de los años veinte. Cuando uno de sus miembros más conspicuos publicó un libro que fue récord de ventas en librerÃas, el Club le envió un telegrama diciéndole: “Tu libro ha tenido éxito.
Es una vergüenza. Estás expulsadoâ€. Hay algo de surrealista en la polÃtica argentina.
*Prof. de la Universidad Torcuato Di Tella.
29/04/12 – 02:02
El grado de apoyo que recibe el gobierno nacional en la población es esencialmente dependiente de la situación económica del paÃs. Por cierto hay otros temas que preocupan a la gente; pero la economÃa es el tema dominante. Desde hace varios años viene ocurriendo algo asÃ: cuando la tendencia de la economÃa es a la baja, el Gobierno registra una sensación térmica incómoda, se preocupa y sobreactúa alguna decisión dramática, hasta que registra que ninguna opción opositora cosecha réditos y entonces retoma la tranquilidad; cuando la tendencia es en alza, el Gobierno se robustece y los grupos opositores se desorientan. Desde luego, tanto en la polÃtica como en la vida cotidiana la gente experimenta el estado de la economÃa como una “sensación†–no porque se lo cuenten o se lo analicen, sino porque lo vive diariamente–; por lo tanto, el registro se produce teñido de otras sensaciones y revestido de discursos y mensajes diversos. Por eso a menudo hay bastante “ruido†alrededor de las señales de la economÃa. Es “ruido†en el sentido de que, lejos de introducir mayor definición en la situación, esos mensajes confunden. El efecto decisivo es, en definitiva, el de la situación económica percibida. Los datos de las encuestas de opinión establecen esto de manera inequÃvoca. Y en esa situación, el Gobierno obtiene réditos y la oposición se desdibuja.
Además de la economÃa, a la gente le preocupan otros temas que hasta ahora no mueven el amperÃmetro electoral –la delincuencia, el desempleo o la educación–. Lo cierto es que, sobre esos temas, desde la polÃtica casi no se dice nada relevante. Desde la oposición se habla más de la calidad institucional y de la corrupción, que aparentemente a muchÃsima gente no le preocupan tanto, y desde el Gobierno se habla de la maldad de los medios de prensa y de cada enemigo circunstancial que elige, y la mayorÃa de la gente no le cree. De la calidad de los servicios públicos –otro gran tema en la Argentina– se habla cuando el tema se instala a través de una tragedia de proporciones, pero no cotidianamente. En general, hay baja sintonÃa entre la polÃtica y la sociedad. Se entiende que un gobierno al que le va bien no busque mejorar la sintonÃa; pero, ¿y la oposición?
¿Qué pasa con esta oposición que no consigue mejorar su desempeño? Es cierto que hay demasiados grupos opositores como para hablar de “una†oposición; pero todos experimentan la misma dificultad, todos fracasan en encontrar una frecuencia de onda para comunicarse con la sociedad. El Gobierno consiguió el 54 por ciento de los votos no porque algo más de la mitad de los argentinos piense exactamente lo mismo sobre todos los asuntos que conducen a decidir el voto, sino porque fue hábil en la formación de una coalición ganadora. Se analizan mucho las diferencias entre distintos integrantes de la coalición gobernante –Scioli, Moyano y los sindicatos, los intendentes del conurbano, los gobernadores, incluso las tensiones internas al núcleo duro del Gobierno–, pero lo cierto es que la Presidenta gobierna con esa coalición y la conduce; tiene sentido de los tiempos, mantiene la iniciativa y maneja con habilidad los recursos de poder que resultan efectivos para sostener esa coalición, a pesar de sus diferencias internas. Asà se ha hecho polÃtica en todos los tiempos.
Los opositores, por otro lado, se encuentran con un 46 por ciento de los votos dispersos. La propensión a la dispersión fue y es la nota dominante en los grupos opositores. La coalición que derrotó a Néstor Kirchner en Buenos Aires en 2009 se dividió pomposamente en 2011. La UCR, que nunca ofreció una autocrÃtica convincente por su mal desempeño en 2011, ahora se muestra dividida ante asuntos muy importantes. Del lado del centro izquierda a los votantes les cuesta entender el fundamento de las fronteras que separan a los socialistas de algunos radicales, algunos miembros de la Coalición CÃvica y Pino Solanas; las misma Coalición CÃvica parece un mosaico pulverizado. Muchos opositores apoyan las polÃticas del Gobierno, criticando el estilo o las formas, mientras otros, a menudo del mismo partido, critican la sustancia de las polÃticas. No se sabe a quién buscan representar unos y otros.
Es difÃcil hacer polÃtica sin sostenerse en algunas ideas. Hacer polÃtica con ideas confusas, y mezclando esa confusión con identidades que también son confusas, es una receta para el fracaso. El Gobierno es exitoso porque sabe lo que quiere y sabe cómo hacer lo que quiere. Es difÃcil saber qué quieren los opositores y parece evidente que, sea lo que sea aquello que busquen, no lo hacen bien. A veces hasta parece que el fracaso es su propósito. En esto los opositores argentinos recuerdan al Club Surrealista de la Francia de los años veinte. Cuando uno de sus miembros más conspicuos publicó un libro que fue récord de ventas en librerÃas, el Club le envió un telegrama diciéndole: “Tu libro ha tenido éxito.
Es una vergüenza. Estás expulsadoâ€. Hay algo de surrealista en la polÃtica argentina.
*Prof. de la Universidad Torcuato Di Tella.