Por Artemio Lopez
16/12/11 – 11:58
En su ya muy charlado discurso del jueves en Huracán, Hugo Moyano en un párrafo sustancial y poco analizado, abrió la puerta de negociaciones salariales acordadas entre los trabajadores, el Gobierno y los empresarios que garanticen la competitividad de la economÃa.
La condición que pide el lÃder de la CGT es básica: que el sector patronal pusiera lÃmites a su voracidad corporativa materializada en el proceso de aumento desmedido de precios para sostener tasas de ganancias récord y crecientes.
Un pedido muy pertinente. Sostener la competitividad de la economÃa no debe tener como variable de ajuste el salario ni el tipo de cambio, como antes de mayo de 2003. Es hora de discutir también la tasa de ganancia empresaria.
Al respecto, hemos dicho en esta misma columna que aún hay mucho recorrido disponible para la suba salarial, teniendo en cuenta que hoy los costos laborales por trabajador son los más bajos desde el año 2005 y en promedio tras la megadevaluación, son aún (mucho) más bajos que en el año 2001.
Por otra parte, la alternativa de dólar alto como única vÃa realmente existente para mantener la competitividad de la economÃa en general y la del sector industrial en particular, no es posible. El impacto de una devaluación sobre los precios domésticos desarticularÃa el eje de inclusión social creciente, que el Gobierno debe sostener por diversos motivos, no sólo económicos vinculados al consumo doméstico como motor central del crecimiento. Sucede además que este es un gobierno peronista y despliega un proyecto histórico, si ese despliegue se suspende, el Gobierno ya no gravitarÃa.
Las presiones sobre el tipo de cambio recientes y las anteriores (hubieron cinco según Cristina) se inscriben en la saga –entre otras cosas– de perpetuar la competitividad vÃa tipo de cambio alto, exclusivamente. Complementariamente, debe señalarse que otras alternativas menos salvajes de ganancia de competitividad no se han transitado con la intensidad deseada.
Por ejemplo, los niveles de inversión privada en el paÃs, no son aún los esperables en una etapa que permitió altÃsimas tasas de ganancia empresaria, mientras, cerrando el cÃrculo, el sector financiero privado, otro gran ganador de la etapa, no presta a tasas y plazos razonables más que para el consumo y pareciera ya demandar a los gritos una ley de reforma que ordene el volumen, la orientación y costo del crédito.
Para enfocar aún más la problemática que enfrenta en el tercer mandato del proyecto nacional iniciado en mayo de 2003, un párrafo muy interesante de un nuevo-viejo artÃculo del Axel Kicillof, hoy viceministro de EconomÃa, que permite analizar la extensión del campo del debate y los lineamientos probables de la polÃtica económica para un año donde “la etapa rosa†va concluyendo y se demanda “sintonÃa finaâ€.
Desde luego, se trata de “sintonÃa fina†sobre el gasto público, pero también sobre la competitividad empresaria, su tasa de ganancia media, costos laborales, montos de inversión, orientación y montos del crédito y, finalmente, solo como un componente importante del sistema, el nivel del tipo de cambioâ€.
El del dólar entonces es un precio de la economÃa de singular importancia, que no deberá se “alto†sino el valor resultante en el marco de un conjunto de polÃticas orientadas a darle la deseada “competitividad†a la economÃa.
Asà las cosas, lo que primero debe garantizarse es el sustento polÃtico del Gobierno, puesto que como señalara Néstor en setiembre de 2003 frente a la asamblea de la ONU, “los muertos no paganâ€, y está más que probado que “los muertos no compitenâ€.
Dice Kicillof: la polÃtica económica basada casi exclusivamente en el tipo de cambio tuvo indudablemente buenos resultados en términos de crecimiento. Pero su etapa “rosa†está llegando a su fin. Los aumentos de precios fueron limando la competitividad y los beneficios de la protección, porque con una paridad fija reducen el tipo de cambio real. Peor aún, aunque el empleo se expandió, los salarios no lograron siquiera superar, en términos reales, el techo de la década de 1990.
En la actual discusión, la ortodoxia atribuye todas las dificultades a la intervención del Estado y reclama “enfriar†la economÃa a través de la contracción del crédito, del gasto público y de los salarios. Se equivocan. A todas luces es necesario trascender la simple receta del “dólar caroâ€, pero para convertir al crecimiento actual en un verdadero proceso de reindustrialización.
*Director Consultora Equis.
16/12/11 – 11:58
En su ya muy charlado discurso del jueves en Huracán, Hugo Moyano en un párrafo sustancial y poco analizado, abrió la puerta de negociaciones salariales acordadas entre los trabajadores, el Gobierno y los empresarios que garanticen la competitividad de la economÃa.
La condición que pide el lÃder de la CGT es básica: que el sector patronal pusiera lÃmites a su voracidad corporativa materializada en el proceso de aumento desmedido de precios para sostener tasas de ganancias récord y crecientes.
Un pedido muy pertinente. Sostener la competitividad de la economÃa no debe tener como variable de ajuste el salario ni el tipo de cambio, como antes de mayo de 2003. Es hora de discutir también la tasa de ganancia empresaria.
Al respecto, hemos dicho en esta misma columna que aún hay mucho recorrido disponible para la suba salarial, teniendo en cuenta que hoy los costos laborales por trabajador son los más bajos desde el año 2005 y en promedio tras la megadevaluación, son aún (mucho) más bajos que en el año 2001.
Por otra parte, la alternativa de dólar alto como única vÃa realmente existente para mantener la competitividad de la economÃa en general y la del sector industrial en particular, no es posible. El impacto de una devaluación sobre los precios domésticos desarticularÃa el eje de inclusión social creciente, que el Gobierno debe sostener por diversos motivos, no sólo económicos vinculados al consumo doméstico como motor central del crecimiento. Sucede además que este es un gobierno peronista y despliega un proyecto histórico, si ese despliegue se suspende, el Gobierno ya no gravitarÃa.
Las presiones sobre el tipo de cambio recientes y las anteriores (hubieron cinco según Cristina) se inscriben en la saga –entre otras cosas– de perpetuar la competitividad vÃa tipo de cambio alto, exclusivamente. Complementariamente, debe señalarse que otras alternativas menos salvajes de ganancia de competitividad no se han transitado con la intensidad deseada.
Por ejemplo, los niveles de inversión privada en el paÃs, no son aún los esperables en una etapa que permitió altÃsimas tasas de ganancia empresaria, mientras, cerrando el cÃrculo, el sector financiero privado, otro gran ganador de la etapa, no presta a tasas y plazos razonables más que para el consumo y pareciera ya demandar a los gritos una ley de reforma que ordene el volumen, la orientación y costo del crédito.
Para enfocar aún más la problemática que enfrenta en el tercer mandato del proyecto nacional iniciado en mayo de 2003, un párrafo muy interesante de un nuevo-viejo artÃculo del Axel Kicillof, hoy viceministro de EconomÃa, que permite analizar la extensión del campo del debate y los lineamientos probables de la polÃtica económica para un año donde “la etapa rosa†va concluyendo y se demanda “sintonÃa finaâ€.
Desde luego, se trata de “sintonÃa fina†sobre el gasto público, pero también sobre la competitividad empresaria, su tasa de ganancia media, costos laborales, montos de inversión, orientación y montos del crédito y, finalmente, solo como un componente importante del sistema, el nivel del tipo de cambioâ€.
El del dólar entonces es un precio de la economÃa de singular importancia, que no deberá se “alto†sino el valor resultante en el marco de un conjunto de polÃticas orientadas a darle la deseada “competitividad†a la economÃa.
Asà las cosas, lo que primero debe garantizarse es el sustento polÃtico del Gobierno, puesto que como señalara Néstor en setiembre de 2003 frente a la asamblea de la ONU, “los muertos no paganâ€, y está más que probado que “los muertos no compitenâ€.
Dice Kicillof: la polÃtica económica basada casi exclusivamente en el tipo de cambio tuvo indudablemente buenos resultados en términos de crecimiento. Pero su etapa “rosa†está llegando a su fin. Los aumentos de precios fueron limando la competitividad y los beneficios de la protección, porque con una paridad fija reducen el tipo de cambio real. Peor aún, aunque el empleo se expandió, los salarios no lograron siquiera superar, en términos reales, el techo de la década de 1990.
En la actual discusión, la ortodoxia atribuye todas las dificultades a la intervención del Estado y reclama “enfriar†la economÃa a través de la contracción del crédito, del gasto público y de los salarios. Se equivocan. A todas luces es necesario trascender la simple receta del “dólar caroâ€, pero para convertir al crecimiento actual en un verdadero proceso de reindustrialización.
*Director Consultora Equis.