A menos de una semana de la muerte de Nisman serÃa prematuro avanzar demasiado sobre cómo terminó la vida del magistrado. Pero alcanza para analizar algunos comportamientos mediáticos alrededor del fiscal y de la causa AMIA y algunas de las opacas zonas fronterizas entre la polÃtica, el espionaje y el periodismo.
La fiscalÃa especial para investigar el atentado a la AMIA fue creada en el 2005 por el entonces presidente Néstor Kirchner y dotada de significativos recursos humanos y económicos para relanzar una investigación moribunda que diez años más tarde seguÃa sin condenas y con el juez y los fiscales que habÃan llevado adelante del caso procesados por encubrimiento.
Desde entonces y hasta hace muy poco tiempo, la investigación de Nisman habÃa estado bajo el amparo de una polÃtica de Estado que incluÃa al gobierno argentino, al juez, a los principales diarios y noticieros del paÃs (tanto k como anti k), a los principales polÃticos del gobierno y de la oposición y a los dirigentes de las principales organizaciones de la comunidad judÃa. Entre todos ellos regÃa un acuerdo patriótico de no cuestionar la causa ni plantear objeciones al trabajo del fiscal. Como le explica un dirigente de la DAIA a diplomáticos estadounidenses en un cable filtrado por el sitio Wikileaks, aunque existìan dudas sobre la investigación, eran calladas porque la opinión pública no soportar{ia otro fracaso en un tema tan sensible.
Después del peor atentado terrorista en la historia argentina, 85 muertos, después del bochorno vergonzoso en el que habÃa terminado la primera investigación, si la segunda investigación iba a ser como la otra, con los mismos acusados, con los mismos testigos entre misteriosos y truchos, básicamente las mismas pruebas endebles, pues entonces por lo menos que no se note. Busquen los clips de los noticieros en YoutTube, Relean las tapas de los diarios. Googleen el declaracionismo. Repasen todas las decisiones de Canicoba Corral y verán que rara vez lo criticaron al fiscal estrella de la causa AMIA y que nunca le dijeron no.
Todos ellos, funcionarios, dirigentes comunitarios y periodistas que se ocupaban del tema. sabÃan que la fiscalÃa de Nisman se nutrÃa básicamente de una fuente. Nisman nunca lo ocultó. SabÃan que el peso de la investigación lo llevaba el director de Contrainteligencia de la SecretarÃa de Inteligencia, alias Jaime Stiusso, y a través de él, los servicios de inteligencia extranjeros, especialmente de Estados Unidos e Israel. ¿Y cómo es que Stiusso se habÃa ganado la confianza de los americanos y los israelÃes? Más allá de su cargo y permanencia, la verdad es que ni idea, no lo conozco, ni siquiera sé si habla ingles, aunque muchos que escribieron sobre él lo describen como una especie de genio de la tecnologÃa especializado en pinchadura. Si conociera a los manejadores extranjeros de Stiusso me encantarÃa preguntarles. La cosa es que todos sabÃan: Néstor, Cristina, Canicoba, los presidentes de la AMIA y la DAIA, los tres periodistas de La Nación, ClarÃn y Página 12 que llevan el tema por lo menos desde el 2005, sus editores responsables y unas cuantas personas más. Yo me enteré en el 2011 cuando Nisman me citó para hablar de los cables de la embajada estadounidense que acababa de publicar en mi libro Argenleaks.
Habia descubierto que los cables decÃan que Nisman recibÃa ordenes directas de la embajada estadounidense de no investigar la pista siria y la conexión local y de dar por cierta la culpabilidad de los iranÃes, aunque ningún juicio se habÃa realizado. Que Nisman le anticipaba sus dictámenes y los fallos del juez Canicoba Corral a la embajada con varios dÃas de anticipación. Que una vez Nisman llevó a la embajada un dictámen de dos carillas y que la embajada lo mando a corregirlo, entonces Nisman volvió unos dÃas después con un dictamen de nueve carillas que sà fue aprobado por la embajada y recién entonces presentado en la causa. Y que otra vez Nisman pidió perdón tantas veces por no avisar que pedirÃa la captura de Menem, que los diplomáticos tuvieron que escribir tres cables distintos para dar cuenta de sus sucesivas ampliaciones de sus pedidos de perdon y de sus promesas de que no volverÃa a suceder. Todo eso reflejaba una falta de independencia del fiscal nada menos que ante una potencia extranjera, por muy amiga que fuera, y enseguida me pareció que la información era de indudable interés general. Pero mi diario no quiso publicarla y a medida que los Wikileaks iban pasando de manos, me di cuenta que los demás medios tampoco publicaban ni ponÃan al aire nada. Asà conocà la pata mediática de la polÃtica de Estado con respecto al atentado a la AMIA, una de las razones que me impulsó a escribir los capÃtulos «AMIA» en Argenleaks y «Nisman» en Politileaks, mis dos libros.
«Â¿Cómo? ¿No lo conocés a Jaime?» me preguntó Nisman entre extrañado y sorprendido en aquel encuentro del 2011. Acababa de decirme que en una causa tan compleja, en la que uno básicamente depende de lo que puedan averiguar los servicios de inteligencia extranjeros, su información provenÃa de Stiusso, ya que Stiusso era el que manejaba la relación con los servicios israelÃes y estadounidenses. Me dijo que su tarea consistÃa en chequear la inteligencia en bruto que le mandaba el agente, y tratar de confirmar datos para que se puedan judicializar, ya que no todo lo que le mandaba servÃa. Fue la única vez que lo vi y me lo dijo sin conocerme. O sea, no era ningún secreto: Stiusso manejaba la investigación.
Y yo no conocÃa a Stiusso, pero por supuesto que sabÃa quién era. Un espÃa legendario de los tiempos de la dictadura, que habÃa trabajado con Nisman en la bochornosa primera investigación de la AMIA, él como informante, Nisman como fiscal auxiliar. Un personaje oscuro al que por entonces se le atribuÃan todo tipo de «carpetazos» (operaciones de prensa) contra distintos personajes del gobierno y la oposición. desde Boudou y De Narvaez, hast Enrique Olivera y el jefe de la bonaerense. Y sabÃa, sabÃamos quién era porque Stiusso se habÃa hecho famoso, y peor que le puede pasar a un espÃa es hacerse famoso. Fue en julio del 2004 cuando el entonces renunciante ministro de Justicia, Gustavo Béliz, mostró una foto del agente en el programa de Mariano Grondona y denunció que Stiusso habÃa montado «un ministerio de seguridad paralelo», al que describió como «una especie de Gestapo.»
La denuncia y la exhibición de la foto le costaron años de exilio y una batalla judicial a Béliz y su familia, pero a Nisman ni siquiera lo despeinó. La fiscalÃa siguió su trabajo como siempre.
Era como si existiera un Stiuso bueno y un Stiusso malo. El Stiusso bueno avanzaba con la causa, sobre todo con los pedidos de captura contra los funcionarios y ex funcionarios iranÃes acusados de haber planificado el atentado, con un dictamen que serÃa confirmado primero por el juez y luego por Interpol en el caso de cinco de los ocho requeridos, por votación unánime del directorio. (Esto, luego de un intenso trabajo de cabildeo conjunto secreto entre el Departamento de Estado estadounidense y la cancillerÃa argentina, al filo de la presión polÃtica, con distintos paises miembro del directorio de Interpol, según consta en una serie de cables filtrados por Wikileaks, a los que se puede acceder en www.cablegatesearch.net,, ponchando el paÃs «Argentina» y la palabra «Nisman».)
El Stiuso bueno tenÃa la cara del fiscal Nisman que seducÃa a los periodistas con su promesas de exclusivas de documentos secretos con revelaciones explosivas que nunca terminaban de estallar. Funcionaba asÃ: cada vez que iba a hacer una presentación judicial avisaba a sus contactos medi{aticos, generaba expectativa. Después, el dÃa de la presentación, entregaba un resumen de diez o quince páginas, como hizo con la denuncia contra la presidenta. Con eso, los diarios hacÃan sus tapas y echaban a rodar el ciclo informativo. El resto era material clasificado, sensible, que debÃa permanecer bajo estricto secreto de sumario, porque estaba en juego la vida de agentes secretos. Cuando se terminaba de filtrar el escrito completo resultaba ser una zaraza de los servicios que no terminaba de probar nada, pero el ciclo informativo ya habÃa pasado hacÃa varios dÃas y a nadie le interesaba demasiado si las pruebas era endebles o secretas porque el juez bancaba, el gobierno bancaba, la opo bancaba, la AMIA bancaba y habÃa que meterle para adelante.
Pasó con el supuesto chofer del coche bomba que habrÃa volado la sede mutual judÃa, Ibrahim Berro. Cuando Nisman anunció el 2005 que sus hermanos en Michigan habÃan confesado que Ibrahim era el atacante suicida, el resumen de diez páginas de una presentación judicial de cientos de páginas que Nisman habÃa entregado a los medios, fue tapa de todos los diarios y cabeza de todos los noticieros. Pero cuando se conoció la transcripción de la entrevista a los hermanos de Berro semanas más tarde, se supo que los hermanos habÃan negado que Irahim tuviera algo que ver con el atentado. Entonces Nisman dijo que los hermanos mentÃan y a partir de ahà los grandes diarios y noticieros dieron por hecho en innumerables noticias que Ibrahim Berro era el atacante suicida.
HabÃa excepciones, claro, sobre todo algunos familiares de las vÃctimas y periodistas rebeldes. Los autores de los tres libros de investigación más importantes que se hicieron sobre el atentado, Salinas, Levinas y Lanata-Goldman, rechazaron la hipótesis central de Nisman. Esto es, que fue un atentado con coche bomba y conductor suicida llevado adelante por una célula de Hezbolá, con apoyo logÃstico desde la Triple Frontera, por orden de la entonces cúpula del gobierno iranÃ. Los cuatro autores hoy aseguran que el coche bomba no existió, dato a partir del cual descreen de toda la historia.
Pero el apoyo para Nisman era tan sólido que hasta parecÃa abrumador. El juez confirmaba, la prensa avalaba, el gobierno financiaba, la opo otorgaba, las fuerzas vivas de la comunidad acompañaban. Algunas crÃticas aquà y allá cerca del aniversario como para no perder la costumbre, sÃ, pero con crédito abierto para el fiscal especial y para el Stiusso bueno.
El Stiusso malo no tenÃa cara y era un personaje oscuro y poderoso que metÃa mucho miedo. Aparece en uncable del 9 de julio del 2008, en el que Julio y Fernán Saguier, dos de los dueños del diario La Nación, según describe el tÃtulo del despacho, van a la embajada estadounidense a quejarse de las «presiones» del gobierno contra el diario, En el párrafo siete, el cable dice asÃ:
La cobertura investigativa de La Nación en los dÃas previos habÃa implicado a Jaime Stiuso, Director General de Operaciones en la agencia de inteligencia del Gob. de Arg. (SIDE) en el caso Antonini Wilson. Los Saguier consideran a Stiuso una figura ponzoñosa («noxious») que usa información, presumiblemente del Gob. de Arg., en contra de Argentinos con varios propósitos. Explicaron que La Nación publicó registros que mostraron que Stiuso habÃa estado en contacto con el ex funcionario Argentino Claudio Uberti poco tiempo después del descubrimiento de U$S 800,000 en un aeropuerto de Buenos Aires en una valija que llevaba Antonini Wilson . El artÃculo rastrea muchas llamadas hechas por Uberti a la residencia presidencial en el suburbio de Olivos y otros inmediatamente después de la incautación de la valija con U$S 800,000 hecha por agentes de Migraciones en el aeropuerto. Stiuso habrÃa hecho tres llamadas a Uberti tres dÃas después del descubrimiento. Los Saguier le mostraron al embajador un artÃculo posterior que habÃa salido en el diario pro-gobierno BAE sobre otro caso que involucraba a Stiuso, en el que el ex Ministro de Justicia Béliz está siendo juzgado por haber revelado la identidad de Stiuso por televisión. El artÃculo dice que La Nación es un apoyo posible para la defensa de Béliz. Los Saguier se lo tomaron como una advertencia sutil.
Y más abajo, en el párrafo nueve:
Julio dijo que estaba seguro que los teléfonos y las computadoras del diario habÃan sido pinchados y hackeados. El propio Fernán habÃa sufrido un «secuestro virtual» la semana anterior. Mientras tomaba café con alguien su esposa recibió una llamada diciendo que habÃa sido secuestrado. Los que llamaban tenÃan detalles precisos sobre el el auto que estaba usando en ese momento. Su esposa no podÃa localizarlo porque su celular estaba apagado, Todo transcurrió en un par de horas. Cuando la policÃa le dijo que probablemente se trató de un hecho policial común, tuvo serias dudas, Otro crimen contra el staff del diario fue el robo en la casa de Obarrio (el periodista de La Nación acreditado en la casa Rosada), hace más o menos un año, el mismo dÃa en que tenÃa una suma importante de efectivo para comprarse un departamento nuevo. Los ladrones tenÃan algún tipo de conocimiento previo, ellos creen, basado en evidencias de que su teléfono habÃan sido pinchados y que aparentemente habÃan entrado usando llaves. (Obarrio luego ,le dijo al agregado de prensa que habÃa presentado una querella criminal y que los abogados de La Nación estaban empujando a los fiscales para que investiguen.) También se habló del publicitado robo esa semana al popular periodista radial Chiche Gelblung.
Aún asÃ, el diario nunca dejo de apoyar las investigaciones de el tándem Nisman-Stiusso. Con honrosas excepciones, hasta el dÃa de hoy sigue siendo uno de los más entusiastas seguidores de la última obra del dúo, la canción de despedida, la denuncia de un complot encabezado porla presidenta para garantizar la impunidad de los asesinos que bombardearon la AMIA.
Como ya es público y notorio a esta altura del partido, la polÃtica de Estado para proteger la investigación Nisman Stiusso se empezó a romper hace dos años cuando el gobierno argentino firmó un memorándum de entendimiento con el gobierno iranà para que una Comisión de la Verdad compuesta por juristas propuestos por ambos paÃses determine la culpabilidad o no de los acusados iranÃes, eje de un brusco giro geopolÃtico que emprendió el gobierno en la segunda parte de la presidencia de Cristina. Se rompió todavÃa más el mes pasado cuando el gobierno echó a Stiusso de la SecretarÃa de Inteligencia y se terminó de romper del todo hace diez dÃas cuando Nisman denunció a la presidenta.
A partir del acuerdo con Irán el caso AMIA cayó en la grieta: para los medios anti k Nisman fue más que nunca un valiente fiscal de la patria. mientras que para los medios k pasó a ser una mezcla entre demonio, inepto y vende humo. El gobierno quedó de un lado, la oposición del otro, y las organizaciones judÃas en el medio, tironeadas desde los dos costados. Pimero apoyaron el acuerdo en una conferencia de prensa conjunta con el canciller Timerman. Después cambiaron de parecer y se pronunciaron en favor del rechazo antes de que el Congreso aprobara el acuerdo. Después jugaron más fuerte: fueron a la justicia y consiguieron que un tribunal lo declare inconstitucional. Pero cuando el fiscal denunció a la presidenta, dudaron y terminaron retaceándole el apoyo ante la certeza de que Nisman se presentarÃa en el Congreso, digámoslo asÃ, como de costumbre, con mucho entusiasmo y convicción, pero bastante flojo de papeles.
Para entender cómo las lÃneas editoriales de las dos grandes corporaciones mediáticas atraviesan la causa AMIA tanto como las operaciones de inteligencia y los intereses geopolÃticos para generar una gran ensalada que termina obturando la búsqueda de la verdad, tal vez convenga detenerse en el cruce informativo que protyagonizaron los dos periodistas más importantes de la Argentina.
Por un lado Jorge Lanata, el editor más creativo y el mejor formador de equipos periodÃsticos del paÃs, legÃtimo heredero de Natalio Botana y Jacobo Timerman. Desde de que escribió su libro «cortinas de humo» meses después del atentado y durante años Lanata se la pasó denunciando, muchas veces en soledad, que la causa AMIA era una truchada y que Nisman era un trucho. En este video de DÃa D se lo ve a Lanata diciendo que la causa AMIA es miles y miles de páginas de «nada». Pero ya con la camiseta de grupo ClarÃn cuando el fiscal denunció a la presidenta, Lanata decidió que la denuncia de Nisman era tan seria que ameritaba dejar en suspenso todo lo anterior. Desde entonces es uno de los fogoneros de la lÃnea ClarÃn: a Nisman lo mataron o lo suicidaron para callarlo por la gravedad de lo que iba a denunciar.
Por el otro lado Horacio Verbitsky, el mejor periodista de investigación de la Argentina, legÃtimo heredero de Rodolfo Walsh. La semana pasada, después de la denuncia de Nisman contra la presidenta, Verbitsky escribió en el diario oficialista Página 12: «La gravÃsima denuncia del fiscal Alberto Nisman contra la presidente CFK intenta apuntalar la versión sobre el atentado a la sede de la DAIA que acordaron hace más de veinte años los gobiernos de Israel y la Argentina, con el respaldo de Estados Unidos, cuando aún no habÃa terminado la remoción de los escombros: acusar a Irán y no investigar la participación de Siria, pese a que las condiciones internacionales han cambiado. El problema es que en la causa no abundan elementos que lo sostengan, por lo cual ese relato descansa en recursos polÃticos y publicitarios. Mientras, nada se ha avanzado en el caudaloso expediente judicial.» El artÃculo dice que el mismo Verbitsky ya les habÃa advertido a sus lectores en el 2004, esto es, antes de que Néstor les creara a Stiusso y Nisman la fiscalÃa especial, que se trataba de una investigación trucha, digitada de antemano. También recuerda que en 2005 informó sobre la necesidad de reformar los servicos de inteligencia tras un acuerdo amistoso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos entre el gobierno argentino y la entidad de familiares de vÃctimas Memoria Abierta con representación legal del CELS el organismo derechos humanos que preside Verbitsky. La referencia al sus añejos escritos del 2004 2005 parecen reflejar que durante la década kirchnerista Verbitsky se fumó a dupla Nisman-Stiuso, priorizando en sus investigaciones periodÃsticas otros temas de indudable interés público y polìtico.
O sea, cuando Verbistsky empezó a atacar Nisman y Stiuso en sintonÃa con la nueva lÃnea editorial del gobierno, Lanata, que siempre los habÃa atacado, empezó a defenderlos en sintonÃa con la linea editorial de Clarìn, su nuevo empleador,
Entramos en la era del posperioidsmo. Los medios se han convertido en extremos de corporaciones y los periodistas giramos alrededor de ellas como satélites, algunos màs cerca del eje, otros buscando más distancia, como intentando resisitir ese centro de gravedad que se representa en el metamensaje de la corporaciòn.
Yo, como editor de Pagina 12 y director de la MaestrÃa de Periodismo de la UBA, prestigioso cargo al que accedà durante este final de década kirchnerista, junto con el colega Verbitsky, parte de la corporación estatal. Lanata, parte de una corporación que no es ningún monopolio, pero que ejerce (o ejercÃa hasta la ley de medios) un posición dominante en prácticamente todos los mercados infocomunicacionales de paÃs, superando en el análisis comparativo a gigantes como la red Globo de Brasil o Televisa de México, según documentó la investigación de Mastrini y Becerra Periodistas y Magnates (Prometeo).
Entramos en una era en que las corporaciones y los actores comunican directamente y sin intermediarios. O que comunican a través de voceros que venden y compran de los dos lados del mostrador, fingiendo que se trata una novedad para poder llamarla noticia.
Entonces, ¿qué hacemos con la causa Nisman y con la causa AMIA?
En la causa Nisman esperar y dejar que la fiscal y la jueza trabajen tranquilas. Yo sé que esto puede sonar kirchnerista y que no es lo que piensa la gran mayorÃa de los argentinos, porque las conspiraciones siempre son seductoras y porque estamos en un año electoral. Pero hasta ahora las evidencias que se conocen apuntan a un suicidio. Mejor dicho no apareció hasta ahora ni una prueba sólida que apunte a un asesinato. Que Nisman le dijo a su personal trainer no cuenta como prueba. Casi lo único que se sabe a ciencia cierta es que un colaborador de su máxima confianza le llevó un revolver, se fue, y a la mañana siguiente encontraron a Nisman con un balazo en la cabeza, tirado en el baño .de su custodiado departamento de edificio inteligente. Con respecto a que lo suicidaron, hay presiones y presiones y hay que investigarlas a todas. Pero si Nisman tenìa una custodia de diez personas, no una o dos hay que dar por bueno que ya lo habìan amenazado de las formas posibles y en todos los idiomas. Por eso conviene ser prudentes y esperar. Revisar todo y estar muy atentos, como pide Lanata, reformar la ley de inteligencia y transparentar el accionar los servicios como pide Verbitsky
Con respecto a la causa AMIA, un volver a empezar puede sonar doloroso, pero qué más decir: el camino se hace al andar. Pero no empezaremos de cero, Que la pista iranà no se haya probado no quiere decir que haya que dejarla. Al contrario. Dato por dato, folio por folio, los iranÃes siguen siendo los principales sospechosos. Aunque todo debe ser revisado con ojos frescos, insospechados y debidamente consensuados, los principales proponentes tanto la pista siria (Escudé) como pista la narco (Salinas), ni hablar de la pista del autoatentado (Petrosino) hoy por hoy lejos están de producir las pruebas que puedan convencer a una opinión pública comprometida y a una justicia independiente, como va a hacer falta para esclarecer el atentado.
Mientras tanto, por ahora, esto es lo que hay. Tenemos a Stiusso en nuestras pesadillas, tenemos a un paÃs entero conmovido por la muerte de un fiscal. Tenemos medios cruzados y operetas de espìas. Tenemos a los iranìes con pedido de captura como principales sospechosos aunque sin demasiadas pruebas de un crimen atroz que ya cumplió 20 años de impunidad.
La fiscalÃa especial para investigar el atentado a la AMIA fue creada en el 2005 por el entonces presidente Néstor Kirchner y dotada de significativos recursos humanos y económicos para relanzar una investigación moribunda que diez años más tarde seguÃa sin condenas y con el juez y los fiscales que habÃan llevado adelante del caso procesados por encubrimiento.
Desde entonces y hasta hace muy poco tiempo, la investigación de Nisman habÃa estado bajo el amparo de una polÃtica de Estado que incluÃa al gobierno argentino, al juez, a los principales diarios y noticieros del paÃs (tanto k como anti k), a los principales polÃticos del gobierno y de la oposición y a los dirigentes de las principales organizaciones de la comunidad judÃa. Entre todos ellos regÃa un acuerdo patriótico de no cuestionar la causa ni plantear objeciones al trabajo del fiscal. Como le explica un dirigente de la DAIA a diplomáticos estadounidenses en un cable filtrado por el sitio Wikileaks, aunque existìan dudas sobre la investigación, eran calladas porque la opinión pública no soportar{ia otro fracaso en un tema tan sensible.
Después del peor atentado terrorista en la historia argentina, 85 muertos, después del bochorno vergonzoso en el que habÃa terminado la primera investigación, si la segunda investigación iba a ser como la otra, con los mismos acusados, con los mismos testigos entre misteriosos y truchos, básicamente las mismas pruebas endebles, pues entonces por lo menos que no se note. Busquen los clips de los noticieros en YoutTube, Relean las tapas de los diarios. Googleen el declaracionismo. Repasen todas las decisiones de Canicoba Corral y verán que rara vez lo criticaron al fiscal estrella de la causa AMIA y que nunca le dijeron no.
Todos ellos, funcionarios, dirigentes comunitarios y periodistas que se ocupaban del tema. sabÃan que la fiscalÃa de Nisman se nutrÃa básicamente de una fuente. Nisman nunca lo ocultó. SabÃan que el peso de la investigación lo llevaba el director de Contrainteligencia de la SecretarÃa de Inteligencia, alias Jaime Stiusso, y a través de él, los servicios de inteligencia extranjeros, especialmente de Estados Unidos e Israel. ¿Y cómo es que Stiusso se habÃa ganado la confianza de los americanos y los israelÃes? Más allá de su cargo y permanencia, la verdad es que ni idea, no lo conozco, ni siquiera sé si habla ingles, aunque muchos que escribieron sobre él lo describen como una especie de genio de la tecnologÃa especializado en pinchadura. Si conociera a los manejadores extranjeros de Stiusso me encantarÃa preguntarles. La cosa es que todos sabÃan: Néstor, Cristina, Canicoba, los presidentes de la AMIA y la DAIA, los tres periodistas de La Nación, ClarÃn y Página 12 que llevan el tema por lo menos desde el 2005, sus editores responsables y unas cuantas personas más. Yo me enteré en el 2011 cuando Nisman me citó para hablar de los cables de la embajada estadounidense que acababa de publicar en mi libro Argenleaks.
Habia descubierto que los cables decÃan que Nisman recibÃa ordenes directas de la embajada estadounidense de no investigar la pista siria y la conexión local y de dar por cierta la culpabilidad de los iranÃes, aunque ningún juicio se habÃa realizado. Que Nisman le anticipaba sus dictámenes y los fallos del juez Canicoba Corral a la embajada con varios dÃas de anticipación. Que una vez Nisman llevó a la embajada un dictámen de dos carillas y que la embajada lo mando a corregirlo, entonces Nisman volvió unos dÃas después con un dictamen de nueve carillas que sà fue aprobado por la embajada y recién entonces presentado en la causa. Y que otra vez Nisman pidió perdón tantas veces por no avisar que pedirÃa la captura de Menem, que los diplomáticos tuvieron que escribir tres cables distintos para dar cuenta de sus sucesivas ampliaciones de sus pedidos de perdon y de sus promesas de que no volverÃa a suceder. Todo eso reflejaba una falta de independencia del fiscal nada menos que ante una potencia extranjera, por muy amiga que fuera, y enseguida me pareció que la información era de indudable interés general. Pero mi diario no quiso publicarla y a medida que los Wikileaks iban pasando de manos, me di cuenta que los demás medios tampoco publicaban ni ponÃan al aire nada. Asà conocà la pata mediática de la polÃtica de Estado con respecto al atentado a la AMIA, una de las razones que me impulsó a escribir los capÃtulos «AMIA» en Argenleaks y «Nisman» en Politileaks, mis dos libros.
«Â¿Cómo? ¿No lo conocés a Jaime?» me preguntó Nisman entre extrañado y sorprendido en aquel encuentro del 2011. Acababa de decirme que en una causa tan compleja, en la que uno básicamente depende de lo que puedan averiguar los servicios de inteligencia extranjeros, su información provenÃa de Stiusso, ya que Stiusso era el que manejaba la relación con los servicios israelÃes y estadounidenses. Me dijo que su tarea consistÃa en chequear la inteligencia en bruto que le mandaba el agente, y tratar de confirmar datos para que se puedan judicializar, ya que no todo lo que le mandaba servÃa. Fue la única vez que lo vi y me lo dijo sin conocerme. O sea, no era ningún secreto: Stiusso manejaba la investigación.
Y yo no conocÃa a Stiusso, pero por supuesto que sabÃa quién era. Un espÃa legendario de los tiempos de la dictadura, que habÃa trabajado con Nisman en la bochornosa primera investigación de la AMIA, él como informante, Nisman como fiscal auxiliar. Un personaje oscuro al que por entonces se le atribuÃan todo tipo de «carpetazos» (operaciones de prensa) contra distintos personajes del gobierno y la oposición. desde Boudou y De Narvaez, hast Enrique Olivera y el jefe de la bonaerense. Y sabÃa, sabÃamos quién era porque Stiusso se habÃa hecho famoso, y peor que le puede pasar a un espÃa es hacerse famoso. Fue en julio del 2004 cuando el entonces renunciante ministro de Justicia, Gustavo Béliz, mostró una foto del agente en el programa de Mariano Grondona y denunció que Stiusso habÃa montado «un ministerio de seguridad paralelo», al que describió como «una especie de Gestapo.»
La denuncia y la exhibición de la foto le costaron años de exilio y una batalla judicial a Béliz y su familia, pero a Nisman ni siquiera lo despeinó. La fiscalÃa siguió su trabajo como siempre.
Era como si existiera un Stiuso bueno y un Stiusso malo. El Stiusso bueno avanzaba con la causa, sobre todo con los pedidos de captura contra los funcionarios y ex funcionarios iranÃes acusados de haber planificado el atentado, con un dictamen que serÃa confirmado primero por el juez y luego por Interpol en el caso de cinco de los ocho requeridos, por votación unánime del directorio. (Esto, luego de un intenso trabajo de cabildeo conjunto secreto entre el Departamento de Estado estadounidense y la cancillerÃa argentina, al filo de la presión polÃtica, con distintos paises miembro del directorio de Interpol, según consta en una serie de cables filtrados por Wikileaks, a los que se puede acceder en www.cablegatesearch.net,, ponchando el paÃs «Argentina» y la palabra «Nisman».)
El Stiuso bueno tenÃa la cara del fiscal Nisman que seducÃa a los periodistas con su promesas de exclusivas de documentos secretos con revelaciones explosivas que nunca terminaban de estallar. Funcionaba asÃ: cada vez que iba a hacer una presentación judicial avisaba a sus contactos medi{aticos, generaba expectativa. Después, el dÃa de la presentación, entregaba un resumen de diez o quince páginas, como hizo con la denuncia contra la presidenta. Con eso, los diarios hacÃan sus tapas y echaban a rodar el ciclo informativo. El resto era material clasificado, sensible, que debÃa permanecer bajo estricto secreto de sumario, porque estaba en juego la vida de agentes secretos. Cuando se terminaba de filtrar el escrito completo resultaba ser una zaraza de los servicios que no terminaba de probar nada, pero el ciclo informativo ya habÃa pasado hacÃa varios dÃas y a nadie le interesaba demasiado si las pruebas era endebles o secretas porque el juez bancaba, el gobierno bancaba, la opo bancaba, la AMIA bancaba y habÃa que meterle para adelante.
Pasó con el supuesto chofer del coche bomba que habrÃa volado la sede mutual judÃa, Ibrahim Berro. Cuando Nisman anunció el 2005 que sus hermanos en Michigan habÃan confesado que Ibrahim era el atacante suicida, el resumen de diez páginas de una presentación judicial de cientos de páginas que Nisman habÃa entregado a los medios, fue tapa de todos los diarios y cabeza de todos los noticieros. Pero cuando se conoció la transcripción de la entrevista a los hermanos de Berro semanas más tarde, se supo que los hermanos habÃan negado que Irahim tuviera algo que ver con el atentado. Entonces Nisman dijo que los hermanos mentÃan y a partir de ahà los grandes diarios y noticieros dieron por hecho en innumerables noticias que Ibrahim Berro era el atacante suicida.
HabÃa excepciones, claro, sobre todo algunos familiares de las vÃctimas y periodistas rebeldes. Los autores de los tres libros de investigación más importantes que se hicieron sobre el atentado, Salinas, Levinas y Lanata-Goldman, rechazaron la hipótesis central de Nisman. Esto es, que fue un atentado con coche bomba y conductor suicida llevado adelante por una célula de Hezbolá, con apoyo logÃstico desde la Triple Frontera, por orden de la entonces cúpula del gobierno iranÃ. Los cuatro autores hoy aseguran que el coche bomba no existió, dato a partir del cual descreen de toda la historia.
Pero el apoyo para Nisman era tan sólido que hasta parecÃa abrumador. El juez confirmaba, la prensa avalaba, el gobierno financiaba, la opo otorgaba, las fuerzas vivas de la comunidad acompañaban. Algunas crÃticas aquà y allá cerca del aniversario como para no perder la costumbre, sÃ, pero con crédito abierto para el fiscal especial y para el Stiusso bueno.
El Stiusso malo no tenÃa cara y era un personaje oscuro y poderoso que metÃa mucho miedo. Aparece en uncable del 9 de julio del 2008, en el que Julio y Fernán Saguier, dos de los dueños del diario La Nación, según describe el tÃtulo del despacho, van a la embajada estadounidense a quejarse de las «presiones» del gobierno contra el diario, En el párrafo siete, el cable dice asÃ:
La cobertura investigativa de La Nación en los dÃas previos habÃa implicado a Jaime Stiuso, Director General de Operaciones en la agencia de inteligencia del Gob. de Arg. (SIDE) en el caso Antonini Wilson. Los Saguier consideran a Stiuso una figura ponzoñosa («noxious») que usa información, presumiblemente del Gob. de Arg., en contra de Argentinos con varios propósitos. Explicaron que La Nación publicó registros que mostraron que Stiuso habÃa estado en contacto con el ex funcionario Argentino Claudio Uberti poco tiempo después del descubrimiento de U$S 800,000 en un aeropuerto de Buenos Aires en una valija que llevaba Antonini Wilson . El artÃculo rastrea muchas llamadas hechas por Uberti a la residencia presidencial en el suburbio de Olivos y otros inmediatamente después de la incautación de la valija con U$S 800,000 hecha por agentes de Migraciones en el aeropuerto. Stiuso habrÃa hecho tres llamadas a Uberti tres dÃas después del descubrimiento. Los Saguier le mostraron al embajador un artÃculo posterior que habÃa salido en el diario pro-gobierno BAE sobre otro caso que involucraba a Stiuso, en el que el ex Ministro de Justicia Béliz está siendo juzgado por haber revelado la identidad de Stiuso por televisión. El artÃculo dice que La Nación es un apoyo posible para la defensa de Béliz. Los Saguier se lo tomaron como una advertencia sutil.
Y más abajo, en el párrafo nueve:
Julio dijo que estaba seguro que los teléfonos y las computadoras del diario habÃan sido pinchados y hackeados. El propio Fernán habÃa sufrido un «secuestro virtual» la semana anterior. Mientras tomaba café con alguien su esposa recibió una llamada diciendo que habÃa sido secuestrado. Los que llamaban tenÃan detalles precisos sobre el el auto que estaba usando en ese momento. Su esposa no podÃa localizarlo porque su celular estaba apagado, Todo transcurrió en un par de horas. Cuando la policÃa le dijo que probablemente se trató de un hecho policial común, tuvo serias dudas, Otro crimen contra el staff del diario fue el robo en la casa de Obarrio (el periodista de La Nación acreditado en la casa Rosada), hace más o menos un año, el mismo dÃa en que tenÃa una suma importante de efectivo para comprarse un departamento nuevo. Los ladrones tenÃan algún tipo de conocimiento previo, ellos creen, basado en evidencias de que su teléfono habÃan sido pinchados y que aparentemente habÃan entrado usando llaves. (Obarrio luego ,le dijo al agregado de prensa que habÃa presentado una querella criminal y que los abogados de La Nación estaban empujando a los fiscales para que investiguen.) También se habló del publicitado robo esa semana al popular periodista radial Chiche Gelblung.
Aún asÃ, el diario nunca dejo de apoyar las investigaciones de el tándem Nisman-Stiusso. Con honrosas excepciones, hasta el dÃa de hoy sigue siendo uno de los más entusiastas seguidores de la última obra del dúo, la canción de despedida, la denuncia de un complot encabezado porla presidenta para garantizar la impunidad de los asesinos que bombardearon la AMIA.
Como ya es público y notorio a esta altura del partido, la polÃtica de Estado para proteger la investigación Nisman Stiusso se empezó a romper hace dos años cuando el gobierno argentino firmó un memorándum de entendimiento con el gobierno iranà para que una Comisión de la Verdad compuesta por juristas propuestos por ambos paÃses determine la culpabilidad o no de los acusados iranÃes, eje de un brusco giro geopolÃtico que emprendió el gobierno en la segunda parte de la presidencia de Cristina. Se rompió todavÃa más el mes pasado cuando el gobierno echó a Stiusso de la SecretarÃa de Inteligencia y se terminó de romper del todo hace diez dÃas cuando Nisman denunció a la presidenta.
A partir del acuerdo con Irán el caso AMIA cayó en la grieta: para los medios anti k Nisman fue más que nunca un valiente fiscal de la patria. mientras que para los medios k pasó a ser una mezcla entre demonio, inepto y vende humo. El gobierno quedó de un lado, la oposición del otro, y las organizaciones judÃas en el medio, tironeadas desde los dos costados. Pimero apoyaron el acuerdo en una conferencia de prensa conjunta con el canciller Timerman. Después cambiaron de parecer y se pronunciaron en favor del rechazo antes de que el Congreso aprobara el acuerdo. Después jugaron más fuerte: fueron a la justicia y consiguieron que un tribunal lo declare inconstitucional. Pero cuando el fiscal denunció a la presidenta, dudaron y terminaron retaceándole el apoyo ante la certeza de que Nisman se presentarÃa en el Congreso, digámoslo asÃ, como de costumbre, con mucho entusiasmo y convicción, pero bastante flojo de papeles.
Para entender cómo las lÃneas editoriales de las dos grandes corporaciones mediáticas atraviesan la causa AMIA tanto como las operaciones de inteligencia y los intereses geopolÃticos para generar una gran ensalada que termina obturando la búsqueda de la verdad, tal vez convenga detenerse en el cruce informativo que protyagonizaron los dos periodistas más importantes de la Argentina.
Por un lado Jorge Lanata, el editor más creativo y el mejor formador de equipos periodÃsticos del paÃs, legÃtimo heredero de Natalio Botana y Jacobo Timerman. Desde de que escribió su libro «cortinas de humo» meses después del atentado y durante años Lanata se la pasó denunciando, muchas veces en soledad, que la causa AMIA era una truchada y que Nisman era un trucho. En este video de DÃa D se lo ve a Lanata diciendo que la causa AMIA es miles y miles de páginas de «nada». Pero ya con la camiseta de grupo ClarÃn cuando el fiscal denunció a la presidenta, Lanata decidió que la denuncia de Nisman era tan seria que ameritaba dejar en suspenso todo lo anterior. Desde entonces es uno de los fogoneros de la lÃnea ClarÃn: a Nisman lo mataron o lo suicidaron para callarlo por la gravedad de lo que iba a denunciar.
Por el otro lado Horacio Verbitsky, el mejor periodista de investigación de la Argentina, legÃtimo heredero de Rodolfo Walsh. La semana pasada, después de la denuncia de Nisman contra la presidenta, Verbitsky escribió en el diario oficialista Página 12: «La gravÃsima denuncia del fiscal Alberto Nisman contra la presidente CFK intenta apuntalar la versión sobre el atentado a la sede de la DAIA que acordaron hace más de veinte años los gobiernos de Israel y la Argentina, con el respaldo de Estados Unidos, cuando aún no habÃa terminado la remoción de los escombros: acusar a Irán y no investigar la participación de Siria, pese a que las condiciones internacionales han cambiado. El problema es que en la causa no abundan elementos que lo sostengan, por lo cual ese relato descansa en recursos polÃticos y publicitarios. Mientras, nada se ha avanzado en el caudaloso expediente judicial.» El artÃculo dice que el mismo Verbitsky ya les habÃa advertido a sus lectores en el 2004, esto es, antes de que Néstor les creara a Stiusso y Nisman la fiscalÃa especial, que se trataba de una investigación trucha, digitada de antemano. También recuerda que en 2005 informó sobre la necesidad de reformar los servicos de inteligencia tras un acuerdo amistoso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos entre el gobierno argentino y la entidad de familiares de vÃctimas Memoria Abierta con representación legal del CELS el organismo derechos humanos que preside Verbitsky. La referencia al sus añejos escritos del 2004 2005 parecen reflejar que durante la década kirchnerista Verbitsky se fumó a dupla Nisman-Stiuso, priorizando en sus investigaciones periodÃsticas otros temas de indudable interés público y polìtico.
O sea, cuando Verbistsky empezó a atacar Nisman y Stiuso en sintonÃa con la nueva lÃnea editorial del gobierno, Lanata, que siempre los habÃa atacado, empezó a defenderlos en sintonÃa con la linea editorial de Clarìn, su nuevo empleador,
Entramos en la era del posperioidsmo. Los medios se han convertido en extremos de corporaciones y los periodistas giramos alrededor de ellas como satélites, algunos màs cerca del eje, otros buscando más distancia, como intentando resisitir ese centro de gravedad que se representa en el metamensaje de la corporaciòn.
Yo, como editor de Pagina 12 y director de la MaestrÃa de Periodismo de la UBA, prestigioso cargo al que accedà durante este final de década kirchnerista, junto con el colega Verbitsky, parte de la corporación estatal. Lanata, parte de una corporación que no es ningún monopolio, pero que ejerce (o ejercÃa hasta la ley de medios) un posición dominante en prácticamente todos los mercados infocomunicacionales de paÃs, superando en el análisis comparativo a gigantes como la red Globo de Brasil o Televisa de México, según documentó la investigación de Mastrini y Becerra Periodistas y Magnates (Prometeo).
Entramos en una era en que las corporaciones y los actores comunican directamente y sin intermediarios. O que comunican a través de voceros que venden y compran de los dos lados del mostrador, fingiendo que se trata una novedad para poder llamarla noticia.
Entonces, ¿qué hacemos con la causa Nisman y con la causa AMIA?
En la causa Nisman esperar y dejar que la fiscal y la jueza trabajen tranquilas. Yo sé que esto puede sonar kirchnerista y que no es lo que piensa la gran mayorÃa de los argentinos, porque las conspiraciones siempre son seductoras y porque estamos en un año electoral. Pero hasta ahora las evidencias que se conocen apuntan a un suicidio. Mejor dicho no apareció hasta ahora ni una prueba sólida que apunte a un asesinato. Que Nisman le dijo a su personal trainer no cuenta como prueba. Casi lo único que se sabe a ciencia cierta es que un colaborador de su máxima confianza le llevó un revolver, se fue, y a la mañana siguiente encontraron a Nisman con un balazo en la cabeza, tirado en el baño .de su custodiado departamento de edificio inteligente. Con respecto a que lo suicidaron, hay presiones y presiones y hay que investigarlas a todas. Pero si Nisman tenìa una custodia de diez personas, no una o dos hay que dar por bueno que ya lo habìan amenazado de las formas posibles y en todos los idiomas. Por eso conviene ser prudentes y esperar. Revisar todo y estar muy atentos, como pide Lanata, reformar la ley de inteligencia y transparentar el accionar los servicios como pide Verbitsky
Con respecto a la causa AMIA, un volver a empezar puede sonar doloroso, pero qué más decir: el camino se hace al andar. Pero no empezaremos de cero, Que la pista iranà no se haya probado no quiere decir que haya que dejarla. Al contrario. Dato por dato, folio por folio, los iranÃes siguen siendo los principales sospechosos. Aunque todo debe ser revisado con ojos frescos, insospechados y debidamente consensuados, los principales proponentes tanto la pista siria (Escudé) como pista la narco (Salinas), ni hablar de la pista del autoatentado (Petrosino) hoy por hoy lejos están de producir las pruebas que puedan convencer a una opinión pública comprometida y a una justicia independiente, como va a hacer falta para esclarecer el atentado.
Mientras tanto, por ahora, esto es lo que hay. Tenemos a Stiusso en nuestras pesadillas, tenemos a un paÃs entero conmovido por la muerte de un fiscal. Tenemos medios cruzados y operetas de espìas. Tenemos a los iranìes con pedido de captura como principales sospechosos aunque sin demasiadas pruebas de un crimen atroz que ya cumplió 20 años de impunidad.