A casi dos años de haber ingresado en la segunda década del siglo XXI, podemos decir que brecha digital no es igual a brecha económica. Sostener la homologación de estos dos elementos de análisis es desconocer que la brecha digital es cada vez menos económica que mental. De allà que el manejo de tecnologÃas de la información y la comunicación (TIC) que en Argentina está entre los más altos de Iberoamérica no guarde una relación directa con la cantidad de hogares que tienen computadora e internet, sino con el nivel de acceso y manejo de cierto capital cultural. Es decir, si bien la conectividad puede servir para expresar cierto standard de vida, no es una variable de hierro para establecer niveles de inclusión. Lo mismo ocurre con la PC. Hoy, pensar el acceso a la PC como una variable de inclusión, es como haber supuesto en el boom de la industria liviana que la radio o la televisión iban a definir pertenencias de clase. La accesibilidad tiende a resolverse fácticamente, con celulares y netbooks cada vez más económicos. Mucho más cuando las polÃticas de Estado (nacionales, provinciales, incluso municipales) marchan hacia una inclusión digital que, lejos de estancarse, iguala las oportunidades de los diferentes sectores sociales.
Sobre los malentendidos de la PolÃtica 2.0 Leer más