Alejandro

Crítica inmobiliaria

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En el Página 12 de hoy publica una interesante nota de Alfredo Zaiat sobre el mercado inmobiliario. El texto tiene dos argumentos principales: la crítica de la dolarización de la compraventa de inmuebles y la identificación de los corredores inmobiliarios como principales sujetos interesados en mantener esa modalidad de operación en su sector.

El segundo argumento no parece tener mucho más sentido que poner en evidencia a uno más de los sectores económicos que se sienten más perjudicados por algunas políticas de lo que objetivamente están. Como ese es un rasgo de la naturaleza humana, detengámonos en el segundo. Para sostenerlo, Zaiat retoma a una muy buena intervención de dos investigadores sociales publicada en el mismo diario . En su artículo “Ladrillos”, los colegas Gaggero y Nemiña realizan una genealogía de la dolarización de la compraventa de inmuebles que es retomada por Zaiat para afirmar que la dolarización del mercado es producto de “un rasgo cultural liberalizador” que es producto de las “políticas de liberalización del mercado financiero y cambiario” actuadas desde 1976, etc.

El argumento en sí mismo no parece tener pliegues más allá de su innecesario recurso a la “cultura” como mediación entre ciertas condiciones y ciertas acciones. [Al final es como si para explicar el alto consumo per cápita de carne en la Argentina hubiera que hacer referencia a la "cultura carnívora" desarrollada gracias a la amplia disponibilidad, bajos precios relativos y libre circulación de la carne, etc.]

Sin embargo, el argumento está debilitado por su desacople con cuatro cuestiones:

1. la dinámica del desarrollo urbano
2. la dinámica del mercado inmobiliario
3. la dinámica de (el mercado y la regulación de) la financiación de la (construcción de) vivienda
4. la dinámica del sector de la construcción

Como todo en la vida, estas cuatro dinámicas se encuentran estrechamente relacionadas.
Dejemos de un lado aquí el análisis de la última de ellas por tratarse de un sector productivo que solo en parte se ocupa de edificar para uso residencial y cuya acción en ese ámbito responde solo a la demanda emergente de la interacción de las tres dinámicas anteriores.
Nos quedan las otras tres dinámicas de las cuales depende la cantidad, calidad y precio del bien “casa”.
Brevemente podríamos decir lo siguiente, concentrándonos particularmente en las áreas metropolitanas del país (donde la renta de localización juega un papel fundamental en la definición de los precios de compraventa del suelo y los inmuebles).

1. Respecto a la dinámica del desarrollo urbano asistimos al progresivo agotamiento del por suerte exitosísimo modelo de urbanización periferizante al que deberíamos agradecerle todas las mañanas por habernos legado áreas metropolitanas prevalentemente regulares. Es el modelo de vivienda unifamiliar sobre lote propio. Es el modelo de suelo barato y autoconstrucción. Es el modelo de propietarización generalizada y urbanización con bajo uso de capital: a nuestras ciudades no las hicieron los constructores (como a la mayoría de las ciudades de los países centrales) ni los pobres (como a la mayoría de las ciudades de la periferia) sino la clase media trabajadora asalariada o autónoma que compró un lote y (se) construyó una casa.
Ese modelo de urbanización empezó a agotarse por su propio éxito y asistimos hoy a un proceso de redesarrollo de nuestras ciudades. A diferencia de los capitalismos avanzados, donde la urbanización fue intensiva en capital y en densidad, y por lo tanto el crecimiento de las ciudades se da mayormente por la incorporación de nuevas áreas al espacio residencial, lo que pasa en nuestras ciudades es que en buena medida hay que densificar el tejido ya construido (que es, a su vez, el tejido mejor servido por la infraestructura de transporte). De hecho, buena parte de la incorporación de nuevas áreas para uso residencial se sigue haciendo (ay!) con bajísima densidad: son los barrios cerrados que crecen cerca de las autopistas (que estaban rodeadas de tierra vacante porque el desarrollo urbano buscaba el tren).
Para redesarrollar hace falta capital. No se puede tirar abajo un PH y construir seis pisos con tu hermano y tu cuñado o con un par de albañiles. Para pagar la construcción de un departamento no se puede ir pagándo de a puchos los materiales en el corralón. Por lo tanto, adiós a la urbanización popular que tanta alegría nos dió y bienvenida la urbanización “industrial” que tanto dolores de cabeza nos trae.

2. Mientras la dinámica del desarrollo urbano cambia, cambia también la del mercado inmobiliario en un sentido bastante claro: el aumento sostenido de los precios de los inmuebles impulsado por el aumento de los precios del suelo. Lo que aumenta es el valor del suelo más que el costo de reposición (los ladrillos, los caños, etc.) de un inmueble. Lo sabe cualquiera que haya buscado casa para comprar o alquilar que lo que determina el valor es mayormente dónde está y no de qué calidad es.
Los precios suben por varios motivos, algunos endógenos y otros exógenos al mercado inmobiliario, pero suben y suben, alejándose del poder de compra del salario y convirtiéndose en una inversión absolutamente rentable o, en el peor de los casos, en una reserva de valor deseable.

3. La creciente brecha entre los ingresos familiares y el precio de los inmuebles nuevos o usados (que no es taaan diferente porque como dijimos lo que vale es el suelo y el suelo no es ni nuevo ni usado) podría ser cubierta por el mercado financiero. Es decir, ok, ya no podés comprarlo en tiempos prudenciales con tu ahorro propio, tenés que comprar los ahorros de otros a una x tasa de interés. Esto funcionó, y bastante bien, durante los años ochenta y noventa en muchas economías. Incluso, hasta cierto punto, en la Argentina. Pero en un momento, las tasas fueron tan onerosas y las condiciones tan exigentes que la financiarización del acceso a la vivienda perdió alcance como puerta de acceso a la vivienda.
Buena parte de la “dolarización” de la compraventa de inmuebles está aquí: si a falta de crédito a la casa ahora se accede a través de un ahorro monetario de bastante largo plazo que se hace, previsiblemente, en dólares. Y se hace en dólares porque es lo que la mayoría de las personas estimamos como más seguro (digo más seguro y no más rentable, más seguro) para emprender un ahorro de largo plazo para comprar un bien que será fundamental para nuestra calidad de vida o para producir un ingreso (que es lo mismo, se sabe).

Resumiendo, en los últimos años el acceso a la vivienda requiere de cada vez mayores sumas de capital debido al cambio en el modelo de desarrollo urbano y la suba de precios. Ante la incidencia marginal del crédito, ese volumen mayor es afrontado (por quienes pueden y no se ven forzados a saltar al siempre creciente mercado del alquiler) a través del ahorro… que es en dólares. Si se cambian o no a pesos para la realización de la compraventa poco importa porque los dólares ya fueron demandados en el proceso.

En ese sentido, la decisión de la Presidenta de dedicar una enorme masa de recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses (similar a la por otra parte tomada por el ex presidente Luis Inacio da silva respecto al Fondo de Garantía de Tiempo de Servicio) para el financiamiento del acceso a la vivienda es adecuada más allá de la escasa articulación con la dinámica del desarrollo territorial. La verdadera desdolarización del mercado inmobiliario no pasa por evitar compulsivamente el ahorro en dólares con destino a la compra de inmuebles sino con la provisión de financiamiento para la mayor cantidad posible de franjas de ingreso.

Si en base a la experiencia presente y a una mayor sofisticación técnica, los recursos puestos a disposición por el poder ejecutivo nacional pudieran implementarse con para el redesarrollo urbano de áreas ya consolidadas, evitando el consumo de territorio que implica la construcción sobre lotes propios no construidos o la puesta a disposición de terrenos de propiedad estatal, estaríamos frente a un verdadero aporte no sólo a la dinámica del mercado inmobiliario sino a también a la del desarrollo urbano.

Así, criticar a la dolarización y al sector inmobiliario es sólo mitad del trabajo. La otra mitad se encuentra del lado del desarrollo urbano y del mercado de financiamiento.

Sólo el crédito (público o privado, subsidiado o no) para la construcción y compra de inmuebles nuevos es la verdadera clave para enfrentar el fantasma verde en el sector inmobiliario. De esa manera se mejora el territorio, se genera empleo y se le quita a las familias la pesada carga del ahorro de largo plazo para el acceso a la vivienda.

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“El poder desgasta a quien no lo tiene”

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Lo dijo Andreotti. Que siempre lo tuvo.
Y que con su poder desgastó a muchos.

Si hubiera una FIFA de la política Andreotti sería su Havelange.
El tipo que, mientras todos nos embriagamos con un mes de noches mágicas, se pasa tres años y once meses vendiendo derechos y comprando voluntades.

Durante los últimos años la estética mafiosa abrazó también a la figura ya hogareña y anciana de Andreotti.
Existió Il Divo. Hacer un documental hubiera sido mucho más difícil.
La estética mafiosa, que inauguró Puzo y consagró Ford Coppola, refleja muchos de los pliegues de la economía volátil del poder.
Pero no responde qué hubiera pasado si Bonasera hubiera ido a la comisaría a denunciar el abuso que había sufrido su hija.
Si en vez de pedir un favor hubiera presentado-una-denuncia.*

Con Andreotti pasa lo mismo.
Su capacidad de encontrar obediencia en los demás nos provoca fascinación.
Una fascinación que no resiste la más mínima consideración respecto de sus fines pero que siempre está ahí.
Las miles y miles de personas que escribían su apellido en las boletas electorales. Las “preferencias” que hicieron de Andreotti un político tan imbatible en las mesas electorales como en las mesas chicas.

A los que nos gusta la política suele fascinarnos cuando unos hombres obedecen a otros sin que haya violencia. E incluso cuando la hay.
Los que nos apasionamos por la política no creemos en las falsas conciencias. Nadie obedece por engaño. Todos, siempre, en algún punto, pueden decidir. (Incluso el amo más salvaje debe recogerse en el sueño).
Miles de personas, llegado el momento, escribían su nombre. Lo consagraban. Alguna vez fueron más de 350 mil. 350 mil personas que decidieron ir a votar en un país donde el voto no es obligatorio y escribieron una por una las letras de su nombre al lado del logo de la Democracia Cristiana.

A los que nos gusta la política nos pacifica saber que de entre todos los hijos de puta puede haber algunos que sean nuestros hijos de puta.
Pero entonces, ante cada hijo de puta. Ante los más fascinantes hijos de puta, no hay que dejar de preguntarse: quién está, ahora mismo, usando el posesivo para referirse a ellos.
¿De quién era hijo de puta Andreotti?
¿De sus votantes?
¿De ese Sur que todavía hoy se arrastra entre las ruinas que produjo un poder mafioso que no puede ser decorado por ningún honor ni por ningún cine?
¿De quién era hijo de puta Andreotti?

Lo imagino, en alguna de sus confesiones al alba, pidiendo perdón.
Pidiendo perdón por todo el sufrimiento, por todo el desgaste, que su poder había producido.
Lo imagino la primera vez que fue a la casa del diablo, tratando de aprender el camino del infierno para evitarlo.
Tratando de aprender el camino del infierno para acortar la escalera al cielo.
Y lo imagino perdido, sin encontrar el camino de vuelta a la tierra.
Donde no todos somos ángeles, es cierto.
Pero donde para ser felices no basta (y en general no hace falta) ser hijos de puta.

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* errata corrige: me informan por la cucaracha de facebook que Bonasera hizo la denuncia. De todos modos el argumento permanece: el poder de las caras conocidas vs. el poder de la comunidad imaginada. El slogan de Patria/Familia/Propiedad no tiene en cuenta los abismos que hay entre cada uno de los componentes del terceto.

Territorio

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1. Las tragedias no son eso de lo que nadie tiene la culpa sino eso que nadie quería que pasara.

2. Las tragedias ponen a lo inevitable (la muerte de todos nosotros) en el lugar de lo que podría haber sido evitado.

3. La tragedia de la inundación nos pone de frente a un problema que no se resuelve con una redistribución de recursos o de poder pero que interpela la razón del poder.

4. El problema que nos deja la tragedia de la inundación tampoco puede resolverse del todo con más Estado: hace falta más sociedad. Hacen falta cientos de miles de ciudadanos, de organizaciones, que sepan qué hacer cuando, literalmente, el mundo se viene abajo.

5. Defensa Civil. He ahí una cosa válida para enseñar en esa institución muerta que es la escuela obligatoria.

6. Hay que pensar la tragedia en su fecha. Malvinas. Malvinas. El territorio.

7. La política está territorializada pero el territorio no está politizado. No es objeto de la política más que como contenedor electoral. No es objeto del gobierno más que como contenedor de la cuestión social.

8. Gobernar el territorio (y por ende, politizar el territorio) implica abandonar la herencia policial de la política nacional. Esa carga que una y otra vez Martín Rodríguez nos recuerda que llevamos en el fondo de la mochila.

9. Para gobernar el territorio hay que “remilitarizar” la política democrática para dotarla del sentido territorial propio de los ejércitos decimonónicos.

10. El territorio es estratégico. No pueden practicársele políticas reparadoras, redistributivas, de inclusión. No es un resto que sobra del mercado. Es.

(Publicado originalmente aquí).

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La reacción

Suenan las cacerolas y los bips del celular (sms, gmail, facebook, twitter, whatsapp, bbm…). Variantes de una pregunta: ¿hay que preocuparse?. O mejor: ¿cómo hay que preocuparse?.
Por algo el voto es secreto: yo no la voté, ¿vos la votaste?, ¿quién la votó?, seguro que fue fraude. La democracia es votar en diciembre y tocar la cacerola menos de un año después.

Aquel primer cacerolazo de marzo de 2008 y sus ecos de 2011 y 2012 sirven para recordar que en 2001/2002 no hubo tan solo “crisis” sino transición hacia una nueva forma de legitimidad política. Es por eso que sin importar cuán extensa sea la intervención del Estado, el gobierno siempre es frágil. No por su relación de fuerzas con los poderes que lo preexisten (o que ha creado) sino por su relación con el pueblo que lo ha investido.

La política no puede pedirle sacrificios a la sociedad. La política puede hacer lo que quiere con la sociedad: privatizarla o estatizarla, hambrearla o darle de comer, darle impunidad o justicia, inflación o precios congelados, mentirle o decirle la verdad. Lo que no puede es decirle que cualquiera de esas cosas es para alcanzar algo mejor. La sociedad no le fía a la política. No la banca un cachito. No cree en estar peor para después estar mejor. Quiere estar “lo mejor que puede”.

El diagnóstico según el cuál hay, en la sociedad, sectores “huérfanos de representación” encalla contra el hecho de que no hay nada que pueda ser representado. No hay demandas, intereses, reclamos. Sólo el exceso de una totalidad imposible. En Callao y Santa Fe no hay Federico Pinedo que valga. Las cacerolas no son la continuación del carriotismo por otros medios. Son, al contrario, la confirmación de que el pueblo se entiende con quien dice que gobierna sin hacer política. Son parte de una larga tradición según la cual el poder es siempre cosa de otros y, por lo tanto, lo mejor es pasarle desapercibido.

No hay clivajes sociales en la Argentina. No hay, casi, núcleos sociales irreductibles. Tal vez los únicos realmente existente se la educación pública y la seguridad barrial. Por eso el kirchnerismo no va a sufrir una reacción. Todo lo que le hizo a la sociedad ya ha sido absorbido: matrimonio igualitario, ley de medios, AUH. No hay sectores sociales que quieran de verdad volver atrás con eso. Si mañana se legaliza el aborto o la marihuana, pasado no habría una marcha contra esas decisiones. A la sociedad no le importa que la política salga de noche, que se emborrache, que le pida plata, que pierda las llaves y toque el timbre a las cinco de la mañana, pero quiere que duerma en casa. A lo que más se parece un cacerolazo, por momentos, es a los veraneantes que empiezan a aplaudir para que aparezcan los padres de un nene perdido que ni siquiera saben quién es ni dónde está y dejan de hacerlo sin saber si fue encontrado. Después paran al barquillero y hacen girar la ruleta.

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Malvinas: apoyo del Partito Democratico Italiano

Los más altos dirigentes del Partito Democratico Italiano llaman al diálogo por la soberanía de las Islas Malvinas.

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Noticias paraguayas

ACTUALIZACIÓN

Fecha: 22/06/2012 14:33 (hora local)
Para: “Alejandro”
Sobre las garantias del proceso, un debate de anoche entre uno de los diputados-fiscales (Oscar Tuma, ex oviedista, del partido del gral golpista Lino Oviedo, y ahora diputado colorado) y uno de los abogados del presidente:

http://www.ultimahora.com/notas/538648-Oscar-Tuma-y-Adolfo-Ferreiro-debatieron-sobre-juicio-politico
Algunos datos sobre el punto màs cuestionado, lo sucedido en Curuguaty:
El 80 x ciento de las tierras del Paraguay està en manos del 3 x ciento de la población. La mayoria de las tierras fueron repartidas durante la dictadura militar de Stroessner, de 1954 a 1989, a los amigos del dictador.
El problema de la tierra en Paraguay dejó, desde el fin de la dictadura hasta ahora, aproximadamente 150 campesinos asesinados. Nunca antes hubo juicio político por esto… Claro, todos los gobiernos post-dictadura fueron del Partido Colorado.
El gobierno de Lugo intentó comenzar a tratar el tema de las tierras con un catastro de todas las tierras, a lo que los grandes latifundistas se negaron y pegaron el grito al cielo.
En Curuguaty, la orden de allanamiento fue dada por el Poder Judicial.
Todo el Paraguay (menos los grandes terratenientes y quién sabe quiénes más, a pesar de usar este hecho para justificar un golpe de Estado parlamentario) condena lo que sucedió en Curuguaty. Los datos forenses señalan que los policías fueron emboscados. La policía cumplía un protocolo de agotar el diálogo antes de cualquier acción.
Hay varias hipótesis, entra las cuales, se trató de un grupo radicalizado que ocupó para “vencer o morir”. Esa es la que la derecha afirma y responsabiliza de esa “violencia” al presidente. Es Lugo el responsable de que se llegue a esa situación?

Sobre correlación de fuerzas del gobierno, de 125 parlamentarios solo 5 son “luguistas”, ya que los aliados del gobierno del Partido Liberal Radical Auténtico, se sumaron al pedido de juicio politico.

Ahora mismo está la defensa del presidente y estamos escuchando la sesión en la plaza. Para los senadores, “no son necesarias las pruebas, porque ya se sabe por la prensa”.

Uno de los puntos planteados por el reglamento de Senadores, es en la sesión final, la sesión en la que tienen que dar el veredicto, donde plantean “se procederá a declarar culpable y separar del cargo al presidente”. Si eso no es un juicio ya arreglado, que nos expliquen qué es.

Sobre el primer punto, un evento juvenil en un cuartel militar, donde se colgaron banderas políticas de izquierda y donde funcionarios del Estado dieron discursos. Dice la defensa que no puede ser juzgado el presidente de la república, además que se trata de una criminalización de la ideología politica.
el hecho data del 2009, x lo tanto los plazos procesales vencieron.

Sobre el “carácter contemplativo” de Lugo frente a los hechos de violencia. Dónde está el perfil psicológico que prueba esa afirmación?…

Más información, al finalizar. Los senadores están en silencio. Quisieron comenzar a incidentar, pero ahora tienen que atenerse a estas formas. La defensa está argumentando con fortaleza, a pesar del poco tiempo que tuvieron y de que senadores rechazó el pedido, al inicio de esta sesión, de extender los plazos para la defensa.

Seguimos en la plaza!

 

Enviado desde mi dispositivo BlackBerry® proveído por Tigo.

 

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Me escriben a los apurones desde Paraguay, donde los acontecimientos van más rápidos que los mails. Copio y pego. La pelota sigue rodando.

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Jueves 21, 10:43

Hola Ale,

las cosas están que arden por acá… no sé si se enteraron lo que pasó el viernes pasado en el interior del país. Un enfrentamiento entre policías y campesinos durante un allanamiento en tierras malhabidas propiedad de un ex senador colorado. En resumen, 17 muertos, 6 policías y el resto campesinos. Destitución del Ministro del Interior y del Comandante de la Policía. El sábado se dio el nombramiento del ex Fiscal General del Estado como Ministro del Interior, que es rechazado por el Frente Guasu y los Liberales (un tipo que en su gestión criminalizó las luchas populares a full). Los partidos de la oposición y sectores liberales comienzan a responsabilizar de TODO lo sucedido a Lugo, a decir que él tiene amigos entre los campesinos radicalizados de izquierda que ocupan la propiedad privada y promueven la violencia. Algunos empiezan a operar para juntar votos en Diputados para un Juicio Político. Ambiente tenso. Ayer los colorados se reunieron y decidieron apoyar un posible juicio político a Lugo. Patria Querida (opus dei) pide a los partidos con representación parlamentaria reunirse para analizar la situación y no tomar decisiones a las apuradas. Finalmente deciden apoyar el juicio político. Hoy se reúnen los liberales temprano y deciden apoyar el juicio político y exigir a los ministros liberales que presenten renuncia a sus cargos, lo cual se está haciendo. Los comandantes de las 3 fuerzas están reunidos con el presidente en este momento. También en este momento se está aprobando el juicio político en diputados, después tiene que pasar a senadores. Algunos hablan de una posible renuncia de Lugo otros que Lugo va a enfrentar el Juicio… Él va a dar una conferencia dentro de un rato…

Los parlamentarios que hasta hace 15 días eran criticados por casi todo el país, hoy se erigen como jueces y defensores de la democracia… es grosero lo que está pasando… y lo peor es que si se hace el juicio político, el precedente es peligrosísimo… para cambiar a algún gobierno en Paraguay, armá un enfrentamiento cualquiera, que mueran unos cuantos y hacele un juicio político al presidente… así pasó en Marzo del ’99, pero la cuestión se desató aquella vez con el magnicidio del vicepresidente Argaña, miles y miles salimos a defender la democracia y murieron jóvenes en las plazas del congreso… pero aquello fue completamente diferente… desde el fin de la dictadura hasta hoy, fueron asesinados alrededor de 115 campesinos en la lucha por la tierra y nadie hizo nada… el oportunismo de la derecha es así…

Desde el inicio quisieron hacerle juicio político a Lugo y parece que hoy, a 9 meses de las elecciones generales, van a conseguirlo…

Ahora nos estamos convocando frente al congreso…. ojalá no pase lo que pasó en marzo del ’99…

les mandaré más información cuando tenga y pueda…

un abrazo,

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Viernes 22, 12:05

Hola Ale!

Lo ultimo es la delegación de la Unasur que llegó anoche y apoya el proceso democràtico y al presidente Lugo. Acaban de confirmarme que el Parlamento Europeo tambien califica de golpe de estado parlamentario.

La convocatoria en la plaza continua. Sigue viniendo la gente desde todo el pais, aunque denuncian que los empresarios del transporte a los colectivos y caminones les estan haciendo problemas para venir.

A las 12 esta prevista la sesion de descargo de la defensa del presidente. Los abogados del presidente argumentan que no se esta respetando el debido proceso porque les dieron 18 horas para preparar la defensa sobre 5 cargos que abarcan 4 años de gobierno, eso sin entran en lo ridiculo de las acusaciones tsi buscas en internet el “libelo acusatorio contra Lugo” vas a poder ver – yo estoy en la plaza y sin mucha posibilidad de buscarte y enviarte eso, disculpas). El presidente dijo ayer que se presentaria respetando la legalidad, pero los abogados hablan de inconstitucionalidad del proceso y ya presentaron la accion. Si no se resuelve antes de las 12, el presidente igual se presentarà, aunque sabe que no se respeta el proceso.

A las 16:30 es la sesion del senado para dictar la sentencia. Que como està el panorama, es desfavirable al gobierno.

Creo que es eso… Si tenes preguntas, escribime, querido Ale, y vemos para responder.

Besos y abrazos!

Venceremos!

Programa de Crédito Argentino

Sin dudas los cientos de miles de viviendas que financiará el Pro.Cre.Ar. se convertirán en la herencia material que al kirchnerismo le estaba faltando.

El diseño del Programa que acaba de presentarse que tiene dos grandes ventajas:

a) Es para construir viviendas, no para adquirirlas en el parque existente (contrariamente a lo que hizo cierto Jefe de Gobierno Porteño que aumentó la demanda solvente en el segmento más caliente del mercado justo cuando se ralentó el crecimiento del stock)
b) Incorpora como cuestión central el tema del suelo, a través de la puesta en disposición de terrenos fiscales (evitando convertir a los créditos en un financiamiento indirecto de la especulación inmobiliaria como resaltábamos acá)

Desde una mirada más “técnica” pueden anotarse algunas cuestiones conexas a esta megapolítica pública:

1) Es una política osada desde lo fiscal y conservadora desde la política de vivienda: el subsidio de la cuenta de intereses del crédito hipotecario es un clásico a través del cual se han construido cientos de miles de viviendas en la Argentina y en otros países.
2) En las grandes áreas metropolitanas los terrenos fiscales disponibles están en su mayoría mal ubicados en términos de accesibilidad y habitabilidad. Quizás todavía se esté a tiempo de jugar fuerte en el mercado de suelo y adquirir algunas tierras que por su relación calidad/precio puedan ser sumadas al programa
3) Va a sentirse el déficit de ordenamiento territorial urbano que en la Argentina viene muy atrasado (Brasil invirtió mucho en hacer planes de ordenamiento urbano para los municipios chicos y medianos en crecimiento y acá nos quedamos mucho con ese tema que afecta a las ciudades más dinámicas demográfica y urbanísticamente). Hay que sumar trabajo ahí a nivel provincial y municipal.
4) Ojalá puedan entrar cooperativas a ejecutar los proyectos y no solo los caputos de siempre.
5) Una línea para la ampliación de vivienda existente hubiera sido la frutilla del postre. No sé si es posible presentarse con un terreno previamente construido. Ojalá. [confirmado por los comentarios y la información disponible en internet]
6) Hay que transferir ya la titularidad de dominio a los habitantes de la villa más consolidada para que puedan acceder a este tipo de financiamientos en una próxima instancia.
7) No se olviden de los alquileres.
8) En Artepolítica celebramos. Siempre quisimos nunca menos que una política así.

http://artepolitica.com/articulos/un-poco-de-populismo-por-el-amor-de-lanata-y-una-cuotita-de-autobombo/

http://artepolitica.com/articulos/mi-casa-mi-vida-y-otras-cosas-que-el-dinero-no-puede-comprar/

http://artepolitica.com/articulos/garantismo-habitacional/

Mi casa, mi vida (y otras cosas que el dinero no puede comprar)

Cada vez es más difícil pasar por alto el desafío que el acceso al hábitat presenta para los sectores de ingresos medios y bajos que habitan las áreas metropolitanas argentinas. De un tiempo a esta parte, la asignación que el mercado hace de las condiciones habitacionales se aleja cada vez más de las expectativas de buena parte de los hogares urbanos, consolidando una matriz sociohabitacional donde que genera como respuestas predominantes la informalidad (villas, ocupaciones de viviendas, etc.), la convivencia de dos o más hogares en una misma vivienda (sobre todo de jóvenes en la casa de propiedad de sus padres pero también una emergente cohabitación oportunista) y lo que podríamos denominar verdaderas “migraciones intraurbanas” (es decir, desplazamientos residenciales que desvinculan espacialmente a los hogares de los ámbitos no remunerados previamente frecuentados -familia, amigos, escuela, club, etc.).

La constatación del agravamiento de la “cuestión habitacional” suele provocar dos tipos estándar de reacción. En primer lugar la demanda de una mayor producción de lo que se conoce como vivienda social, esto es viviendas producidas directamente por el Estado. En segundo lugar la demanda de “crédito barato” (es decir, subsidiado en la cuenta de intereses o de capital) para que los hogares puedan acceder a la habitación a través del mercado. Esta última propuesta ha sido recientemente planteada en este sitio con un debate muy interesante. Ninguna de las dos respuestas es espontánea. Cada una responde a las dos grandes fases que ha vivido la política habitacional en los capitalismos centrales y, con algunas diferencias, en los periféricos/dependientes. Sin embargo, ninguna (combinación) de las dos políticas puede dar solución al actual desafío habitacional sin un agregado fuertemente innovador.

La política de producción estatal de viviendas encuentra su límite en la falta de disponibilidad de suelo de dominio público, sobre todo en ubicaciones apetecibles desde el punto de vista de la integración de los futuros habitantes a la vida urbana. Lo que nos lleva a su segundo límite: el hecho de que la provisión de una vivienda nueva en una localización apartada de los flujos sociales propios de la residencia urbana no garantiza la inclusión social.

La política de subsidio al crédito hipotecario se vuelve insostenible a partir del aumento del precio del metro cuadrado en la mayor parte de las ciudades medianas y grandes del país. Los aportes públicos al crédito hipotecario en la situación actual del mercado terminan siendo un financiamiento estatal de la generación de renta urbana al solventar una demanda que es satisfecha principalmente a través de operaciones inmobiliarias basadas en la intensifcación del uso del suelo. Mientras los precios del metro se alejan cada vez más del poder adquisitivo del salario, los financiamientos públicos a la demanda de mercado empiezan a implicar costos exorbitantes.

[Los porteños (y seguramente también los rosarinos) por ejemplo, tomaremos algún día plena dimensión de la espantosa ciudad que nos dejará la proliferación de "pozos". El "pozo" es una particular forma de producción de espacio mayormente residencial (aunque también para oficinas) por el cual el financiamiento para la compra del lote y la construcción no proviene del mercado del crédito sino de la constitución de un fideicomiso con los adelantos de los futuros propietarios. Así, los constructores toman financiamiento en la demanda solvente de los compradores mientras que los compradores, en el mejor de los casos, hacen lo propio en el sistema bancario. La bajísima calidad de las construcciones de edificios será seguramente un problema dentro de 10 o 15 años para los edificios pequeños y dentro de 20 o 30 para los grandes.]

Cualquier intento de ir a la raíz de la cuestión habitacional implica trascender las políticas de última milla que siguen predominando en la Argentina y que, más allá de la urgente necesidad que buscaron resolver no sirven para evitar en el corto plazo la generación de una nueva demanda de hábitat insatisfecha.

Al parecer de este servidor las claves son dos. La primera es de tipo conceptual. Urge trascender la noción fordista de la vivienda. Las biografías de hoy, incluso las de quienes trabajan en la industria manufacturera, no son ni lineales ni homogéneas. El agotamiento del modelo industrial del siglo pasado implica necesariamente el agotamiento de la periferización urbana como estrategia hegemónica de producción de hábitat. En tanto, los cambios en el modelo de familia, la diversidad de los recorridos formativos y laborales, significan que la garantía del acceso al hábitat debe ser flexible para responder a hogares unipersonales, núcleos familiares divididos en dos o más hogares, etc. Hoy la fase de conformación del núcleo familiar se ha “estirado” y su duración es promedialmente mucho más baja que hace treinta años. No se puede esperar a que la arquitectura se dé cuenta de una vez de que hay que dejar de construir “casas para familias” para empezar a hacer políticas que den cuenta de los adultos solteros, los padres divorciados, la ancianidad prolongada y muchas veces alejada de los hijos y nietos, etc. La vivienda deseada ya no es la que está ubicada sobre lote propio cerca de alguna estación de tren sino la que puede ser centro logístico de actividades y relaciones laborales y personales múltiples. Un claro ejemplo es el de la cada vez más frecuente cohabitación de jóvenes de clase media sin hijos en una misma vivienda ubicada favorablemente respecto a sus lugares de trabajo y/o estudio.

La segunda clave para una política habitacional de nuevo tipo es usar instrumentos que han sido dejados hasta ahora en segundo o último plano. El primero de ellos es el control de precios, sobre todo para los alquileres que hoy se estipulan a partir de la más plena libre voluntad de las partes contratantes como si se tratar de una mercancía cualquiera. Los alquileres deberían registrarse y su aumento debería estar sujeto a porcentajes máximos tanto para la renovación al anterior inquilino como su reoferta en el mercado. Esto obviamente se complementaría con un impuesto para las viviendas desocupadas. Pero el instrumento más importante es el código de edificación y la asignación de uso del suelo. La planificación urbana es una de las mejores herramientas para generar acceso al hábitat urbano en condiciones de integración socioespacial. Una buena planificación permite además hacer útil el subsidio a la demanda de mercado. Si en vez de financiar a demandantes que van a recalentar el mercado del hábitat construido se financiara a constructoras que produzcan metros de uso habitacional en las tantas zonas de la ciudad que ya tienen buenos servicios pero que no han sido densificadas, se estaría no sólo generando más trabajo sino también una mejor ciudad.

Ni los créditos hipotecarios ni la construcción masiva de viviendas pueden generar por sí solas la ciudad integrada que hoy necesitamos. Para las cosas que el dinero no puede comprar hace falta innovación en las políticas públicas. Las Ciudades Evita del 2010 podría perfectamente hacerse reurbanizando algunas zonas de las grandes ciudades argentinas.

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Madres

35 años es todo. Para la democracia argentina es todo. El 30 de abril de 1977 las Madres concibieron la democracia que conocemos. La democracia de la ruptura política total con la dictadura.

[Ese día abortaron para siempre la democracia de Viola: la democracia del bipartidismo esterilizado. Y la democracia de Massera: la democracia de los poderes subterráneos.]

Imposibilitaron el continuismo político y concibieron la democracia esta. La democracia de Estado.
Con todo lo que eso significa las Madres son antes que nada grandes interpeladoras del Estado, son ciudadanas. Fueron ciudadanas de un Estado que no existía en 1977. Fueron ciudadanas de un Estado que existió brevemente entre el juicio a las Juntas y las leyes de obediencia y punto final. Fueron ciudadanas de un Estado que no existió luego hasta 2003.

Las Madres, la lucha de las Madres contra la impunidad y por la aparición de sus hijos, presupuso siempre la existencia de un Estado democrático.

La transición argentina fue una transición estrictamente política. Lo dice la victoria de la Unión Cívica Radical. Lo dice la restauración, sin algún viso de dudas, de la Constitución reformada en 1957 con el peronismo proscripto y con un Ejecutivo autoritario. Lo dice la intangibilidad de la matriz económica de la dictadura. Lo dicen tantas pero tantas cosas.

Las Madres, la lucha de las Madres contra la impunidad y por la aparición de sus hijos, fue el único fenómeno de esa democracia-de-la-sociedad-civil-genérica que logró trascender el sabatismo, el magdalenismo, y mostrar que no alcanzaba con una democracia de guardapolvo blanco para comer, curar y educar. Y mucho menos para terminar con la impunidad. Más aún, mostraron, sembraron en nosotros la intuición terrible de que no se podía alimentar, curar y educar sin terminar con la impunidad.

Hay en las heridas abiertas de las Madres el dolor de todos. En la tragedia de la disrupción biográfica de los hijos que mueren antes de los padres. En el orden cronológico invertido de la centralidad política generacional (algo que deberíamos recordar cada vez que nos tropezamos y caemos en el juvenilismo). En la búsqueda de una verdad tan necesaria como insoportable. En la construcción de una memoria tensionada entre el heroísmo y la vulnerabilidad de las víctimas. En la resistencia a la voluntaria ignorancia pública que duró más de diez años. Cada una de fue convertida por las Madres en el combustible de una imparable máquina política. La máquina que produjo la mayoría de los sentidos con los que hoy se habla la política. Los derechos humanos de los delincuentes son el borde controvertido que nos habla de la inmensidad de su pañuelo.

De toda la lucha de las Madres. De todas las luchas de las Madres. Contra los genocidas, contra sus cómplices clericales, empresarios, partidarios, sindicales o lo que fuera. Contra la alianza para la impunidad, contra los amnistiadores, contra los olvidadizos, contra burócratas judiciales, contra los gatillos fáciles. De todas las luchas por el ejercicio del mejor de los amores. De todas esas luchas que nos salvaron de una democracia cubierta de verdín militar, llenas del musgo de las catacumbas y de generales brillantes de barniz electoralista. De todas esas luchas que soportaron el último plano del proceso de estabilización económica neoliberal. De todas esas luchas la cosa mejor es que son universales. La cosa mejor es que sólo podían ser realmente ganadas junto con tantas otras, nacidas antes o después. La cosa mejor es que esa lucha es Madre de todas las otras. De las que ya están ganadas y de las que no. De las que ni siquiera empezaron pero que son de ese pueblo que aprendió, que aprendimos, a abrazarlas fuerte. Hoy y siempre.

Jueves 19hs: Democracia y petróleo después del neoliberalismo

Este jueves 19 a partir de las 19hs en Bulnes 1136 (casi Córdoba) debatimos con Sebastián Etchemendy sobre la expropiación de YPF. Participan Hernán Palermo, Martín Reydó, Abelardo Vitale y más.

Transporte para todos (autonomía e integración de la CABA)

Foto abstracta de fachada de edificio

Es difícil dimensionar los efectos perversos que buena parte de la reforma constitucional de 1994 tiene sobre la vida social y política de la Argentina. Sobre todo en lo que respecta al contenido de la forma federal de gobierno.

Ciertamente el artículo 124, que otorga a las provincias el “dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio” es determinante de las dificultades que presenta “problema de la minería“. Cinco artículos después, y siempre bajo el sugerente título de “gobiernos de provincias”, la reforma constitucional dispone la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires.

La economía política que estaba detrás de la autonomía de un distrito electoralmente esquivo al peronismo en el contexto de las negociaciones por la reelección es fácilmente comprensible. Sin embargo, millones de personas sufren todos los días las consecuencias de una autonomía política otorgada sin atender a las fuertes interdependencias económicas y sociales que la Ciudad mantiene con el resto del área metropolitana.

Durante los últimos años se han ido desarrollando algunas tensiones inherentes a la modalidad que asumió la autonomía dispuesta por el Pacto de Olivos (que no se hizo en la Quinta sino en la casa de Dante Caputo que está en el mismo barrio, vale aclarar). La seguridad fue el que más lugar ocupó en la agenda, dada su importancia para la opinión pública, la puja por los recursos y los episodios del Parque Indoamericano que sacudieron las políticas securitarias del Gobierno Nacional. Otros se desenvolvieron más solapadamente como el de los residuos sólidos urbanos que la Ciudad dispone en territorio provincial.

El transporte permanecía también en un segundo plano. Dado el caracter inevitablemente metropolitano (y, por lo tanto, complejo) de la cuestión, no se verificaron cambios (o propuestas de cambios) sustantivos a la gestión, operación y configuración del sistema de transporte hasta que la necesidad de ajustar el sistema de subsidios catalizó la toma de una decisión tan trascendental como la transferencia a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires de los servicios de transporte subterráneo y premetro y la exclusiva competencia y fiscalización de los servicios públicos de pasajeros, que abarca subterráneos, premetro, transporte automotor y de tranvía. La decisión puede ser defendida atendiendo a la necesidad de sintonizar el flujo de recursos públicos que sostiene al sistema de transporte. Tiene sentido también en el marco de la disputa política con un Jefe de Gobierno que se presenta a sí mismo como líder de la oposición nacional (?) y que ha obtenido un fuerte respaldo electoral en el distrito en las últimas elecciones. Puede, por último, ser justificado en términos de una cierta idea de la solidaridad federal que ha sido expresada por la Presidenta y cuyo mejor defensor en la blogósfera es el Supremo Entrerriano Lucas Carrasco.

Sin embargo, si no es acompañada en el corto plazo con otras medidas tendientes a la conformación de un verdadero sistema metropolitano de transporte, la transferencia del transporte a la jurisdicción de la Ciudad Autónoma corre el riesgo de, en el mediano plazo, acentuar uno de los peores rasgos de la autonomía porteña: su separación funcional (en términos de la prestación de bienes y servicios) del resto del área metropolitana. Los subtes transportan aproximadamente la mitad de pasajeros que los trenes metropolitanos. Los colectivos que cumplen la totalidad de su recorrido en la Ciudad una cuarta parte de los pasajeros que usan el transporte automotor en la Ciudad. Si la Ciudad Autónoma dispusiera la creación de un sistema de transporte propio, con un boleto único cuyo alto valor no es difícil intuir, para millones de personas que parten de los municipios conurbanos la movilidad se convertiría en un problema mucho mayor del qué es hoy.

El desafío real en términos de políticas es integrar a la CABA al área metropolitana en términos de servicios e infraestructura. Hay que evitar que los efectos perversos de la autonomía del Pacto de Olivos le den el marco institucional de la tendencia a la segregación socioeconómica que impulsan la dinámica del mercado inmobiliario y las políticas del gobierno macrista.

El área metropolitana de Buenos Aires es el espacio social y político más complejo de la argentina tanto por las dificultades que presenta a partir de la desindustrialización neoliberal como por su fragmentación y solapamiento ademinstritativo. Millones de porteños y conurbanos necesitan políticas que den cuenta de la integración real de la metrópolis. Todos los argentinos necesitan que la región metropolitana más grande del país garantice a sus habitantes el acceso a los bienes y servicios necesarios para una vida digna en la ciudad tanto como todos los argentinos necesitan que tengan una vida digna los habitantes de pueblos, pequeñas ciudades o urbes intermedias de todo el país con los bienes y servicios propios de esos entornos.

Foto.

Mariano Ferreyra

Mariano Ferreyra es el soldado Carrasco del sindicalismo.
Mariano Ferreyra fue asesinado por los patovicas que custodiaban la entrada al cielo popular de la década: el trabajo registrado y conveniado.
Mariano Ferreyra no era un trabajador ferroviario tercerizado. Su asesino tampoco.
El sindicalismo es la continuación de la política democrática por otros medios.

El partido de los trabajadores de la Argentina no tiene primarias abiertas ni se presenta a elecciones. El partido de los trabajadores de la Argentina se ocupa de los ingresos y la salud de sus afiliados. El partido de los trabajadores de la Argentina no hace campaña ni podría hacerla. Trabajadores y/o ciudadanos. Capitalismo y/o democracia. Esa es la cuestión.

Existe el tiempo que va de la muerte de Mariano Ferreyra a la muerte de Néstor Kirchner. Existe el rumor de la preocupación del segundo por la muerte del primero. No es difícil imaginarse que a Kirchner le preocupara una muerte sindical. La violencia política. Los “setetenta”. Ezeiza.

Ezeiza. Ferreyra no era jotapé. Era trosko. (¿Hay algún arrepentido de haber dicho “era trosko”? ¿Hay algún arrepentido de no haber dicho -de Favale- “era patota”?). Y sin embargo, quienes durante diez años habían hecho negocios con los rezagos de los ferrocarriles del Estado consideraron necesario echarlo muerto de la plaza. Los que habían sobrevivido a la jibarización privatizadora mutando en empresarios no querían compartir las galletitas de los subsidios. Egoístas de la generosidad del Estado nuevo, mataron a quienes pretendían cortar las vías que llevaban dinero y poder sin escalas del tesoro a la patronal sindical.

Había, en esos trenes, un problema que se venía expresando con síntomas siempre virulentos. Once, Constitución. Los trenes llenos del 2010 traían escondida la carga explosiva de los noventa. La carga de “la falta de inversiones”, la carga de las empresas privadas gestionando un servicio público. Pero también (pero sobre todo), los escombros de un sindicalismo demolido por las privatizaciones, quebrado política e ideológicamente pero rozagante económicamente. Hace un año, ese sindicalismo mató para impedirle la entrada a sus empleados, mató para que no le escupieran el asado comprado con el boleto empresario subsidiado.

La respuesta del gobierno ante el asesinato de Ferreyra no tuvo dobleces. Y sin embargo, es en esa respuesta clara, contundente, es donde se hacen más visibles los límites de esa cortante punta de lanza que es el poder presidencial en manos de Néstor primero y de Cristina después. Porque por más que algunos jueces se lleven puestos a todos los dirigentes sindicales que violan el código penal avanzando sobre el espacio político abierto por la Presidenta, lo cierto es que el poder sindical, más que ningún otro, se construye minuto a minuto y con una capilaridad que, por nombrar a los ferroviarios, llega a cada boletería de cada estación. Esa microfísica del poder sindical no se puede reemplazar por ningún tipo de intervención del imperio presidencial.

El freno de mano que le puso Cristina en River a la salida a la cancha electoral del sindicalismo (yo también soy trabajadora), no puede parar el poder construido día a día en cada lugar de trabajo. Esa intervención queda necesariamente en manos de los militantes sindicales. También de los militantes sindicales de izquierda cuyo activismo en espacios políticos degradados es, más allá de su torpeza y su tendencia al aislamiento, un síntoma claro de que algo se encuentra en estado avanzado de descomposición.

El mundo del trabajo construido en estos largos ocho años necesita un sindicalismo mejor. El estallido de la CTA y los límites a la democracia interna en varios sindicatos importantes de la CGT no marcan el mejor punto de partida, pero los “cuatro años más” dan un contexto favorable para asumir el desafío. Mientras tanto, el juicio y el castigo a los responsables del crimen de Ferreyra serían una buena señal de largada.

Las contradicciones en el seno del pueblo argentino

Las contradicciones entre nosotros y el enemigo y las contradicciones en el seno del pueblo, por ser de distinta naturaleza, deben resolverse con diferentes métodos. En pocas palabras, en el primer caso, se trata de establecer una clara distinción entre nosotros y el enemigo y, en el segundo, entre lo correcto y lo erróneo.
Mao Tsetung

En un muy buen post Federico Montero da cuenta del desarrollo y los efectos del conflicto que por esos días atraviesa al pueblo y al gobierno de Bolivia. Montero encuadra el contencioso en una serie de contradicciones creativas presentes “en el seno del pueblo” boliviano que fueron destacadas por Álvaro García Linera en recientes intervenciones: a) La relación entre el Estado y los movimientos sociales; b) la oposición amplitud del proceso revolucionario y la necesidad de consolidar su dirección indígena, campesina, obrera y popular; c) el choque entre el interés general y el particular, entre la lucha social, común y las conquistas individuales, sectoriales y privadas; y d) la oposición entre la necesidad de transformar las materias primas (la industrialización) y el respeto de la naturaleza el “vivir bien”.

En un intercambio de mails, le comenté a Federico la necesidad de empezar a pensar cuáles son y cómo se desarrollan las tensiones en el seno del pueblo argentino. Esta tarea es mucho más difícil en la Argentina que en Bolivia porque las contradicciones no están inscriptas como tales en la superficie sino mediadas por una serie de dispositivos discursivos e institucionales. Estos dispositivos, que están principalmente ubicados al interior del Estado, tienen una gran capacidad para resolver las contradicciones, evitando que se conviertan en conflictos. Sin embargo, a poco de empezar un nuevo mandato presidencial, es importante pensar cuáles serían las consecuencias para el kirchnerismo si las contradicciones en el seno del pueblo se volvieran contradicciones entre algunos sectores y los mismos dispositivos de mediación.

El previsiblemente aplastador triunfo electoral de octubre deja abierto el interrogante ¿se fortalecerán los dispositivos de mediación o se producirá una redefinición del nosotros (y por lo tanto de los enemigos) del proyecto político?

Becarios doctorales y po-lí-ti-ca

Hace ya dos semanas la revista Ñ publicó una nota de un tal Nicolás Hochman titulada “El síndrome del ñoquismo”. La nota trata de un particular subconjunto de integrantes de la comunidad académica: los becarios de las áreas de Ciencias Sociales y Humanidades. La nota confunde a las Ciencias Sociales con las Humanidades en una misma pasta informe. La nota da por descontado que hay un solapamiento entre la figura del becario y la del intelectual. La nota dice que

“un becario de nuestra clase suele sentir que lo que hace no le sirve a nadie. Uno vive de los impuestos de gente que no conoce, leyendo y escribiendo cosas que no le van a cambiar la vida a ningún Roberto”.

La nota hirió algunas sensibilidades y provocó alguna que otra respuesta.
La nota necesita algunas aclaraciones antes de ser considerada.

a) Las Ciencias Sociales y las Humanidades no son lo mismo. Son dos campos disciplinarios que se aproximan desde perspectivas diferentes a la realidad social.
b) Un becario doctoral puede ser o no ser un intelectual. Un becario doctoral es una persona que cursa un doctorado y además percibe un ingreso cuyo objetivo es que lo finalice en tiempo y forma. En ese sentido, es sintomático que se hable de “becarios” y no de “doctorandos con beca”. Desde el punto de vista de la política científico técnica, lo importante es la obtención del más alto título de posgrado, no el carácter del ingreso que sostiene esa actividad.
c) La beca no es un salario. Es más parecida a la dieta de un legislador que al sueldo de un trabajador en el sentido que no es una retribución por una tarea realizada sino un apoyo para su realización. Parece lo mismo pero no lo es. Al trabajador le pagan porque trabaja, al becario le pagan para que complete su doctorado.
d) Las becas doctorales no son la única ayuda monetaria a la formación que provee el Estado. Hay ayudas monetarias para la formación laboral, para la formación en educación inicial, media y superior.
e) Las becas doctorales no pueden solucionar los problemas de la articulación entre la política científico técnica y la estrategia de desarrollo. Al respecto puede leerse la interesante nota de Fernando Peirano “Ciencias Sociales y Desarrollo“.

Una vez que se recorta a la nota de todos sus excesos queda un interesante núcleo de angustia existencial que vale la pena tratar. Hochman se plantea el problema de la culpa. De la culpa que siente quien realiza una actividad que no tiene un efecto transformador sobre el mundo. Y ahí es donde radica el acierto de Hochman. El problema de los becarios es la crisis de sentido de la actividad que realizan. El de los becarios es un tema que vale sólo como síntoma de la crisis de una subjetividad que ya estaba agotada. ¿Por qué digo esto? Porque si la discusión es Ciencias Sociales-Estrategia Desarrollo lo cierto es que el tema de las becas doctorales es un detalle técnico de la articulación entre un campo disciplinario y un proyecto político. Si en cambio la discusión es sobre las becas como política social (el Plan Graduados y Graduadas) lo cierto es que al igual que la mayoría de las políticas sociales la ruta de salida es un problema de difícil solución.

En cambio, entendido como un problema subjetivo (he ahí el valor de la nota de eñe y el error de la refutación de los Jóvenes Científicos Precarizados) el problema de los becarios encuentra su mejor formulación. Claramente acá la cuestión no es el aparato burocrático de CONICET, la “crisis” del lugar que las ciencias sociales ocupaban en la sociedad espectacular de consumo dirigido (o salarial, o de masas o como se quierea llamarla). Acá el problema es que la subjetividad de los jóvenes con formación de posgrado no puede solucionar sus contradicciones (digamos provisoriamente entre legitimidad social-libertad individual e ingresos) si no se despliega al interior del proceso político en torno al cual gira la realidad social contemporánea.

Efectivamente cursar un doctorado y entregar una tesis puede no cambiarle la vida a nadie más que a quien recorre ese camino. De la misma manera que tantas otras actividades (mejor o peor pagas, sostenidas por la ayuda monetaria del Estado o retribuidas por el mercado) tampoco le cambian la vida a nadie. El problema ahí es dónde se pone la pretensión transformadora. Y así como lo que transformó el mundo del trabajo en la Argentina fue la actividad político sindical de los gremios y no su actividad directamente laboral, productiva (es decir, la articulación política de sus demandas más que el comportamiento normalizado en el puesto de trabajo), lo que puede transformar el mundo académico científico no es la actividad académico-científica sino su inserción en una escena política más amplia.

Ese problema, el de la realización en el campo de la actividad política, es el mismo que afecta a un tipo que cobra un plan social, o percibe un salario. Es la diferencia entre las manzaneras del duhaldismo y las cooperativas de los movimientos sociales. Es la diferencia entre la pax capitalista y la actividad sindical profundizadora de derechos. La angustia de Hochman y sus becarios se resuelve con su constitución como actor político. Un actor político ciertamente menor pero relevante al fin. Algunos ya empezaron.

Pensar la Argentina desde el mundo

Hace ya cuatro años, Álvaro García Linera se propuso la interesante tarea de pensar el mundo desde Bolivia. El desafío suponía invertir los términos del intercambio político-intelectual que, hasta la llegada de Evo Morales, habían vinculado a Bolivia con el exterior.

También la Argentina de la última década encaró la tarea de pensar el mundo desde su posición latinoamericana y conosureña. Desde el no al ALCA a la UNASUR se avanzó por el largo camino de una integración regional que superara la unificación de los mercados. Como dice MEC, América Latina es el territorio de mayor innovación democrática del nuevo siglo, y la Argentina ha hecho grandes aportes a ese proceso.

Pensar el mundo desde Argentina era una tarea urgente para un Estado que había sufrido los embates de los poderes fuertes del mercado financiero. Para un Estado que necesitaba reformular la relación con sus ciudadanos y su inserción en un contexto internacional que estaba cambiando a alta velocidad. Sin embargo, hubo un momento donde esa lente argentina y sudamericana se empañó con el vapor del localismo. Así, todo lo que pasara en el mundo empezó a ser decodificado en términos de la dinámica política nacional. No se trataba ya de pensar una manera virtuosa de encajar en el mundo sino de leer la política de todos lados con el diario argentino en la mano. De a poco, casi sin darnos cuenta, llegamos a desarrollar nuestra propia teoría de los dos demonios: el demonio norteamericano y el demonio corporativo interno que encarna los intereses del primero.

El problema de esta visión es que bajo un barniz nacional esconde un antinacionalismo objetivo: no sirve para pensar de qué manera la Argentina puede encontrar en el mundo articulaciones que favorezcan a su proyecto interno de expansión democrática. No sirve porque presupone una cosificación del poder imperial norteamericano. No sirve porque implica una cerrazón que de existir realmente nos condenaría a un rol meramente defensivo. No sirve porque se pierde el juego de las otras potencias, que vienen pisando fuerte pero de las cuales no hay tantos elementos para entender hacia dónde van. Es por eso que hace falta volver a pensar la Argentina desde el mundo. No al modo de los consensualistas de Washington, es decir, para encontrar la mejor manera de que nos corten el pellejo. Sino al modo de una democracia cada vez más popular que necesita competir en los mercados emergentes con productos de alto valor agregado. Que necesita concretar acuerdos políticos que le den más fuerza al proyecto nacional y regional.

Pensar la Argentina desde el mundo implica como mínimo empezar por reconocer que los Estados Unidos no son un monolito de roca. Ni siquiera en su política exterior, que sólo en parte es gobernada por el Departamento de Estado y el Pentágono. Cuando hace unos meses en Ohio, Indiana y Wisconsin ardió Troya ante el avance de los Republicanos contra el poder de negociación colectiva de los sindicatos de trabajadores estatales, acá a nadie se le movió un pelo. De la misma manera que acá nadie dice mucho de qué articulaciones pueden construirse con los 50 millones de hispanos que viven en el gran país del norte. Esos hispanos son una pieza clave de las economías centroamericanas y hasta incluso de Ecuador. Pensar la Argentina desde el mundo implica plantear el desafío de fortalecer los lazos con México (país al que lamentablemente Cristina no pudo concretar su visita, pero en Aerolíneas ya reanudaron los vuelos)

Pensar la Argentina desde el mundo implica entender cómo se lleva adelante un proyecto nacional democrático popular en un mundo cada vez más multipolar a pesar del rol que siguen desempeñando los Estados Unidos. Los BRIC no son un documental de Lanata. África no es la selva del Rey León. Europa también juega. En ese sentido, la mejor opción más allá de los límites del proyecto regional es la de navegar las líneas de fisura que se abren dentro de las potencias y las que se abren entre las potencias. Indignarse frente al uso ilimitado del poder militar es bueno. Tratar de entender la manera en que la Argentina puede mejorar su correlación de fuerzas es mucho mejor. Lamentablemente, hoy sólo podemos expresar nuestro disgusto. Durante los próximos cuatro años tal vez podamos construir un cachito más de poder para que ese disgusto pueda tener un correlato en el plano de las acciones. Hay que aprenderse de memoria el camino a la casa del diablo. Hay que aprender el camino del infierno para evitarlo.

Garantismo habitacional

Todavía hacen eco los sordos ruidos de la batalla de Soldati.
Todavía andan sueltos por ahí los detectives espontáneos de la cuestión urbana buscando las cifras, los datos duros, que permitan inducir la relación causal entre una situación habitacional x y una acción social y. Pero en el medio de una y otra, en el medio del hacinamiento y la toma, está la política. La articulación política que le da sentido a la acción y la hace inteligible en el marco de un contexto político más amplio. Lo que tardó en “llegar” al Indoamericano no fue el Estado sino la articulación política de esa ocupación de tierras. No existe un Estado a priori del sentido, un Estado que interviene sobre una cuestión social pura que se mide por calorías, por personas que duermen en una misma habitación, por la calidad de los materiales. Es por eso que el Estado primero tuvo que construir el sentido (construcción cuya pieza clave fue el discurso de Alejandro Salvatierra en la Casa Rosada) y recién después intervenir.

Pero aunque permitió resolver de la mejor manera la cuestión más urgente, la articulación política de la ocupación del Indoamericano [Macri xenófobo y ajustador del gasto en vivienda + Duhalde cosechador de tempestades] no va a poder ser usada cada vez que surja un conflicto de este tipo. Es por eso que hace falta construir un marco en el cual la informalidad y precariedad habitacional y la acción pública orientada a resolverla sean inteligibles para quienes sufren ese problema, para todos los funcionarios que se ocupan y deberían ocuparse de él y para la sociedad en general. Ese marco no puede ser otro que la explicitación del hábitat adecuado como un derecho y de la intervención del Estado como la garantía de su ejercicio. El discurso de derechos tiene dos grandes ventajas. La primera es que anula buena parte de la oposición basada en la denuncia del “privilegio” que significaría ser objeto de la ayuda estatal. No se trata de la distinción ideal entre política electoral y política constitucional que propone Gargarella sino de una articulación concreta que permita abrirle el campo político más amplio posible a la situación habitacional de cientos de miles de habitantes de la Argentina. La segunda ventaja es que los derechos, y principalmente los derechos sociales, hay que cumplirlos con acciones concretas. Ayer publicamos un texto del Chino Navarro que avanzaba en la definición de esas acciones poniendo como horizonte el acceso al lote propio con servicios. Esa es una solución que sirve si se la combina con otras. Y es por eso que quería volver sobre el tema de los alquileres.

Se sabe que en las villas de Buenos Aires florece desde hace tiempo un importante mercado informal de la vivienda del que el alquiler es un importante segmento. La antropóloga María Cristina Cravino estudió la dinámica de este mercado en un muy interesante libro. De esa investigación surgen datos relevantes como que el 65% de los locadores habitan en la misma vivienda que los inquilinos y que el 50% de los inquilinos accedieron al cuarto o vivienda que alquilan a través de un amigo/pariente/vecino. El alquiler es la puerta de entrada a la villa, pero ¿cuál es la puerta de salida del mercado formal? Mi hipótesis es que más que el precio, el problema está en las condiciones de ingreso a un contrato de alquiler. En general se piden una o dos de las llamadas “garantías propietarias”, un mes de depósito, y un mes de adelanto. No hace falta tener una imaginación frondosa para adivinar cuán difícil es para los sectores populares acceder a este kit de acceso al alquiler formal. Es por eso que a la garantía del mercado que protege al más fuerte hay que oponerle la garantía del derecho al hábitat que protege a todos. Hay muchas maneras de ayudar a que los sectores populares no se caigan del mercado formal a través de instrumentos financieros que ni siquiera violen las leoninas reglas del libre mercado. Leemos que el Gobierno de la Ciudad, a través del Banco Ciudad, va a otorgar garantías para que las familias de clase media puedan alquilar. Obviamente las condiciones dejan a muchos afuera (el alquiler no puede superar el 35% del ingreso familiar y el costo va a variar desde el 80% hasta el 150% de un mes de alquiler). Es hora de actuar fuerte sobre los sectores que ningún banco va a cubrir por sí sólo. Lo que pasa con los alquileres formales recalienta el mercado informal que está fuertemente localizado en las villas. Hay que frenar ese mecanismo cerrando la puerta que da de la formalidad a la informalidad con medidas realmente populares.

Dime qué garantizas y te diré quién eres.

Tres propuestas para el Ministerio de Seguridad Popular

Mientras todavía resuena el eco de la batalla de Soldati, la creación del Ministerio de Seguridad aparece como una oportunidad única para lograr una de las transformaciones pendientes de la democracia: la eliminación de la frontera entre el gobierno democrático y las fuerzas de seguridad. El nombramiento de Nilda Garré es un mensaje claro en ese sentido. Un mensaje al que no se le puede esquivar el bulto y que requiere de la honestidad y el compromiso de todos los actores que pujan por una profundización democrática.

Desde acá (y con toda la humildad que implica la intuición de la enormidad de la tarea a afrontar por el nuevo Ministerio y lo pequeño del aporte que podríamos hacer para su cumplimiento) acercamos tres pequeñas propuestas concretas como le gustan a la gente:

1) Presencia permanente de personal del Ministerio de Seguridad en las comisarías: ya venimos insistiendo con esto y ahora llegó el momento de hacerlo. No estaría mal aprovechar el Programa de Voluntariado Universitario para que los estudiantes le devuelvan a la patria un poquito de todo lo que les da a través de la Universidad pública. Imagino turnos de tres o cuatro horas en los cuales los voluntarios, coordinados por el Ministerio, puedan prestar un servicio de orientación a la víctima y a los familiares de los detenidos facilitándoles el acceso a los servicios estatales de protección social de los tres niveles de gobierno. Una mujer golpeada, la víctima de un robo, la novia o la madre de un joven detenido en flagrante delito, necesitan mucho más que una respuesta desde el brazo armado de la ley. Ahí tiene que estar el Ministerio para integrar la seguridad en un sentido restringido con la seguridad en un sentido amplio: la que surge del ejercicio de todos los derechos.

2) Mejoramiento de las condiciones de trabajo policial: los integrantes de las fuerzas de seguridad frecuentemente ejercen sus tareas en condiciones pésimas y/o por horarios demasiado prolongados. Esta última situación muchas veces responde a una estrategia de reforzamiento del ingreso (los famosos “adicionales”) que habría que discutir a su debido tiempo. Pero las condiciones de trabajo son un problema urgente en el marco de un colectivo de trabajadores que no goza de representación sindical como consecuencia de la concepción militar a la que se encuentra todavía sujeto (basta pensar en la trágicómica regla del pelo corto y la afeitada diaria de los uniformados). Las condiciones en las que los policías, gendarmes y prefectos trabajan tienen que mejorar sustancialmente a través de transformaciones estructurales y de mecanismos que permitan la detección de aquellos casos puntuales en los que se verifican condiciones extremadamente de trabajo desfavorables. Para esto, claramente, no estaría de más contar con un estudio profundo de las condiciones de trabajo y sus efectos sobre la salud psíquica y física de los trabajadores.

3) Formación de cuadros técnicos en seguridad: En nuestro país faltan cuadros para garantizar una eficiente conducción civil de las fuerzas de seguridad en el largo plazo. Solucionar esto va a llevar tiempo pero se puede empezar ya mismo. Los mejores expertos del país (Saín, Ciaffardini, Binder, Sozzo) son del palo democrático y ocupan espacios académicos que pueden articularse para formar profesionales sólidos técnicamente y con experiencia en la gestión. Como complemento de esto es necesario generar las mediaciones para que los referentes de las organizaciones sociales y políticas puedan se correa de transmisión hacia arriba y hacia abajo de qué se está haciendo y qué está pasando. Para eso hace falta construir cierto lenguaje común y espacios de encuentro en los cuales pueda haber una comunicación directa entre la gestión y la organización política del territorio.

En fin, tres propuestas para que las épocas en las que las fuerzas de seguridad se autogobernaban sea lo más pronto posible un feo recuerdo.

La dicha no es una cosa alegre

Es dura la democracia. Un hombre/una mujer, un voto. Una vez cada dos años la representación cae toda del lado de los representados y la política no está ni a la izquierda ni a la derecha de la sociedad sino que (ay!) es la sociedad.

Mientras tanto, un fantasma recorre los blogs. No tiene nada de fantasmagórico pero ensombrece todas las matemáticas electorales. Todas.

Se sabe, los electores argentinos siempre sueñan con poder votar en blanco.

Poner una boleta cuyo texto se complete poco a poco. En el dulce ejercicio de un poder que se estacione al costado para dejarnos pasar. Sin tocar a los otros poderes. Sin gobernar más de lo necesario. Sin molestar a los chicos que ya se fueron a dormir y mañana se levantan temprano para ir al colegio.

Cuánto paga el silencio en la política argentina.

Mientras unos temen su emancipación, otros ven en Daniel Scioli el único garante de la victoria. De repente y a pesar de la euforia del repunte bicentenario, el eje de la dinámica política es un hombre que tiene como confesionario los programas de Mirta Legrand y a Susana Giménez.

Todo es, parece, Scioli.

Scioli va a la victoria indefectiblemente. Con nosotros o sin nosotros. Por qué no subirse a su lancha. Por qué no ir a la victoria aunque tengamos que tirar por la borda los libros y las fotos de algo que, parece, está condenado a dejar de existir. Y se sabe, lo transitorio tiene gusto adolescente. Como las vacaciones. Date cuenta. Siempre supimos que se iba a acabar. Sólo hace falta asumirlo, no quedarse atado a los tiempos felices, ir para adelante.

Ir hacia dónde. No importa, dicen. No importan quiénes. Importa qué. No importa cómo. Importa la victoria.

La victoria. La victoria. Qué rara obsesión en una fuerza política que durante treinta años la tuvo asegurada. Tan asegurada que no la dejaban jugar.

[La hicieron bien, ¿no? Costó pero lo lograron: la democracia contemporánea es un juego en el que el peronismo no tiene asegurada la victoria]

Mientras tanto el fantasma se pasea con la victoria abajo el brazo. Dicen. Es el dueño del túnel que puede sacar a todos del encierro electoral. Dicen.

Si Scioli “tiene los votos”. Si Scioli “tiene los votos de la clase media” es porque nunca tironeó un poquito contra ningún poder fuerte. Si era por la continuidad electoral del proyecto hubiésemos bajado los trapos el 25 de marzo de 2008. Si era por la continuidad electoral hubiésemos dejado a Alberto que es amigo de Magnetto. Lo hubiésemos dejado a Solá. Si era por la continuidad electoral no hubiésemos hecho olas y nos hubiéramos dedicado a cuidar el 46% de CFK. Pero nada de eso se hizo. Y no porque Kirchner sea revolucionario sino porque si frenás te caés. La estabilidad progresiva no existía entonces y no existe ahora. Pero si la cuestión era la continuidad hubiéramos apostado por una estabilidad. Regresiva pero estable, qué tanto. Pero no, se decidió romper la estabilidad porque era la única forma de avanzar. Y con esa ruptura se enajenaron los votos que ahora trae Scioli abajo el brazo. Los votos que ya estaban pero que se incendiaron en la confrontación con las corporaciones los trae el motonauta que nunca confrontó con nada ni con nadie. La continuidad. La continuidad.

Y por ahí toda esta niebla se disipa con la contundencia a las que nos ha desacostumbrado un hombre que siempre saltó hacia una mayoría que se formó mientras estaba en el aire.

Mientras tanto.

Hay quienes ya se arriman al fuego del altar de la victoria. ¿Qué ramita le van a echar primero? Esperemos que no sea justo sobre la que están sentados.

[La V. La V era de Vuelve]

Para una seguridad popular: civiles en las comisarías

Torturas y desapariciones. La Policía Bonaerense es el brazo armado de la ley en uno de los territorios más complejos de la Argentina. Décadas de policialización de la seguridad ciudadana (esto es, el abandono de la cuestión a la fuerza policial con su consecuente desgobierno político) nos han llevado a un punto donde está en cuestión la obediencia de una porción de la burocracia a la autoridad política. Los burócratas con pistola se han autonomizado al punto de producir, en ejercicio de sus funciones públicas y con el uso de infraestructura y elementos de propiedad pública, delitos gravísimos.

Hay que empezar a terminar con la autarquía de las fuerzas de seguridad. Poner civiles a trabajar en las comisarías es una manera inmediata y eficaz de evitar que sean usadas para la comisión de actos delictivos por parte del personal policial. Y si lo que hay no es un descontrol institucional sino “manzanas podridas” pues que se pudran afuera (hasta que sean juzgadas y condenadas) y no usen al Estado como base de operaciones para delitos aberrantes.

Faltan cuadros para conducir civilmente la seguridad. Tal vez la mejor manera de empezar a formarlos sea un buen programa de trabajo remunerado para estudiantes universitarios de grado que los ponga a trabajar las 24 hs en las comisarías de cada provincia. Si en cada una hay personal que no dependa de la jerarquía policial sino directamente de la autoridad civil, seguramente van a disminuir fuertemente los casos de apremios. Y si no, habremos ganado la formación de graduados en uno de los temas que más preocupan a los ciudadanos.

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El tema de los alquileres

En las ciudades más grandes de la Argentina el alquiler de inmuebles para uso residencial es uno de los principales desafíos para los hogares con ingresos bajos y medios que no poseen una vivienda propia. No deja de llamar la atención que el acceso a un bien tan esencial esté mediado por un mercado con tan poca regulación. Particularmente, quienes quieren alquilar una vivienda no cuentan con ningún tipo de amortiguación del impacto del precio del alquiler sobre sus ingresos. En los hogares que cuentan con un sólo ingreso la incidencia del alquiler puede superar el 50% con absoluta facilidad. Pero el problema no termina ahí ya que para alquilar una vivienda es necesario movilizar una cantidad de recursos insólitos: garantía propietaria, depósito y comisión de la inmobiliaria. Y como si esto no bastara, hace falta, sometiéndose a una humillante invasión de la privacidad, demostrar un ingreso alto, constante y seguro (flaco, me estás alquilando un departamento de mierda, no me estoy casando con tu hija!). Como suele pasar en este interminable valle de lágrimas, quienes más necesitan del mercado de alquileres son quienes más lejos se encuentran de poder cumplir todas las condiciones que este exige además del pago del monto estipulado.

Idealmente habría que destruir el mercado de alquileres tal como lo conocemos ya que permite que un gran porcentaje de los ingresos provenientes de salarios en vez de ser destinados al consumo (o al ahorro) alimenten una renta inmobiliaria que ni siquiera es objeto de un sistema fiscal progresivo. Sin embargo, va a ser difícil terminar con la costumbre de que en la Argentina con un capital de 60 0 70 mil dólares corrientes uno pueda obtener una renta igual o superior al salario mínimo. Por lo tanto, mientras se trabaja en un marco legal que regule ese mercado donde miles de hogares llevan su pellejo para que se lo curtan, es necesario empezar a pensar en alternativas que aligeren la carga que los inquilinos llevan todo a lo largo de la duración del contrato. Es cierto que el monto de la cuota de los créditos hipotecarios es uno de los principales factores que determinan los precios de los alquileres pero no lo es menos que hace falta un capital inicial considerable, que las condiciones para acceder a ellos son difíciles de alcanzar y que el endeudamiento puede no ser la mejor alternativa (cuando efectivamente lo es) para algunos hogares, especialmente los jóvenes y los ancianos. En el caso de los jóvenes, que generalmente forman primero hogares unipersonales, endeudarse a 20 o 30 años puede no ser una buena opción. Sobre todo para quienes presumen que en ese lapso heredarán un inmueble de propiedad de sus padres (o sus padres heredarán un inmueble de propiedad de sus abuelos, etc). Entonces, por más que se facilite el acceso al crédito para la vivienda, los jóvenes van a seguir siendo demandantes del mercado de alquileres y hasta que cambien definitivamente las reglas necesitan protección. Lo que siguen son dos (¿malas?) ideas sobre cómo implementarla en el corto plazo sin tocarle a los pequeños y medianos propietarios urbanos su derecho a la renta inmobiliaria.

Una primera manera de facilitar el acceso al alquiler de los jóvenes asalariados o pertenecientes a hogares asalariados sería que los sindicatos pudieran hacerse cargo de parte de los “costos de entrada” erogando el depósito (y el adelanto) y proveyendo la garantía. Un joven trabajador puede disponer de $1.200 por mes para pagar el alquiler pero no $4.000 para “entrar” al departamento. Siendo solidarios con el acceso a la vivienda de sus trabajadores los sindicatos no sólo ganarían reforzar el lazo de representación sino disponer de información sobre la incidencia real que los alquileres tienen en el salario, un dato interesante a la hora de discutir aumentos.

Una segunda manera es establecer líneas de financiamiento específicas para el pago de alquileres. A diferencia de lo que ocurre con la compra de un inmueble el pago del alquiler es diferido en el tiempo por lo que la toma de deuda es escalonada. Imagino esta alternativa como válida particularmente para quien quiere realizar estudios universitarios en una ciudad diferente a la de residencia o para una pareja que tiene un hijo y que prefiere resignar el ingreso de uno de los miembros para cuidarlo. Quien otorga el crédito se hace cargo del pago de las cuotas de manera que quien no dispone de un ingreso actual pueda permanecer en el mercado de alquileres.

En fin, sin que haya a la vista perspectivas de un cambio inmediato en el tema de los alquileres y sin pensar en los queridos subsidios directos, habría que ir pensando como hacer que ese mercado tan salvaje, tan mala leche, sea un poco más leve para todos los que por necesidad o por decisión concurren a él.