Udi

Capitulación de Puerto Madero

El polígrafo del Barrio La República pudo obtener las imágenes del Acta de Rendición de Macacha Güemes, o Puerto Madero, más genéricamente.
Nuestro corresponsal en Cabildo no trepidó en arriesgar su buen nombre y reputación para acercar a nuestros lectores el testimonio irrefutable.
Los protagonistas, con el atuendo que la ocasión exigía, declararon posteriormente en forma lacónica las impresiones de la jornada:
El oidor Aníbal F., muy exaltado, no dejaba de repetir: “Es para Magdalena, allá en Boston“.
Compungido, en cambio, el veedor Eskenazi expresó en alemán antiguo: “Veisz Mir, Tátele me mata“.
El comandante Lorenzino lo consolaba: “Los considerandos son inatacables, ningún juez te va a dar bola, Seba. Andá a ver si Thomas Griesa te escucha, pero lo dudo, ché.
Con gesto adusto, mientras tanto, el Generalísimo Conde de Brufau ensayaba el discurso que deberá pronunciar antes Su Majestad: “Excelencia, hicimos lo que estaba a nuestro alcance, pero conste que los elefantes no llegaron“.
El mariscal Kitzlov, ante la pregunta de nuestro corresponsal sobre las bondades del acta firmada, respondía, fiel a sus orígenes: “¿Y qué tiene de malo que vayamos ahora por el Palacio de Invierno? ¿A usted qué le parece?“.
Por último, atusándose el mostacho, el Teniente General DeVido sonreía satisfecho mientras relataba pormenores de las acciones que condujeron a la Capitulación: “Se rindieron sin disparar un tiro, con unos mangos los arreglamos“.
A medida que nuestros chaskis vayan llegando, proporcionaremos más información a nuestros pocos, pero fieles seguidores.

Instituto de Revisionismo Histórico, IRH y ART

Hace unos días, mis estimados y (cada vez más) escasos seguidores, este polígrafo, de nula fama y vulgares temáticas, especuló sobre la composición del gabinete de ministros que acompañarían la segunda presidencia de nuestra actual primera mandataria.

Allí, sin mayores explicaciones, vuestro cronista supuso que esta – digamos – 2da. etapa, tendría algunas marcas reconocibles:“Una equilibrada dosis de izquierda cultural, para sostener el relato (sin comillas) y derecha económica, para aplicar el ajuste (también, sin comillas) necesario.”
Poca repercusión tuvieron estas palabras, a fuer de sinceros. Sin embargo, el correr de los días nos deparó alguna que otra novedad, que sin llegar a ser sorpresa para quién esto escribe, indujo perplejidad en muchos otros.
La creación del Instituto de Revisionismo Histórico podría, supone este escriba, inscribirse dentro de un conjunto de medidas tendientes a colmar las expectativas y deseos de quienes se reconocen en tradiciones culturales de la izquierda nacional, por ejemplo.
Años ha vuestro polígrafo desafió la paciencia de muchos doctos profesores del Departamento de Historia de la UNR citando a figuras que hoy suenan reivindicadas por la creación del IRH.
De Pérez Amuchástegui a Jauretche, de Hernández Arregui y su “Formación de la Conciencia Nacional” y sus polémicas con Sábato a Scalabrini Ortiz con su documentada investigación sobre los ferrocarriles. Y hay más, claro. ¿Cómo no dar cuenta de la brillante prosa del colorado Ramos y su saga “Revolución y Contrarevolución en la Argentina”?
Bienvenido pues, el IRH, tanto para rescatar nuestra historia, como para confirmar las previsiones de este humilde cronista.
La segunda parte de la especulación sobre los cargos ministeriales tiene, no lo negaremos, aristas más polémicas. No es de buena educación, nos inculcan, andar citándose a uno mismo todo el tiempo, pero – como ya lo sabrán los tozudos seguidores de esta bitácora – el polígrafo del Barrio La República nunca se ha caracterizado por ser devoto de la corrección política ni le ha esquivado el bulto a la discusión. Es así como en ciertos ámbitos no muy inclinados a la apreciación de matices y paleta de colores puso este escriba su molesta pica, postulando que no todo es igual, y que el interés de los trabajadores y las clases subordinadas es el desarrollo de las fuerzas productivas.
Allí se dice: “En la relación dialéctica entre las clases, sus enfrentamientos estructurales o sus alianzas coyunturales en función de la relación de fuerzas, el proletariado y sus clases aliadas “pueden” aprovechar la debilidad estructural del capital vinculado al mercado interno en su disputa con aquella fracción orientada hacia la exportación para obtener mejoras y fortalecerse en vista a una posición superior desde la cuál continuar la lucha.El peronismo, como proyecto burgués, propone la conciliación de las clases, en aras de consolidar la dominación del capital. Pero entenderíamos muy mal al capital si creemos que su objetivo es la consolidación de su dominio social. Este es un medio, el objetivo – siempre lo fue – es la maximización el beneficio. Ocurre que éste objetivo según si su producción se vuelca al mercado interno o no, puede desarrollar o retardar el desarrollo de las fuerzas productivas. El interés del proletariado es su desarrollo (no cualquiera, por supuesto), por tanto, ante una situación en la que un proyecto propone (y va cumpliendo) parte de este programa y otro bloque burgués anuncia políticas que llevan hacia su retroceso, la opción es clara.
Quizás necesite alguna aclaración, dirán los refutadores de leyendas. Pues bien, replica vuestro polígrafo, más amante de la poesía pero devenido en duro analista de los fenómenos sociales, en pocas palabras sería así: entre la pena y la nada elijo la pena.
Hecha esta pertinente aclaración, volveremos – dado que en este humilde blog se hace lo que los lectores piden – al objeto primero de estas líneas: “Una equilibrada dosis de izquierda cultural, para sostener el relato y derecha económica, para aplicar el ajuste …”
Hace un año ¡Caramba! en esta página se interpretaron ciertas señales como, digamos, una “leve corrección del rumbo“. Sin dar, por otra parte, a esto más que una relativa importancia.
Allí decía este cronista: “…los tiempos políticos cortos imponen medidas redistribucionistas, se sabe: las elecciones se ganan por izquierda, aunque las llamas de las tensiones inflacionarias inherentes al modelo hoy, nos chamusquen un poco.

En el mediano plazo, sin embargo, se impone relanzar un nuevo ciclo de acumulación, es decir: inversión y ahorro.
Como la generación de riqueza tiene un único origen, que es el trabajo, esto implicará un nuevo paradigma redistributivo: hacia arriba. Allí, estimo, tropezarán con los límites del capitalismo argento”

Ya en el curso de este trascendental 2011, allá por Junio, vuestro dubitativo anfitrión se preguntaba si acaso no se estaba llegando – económicamente, lo que quiere decir: políticamente – a ciertos límites. Siempre atento a buscar respuestas que nadie pide a preguntas que nadie se hizo el polígrafo del Barrio La República, a la sazón quién con esto prosigue aburriendo a sus lectores, decía: El éxito del modelo, se ve, contiene el germen de su propia debacle. Ahora bien, dado que la preeminencia, imperio o simple soledad de la economía a la hora de digitar nuestras pobres existencias es una religión que profesan los liberales (y algunos marxistas sui generis) aquellos que comulgamos en el altar de la política deberíamos poder atrevernos a pensar en alternativas que emparchen, remienden, renueven, relancen o – más sencillamente – propongan continuidades virtuosas y rupturas con los vicios.”
El correr de los meses, con la (buena) nueva de un categórico triunfo electoral que obró como óleo santo sobre la legitimidad del actual gobierno, fue revelando que los avatares económicos del hemisferio norte no pasarían sin algún impacto sobre las cuentas fiscales, los bolsillos de los contribuyentes y las asistencias sociales, parecería incluso.
En este sentido, el gobierno ha tomado medidas que no por demoradas dejan de ser bienvenidas.
Y otras ¡Por fin, allá vamos! que no por sospechadas deberían dejar de ser repudiadas: púdicamente el diario Página/12, comenta sin citar: También reclamó un acuerdo entre sectores para reducir la incidencia de los juicios por accidente en la construcción”
Bellas palabras, para relatar que el gobierno, preocupado por no lesionar la necesaria rentabilidad de la industria de la construcción promueve mejorarla por la vía de reducir la litigiosidad. Si ya está la ART, que le pagará a los deudos, ¿Para qué abrir segundas vías de reclamos ante el fuero civil?
Las recatadas expresiones de apoyo a la iniciativa por parte de los capitalistas de la construcción no deberían llamarnos a engaños: es por el bien de los trabajadores. De respetar medidas de seguridad, ni hablar, sería de mal gusto en ciertos ámbitos.
El polígrafo del Barrio La República, poco afecto a definiciones tajantes y partidario de contar los porotos propios y ajenos para saber si pelear o negociar, no le huye el cuerpo a la contundencia en este caso: Así no, Cris, así no.
En la certeza de que nada de lo que aquí se dijo le importará a nadie, no dejará vuestro escriba de romper una lanza más, por blanda que su asta sea, desde el mismo lado de la trinchera en el que siempre estuvo. Sin necesidad de correrse ni un cachito, mis estimados.
Buenas noches !

Los Límites del capitalismo argentino

Los Límites del capitalismo argentino

 

Crecimiento. Tensiones inflacionarias. Competitividad.

El perfil de la economía argentina, pasados 8 años de crecimiento, incluido uno cuasi recesivo al que se le echó abundante aceite en los engranajes para permitir su funcionamiento aún a marcha lenta (sí, las metáforas mecánicas tienen su encanto, para qué negarlo) sea posiblemente la mejor forma de intentar comprender los posibles derroteros políticos para los próximos años.
1. El crudo Invierno de Manolo


A mediados del 2008, sostuve que las señales de la economía mundial indicaban la irrupción – más temprano que tarde – de una típica crisis de sobreproducción.
La recesión, hija de ésta, que sobrevino a fines de aquel año aún perdura, y la guerra comercial de todos contra todos no muestra señales de detenerse.
El Banco Central Europeo (eufemismo por “Bundesbank”) ha ratificado su apego a la ortodoxia monetarista más militante. Parados sobre la economía más productiva del planeta y sentados sobre la máquina de fabricar euros, los alemanes consiguieron con sus exportaciones lo que los panzers no pudieron hace 7 décadas. Aún así el capital germano debió presionar a la baja sobre los salarios de sus propios trabajadores.
La Reserva Federal (eufemismo por “Banco Central Mundial”) mientras tanto, ha lanzado una Licitación para la ampliación y renovación de todo el parque de impresoras, con el objeto de sostener el ritmo de emisión, que no se cansa de batir récords. Por el método de pagar con papel desvalorizado la hora de trabajo el capital yankee obtiene los mismos resultados que los ordenados teutones.
Ambas soluciones tienen el mismo punto débil: abaratar el precio de sus productos es sólo una parte, la otra – más difícil, créanme – es encontrar quién los compre y los pague. Aquí los mecanismos previstos por la OMC se vuelven contra sus propios creadores, que comienzan a recurrir a procedimientos que no figuran en el Manual de la Calidad de la citada organización. Hecha esta modesta, breve y documentada introducción, veamos que pasa en estas pampas.

 

2. El caliente Verano de Mariano

Finalizada la temporada estival se midieron resultados récord de consumo turístico interno. Ni siquiera el GDA pudo escapar al frío de los números y el calor de la economía. En otras clases la AUH cumple y el Bono a los Jubilados dignifica (Dos mil palitos más para avivar la hoguera).

La mejora en el índice de ocupación, y dentro de éste el aumento – sí que modesto – del universo de los que cobran en blanco frente a los negreados aportan su llamita a estos fuegos.

El estímulo a la demanda interna sigue persiguiendo el objetivo de mantener girando la perinola, evitando que esta se detenga y dictamine quién paga. O, en otros términos, mantener activo el círculo virtuoso consumo-producción-empleo, según el manual de economía “k”, influido por el espanto al período 1998-2002, en el que la deflación mostró el reverso de la simpática cara que el neoliberalismo maquilló durante algunos años previos, pagando gastos corrientes con activos patrimoniales, algo así como vender las joyas de la abuela, la casa y la honra de las hijas para que algunos sigan comiendo jamón español y chocolate suizo.

Los beneficios de estas políticas, mensurables en el corto plazo, no deberían – sin embargo – impedirnos ver ciertos límites no demasiado lejanos.

En efecto, tal como en los últimos tiempos se viene sincerando, las tensiones inflacionarias no reconocen las mismas causas de hace dos décadas. El superávit fiscal implica – además de capacidad para operar sobre la economía – que la emisión monetaria se produce para convalidar el aumento en la demanda de medios de pago por parte del sector privado: el crecimiento de la actividad necesita circulante. Las tarifas vienen disminuyendo, por efecto de la inflación, año a año, permitiendo a los consumidores destinar porciones crecientes de su ingreso al rubro alimentación – por ejemplo – que no deja de crecer, cobijado en los precios internacionales de las commoditieslos acuerdos entre el gobierno y la burguesía agraria que desactivaron en parte la rebelión de los propietarios y fracturaron la mesa de enlace.

Nada indica, por otra parte, que vaya a detenerse la preferencia del sistema financiero por otorgar créditos al consumo, subidos a tasas efectivas anuales que envidian banqueros de todo el mundo.

Colándose entre estas causas, como los marineros de Odiseo en la caverna de Polifemo, la inversión estatal en infraestructura y educación (por citar sólo dos elementos inflacionarios) no deja de hacer su aporte. Imprescindible, por otra parte, agrego, editorializando. En efecto, en una sociedad con NBI en alto grado la construcción de redes de agua potable y cloacales es tan necesaria como inflacionaria. Al ser actividades con una altísimo componente de mano de obra en su integración de costos pagan salarios que no se traducen en la producción de bienes transables. Es decir, no aumenta el volumen de la oferta de bienes y servicios. En palabras de ciertos referentes políticos: se van por la canaleta de las 4 comidas diarias, las zapatillas y la cuota del ciclomotor. Si bien en el mediano plazo las inversiones en infraestructura deberían fructificar en una mejora de la competitividad sistémica, no es menos cierto que en la coyuntura conspiran contra la actual.

3. El módico Otoño de la burguesía que supimos conseguir

En paralelo al virtuoso círculo de crecimiento y empleo que el consumo alienta, otras variables parecen menos beneficiosas al considerar el largo plazo. La catarata de dólares que ingresan, a cambio de porotos de soja, obliga alBCRA a comprar este producto, convirtiéndose en demandante de algo que el resto del mundo no quiere. Son, ciertamente, las desventajas de la triangulación. Argentina le vende soja a los chinos, éstos le venden baratijas a los yankis, y estos – como vienen haciendo desde Bretton Woods – le venden papel verde al resto del mundo. Como una parte – ya no tan grande – de nuestra deuda está nominada en esos papelitos, nos sirve para pagar facturas atrasadas.

El “viento de cola”, la re-programación de los vencimientos de aquellas facturas impagas, y una administración austera durante el primer trienio del ciclo iniciado en 2003, bastaron para que las amenazas políticas no se tradujeran en acciones efectivas. El crecimiento económico – descrito más arriba – necesitó, en cambio, de otras acciones e intervenciones.

Como cada pecado trae su penitencia, es inútil llorar por la pérdida de ciertas virtudes si es que uno ha decidido abstenerse del celibato. Es decir: en el famoso “modelo” – parte dibujo previo y parte fruto de los avatares – se detallan, en letra chica – concedido – las contraindicaciones.

La producción de cereales y oleaginosas, aceites, carnes y demás productos del sector primario, junto a hidrocarburos y minerales representa un poco más del 50 % de nuestras exportaciones. Todas estas actividades, capital intensivas, no se resienten demasiado de la diferencia entre la evolución de los precios internos y la cotización del dólar.

Las exportaciones industriales, por el contrario, sufren la devaluación de Obama, mientras se persignan y le prenden velas a la política monetaria brasileña.

Siendo Brasil el principal destino de nuestras exportaciones industriales mejora la performance expresada en el tipo de cambio multilateral, su reverso es que cada vez cuesta más exportar a otros destinos, o – la otra cara de la moneda – es cada vez más barato importar productos industriales y sustituir producción local.

El éxito del modelo, se ve, contiene el germen de su propia debacle.

Ahora bien, dado que la preeminencia, imperio o simple soledad de la economía a la hora de digitar nuestras pobres existencias es una religión que profesan los liberales (y algunos marxistas sui generis) aquellos que comulgamos en el altar de la política deberíamos poder atrevernos a pensar en alternativas que emparchen, remienden, renueven, relancen o – más sencillamente – propongan continuidades virtuosas y rupturas con los vicios.

¿Qué propuestas podrían llenar estos requisitos?

Parafraseando al general, diríamos: Los hay combativos, los hay contemplativos, ortodoxos o heterodoxos, pero devaluadores somos todosCon lo que estamos como al principio, como después de visitar al Oráculo: la respuesta la tiene que dar cada uno según su leal saber y entender. Según sus principios ideológicos in-negociables o sus alianzas de clase pasajeras.

 


 

La dinámica social, después, derivará hacia nuevas pantallas y desafíos a superar.

udi, mediados de 2011

 

Empresas Recuperadas

Empresas Recuperadas

Cuando una empresa cierra, se habla, en ocasiones, de cierta “Colusión de derechos” entre el derecho de propiedad y el de los trabajadores a percibir sus acreencias contra la empresa fallida. Nadie ha dicho que la vida es un jardín de rosas, y menos la economía, a la que hay que expurgar de su espeso velo de tecnicismos matemáticos, con los que el neoliberalismo intenta presentarla como una ciencia “dura”, con inexorables leyes, como las físicas. Ocultan, hábiles tramoyistas como son – al servicio del capital – que las formaciones económico-sociales son construcciones humanas, que dependen de las relaciones de producción que se establezcan, y como tales – construcciones – son pasibles de ser modificadas, perfeccionadas, o aún abolidas.
El derecho de propiedad, con todo y ser antiquísimo, no es más que eso, una convención entre los seres humanos, que aceptan la posibilidad de la apropiación individual del entorno por parte de algunos. Cierta visión vulgar e interesada del marxismo postula que la abolición de la propiedad privada conllevaría una ruptura de ciertas estructuras inmanentes en la psique humana. Nada mas lejos de la verdad, Marx en realidad demuestra que la burguesía es la primera “expropiadora”, que es la clase dominante quién se “apropia” de nuestro trabajo. Solamente la abolición de la propiedad privada “de los medios de producción”, nos liberará y permitirá ser propietarios, ante todo, de nuestras vidas, nuestros cuerpos y elfrutode nuestro esfuerzo. Por lo tanto, y desde una perspectiva marxista, el derecho de los trabajadores se ubicará siempre en la cúspide de la pirámide jurídica,
teniendo primacía por sobre los derechos de la burguesía o del estado que la representa y defiende.
¿Por qué motivo tendrían los trabajadores que asumir las deudas contraídas por los capitalistas? Estas deudas no tienen carácter transitivo respecto a los bienes tangibles o no con los que los trabajadores cobran en parte las acreencias que tengan hacia el capitalista. Incluso las mismas leyes clasistas que la burguesía ha creado para reproducirse y disciplinar al trabajador no pueden dejar de reconocer – so pena de corto circuito lógico – que una vez utilizado el capital físico y las acreencias de la empresa fallida para saldar las deudas con los acreedores privilegiados se pagará – si hubiese remanente – a los demás acreedores. Naturalmente que en los hechos esto nunca se produce, en la enorme mayoría de los casos los capitalistas dejan de pagar primero los impuestos, en segundo término el salario indirecto (aportes sociales, jubilación, etc.), después los salarios de bolsillo, y en último término las materias primas, insumos y servicios provistos por otros capitalistas. Esto es asi por una sencilla razón: mientras deja de pagar impuestos y salario indirecto mantiene la producción y las ventas. Obtiene la rentabilidad que su posición en el mercado no le permitía por el expediente de no pagar algunos de sus costos. (Cabe aclarar que la merma en la rentabilidad puede provenir de causas externas, como recesión, pérdida de mercados por variaciones en el tipo de cambio; o internas, por baja productividad de su parque de maquinarias, o déficit en la escala de su producción).
La continuidad de la secuencia es la apelación a sus trabajadores para que asuman el costo de la situación, aceptando una rebaja en sus salarios nominales (aumento absoluto de la tasa de plusvalía) o postergando su cobro hasta una tanto hipotética como lejana “reactivación”. Llegado al punto en que ni siquiera dejando de pagar los salarios se sostiene la rentabilidad es cuando el capital suelta lastre y tira la toalla sin pagar las cuentas de sus acreedores comerciales por materias primas e insumos. Esta historieta es – por supuesto -una generalización para la mejor comprensión del fenómeno, no quita que en algunos casos se haya producido alterando el orden de los factores. Los derechos de los capitalistas acreedores, entonces, se ven agredidos por el capitalista fallido, y no por los trabajadores, que sólo actúan en defensa de sus legítimos derechos.
Pero todo esto tiene su miga, a la que conviene desmenuzar. ¿Por qué “fábricas recuperadas”? Como la utilización del lenguaje no es inocente, ni neutral, sostengo contra viento y marea la utilización del significante “recuperadas”. Y eso también guarda relación con la forma y estructura, productiva y distributiva, que asuma la empresa que los trabajadores inicien, así como la figura jurídica que los incluya.
Las preguntas: “¿Y la nueva empresa cooperativa, no es capitalista? ¿O sus insumos y gastos tampoco van a pagar?” son pertinentes, ¡Cómo no!
La primer pregunta, y como el lenguaje no es neutro, asume que la empresa recuperada se constituirá inevitablemente como “cooperativa”. Presentada de este modo, la respuesta es unívoca: SI. Las empresas cooperativas actúan, hacia su interior, y en principio, de modo diverso a la empresa capitalista, con diferencias que si bien pueden ser importantes – hasta cruciales – en las formas de organización interna, asignación de recursos, toma de decisiones y distribución de beneficios, no resultan – estas diferencias hacia dentro – decisivas a la hora de interactuar con el entorno capitalista puro y duro. Al acudir al mercado capitalista la empresa cooperativa debe asumir su lógica, que se puede enunciar en tres palabras: “Maximización del beneficio”. Dado que estamos asumiendo la lógica del mercado deberemos forzosamente coincidir en tres puntos:
1. Las materias primas, insumos, energía, impuestos, créditos y amortizaciones de capital los obtendrá – en el mercado – a los valores que cualquier empresa de similar tecnología y escala consigue. Por consiguiente aquí el precio que pague por estos costes de producción será el promedio de los precios de mercado.
2. Los precios de venta encontrarán su tope en la competencia que otros agentes económicos le planteen, al igual que cualquier empresa capitalista que acuda al mercado a ofrecer su producto o servicio. Aquí, entonces, tampoco tendrá diferencias con sus concurrentes.
3. La inevitable conclusión es que la única manera de reducir costos y obtener beneficios está en pagar el menor precio posible por el trabajo que se incorpora en el proceso productivo. Como en toda empresa capitalista – pues – obtendrá beneficios aumentando la tasa de plusvalía, es decir, reduciendo el tiempo de trabajo por cada unidad producida. Esto se puede lograr incorporando tecnología, que permita realizar la misma producción con menos trabajadores, o reduciendo el precio que se paga por el tiempo de trabajo que se aplique a la producción de cada unidad. En este sentido, la disyuntiva es de hierro, no hay otras alternativas.

A modo de resumen: La empresa recuperada que se constituya como “cooperativa” será, inevitablemente, capitalista, dado que actúa enmarcada en el modo de producción capitalista. Deberá pagar sus insumos y gastos y obtener beneficios, de la única manera que el modo de producción capitalista lo permite: aumentando sin cesar la tasa de plusvalía, como forma de contrarrestar el rendimiento decreciente de la tasa de ganacia, ley general de la economía capitalista que explica la tendencia centrípeta del capital y su proceso de concentración.
Pero todo esto, al final, es sólo filosofía, y ya alguien dijo que durante siglos los filósofos se afanaron por explicar la realidad, cuando de lo que se trata es de cambiarla. En esta línea, entonces, volveremos unos pasos atrás.
¿Por qué debemos insistir en el concepto “recuperación” de las empresas, y no cualquier otro?
La recuperación implica una “re-apropiación” de algo que le pertenece a los trabajadores y les fue arrebatado. No sólo que una empresa “fallida” es recuperada como unidad productiva luego de ser cerrada, abandonada o vaciada por los capitalistas. El significado último de la “recuperación” alude a la verdad oculta por los espesos cortinajes de las relaciones de producción establecidas: la verdadera propiedad de los medios de producción le pertenece a aquellos que los utilizan, a los que con la maravillosa propiedad que tiene el trabajo humano usan los medios de producción para generar mucho mas valor que el costo de los materiales que se utilizan en el proceso demanda, y desnuda que -hasta producida esa recuperación – ese plusvalor fue apropiado por el capital, retribuyendo al trabajador con la menor cantidad de valor posible.
No, las palabras no son inocentes, aun cuando sean utilizadas sin plena conciencia de su polisemia. Recuperar empresas, pues, es devolver la propiedad de los medios de producción a quienes los ponen en marcha y utilizan para crear valor: los trabajadores.
Udi, marzo de 2011

“Volvimos, hijos de puta, y somos millones”

“Volvimos, hijos de puta, y somos millones”

1
Con pito, bombo y matraca
colorinches y sin dientes
inconscientes y valientes
canto y ritmo contra faca
vuelven los tiempos de lucha,
plenos de pibes, millones
un son de murga se escucha:
“Vamos que es esta la ruta,
aquí estamos, compañeros
¡Volvimos, hijos de puta!”
2
Suena el alma con un grito
viste de luces la noche
la risa se hace derroche:
¡La justicia no es un mito!
La libertad tan sagrada
que supimos conquistar
nos empuja a continuar
sabemos, todo permuta
no nos vencieron, ni un poco,
“Volvimos, hijos de puta!”
3
Pasan jóvenes marchando
libres de cargas y pesos.
Vienen marchando los viejos
con las banderas, flameando.
Llegan Madres abrazadas,
por el calor de su pueblo.
Ya no es más día de duelo,
es de júbilo sereno
ya no aceptamos patrones:
“Volvimos, somos millones”.
4
Canta el niño y el anciano,
pasa la familia entera.
Mucha izquierda, bullanguera
y parejas de la mano.
Y algún viejo militante
que un lagrimón derrama,
viendo movilizaciones,
escrachando a los milicos
a servicios y a la yuta:
¡Volvimos, hijos de puta!
5
Esta copla, mal urdida
mucha emoción evoca
y alguna dicha – no poca -
que ya pensaba perdida.
Y ya para terminar,
sin olvido y sin perdón,
a quién vendió la Nación
sólo nos resta esperar
que sigan las emociones:
¡Volvimos, hijos de puta!
“Volvimos, somos millones”.
udi, Buenos Aires, marzo de 2011

(Gracias por la inspiración a Diego E.)

 

Otros Evangelios

Aquí, en dos partes de 3 capítulos cada una, la versión final – corregida y aumentada – de los “Otros Evangelios”, abandonada por más de 4 años en la papelera de un servidor.

Ojalá les guste !

I
Umberto Eco
Sabida es la fascinación que los relatos herméticos ejercen sobre el imaginario de lectores poco entrenados, o mentalidades relativamente débiles. Consciente de tal circunstancia Umberto Eco pergeñó, a mediados de los ’80 una novela que, montada sobre la universal repercusión que unos años antes había obtenido “El nombre de la rosa”, fue uno de los acontecimientos editoriales más esperados del fin del cortísimo siglo XX.
“El péndulo de Foucault”, de él hablamos, despertó en un servidor, aún antes de su salida a la luz, un irresistible afán por adquirirlo.
Así son los mortales, querido lector: se figuran que poseyendo un objeto se apropiarán, por alguna especie de mágica transubstanciación, de los saberes y poderes que en su esencia se compilan.
Naturalmente hube de leerlo, acometiendo la lectura con el afán de lucirme frente a una señora cuya atención me interesaba despertar por aquellos tiempos y a quién esperaba secretamente seducir con mis profundas reflexiones en torno a la obra del semiótico piamontés. Ya fue dicho, pero nunca está de más reiterarlo: son incontables las estupideces, empresas y actos heroicos que son capaces de realizar los hombres con el objeto de conseguir una cita con una mujer. Postula – incluso -  una secta fundamentalista que ” todo” lo que el hombre hace en su corta vida es con este objetivo. Dejaremos este punto librado a la conciencia de cada uno, no por esquivar el bulto – dios nos libre – sino por exceder los propósitos de este modesto artículo.
Emprendí, pues, la lectura del citado “péndulo..” con el doble deseo de encontrar placer en sus páginas, y generar las condiciones para obtenerlo con el concurso de otro, citando los mejores capítulos con verba florida, hondas consideraciones, y espíritu galante.

Pero nada es tan fácil en la vida, y la comprensión de ciertos pasajes, escritos en un latín nada perspicuo, se reveló infructuosa a las primeras lecturas. La trama, empero, mantenía su interés, más allá de ocasionales derivaciones.
El apropiado ambiente para una novela intelectual y sofisticada es – naturalmente – una editorial, lugar al que llegan exponentes de  toda la gama de  la inteligencia  humana, que es limitada;  y de la estulticia, que – se sabe – es infinita.
Por elevada y erudita que parezca la actividad editorial no deja de tener su costado crematístico, al cual no hay que descuidar, so pena de atentar contra la vida espiritual que discurre en estos ámbitos. No por conocido el viejo refrán pierde validez: “Bien me quieres, bien te quiero: no me toques el dinero”. Es decir: amén de templo consagrado a la promoción de los más altos valores humanísticos y científicos una editorial es un negocio que debe manejarse según los irrefutables cánones que mandan obtener beneficios materiales (el máximo posible, agrego, recordando viejas lecturas).
Así las cosas, en la editorial que Eco nos presenta creen firmemente que lo único imprescindible son los autores. Los hipotéticos lectores son vistos como un agregado simpático, pero cuya existencia no es crucial para la continuidad de la empresa. A los fines de obtener la indispensable rentabilidad se debe, pues, contar con una permanente afluencia de autores ansiosos de ver su obra en letra de molde. Deseo, por otra parte, muy humano y comprensible, y cuya potencia es tal que los futuros editados, paladeando ya las mieles de la fama – módica, de aldea – aceptarán participar en los costes de producción de la primera tirada, en un porcentaje apenas superior al ciento por ciento. Por supuesto, para lograr esta disposición de espíritu la editorial habrá de incurrir en ciertos gastos de representación que deslumbren a los futuros clientes, digo, autores. Una de estas inversiones en relaciones públicas es el otorgamiento de un premio anual a la creación literaria, un año en verso y otro en prosa. Y aquí llegamos a la causa de estas líneas: el premio en cuestión llevaba el nombre de “Petruccelli della Gattina”, al que  – en mi ignorancia – atribuí un origen fantástico. Entiéndaseme bien: creí que Umberto Eco ponía allí ese nombre como quién escribe, qué sé yo, Juan Pérez o John Doe. En el contexto parecía verosímil mi conjetura. Pero las cosas, querido lector, son siempre más complejas de lo que uno supone.

II
Udi
Unos años después, cuando ya el semiólogo devenido novelista de fama universal había publicado – y un servidor comprado y leído – un indigesto mamotreto al que tituló – algo pomposamente, opino – “La isla del día de antes”, me ocurrió un acontecimiento singularísimo. A la búsqueda de un viejo tratado sobre la incidencia de las enfermedades venéreas en la moral de las tropas fascistas durante la guerra civil española. (Parece que las cuatro columnas que al final entraron a Madrid, a encontrarse con la quinta, estaban estragadas por la sífilis, que también Franco habría padecido).

Encontré, decía, en el fondo de un estante casi carcomido por la polilla  un volumen amarillento, de tapas resquebrajadas cuyo título, apenas legible, era “Memorias de Judas”. Vaya a saber por qué – no se me conoce por mi apego a los evangelios, canónicos o apócrifos, precisamente – decidí abrirlo.
Si tú, querido lector que me conoces y frecuentas, te muestras sorprendido, permíteme expresarte que mi asombro en ese momento fue aún mayor. El autor de esa obra era, habrás adivinado, Petruccelli della Gattina, que encima cargaba con el poco eufónico nombre de pila de Ferdinando.
Me creí dentro de una novela: yo era un personaje de Eco, que en realidad es un personaje de Petruccelli della Gattina. Como en un juego de espejos enfrentados llegué a pensar que el único real en esa historia era Petruccelli, que imaginó un novelista, que postuló un lector: un servidor.

Tuve un leve acceso de pánico, que llegó y pasó, pero dejó un sedimento importante.
En efecto: ¿Quién fue Petruccelli della Gattina? El libro en cuestión poco explicaba. Una edición española de 1937, papel de baja calidad, pie de imprenta cuanto menos dudoso, traductor ignoto y datos del autor lacónicos que excitaron mi curiosidad sin satisfacerla, como divisar desde la acera a través de una ventana un destello de seda que descubre una pierna. Un giro y un frú-frú de cortinas que caen. Conocemos la calle y el número. Pero, ¿Quién es esa belleza entrevista?
En ese estado de ánimo acudí al propietario del mohoso establecimiento, viejo librero catalán, reliquia de la guerra civil anclado para siempre a la vera del Paraná. A fuer de conocer su mercadería el viejo refugiado debería poder informarme sobre ese libro y su autor.
Algo sabía el veterano anarquista, y tal como me lo dijo, sin quitar ni poner una coma, es que ahora lo transmito a Ustedes, mis respetables, pacientes, y – lamentablemente – escasos lectores. No por ello menos apreciados, por supuesto.
III
Petruccelli della Gattina
Italia, a mediados del siglo XIX, era un conglomerado de pequeñas formaciones políticas, herederas de la restauración monárquica y clerical de 1815. Los Borbones, la Casa de Savoia y otras familias igualmente honestas y tolerantes se repartían el territorio peninsular, salvo aquellas comarcas regidas por la férula papal. Es en este contexto en el que se desenvuelve nuestro hasta ahora ignoto autor. Petruccelli nace en 1815, de familia noble. Padre y tío masones; a instancias de una abuela pía y piadosa es educado en conventos y seminarios, de los cuales fue invariablemente echado por irreverente. Estudia medicina en Nápoles. Y se convierte en un periodista, escritor y militante político que en 1848, año de la primer comuna, se juega la cabeza en la revolución liberal napolitana. Casi la pierde, dado que la policía borbónica le pone precio. Huye a Francia. Va y viene intermitentemente a Inglaterra. Es expulsado de Francia, en 1852…y en 1859…y en 1871, después de intervenir activamente durante la primavera de la comuna, antes que las tropas de la aristocracia alemana intervengan para salvar a la burguesía francesa.
Durante estos años participa de la unificación italiana, es electo diputado, combate a la iglesia y es expulsado nuevamente. En 1868 escribe su obra máxima: “Memorias de Judas”, en francés. Esto no le reporta mayores simpatías de parte del partido clerical, pero a esta altura de su vida podemos conjeturar que no le debe haber importado en demasía. Petruccelli della Gattina muere, siendo diputado y ya menos jacobino, en 1890, ciego, paralítico y condenado al olvido. Como dijera Cervantes tres siglos antes, no es recomendable toparse con la iglesia, sus odios son longevos.
Este es, pues, el autor del poco explícito volumen que había caído en mis manos. La información proporcionada por mi ácrata librero no moderó mi curiosidad, antes bien la exacerbó. Me propuse leer la obra de un  tirón, postergando otras lecturas más urgentes pero menos necesarias, decidiendo no dar importancia al estilo farragoso que, anticipé, correspondería a la época y al canon decimonónico.

Continuará…

GIRO A LA DERECHA DEL GOBIERNO NAC&POP

1) Pacto Social (o como lo apoden)

2) Cancelación con el Club de París

3) Vuelta al FMI, aunque sea por la puerta trasera.

4) Extensión (sí que limitada) de la AUH y Bonus para jubilados con la mínima por decreto.

5) “Terminar con la industria del juicio…”

Conclusión inevitable: giro hacia un “populismo de derecha”.
Ahora bien: los tiempos políticos cortos imponen medidas redistribucionistas, se sabe: las elecciones se ganan por izquierda, aunque las llamas de las tensiones inflacionarias inherentes al modelo hoy, nos chamusquen un poco.
En el mediano plazo, sin embargo, se impone relanzar un nuevo ciclo de acumulación, es decir: inversión y ahorro.
Como la generación de riqueza tiene un único origen, que es el trabajo, esto implicará un nuevo paradigma redistributivo: hacia arriba.
Allí, estimo, tropezarán con los límites del capitalismo argento.

Sólo la aplicación de mecanismos políticos intervencionistas que transfieran porciones de la renta diferencial que aún detenta la fracción agro-financiera del capital hacia subsidios a la industria, y acuerdos de reserva de mercado con Brasil, por ejemplo, permitirán morigerar el impacto que las paritarias del 2011 tendrán sobre los niveles salariales.
Como escribí en algún lugar:“…las ciencias tienen su lenguaje, ¡ y su ideología, claro !”
Lo que algunos llaman realpolitik, puede nombrarse como populismo de derecha.

El problema, como dijo Humpty Dumpty, no es el significado de las palabras, sino quién tiene la manija.
Mi tesis, desde hace ya más de una década, es que el capitalismo argento llegó a sus límites en cuanto a su capacidad de desarrollar las fuerzas productivas.
El pulmotor de la devaluación duhaldo-remeslenicovista se sostuvo en marcha merced a un sano intervencionismo. Pero aún la vertiente neo-desarrollista encontró su techo.
La única respuesta que tiene frente a la devaluación en EEUU es a la que apunta Cris, que aprovecha su apoyo “por izquierda”, para girar a la derecha.

Peronismo de alta escuela, hubiese dicho el maestro de Anillaco

El “Lucarrasquismo” al descubierto

El arma en cuestión

Enterado de las amenazas proferidas contra el periodista A.L. el polígrafo del Barrio La República, consciente de la gravedad de la embestida oficial contra los más prestigiosos medios y periodistas independientes, no trepidó en alzar su voz denunciando en todos los foros a su alcance la iniquidad de las agresiones – hoy verbales, mañana ¿quién sabe? – y la importancia que reviste no disminuir el peligro que representan para la salud de la joven democracia argentina.

La artera maniobra, la manipulación encubierta, la prédica insidiosa han dejado paso, como preveía J.M.S. en su valiente exposición en el Congreso de la Nación, a la intimidación abierta, desembozada, a la aseveración directa: “Los vamos a matar”.

Nada de esto debiera ya sorprendernos, pero es ya es tiempo que nos plantemos ante la prepotencia, agazapada tras la máscara de falsos progresismos y detengamos, con nuestros cuerpos e intelectos a la avanzada autoritaria y censora que viene a apoderarse de nuestras vidas y haciendas.

En solidaridad, entonces, con el periodista amenazado, el polígrafo del Barrio La República se dirigió, presto en defensa de los ofendidos, a recabar su palabra, a fin de reproducir, con toda la fuerza de la que es capaz, la opinión del periodismo independiente.

Luego de algunos llamados A.L. encontró lugar en su cargadísima agenda para recibir a este cronista, y así como fue obtenida es que este humilde escriba las transmite a Uds., sus amados lectores.

A continuación, la desgrabación de esta charla:

- Pregunta: Buenas, A.L., ¿cómo anda?

- Respuesta: La verdad, mal, un poco rengo…

- Pregunta: No es para menos, personalmente tomo esto como una auténtica agresión física a mi propia persona, una trompada al mentón, digamos.

- Respuesta: ¿Le duele?

- Pregunta:…Bueno, ¿Usted cree que esto es un vómito del poder?

- Respuesta: Mire, no lo olí, ni lo pisé, así que no puedo asegurarlo.

- Pregunta: Ya…Muchas voces se han alzado contra este atropello, ¿Eso lo reconforta?

- Respuesta: No escuché nada, ninguna de esas voces, y eso que tengo buen oído…me paré en la puerta de casa, pero, nada, si le digo le miento.

- Pregunta: Ajá. ¿Usted piensa, por así decirlo, que intentan impedir que florezcan pensamientos nuevos?

- Respuesta: Vea, ya llegó la primavera y nada ni nadie podrá impedir que los nuevos pensamientos florezcan con la estación.

- Pregunta: Hummm….Si, no deja de ser poético. Pero, hablando mal y pronto, es una verdadera barbarie, ¿no?

- Respuesta: Bueno, no crea, para tener un blog hay que saber leer y escribir, o sea, ser civilizado.

- Pregunta:…Claro, claro…Bueno, para mí, ese personaje es un auténtico perro rabioso…¿qué quiere que le diga?

- Respuesta: ¿Usted dice que tiene cuatro patas, cola, ladra y le sale espuma por la boca? Y no me diga nada.

- …Gracias, A.L. por su sinceridad y valentía. Personas como Usted enaltecen la profesión.

Insospechadas derivaciones del caso serán develadas en esta hoja con el correr de los minutos, mantenerse en línea es una obligación ciudadana.

El polígrafo del Barrio La República.

Invitación: “De amores Perdidos y Revoluciones frustradas”

El Jueves 8 de Julio, presentaré en sociedad “De amores Perdidos y Revoluciones frustradas“. Las palabras justificatorias de semejante despropósito estarán a cargo de un amigo: Carlos Del Frade, que arriesga gran parte de su consideración y prestigio al hacerlo. El prólogo, que adjunto para que no haya reclamos posteriores, deja entrever que mis amigos me aprecian. No queda tan en claro si me leen…(¡Gracias Vaca !)

Prólogo, por Julio Vacaflor.

“De amores perdidos y revoluciones frustradas, entiendo, es lo idéntico. La última es una dama esquiva y la primera: también. Pero Udi no abandona e insiste con ambas: la primera le es esquiva y la segunda, también. Cuando él desarrollaba su artesanal oficio que no requería escribir literatura, quien suscribe lo alentaba a que lo hiciera porque entendía que le sobraba pluma y talento para ello. Luego, al leer lo que escribía, le sugerí con envidia que volviera a su antiguo desempeño laboral, pero me temo que ya era demasiado tarde. Es más, no solo continuó narrando sino que además, me tiene a aquí, prologando su primer libro. Lo leyeron otros que también lo alentaron y no se arrepienten. Por el contrario están orgullosos de él, del contenido, del placer que provoca leer su romántico humor y sus mordaces capítulos que de alguna manera, nos evoca a todos en párrafos y citas sobresalientes. Por lo tanto, no tengo más que someterme a la voluntad de los que saben y aman la palabra, la inteligencia, las historias personales que contextualizan un tiempo y además, lo admiran a él. Cada historia es un momento recreado con la fantasía del que sabe que está diciendo la verdad, manifiesto que honra a aquellos que pueden volar con la imaginación sin alterar el orden de lo genuino y verosímil. Es probable que este libro no gane el Nobel, o el Cervantes. Es que escribir sobre una Revolución en ojotas no es tan serio como para promover el deslumbramiento y simpatía de críticos y estudiosos  que con alto rigor académico habrán de consagrar a Udi como un gran escritor o no. Quienes lo seguimos desde siempre podríamos asegurar que: o nó. Aún así, El rusito no abandona este orgullo personal de presentar su primer libro como un canto de amor y fe por escribir y ofrecerlo a las almas de propios y extraños, y también es un signo de coraje. ¿Coraje por escribir? dirán ustedes. Claro que sí, pero también por confiar en si mismo cuando otro oficio lo ocupaba y apostó de puño y letra a buscarse en la palabra y descifrarse en tiempos en donde nacían nuevas historias aún no contadas puesto que el momento social era único, naciente y convulsionante. Cruza la frontera del lector hasta aventurarse y arriesgar a ser leído entre tantos autores. Solo la vida y su consecuente peregrinar en el alma de sus amantes conmoverá su humanidad y las teclas de sus musas para sellar nuevamente, en alguna hoja, una letra con otra, y una idea con otra, y una frase con otra y una amistad con otra, como ésta que siento por él y me permite mentir sin remordimientos: éste es el mejor libro que he leído en mi vida. Su segundo libro será el mejor de todos; por eso, algo me dice que ya no tendré la honra de prologarlo. Enhorabuena que llegue ese momento querido amigo. Buena suerte Udi Julio Vacaflor 1º de mayo de 2010″

Esperando al Mesías

Síganme !!!

Allá por 1954, o 55 – tanto da – sale a la luz, producto de la pluma de un niño terrible (30 años en ese momento) una novela que, al parecer de este humilde escriba, mereció mejor suerte: “Mesías” era su, por lo menos, sugerente nombre.

Su autor, Gore Vidal, asistió al nacimiento y exponencial crecimiento – por esos años – de un nuevo medio de comunicación de masas, hijo bastardo del cine y la radio y de quién se decía, en esa época, que vendría a matar a su padre y a tiranizar enviando al cuarto de las antiguallas a su madre. El nuevo medio – la televisión, claro, de ella hablamos – se demostró todo lo potente que sus inventores habían imaginado, y aún más; sin embargo, los agoreros presagios respecto a sus predecesores terminaron revelándose como algo exagerados.

Impresionado, decíamos, por la potencia de este medio, y creyendo detectar en él cualidades cuasi hipnóticas, el joven Vidal, un estudioso de la historia del cristianismo, por otra parte, imagina una conjunción, unas bodas monstruosas entre una escatología muy verosímil y un medio de difusión como nunca antes hubo en la historia. El diabólico resultado de este connubio comparte todas las características luciferinas por excelencia: ausencia de amor, cálculo, egoísmo, belleza, poder de seducción. El ojo sin párpado de la cámara, excita y galvaniza al emisor, quién  - casi literalmente – posee a la teleaudiencia, la penetra e impregna con su mensaje, último, definitivo, non plus ultra: Hypnos y Tánatos.

Ciertamente, al decir de un semiólo italiano que escribiría sobre el tema varios años después, el autor nos retrata una pesadilla apocalíptica; los mass media – en su representación más acabada: la tele – son el vehículo para condicionar nuestra mirada, nuestra percepción. No construyen la realidad ni imponen un relato que la sustituya, sino que operan sobre nuestra vista y oido de modo tal que – es sólo un ejemplo – aunque veamos al vicepresidente de la nación entrar a un banco con dos 9 mm y dos adláteres con un AK-47 cada uno, concluiremos que va a hacer un depósito de camino a la armería; contrario sensu, si la presidenta es vista ayudando a una anciana a cruzar la calle inmediatamente colegiremos que lo hace para incorporarla a alguna red clientelar y esquilmarle sus magros ingresos jubilatorios.

Es decir: el “dispositivo” mediático, se configura como unos virtuales anteojos 3D, con su equivalente adjunto auditivo, que nos permite “ver” Avatar tal cual “es”. En la medida en que no alarguemos las manos hacia el objeto que baila delante de nuestra vista, nos convencemos de que efectivamente ese objeto “está ahí”.

De ahí a agacharnos cuando algún objeto vuela hacia nosotros a una fantástica velocidad, hay un paso, el mismo que dieron aquellos espectadores parisinos que asistían al estreno de “La llegada del tren”, de los Lumiere.

Pasa, por otra parte, cotidianamente: desde las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche – hora más, minutos menos – el tránsito de la ciudad de Buenos Aires y el Conurbano enloquece a los cientos de miles de masoquistas que se suben a un automóvil para acudir a su ergástula personal, o retornar de ella a su particular infierno en la tierra, sin embargo basta que una voz desde la radio nos anuncie el paso de algunos centenares de personas con algún contencioso hacia la autoridad para que brote de nuestra intervenida – y ya exasperada – capacidad de raciocinio la definición buscada: caos.

Volvamos a Vidal, que propone una degeneración aberrante del cristianismo y su fascinación por la muerte.

La metáfora es transparente, la ausencia de todo – la nada – es buena. Si el infierno son los otros, el paraíso, entonces, es su ausencia. O, distinto camino pero idéntico resultado, si anulamos, con nuestra muerte, la percepción de los otros, pues…deja de molestarnos su presencia.

El suicidio, entonces, es visto como una liberación.

Las consecuencias de este razonamiento tienen sus bemoles, para qué negarlo, pero su fascinación es intensa, casi voluptuosa.

Imaginemos, sólo un instante, la potencia de esta unión: cuál redivivo flautista de Hamelin la música de los mass media nos lleva de las narices al suicidio en masa.

¿Cómo? ¿Que ya sucede?

Bueno, tan malo no será, entonces.

¡ Adónde vayan los iremos a buscar !

¡ Adónde vayan los iremos a buscar !

Hoy el sol calentó algo más,

hoy esta tierra es más respirable.

Hoy es un “luminoso día de justicia”,

hoy pañales blancos enjugan lágrimas.

Aunque pasen los años y las décadas,

nuestra búsqueda no se detendrá.

Y cuando el llanto, y los abrazos

nos confundan.

Tres piedras, tres diamantes como soles

brillarán, alumbrando el camino:

Memoria, Verdad, Justicia.

¿Está Usted Seguro?

¡Dónde vamos a ir a parar!

¡Dónde vamos a ir a parar!

- Vea, Bromberg, así no se puede seguir, el otro día, sin ir mas
lejos…

- Si, doctor, es realmente terrible, le digo que yo ya no sé que
hacer. Cuando llego a mi casa por la tarde…¿Sabe qué hago? La
llamo a la chica, a la doméstica,¿vió? y me espera con la puerta del
garage entreabierta. Si voy llegando y veo algo sospechoso. Alguna
cara medio rara – Ud. me entiende – sigo y pego otra vuelta…pero
¿Quiere que le diga la verdad? Ya estoy harto de vivir como un preso
en mi casa, no puede ser que nosotros, la gente decente – ¿Me
explico, no ? – digo, tengamos que vivir con miedo, mientras los
ladrones y asesinos andan como dueños de la calle. Y lo peor es que
cuando la policía agarra a alguno vienen enseguida los de los
derechos humanos y arman un despelote. Qué por qué lo meten en la
comisaría con los mayores, qué le pegaron. Mire, si yo conozco
casos – me lo han contado policías de mi zona, o sea, tipos que
luchan contra los delincuentes en – ¿Cómo decirlo ? – la primera
línea de frente, ¿vió?. Bueno, parece que estos negritos se lastiman
ellos solos, se cortan, para acusar a la policía de “malos
tratos”…

- ¡Qué denigrante, Bromberg, qué denigrante! A lo que hemos
llegado…

- …y, claro, viene entonces un médico – pagado por ellos, los de
los “derechos”, ¿Me entiende? y “certifica” cualquier cosa. Ahora,
¿Me quiere decir por qué no certifica que estaban borrachos,
drogados, que son degenerados? Así estamos, vea, parece que nosotros
no tenemos derechos. Uno trabajó toda su vida, mire, si hasta le da
por pensar estupideces…¿De qué sirvió trabajar tanto? Postergar a
la familia, privarse de gustos. Todo para tener algo, ¿vió? Para una
mínima comodidad Porque ¿Qué pedimos, al fin y al cabo? Que nos
protejan de los que nos quieren robar lo que tanto esfuerzo nos
costó…

- Es que ellos lo quieren todo fácil, sin sacrificio, Bromberg.
Ayer, sin ir más lejos…

- …construir, una vida dedicada al trabajo, no como estos
delincuentes que quieren vivir de lo que le da el gobierno, y
encima – si hasta parece el mundo al revés, vea – resulta que le
cortan a uno la calle para protestar. ¿Protestar contra qué, digame
doctor, contra qué? Para que les sigan dando dádivas para no
trabajar. Mire, si yo hasta les ofrecí trabajo una vez – para
probarlos ¿Me entiende? – y ¿Sabe qué me dijeron? Qué cuánto era el
sueldo, fíjese doctor, qué distorsionados que están los valores en
esta sociedad. Resulta que les ofrezco trabajo, yo les doy la
posibilidad de trabajar en mi empresa, que levanté con mi trabajo, y
ellos son los que exigen…

- Claro, Bromberg, claro. uno les mata el hambre y encima…la
semana pasada, sin ir más lejos…

-…y no solo eso, parece que están asesorados por esos abogados de
los “derechos” que les meten en la cabeza que tienen que reclamar
todas esas – perdone, doctor – boludeces de otras épocas nefastas.
Que aguinaldo, que vacaciones, que obra social, que horas extra al
cien por cien. ¿Cuándo? Dígame Ud. doctor ¿Cuándo tenemos nosotros
vacaciones? Si toda la vida la pasamos trabajando. Y si quiero
vacaciones me las pago de mi bolsillo, lo mismo que la medicina. Por
que esta gente cree que los demás tienen que ocuparse de sus
problemas. ¿O acaso yo le pido a alguien que se preocupe de
mi “jubilación”? No, por que tengo un sentido del ahorro, de la
previsión, no me gasto la plata en vino, o en droga. Menos mal que
todavía hay gente como Ud. con la que se puede hablar de estas
cosas, doctor… A propósito: ¿Para la mercadería esa que le mandé la semana pasada? Como siempre ¿No? No le hace falta la factura, si total..

(Publicado en “La venganza de Sauron”, primera época, 8 de septiembre de 2006)

Teto para todos, ya !

Teto para todos

¿Para cuando “Teto para todos”? ¿Eh, eh?

¿O ahora me van a decir que el futbol es más excitante, emocionante y creativo que el teto?
Desde esta columna, humildemente, proponemos “Teto para todos”.
Universal, simultáneo y obligatorio. El Comité Central de la C-O-N-C-H-A, consciente de la importancia del tema se halla abocado – con perdón de la expresión – a la redacción del Reglamento
A ver quién se opone…¿El “Colo”? Ese es más fiestero que el Diez…
¿Lilita? Si se desespera por encontrar alguien que quiera jugar con ella.
Por supuesto siempre aparecerán detractores, que dirán – vaticino – “Pan y Teto”, “El Teto: opio de los pueblos”, etc. Pero lo hacen de amargos, nomás.
Asi que: Teto para todos, televisado en directo y cadena nacional.
Fixture de la primera fecha:
  1. Lilita & Cleto (amistoso local)
  2. Cristina & Néstor (entrenamiento)
  3. Pepe Mujica & Pato Bullrich (amistoso internacional de veteranos contestatarios)
  4. Borat & Messi (mundial de Kuwait, o Qatar, o Adén Arabia)
  5. Bonelli & Silvestre (Liga Interempresaria Zona Norte)
  6. Reutemann & Latorre (Clásico santafesino)
  7. Lucas & Mariano T. (Torneo Interno de AP)
  8. Marcelo Araujo & Mariano Closs (Liga vs. Copa)
  9. Jorge Altamira & Vilma Ripoll (Clásico de barrio, los peores…)
  10. No hay 10… se aceptan sugerencias.

¡El problema no es el faso o la merca, es el capitalismo!

Desde que el hombre es hombre utilizó diversas sustancias, que la madre naturaleza le proveía, para alterar sus estados de conciencia.


Combinando sabores, aromas y colores aprendió, ya desde Neardenthal, a ver, oir y coger distinto bajo la influencia de preparados cuya receta era celosamente custodiada por los ancianos, los sabios, los jefes tribales, chamanes, etc.
Todas las cosmogonías abundan en referencias, casi siempre muy explícitas, al uso de estas sustancias, y – ya en tono más moralista – a las consecuencias nefastas de su abuso.
Las sociedades pre-estatales aprendieron, largo y arduo camino, a regular y dosificar la utilización de estas sustancias, generalmente por el método de controlar su producción, circulación y distribución.
El acceso a las mismas solía estar restringido a ciertos grupos etáreos (lactantes, por ejemplo); sociales (prisioneros de guerra, esclavos); o religiosos (algunas ramas sacerdotales).
El consumo, entonces, se reservaba para ciertas especiales ocasiones, pero, fuera de algunas restricciones como las citadas, era universal.
Estaba férreamente pautado, y aceptado por la fuerza del derecho consuetudinario, que en esas ocasiones era admisible, e incluso recomendable, experimentar la influencia de algún compuesto o brebaje sobre las percepciones comunes y corrientes.
¡Cuánto mito o leyenda no habrá sido pergeñado bajo el influjo de estas ingestas o aspiraciones!
El autor intelectual de los cuatro caballeros de la imagen que engalana el inicio de esta pedorra página, sin ir más lejos, escribió el Apocalipsis de un saque…
La evolución en las formas de organización social, consecuencia de los cambios en los modos de producción de la vida material introdujo al mercado como reemplazo de formas más arcaicas de redistribución de la riqueza como la reciprocidad y el intercambio, y estas sustancias no escaparon al destino común de otros productos fruto del esfuerzo humano: se mercantilizaron.
¿Porqué, entonces, debería asombrarnos que una organización social que convierte todo en mercancía dejase de hacerlo con las ante citadas sustancias, naturales o de diseño?
Desde esta página, consecuente con los postulados de la C-O-N-C-H-A y las actualizaciones doctrinarias que periódicamente emite su Comité Central ante la necesidad de prevenir desviaciones dejamos en claro nuestra posición:
  • Sí al faso, no al capitalismo que todo convierte en mercancía.
  • No todo se compra, no todo se vende.
  • Salud, faso y Resistencia
udi, todo bien, man.

Dialoguitos en la Asamblea I

Este es el primer capítulo de una serie que intentó relatar cierto espíritu de época, y quizás sólo derrapó hacia el costumbrismo.
Bueno, peor es nada, se dice el polígrafo del barrio La República, y ataca de nuevo.

Porque en el fondo, uno ama al mundo a partir de la certeza que este mundo, triste mundo convertido en campo de concentración, contiene otro mundo posible. O sea, que el horror está embarazado de maravilla”.

Eduardo Galeano

Dialoguitos en la Asamblea I

- Y entonces, ¿Qué buscamos? – Dijo Miño con su voz de flauta. El chaqueño sorbió una vez más el mate, ya lavado, y se dispuso a explicar lo que ni él mismo terminaba de entender.
- Mirá gallego, la gente parece dispuesta a seguir en esto. La flaca Esther, por ejemplo, ¿Vos te la imaginabas repartiendo volantes en la puerta de un supermercado? Si hasta ayer nomás lo único que la movilizaba era la novela de las 5 de la tarde.
El chaqueño lamentó esas palabras apenas las terminaba de decir. Era injusto, lo sabía. La flaca, y millones de argentinos, empiojaba su mente por hastío, por desesperanza, por ver crecer a su única hija y saber todo el tiempo que el inevitable futuro de la piba estaba afuera. Pero también, o quizás principalmente, por que a los cuarenta – bastante bien llevados, che – sentía que los años escapaban inmisericordes, que los pocos pacientes – locos, en la jerga – que llegaban a su consultorio venían cargados de neurosis chiquitas, hasta sencillas. Que no habría ninguna “Dora” recostada en su diván. Que “la plata no alcanza, Doctora”, y de vez en cuando – sólo muy de vez en cuando – la reconfortaba que algún pendejo no se meara más en la cama.
No, era muy hijo de puta culpar a la flaca, pensó nuevamente el chaqueño. O – puestos a generalizar – a los pobres argentinos.
- Bueno, qué sé yo – dijo el chaqueño, mientras ponía más agua a calentar – Supongo que cada uno busca algo distinto, pero también creo que son mayores los parecidos que las diferencias.
- Entonces – preguntaba el gallego. Serio, y decidido a no dejar cabo suelto – ¿Cómo se sostiene la presencia en la calle, si nos siguen dando palos y nuestra única respuesta es pegarle a la cacerola? Y eso ya también está aflojando.
El gallego era metódico en la reflexión. Cada pregunta iba dirigida a extraer la opinión del chaqueño, al que respetaba, y en quién veía la imaginación de la cual su psique tan estructurada carecía.
Empleado bancario de carrera – más de veinticinco años – el gallego pensaba en función de sumas y restas, concretas: dos mas dos sólo podía tener un resultado. La contundencia del argumento, y su universal aceptación, no hacían más que ratificar la rectitud de esa línea de pensamiento.
Claro que algún espacio a la pasión cabía en el gallego – a veces a pesar suyo – y así es como se lo suele ver en las marchas y movilizaciones, por ejemplo, agitando banderas y pancartas, saltando enfervorizado al grito de: “Oh, que se vayan todos…” o, pero esto lo mantenía en semisecreto, pintando los frentes de cajeros automáticos con consignas escatológicas. Sus amigos lo zaherían por esto último, atribuyendo sus acciones a una escondida vocación de destructor de máquinas, cuando no a un odio poco “elaborado” por los artefactos que vendrían a quitarle el trabajo. El ruso Felman opinaba que, si en vez de cajeros automáticos los bancos hubiesen puesto chinos a atender al público en un cubículo de dos por dos, el gallego habría evolucionado hacia la xenofobia muy rápidamente. Pero en esto – como en otras tantas cosas, hay que reconocer – el ruso probablemente exageraba.
De todos modos la participación del gallego en la “Comisión de Servicios Públicos” de la “Asamblea Popular Barrio Don Ernesto” era muy valorada por todos los vecinos: el tipo es una luz con los números, y su capacidad de trabajo era indiscutida. Los vecinos no lo conocían de ahora, por supuesto, el gallego siempre fue un personaje popular en el barrio. No sólo por su asistencia casi perfecta para las partidas de tute en el club, como dicen algunas víboras, que en el barrio – gracias a Dios – no faltan. El gallego siempre colaboró activamente en la cooperadora de la escuela, y nunca ocultó su pasado militante, del que se sentía – legítimamente – orgulloso.
El chaqueño apreciaba la capacidad analítica del gallego, pero lo asombraba su imaginación tan convencional:
- Bueno, bueno. Hay que ver cómo va impactando la crisis en cada uno. ¿Qué te parece esta comparación? Cuando va subiendo la marea, cada ola llega a la playa, y se retira, vuelve. ¿No? Sin embargo, y por infinitesimal que sea, cada ola avanza un poco más sobre la arena, antes seca, y va humedeciendo una superficie más importante que aquella a la cual efectivamente cubrió. ¿Por qué? Supongo que miles de gotas fluyen bajo la superficie, de tal modo que en algún momento – impreciso, por definición – dónde había arena ahora hay agua y espuma. ¡Qué tal, Pascual! ¿Te gusta la imagen? El pueblo – pero hasta el mismo chaqueño se asombró de utilizar nuevamente el concepto, en vez del tan invocado “gente” – lentamente va ocupando los espacios que les fueron arrebatados, robados, saqueados. Estamos en la calle, que no es poco, y aunque seamos menos que en las “Jornadas de Diciembre”, hay un lugar conquistado que estamos sosteniendo.
El chaqueño siempre fue un incurable optimista, de otro modo no persistiría en sus emprendimientos; como aquella vez que trató de exportar dulce de mamón a Italia y cuando ya había mandado las muestras, logrando la aprobación de calidad, le llegó un fax con una orden de compra y el correspondiente cronograma de entregas. Ahí cayó en la cuenta que no había en Rosario suficientes fábricas de dulce que pudieran abastecer las cantidades mensuales que los tanos le pedían. El chaqueño no se amilanó, utilizó los contactos establecidos para gestionar una beca para estudiar las redes asociativas de pequeñas empresas en el Piamonte y el Milanesado. Lo increíble es que la consiguió, y así se pasó seis meses entre Turín y Milán de arriba. Cuando volvió no sabía mucho más de gestión empresaria que antes, pero estaba cada vez más convencido que sin capital suficiente no se podía hacer nada importante, así que se dedicó a reunir un “pool” de inversores locales que financiara la fabricación y exportación de muñecos de peluche aprovechando la cantidad de pequeños talleres en los que familias enteras se dedicaban a la confección por el método de “cama caliente” o coreano. Esta forma de trabajo consistía en que mientras un integrante de la familia trabajaba otro dormía, alternando la posición cada período de tiempo establecido entre ellos. Así al que le tocaba el turno de descanso encontraba el lecho tibio y acogedor, también en verano. Lamentablemente para el chaqueño esto sucedió a principios de la convertibilidad, y mientras organizaba el asunto comenzó a llover un aluvión de muñecos hechos en lugares tan improbables como Singapur, Tailandia y China, a precios que no llegaban ni al costo de la materia prima.
El 19 de diciembre el chaqueño había salido a la calle, a eso de las 11 de la noche, golpeando un grueso cortafierros contra la columna del alumbrado. Mucha gente salía a hacer ruido, y entonces apareció la innata capacidad organizativa del chaqueño: – Cortemos la calle, vamos para el centro.
A las cuatro o cinco cuadras de marcha hacia el monumento ya eran más de cuarenta las personas que seguían las consignas que el chaqueño improvisaba, a razón de una por cuadra, más o menos.
A partir de esos trágicos, y – como decía el chaqueño – mágicos días ya nada fue igual en su vida. Pocas horas le dedicaba al bar que atendía en una esquina bastante concurrida – antaño – del barrio. A fines de enero ya se ocupaba más en repartir convocatorias a la asamblea que en reponer la desfalleciente provisión de cerveza fría. En un principio la asamblea se reunía en la puerta del bar del gallego, quién participaba sin bajar la persiana, para no exponerse a la sublevación de consuetudinarios parroquianos que llenaban las largas horas caniculares frente al televisor, vaso de tinto y soda de por medio. A principios de febrero, cuando comenzó el campeonato, y la copa Libertadores, la contradicción entre los sesenta, setenta asambleístas, y los televidentes se hizo más flagrante, dados los gritos que estos proferían ante cada jugada con posibilidades de gol. El chaqueño resolvió la situación proponiendo una moción para que la asamblea se traslade a la puerta del club social, deportivo y biblioteca popular “Dos de Mayo”, bautizado así en los años cuarenta por un grupito de gallegos republicanos para quienes la fecha recordaba pasadas gestas libertarias. La atención de la clientela fue resuelta por el chaqueño contratando para esas noches al “Enero Ochoa”, conspicuo consumidor del establecimiento, a quién el ingenio popular había bautizado con ese apodo dado que no tenía ni un día fresco. De todos modos la tarea a su cargo no revestía mayor complejidad que mantener llenos los vasos. La cobranza no constituía problema puesto que cada cliente tenía su respectiva botella en la heladera del bar, y la facturación se hacía midiendo – a ojo de buen cubero – cuánto había descendido el nivel del líquido entre una noche y la siguiente, acción que – todos lo reconocían – el chaqueño realizaba con criterio dispendioso.
Ya frente a la puerta del club la asamblea se organizó y – cosa curiosa, decía el gallego – se serenaron mucho los ánimos exaltados de las primeras semanas. Casi imperceptiblemente los temas debatidos fueron aproximándose más a las necesidades barriales y municipales. Fue por este motivo – probablemente – que la participación del gallego, siempre interesado en las materias nacionales, perdió un poco de la relevancia que tenía en los primeros tiempos, cediendo protagonismo al chaqueño. Las propuestas de éste, más vinculadas a las necesidades inmediatas del barrio, fueron ganando tiempo de discusión en la asamblea.
- Hay que reconocer- decía el ruso – que las ideas del chaqueño son originales. Él organizó la “serenata” en la puerta de la casa del intendente.
El ruso todavía se reía de la ocurrencia del chaqueño. Sabiendo que el jefe municipal había contraído nupcias (segundas) hacía poco tiempo, y que fruto de su apasionado romance con una – cómo no – joven empleada municipal, había procreado a la edad en que la mayoría de los hombres empiezan a tener nietos, el chaqueño convocó a tres guitarristas, convenció al Renato que pusiera el camión y casi media asamblea se trasladó hasta el centro para cantarle canciones de amor bajo el balcón de la casa. Cada tanto – entre canción y canción – el chaqueño, con un altavoz prestado por el verdulero, exhortaba al intendente a poner en la defensa de los intereses de los contribuyentes de la ciudad similar pasión a la que – tardíamente, decían algunos prosaicos – lo había asaltado a tan respetable altura de su vida.
El ruso contaba, doblándose de la risa, que los vecinos se sumaban a la serenata improvisando coplas de alto contenido erótico, cuándo no escatológico. Pero en el barrio desconfiaban un tanto de la palabra del ruso, y comentaban que dichas coplas eran de su exclusiva autoría. Sin embargo, Franklin Felman – escribano por necesidad y mentiroso por vocación – era muy apreciado por sus dotes humorísticas e histriónicas. Desde el primer momento bregó por constituir en la asamblea una “Comisión de Cultura”, pero el gallego – metódico y obsesivo – desesperaba en cada reunión los sábados por la tarde. Al poco tiempo de empezada la reunión de la comisión la discusión sobre presupuestos educativos, programas de estudio y actividades culturales para el barrio se desviaba hacia alguna propuesta por parte del ruso para montar una obra de teatro sobre algún texto del Negro Fontanarrosa o Dalmiro Sáenz. La gente comenzaba a discutir los méritos como dramaturgos de ambos y el ruso terminaba representando algún fragmento de “¿Quién, yo?” O – peor – especulando sobre el tono de voz que habría que imprimirle a “Boogie, el aceitoso”. No obstante en la asamblea el ruso aportaba siempre mociones mesuradas. Todos recordaban con qué prudencia y equilibrio obtuvo que los integrantes de “La Murga de Don Ernesto” se abstuvieran de realizar un “Escrache” frente a las dependencias de la comisaría del barrio con el objetivo de incriminar a los trabajadores de seguridad por su vigilancia exagerada frente a la Plaza “General Suvín”, dónde los jóvenes del barrio se reúnen por las noches a cantar, charlar y compartir momentos de sana camaradería, abundantemente regados – nobleza obliga – por litros de vino en cajita. Algunos integrantes de la asamblea no ven con muy buenos ojos estas tertulias, argumentando que nuestros chicos suelen ponerse por demás eufóricos y hasta reclamar a grandes voces la legalización de ciertas sustancias de consumo prohibido por las autoridades, pero cuyos efectos – aducen los jóvenes – son menos nocivos que el cigarrillo común y legal. La habilidad del ruso para negociar con nuestros musicales jóvenes, y mediar ante los integrantes de la asamblea que ven en la juventud un peligro para sus siestas estivales, fue ponderada con notables muestras de gratitud por parte del chaqueño. Ocurre que éste, de natural algo vehemente, estuvo a un tris de provocar una escisión en la asamblea por un tema no tan importante en esta etapa, decía.
- Si no se metía el ruso los mandaba a esos viejos a la mierda – le decía, confidente, al gallego, mientras el ruso aprovechaba el momento de ternura del chaqueño y – confianzudo – se servía otra ginebra a cuenta de la casa.
- No es nada, lo que pasa es que Doña Clara es un poco intolerante con los chicos, pero la vieja es de fierro, viene a todas las asambleas, y fue ella la que propuso lo de las compras comunitarias. Mirá si la íbamos a dejar ir por una pavada así.- El ruso abogaba por la paz y la concordia en el barrio, salvo cuando la presencia de algunos vecinos – nazifascistas – los calificaba, lograba sacarlo de sus casillas.
- Esa gente trabaja para el coronel Yussuf, y mañana van a apoyar cualquier intento de golpe – decía el ruso, mirándolo al gallego para que emita opinión.
El gallego tomó un mate, y considerando todos los elementos disponibles para evaluar la circunstancia decidió que era posible realizar una apreciación bastante objetiva.
- Por ahora no son un peligro, salvo que probablemente sean buchones de la cana, pero evitar eso sabemos que es casi imposible, así que yo creo que hay que tratar de neutralizarlos en la asamblea cuando muestren la hilacha antidemocrática. ¿A quién van a arrastrar? Con el discurso nacionalista pueden hablar un rato de las empresas privatizadas y el capital extranjero, pero cuando empiecen con que acá necesitamos un gobierno “fuerte” y de “mano dura” alguien se va a encargar de recordarle a la asamblea que ya tuvimos dictadura, y que los comisionados para la política económica fueron los mismos que después pusieron los gobiernos “democráticos”, así que no son garantía de ninguna gestión económica “nacionalista”.
Duro y afilado, con las cartas mas o menos a la vista el gallego Miño hacía el cálculo de probabilidades y sacaba conclusiones. Pero su mente analítica siempre lo traía de regreso a dónde quería llegar:
- Está bien – le decía al chaqueño – vos decís que estamos en un proceso de “acumulación”, subterráneo y lento, y que las condiciones externas, o sea la inflación y el desempleo, van a actuar como excitadores de una nueva etapa de movilizaciones masivas.
- Macho: nadie lo dijo tan bien – el chaqueño le pasaba vaselina.
El ruso preguntó, recurrente, por qué no invitar a esa charla previa a la asamblea al Dr. Moyano, abogado con muchos años en el ejercicio de la profesión, fluidos contactos en el foro local y que en otras épocas supo ser candidato a diputado provincial por alguno de esos “Frentes Populares” que armaba el partido comunista. La idea del ruso, a quién no se le conocían simpatías partidarias, era que un ex – comunista podría aportar un nutrido bagaje de experiencia en asuntos de organización.
- Mirá ruso – dijo el chaqueño un tanto fastidiado – primero, que esta no es ninguna “reunión previa”, como vos decís. Acá somos unos vecinos tomando mate. Y segundo, si tanto querés que venga Moyano, entonces invitalo, y que venga de una vez a la Asamblea, que no se le va caer nada.
- Bueno, no te sulfurés – dijo el ruso.
- No, no es para enojarse. – Terciaba el gallego, que odiaba la controversia entre amigos. – Pero es importante que tengamos en claro que no corresponde discutir estos temas por fuera de la asamblea. Cualquier propuesta que alguien tenga debe llevarla al seno de la asamblea.
- Tampoco es para tanto, che – el ruso retrocedía tirando granadas – podemos reunirnos para ir preparando una propuesta que después la asamblea decidirá si la acepta o no.
- Si, pensándolo bien no tiene nada de malo, tampoco es cuestión de hacer un “culto” de la “espontaneidad”. – El chaqueño pensaba y hablaba a la vez:
- Supongo que debemos ir dándonos alguna organización.
- ¡Para eso están las comisiones! – intervino el gallego, estructurado y orgánico.
- Me refiero a que si, por ejemplo, de repente se aparece el dueño del autoservicio, el de acá a la vuelta, con los empleados, sí, ya sé que no son muchos, pero, estoy suponiendo, nada más: organiza a unos cuantos clientes, de los que le deben unos pesos, y se viene a proponer que, qué sé yo, que organicemos patrullas armadas por el barrio. Bueno, entonces: ¿Qué hacemos? – El chaqueño se interrumpió. – La verdad no tengo ni idea.
Un silencio cargado de miradas sobrevino. El ruso miraba fijamente el fondo del vaso de ginebra como si ahí estuviese escrita alguna respuesta. El gallego clavó la mirada en un almanaque viejo que colgaba al costado de la puerta de entrada al café y bar “Resistencia” cuyo titular – el chaqueño – le impuso el nombre en consideración a su querida ciudad natal, y no en atención a valores revolucionarios o “anti – modelo”, así como un desteñido trapo rojinegro no indicaba posibles militancias anarquistas; en todo caso solamente cuestionables preferencias deportivas, fruto de viejos amores cuando cursaba los estudios secundarios en la ciudad de Santa Fe.
- Al fin y al cabo – retomó la palabra el chaqueño -, las posiciones políticas, y las decisiones que tome la asamblea responderán a las condiciones que nos imponga la situación económica y política. Por supuesto que no es cuestión de prevenir el manijeo con tácticas similares, y – con la excusa de adelantarnos a los fachos – practicar sus mismos métodos. Pero, y la distinción es importante, aún diría más: fundamental, tampoco vamos a ir tiernos y blanditos a encontrarnos con que alguien intenta llevar la asamblea hacia donde – con toda seguridad – no queremos que vaya. Así que, muchachos, nosotros vamos de frente, pero no somos boludos. ¿Qué les parece esto? Propongo una moción para la próxima asamblea: introducir un restricción para votar, solamente podrán hacerlo quienes hayan participado por lo menos en dos de las últimas tres asambleas.
- ¡Pero vos estás en pedo! – Saltó el gallego – ¡Eso se parece al voto calificado! ¿Dónde queda el espíritu democrático que nos impulsa? Para eso dejemos a los concejales y diputados que sigan en la suya.
El gallego era intransigente, siempre opinó que con ciertas cosas no se juega, y no iba a cambiar a esta altura del partido.
El chaqueño suspiró hondo, unió las palmas de sus manos con los dedos bien separados, y se dispuso a explicarle al gallego su idea de voto “restringido”:
- ¿Quién compone la asamblea, sino nosotros, los que vamos, creemos en ella como espacio en construcción, la sostenemos con nuestro trabajo, y tratamos de acrecentarla reclutando más integrantes – aunque muy bien no nos vaya en las últimas semanas? ¿No deberíamos entonces preservar el poder de decisión para aquellos que participan, la integran regularmente, y protegernos de los que quieren utilizarla sólo ocasionalmente, sin voluntad democrática?
- Para eso fundemos un club – cortó el gallego un tanto amargamente
- Ché, prendé la tele, dijo el ruso disimulando la mufa.

udi, marzo/abril de 2002

Golpe al ego argento

The New York Times

Recientes descubrimientos arqueológicos confirmaron una sospecha que ya era “vox populi” entre los modernos seguidores de la disciplina fundada por Herodoto.

(Por Eleanor Burgess, corresponsal en Alemania)

Los preparativos para la conferencia de prensa estaban teñidos de ese halo de ansiedad que parece planear sobre los grandes acontecimientos. Hasta los camareros encargados de servir los deliciosos canapés de caviar, hígado de pato y lenguado del Báltico sentían la gravedad del momento. Los periodistas científicos acreditados ante la Universidad de Frickland Übber Freitag palpitaban con una excitación comparable a la oportunidad – casi un siglo largo ha – en que Jung reveló sus categorías arquetípicas al mundo.

Mientras tanto en las puertas del paraninfo una aglomeración de manifestantes argentinos, conducidos por señores de poblados bigotes y matronas oxigenadas de rasgos faciales tirantes, abucheaba a los ingresantes, evidentemente alertados por algún infidente del equipo de trabajo del profesor Von Shaize.

Frickland es una deliciosa localidad enclavada en el difuso límite entre la baja Sajonia y la alta Baviera, al pie de unos riscos desde los cuales descienden cascadas que como cintas de plata sorprenden la vista del viajero desprevenido. Su población estable ronda las seis mil almas, nutridas durante el período escolar por la presencia de mas de dos mil bulliciosos estudiantes que cursan algunas de las ocho carreras que se dictan en su prestigiosa y antigua universidad. Los habitantes de Frickland suelen ser reservados, pero se muestran sumamente expansivos cuando se les incita a recordar los que es el orgullo principal de la villa: en el siglo XII acertó a pasar por aquí el emperador Federico Barbarroja, quién, desesperado por el mal estado de los caminos pernoctó en una casa de la aldea, antes de seguir viaje hacia la II cruzada, en la que – como es sabido – encontraría triste fin pereciendo ahogado – o envenenado – y sin cumplir su meta de liberar Jerusalén.

Sea verdad o leyenda el acontecimiento marcó para siempre el carácter de los habitantes de Frickland, quienes se resisten a creer seriamente que hayan sucedido sobre la faz de la tierra hechos de mayor relevancia en los últimos ocho siglos.

No obstante, no dejan de enorgullecerse de la excelencia académica de su universidad, fundada por San Alberto Magno en Colonia en el año 1.250, pero que trasladó algunas de sus disciplinas de estudio al ámbito más silencioso de Frickland en el mucho más reciente 1.989.

Una de las más destacadas voces que se dejan oír en los claustros de Frickland Übber Freitag es la del profesor Edelweiss von Shaize, especialista de renombre mundial en estudios asiriológicos, quién convocó a conferencia de prensa recién llegado de Irak, en dónde dirigía unas excavaciones en las afueras de la aldea de Umm el Fajn, en unos socavones recientemente descubiertos, a raíz del estallido en su proximidad de unas novecientas toneladas de “bombas de racimo”, arrojadas por la fuerza aérea usamericana para castigar la aparición de pintadas en los muros de Bagdad en las cuales se ponía en entredicho la hombría y capacidades intelectuales del presidente Obama.

El profesor (Herr Professor) von Shaize es un hombrecillo efusivo, sanguíneo e hiperkinético, quién no dejó de desplazarse en su silla de ruedas durante todo el tiempo que duró la entrevista. (Ver: “Los argentinos no me atemorizan”, en página 48, columna III).

Al final de la misma se dirige con movimientos rítmicos de sus brazos sobre las ruedas, no exentos de cierta dignidad.

Entramos al recinto en dónde debía llevarse a cabo la conferencia de prensa entre los abucheos, y gritos proferidos en un idioma parecido al español, pero no como se lo enseña en los EEUU, sino una versión cacofónica y degenerada, acompasada por lo que parecen ser marchas militares, de las cuales los argentinos parecen contar con cientos y a las que dejan oír – parece – en los estadios de “fóbal”, deporte típico que parece ser una versión simiesca del football, dado que la pelota es ¡redonda! y se prohíbe tocarla con las manos.

Dejamos atrás a esta canalla, y nos dispusimos a escuchar las palabras del profesor von Shaize.

Extrañamente medido el rubicundo teutón fue izado al estrado por dos gentiles y fornidos estudiantes a los que los ruidosos argentinos tildaron de “patovicas”, sin que haya podido establecerse el significado de dicha expresión.

Un momento de relativa tensión se vivió cuando el profesor dio unos ligeros golpes con sus nudillos sobre el micrófono, advirtiendo que éste no funcionaba. El hecho fue corregido inmediatamente, tras comprobarse que había sido desenchufado por algún inescrupuloso integrante de la “trouppe” argentina. El despreciable sujeto fue inmediatamente retirado del aula magna con el auxilio de unos guardias de seguridad, enfundados en hermosos uniformes negros con botones y pasamanería plateada. Es sabida la pasión del pueblo alemán por los uniformes, lo que habla a las claras – por si hiciese falta – de su elevadísimo nivel cultural.

Subsanado el inconveniente el profesor dio unos golpes con un martillo que estaba previsoramente colocado a su diestra para acallar los murmullos, aunque debió colocar una bellísima pistola “Luger” que extrajo de entre los pliegues de su toga para obtener el silencio de la chusma argentina, bastando para esto un gesto que de ningún modo podría calificarse de “amenazante”, como sugería un abogado checo de raído traje marrón y gastados zapatos que acompañaba, en calidad de asesor letrado, a la plebe sudamericana.

El profesor von Shaize se dirigió entonces a los presentes, nombrando a todos los destacados intelectuales compañeros de claustro por sus nombres y cargos. Este procedimiento puede parecer tedioso para aquellos que ignoran la importancia que da el pueblo alemán a valores tan cardinales como el respeto a las jerarquías, una muestra más de las altísimas cotas culturales alcanzadas por los metódicos y ordenados germanos.

A continuación el profesor tuvo la deferencia de mencionar el alto honor que para sí mismo y la universidad de Frickland suponía la presencia de “destacadísimos representantes de esa verdadera misión que es la divulgación científica”. Un cálido murmullo de aprobación surgió de todos los periodistas allí reunidos, al verse reconocidos por una eminencia de nuestros tiempos como el profesor von Shaize.

Por último, y con cierta entonación de velada advertencia, el erudito saludó a los “legos” que allí se habían dado cita.

- Señoras y señores – comenzó su histórica alocución con las palabras que recorrerían el mundo. – “Los caldeos conocían el dulce de leche”.

¡Conmoción en la Blogosfera Nac&Pop!

Inesperado giro a la izquierda del “Lucarrasquismo“.

No pocas voces se han levantado para deplorar haber sido manipuladas en su prístina inocencia nacional y popular por expresiones políticas que – ahora se demuestra – han practicado el más crudo “entrismo“.
Pasadas las elecciones en las que el
bloque nacional, popular y democrático se enfrentó a todas las facciones del gorilismo vernáculo, se va separando la paja del trigo.
Así, en algunos
sitios pueden leerse análisis en los que – bajo la apariencia de “autocrítica” – campean las más feroces invectivas contra la conducción del proceso que produjo los años más felices para el pueblo argentino en lo que va del siglo.
Estaremos atentos ante esta maniobra, que no por burda es menos dañina, para alertar a toda nuestra masa de lectores, que no por pocos son menos importantes,
como dijo el general.
Desde
esta tribuna de doctrina Nacional y Popular denunciaremos sin vacilar cualquier intento de desviar por los turbios meandros de ideologías reñidas con el ser nacional el ancho y caudaloso curso que nos lleva a nuestro destino de grandeza, al cual – parafraseando a un compañero algo cascoteado ultimamente – “estamos condenados“.
El polígrafo del Barrio La República, consciente de la gravedad del momento, no trepidará en convertirse en fiscal de nuestras mas arraigadas convicciones y denunciar todos los intentos de hacernos pasar gato por liebre.

Apostillas de un evento populista

Apostillas de un evento populista

La jornada apuntaba para lluviosa, y en el frente del viejo Hotel Italia, reciclado por la inolvidable gestión Millet al frente de la UNR, en estado de reparación permanente desde hace años, se agolpaban empedernidos fumadores a quienes la intemperancia de las sucesivas administraciones socialistas de la ciudad van empujando hacia la calle. Muchas caras conocidas, mucho militantes políticos, y el polígrafo del Barrio La República, convocado de urgencia por la C-O-N-C-H-A para dar cuenta de los avatares de una conferencia y un posterior encuentro de “Bloggers“, sea esto último lo que sea.
Este polígrafo, de prosa lenta y estilo algo cargado, se preguntaba como oficiar de cronista, actividad para la cual se precisan dotes que no figuran en su currículum, a saber: estilo ágil e incisivo, velocidad para la pregunta filosa, trabajo de pre-producción para saber de qué se trata, y – lo más importante – entrenamiento para escribir cuarenta líneas en media hora, resignando, si cabe, preciosuras literarias en el altar de la vorágine de la información.
Como la tarea profesional se impone sobre consideraciones de pureza estética, y dado que el comité central de la C-O-N-C-H-A exige llevar a las masas del partido una información en tiempo real, dejaremos la belleza de los introitos (cuya sola mención, por homofonía, evoca otras actividades más placenteras) para la columna semanal que el comité central (de ahora en más: CC) planea publicar en esta hoja a la brevedad. De ser posible antes de las próximas elecciones.
Pasaremos, por lo tanto mis estimados lectores, a una rápida reseña de la conferencia antes mentada.
Poco se dirá, por cuestiones de espacio, de la Mesa de Esclarecimiento que se plantó en el hall del viejo hotel, por parte de un grupo de bloggers rosarinos a favor de la libertad de expresión y en contra de la presunta censura que algún medio masivo (cuya masividad es de por sí sinónimo de trabajo fiel y honesto en pos de acercar información fidedigna a sus lectores y/o radioescuchas, y/o televidentes, y/o lectores de su página web). Estos exaltados jóvenes, cuyo nombre no habla muy bien de su vocación por la originalidad, sostienen – contra toda evidencia – que los medios masivos de comunicación se guían por consideraciones que tienen mas que ver con sus intereses empresariales (como si fuese pecado tratar de obtener un beneficio – moderado – por una actividad comercial lícita) que con un verdadero apostolado al servicio a la comunidad. La desmesura de semejante afirmación exime de todo comentario, y sus invectivas contra este cronista, adjudicándole indignas intenciones de lograr la corresponsalía de un importante medio capitalino pintan a estos personajes de cuerpo entero: harto conocida es mi inclaudicable lucha a favor de la seriedad y responsabilidad con la que se debe tomar la libertad de expresión, que no debe ser confundida con libertinaje, para que cualquier poligriyo diga los que se le canta.
Una vez aclarados ciertos conceptos básicos que deben guiar a nuestra profesión, este polígrafo, cumpliendo con la misión que le encomendara el CC de la C-O-N-C-H-A, se dirigió al salón en el que se desarrollaría la conferencia, ignorando los epítetos con los que estos Bloggers se dirigían a su persona. Ya saben, mis estimados lectores, lo que reza el viejo dicho: “A palabras necias, oidos desenchufados”.
El piso de parquet traido a principios del siglo pasado de Rusia para engalanar el salón comedor del viejo hotel crujía bajo las pisadas inmisericordes de cientos de estudiantes de la carrera de ciencias políticas, muchos militantes identificados con vestimentas que otrora le hubiesen impedido el paso al majestuoso salón, algunos catedráticos de barbas pobladas y sacos de corderoy, y pocos rosarinos de pro, a quienes – es sabido – le disgusta rodearse de multitudes, por módicas que estas sean.
Pocos minutos antes de que se de por iniciada la serie de introducciones a la exposición del conferenciante principal, se perturbó la indispensable tranquilidad que requiere un acto de estas características por la bulliciosa entrada de un grupo de personas, cuya presencia delataba poco apego por la elegancia, y que decían ser la avanzada un colectivo mucho más numeroso que se reconoce bajo la común – e imprecisa, agrega este polígrafo – denominación de “Bloggers”.
Al parecer, mis pacientes lectores, estas personas habían realizado lo que a sus ojos constituía algo así como la travesía del desierto en épocas del General L. V. Mansilla, pero que no fue más que sentarse a bordo de un confortable micro que partió de las inmediaciones del Congreso Nacional (La escribanía) a las 07:00 de la mañana, arribando a la capital de los cereales a las 11:00 AM.
Según declaraciones de uno de estos personajes, que confundió a vuestro improvisado cronista con un adherente a sus posturas radicalizadas, todos los gastos que demandó la movilización de este grupúsculo de activistas corrieron por cuenta de un misterioso ente que este integrante definió como “La Caja“. Dicho esto, el personaje – que no dejaba de tener su costado simpático – sinceró sus motivaciones para haberse levantado tan temprano en un dia destemplado y viajar mas de 300 km: “El chori y la coca, macho, así como te lo digo“.
Una vez obtenida esta declaración exclusiva este polígrafo optó por ubicarse en el extremo opuesto del salón, a fin tanto de escuchar claramente al disertante como de poner distancia entre su persona y el ruidoso grupo, que aún no había descubierto mi no-pertenencia a sus filas.
En fin, mis estimados y enaltecidos lectores, ya sabéis cuán peligrosa puede ser esta profesión para todo aquel – que como este servidor – pretende desarrollarla con nobleza y buenas artes.
Fin de la primera parte de la crónica, la cual, si el CC de la C-O-N-C-H-A así lo dispone (y se acredita el cheque de la semana pasada) concluirá mañana en esta misma hoja.

Soy Republicano

Por quién doblan las campanas

Soy Republicano…

Para aquellos que aún conservan la memoria – pocos – o para los que – como en mi caso – se nutrieron de ella, quiero reivindicar una dimensión poco explorada de aquellos años: la romántica.
Para quién se crió en un ambiente de confesa vocación antifascista, con permanentes referencias a la guerra civil, parientes que lucharon en ella, poesía y canciones a ella referidas y desprecio eterno al dictador sobreviviente tras la caída universal del fascismo clásico (en cuanto a esto último vale aclarar, a la manera de Brecht, “No os alegréis demasiado por la muerte del perro rabioso, la perra que lo parió está ya nuevamente preñada”) la Guerra Civil Española, después de más de 70 años, sigue siendo un momento “fundante” de la conciencia democrática universal y también – ¡pero no menos ! – de sus más bellas páginas, sonidos e imágenes.
Quienes fueron jóvenes en esa época no alentaron ninguna duda en su pecho. La decencia y los valores humanos por los que valía la pena luchar se encarnaban en la resistencia democrática a los nuevos cruzados que venían a tronchar a la España “de la rabia y de la idea“.
En muchos anidaba la conciencia de que en el frente de batalla de España se jugaba el destino de la democracia frente al fascismo, de la revolución frente a la negra reacción, que era, en suma, la primera batalla de una guerra mundial que inexorablemente estaba por librarse.
Eran tiempos de optimismo universal; por negros que fuesen los nubarrones en el horizonte existía en los jóvenes de aquella época el íntimo convencimiento de que el porvenir iba a ser mejor. Y lucharon por eso.
Creo que aún vale la pena luchar por esos valores tan trasnochados como la libertad, la justicia y la solidaridad.
Por eso, soy republicano.
Udi, abril de 2009

Amenazas en Rosario: ¡los asesinos están sueltos!

En la provincia del PS (Partido Sojero) siguen actuando los mismos que fueron protegidos por Reutemann. Los que asesinaron a siete santafesinos en 2001, impunes desde la dictadura.

A ver, Gobernador Binner, Senador Giustiniani: gran oportunidad para demostrar de qué lado del mostrador están.

A ver, Eduardo Buzzi, confirmá tu “progresismo” con una movilización de “pequeños productores de la FAA que la pasaron mal durante la dictadura”.  Seguramente ya están cortando el Boulevard Oroño con sus tractores demostrando, como el 25 de mayo del año pasado, que “abrazan a las madres de la plaza”.

Los esperamos.

 

COMUNICADO DE CTA ROSARIO
ANTE LAS INTIMIDACIONES A LA CRA. LILIANA GOMEZ DE COAD.ROSARIO

 

Con fecha  Miércoles 1º de Abril, el Congreso de Delegados de la Asociación Gremial de Docentes e Investigadores de la UNR – COAD; se pronunció en repudio de las intimidaciones recibidas en la madrugada del día de la fecha, en el teléfono particular de la Secretaria Adjunta, Liliana Gómez, evidentemente relacionadas con su condición de testigo y querellante en las causas contra los responsables del Terrorismo de Estado.
Habiéndose radicado en ese momento la denuncia con nuestros abogados patrocinantes en Fiscalía, y dando parte a la Secretaría de DDHH  de la Provincia, el Congreso de Delegados decidió salir a respaldar fuertemente a la compañera declarando su total solidaridad y denuncia de la situación en el ámbito de toda la UNR, a la espera de su manifestación pública en los medios de comunicación masiva.

Frente a este accionar contra los que han asumido el compromiso público y militante de dar testimonio y querellar a represores y asesinos, y convocando al más amplio respaldo a todos los compañeros exigiendo la aceleración de los juicios, la unificación de las causas, y cárcel común y efectiva para todos los asesinos, convocamos al más amplio apoyo institucional y de la comunidad en general, por verdad, memoria y justicia contra todas las formas de impunidad.
 
Gustavo Brufman
Secretario de DD.HH. de CTA Rosario
Secretario General de COAD
Asociación Gremial de Docentes e Investigadores de la UNR