ContactoQué cosa terrible y normal
que la gente se muera de guerra,
que reviente, que esté en la miseria,
esta cosa tan simple, esta cosa tan seria,
no nos enoja ni nos aterra,
no nos enoja ni nos aterra.
Lo que no te toca de cerca
finalmente no interesa.
Somos como las viejas
que juegan a la canasta
y combaten la pobreza
con un poco de pereza.
Qué cosa terrible saber
que la gente de arriba es siniestra
que es tan vieja y enferma que apesta
pero nadie la acusa y nadie protesta,
y no nos importa ni nos molesta,
y no nos importa ni nos molesta.
Qué cosa terrible pensar
que mientras yo creo ser centro,
me doy cuenta que nadie por dentro
movería una mano por verme contento,
y no me molesto ni me caliento
y no me molesto ni me caliento.
Lo que no te toca de cerca
se olvida, no importa, se esconde.
Somos como los perros
que tienen un hueso enterrado
y no se acuerdan adónde,
pobres perros casi hombres…
Qué cosa terrible saber
que la vida se achica y se acorta,
y no nos importa y no nos importa
y no nos importa y no nos importa
y no nos importa, hmmm.
Letra y Música de Jorge Schussheim
Levántate y ve a la ciudad asesinada
y con tus própios ojos verás, y con tus manos sentirás
en las cercas y sobre los árboles y en los muros
la sangre seca y los cerebros duros de los muertos…
Jaim Najman Bialik
¿Qué nos queda, si no, al ver las imágenes del horror? Gritar, expulsar el veneno de la costumbre, vomitar el asco del tóxico embrutecedor. Inundar el cuerpo con el aire puro del grito, de la santa indignación. Limpiar los pulmones de tanta basura cotidiana, vociferar hasta que sangre la garganta. Llamar, de una vez por todas, a las cosas por su nombre, por ejemplo:
Muy claras son las cosas, y la honestidad impone llamarlas por su nombre: al crimen de guerra, al crimen de lesa humanidad, y al genocidio. La destrucción de toda la infraestructura que posibilita la vida humana en conglomerados urbanos es un crimen contra la humanidad. El bombardeo de áreas civiles desprotegidas es un crimen de guerra, y la demolición de edificios civiles y residencias particulares con seres humanos adentro es genocidio. De poco les servirá tratar de ocultarlo al mundo: lo verán en sus ojos cuando crucen miradas. Lo sentirán cuando sus hijos les pregunten: ¿Y tú que hiciste en la guerra, papá?
udi, diciembre de 2008
El gobierno, se me ocurre, se parece a esos novios abandonados, que intentan seducir nuevamente a su ex-novia, que ya tiró la chancleta alegremente con su peor enemigo (el del novio…y el de ella misma) que la va a dejar preñada y lamentándose, si es que primero no la hace laburar en la calle para él.
En estas situaciones lo mejor que el novio (el gobierno) puede hacer es abandonar a la veleidosa a su suerte, hacer de tripas corazón, aguantar el dolor de cuernos, y volver al barrio, donde lo espera, callada, su primera noviecita de la infancia-adolescencia. De humilde percal, raído por los sucesivos planes económicos y que en silencio vio como su amor de juventud dilapidaba sus escasos recursos en costosísimos regalos a la casquivana.
- Andá, comprale un regalito, un delantal nuevo, aunque sea. Dejate de fantasear con caros perfumes de shopping para la traidora, que no la vas a recuperar. Ya vendrá solita, cuando tu enemigo (y el de ella) la abandone como lastre cuando las papas queman. Hoy, por más presentes y cartitas de amor que le mandes, los va a recibir y se va a reir de vos. Guardate un poco de dignidad, no recurras a matones para que la aleccionen. ¡Peor!, te va a acusar de golpeador. Así que más te va a servir acordarte de los que no te van a fallar. Haceme caso, pibe.
Estimados: esto fue escrito al calor de aquellas jornadas del 19-20 de diciembre del 2001. Mucha agua corrió bajo el puente e innumerables han sido las interpretaciones posteriores. Esto no tuvo otra pretensión que la crónica, y asi espero que se recuerde.
La tarde del 19 transcurría entre TN, Crónica y mucho mate. Los llamados telefónicos cruzados daban cuenta de la inquietud que nos embargaba a todos.
- ¿Estás viendo la tele? - Nos preguntábamos, ya no tan incrédulos como tristes. Creo que la mejor síntesis es esa: tristeza. Un poco de amargura, impotencia, bronca. Pero, básicamente, tristeza. ¿Por qué en este bendito país otra vez el dolor de la miseria? Encarnada presencia que tan sólo un día antes olvidábamos, acorralados, esperando unas fiestas que- ya sabíamos - serían las más tristes en años, décadas.
Era imperioso reunirse con alguien para compartir el dolor, sostenerse mutuamente. ¿Y ahora? ¿Qué hacer? Las imágenes nos remitían a 12 años atrás. El calor y las vestimentas a zonas tropicales imprecisas. ¿Por qué será que los pueblos hacen tronar el escarmiento en jornadas tórridas? ¿Es el calor que enerva los cuerpos, excita los sentidos?
Mi sociólogo de cabecera opina que el valor simbólico de la sidra en la mesa navideña es muy fuerte como para soportar su ausencia. Las primeras expresiones de comprensión por parte de los cronistas comienzan a ser matizadas. La sustracción de televisores o lavarropas no tiene nunca buena prensa.
Mi sociólogo me recuerda aquel dicho, tan común hasta no hace tanto tiempo, que deploraba las deficientes decisiones financieras de los pobres que los llevaban a levantar antenas de televisión sobre las chapas de sus precarios hábitats. ¿Cuándo dejarían de ser pobres si persistían en escanciar innumerables botellas de tinto para regar pantagruélicos asados? Aunque hoy en día sería lícito discrepar con la actualidad de semejante afirmación.
Las transmisiones televisivas van desde la urgencia en vivo hasta la revisión de acontecimientos de media o varias horas atrás. La referencia espacial es un dato menor: todas las caras son parecidas. Rostros criollos que la Argentina blanca sólo registra en las esquinas, limpiando parabrisas; en las crónicas policiales del conurbano; o en documentales de domingos invernales, con mirada antropológica, antes del fútbol.
Miradas huidizas ante las cámaras, semisonrrisas de complicidad, la excitación doble del desafío al orden y del anticipado disfrute del desquite ante tanta privación, tanto toqueteo a la glándula del consumo sin obtener satisfacción.
Marcas de época: las encías desvestidas delatan cualquier identidad que alguna ropa con marca trucha pueda confundir. Cunden las camisetas: Boca, River y muchas otras menos reconocibles fuera del barrio o partido; asoman así las identidades profundas, las verdaderamente irrenunciables, las que no se niegan ni bajo tortura: la piel y la pasión por la divisa amada. No hay religión que compita con ese amor, ni sentimiento que movilice más.
Suena el teléfono: es la secretaria de mi analista que me recuerda que el licenciado tomará sus vacaciones en febrero, como siempre, y que si necesito alguna consulta de urgencia la concierte llamándola con 24 horas de anticipación, como siempre. De paso alude a las seis sesiones que debo, y que no, no aceptamos pagos en tarjeta o cheque, como están las cosas hoy en día sólo en efectivo. Fin de la conversación, me pregunto si esta terapia será la más apropiada para los tiempos que corren, como no encuentro la respuesta abandono la cuestión.
Los amigos hacen el aguante: juntos se soportan mejor esas miradas mudas, ese morderse el labio inferior moviendo la cabeza de este a oeste.
- ¡Calentá el agua, ché! Hay que romper el silencio y comenzar a verbalizar el desconcierto. Las primeras aproximaciones rondan las teorías conspirativas: Que los “perucas”, que alguna ultraizquierda trasnochada.
Lentamente una certeza nos invade: sólo pulsiones muy fuertes mueven a las personas a transgredir leyes, códigos, costumbres y mandamientos. El hambre se corporiza, y su visión también nos denigra, sólo un poco, es cierto, comparado con quién lo siente. Un bochorno muy evidente nos asalta ante la vista de alimentos pisoteados, repartos que recuerdan a los viejos jardines zoológicos. Ya ni a los animales se les entrega el alimento así. Todos nos sentimos un poco sucios. ¿Será nuestra también - aunque sea en parte - la culpa? ¿No hicimos lo que sabíamos que era necesario?
La opinión del sociólogo ya no fluye nimbada del aura de respetabilidad académica que le da a las palabras un peso, una redondez, un cierto tono de punto final. Entre mate y mate sus juicios lucen deshilvanados, cae - como todos - en universales interjecciones, tan cargadas de significados, tan conocidas…
- ¡Qué barbaridad, ché!
Muy despacito siento que la acidez estomacal comienza a subir, a bajar. Algo dentro de mí cobra vida, no puede deberse únicamente a la sobredosis de yerba mate. La opresión a la altura del diafragma se parece demasiado al pánico. Y me digo que no, que basta de miedo, que ya no hay nada que perder, sólo - quizás - la pusilanimidad; y que frente a la indignidad hay sólo una respuesta: la indignación, la pura y santa indignación.
Una certeza se va instalando: el día más largo del año se adelantó. La tarde recién comienza y se nota la preñez que carga. Oscuros nubarrones que presagian un fin de época.
Mas llamados telefónicos: - Poné la radio, - ordenan. Ya hay muertos, pobres. Los pobres son muertos. Pobres muertos, muertos pobres. Un muerto es un muerto es un muerto es un muerto. Pobres los pobres.
Un supermercado vacío parece muerto. Un pobre, muerto, ¿Qué parece? Pobres de solemnidad. Certificado de pobreza. Tienen dónde caerse muertos. En zanjas mal trazadas, veredas rotas, calles de tierra y asfaltos calientes. Un pobre Cristo cae muerto del techo de una escuela, pobre. Pobres centuriones matan por pocas monedas.
Avanza la tarde, y los bizcochos se imponen para acompañar al mate. Los comemos con poca hambre y algo de vergüenza.
La tele trae más retratos. Humo y policías. Chicos corriendo, muchos chicos. ¿Por qué será que dónde hay pobres siempre hay muchos chicos?
Un ministro llena la pantalla: el gobierno va a actuar con la ley en la mano. La vida, libertad y patrimonio de los argentinos serán protegidos. No aclara en qué orden de prioridades.
Imágenes del paraíso patronal: empleados armados para defender el capital. Pobres contra pobres. ¿Quién ganará? ¿Cuántos pollos por día puede comer uno? ¿Cuántos días sin pollo puede aguantar uno? Dicen los números que en el país se comen tantos pollos por persona por año. Sin duda alguien está comiendo de más, por que en la tele aparecen personas que no parecen haber comido ninguno en muchísimo tiempo.
Mi amigo el sociólogo propone darse una vuelta por el mercadito del barrio, quizás necesite de nuestra ayuda frente a posibles ataques.
Hay transmisión en directo de la ciudad y del país, entiéndase, de la capital y su conurbano.La ciudad está paralizada. Nadie circula, y ya comienzan a operar - caramba, qué temprano - las usinas de rumores. En tal barrio tal cosa, y en tal otro, tal otra. Vienen de allá para acá, y van de acá para ¿dónde?
La aparición en la caja boba de esquinas conocidas siempre tiene algo fascinante. Un supermercado saca botellas de aceite a la calle.
- Para prevenir el saqueo lo va a regalar a los pobres, - supone mi amigo el sociólogo -, ese tipo comprende que hay que perder algo para sostener el sistema. Es más, - me apostrofa - es un burgués lúcido.
Algo de repente no encaja: los empleados comienzan a derramar el aceite en la vereda.
- Es para evitar el saqueo - aleccionan al periodista que interroga algo morbosamente. Uno imagina el improbable espectáculo de pobres patinando en aceite, pero es muy fuerte.
A lo lejos gente corre, policías gritan. En la puerta de su casa el vecino, de rigurosa camiseta musculosa, opina que no hay que escatimar palos, y que el hambre no ha de ser tanta, ya que acaba de observar, fíjese Usted que oportuno, como un chiquilín rechazaba unas facturas de ayer que le habían sobrado - estaban buenas, no crea - para ir detrás de la góndola de los dulces en el supermercado que saquearon en la otra cuadra. A este paso van a querer comer asado todas las noches, o brindar con pan dulce italiano para las fiestas.
Los amigos se van, quizás un tanto resentidos por mis evasivas ante alusiones a poner algo más sustantivo que bizcochos sobre la mesa.
En directo desde casa de gobierno los cronistas informan que los uniformes blancos que pululan por el salón blanco fueron invitados y no han venido, como algunos alarmistas difundieron, para proclamar algo. La preocupación presidencial por los acontecimientos se refleja en el gesto adusto con que reparte condecoraciones. Ningún hecho anecdótico que se produzca en lugares tan poco relevantes como Moreno o La Tablada podrá interrumpir fastos previstos tiempo antes, y que tanta importancia tienen para consolidar las relaciones entre el ejecutivo y las fuerzas armadas. Fin del comunicado. Las emisoras participantes continúan con la difusión de sus respectivos programas.
Los canales de aire, luego de febriles negociaciones con sus principales patrocinantes - ¿Patrones? - Comienzan programaciones especiales. Por ahora es tiempo de crónicas, recién mas tarde, cuando la gente pensante retorne a sus hogares (o se acueste la que sale a trabajar - o buscar trabajo - a las seis de la mañana), a esas horas, digo, vendrán los sesudos analistas que masticarán, regurgitarán y vomitarán las explicaciones, y recomendaciones, que la situación impone.
Como todos los días espero el horario de tarifa telefónica reducida para abrir mi e-mail. Mensajes de amigos por el mundo: ¿Qué pasa?
Respuesta única para todos: ¿Cómo saberlo? Por las dudas pido socorro, aunque sea condolencias, por lo menos un poquito de solidaridad. Pero ese es un bien escaso, aún electrónicamente.
La tristeza invade la cena, y hace falta más soda que la de costumbre para tragar los bocados. Las informaciones sobre el ansiado mensaje presidencial son contradictorias: que ahora, que después, que el hijo, que la madre. Los rostros ministeriales evaden precisiones.
La incertidumbre planea sobre los argentinos. Sordos ruidos oír se dejan: acero contra acero, pero nada de corceles o jinetes. De rigurosa infantería la gente sale a las calles.
Por lo pronto allí se quedan, como quién sale a la luz después de un largo encierro. Los ojos se acostumbran despacio a la presencia del otro. ¿También él siente lo que siento yo? Ese tipo en bermudas y esa mujer con ruleros: ¿Son mis semejantes?
La televisión muestra gente parada en las esquinas. ¿Qué tienen esas señoras con aspecto de venerables matronas en sus manos? Las noticias confirman la gravedad de los sucesos: se ha suspendido el fútbol. Sólo un cataclismo es comparable a esto. Ahora es oficial. Caras de sorpresa en la mesa familiar. La aparición del escudo nacional en la pantalla debería traer mesura y tranquilidad, pero no, casualmente no.
Mensaje presidencial. ¡Casi nada! Veamos. Vagas palabras plagan la vana parla.
Un sonido se filtra hasta las capas mas profundas de la conciencia. No, no es eso. Digo: no puede ser. Fin del mensaje. Periodistas de saco y corbata, y otros solamente con saco confirman lo oído pero no asumido. Tres palabras que erizan la piel de la nuca, y ahora sí, la santa indignación que vuelve, se instala cómodamente en el cuerpo, se adapta a cada rincón y reproduce curvas, huecos y protuberancias: somos toda santa indignación, y así como la humillación se traga la indignación se expulsa. Hay que sacarlo todo afuera.
- Vamos - digo, y todos en casa saben adónde. Elementos para hacer ruido; si la voz no se escucha será la hora de los instrumentos, pues. Pitos y cacerolas, algunas no muy limpias - mejor - quizás tengan más contundencia. Tres palabras siguen resonando en la conciencia de cada uno de esos que, al paso por las esquinas, se van sumando.- ¡Vamos, doctor, vamos!- ¡Vamos, doña Rosa, vamos!- ¡Dale Pepe, vamos!
Los chicos van en la punta; y está bien que así sea. Para ellos las tres palabras no cargan tanto recuerdo. Son puros, y su alegría contagia: hay que hacerlo con alegría, la indignación camina, pero la alegría marcha. Y marchamos, sin saber bien qué queremos, pero convencidos de lo que no queremos. Tres palabras lo resumen.
Autos con banderas no lo quieren. Hermosas veinteañeras con caras camisetas de la selección no lo quieren. Adolescentes ricoteros de los barrios no lo quieren. Comerciantes pequeños y empequeñecidos no lo quieren. Sociólogos de prolija barba no lo quieren. Psicólogas sin trabajo no lo quieren. Desocupados desesperanzados no lo quieren. Los policías que cobran magros bonos: ¿Lo querrán?
Pura y santa indignación por lo que han hecho de este país que - sí, aun que sea cursi decirlo - amamos. Cada uno como puede, y otros como lo dejen.
Acorralados, eternos deudores, los argentinos saben lo que no quieren: tres palabras lo resumen.
Todo el mundo en pantalón corto, zapatillas y ojotas. ¡Cómo! ¿Este no era hasta hace poco un país de estreñidos?
- Ya ganamos algo - digo, perdimos la pacatería.
De los aerosoles brotan las respuestas: ¡No! A las tres ominosas palabras. Marchamos, y somos muchos. Y somos semejantes. Ese señor de elegantes bermudas y camisa de marca: ¿Será mi prójimo? ¿O será el borrachito que duerme en la galería céntrica? ¿Será ese viejo militante que no puede ocultar el brillo en su mirada?
A todos nos ganan antiguos fulgores. No sabemos qué queremos, pero sí - y muy bien - lo que no queremos: tres palabras ya lo dicen.
¡Al estado de sitio, se lo meten en el culo!
udi, diciembre de 2001
Dijo alguna vez nuestro vate máximo que toda escritura es re-escritura. O algo asi. Como sea, pongo a consideración de los participantes en este espacio denominado (brillantemente) “Artepolítica” una propuesta concreta para acabar con el hambre en nuestro país. Espero sea bien considerada, sobre todo por aquellos que - con sanas intenciones, supongo - deploraban cierta tendencia a la parla vana, o charlatanería, en lenguaje más llano. Si bien esta proposición fue enunciada hace casi trecientos años, no deja de tener su miga, y su encanto, porqué negarlo.
Sugiero, humildemente, prestar atención al párrafo resaltado. Y les deseo que lo disfruten.
| Una modesta proposición: Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público [Sátira: Texto completo]Jonathan Swift |
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Otro éxito de la ASBA
(La Nazión) 08-12-08
En una sorpresiva y bien coordinada acción la ASBA logró anoche desbaratar una red de traficantes de “ideas perniciosas para la salud mental”. La novedosa y revolucionaria articulación entre los organismos de inteligencia de la ASBA y la fuerza de tareas de “Monitoreo de Actividades Antisociales”, compuesta por estudiantes avanzados de la carrera de “Ciencias de la Sociedad” obtuvo otra resonante victoria en la prevención de actividades antisociales.
El decano de la facultad de “Ciencias de la sociedad”, Marcos Aguinis, relató a La Nazión como se consiguió atrapar a los elementos antisociales en plena tarea de organización de su “innoble comercio”.
Las aulas de la ex- facultad de Derecho de la disuelta UBA fueron el marco adecuado para la conferencia de prensa que brindaron Aguinis y el Comisario Coronel L. A. Patti, titular de la ASBA. Allí el decano se explayó acerca del vínculo que une a la Seguridad con el estudio de los comportamientos sociales, y la imprescindible necesidad de monitorear y prevenir el tráfico de ideas antisociales. El comisario coronel ofreció asimismo algunos detalles sobre el modus operandi de la fuerza de tareas conjunta.
“Los estudiantes de Ciencias de la Sociedad llevan a cabo una tarea de “patrullaje” de las comunicaciones electrónicas, leyendo en forma ordenada y metódica los “blogs” y páginas web en los que aparezcan menciones a posibles ilícitos sociales. Para esto se ha desarrollado el poderoso “buscador”, conocido por el nombre de su versión más difundida: el “1.98.4″. Esta herramienta busca en la web cadenas sintácticas que son utilizadas típicamente por los activistas antisociales, del tipo: “Los medios de comunicación masivos nos mienten”. Una vez detectado el sitio en el que se publican estas expresiones ilícitas se pone en marcha el mecanismo de “Acción Preventiva” (en la jerga: “AP”, no confundir con el sitio web recientemente declarado ilegal). La facultas emite un protocolo de “Necesidad de AP”, que se eleva a la autoridad de la ASBA. La Agencia, para proteger a la ciudadanía decente, inicia entonces el procedimiento. Naturalmente se observan los resguardos legales, informando a las 72 horas posteriores al interrogatorio de los elementos antisociales al “Juez de garantías”, que verifica la constitucionalidad del proceso, cuidando que ningún ciudadano que no haya “andado en algo” haya sido molestado durante el accionar de la ASBA.
La redada de anoche fue informada por un “team leader” de la comisión de “Ingeniería Social Rural”, conocido en el ámbito de la ASBA como “El martillo del progresismo negro”, Mariano T. Gracias a su veloz informe la ASBA pudo montar el operativo en Costanera Sur, dónde se habían reunido estos elementos antisociales para coordinar sus prácticas disolventes. Al parecer se movían convencidos de tener una total impunidad para sus crímenes y sin tomar ningún recaudo se dedicaron toda la noche a proferir amenazas al orden instituído, discutiendo - a viva voz - metodologías para operar sobre la conciencia de los ciudadanos decentes y proponiendo ideas antisociales tales como “justa distribución de la riqueza”, cuya peligrosidad huelga comentar. “El ambiente de jolgorio era el común denominador”, contó a La Nazión un participante de la redada.
Según la información transmitida por la “Superintendencia de Delitos Ideológicos”, dependiente del Ministerio de Seguridad” de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a cargo del infatigable J. Morales Solá, la cabecilla del grupo respondía al nick “Eva Capitana”.
La totalidad de los participantes del cónclave, algunos en avanzado estado de ebriedad, fueron detenidos, de a uno o en parejas, a medida que se retiraban del lugar y “trasladados” a distintas dependencias de la ASBA, a fines de ser interrogados. Se detectó, incluso, la presencia de un reconocido inficionador de ideas antisociales del interior del país, el cual, por una cuestión juridisccional, será puesto a disposición de la Jefatura de Gobierno de la República Mesopotámica (que estará, desde el próximo 10 de este mes en las manos del “Protector de Gualeguaychú”, A. De Angeli). Asimismo se procedió a la deportación de un conocido agitador del sur de Santa Fe, el que se resistió durante escasos dos minutos, demostrando - amén de una cobardía rastrera - estar bajo el influjo de sustancias alucinógenas que alteraban sus percepciones, lo cual quedó patente en expresiones del tipo: “Ahorcaremos al último milico con las tripas del último rabino”.
En síntesis: otro éxito de la ASBA, que ratifica el correcto camino en el que marcha - sin desviaciones “garantistas” - el Gobierno de la ciudad. Nos congratulamos de ello!
¿Es necesario para el buen funcionamiento de las comisarías capitalinas que respondan a ese “old fashion style”, que las caracteriza?
La respuesta, para el comisario inspector Franco Sideco, es negativa.
- La arquitectura, el diseño, la ubicación, le diría más: hasta los uniformes y la decoración interior de las comisarías responde a necesidades funcionales y criterios de otro tiempo. De otro mundo - Agrega, con una sonrisa debajo de sus poblados bigotes que dejan intuir algunas horas semanales dedicadas a su “look”, confirmado, por si hiciera falta, por indisimulables “claritos” en su pelo castaño.
Sideco, que antes de ejercer como “Superintendente de Edificaciones y Panópticos” fue un avanzado estudiante del “New Design Institute“, en Palermo Hollywood, llegó a este puesto de la mano de la renovación - la “revolución“, la llama él - que produjo la transferencia de la vieja Policía Federal a la esfera de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “El ministro me sedujo con la propuesta”, rememora Sideco, en referencia al llamado del “Ministro de Seguridad y Cultura” de la CABA, el Técnico Industrial Juan Carlos Bromberg.
Sideco no da lugar a dobles interpretaciones, su adscripción a los principios de la Jefatura de Gobierno es sin fisuras. Resalta, en este sentido, la tarea llevada a cabo por la nueva Ministra de “Educación y Seguridad Ciudadana”, la Primera Actriz de la Nación Moria Casandreu en la articulación entre la “escuela y la seguridad”, y su plan “Detección Precoz del Delincuente”, mediante el cual los alumnos de los establecimientos públicos educativos colaboran con el mantenimiento de la seguridad ciudadana notificando a las autoridades de la comisaría de la cual depende cada escuela (vieja aspiración del vice-jefe de gobierno, el rabino Brugman: colocar las escuelas en la órbita del “Gabinete de Seguridad y Cultura”) la comisión de cualquier delito del cual sean testigos o hayan recibido noticia. La introducción de la cláusula de “productividad” ha generado, por cierto, una sana competencia entre las escuelas, que incrementan su presupuesto en función de la cantidad de delitos denunciados. Sideco no duda de las bondades del método:
- Franco, me dijo el Ministro Bromberg, la seguridad es el bien más preciado. Sin seguridad no hay libertad, ni cultura, ni productividad. Pero la búsqueda de la Seguridad (en las palabras de Sideco se “escuchan” las mayúsculas) no implica renunciar a los superiores valores que guían nuestra filosofía política: “La gente bien quiere el bien de la gente“. Para eso los alumnos son una ayuda invalorable. Las estadísticas vienen demostrando que los adultos, conscientes del nuevo papel que les toca a los jóvenes en el “Nuevo Orden Porteño”, han reducido en un 19 % su inclinación al delito, ante la certeza de que serán denunciados ante las autoridades de la comisaría más próxima.
- ¿Y en lo que atañe a la remodelación del espacio de “seguridad ciudadana”?
- Lo seguro no quita lo agradable - sonríe nuevamente SIdeco - Las nuevas salas de interrogatorios, por ejemplo, contemplan los últimos desarrollos en tecnología de “Seguridad Urbana” pero al mismo tiempo están dotadas de todo el confort necesario para recibir y alojar a los “Nuevos Desafíos a la Seguridad“, como ser: Pelotero, televisión por cable, cama elástica, juguetes pedagógicos, etc.
- ¿Se nota la influencia del “Ministro para la Niñez y la Juventud“?
- ¡Por supuesto!, gente como él nos aporta una experiencia de primera mano! - se entusiasma Sideco.
Si bien algunas de las organizaciones firmantes no son santo de mi devoción, el repudio es necesario y urgente. Algunas de ellas, de hecho, seguramente ni se habrán enterado de la “patoteada” previa en SANCOR por parte de la conducción nacional, que motivó el acto de repudio.
Las organizaciones abajo firmantes denunciamos que en el día de la fecha una patota organizada y dirigida por elementos que responden al Consejo Nacional de ATILRA con su secretario general Héctor Luis Ponce a la cabeza de la misma, intentaron tomar violentamente la sede de ATILRA Seccional Rosario, con una consecuencia de decenas heridos, destrozos y autos incendiados.
Todo ante la pasividad de la policía que mantenía un despliegue notable pero que en ningún momento intervino para evitar o al menos detener tamaña violencia.
Decimos más, los efectivos policiales “liberaron” la zona para que avance una verdadera marea de sujetos que se trasladaron en diez colectivos hasta la zona del sindicato local.
Las autoridades de seguridad de la provincia estaban al tanto de esta violencia anunciada.
En fecha del 1º de diciembre se elevó una nota al Secretario de Seguridad de la Provincia, Carlos Iparraguirre, firmada por el secretario general de ATILRA Rosario, Víctor Vega, en la que se solicitaba se tomaran todas las medidas de seguridad necesarias a fin de garantizar la integridad física de los trabajadores que participarían de un acto de repudio a la anterior agresión de la misma patota contra delegados y trabajadores de Sancor, el pasado 27 de noviembre.
Todas las autoridades públicas de distintos niveles fueron notificadas de la agresión que se estaba gestando contra los trabajadores que sólo ejercen sus derechos sindicales inalienables.
Repudiamos en primer lugar, y una vez más, la práctica aberrante de esta patota que se mueve con absoluta impunidad.
Segundo, la indiferencia, inacción, irresponsabilidad de las autoridades que deben custodiar la seguridad y la integridad de todos los habitantes de esta provincia.
Y en tercer lugar la complicidad de la empresa Sancor que se comporta en connivencia con la conducción de ATILRA a nivel nacional.
Las organizaciones sindicales, de derechos humanos, políticas y sociales que acompañamos la lucha de los trabajadores de ATILRA Rosario repudiamos este accionar de banda armada contra trabajadores legal y legítimamente constituidos y convocamos a todas las organizaciones al acto que se desarrollará a las 18 de hoy, en la sede de ATILRA Rosario, San Luis 3385.
Atilra Seccional Rosario, ATE Rosario, ATE Consejo directivo provincial, Amsafé Provincial, Amsafé Rosario, Sindicato de Prensa Rosario, Asociación Bancaria, UOM Villa Constitución, COAD, Sindicato Químicos de San Lorenzo, Sindicato Aceiteros de Rosario, Sindicato Químico de San Lorenzo, CTA Provincial, Agrupación Telefónicos 23 de Diciembre, Asociación de Abogados Laboralistas de Rosario, LADH Rosario, APDH Rosario, H.I.J.O.S. Rosario, Partido Comunista, Comisión por las Libertades Democráticas de Rosario, Agrupación FOCOS, Asociación Empleados de Comercio, SUTRAQUYP, ONG Manos a la Obra, Movimiento Político Sindical de Liberación, MTL, Centro de Estudiantes de Humanidades y Artes, Cuadernos del Gran Rosario Movimiento de Abogados, Partido Obrero, Partido Revolucionario Guevarista, Corriente Socialista El Militante, Mesa de Encuentro Barrial, Encuentro Sindical de Bases, Madres de Plaza de Mayo Santa Fe, MEDH Santa Fe, Diputada Pcial Alicia Gutiérrez, Diputado Pcial José Tessa. Adhiere: Convergencia Socialista de Rosario y Ciudad de Santa Fe.
I – La pregunta
- ¡Pardiez! Esta afrenta no quedará impune – dijo Arturo, y sin dudas hubiese desenvainado a Excalibur, de no haberla enviado al taller de mantenimiento el fin de semana anterior, para ciertas reparaciones impostergables en su empuñadura, un tanto erosionada por el ácido sudor del temperamental monarca.
Ante la falta de su instrumento fetiche tomó un copón de la mesa redonda y lo arrojó con su proverbial puntería contra la humanidad de Sir Gawain, quién con un leve movimiento de de su cuello evitó el desagradable encuentro con el objeto lanzado por Pendragón; sin poder impedir – no obstante – ser salpicado por algo del vino contenido en el recipiente.
Los restantes caballeros presentes miraron piadosamente hacia otro lado. Estaban ya un tanto cansados de los arrebatos del cascarrabias de Arturo, quién en cada polémica creía detectar un ultraje a su honor.
- El viejo está caduco – opinaban varios, y por un dejo de respeto preferían hablar del tiempo o del último torneo, que – para variar – había ganado invicto Sir Gawain, ante la interesada mirada de las damas de Camelot.
La tarde, no obstante, se presentía pacífica. Sir Hugo de Breil perdía su habitual partida de damas con Arturo, campeón imbatible desde hacía más de diez años. El último en vencer al irascible monarca en este juego había sido nombrado esa misma noche comandante de la guarnición de Thule, a más de 6 meses de marcha de Camelot. Sin tiempo a despedirse de su mujer – Lady Diana – ni de sus hijos pequeños, sir Geoffrey marchó a convivir con los salvajes en los confines del reino, para mayor gloria de la tabla redonda.
Decían las malas lenguas al respecto que el lecho de Lady Diana no quedó frío por mucho tiempo, pero nada se pudo comprobar, y Arturo quedó ante sus pares más como un tirano vengativo que como un sátrapa concupiscente.
El ambiente no era el mejor entre los caballeros que gobernaban con mano de hierro a Inglaterra desde hacía casi medio siglo. Si bien el temperamento de Arturo era fuente de tirrias y recelos tampoco la actitud de algunos jóvenes caballeros, recientemente incorporados a la famosa cofradía, apaciguaba el espíritu de los veteranos que habían librado tantas memorables batallas por la libertad de su patria.
La molicie ganaba las antes firmes voluntades, y – ante la falta de dragones en el reino – la nueva generación de caballeros fortalecía sus brazos en intrascendentes torneos, cuando no se reblandecía en el tálamo de insatisfechas y maduras damas.
Así las cosas, nadie se escandalizó en grado sumo cuando sir Gawain se permitió una ligera chanza sobre la falta de ejercicio del corcel de Arturo, dando a entender, por lo zumbón del tono, que a quién le estaba faltando el rigor de la actividad física era al propio soberano. La reacción de Arturo no sorprendió tanto por su calibre como por el destinatario. En efecto, sir Gawain gozaba de la estima del rey, quién acostumbraba pasar sus tardes en los jardines de Camelot, aleccionándolo sobre las artes de la guerra y el buen gobierno.
A partir de aquella ya lejana noche en que un mancebo de inconsciente bravura salvara la vida y la honra de la reina Ginebra en una encrucijada del condado de Nordfolk de la artera felonía de su castellano, sir Damon, la gratitud de la casa Pendragón se derramaba sobre los rucios bucles del mozo originario de las Highlands. Hubo quienes opinaron que el reconocimiento era exagerado, y que el joven Gawain, nombrado caballero en un procedimiento fulminante, abusaba de ciertas prerrogativas, como por ejemplo circular a su antojo a horas inconvenientes por los pasillos de palacio, aún en cercanías del gineceo, agregaban, pérfidos.
Un denso silencio se produjo. Arturo temblaba de ira, más por haber errado en el lanzamiento del copón que por la imaginaria ofensa; sir Gawain, miraba alternativamente a derecha e izquierda, como buscando una explicación para algo completamente fuera de cualquier previsión. Pero era inútil: los caballeros de la Mesa Redonda clavaban su mirada en Arturo, esperando la palabra del rey.
Arturo – quién no habría reinado durante tantas décadas de no haber sabido dominar un tanto su natural iracundo – entrecerró los ojos, y sentándose con calculada parsimonia levantó lentamente su mano derecha, anunciando así su disposición a emitir un dictado inapelable.
- Una ofensa al rey es una ofensa a Inglaterra – anunció, luego de un silencio de algunos pocos segundos. Luego prosiguió – en estos casos el castigo es sólo uno: la muerte.
Un murmullo comenzó a elevarse, hasta que el monarca levantó nuevamente su diestra, acallando cualquier incipiente crítica con el imperio de su mirada.
- Sin embargo – continuó – sin embargo, y en razón del cariño que os profeso, no ejecutaré la sentencia.
Aquí Arturo calló, y los caballeros – un tanto tranquilizados – se congratularon de la magnanimidad del soberano.
- … durante un año – acabó el taimado - En ese tiempo Camelot os estará vedado. Marchareis al exilio, al bosque de Greenwood. Allí encontraréis a la bruja Morgana y le haréis una pregunta. Al cabo del año que os concedo volveréis a Camelot con la respuesta. Si esta me satisface os perdonaré la vida.
Los gentilhombres comprendieron y se rindieron ante la astucia del viejo caudillo. Nadie había vuelto con vida de Greenwood en los últimos cuarenta años. Arturo enviaba a la muerte a su protegido sin que su sangre cayera sobre él.
El joven Gawain captó al instante la artera maniobra, no obstante, y con singular sangre fría rodeó la mesa para hincar rodilla ante su juez. Con tono altivo inclinó su testuz mientras se dirigía al dueño de su destino:
- ¿Cuál será la pregunta que haré a la bruja, milord?
La leve brisa que entraba por las ventanas del palacio se hizo audible. Los caballeros de la Mesa Redonda comprendieron que algo de terrible importancia estaba por suceder, algo – quizás – sólo comparable al momento final de la batalla de Lakesucess, cuando Arturo consolidó la unión de Inglaterra alzando a Excalibur sobre el cuerpo exánime del duque de Blackshore, último pretendiente al trono de Albión que cuestionaba la profecía de Merlín.
- La respuesta deberá satisfacerme – repitió Arturo, repantigándose en su silla – y su validez deberá ser comprobada…
- Sire, la pregunta… – intentó interrumpir el impetuoso joven.
- … ¿Qué quieren las mujeres?
II – La búsqueda
– ¿Qué quieres de Morgana? – dijo la bruja con voz sibilina.
La noche parecía salir de su cabellera, a su alrededor el negro era profundo e intenso, difuminándose a medida que se alejaba hacia las ramas de los árboles cercanos. Sir Gawain no podía quitar los ojos de ella; desde su entrada en Greenwood trataba de figurarse el momento en que encontraría a la hechicera, frente a frente. Pero nada de lo imaginado lo había preparado para esto…
La salida de Camelot fue triste; con las brumas de la mañana, sir Gawain oyó – o creyó oír – los lamentos de más de una doncella que añoraba por anticipado la ausencia de su campeón.
Ninguna mano se tendió hacia el joven caballero, para aligerar la carga de su desgracia con el bálsamo de la amistad: el miedo a la cólera de Arturo podía más. Así, sólo con sus pensamientos, sir Gawain fue atravesando los campos de Inglaterra, rumbo a la floresta de Greenwood, morada ancestral de Morgana. A su paso los villanos se escondían, temerosos de la larga y vengativa mano del rey, no obstante – misteriosamente – siempre hubo alimentos frescos a su alcance, en algún recodo del camino.
Más de seis meses le insumieron al impulsivo caballero llegar a los límites del tenebroso bosque, y no pocos trabajos, que, de haber sido realizados en otros tiempos, hubiesen originado más de un cantar de gesta. Sin embargo, y en vista de la aflictiva situación del paladín, sólo como rumor se esparcieron, por campos y burgos, por valles y colinas, hasta que algunos llegaron – sabe dios cómo – a oídos de Arturo, quién no dejó de apreciarlos. La venganza – alguien opinó – es un plato que se saborea frío.
La entrada en Greenwood marcó un antes y un después en la vida del caballero: su corta vida, hasta entonces, estuvo marcada por lances y batallas, aceros y caballos. Si bien la existencia de brujas y elfos era por todos conocida y aceptada, se suponía que hacía ya tiempo no incursionaban en la vida de los hombres, llegando algunas voces a negarles poderes para ello. Sir Gawain debía ahora entrar en el bosque encantado de las leyendas, poner a prueba la veracidad de estas, y dominar el temor que lo invadía, desconocido para él – vencedor de cien lizas – sabiendo, sobre todo, que la huida era imposible: su cuna, su posición y su condena lo impedían.
Los senderos se perdían inopinadamente entre altos robles, obligando a nuestro héroe a reiniciar la búsqueda. A la segunda jornada vio – o creyó ver – un montículo de blancos huesos al pie de una encina, pero dio un rodeo para no confirmarlo.
Sorpresivamente reconoció el canto de un arroyo, ya casi llegado a su margen y evocó las feraces tierras natales, cuando en abril se poblaban de sinuosos cauces de plata entre los verdes valles, pero los recuerdos pronto lo abandonaron. Una imagen se conformó ante su vista: una mujer de edad incalculable, tejía junto a la ribera, bajo las ramas de un sauce quizá tan antiguo como ella. A su alrededor el bosque parecía mas oscuro y cerrado. Sir Gawain debió sofrenar a su montura para que no retrocediese, y, trémulo – pero esto lo supo después – se obligó a acercarse.
Las manos de la vieja, recamadas de arrugas, hilaban sin prisa. El ligero viento del riachuelo movía suavemente su cabellera, que se derramaba detrás de su asiento, entrelazándose con la enramada próxima.
La bruja giró su vista hacia el joven, que quedó inmóvil mirando unos ojos hundidos bajo una frente atravesada por finísimas telas de araña.
– Y bien, ¿lo has decidido? Si hay algo que no soporto es a los hombres que no saben lo que quieren. – continuó, sin dejar de hilar y mirando sin parpadear al hasta entonces intrépido caballero de la mesa redonda.
– ¿Realmente eres Morgana? – preguntó sir Gawain, intentando ganar tiempo con un truco retórico barato, impresionado por la fealdad de la arpía.
– Veamos – dijo la bruja – no me desagrada que de tanto en tanto me visite algún caballero distinguido y bien parecido, pero tolero poco a los cretinos. Al último lo convertí en perchero para mi habitación, así que: ¡Responde rápido! ¡O te transformaré en alfombra de baño, pero dejándote la lengua, para que beses mis pies!
– Traigo un recado de mi señor, Arturo, rey de Inglaterra – articuló sir Gawain, tratando que su voz sonase más firme que su ánimo – para Morgana, señora de Greenwood.
– Bien, por lo menos no eres otro de esos petimetres que se acercan al bosque atraídos por mi belleza… – dijo Morgana, meneando lentamente su cabeza, sin dejar de hilar.
Sir Gawain entendió que la bruja había arrojado un señuelo, y esperaba que el caballero lo mordiese. Un destello de luz se hizo en su magín y supo – o creyó saber – qué responder.
– Milady – comenzó – bien ciertos son los rumores que sobre vuestra hermosura circulan por toda Inglaterra, desde Thule hasta Dover, pero nada de lo oído se compara con la realidad de vuestra inefable belleza…
– Vaya, vaya, un adulador. ¿Y cómo sabré que no estáis mintiendo, Sire? Creo recordar que alguien así penetró en cierta ocasión en mis aposentos, hoy cuida mis rebaños…en cuatro patas y ladrando, por cierto. Así que tened cuidado con vuestras zalamerías y embelecos.
Algo le dijo a nuestro caballero que se encontraba frente a un poder superior a todo lo que hasta entonces había enfrentado. Se sintió traspasado por la profundidad de la mirada de la hechicera y adivinó que ante su magia sólo la verdad era posible, y aún así, aunque saliese con bien de este trance, supo – sin lugar a dudas – que nunca podría engañar a esos ojos.
– Mi señora – continuó sir Gawain, midiendo su discurso – vengo ante vos por mandato de mi rey, para saber la respuesta a una cuestión. Mi vida pende de ello. Mi soberano sólo conmutará mi pena de muerte si llevo ante él la réplica de Morgana, la más grande hechicera, a la pregunta ¿Qué quieren las mujeres?
Un instante de silencio se produjo en el bosque, si hasta el arroyo cesó su paso cantarín, mientras la bruja entrecerraba sus ojos, sin dejar de clavar la vista en sir Gawain.
– Terrible situación la vuestra, caballero, a decir verdad, mucho es lo que apostáis en este lance. Estaréis, sin duda, dispuesto a pagar por ello.
– Milady…
– …Os seré franca – continuó Morgana – daré mi respuesta a cambio de un precio, pero será alto…
– Señora, estoy preparado – musitó sir Gawain.
– Bien, el trato es éste – prosiguió, implacable, la hechicera, disfrutando del control de la situación – ha tiempo que deseo abandonar Greenwood, y Camelot no me disgustaría como nueva morada: me llevaréis a palacio, dirás la respuesta al rey y antes de que pase un mes de nuestra llegada me desposaréis, hasta entonces nadie habrá de verme en palacio. No admito reparos: dirás sí o ya puedes ir buscando tu respuesta en otra parte, y agradece que no te convierto en felpudo.
Sir Gawain evaluó sus posibilidades, y rápidamente se dijo que mientras hay vida hay esperanza, sentencia de sentido común que probablemente haya heredado de algún antepasado campesino.
– Ruego a la soberana de Greenwood que a partir de nuestra llegada a Camelot se digne convertir en soberana de mi vida, y agracie mis días transformándose en mi esposa – expresó sir Gawain en alta voz, mientras ponía la empuñadura de su espada frente a su cara.
– Esto es lo que dirás a Arturo – susurró Morgana con una sonrisa – lo que toda mujer desea más que nada en el mundo es ser soberana de su propia vida.
III – La respuesta
El suave viento matutino agitaba pabellones y oriflamas. Sobre el límpido cielo de Inglaterra ninguna nube se insinuaba; hacía años que no se recordaba en Camelot un día tan hermoso. La fresca mañana había dejado paso a una temperatura primaveral y los verdes prados que rodeaban el palacio contribuían a la agradable sensación arrojando miríadas de multicolores mariposas a los aires que revoloteaban alrededor de orgullosas enseñas, altaneros estandartes, bellísimas damas ornadas por las mejores sedas y gallardos caballeros portando espadas de antiquísimos linajes.
Junto a los muros exteriores los bardos se sucedían improvisando cantares y poesías para deleite de las matronas y doncellas, que escondidas tras las ventanas dejaban oír argentinas risas, mirándose entre ellas en forma cómplice. Los servidores de palacio se afanaban trayendo de las cocinas los mas variados manjares y exóticas exquisiteces encargadas por la reina Ginebra a ávidos mercaderes que multiplicaron su precio varias veces. Un mes había transcurrido desde el regreso de sir Gawain y en Camelot se preparaban para celebrar los esponsales más fastuosos desde la boda de Ginebra y Arturo, rey de Inglaterra.
La llegada de sir Gawain a Camelot trayendo la respuesta a la pregunta de Arturo se produjo luego de maravillosos sucesos que – para quien supiera descifrar sus signos – presagiaron el acontecimiento: un invierno tan benigno como el que podían recordar las más viejas comadres; el paso de un cometa que en principio atemorizó a los aldeanos, pero fue seguido de la mejor cosecha levantada en años; un mirlo que una mañana se posó en el alféizar de la ventana de la reina y con voz preternatural anunció el cumplimiento de viejas profecías.
Nada de esto emocionaba a Arturo, en quién el placer de la venganza ya había dejado paso a un amargo regusto en la boca cada vez que un pensamiento sobre su antiguo favorito acudía a su conciencia, a despecho de aquellos que – por lo bajo – murmuraban sobre la carencia de tal potencia del alma en el soberano.
El joven caballero hizo su entrada en Camelot acompañado de un misterioso y enjaezado carruaje cuyo interior quedaba totalmente oculto y, solicitando al chambelán de palacio habitaciones alejadas para su oculta compañía, se dirigió con paso altivo y meditado a presencia de su soberano.
Luego del anuncio de su presencia – inútil, ya que Arturo conocía de sobra sus pasos en el último mes, cuando se aproximaba a Camelot – sir Gawain se acercó al trono en el que Arturo esperaba, ya casi un año, una respuesta.
– Sire – se inclinó sir Gawain ante su rey.
– ¿Y bien, Gawain? ¿Tienes la respuesta a mi pregunta, o deberé ejecutar – a mi pesar – la sentencia?
El rostro normalmente adusto de Arturo brillaba de placer. Nada que le dijera su anterior paladín cambiaría la situación. Ardía en deseos de abrazar al joven y vaciar junto a él una pinta – o varias – de rubia cerveza, comentando los pormenores de sus andanzas y los resultados de los últimos torneos realizados en Camelot en ese largo año de ausencia. De hecho maldito si le importaba lo que quieren las mujeres, cuánto más lejos de ellas estaba un hombre, mejor – opinaba el viejo rey.
Sir Gawain podría haber contestado que el deseo de las mujeres era convertir a los hombres en sapos, o que los guerreros abandonaran las vistosas faldas con guardas que utilizaban en los combates. El viejo déspota se hubiese dado por satisfecho de igual modo.
– Milord: lo que toda mujer desea más que nada en el mundo es ser soberana de su propia vida – dijo sir Gawain, de un tirón y cuidando de repetir en forma exacta las palabras de Morgana.
– Sí, sí. Por supuesto. ¿Cómo no se me ocurrió antes? Venga, vamos a festejar tu regreso. ¡Voto a San Brandán que haremos en Camelot una fiesta que hará historia!
Sir Gawain dedujo para sí que bien podría haber pasado un año en la Bretaña acompañado de las permisivas mujeres de la parte francesa del continente y volver tranquilamente para dar al viejo rey la primera respuesta que viniera a su mente: igual habría dado. Sin embargo su juramento de caballero le impedía cometer la felonía de faltar a su palabra, amén del temor a ser convertido en sapo, perchero o cualquier otra cosa por los poderes de Morgana. Decidió comunicar al monarca su situación, embelleciendo un poco – por cierto – el poco valeroso rol que le cupo cumplir en su pacto con la bruja de Greenwood.
– Sire: demando vuestro real permiso para contraer matrimonio. Con vuestra bendición y la de la reina – si algo sabía sir Gawain es que las mujeres aman las bodas – He hallado a la mujer que será mi esposa y deseo vivir en Camelot con vuestra real anuencia.
– Lamento oír eso mi joven amigo – se condolió Arturo, ya olvidado completamente de su vieja ira – acabas de salvar tu vida como quién dice por un pelo y ya quieres perder tu preciosa libertad. En fin, creía conocer todas las formas de la estupidez humana, pero la tuya me deja perplejo – filosofó el viejo monarca – Sea: seré vuestro real padrino, vamos a por unas pintas de buena cerveza de Finney y luego determinaremos la fecha. ¡Voto a santa Brígida, debo conocer a la novia…!
Ahorraremos aquí los detalles acerca de cómo sir Gawain convenció a Arturo, tras varias jarras de dorada cerveza, de fijar el día para los esponsales y postergar hasta ese instante la presentación de su futura esposa a la cofradía de la mesa redonda. Un año más de experiencia en su vida, y varios meses acompañado de una bruja debieron infundir algo de sabiduría y sagacidad en la mollera del antes bastante atolondrado caballero.
Un mes pasa velozmente, y en esos días no dejó nuestro héroe de visitar todas las tardes a Morgana, llegando a apreciar y – en las últimas jornadas – a necesitar su cotidiana compañía. Mientras tanto en palacio corrían los rumores y suposiciones sobre la identidad de la misteriosa prometida de sir Gawain.
La mañana del día de la boda – como fue dicho – se presentaba magnífica. Sir Gawain se apersonó en los aposentos que por un mes fueran el hogar de la bruja para conducirla al altar levantado en el patio del castillo. Golpeó – como siempre – la puerta de su recámara…
IV – La decisión
– Pasa, no te detengas – dijo una voz sensual y modulada, muy distinta al agrio tono de la bruja.
Figuraos - ¡Oh pacientes lectores! – el asombro de nuestro protagonista cuando vio sentada ante el espejo de la habitación a la más maravillosa criatura que pudiera imaginar el deseo masculino: luengo y blondo cabello atado en dos primorosas trenzas, un óvalo perfecto enmarcaba profundísimos ojos azabache, realzados por felinas pestañas, rojos y pequeños labios bajo una nariz de muñeca. Un talle de flexible junco, mientras que el fino corpiño dibujaba el más perfecto y virginal pecho alguna vez descrito. Las manos de blanquísima textura parecían hechas para acariciar. En fin: la doncella más hermosa de Inglaterra en la flor de su juventud miraba a sir Gawain y le sonreía.
– Pero ¿Dónde está Morgana? – preguntó, un tanto intimidado, nuestro personaje.
– Yo soy Morgana – dijo la joven – dentro de mis poderes está el aparecer bajo otras formas, y ésta es una de ellas. Sólo que no puedo, por mi naturaleza, hacerlo de modo permanente. Tú deberás decidir si te acompaño en público en mi forma anterior, y reservo ésta que tienes ante tus ojos para nuestra intimidad, o – pero piénsalo bien – subo contigo al altar delante de tus caballeros amigos bajo éste aspecto juvenil. Pero en tal caso para nuestros encuentros privados me verás en la forma en que me conociste en el bosque. Sabe – continuó la doncella – que siempre seré Morgana.
Nada dijo sir Gawain por varios minutos, alelado por la situación.
– ¿Y bien? – Dijo Morgana – ¿Cuál será tu decisión?
Fin
Si bien este cuento no tiene otras intenciones mas que la de entretener, es comúnmente aceptada en éste género la inclusión de alguna sentencia aleccionadora que indique ciertas intenciones “moralizantes” por parte del autor. Algo así como una justificación que exculpe el carácter puramente lúdico del texto, y libre a su perpetrador de la unánime condena por malgastar su tiempo en fábulas “mundanas” que no conlleven un propósito edificante.
Cómo – Dios nos libre y guarde – el autor no quisiera incurrir en actos que perturben la deseada circulación de su texto (léase poca voluntad de los editores por contrariar a los críticos, y escasa repercusión en las ventas) es que acompañaremos a la historia con las necesarias e instructivas moralejas.
Primera Moraleja: No importa que forma adopte, una mujer siempre es una bruja.
Segunda Moraleja (o pregunta, o reflexión): ¿Cuál sería tu decisión – Oh, lector – en caso de hallarte en el lugar de sir Gawain?
Tercera Moraleja: Una mujer puede aparecer bajo distintas formas, pero nunca podrá evitar que en algún momento el hombre “se haga sapo”, está en su naturaleza.
Cuarta y última (¡Por fin!) Moraleja: No intentes comprender a las mujeres, sólo ámalas.
Udi
Rosario, Septiembre de 2005
Hoy, a eso de las 8, udi te la cuenta, posta, posta:
AHORA, ¿QUÉ HACEMOS?
UN PROGRAMA DEDICADO A LA EDUCACIÓN
TODOS LOS MIÉRCOLES DE 20 A 21 HS.
POR LA 93.9 FM EN TRÁNSITO O POR INTERNET
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¡Debemos seguir siendo judíos! Yo acuso: al estado de Israel por apartarse del legado ético de pueblo judío a la humanidad. Yo acuso: al sionismo por instaurar un estado teocrático, racista, terrorista y genocida. Yo acuso: a los hijos de los perseguidos y humillados por perseguir y humillar. Yo acuso: a los dirigentes judíos de todo el mundo por sostener sin ninguna diferenciación la monstruosa idea de que ser judío equivale a ser sionista. Yo acuso: a los dirigentes judíos de Argentina por negociar a los muertos de AMIA, argentinos, judíos o no, a cambio del apoyo del gobierno argentino a Israel. Yo acuso: al estado de Israel por no tener constitución civil. Yo acuso: al estado de Israel por preferir la idea de una "tierra de israel completa" a la paz y no tener fronteras definidas. Yo acuso: al estado de Israel por vaciar de significado y mancillar la palabra paz, ocultando, como dice la biblia, que esta deriva de la justicia. Yo acuso: al sionismo de traicionar al judaísmo. ¡No cometan sus crímenes en nombre del pueblo judío! udi, rosario, 28 de julio de 2006
“Yo tenía veinte años. No permitiré que nadie diga que es la edad más hermosa de la vida.”
Paul Nizan
“Aden-Arabia” (1932)
Durante muchos años esta frase repiqueteó en mi cabeza, desde principios del ‘73, marzo, a mor de precisión. Por ese tiempo trabajaba en una librería, completaba (o deformaba) mi educación asistiendo los viernes a la escuela, a fin de enterarme que había pasado durante la semana, sin mucho énfasis, he de reconocer algo tardíamente.
Años después supe que la impresión que la frase me causó no era nada original, muchos antes que yo habían sucumbido ante la fuerza de esas dos líneas. ¿Qué terrible sino había marcado al autor para contradecir de modo tan categórico la sabiduría popular, la mera evidencia empírica, la cotidiana apariencia que muestra al sol “moviéndose” sobre nosotros?
Ya sea por comprensión, o por empatía inexplicable adivinaba una historia hermosa y terrible, como un ángel caido, especulé con el paso del tiempo y lecturas sugerentes. No me atreví, en aquel entonces, a continuar la lectura. Ese texto permaneció en mi imaginación como un paisaje velado por la niebla matutina. Algo así como un vallecito que vemos al costado del camino, un cartel con un nombre que nos atrae, pero nuestro derrotero no pasa por allí. Nos prometemos volver, pero, ya se sabe: la vida es corta.
Y, mientras mis veinte años pasaban, fugaces, y los treintas se perdían, indistintos, la curiosidad se desvanecía un tanto, persistiendo, como rescoldo de fogata que titila, la ominosa sentencia, que, casi sin darme cuenta, empezó a relumbrar con luz propia, cobrando autonomía y generando un deseo, casi una obsesión: la usaría algún día.
Así, hoy, después de tanta vida, amor, dicha y llantos, encontré el lugar en el que brillaría, como esas gemas solitarias, sólo que adornando un texto modesto, de entrecasa. Como si a un hermoso diamante lo sacásemos del terciopelo al que realza, para colocarlo en el arrabalero percal, de barrio, sí, pero limpio y honesto ché.
Yo tenía quince años. No permitiré que nadie diga que no es la edad más hermosa de la vida.
Septiembre del ‘73 vino cargado de vientos, vientos terribles, vientos de libertad y de esperanzas, y una tempestad que marcó a nuestra generación.
El once de septiembre, un día del maestro como tantos, trajo, como un zonda pestilente, la negra humareda y el ulular de los bombardeos. Los dias que siguieron, grávidos, húmedos de sangre y lágrimas amanecían con truenos de fusilería, con alaridos pavorosos. Las noches se interrumpían con pesadillas en las que manos sin rostro empuñaban guitarras que disparaban notas. Canciones desarmadas le ponían, en esas jornadas, el pecho a los fusiles. Y sin embargo el cielo aún parecía al alcance de las manos, bastaba proponérselo, había que desearlo con la intensidad del que se despoja de todo y se abandona en el mar del “nosotros”. Muchos piadosos varones de otros tiempos hubiesen querido sentir esa pasión que nos consumía el pecho.
Tener quince años en esos días fue como cuando papá te dejó quedarte hasta tarde esa vez.
Era entrar de colado a una fiesta para grandes, pero los “grandes”, cuando te descubrían marchando a su lado, te sonreían y guiñaban el ojo; era sentirse cómplices de la felicidad de crecer siendo parte de algo más importante que uno mismo, de la embriagante sensación de comunión, de hermandad elegida.
Descubrimos, o creímos descubrir, nosotros, los de entonces, que se puede torcer el destino. Creímos que nuestras ideas, nuestro amor por la vida y los hombres, se impondrían por la verdad que encierran, por la luminosa justicia que representan. Sólo había que “ponerle el cuerpo”, y ser consecuentes en la lucha, que era presente, porque el porvenir era nuestro.
Aprendí, en esos días, a marchar “codo a codo”. Al calor de ese fuego que nos subía a las gargantas de forjaron amores, amistades, y -claro - ideales.
En Chile se jugaba una parte de nuestro futuro, y si bien lo decíamos, creo - ahora - que no lo creíamos. Nada estaba aún decidido en esos días de septiembre, que con su devenir debieron recordarnos que se pueden cortar todas las flores, pero nunca abolir la primavera. Pero esto lo sabemos ahora, en aquellas maravillosas, trágicas, iluminadas noches de la primavera del ‘73 intuíamos que la mejor empalizada contra el odio y la codicia de los poderosos eran los miles y miles de anónimos protagonistas de su destino en las calles.
Fueron las tardes y noches en que llenamos las plazas, gritando ¡Viva Chile, mierda! Fueron los días en que cantamos, con la potencia de la juventud y el amor a los desposeídos, a los masacrados, a los explotados: “de pié, luchar, el pueblo va a triunfar. Será mejor la vida que vendrá”.
Inevitablemente estos recuerdos están marcados a fuego por la presencia de miles y miles, que marcharon en la vanguardia, que honraron con su vida el compromiso contraído en esos días.
Soy un romántico incurable, ya se sabe, y algún lagrimón me aflora ante el recuerdo de tanta vida masacrada, de tanta potencia tronchada en flor. de tanta saña puesta al servicio de la codicia, de tanto odio contra la solidaridad, de tanta metralla y descarga eléctrica sobre los cuerpos, sobre los templos de humanidad de sangre, carne y nervio. Tanta agua podrida para apagar tanto fuego de rebeldía, tanto viento de libertad como el que encarnaban nuestros treinta mil compañeros que nos marcaron el camino: ¡Es por acá, no aflojes! Es mejor la vida que la muerte, el amor que le tuvieron a su pueblo y a su gente que el odio de los expropiadores y apropiadores.
También para ellos, o mejor: sobre todo para ellos va mi recuerdo a una vida segada en La Moneda.
Libertad de prensa, libertad para las empresas.
La recuperación de los mecanismos democráticos para la elección de gobernantes en 1983 significó la reaparición de espacios para la difusión de ideas que la censura dictatorial, por una parte, y la connivencia de parte del periodismo con la dictadura, por otra, habían cercenado durante años. Cierto es también, que incluso en períodos de relativa vigencia de los derechos constitucionales la prensa argentina fue objeto de presiones más o menos intensas, persecuciones e intentos de domesticación abiertos o velados.
El fenomenal proceso de concentración del capital que se produjo en los últimos treinta años, con una aceleración notable en la década del ‘90, no dejó afuera a los medios de comunicación. Es así como vimos la formación de gigantescos “Multimedia” que, montados en la generalización de las nuevas tecnologías de comunicación e informáticas, extendieron sus redes a todo el ámbito nacional convirtiendo la comunicación en un verdadero oligopolio integrado vertical y horizontalmente. La alianza estrecha de estos “Multimedia” con los grandes capitales que controlan la economía argentina decide el perfil de sus intereses permanentes. El apoyo más o menos desembozado hacia alguna expresión política puede responder a intereses coyunturales, pero estructuralmente los “Multimedia” son el departamento de marketing y publicidad del gran capital, en su faz discursiva, y su canal de expresión editorial en la reflexiva. La permanencia de medios de comunicación independientes de los dictados del capital se torna cada vez más problemática, debiendo luchar contra todo tipo de intentos de acallar su voz.
Una manera de disfrazar y velar la comunión de intereses empresarios entre los “Multimedia” y las fracciones del capital más concentrado fue la difusión de actitudes de “denuncia”, generalmente de maniobras de corrupción por parte de funcionarios estatales. Esta práctica – la denuncia – no reprochable en sí, es utilizada como ariete en la avanzada contra la claudicante clase política argentina y fundamentalmente los organismos colegiados parlamentarios, a los cuales se acusa de ser la causa de los males del país. La miserable verdad oculta tras esta aparentemente valiente actitud es que a los parlamentos y en general a “la política” se los ataca no por sus vicios – que los tienen – sino por sus módicas virtudes, que son las que exasperan a los dueños del capital. La crítica contra la corrupción oculta la necesidad de anular los controles administrativos o parlamentarios, rara vez aplicados, pero potencialmente molestos a las demandas del capital, siempre ávido de superiores márgenes de rentabilidad obtenidos por leyes y decretos que sostengan los rendimientos decrecientes de la tasa de ganancia.
La mera posibilidad de una intervención estatal en la economía es lo que crispa el músculo corporativo de los medios. Detrás de su unanime encolumnamiento con la fracción agraria del capital está la intención de congelar cualquier iniciativa tendiente a modificar la ley de radiodifusión heredada de la dictadura, y a la que todos los gobiernos democráticos desde el ‘83 para acá adoptaron como propia, algunos con fervor, y otros con cara de resignación y gestos de taparse la nariz.
Un ejemplo cristalino del modo en que se relacionan los medios con el capital aparece acá
La realidad no se puede ocultar, ni tapar, solo se…edita. Ni un nombre propio aparece vinculado a las muertes de obreros de la construcción, seis (6) en lo que va del año en Rosario. ¿Qué empresas obtenían su lucro mezquinando elementos de seguridad? ¿Quienes son los empresarios propietarios de esas empresas? ¿Dónde viven, en qué automóvil se movilizan? ¿Cuál es la rentabilidad de un proyecto inmobiliario? ¿Cuánto gana un obrero de la construcción? ¿Cuánto dura su jornada? ¿A qué hora de esa jornada se producen los accidentes? ¿Quienes son los ingenieros que aceptan dirigir una obra en la que los operarios no cuentan con la mínima protección para sus vidas? ¿Con cuantos inspectores cuenta el ministerio de trabajo de la provincia? ¿Cuánto ganan esos inspectores para resguardarlos de la corrupción de los capitalistas constructores e inmobiliarios?
Nada de esto se pregunta el periodista, y conste que no quiero responsabilizar al cagatinta de turno, que, como Tenembaum y Zloto……..dirá: “La nota se publicó”. Lo más revelador de su conducta es, paradójicamente, lo que se oculta. Por el mismo mecanismo mental por el cual un policía cuando se dirige a un varón de tez blanca y de corbata, a bordo de un auto dos_mil_y_pico le dice: “los documentos del vehículo, caballero, por favor”, y si es un negro manejando un renó_12 lo conmina: “dame los papeles”. O cuando el mismo “caballero” llega a hacer una denuncia a la seccional le piden: “tome asiento, por favor”, mientras al morocho le dirán: “Sentate ahí”. Por ese condicionamiento mental, decía, el periodista siente un respeto reverencial por el capital que le impide establecer las conexiones lógicas entre muerte por inseguridad y tasa de ganancia. La empresa, que vende la edición de la información, no tiene que sugerirle nada. El periodista sólo se corta la lengua. El “Gran hermano” ha logrado su cometido una vez más.
Ante tal cuadro de situación es cuando adquieren multiplicado valor los intentos por hacer escuchar otras voces. La utilización de herramientas tecnológicas novedosas puede abrir caminos en la tarea de llevar información y opinión alternativas para contrarrestar la intoxicación y desinformación que nos bombardea cotidianamente. Este medio es uno, sugiero.
Cuentan los que saben - pero Alah es mas grande - que cierta vez un matemático de Bagdad se detuvo a mirar como unos albañiles construían un una muralla. Acongojado al comprobar el poco respeto que los trabajadores sentían por las reglas del buen arte púsose a disertar sobre ciertas verdades que los números encierran, las formas de comprenderlas, y el mejor aprovechamiento de tiempo, esfuerzos y recursos que suponía observar ciertos usos y procederes.
Con gran atención los humildes jornaleros escucharon las eternas e inmutables verdades qué el sabio les transmitía. A ninguno de ellos se les ocurrió interrumpir al sabio, dado qué su fama era mucha, y sobre todo por qué nuestro buen califa - quiera Alah prolongar sus dias - nos había enseñado a venerar la sabiduría y honrar a quienes han dedicado su vida a proteger y transmitir el conocimiento. Así había hablado el magnífico Harún Al Raschid, y a ningún ciudadano de Bagdad le habría parecido correcto desestimar la palabra de aquél qué se ha preparado estudiando los secretos qué para el común de los mortales son oscuros e incomprensibles. “La palabra de los estudiosos ha de respetarse” - dijo el visir del gran califa, y todos comprendían lo sensato del mandamiento, de modo qué a nadie se le hubiese ocurrido contradecir la palabra del sabio, sin estar adecuadamente preparado para ello.
Grandes Justas se organizaban cada tanto en los dominios de nuestro gran califa, en las que los mas grandes sabios de cada disciplina debatían sobre el significado y contenido del universo, y la bondad de Alah de enviarnos a su profeta para qué la verdad sea revelada a los hombres, aún a los infieles qué niegan su palabra.
No lejos de la muralla - que ahora se levantaba en forma óptima - descansaba a la sombra de un olivo un derviche, de innumerables años y gran piedad. Este maestro de la palabra de Dios hablaba para un público al qué - mediante hemosas parábolas - instruía sobre la bondad del altísimo. Acertó a pasar por allí el gran matemático, y, escuchando una parte de la clase del derviche, comenzó a reprocharle y discutir con él sobre su mensaje, la veracidad de su contenido, y la forma de su exposición. Los presentes dudaban sobre los dichos del matemático, pero éste los enunciaba en forma tan enfática qué algunos terminaron por aceptarlos como verdaderos. En cierto momento quiso el gran sabio ser magnífico en la victoria, y concedió nuevamente la palabra al derviche, quién lentamente - como corresponde a su edad - dijo las siguientes palabras: ” Sólo Alah - bendito sea su nombre - conoce el final de todos los caminos, pero sin duda más temprano que tarde la muralla qué con tus concejos ayudaste a levantar pronto caerá si los albañiles se comportan contigo como tú lo haces conmigo. ¿Por qué motivo exiges respeto y atención para tu saber matemático, y te crees en condición de discutir con quién estudia la palabra de Dios sin haberte preparado para ello? ¿Acaso otorgas mas valor a una ciencia que a otra? ¿O crees por ventura que debemos mayor respeto a quién estudia los números qué a quién estudia las palabras?
udi, año 2002
¿Por qué publicar esto ahora? Os preguntaréis, mis estimados. Pues bien, porque me pega por debajo de la línea de flotación . no sé si soy explícito - la liviandad con que se emiten opiniones sobre economía, comunicación, u otras ciencias sociales desde la más absoluta ignorancia, por parte de sensatas personas que nunca encargarían la construcción de una pared a un historiador, pero creen perfectamente razonable opinar sobre economía por haber leido un comentario en Crítica o Página. Para no hablar de quién cree que Barthes fué el arquero de Francia en el último mundial y Chomsky un centrodelantero polaco, pero postula que los periodistas a sueldo del capital son independientes.
Perdón, sin ánimo de ofender, pero me pudre un poco, ché.
El 22 de marzo pasado, a 11 días de iniciado “el conflicto”, escribí :
“El proceso de concentración de la tierra y centrifugación social que está produciendo el “ciclo de la soja” permite avizorar un futuro pleno de esperanzas para las fabulosas ganancias que están realizando los beneficiarios del modelo, y campos desertificados para los angurrientos propietarios que se limitan a vivir de la renta que le proporciona el alquiler de sus campos a los “pools de siembra”. El capitalismo agrario argentino, en ese sentido, opera según la lógica histórica del capital, en la incesante búsqueda de mejores condiciones para contrarrestar la ley de hierro del rendimiento decreciente de la tasa de ganancia, tan bien descripta, por otra parte en…bueno, en un libro del viejo Carlitos que ya me voy a acordar el nombre. Alguien de seguro lo conocerá… En resumen, la “protesta del campo” tiene toda las características de conflicto intraburgués, distintas fracciones de la burguesía se disputan la renta diferencial que los excepcionales precios internacionales permiten ingresar al país. Apasionante novela, en la que los personajes principales son el gran capital agrario, por una parte y el gran capital industrial y de servicios por otra. ¿Como? ¿A este personaje no lo conocían? Ah ! es que lleva puesta la careta del gobierno, que vela por su interés de mantener controlado el costo de reproducción de la mano de obra.
En esta saga, frotándose las manos, aparece el capital multinacional en las dos puntas del negocio: en el monopolio de la semilla transgénica, sus agroquímicos específicos y cobrando regalías por el uso del grano destinado a semilla. En el otro extremo las exportadoras de cereal y las aceiteras, pagándole IVA a empresas truchas y subfacturando exportación.
Por último la comparsa del gran capital, los pequeños propietarios de la pampa gringa, que no han podido - por razones de economía de escala - sostener la competencia con el gran capital y disfrutan de la renta de sus campos, como generalmente perciben el arriendo en quintales de cereal u oleaginosas no ven con mucho agrado lo que ellos denominan la política confiscatoria del gobierno.”
Hubo quién quiso ver en estas líneas un activismo “pro-k”. Bueno…
Así las cosas este escriba, a quién en algún blog calificaron de “marxista rococó” (ver en: http://homo-economicus.blogspot.com/2008/06/ir-la-plaza.html) sigue sosteniendo que el camino hacia lo “mejor” desde lo “malo” difícilmente pase por lo “pésimo”.
Sólo agregaría, desde el punto de vista económico, no político, que el papel de las retenciones móviles - de nuevo: más allá de la corrupción y connivencia del gobierno con las exportadoras - va mucho más allá de sus aportes a las arcas del fisco (insaciables, por definición).
Y aquí, posiblemente, aparezca mi costado populista, con perdón. Sostuve, y seguiré sosteniendo, por que en ningún texto leído en los últimos tres meses ha aparecido argumento alguno que me haga cambiar de opinión, que más allá de las intenciones maquiavélicas (en su peor acepción) que se le puedan - con justicia - aplicar al gobierno con relación a su alianza con el capital multinacional y el capital industrial (cerealeras, agroindustria, automotrices, ¡petróleo!) la política de subsidiar el alimento y expandir el universo de trabajadores (por la vía de bajar los salarios) ha permitido a varios millones de argentinos acceder a un ingreso que “arrima” a una canasta alimentaria.
De no existir las retenciones, que deprimen el precio de los productos alimentarios básicos, “bienes salario”, el costo de la mano de obra - crítico para una formación económico-social con bajos niveles de reinversión, valorización financiera, sin una escala de mercado que permita la introducción de tecnología de punta y baja productividad - impediría la mayor parte de las actividades económicas industriales.
Contrariamente a lo que sostienen aquellos que no diferencian quién “empuña el látigo con el que me azotan”, postulo que el capital industrial promueve de forma más eficiente el “desarrollo de las fuerzas productivas” y genera - aún a su pesar - el “germen de su propia destrucción”.
Dentro de este marco teórico, al que muchos adscriben…teóricamente, el desarrollo y complejización de las fuerzas productivas adquiere un status axial al permitir no sólo la creación de riqueza sino su distribución en un universo mucho más amplio. Veamos unos datos:
* Comparación entre aportes al sistema de previsión social, como se ve a continuación el salario promedio de la industria triplica al que se paga en la producción agrícola. :
Todo tiene que ver con todo
La recesión en EEUU, negada durante el 2007, y asumida como inevitable luego de la caída de las “hipotecas basura”, es el corolario de más de 12 semestres consecutivos de emisión salvaje por parte de la reserva federal para financiar las acciones tendientes a mantener el control sobre los flujos internacionales de petróleo, actividad que algunos economistas calificaron de “neo-keynesianismo de guerra”.
Tamaña superpoblación de dólares fue regulada por el atesoramiento que de ellos hicieron los bancos centrales de aquellos países que exportan a EEUU; China, Japón y los “tigres asiáticos”, sobre todo luego de las crisis de pagos del sudeste asiático y rusa del fines de los ‘90, están sentados sobre una masa incalculable de dólares (bah, sí es mensurable), atrapados en el dilema de lanzarlos al mercado y depreciar aún más la divisa estadounidense, o seguir conservándolos, financiando de este modo el consumo y despilfarro - sobre todo energético - de los yanquis, a cambio de poder mantenes sus flujos de intercambio comercial superavitario con ellos. La primera opción, atractiva políticamente y que remite a aquella visionaria definición de EEUU como un “tigre de papel”, empujaría probablemente a la ya muy cercana “Operación Irán”, por parte del gobierno de Bush, que demasiadas pruebas ha dado de su vocación de “huir hacia adelante”. ¿A qué precio se dispararía el barril de petróleo en este caso? La segunda opción, aplicada hasta el momento, y articulada con la compra de bonos usamericanos, tiene la ventaja de mantener el nivel de ocupación de la mano de obra, en China sobre todo, muy atareada ensamblando pelotudeces electrónicas y plásticos inyectados.
Pero el capitalismo no se detiene, mis estimados, y el vertiginoso crecimiento de las fuerzas productivas en China conspira contra las condiciones que posibilitaron su propia existencia. Años de acumulación y diversificación han llevado a la emergencia de una burguesía - sí que férreamente regulada por el PC chino - que de exportar juguetitos ha comenzado a fabricar máquinas herramienta, por ejemplo, para lo cual ha debido desarrollar y capacitar un proletariado cualitativamente distinto al que arma calculadoras atado a la pata de la mesa y comiendo un plato de arroz.
Este proletariado, insidioso germen dentro del organismo burgués, impulsa una demanda interna que comienza - ¡Ay, amigos , lo que puede el egoísmo ! - por aquellos productos que posibilitan la recuperación de las energías utilizadas en la generación de plusvalor, conocidos genéricamente por el nombre de alimentos.
Recapitulando: devaluación de la moneda-patrón, escalada en el precio del oro, devaluación de los productos industriales frente a los minerales y productos agropecuarios básicos…Hummm ¿No suena conocido?
Pues, claro, venimos hablando de la cara de la moneda hace tres meses, y a nadie se le ocurrió mirar la cruz (o la ceca). A la tan comentada suba de los precios internacionales de los alimentos le corresponde la devaluación de los precios de los productos industriales, o - lo que es lo mismo - una típica crisis de sobreproducción.
Frente a estas condiciones una de las salidas tradicionales a esta condición inherente al capitalismo suele ser la destrucción de stocks. La guerra, sin ir más lejos.
Este método de intervención en la libertad de los mercados se viene practicando a escala globlal por parte de la “casa central” del capitalismo mundial, los EEUU.
Es decir, vuelta la burra al trigo, que el aumento de los precios de los alimentos en detrimento de los industriales vendría a ser algo así como una “Recomposición de los términos de intercambio”. ¿Se acuerdan cuando se hablaba del “deterioro” de esos mentados términos?
Así pues, los productos que le vendemos al mundo valen cada vez más, y los que le compramos, menos. La conclusión lógica sería: ¡A plantar soja que chocan los planetas! Y eso propone la patria sojera, por supuesto, su “house organ”: Clarín Rural, y toda la superestructura político-sojeril y ganadera, incluida su “izquierda sensible”, la que gobierna Santa Fe. De los oligofrénicos que pululan en el trotzkysmo y maoísmo vernáculos ni vale la pena hablar, su papel al lado de la “carpa verde” viendo “sujetos revolucionarios” vestidos de Cardón es suficientemente explícito.
Este “modelo de país” tiene un inconveniente: le sobran entre 10 y 15 millones de argentinos.
Retomando el hilo, si los productos industriales que el mundo nos vende son más baratos, la lógica - Ah, esa señora - indicaría que no conviene fabricarlos aquí. Argumento que sostiene, debe reconocérsele constancia en eso, la Sociedad Rural hace más de 100 años, cuando reprocha a los gobiernos, ojo: no a todos, lo gravoso que resulta para la patria, es decir: ellos, sostener “industrias artificiales”. Estas últimas vendrían a ser casi todas, o por lo menos aquellas que no utilicen materias primas de origen agropecuario y nacional.
Da lo mismo producir acero que caramelos ¿Se acuerdan?
Como habrán apreciado, mis pacientes y escasos lectores, hasta ahora no se han introducido en este modesto análisis categorías muy alambicadas. Sólo se propondrá, a modo de hipótesis, que ante la puja intra-burguesa por la apropiación de la renta diferencial de la tierra el interés de los trabajadores es generar su propia política. Claro que a este desiderátum bien puede achacársele una escasa dosis de realismo político, en función de la relación de fuerzas existente entre clase dominante y clases subordinadas. Aceptando una relativa debilidad de las clases subordinadas frente al bloque de la burguesía, agropecuaria, industrial, comercial, financiera, habrá entonces que pensar tácticas para aprovechar la coyuntura de temporario enfrentamiento entre fracciones de la burguesía.
Ante tamaña disyuntiva cabría considerar si los intereses inmediatos de los trabajadores no pasan por una reflexiva y condicionada oposición a las propuestas que impliquen bucólicos paraisos campestres, con ganancias para muy pocos y trabajo (mal) remunerado para…pocos también.
¿Cuál es, entonces, la importancia, para el colectivo de los asalariados, de la existencia o no de “derechos de exportación”?
La cacareada declamatoria del gobierno respecto a su preocupación por la “mesa de los argentinos” debe entenderse como la necesidad de mantener acotado el costo de la mano de obra para que el capital industrial pueda competir en la producción de bienes transables, cuyos precios - ya vimos - bajan constantemente.
Para los asalariados, que miden su ingreso no en unidades de “moneda dura”, sino en kg y litros de alimentos, principalmente, sostener deprimidos el precio de estos es una cuestión estratégica.