Cristina en Tucumán

“Cristina, Cristina, Cristina corazón, acá tenés los pibes para la liberación”, cantan los temibles terroristas de La Cámpora en el Hipódromo de Tucumán. Yo tiemblo: dicen que destripan osos pandas sólo por el placer de verlos sufrir. Mientras esos pichones de Osama cantan yo pienso que sí, que Cristina es corazón pero más importante aún, es Conducción. Trato de que el corazón no venza a la razón, a veces.

“Cristina conducción, acá tenés los pibes…” podrían cantar entonces. Sería más de mi agrado en ese momento, pero la militancia profesa romanticismo. El amor es más fuerte. Todo lo que necesitas es amor. Estúpidas canciones de amor, según McCartney. ¿McCartney? ¿Y qué tiene que ver Paul acá? Ok, entonces nunca la viste a la Presidenta en vivo; porque es Cristina superstar. Una rock star que no debe ninguna materia de Camp Rock. Abajo del escenario parece una Iglesia Kirchnerista, Reymundo Roberts. Anotalo, Majul. Las banderas danzan bajo el cielo azul de un día peronista. “Cristinista, compañero” -acota uno-. Ok, también. Cantan borombombón por la reelección, che gorila no te lo decimos más, muchos estarán roncos hoy.

No, la verdad es que si esperás una crónica detallada de lo que fue la visita de la Presidenta, ayer, te equivocaste de lugar. Acá Página lo cuenta a través de las palabras de la Presidenta. La Gaceta pormenoriza la chismografía política. Cada relato a su cada quién.

Llega Cristina al Hipódromo. Habla Alperovich, recita números. “¡Cristina, una sonrisa para la cámara!” -le grito- y Cristina me mira. Click.

Ok, no, ¿qué me va a escuchar Cristina desde ahí arriba? “¿Cómo que no, compañero?” -me dice una de las chicas de AJUS, a mi lado. Lo pienso. Tiene razón. O algo, por lo menos. Habla Cristina por Cadena Nacional y pone el alma, pone la voz, pone el cuerpo, expone su elocuencia, su razonamiento brillante. Yo trato de entenderla pero el corazón vence a la razón, a veces. Cristina corazón, entonces.

Termina Cristina. Todos se saludan. Abajo sigue el borombombón. Me olvido que Cristina suele bajar a saludar. Cuando me avivo, saco esta foto:

Luego se va. Pasa Boudou y se va y se van. Llega el momento de la desmovilización. Omar, mientras caminamos alejándonos del escenario, me cuenta que él estuvo en Ezeiza y en el funeral de Perón. Señala la multitud -que persiste en el fervor y se saca fotos y sigue cantando- y me pregunta si voy a escribir sobre todo esto, si voy a decir que es clientelismo o movilización. “Movilización” -me apresuro a responder, mientras pienso que en realidad no: debería haber dicho militancia-. “No sé bien qué voy a escribir” -agrego-.

Que me encantó ver a Cristina desde tan cerca: eso me interesa contar. Tenerla a escasos metros la humaniza aún más, pero a la vez acrecienta su dimensión histórica. Una mujer y una estadista. Una viuda sufriendo su dolor -que también es un poco o mucho nuestro-, pero con una fuerza vital que también parece trascender su cuerpo. Cristina corazón, Cristina conducción. Es 9 de Julio. Los próceres de la Patria y todo eso. En mi cabeza se revuelve la idea de que Kirchner es uno de ellos. Quizás sea el sol, que pegó fuerte en un momento. O el entusiasmo de los pibes-para-láli-bera-ción. No, nada de eso. No (me) hacía falta que Kirchner se fuera con Perón para saber que Néstor es uno de ellos. Cristina corazón, Cristina conducción, también.