La institucionalidad de la asignación universal por hijo

La asignación universal por hijo va a beneficiar a alrededor de 5 millones de chicos y chicas en situación de hambre en la Argentina. No sólo eso, también promete una inyección anual de más de 10.000 millones de pesos en la economía, casi el 1% del PBI. Se supone que esta inyección al consumo va a repercutir en toda la economía gracias al incremento de la demanda agregada.

Es una medida positiva, que merece celebrarse sin reparos.  Tanto porque millones de pibes van a tener un poquito más, es decir van a tener un mango más para comer, pero también porque toda la economía va a re-adapartse para atender esta nueva demanda. Con lo cual se crearan nuevos puestos de trabajo en las industrias de bienes de primera necesidad, aumentando la inversión y generando más puestos de trabajo en los proveedores de esas industrias.

Es indiscutible. Es una medida histórica.

Ahora bien, parece que no es tan indiscutible para algunos. Y eso es preocupante. Por qué se escuchan tantas voces políticas e intelectuales que discuten la decisión. Desde un extremo al otro, desde aquellos que dicen que es una medida demagógica-electoralista sin sustento político y económico hasta aquellos que promueven que se está dañando al futuro del país con la medida.

Es preocupante que haya tantas voces que desde distintos sectores y etiquetas de pensamiento no piensen primero en la necesidad de los chicos de nuestra nación, verdadero futuro, y después en todo lo demás. Sino que primero hablan en base a proyectos políticos pérsonales, en base a negocios que se les antojan (incomprensiblemente) en contraposición con la asignación universal. O bien aquellos que hablan desde su “lógica” – ideológica de no intervención del Estado.

Es lamentable que haya voces de estas características. Pero también están las personas que repiten lo que leen o escuchan sin conocimiento estricto de cómo sus intereses se ven afectados con las medidas de gobierno en general o con la decisión de la asignación universal en aprticular. Incluso es posible que desconozcan el grado de veracidad de lo que repiten.

Para que las instituciones tengan legitimidad y sustentabilidad en el tiempo debe creerse en ellas. La sociedad circundante debe creer en ellas. Por eso, para que la asignación universal por hijo gane en institucionalidad es preciso que no se agoten las palabras en favor de esta medida que cambiará el futuro de millones de familias y chicos.

El poder institucional de las asignaciones por hijo será irresistible en cuanto lleguen a los beneficiarios. Será un derecho con un alcance similar al del aguinaldo, pero con el valor agregado de atender al futuro de la Argentina. Un acto de justicia social. Es la traza de un camino que nace con la fortaleza de quienes lo recorren.

Resta trabajar para sumar esfuerzos y consensos entre quienes tienen la suerte de no recorrerlo. Lo bueno es que podemos trabajar con la alegría de saber que ahora es el Estado el que conduce la marcha gracias al empuje de todos los que creen en él.

One Comment on “La institucionalidad de la asignación universal por hijo”

  1. Para celebrar que por el fin el kirchnerismo empiece a gobernar para los sectores populares, los marginales del sistema que son los que con más urgencia necesitan la acción del Estado. Esperemos siga en este camino.

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