La izquierda peronista de 1973: Fracaso de un proyecto nacional, popular y democrático

“Nuestro Movimiento en ese sentido es mucho más simple, es indudablemente de base socialista. ¿Por qué? Porque pivotea sobre la justicia social, que es la base de toda nuestra promoción revolucionaria. (…)Eso es el justicialismo. Ahora que es socialista, natural que es socialista, porque busca esas formas de convivencia con gran acento en el aspecto social. Es decir, que el hombre sea de la comunidad, pero la comunidad también sea del hombre. Para nosotros el gobierno justicialista es aquel que sirve al pueblo, que no sirve otro interés que el del pueblo, y hace lo que el pueblo quiere. Y dentro de esas formas, él va luchando por la grandeza de la comunidad en que vive. Congeniar lo individual con lo colectivo, ése es el proceso revolucionario nuestro, y el hacerlo es una de las formas de socialismo”( Juan Domingo Perón, 1971.)

El peronismo de izquierda es parte central de la historia peronista, si lo consideramos el espacio hacia el cual decanta el movimiento si es que se respeta y se entiende al movimiento como aquella forma política en la que se funda la conciencia popular del oprimido en la argentina.

Hablar de una izquierda en el peronismo implica remitirse al tiempo histórico desde donde se empieza a intuir la posible índole revolucionaria del movimiento nacional. Años: 1951,1952. El peronismo será revolucionario o no será nada. Mi Mensaje es el texto que sintetiza la preocupación, y lo efectivamente a debatir de allí en adelante. En ese conciso texto que sí nace de la inspiración y el análisis evitista se anticipan los dilemas, posibilidades y claudicaciones del movimiento. El peronismo es, ante todo, la forma política que se da a si mismo el oprimido, su marca de visibilidad en la Historia; todo lo demás se terminaría subordinando a esto, a pesar de la importancia factica de la diversidad movimientista. La incipiente idea de evitismo antagonizando solapadamente con la noción de Estado mediador-negociador encierra la génesis de lo transformador como “misión a cumplir” del peronismo (y que ningún otro expresión política puede satisfacer en tanto es el peronismo quién nace “contra” lo político-institucional establecido). La etapa resistente iniciada en 1955 profundiza la necesidad de pensar al movimiento más allá de su laborismo sindical institucional. Perón exiliado expone la necesidad de obrar en términos insurreccionales.

Años: 1956, 1957. Planes de lucha, toma de fábricas, sabotajes: el peronismo resistente de bases obrero-populares es la única oposición al poder liberal proscriptor en todas sus variantes: el protagonismo de las bases en el proceso de resistencia produce un desplazamiento dentro del movimiento, y se enfatiza ahora con más ahínco sobre la índole transformadora, antiimperialista de éste. Fusilamientos de J.L. Suárez. Se forma la Juventud Peronista. Toma y huelga del frigorífico De la Torre. Plan Conintes. Felipe Vallese. Son los eslabones de la historia realmente dada en esos años, años de la política como conflicto donde los intereses populares pugnaban por resguardar un piso de dignidad en medio de la noche proscriptora.

Años: 1961, 1962. A la creciente conflictividad de la lucha popular, se agrega la reflexión teórica de cuadros político-intelectuales nacionales que van a estructurar un relato alternativo de la historia política argentina; se conforma un bagaje de ideas que va a confrontar culturalmente con los relatos oficiales del liberalismo. Se va enhebrando una crucial batalla “superestructural” que complementa lo que sucede en el terreno.

Años: 1968, 1969. La CGT de los Argentinos se declara “en el camino de la liberación” y heredera “de las banderas históricas del movimiento obrero”. Cordobazo. Los que narro son los episodios de un tránsito que atravesó neurálgicamente al peronismo, y que no pueden dejar de ser enmarcados como una historia de la izquierda del peronismo. Y quiero decir con esto que la izquierda peronista no nace como un invento en 1970 con la aparición de las organizaciones armadas. La izquierda peronista no nace en 1973 con el “fin de antagonizar” por un lugar frente al palco en Ezeiza. La izquierda peronista no puede quedar asociada a definiciones de ocasión (hechas desde el propio peronismo): “infiltrados, falsos peronistas”, definiciones forjadas al calor setentista cuando los horrores estratégicos y las alucinaciones vanguardistas del montonerismo provocan un enfrentamiento irreversible. La izquierda en el peronismo es intrínseca a una larga historia de avances y mutaciones dentro del movimiento popular, late en él: es parte del peronismo, está aunque muchos no la puedan ver, como la Carta Robada de Poe. Es parte del peronismo tanto como lo son otros sectores del movimiento, las dirigencias sindicales y partidarias burocratizadas pero fuertemente representativas.

Estas largas parrafadas que refieren a una historia de izquierda en el movimiento que claramente enraízan en su matriz popular, las desarrollé para confrontar con una idea que no comparto: la Tendencia Revolucionaria definida como progresismo clasemediero, y por ello, fracasada. Una simpática boutade para la polémica fernandoniembrista que conviene revisar a riesgo de que el silencio la torne cierta.

A los que adhieren a esta definición de la Tendencia = progresismo clasemediero, me permito comentarles:
1) La Tendencia se manifiesta dentro del peronismo.
2) La composición mayoritariamente media de la Tendencia sólo define en parte (¿en que parte?) la causa del fracaso.
3) El fracaso de 1973 no es el del “progresismo clasemediero” de la Tendencia, sino el de un proyecto nacional, popular y democrático de liberación nacional a conducir por su líder retornado; proyecto votado por el 50% del pueblo en marzo, y refrendado en octubre con el 62%.
4) Es cierto que con la aparición de las guerrillas del peronismo revolucionario entra en una progresiva fase de ceguera militarizada, desdeñando los anclajes populares; pero en la práctica esto no sucedió de modo homogéneo: mucha militancia de superficie (JP) se desarrolló territorialmente, alcanzando una peronización genuina, y siendo crítica del vanguardismo montonero. Bajo la denominación “Montoneros” había múltiples posturas.
5) El fracaso proviene más de la progresiva concepción foquista adoptada, que de la composición de clase.

Por lo tanto, se trató de un fracaso de todo el peronismo, y del epilogo de un trayecto de luchas iniciado en 1945 protagonizado por el movimiento popular nacional. Peronismo que por la vía democrática recuperada en 1973 intentó plasmar un proyecto en gradual y complejo camino hacia una emancipación como continuidad de lo interrumpido en 1955.

No se puede definir todo como una simple “intrusión clasemediera” en el peronismo. Esa etiqueta encierra quizás la intención de muchos de no hacerse cargo de que los de la Tendencia también fueron compañeros peronistas, aún con sus lamentables ideologismos y militarismos. No hacerse cargo. Apartar la mirada. Soslayar como si no hubiera pasado nada, cuando pasó todo. Renegar de una parte de la memoria histórica del peronismo, y del país.

No hacerse cargo de los muertos del peronismo en dictadura. No reconocer, a la hora actual de la memoria y la crítica, que esos muertos eran los propios compañeros “aunque de izquierda”. Dar vuelta la página, sin memoria histórica (memoria de lo realmente ocurrido en aquel tiempo), como quiso (y logró) la dictadura y acató el alfonsinismo gobernante: nacimiento de la post-política. Teorías demonizantes y “equívocos históricos”.

Repensemos estos relatos. Relatos que las dirigencias peronistas renovadoras o no convalidaron sin chistar, para sepultar un pasado trágico que tuvo al peronismo como protagonista de una época a revisar críticamente, y que alberga claves de lo nacional que no pueden ser negadas y desdeñadas por el peronismo, si todavía se considera movimiento y conciencia popular(o queremos que vuelva a serlo).