La madre y la macroeconomía

En algún lugar recuerdo haber visto las viñetas donde se representaba a un cartonero junto a un militante de izquierda que, estupefacto, no veía comprendida su combatividad en su interlocutor: “¿Cómo?”, pregunta el militante, y se le escapa de la testa la gorrita: “¿No tenés patrón?” Ya no comparten el mismo punto de referencias.

 

¿A qué apelar? ¿Al mundo?, ¿o porque “estamos fuera del mundo” o porque el “mundo está en crisis”? ¿Globalización obliga? “Hay un mundo ahí afuera”, suena preventivo a rebato o imperativo y conminatorio, depende quién lo diga. Pero no. Nada estalla.  Es como si los que siempre supieron qué o los que siempre supieron que debía morir todo lo que tuviese con qué, ahora  no supieran cómo curtir ni la piel del cordero ni la del lobo.

 

Hay muchos hogares entre los pobres y la clase media, ni uno ni otro quiere habitarlos ni tampoco tienen viviendas. ¿Dónde viven? Pasan la noche.

Todavía dicen “Mundo”. “¡Como nosotros!”, dicen los santos. “¡Como nosotros!”, dicen los revolucionarios. Todavía dicen “Mundo”. No preguntan mucho y nadie responde lo que quiere otro, pero todavía… sollozan. 

Propiedad, aunque sea, algo propio, de uno, para mis hijos. Propiedad. ¿Quién gana? ¿Pueden penderse de un tejido infernal las necesidades elementales? ¿No cantan las furias en ramas de riqueza? ¿Lo que quiere el pobre lo dicta el rico? Pero no hay patrón, nada estalla y todavía… sollozan.

Pero el sufrimiento era de los poderosos, parejo a la dignidad. Sufrido se decía de un virtuoso, como sapiencia. Costó darle un giro y no colorearon el cielo los fuegos de artificio. Giraron cabezas. Ya nadie se agarra al cuello con las patillas cada vez que hay sublevaciones. Pero aunque no se cambia el curso de la historia, porque… ¡qué es curso! Se gana la lengua a los vencedores en el habla de la historia. ¿Qué son vencedores?

No se rompieron las generaciones, todavía depende de los padres la mala o buena vida de un destino. ¿Se rasga las vestiduras el Estado? ¿y el mercado?

Por la igualdad y la justicia social hay que sostenerse en la madre y en la macroeconomía, exigen los estadistas. ¿La primera y la última morada?

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