Macri finalmente dio en el clavo.

El sabio Maquiavelo sostenía que la única preocupación de un príncipe (un gobernante) debería ser la de buscar y retener el poder, sin importar consideraciones éticas o religiosas. Si aggiornamos este princípio diremos que la primera tarea de un político que accede al poder es mantenerse, perder lo menos posible el apoyo de sus votantes y si puede aumentarlo. Siempre y cuando su intención sea ejecutar su plan de gobierno, sea el que presentó ante la ciudadanía para que lo vote o el que se disponga a ejecutar a pesar de esos votantes, e interpelando por eso a nuevos votantes (a la Frondizi o a la Menem).

Desde que Mauricio Macri asumió su cargo, su gestión del estado (o quizás su falta de gestión) se caracterizó por un accionar improvisado, por idas y vueltas en muchas medidas formales y de fondo y su inoperancia en materia política, regado todo por un discurso pobre y poblado de flagrantes mentiras que no resistían ni un archivo de pocos días antes. Quien había sido premiado con un 60% de votos frente al exministro de Educación de Aníbal Ibarra y Néstor Kirchner, haciendo gala de poseer equipos de expertos en todos los temas, de su capacidad empresarial de administración y de su éxito en el ciclo de 10 años en Boca Juniors, se convirtió en un par de años en un torpe elefante bailando en un bazar: lo que tocaba lo rompía. Esto se reflejó en una caída de votos similar a la caída del muro de Berlín. En un comienzo, muchos pudimos no compartir su ideología noventista, pero nunca imaginábamos la torpeza y la indiferencia con que arremetía contra los más básicos princípios de la política, conocidos hasta por el más humilde militante político, algo que se aprende mientras se hacen pintadas partidarias o se reparten panfletos en la calle. La derecha mostraba así su orfandad de representantes en el campo polìtico. Su “esperanza blanca” se convertía en el muchacho tilingo, caprichoso y pagado de sí mismo que sugerían algunos periodistas que escribieron sobre su vida. No fueron suficientes los consejos de un prestigioso asesor extranjero ni de los cuadros peronistas y conservadores que reclutó en la ciudad, duchos en las tumultuosas mareas políticas locales, porque el jóven millonario no sabía mentir, no sabía elaborar un discurso coherente donde ocultar su verdadera ideología, ni pergeñar un simple camuflage para endulzar sus medidas, y ante la menor crítica le echaba la culpa al cuco kirchnerista. Su gestión como Jefe de la Ciudad se convirtió en una pesadilla y en su futuro político se atisbaba una muerte anunciada, como lo indicaban diversos sondeos que lo mostraban en caída libre. Pero, como dice el título: Macri finalmente dio en el clavo, por fin aprobó una materia en su carrera de político con pretenciones de presidencia. Quizás haya contribuido un cambio en la estrategia aconsejada por sus asesores, porque lo que vimos desde el incidente de Villa Soldati es un Macri auténtico, sincero. Aún con sus limitaciones de discurso, el candidato a presidente ha dejado de mentir, de fingir. Ahora se muestra como realmente es, se expresa sin necesidad de que le escriban frases hechas ni le soplen desde atrás de la nuca. Dice lo que piensa y hace lo que dice. Hace lo que muchos políticos evitarían: es auténtico.

Repasemos otras declaraciones suyas: “Es inaceptable convivir 18 días con delincuentes”, dijo en alusión al tiempo que llevó el desalojo del club Albariño; “No se sabe quién es el que llega” al país, señaló, en otra crítica a la política inmigratoria abierta del kirchnerismo. (…) “Tiene que hacerse en un día el desalojo, no en 18. Es inaceptable convivir 18 días al lado de delincuentes. Hay que mandar un mensaje, hay que respetar la ley. Todos tenemos problemas, pero tenemos que solucionarlos respetando al otro”. Entonces, le pidió a la Presidenta que “reflexione” y que el Estado “recupere el monopolio de la fuerza”. (…) “Mi opinión es la misma, porque el diagnóstico que hice en su momento no cambió nada. La Argentin no está pensadno cómo garantizarles a los que viven en la Argentina y a los que querrían vivir aquí cuál es el mejor lugar para radicarse. Hoy la Argentina no tiene una política habitacional, y en lo que hace a la inmigración, no se sabe quién llega”.

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Vemos así que Macri se expone libremente y eso lo beneficia. Esto que parecería una contradicción, una opción piantavotos, es en realidad pura realpolitik argentina. Su nuevo (viejo) discurso está dirigido a muchos de sus exvotantes a quienes desilusionó, a quienes perdió, y también a quienes no viven en la ciudad que administra pero comparten su ideología, y no a la mayoría de los argentinos que disienten profundamente con su verdadero pensamiento.

Antes de repasar esta afirmación veamos brevemente el universo electoral actual. En la oscuridad más profunda de la sociedad argentina nada un sentimiento racista, prejuicioso y discriminador que a veces se expresa en brotes xenófobos que ningún politico interpeló hasta que Macri pronunció las palabras mágicas “inmigración descontrolada” unidas a “narcotráfico”, “inseguridad”, “falta del Estado” e “indefensión” del ciudadano. Si analizamos los números de las primeras encuestas realizadas luego del conflicto de Villa Soldati, veremos que, según la consultora OPSM, acuerdan con el pensamiento macrista sobre el tema muchos argentinos, por ejemplo: “un 25,3% estaría de acuerdo con reprimir sin más”, “un notable treinta por ciento concuerda con Mauricio Macri en su pico xenofóbico, cuando señaló que muchos eran bolivianos y paraguayos, y que el problema era la permisiva política migratoria nacional. Otro 23,7 está de acuerdo con el político del PRO”. Con la afirmación macrista de que la política inmigratoria está desbordada, el 30% esta´muy de acuerdo” y el 23,7% está “de acuerdo”. Que hay que revisar la política inmigratoria del país están muy de acuerdo el 44% y de acuerdo 30,7%. (Nota completa).

Otra consultora (Ibarómetro) concuerda con este análisis y nos informa que: “tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en el ámbito nacional con el propósito de monitorear el impacto del conflicto. (…) el 47,4% de los consultados sigue creyendo que la resolución del conflicto pasaba por el desalojo de los terrenos por medio de la represión. (Nota completa)
Ante este escenario, la estrategia de Macri en esos días, ya sea que el drama de Villa Soldati haya sido fogoneado por punteros macristas con este propósito o haya sido un fallido plan compravotos que los desbordó por su escalamiento o por su conocida ineficacia para hacer política, la misma resultó exitosa porque le permitió tomar la delantera con vistas a las elecciones de 2011, lo posiciona como un referente de la derecha con peso político propio que interpela los valores de este electorado, con vistas al momento en que los votantes decanten en el medio político-eleccionario cuando florezcan las distintas ofertas electorales. Rompe el escenario escandaloso del affaire de espías urbanos que enloda su carrera y la de sus colaboradores, corriendo el eje de debate “espía Maxwell Smart-respeto de la ley” o el eje “mal gestor-Cristina piloto de tormentas” que se había instalado en el horizonrte del 2011, cambiándolo por el de “derecha fuerte que pone orden-izquierda débil o cómplice de la inseguridad”, que pone el foco de la atencion en sus principios, fijando agenda en un tema por primera vez desde 2007.
Es necesario tener en cuenta que el macrismo no compite por los mismos votos con el kirchnerismo sino con Estensoro, Terragno y algún peronista disidente en la jefatura de la ciudad, o con un arco que va desde Carrió, López Murphy hasta Pino Solanas, y en una interna virtual con Duhalde para la presidencia, corroborado esto por los siguientes dichos de su espada principal en la legislatura de la ciudad, Cristian Ritondo: “Sentimos un gran afecto con Duhalde y trabajamos para lograr un frente que sea mucho más amplio, integrado por el PRO y el Peronismo Federal”, (Nota completa).
Esos votos, desparramados sobre la mesa de la derecha clasemediera y burguesa argentina, son a los que puede aspirar, y la estrategia del macrismo fue hacer punta y apoderarse de algunos, cooptar una base, una masa crítica que hasta hace días le era esquiva. Según OPSM, hoy día, los números indican este escenario de votantes:

Con Macri como candidato a Jefe de Gobierno en la ciudad:
Macri: 29,9%
Filmus: 24,8%
Prat gay: 4,7%
Terragno: 7,9%

Con Michetti como candidato a Jefe de Gobierno en la ciudad:
Filmus: 26%
Michetti: 25,7%
Terragno: 9,8%
Prat Gay: 4,4%

(Aunque en estos días Carrió ha bendecido a la senadora Estensoro como recambio de Prat Gay, el nicho de votos de la Coalición Cívica no variaría mucho de esos números.)

Como vemos, hay un porcentaje consolidado de votantes, un núcleo duro de votos macristas de otrora al que puede invocar todavía, sumando una parte del 15 al 17% que aún no ha decidido su voto y que adhiera a un pensamiento de derecha. En esta franja parece estar trabajando Macri, y la tarea para el hogar que parece que le asignaron sus asesores es ser él mismo, no andar con rodeos, decir lo que piensa y hacer lo que dice: quitarse la máscara traslúcida que tenía hasta ahora y mostrarse sincero, franco, llano y sencillo como le permite su escaso dominio del discurso. Y ésta es su fortaleza electoral actual, y es de esperar que, de no mediar otra metida de pata suya, coseche una parte importante de los votos potenciales que le asigna la sociedad al discurso al que él adhiere. A la estrategia macrista no la invalida la aparición del fantasma de Duhalde, ya que según los primeros sondeos después del lanzamiento del expresidente, la consultora de Ricardo Rouvier estima para él un techo electoral actual de 10% de votos e Ibarómetro le otorga un núcleo de 5 a 7% de votos posibles, con una escasa imagen positiva de 20%, debido principalmente a su aspecto de político antiguo, además de que el escenario político cambió en 2003 y él no supo adaptarse. Algo que no haría temblar el liderazgo macrista de ese nicho de votantes, y lo colocaría en buena posición para negociar con el exhombre fuerte del conurbano bonaerense.
Pero ¿le alcanzará esto a Macri para ganar la presidencia? ¡Qué buena pregunta! Podemos decir que frente a Cristina Fernández como candidata, todo señala que no. Frente a otro candidato kirchnerista, está por verse, pero cuando se conozca ese candidato muletto K (que abriría un poco el panorama electoral) Macri deberá moderar su discurso para atraer a la oposición anti-K centrista, crítica de su propia gestión, obligándola a optar por el mal menor, tratando de emular la UCD de Alsogaray en los ochenta y noventa, para aspirar a esos votos desparramados hoy en varias fuerzas. Pero, en el primer ejemplo, a lo que aspire quizás no sea ser el próximo presidente sino liderar la oposición frente a un probable próximo gobierno K, desde la derecha, por supuesto. La izquierda nunca lo votaría ni él aspira a seducirla, y menos con este nuevo discurso crudamente derechoso. Es por eso que decimos que el alumno Mauricio parece que pudo aprobar su primera materia en este curso veloz de política que su cuenta bancaria le posibilitó hacer, gestionando uno de los mayores distritos electorales a la vez y recursando una y otra vez las materias. Sólo la voluble realidad argentina le dio la posibilidad de aprobar una de ellas. Si lo hizo estudiando o macheteándose lo veremos en breve, cuando deba aplicar lo visto en el curso, y veremos también si tiene la misma suerte con las materias que le faltan (Gestión I la tiene previa). Por ahora sólo podemos afirmar que Macri finalmente dio una vez en el clavo.