OTRA VEZ.

No es un deja vú. Deslizo el dedo por la pantalla del celular y lo leo otra vez.  El tweet cuenta los femicidos del 2019. Otra vez ese escalofrío, que ya me es familiar, recorre el cuerpo desde la cabeza hasta los dedos de los pies. Dejo de trabajar por un minuto, abro una pestaña nueva de Google y en el panel de búsqueda escribo su nombre. Automáticamente se despliega una lista de titulares de noticias de “último momento” (pero lamentablemente esto no tiene nada de novedoso) Ahí está lo de siempre: “hallaron muerta”, “encontraron el cuerpo sin vida”. OTRA VEZ.

Las frases que no terminan de decir, que confunden. Las potenciales afirmaciones que tienen esa condición debido al tratamiento cuidadoso. La miseria mediática de los de siempre, los que eligen buscar las “claves” para conocer la vida de una mujer que acaba de aparecer muerta, asesinada al costado de una zanja. Buscan justificaciones, como si existieran, para poder fundamentar el desenlace. Ese tratamiento roñoso y detestable que únicamente sirve para alimentar el morbo que se disfraza de “periodismo de investigación” pero que, en verdad, parece desvivirse por disciplinar a las fanáticas de los boliches.

Hasta el hartazgo pedimos un periodismo con perspectiva de género para que, al menos, no se repliquen esos nefastos métodos de información. Pero ahora eso es un tanto secundario. Pasa a segundo plano porque a ese sentimiento lo primerea la presión en el pecho, la sensación de agotamiento, de ganas de abandonar la pedagogía y el consenso. Me pregunto hasta cuándo. ¿Cuantas más? Me pregunto si voy a llegar viva a mi casa. Me pregunto hasta cuando nuestra emancipación va a ser motivo suficiente para que el machismo despliegue su revanchismo.

Una revancha que creen justa cuando advierten que las mujeres y las disidencias no queremos ser tuteladas, cuando elegimos ser libres para decidir sobre nuestro goce, cuando marcamos la cancha para recordar que somos dueñas de nuestro cuerpo, y que lo vestimos y desvestimos cuando y con quien deseamos; cuando ponderamos nuestra voluntad. ESO JODE. Jode el poder de decisión. Jode la mujer libre.

Y, entonces, ahí están los reaccionarios intentando justificar su pacto de impunidad, midiendo  las polleras en el tiempo de descanso que se tomaron antes de seguir desacreditando la conquista de derechos legítima que, con mucho dolor en nuestros cuerpos, estamos llevando a cabo.

En esta tarde solo puedo escribir. Y no puedo más que eso. Mientras que lo hago seco un par de lágrimas que se escapan inevitablemente por culpa de la impotencia que avasalla el cuerpo y las ideas. Escribo mientras me lleno de preguntas y encuentro pocas respuestas. Escribo como acto de resistencia. Escribo para comunicarme con las demás, con las compañeras que están ahora del otro lado. Escribo pensando quien va a ser la próxima dentro de 30 horas. Escribo para que nos encontremos, para decirte que aunque no te conozca, otra vez, en un abrazo, nos vamos a reinventar para convertir el dolor en acción. Escribo para que sepan que nunca nos vamos a acostumbrar a contar compañeras como numeritos. Escribo, y no lo hago para contar nada nuevo, ni para traer algún dato de rigor. Lo hago para que se estás leyendo esto sepas que nunca más vas a estar sola, y que si un día no volves, vamos a salir a la calle y a encontrar justicia.

Escribo porque tengo la convicción de que la heridas pueden zurcirse para dar batalla hasta que se caiga.

Vivas nos queremos. Por Agustina y por todas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *