Quien nomina es quien domina: quien define, decide

Detrás de las acciones del Estado, que orientan la estructura social, productiva, económica, cultural y política de la nación, existen un montón de relaciones de poder que inciden o buscan influir en esas decisiones de acción estatal.

 

Esas relaciones de poder se entretejen de distinta manera. Se pueden mencionar tres agendas inter-relacionadas, cada una con actores preponderantes: 1) una agenda subterránea, que es manejada por las personas con alguna clase de poder (económico, político, mediático, judicial o cultural), que se dirime en distintas conversaciones entre estos actores; 2) una agenda pública, de la que se pueden extraer las principales cuestiones que giran en la sociedad, dónde la opinión pública hace hincapié, vinculada fuertemente con la coyuntura; y, 3) una agenda de gobierno que define los temas según los objetivos de gobierno con el propósito de brindar una resoluciones a esas cuestiones dentro de los intereses que sintetiza y expresa.

 

La agenda más clara de las tres mencionadas es la de gobierno, mientras que la pública es bastante diversa aunque se pueden identificar sus énfasis y prioridades en base al juego de manifestaciones públicas por distintas formas. La del poder es invisible, aunque se puede interpretar por las declaraciones de los “intelectuales orgánicos” de los grupos de poder, aquellas personas con alguna clase de injerencia en la agenda pública que representan intereses. Por su parte, el gobierno en cada política estatal refleja la definición de las cuestiones y el camino de resolución elegido, que va a retroalimentar el sistema redefiniendo la cuestión en la agenda pública.

 

Desde 2003 hasta la fecha el kirchnerismo logró instalar su definición de muchas de las cuestiones de la agenda pública. Entre las cuales sobresalen las siguientes: a) el rol del Estado en la conducción del desarrollo, orientando el accionar de los empresarios, en los distintos mercados; b) sólo un Estado con margen de acción puede influir en la distribución del ingreso, con cierto poder en el mercado para que las relaciones de poder que se concretan en éste no perjudiquen la calidad de vida de los sectores trabajadores y postergados; c) la dialéctica entre independencia económica y soberanía política conducida por el Estado, se resume en políticas estatales que fortalecen su capacidad de decidir, de cuidado del mercado interno y control creciente sobre las consecuencias de los excesos de poder de los agentes económicos; d) el empleo, su calidad, su cantidad, su salario, y el bajo desempleo, son elementos de cohesión fundamentales para que la sociedad se empodere frente a los intereses del capital; e) el fomento de la demanda agregada, del consumo y del poder adquisitivo, favorecen el empleo; y f) la integración regional fortalece la democracia interna y viabiliza el desarrollo productivo para la inclusión social en los países de la región.

 

En este sentido, y no en otro, fue que el gobierno a cargo del Estado argentino promovió el desarrollo industrial, y generó puestos de trabajo en el sector público.

 

cta corriente y desempleo

 

Entre 1991 y 2001, la industria disminuyó, en precios constantes (de 1993) un 5,8%. Mientras, entre 2004 y 2013 (a precios constantes de 2004) creció un 61,3%. En este período el total de la economía creció un 62,3% real (utilizando la base 2004). En estos años se pasó de 44.610 empresas industriales que generaban empleo registrado en 2003 a 59.200 en 2013 (número que vale admitir, se amesetó en 2011). Concomitante con lo cual, el año 2003 arrancó con 769.000 empleos industriales registrados (17,23 empleos registrados por empresa), mientras que 2013 cerró con 1.284.000 empleos industriales registrados (21,68 por empresa). No sólo hay más industrias, además crecieron (fuertemente hasta 2011). La proporción industrial pegó un salto en 2003-2005 y eso se mantuvo hasta la actualidad (en el orden del 19,5% del PBI). La proporción del sector primario sobre el PBI real también se mantuvo, o disminuyó poco.

 

Es verdad que no hubo una estrategia particular de desarrollo industrial, sino que ésta fue incluida en una estrategia más amplia de aumento de empleo, disminución del desempleo, y mejora del poder adquisitivo de la población antes que la competitividad de la economía. ¿Es esto un problema? Sí, tal como cualquier estrategia, genera algunos problemas y no otros. Especialmente por cuanto en el largo plazo, se va a sentir la necesidad de una mayor industrialización para que entremos todos, para evitar cuellos de botella generados por la falta de divisas, como es el caso histórico de la Argentina. De todos modos, este problema es mucho mejor que el que aconteció entre 1974 y 2001 de destrucción de los tejidos productivos y entre 1974 y 2003 de destrucción de los tejidos sociales.

 

Esta década tuvo como eje rector la inclusión, la recuperación de la densidad social, así el desarrollo industrial quedó incluido como una parte más de ese objetivo, e incluso por momentos amesetado (2011, 2013). En este año frío -2014- se empieza a sentir la disminución del avance industrial que se había alcanzado gracias al pasado contexto de buen comercio exterior con Brasil (automotriz sobre todo), y además surgieron algunas dificultades extra producto de un mercado interno menos dinámico. En todos los casos, la restricción externa (falta de divisas) ahoga la economía en su conjunto y es un nudo clásico en el desarrollo argentino. Que debe superarse incorporando en la agenda de gobierno la preponderancia de un mayor desarrollo industrial.

 

¿Era necesario hacer lo que se hizo? Sin dudas. ¿Puede la agenda futura ser igual? No. Debe redefinirse la cuestión socialmente problematizada de la calidad de vida, como un horizonte basado en la incorporación de un mayor desarrollo industrial, cuidando los niveles de inclusión logrados en este tiempo, pero subsumidos sus avances al desarrollo industrial, y no al revés. ¿Cómo se hace? No es fácil, pero es imprescindible. En una economía donde ese desarrollo depende mayormente del sector privado, debe consolidarse una integración entre el Estado y el privado superadora. Donde las expectativas de ganancias de cada sector, de exportaciones (sin exportaciones industriales no puede haber desarrollo industrial, y no pueden sostenerse en el largo plazo los niveles de calidad de vida de todos) generen los horizontes de estabilidad, que promuevan la inversión: buenos niveles de ganancias, pero sobre todo estabilidad de esos niveles. Tanto la expectativa de peores niveles de ganancias, como de mejores niveles, disminuyen la propensión a invertir.

 

La nueva agenda de gobierno debe incluir como punto crucial el desarrollo industrial con inclusión, en este orden. Identificando sectores estratégicos, promoviendo inversiones, montando el Estado sobre las actividades productivas con mayor posibilidad innovativa, definiendo roles y beneficios de los distintos eslabones industriales, y mejorando la calidad y la cantidad de los factores productivos. Consolidar, institucionalizar, legalizar y legitimar niveles estables de ganancias privadas en el sector industrial en el largo plazo es parte del desafío de nominación-definición actual y futuro. Después de 11 años de recuperación social, lo que sigue ya no es la industrialización en función de la inclusión social. Sino el empate. Industrialización e inclusión juntas. Pensar la Argentina sobre todo en función de la industrialización. Sin reducir el bienestar social alcanzado en este tiempo. Porque sin industria, sin exportaciones con valor agregado no alcanzan los dólares para bajar tasas de interés y promover consumo, que genera a su vez más trabajo (para decirlo en una oración). Evitar los cuellos de botella dados por la necesidad de divisas es un elemento clave para sostener las mejoras sociales.



Hay algunas verdades sobre cómo industrializar que quedan de estos años, a simple vista y sin orden de importancia:

a) el Estado interventor y conductor de la economía, de los empresarios, es mucho más eficaz para generar más industria que uno vacío, que deja hacer;

b) la administración del comercio exterior es fundamental para orientar las divisas hacia dónde más conviene;

c) atrasar el tipo de cambio no es buena idea para sostener la industrialización en el tiempo (esto último no quita que sí es buena idea para mejorar o sostener el poder adquisitivo), y no es buena porque los shocks devaluatorios que pueden suceder de ese atraso, empeoran la cosa;

d) un mercado interno fuerte es un requisito fundamental que permite, gracias al volumen, morigerar la tasa de ganancia exigida por el sector privado para invertir;

e) el Estado debe elegir algún sector estratégico que sea caballito de batalla (aunque tenga déficit comercial), e integrarlo con PyMEs y distintas regiones;

f) la integralidad de las medidas no es un concepto que vincula sólo a toda la industria, sino que incluye el sostenimiento del poder adquisitivo de los salarios;

g) reciprocidad en la articulación entre el Estado y los empresarios del sector privado que son protagonistas del desarrollo, ningún (o casi ningún) beneficio público deber ser para mejorar la tasa de ganancia, sino el volumen, o la productividad sin reducir la dotación  de empleo;

h) sistema de premios y castigos sobre personas físicas y jurídicas a cargo de la inversión (mayores ganancias por aumentos de tasa de ganancias no decididos estratégicamente por el Estado deben ser entorpecidos con algún sistema);

i) certidumbre de que la tasa de ganancia sectorial será la estipulada por la estrategia industrial del Estado, porque la expectativa de aumento o disminución inciertas en el mediano plazo inhibe inversiones;

j) encadenamientos productivos con el objetivo de sustituir importaciones;

k) concientización para que toda la sociedad acompañe;

l) hay elementos crediticios y fiscales de todo tipo (debe mejorarse aún más la regulación sobre entidades financieras, y sí, hacer más eficiente y redistributivo el gasto público -sin reducirlo porque sí-);

m) mejorar la relación entre la industria vinculada al agro, el agro y el Estado;

n) estimular la innovación y el desarrollo eficiente para promover una industria avanzada, con mayor tecnología agregada, articulada con industrias de menor nivel de desarrollo y plazo de inversión;

ñ) mejoras en infraestructura pública (energía y transporte) para mejorar competitividad;

o) articulación economías regionales, grandes empresas, PyMes, vertical en cadenas, y horizontal en diversidad de sectores;

p) empresas mixtas, promoción de clusters, etc.


El desarrollo industrial es posible. Hay algunas cosas que, en resumen deben tenerse en cuenta: el problema es de conducción de actores privados, es de praxis económica, sin Estado interventor es imposible y la tasa de ganancia sectorial debe tener absoluta certidumbre en el tiempo, porque es la manera de orientar las inversiones. Es el paso siguiente del “modelo” en un contexto donde algunos quieren retroceder. Debe superarse la falsa tensión entre la industria nacional y el bienestar popular si se quiere dar un paso hacia el desarrollo. Instalar en la opinión pública una agenda futura alejada de las libertades neoliberales es un objetivo militante, nacional y popular que forma parte de la disputa cultural por un proyecto de país que evite volver a lógicas de valorización financiera como las del pasado. Entre 2012 y 2013 decíamos que si iba a haber crisis lo fundamental pasaba porque esa crisis no la paguen los trabajadores, como siempre en la historia de la Argentina. En este 2014, vislumbrando un desorden macroeconómico (que no llega a ser crisis gracias a la acción del Estado), lo que cabe decir -ahora y no antes- es que se debe pensar el mediano plazo. La industria, la incorporación de cada vez más valor agregado en exportaciones crecientes de los sectores manufactureros, debe ponerse al frente de los objetivos de mediano y largo plazo. Entre estas dos oraciones, entre estas dos cuestiones, hay una clara tensión. El manejo de esa tensión, y no de otra, entre industrialización y bienestar social consolidará la piedra fundamental del país de las próximas décadas.

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