Reforma de la Constitución: qué, quién, cuándo

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Son cuatro los argumentos principales utilizados en los últimos tiempos para la reforma de la Constitución:

  1. Posibilidad de re-reelección
  2. Simplificación de los mecanismos para la reforma de la coparticipación (la necesidad actual de unanimidad de todas las provincias bloquea de hecho cualquier cambio)
  3. Eliminar los resabios neoliberales de la reforma del ’94, lo que incluiría el traspaso de los recursos naturales no renovables a las provincias, percibido como una forma de debilitar al Estado en la negociación con las multinacionales interesadas en su explotación. Otro motivo es el carácter estratégico de los recursos hídricos.
  4. Darles rango constitucional a las medidas centrales introducidas por los sucesivos gobiernos kirchneristas, como por ejemplo la Asignación Universal por Hijo.

El primero y el cuarto punto son invocados por partidarios del Gobierno nacional (no necesariamente los dos juntos). El tercero por partidarios del Gobierno nacional y de otras opciones de centroizquierda, pero está lejos de ser unánime y evidencia un cierto clivaje capital/provincia, ya que es percibido por quienes se oponen como un avance sobre el federalismo, y esto independientemente de la posición política general de quien manifiesta esta oposición (para dar un ejemplo, tanto Mariano T. como Gustavo Arballo se oponen).

El punto dos evidencia una contradicción curiosa: quienes piden una transformación de la coparticipación (gobernadores más o menos opositores, por ejemplo) lo presentan  como un reclamo al Gobierno nacional, sabiendo perfectamente que las reglas actuales la hacen virtualmente imposible sin reforma constitucional. Un reclamo, en suma, pour la galérie.

Y para ese mismo sector y para la oposición en general, el punto uno les proporciona prácticamente la única bandera bajo la que pueden cobijarse todos (recordemos al FAP practicando su deporte favorito de presentar petitorios), habiéndose demostrado el carácter de entelequia del tresocuatrocosismo (las famosas tres o cuatro cosas sobre las que estamos todos de acuerdo) tan caro a Duahalde. Ahora bien: el Gobierno necesita seguir agitando la posibilidad de la reforma y de una eventual re-re simplemente para evitar el síndrome del pato rengo (un vaciamiento de poder). O sea que la situación actual al respecto le conviene a demasiados sectores como para que pueda modificarse a corto plazo.

¿Entonces? Entonces este escriba se anima a vaticinar que no habrá reforma antes del 2015, y que quienes pensamos que hacen falta grandes transformaciones para seguir mejorando el país tendremos que pensar en medidas alternativas, forzosamente más parciales. Una de ellas puede ser el traslado de la Capital (próximo post seguimos con eso).