WikiNismanLeaks: ¿Fiscal mártir antikirchnerista o corrupto operador de los servicios abandonado a su suerte?

Cada día que pasa trasciende más el verdadero perfil y la trayectoria del fiscal Nisman (blandido por los medios de difusión hegemónicos como el héroe o mártir antikirchnerista y defensor de la justicia universal), y se le ve la hilacha que sugeríamos en las notas de este humilde servidor público (por ejemplo, esta primera nota). A dos meses de su muerte, se ve que realmente se trataba de un fiscal caro, bon vivant, con una vida donde abundaba el dinero, las mujeres y los viajes al exterior costeados por fondos públicos que él mismo administraba a gusto (más parecida a la de un James Bond 007 criollo que a la de un austero fiscal de la república), y que los resultados de sus investigaciones estaban muy por debajo de lo esperado para los cuantiosos recursos y personal destinados a su fiscalía.

Además, como dijimos aquí varias veces, su fiscalía siguió una única línea de investigación, muy sospechada de ser falsa o, al menos, tan “floja de papeles” como su acusación de encubrimiento contra el gobierno, para la casi unanimidad de juristas de prestigio.

Al parecer, si Nisman no presentaba su denuncia tenía mucho más que perder al correr el riesgo de que el desmantelamiento de la exSIDE de Stiuso y compañía dejara en evidencia las carencias de su “investigación” y sus sospechosos manejos de los recursos públicos y las características de su lujosa y osada vida durante la década en la que supuestamente investigaba el atentado contra la AMIA, la misma que le reprochaba su ex esposa en un conocido mensaje de Whatsapp difundido por los medios.

Repasemos lo que se supo en estos días sobre las actividades conocidas y desconocidas del fiscal.



Cajas de seguridad, cuentas en EE.UU. y empleados (¿ñoquis?) de la fiscalía:

(La jueza) Palmaghini consideraba “pertinente determinar sí el fallecido Natalio Alberto Nisman contaba con cajas de seguridad en entidad bancaria alguna”, cosa que el 27 de enero “sugirió a la Fiscalía de Instrucción No. 45”. Tal giro idiomático revela que la jueza carecía de facultades para ordenarlo, y por eso se limitaba a sugerirlo, como una buena vecina y ¡nueve días después de la muerte de Nisman! Para entonces, la madre del fiscal, Sara Garfunkel, ya había vaciado los cofres y las cuentas que compartía con Nisman en dos sucursales del Banco Ciudad (en Corrientes y Uruguay y en Callao y Juncal) y en la empresa privada de cajas de seguridad no bancarias Hausler, con bóvedas en una galería de Florida y Paraguay. Garfunkel fue conducida a esa expedición de rescate por la intrépida custodia de Nisman. Los policías conocían ese depósito hermético, porque antes habían llevado a madre e hijo a firmar el contrato de alquiler. Según la explicación de los directivos de Hausler Alan Packer y Juan Piantoni antes de llegar a su caja, Nisman y su madre debían sortear siete puertas. Cada una se abre una vez que se cerró la anterior, y siempre que el sistema reconozca las huellas digitales y el rostro de la persona autorizada a acceder.
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Declaraciones de la ex-esposa y de una hermana de Nisman indican que el fiscal compartía negocios y una cuenta bancaria en Nueva York con quien dice haberle prestado el arma del último disparo, Diego Lagomarsino, teóricamente dependiente suyo en la fiscalía con una retribución que envidiaba todo el Ministerio Público. Su abogado Máximo Rosconi lo admite pero dice que no lo declaró en el expediente por cuidar la imagen de San Nisman Mártir. Esa preocupación es muy extendida entre quienes conocieron su vida rumbosa, con bulo en Puerto Madero (…) con nutricionista que se cobraba mediante un contrato en la Unidad Fiscal, a la que renunció en cuanto murió su cliente; carísimo personal trainer, cosmiatra, tours de compras electrónicas compartidos con Lagomarsino, con ingreso de la mercadería sin impuestos; paseos por resorts internacionales con chicas preciosas, alguna contratada como secretaria en la Unidad; mesa propia en la sala vip de puteríos a los que, como declaró un gatito gracioso, asistían señores grandes y chicas jóvenes a las que dejaban pasar sin cobrarles. Nisman nunca le hablaba de cosas personales, claro.
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La cuenta en Nueva York y el rol de Lagomarsino.

Uno de los enigmas que se plantean en la hipótesis de homicidio, sustentada por la ex esposa de Alberto Nisman, es cuál habría sido el móvil. Sandra Arroyo Salgado planteó alternativas, desde una relación económica con Diego Lagomarsino hasta la idea de que el informático es parte de un servicio de Inteligencia y mató, o participó del asesinato, en el marco de un plan de esa organización.

Arroyo Salgado sorprendió el lunes pasado cuando se presentó a declarar ante la fiscal Viviana Fein y contó que Nisman y Lagomarsino compartían una cuenta en un banco de Nueva York. La versión provino de la hermana del fiscal, quien quiso acceder a esa cuenta, no tenía la contraseña y en el banco le dijeron que tal vez la contraseña estuviera en poder de Lagomarsino, ya que el informático también figura en la cuenta.

Según aseguran cerca de Lagomarsino, hace más de un año Nisman le pidió que accediera a ser una especie de testaferro en esa cuenta. Nisman le prometió que no lo molestaría mucho, pero que como el fiscal era lo que se denomina una persona políticamente expuesta, lo mejor era que no figurara como titular. Para usar palabras sencillas, Lagomarsino actuó de prestanombre, presionado por el hecho de que ganaba una importantísima suma de dinero mensual sin concurrir a la Fiscalía.

En el último año, las molestias fueron sólo dos, siempre de acuerdo con la versión de los allegados a Lagomarsino. En ambos casos se trató de que el informático autorizara transferencias de unos 2500 dólares de la cuenta para pagar las expensas de una propiedad en Uruguay. Ese nivel de expensas hace pensar en una propiedad de cierta importancia y nadie sabe si está declarada. Por supuesto que también está la versión de que la cuenta en Nueva York servía para mover fondos de algún negocio conjunto de Nisman y Lagomarsino, tal vez referido a la importación informal de elementos informáticos. Como se sabe, Stiuso fue acusado de introducir a la Argentina más de 90 toneladas de material tecnológico, principalmente médico y odontológico, pero también televisores y PlayStation.

En cualquier caso, Arroyo Salgado habló de la cuenta en Nueva York, y si lo hizo es porque considera que alguna vinculación puede tener con lo que ella considera un homicidio.

Por otro lado, al principio de la causa, la ex esposa del fiscal dejó entrever que Lagomarsino pertenece a un servicio de Inteligencia –al que no identifica– y que eso es lo que explica que tiene una estructura de abogados y peritos que lo defienden. También explicaría las características sofisticadas –especula Arroyo Salgado– del asesinato.

Lo que no parece encajar con la idea de un gran servicio de Inteligencia es que el supuesto crimen se cometió con un arma a nombre de Lagomarsino, o sea con una que deja la firma en la escena del crimen y que es propiedad del superagente de ese servicio. 

Para colmo, no es que el supuesto servicio de informaciones haya usado una pistola de profesionales –como desliza la querella–: la Bersa era vieja y con proyectiles viejos. 

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Gastos, cuentas y modelos.

Los familiares de las víctimas del atentado, agrupados en Memoria Activa, venían pidiendo en los últimos años que Alberto Nisman fuera destituido de su cargo. En algunos de sus discursos mencionaron que el fiscal viajaba mucho, trabajaba poco y manejaba un presupuesto desmesurado, sobre todo teniendo en cuenta los pocos avances de la causa. Con el devenir del expediente por la muerte del fiscal, van apareciendo datos más llamativos:

La procuración dio de baja tres contratos inexplicables que Nisman firmaba cada mes. El primero, de Diego Lagomarsino, era por 41 mil pesos mensuales, el contrato más alto de cualquier fiscalía del país. El segundo era para una especie de consultor, Claudio Rabinovitch, que cobraba 32.400 pesos mensuales por un asesoramiento que nadie en la fiscalía supo en qué consistía. Finalmente, hay una mujer a la que se sindica como su nutricionista que cobraba unos 20 mil pesos por mes. Ninguno de los tres contratados concurría en forma normal a la fiscalía, de manera que los propios empleados los consideraban una especie de ñoquis.

Las fotografías de modelos que viajaban con el fiscal al Caribe también llaman la atención. Incluyen a YLP, que igualmente figura como empleada de la fiscalía. Todo exhibe un desmesurado nivel de gastos y una vida nocturna en la que alardeaba “soy el fiscal de la AMIA”. Florencia Cocucci contó que conoció a Nisman en Rosebar, un boliche de moda en Palermo, y luego dio complicadas explicaciones sobre la forma en la que se encontraron en Cancún. Hasta el momento pasaron ocho modelos por la fiscalía, sin que ninguna pueda aportar elementos sobre su muerte, aunque sí explicaron cómo se encontraron casualmente con el fiscal en el Caribe.

La cuenta en Nueva York abre un nuevo flanco desde el vamos, porque no estaba a su nombre, sino que figuraba a nombre de sus familiares y de Diego Lagomarsino. Es decir que tenía una cuenta a nombre de testaferros.

– De la cuenta de Nueva York salieron pagos de expensas de una propiedad en Uruguay que habrá que ver a nombre de quién está.

El vaciamiento de la caja en el Banco Ciudad plantea una serie de preguntas, empezando por la más elemental: ¿qué contenía verdaderamente la caja? Lo segundo tiene que ver con la forma en que fue vaciada por la madre, unos días después de la muerte del fiscal.

El alquiler del departamento en Le Parc también impacta. Se menciona la cifra de 30 mil pesos mensuales, un monto que no se condice con los ingresos de un funcionario judicial de su nivel.

A todo esto se agregan las visitas a la Embajada de Estados Unidos, retratadas en los cables de Wikileaks. Nisman concurrió en numerosas oportunidades, pidió disculpas por no haberles adelantado a los hombres del FBI algunas medidas que iba a tomar en el expediente AMIA, recibió recomendaciones de no apartarse de la pista iraní y llevó para que le corrijan algún escrito. En los primeros días tras su muerte, hubo un intento de endiosar al fiscal, pese a que los cuestionamientos de los familiares eran conocidos desde mucho antes. En los dos meses que lleva la causa por su muerte se hicieron más visibles las irregularidades que lo rodeaban y, según se piensa, es mucho todavía lo que hay por destapar.

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Cómo ahorrar con la investigación de la AMIA

El abogado de Diego Lagomarsino presentó ayer un escrito ante la fiscal Viviana Fein en el

que confirmó lo adelantado por este diario: Alberto Nisman se quedaba con el 50 por ciento del sueldo de Lagomarsino, es decir 20 mil pesos mensuales a valores actualizados. En el texto, Maximiliano Rusconi, abogado de Lagomarsino, reveló que el término reintegro fue el usado por Nisman hace siete años cuando le hizo la exigencia y desde entonces, cada mes, el informático le hacía llegar al fiscal –le reintegraba– la mitad de lo que cobraba. Se trata de dinero correspondiente al presupuesto de la investigación del atentado contra la AMIA.

Las anomalías en los manejos de Nisman abarcan los numerosos viajes al Caribe, acompañado por distintas modelos. No sólo hay datos concretos de que pagó los pasajes en primera clase –el suyo y el de sus acompañantes–, sino que viajó sin pedir vacaciones, es decir que cobraba su sueldo mientras estaba en la playa.

En verdad, fue Arroyo Salgado quien planteó la posibilidad de que la muerte de Nisman haya estado relacionada con un conflicto económico. Habrá que ver cuánto peso tuvo el hecho de que Nisman se quedara con la mitad del sueldo de Lagomarsino; hay que saber también cuánto dinero hay en las cuentas hasta ahora secretas en Nueva York y cómo se movieron esos fondos, para ver si el conflicto económico del que habló Arroyo Salgado existe y si pudo tener que ver con la muerte del fiscal.
Reintegro

En el escrito de ayer, Rusconi detalla que en el momento de la contratación, en 2007, Nisman le fijó como condición a Lagomarsino que “debía reintegrarle ese porcentaje (el 50 por ciento) del valor contrato”. 

Los datos aportados por Lagomarsino ponen una enorme duda sobre los demás contratos existentes en la Unidad AMIA, que era la que manejaba Nisman. En total hay diez contratos, en los cuales hay aspectos llamativos. Una parte de los contratados no iba nunca a la fiscalía. Otra parte, no se sabe en qué trabajaba. Hay finalmente un grupo que tampoco concurría a la sede de la Unidad AMIA pero ahora, precipitadamente, van todos los días. Del total, hay dos contratos que se dieron de baja: el de Lagomarsino y el de Claudio Rabinovitch, que actuaba como asesor. Un contrato que está en proceso de baja, el de la nutricionista, y siete contratos que se están observando con lupa. También las cifras son asombrosas: 41 mil pesos cobraba Lagomarsino (aunque ya se sabe que entregaba a Nisman la mitad), 32.400 Rabinovitch y 28.800 la nutricionista. Los demás contratos rondan los 20 mil pesos promedio.
Cuentas

Sara Garfunkel y Sandra Nisman aseguran que Alberto les dijo que el dinero de Nueva York era para sus hijas, en caso de que a él le pasara algo. Sé que él realizaba inversiones inmobiliarias con unos primos”, detalló Arroyo Salgado cuando habló de la cuenta.

Hasta ahora, en la causa judicial no hay detalles sobre cuánto dinero hay en el Merrill Lynch ni se sabe si es una cuenta declarada. En principio, todo indica que no hay registro en la AFIP y se habla de varios centenares de miles de dólares. 
Caribe

Cuando la modelo Florencia Cocucci fue a declarar, el diálogo resultó sorprendente:

–¿Quién pagó el viaje en primera y los gastos en Cancún? –preguntó la fiscal.

–No sé, todos los arreglos los hizo Alberto –contestó la modelo.

–¿Pero entonces pagó él?

–No sé.

–A ver, ¿pagó usted el pasaje y los gastos en Cancún?

–No, la verdad que no –redondeó Cocucci.

En aquella escapada de noviembre, Nisman viajó a Cancún con Cocucci y con otra chica, una modelo contratada en la fiscalía. Sólo los pasajes costaron cerca de 12 mil dólares.

Sin embargo, lo más impactante es que Nisman no pidió vacaciones para irse a las playas con las dos modelos. Según los registros, durante todos esos días de noviembre estuvo trabajando. Esto significa que durante el tiempo de playa y sol, él cobraba su sueldo habitual y, además, se le iban a liquidar, por separado, las vacaciones, porque en forma oficial nunca se las tomó. Viajaba al Caribe o a Europa pero en los papeles figuraba que estaba trabajando. Por lo que se ve hasta el momento, durante todo 2013 y 2014 realizó varios viajes de placer con distintas modelos. Ninguno figura como período de vacaciones ni hay pedidos de licencia.

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La cuenta en NY

El otro elemento que estará en el escrito que se presentará hoy ante Fein es la cuenta bancaria de Nueva York.

En el texto que se entregará hoy a Fein se consigna que Lagomarsino intervino dos veces en movimientos de esa cuenta. Una, a mediados de 2014 y la otra a principios de enero de 2015. En ambos casos se trató de transferencias de 2500 dólares a Uruguay para pagar los impuestos de un terreno en ese país.

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“Se le dieron muchísimos fondos para que esclarezca el caso AMIA y él la dedicaba para salir

con minas y pagar ñoquis. Entonces se mofó durante todo este tiempo de 85 víctimas y más de 300 heridos que provocó el atentado. Un sinvergüenza de los que pocos se han visto en este país”, señaló el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.

“A uno le cuesta creer que este hombre, estando en vacaciones, va a la casa de su amigo, perdón, del turro que le robaba la mitad del sueldo, y le llevaba una pistola para que se cuidara, y no sabía el saldo de la cuenta. Vamos, no nos tomen por idiotas”. “Se le dieron los fondos para que descubriera los responsables del atentado, que no fue un atentado contra los judíos, fue un atentado contra la Argentina -aclaró y prosiguió-. Él se mofó de las 85 víctimas porque usó los dineros para salir con señoritas, están viralizadas las fotos del fiscal Nisman con varias señoritas, y para pagar ñoquis como Lagomarsino al que le sacaba el 50 por ciento.”

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¿Dr. Jeckyl y Mr. Hyde? La palabra de alguien que conoce el paño…:
Coppola sobre Nisman: “El fiscal iba a Rosebar con unos bombones increíbles”.

El ex representante de fútbol contó que se cruzó varias veces con Alberto Nisman en Rosebar, Palermo. Lo veía siempre con “chicas muy altas y muy elegantes”.

El último en hablar fue Guillermo Coppola, ex representante de fútbol, que contó cómo fue el encuentro con Nisman en el boliche Rosebar. 

“Me lo presentaron uno amigos abogados que lo conocían y compartíamos un saludo cordial en un espacio más cómodo. Lo veía esporádicamente en Rosebar. Suelo ir algún jueves, que es el día que va un poquito de gente más grande”, contó Coppola en Argentina Despierta. 

El ex representante de Maradona aseguró que el fiscal responsable de investigar el atentado a la AMIA “iba con unos bombones increíbles. Siempre eran chicas muy altas y muy elegantes. Es un lugar donde se va un poquito mejor vestido. Todas tenían un perfil, muy lindas. Yo cuando me acercaba a saludar me fijaba”.

Y finalizó diciendo que siempre lo veía con chicas.

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Veamos, finalmente, dos completos y rigurosos informes sobre su trabajo de fiscal:



Un fiscal colgado del pincel.

Por Jorge Elbaum

(Sociólogo y ex Director General de la DAIA)
Las muertes y los suicidios relacionados con la política o la justicia siempre  tienen un halo

de conspiración. Lo traumático de la muerte pone el foco en las bambalinas del poder, en los enfrentamientos y en los intereses en disputa. Lo que ya pasará a llamarse “el caso Nissman” remite, históricamente, al cruce entre poder y –probablemente– psicología: un fiscal que cruza la raya de su cometido judicial e ingresa en los territorios farragosos y turbios de los llamados “servicios de inteligencia” tantos nacionales como extranjeros. Una oposición que exhibe obscenamente el cadáver como maniquí de sus limitaciones y una “familia judicial” que ya empieza a trasmutar en “famiglia”.  La muerte del fiscal deja un escozor trágico y sorpresivo. Los retazos deshilachados de lo que se llama la “oposición” se miran con complicidad mezquina y se preguntan, entre murmullos, cómo pueden sacarle el máximo rédito al cadáver todavía tibio.

Sin embargo, en vez de apuntarle a lo obvio se internan en culpas, medias palabras y chapucerías de panel televisivo: Nissman se suicidó porque lo dejaron colgado del pincel. Porque le prometieron “escuchas” que no existían y/o falsas evidencias que terminaron siendo humo. Alguien (o varios sujetos complotados de diversos servicios, locales y extranjeros) lo utilizaron durante los últimos años, generando una dependencia “informativa” que tenía que poner sobre la mesa, frente a los diputados, la tarde que se suicidó. 

Algunos jugadores del tablero internacional fueron cambiando sus prioridades de acuerdo a la conformación de los enemigos de turno: Alberto Nissman terminó siendo cooptado por la CIA y el Mossad durante el conflicto por las plantas nucleares construidas por Teherán, alrededor de los años 2009 y 2010. En una deriva que los familiares de la muertos de la AMIA percibieron como obvia, el fiscal fue aislándose de quienes eran sus defensores más acérrimos  y se asoció con la derecha israelí representada por Beraja, la DAIA y la AMIA y con un nexo permanente con “La Emajada” llamado Alfredo Neuburger, retratado explícitamente en los wikileaks. 

En ese entonces el enemigo a ser “limado” era Ahmanidejad, presidente Persa, que se negaba a orientar la energía nuclear a fines pacíficos.  Una acusación contra los iraníes por la masacre de la AMIA  –y al mismo tiempo la negativa a profundizar la “pista Siria”—hubiesen o no evidencias servía en ese entonces para presionar a Teherán.  Nissman se introdujo en el juego escabroso del ajedrez internacional con una ingenuidad y ambivalencia constitutiva: creyendo ilusamente que escalaba en la jerarquía jurídica de la guerra contra el terrorismo, pero dependiendo de “informes” que siempre le “prometían” y no siempre llegaban a sus manos. Cuando la Presidenta descabezó la SI el escenario internacional ya había cambiado por completo: Irán ya no funge como el enemigo terrorista sino que ha devenido en un aliado de Estados Unidos, en su guerra contra el califato fundamentalista sunnita del ISIS.  El fiscal empieza a quedarse solo, en una tarea  que ya no postula  socios extranjeros. Por su parte, los informantes locales no tienen todo lo que han prometido y suelen habitualmente, frente a ocasiones del estilo, con un gesto adusto, recomendarte el arma más eficaz para que termines con tu vida.

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El Rompecabezas de Nisman.

Cuando lo policial y lo político se mezclan, en la batalla mediática por el verosímil, quizás triunfe la operación mejor orquestada. El caso Nisman genera enormes consecuencias sobre la política y la campaña electoral. La muerte del fiscal saca del clóset a un actor cada vez más influyente desde la vuelta de la democracia: los servicios de inteligencia. Su estrecha relación con sectores de la justicia federal queda al desnudo. De esa trama oscura y de un hombre solo habla esta investigación de Revista Anfibia.

En cada audiencia, frente a los testigos y al lado de los imputados, uno de los querellantes se sentaba junto al fiscal Alberto Nisman. Todas las mañanas, antes de empezar,el fiscal le mostraba orgulloso una carpeta llena de recortes periodísticos con todo lo publicado sobre el juicio: un clipping. Al abogado le impresionaba lo pendiente que estaba ese hombre de la repercusión del proceso.

Cuando le tocaba hablar ante los jueces, Nisman era verborrágico y apresurado.

—Hablá más despacio, Alberto, ni yo que me conozco la causa completa te entiendo —le decía el abogado.

En las primeras audiencias, Nisman se ubicaba junto a los otros fiscales: Eamon Mullen y José Barbaccia. Los tres habían firmado, en la primera instancia, el requerimiento de elevación a juicio en el que se aseguraba que la Bonaerense extorsionó a Carlos Telleldín para que vendiera la camioneta Traffic a los autores del atentado. Se movían en bloque. Cuando se empezaron a hacer evidentes los testimonios falsos, las imputaciones arbitrarias y las pruebas plantadas, Nisman se fue alejando de sus colegas. Lo único visible de la alianza de aquel equipo eran los escritos firmados en conjunto.

El 13 de abril de 2003, los jueces Gerardo Larrambebere, Miguel Pons y Guillermo Gordo ordenaron que Barbaccia y Mullen fueran apartados de la causa. Dijeron que sabían y ocultaron que Telleldín, acusado como “partícipe necesario”, recibió 400 mil dólares en 1996 para declarar contra policías bonaerenses. Barbaccia no estaba presente. Mullen se levantó en silencio. Nisman permaneció sentado.

Quienes defienden la figura de Nisman, recuerdan que el día que Telleldín firmó la declaración falsa el fiscal aún no se había sumado al equipo que investigaba el atentado a la AMIA. Quienes lo cuestionan, aceptan que eso es real pero recuerdan que el fiscal comenzó a trabajar junto a Mullen y Barbaccia en junio de 1997: o sea, que acompañó sus presentaciones y actuaciones hasta que se precipitó el final.

Nisman ingresó a Comodoro Py signado por esa escena histórica en la que sus pares pasaron al cadalso jurídico. Unos y otros se preguntan por qué Nisman no quedó marcado por el encubrimiento, por qué no apeló la acusación a Mullen y Barbaccia si sostuvo lo mismo que ellos hasta lo último.

En el ámbito judicial, por ese hecho y por su estrecha relación con los servicios de inteligencia, a pesar de su dedicación permanente a la causa AMIA, Nisman era visto con reservas por la mayoría de sus colegas.

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La mayoría de las 24 fuentes judiciales consultadas por el equipo de Anfibia dan por real y por conocida la relación estrecha entre el fiscal y la Secretaría de Inteligencia. Ese fue el pacto desde el inicio, cuando en 2004 el entonces presidente Néstor Kirchner impulsó la investigación poniendo a la Secretaría de Inteligencia al servicio de la flamante UFI AMIA, a través del espía que luego se convertiría en enemigo del kirchnerismo, Antonio “Jaime” Stiuso. Siempre en estricto off the record, las fuentes admiten que el caso Nisman deja al descubierto una  zona de convivencia admitida, normalizada e histórica: la de los servicios de inteligencia con la justicia federal. Once personas que trabajan en altos puestos de la justicia federal, cuatro que trabajaron en la fiscalía con Nisman, tres querellantes, seis ex funcionarios importantes de Justicia o Seguridad lo admiten y describen. En este punto crucial, veinte de ellos –casi todos—están de acuerdo: esa relación es carnal. Los únicos que no lo confirman, tampoco lo niegan: prefieren –aclaran ante las preguntas– no hablar del tema.

Un ex compañero de Nisman y dos jueces federales se animan a decir (protegiéndose siempre en el off the record) que Nisman era “un agente” de inteligencia. Cuando se los interroga para que definan con precisión a qué supuesto servicio reportaba, dos de ellos aseguran que a la central norteamericana, la CIA. Mientras que la tercera fuente lo considera un agente del Mossad, el servicio secreto israelí.

Es difícil evaluar las afirmaciones de estas fuentes calificadas. En las entrevistas sobre servicios de inteligencia, cuando se intenta profundizar este tipo de hipótesis el límite es la palabra clave: secreto.

—Si te sale bien, sos procurador o presidente del Congreso Judío Mundial. Si te sale mal, te mandan un arma. Alberto no era solamente un fiscal —dice un ex funcionario de Seguridad vinculado a Nisman por el caso AMIA.

Es fácil de comprobar que, varias veces, el nombre de Nisman sonó como candidato para la Procuración General.

Un fiscal federal y un juez federal escucharon a Nisman hablar sobre las lujosas camionetas negras que lo esperaban cada vez que pisaba Estados Unidos. Consultado al respecto, el fiscal dice:

Siempre me lo hice de la CIA: alguna vez compartimos un curso patrocinado por ese servicio secreto. Estaban Nisman y (María Romilda) Servini de Cubría.

Y luego reflexiona sobre el lugar donde fue enterrado Nisman, en el cementerio judío de La Tablada.

—Lo pusieron frente al monumento a los muertos al servicio de Israel. Y él no era un religioso convencido y practicante.

Fuentes ligadas al cementerio confirmaron este dato: la tumba de Nisman está muy próxima al “Monumento de recordación a los caídos por la defensa del Estado de Israel”: mucho más cerca que la manzana donde están enterradas algunas de las víctimas de la AMIA.

—Si dividís al mundo entre la gente de reflexión y la gente de acción, Nisman era de los segundos. Le gustaba más la actividad secreta que ser fiscal.

El ex Director Ejecutivo de la DAIA, Jorge Elbaum, afirma que Nisman se suicidó y, sin el pudor de otros, acusa al fiscal muerto de haber armado la investigación según las necesidades de la CIA y el Mossad.

—A su camioneta se la alquilaba una empresa manejada por la CIA.

En este dato coinciden en “off”también un fiscal federal y un juez. Elbaum dice que a partir de 2009, quiso“operarlo”a él y a Sergio Burstein: Irán tenía que ser culpable.

—Lo usaron hasta el último minuto, le prometieron una gran recompensa, y de pronto Nisman se encontró sin nada.

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Cuando lo policial y lo político se mezclan, los casos se convierten en una cuestión de fe: la realidad llega al extremo de lo subjetivo; en el barro mediático, quizá triunfe la operación mejor orquestada. Es la batalla por el verosímil. En el caso Nisman, la trama jurídica se enreda con traiciones íntimas y lealtades corporativas. El rompecabezas de la muerte del fiscal reúne al terrorismo internacional y a la omnipresencia de la CIA, al gobierno, a la oposición culpando del crimen a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner; a las lecturas sobre el trabajo de Nisman, su obsesión y su vanidad personal. Los conflictos históricos se vuelven estridentes: la autonomía de algunos sectores de la Secretaría de Inteligencia (SI); las relaciones entre la justicia y los servicios. Mientras la evidencia lo permita, se exaltará o disimulará la importancia de cada pieza. Más allá de que la fiscal Viviana Fein descubra qué pasó el domingo 18 de enero dentro del baño del departamento de Le Parc, la “zona opaca”transitada por juristas e Inteligencia está quedando expuesta.

Los vínculos entre un funcionario judicial y los servicios secretos no se generan de un día para otro. Se basan en la construcción de una relación personal que incluye sociales amenas y hasta escenas de tiempo libre. La amistad suele teñir la relación profesional.

Un fiscal federal dice que un ofrecimiento para formar parte de una operación surge de una conversación cualquiera, quizá tomando un trago con el amigo espía. El otro deja caer la propuesta.

— Si no lo frenás en el acto, les estás mandando un mensaje ambiguo y las propuestas van a seguir llegando. A mí me dijeron: “Si nosotros te hiciéramos saber una información que te llevaría a investigar a la presidenta, ¿vos qué harías?”. Yo respondí que no me interesaba. “No me voy a hacer socio tuyo para desequilibrar a un Gobierno democrático”.

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A los 24 años, Nisman se peinaba con raya al costado y tenía un bigotito a lo Clarke Gable, que le daba un aire policial. Hijo de Sara Garfunkel, propietaria de una farmacia, y del empresario textil Isaac Nisman, su situación económica lo ubicaba uno o dos escalones por encima del resto de los abogados de su edad que trabajaban en el juzgado provincial Nº 7 de Morón, a cargo del juez Alfredo Ruiz Paz. El secretario era Santiago Bianco Bermúdez, el mismo que ahora es el abogado de Antonio Stiuso.

Entre el calor asfixiante de esa construcción con algunos techos de chapa y su rol subalterno en el escalafón judicial, Nisman estaba eximido de la formalidad de usar traje. A pesar de que viajaba apretujado en el tren que iba de Once hasta Morón calzaba saco y corbata casi todos los días. Era flaco y le gustaba jugar al tenis. No era un judío religioso practicante, pero su apellido lo volvía una notoria excepción en un mundo católico.

Sus colegas de aquellos tiempos, los que lo estiman y los que no, coinciden en que ya entonces era vanidoso y audaz. “Mirá, es una vip del Cielo”, le mostró a un ex compañero. “¿De dónde la sacaste, Ruso?”, quiso saber el otro, también interesado en entrar a la zona exclusiva de la disco. “Me la conseguí chapeando con la ayuda de un policía amigo”, se jactó.

Un ex compañero que compartía los viajes en tren desde Morón lo describe impiadoso.

—Siempre, desde el comienzo, fue competitivo.

Pronto, de ese juzgado provincial Nisman saltó al juzgado federal de Morón.

—Ahí, dejó de saludarnos.

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Desde hacía diez años, a diferencia de los demás fiscales federales, que manejan cientos de causas, el único trabajo de Nisman era investigar el atentado contra la AMIA, ocurrido en 1994.

El viernes 16 de enero al mediodía, menos de 48 horas antes de su muerte, llegó al local ubicado a cuatro cuadras de su departamento, en las Torres Le Parc, y pidió su menú habitual. Si bien solía pasar desapercibido dentro del restaurante, ese viernes ya se había convertido en una especie de celebridad de la política, luego de su denuncia por encubrimiento del atentado contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. A dos metros de su box, un hombre le comentó con cierto orgullo a la camarera: “Ese es el fiscal Nisman, el que denunció a Cristina”.

El domingo de su muerte, los responsables de custodiarlo eran los suboficiales Armando Niz y Luis Miño. El día anterior, Niz le había pedido franco porque tenía pautada una operación de riñón para el martes siguiente, pero Nisman, quizá por miedo, se lo negó.

Niz y Miño llegaron a Le Parc a las 11 de la mañana, tal como habían acordado con el fiscal. Desde entonces según el relato que hicieron ante la fiscal Viviana Fein los policías esperaron, tocaron el timbre, llamaron a la secretaria de Nisman y finalmente a la madre, Sara Garfunkel. Entraron al departamento pasadas las 22.30, con la ayuda de un cerrajero. Niz fue el primero en encontrar su cuerpo: Nisman todavía tenía el arma de Lagomarsino en la mano derecha. Una semana después su muerte, el jefe de la Federal, Román Di Santo, pasó a disponibilidad a Miño y Niz: resulta inexplicable que tardaran casi doce horas en ocuparse de verificar si el hombre al que custodiaban diez policías estaba en peligro. Y mucho más, que nunca avisaran a ningún superior de lo que estaba pasando.



La UFI-AMIA es una especie de fiscalía VIP: para 2015 el presupuesto era superior a 31 millones de pesos. Empleaba a 45 personas, de las cuales diez eran contratadas y no pertenecían a la planta permanente. Monotributistas con sueldos más altos que la media de la Procuración General, manejaban su día a día con total flexibilidad. El propio Nisman cobraba 100 mil pesos en mano, casi 40 mil más que el promedio de sus pares.

Sin la obligación de presentarse en la fiscalía, los contratados le reportaban directamente a Nisman. De ese grupo de diez, el más célebre a la fecha se llama Diego Lagomarsino, tiene 35 años, es técnico informático y trabaja desde 2007 para Nisman. 

Lagomarsino facturaba 41.280 pesos por mes y fue quien, el sábado 17 a las 20.30 le prestó a Nisman la pistola Bersa .22. En el ranking de ingresos le sigue Claudio Rabinovitch, con 32.400 pesos. Abogado y periodista, su tarea era armar resúmenes de prensa y asesorar en comunicación. A Nisman no le alcanzaba con el trato personal que él mismo lograba tener con un grupo de periodistas especializados en el tema AMIA, ni tampoco con una consultora externa. Porque para mejorar el perfil mediático que siempre quiso darle a su trabajo, en 2009 también había contratado los servicios de una agencia de prensa y comunicación rutilante en el mercado. Su propietaria es una relacionista pública eficiente y célebre por organizar cocktails en los que se mezclan el mundo del arte y la cultura con el de la política y la economía. Entre sus cuentas además de la de Unidad Especial AMIA se destacan Papel Prensa, Grupo Clarín, diario La Nación, Revista 23 y marcas como Cartier, Baume Mercier y Estée Lauder Companies.

Tanto a Lagomarsino como a Rabinovitch la Procuración de Gils Carbó les rescindió los contratos el lunes 9 de febrero.

Las otras personas son ocho mujeres. Todavía no está claro qué rol cumplían para la UFI-AMIA. Ninguna de ellas supera los 35 años: Marina Pettis (licenciada en nutrición, cobra 28.780 pesos),  Felicitas Mas Feijoo (20.525 pesos), María Victoria Buigo (17.700 pesos), Magalí Dietrich (16.225 pesos). La fiscalía gastaba en este tipo de sueldos 2.541.660 pesos al año.



Varios fiscales federales aseguran que todo depende de la ambición del influenciado: algunos se contentan con viajes a congresos, otros con dinero en efectivo. También, claro, hay quienes están por fuera de los arreglos y viven con su sueldo y su auto oficial con chofer. No se involucran. Tres fuentes dicen que “hay muchos ‘servicios’ que no trabajan de servicios’. Trabajan como legisladores, fiscales, funcionarios  o periodistas”. La estrategia de la red incluye actores que “son parte de los servicios sin saberlo”. Operan en un eslabón específico de un plan general.  Llevan sobres, hablan con gente para influenciarlos pero ignoran el objetivo último. “Prestan armas con inocencia”, dice un funcionario judicial que conoció a Nisman. Es probable que a un juez federal, que lleva muchas causas, sólo se le pida que influya en un par, asume. Con el resto, tendrá libertad absoluta. Nisman estaba solo y dependía de las investigaciones de Antonio Stiuso. A eso se limitaba su libertad, concluye.



Un legislador experto en el tema dice que durante el menemismo la SIDE era corrupta pero la conducción política era clara con Carlos Vladimiro Corach y Hugo Anzorreguy. El kirchnerismo no intervino políticamente en su dirigencia; dejó a la gente de la gestión anterior, sin un líder claro. La relación entre servicios y poder judicial se había vuelto intensa en los años 90 y creó una serie de hábitos. Se aumentaron los fondos reservados: se desviaban para pagar sobresueldos a jueces y funcionarios.

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—Nisman también era un tipo nervioso.

El abogado de ojos y barba negrísimos dice tener manchas en la pierna, de psoriasis, parecidas a las que tenía Nisman en la cabeza y por las que debía aplicarse cremas. Cuando empezó a trabajar con el caso AMIA, el abogado andaba afeitado y de traje y estaba al tanto de cada detalle de la causa. Hoy, más relajado, de chomba y zapatillas de cuero repite lo que se escucha en Comodoro Py: “Yo lo veía todo el tiempo con Stiuso”,  quien había convencido a todos de que “iba a investigar de verdad”. Y este hombre, ahora lejos de Comodoro Py y de la unidad AMIA, no acordaba con el fiscal Nisman: estaba –y continúa estando—convencido de que los pasos que la SI lo hacía dar en su investigación eran un “escenario armado por la SIDE, dirigido por la CIA y el Mossad. Nisman era su ejecutor”.



El vínculo local con el Mossad y la CIA en el caso AMIA es, desde luego, previo al trabajo de Nisman en la fiscalía y a veces excede las reglas permitidas de la cooperación. El abogado y los querellantes recuerdan que se dio autorización al secretario de una fiscalía israelí para viajar a entrevistar a Telledín en la cárcel. Todo se hizo sin dejar registro de las conversaciones como indica la ley, sin presencia de un fiscal o un juez, como consta en el fallo del Tribunal.

Aparentemente, el hombre no trabajaba para ninguna fiscalía israelí.

—Era del Mossad.

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Nisman vivía paranoico. Denunciaba cada amenaza que recibía, por inverosímil que sonara. A raíz de ese estrés, había cambiado las sesiones de psicoanálisis por una terapia más pragmática: El Arte de Vivir. Su maestra de respiración era la coordinadora en Latinoamérica, Beatriz Goyoaga.

La primera denuncia de Nisman por supuestas amenazas fue a mediados de 2010 contra el juez federal Claudio Bonadío, el ex ministro del Interior, Carlos Corach, su hijo Maximiliano y el ex comisario Alberto “Fino” Palacios. Por mail, recibió un documento que enumeraba supuestas reuniones de los Corach, Palacios y Bonadío para apartarlo de la causa AMIA. El 12 de julio de 2010 se presentó ante una fiscalía y los señaló a los cuatro.

“Nunca me citaron, no escuché ni sabía nada”, asegura sorprendido Corach junior, hoy presidente de la junta comunal de Palermo por el macrismo. Activo tuitero y dirigente del staff de Horacio Rodríguez Larreta, jura que desconoce la trama que lo vincula con las amenazas.

Luego, Nisman explicó en la fiscalía 10, de Diego Iglesias, que “integrantes de la agrupación Quebracho verían con agrado llevar a cabo dichas intimidaciones”. Por su historial violento y su simpatía con Irán, para Nisman el grupo era la representación del miedo.  

La causa de 2010 quedó en la nada. “Se intervinieron los teléfonos de un dirigente de Quebracho y de su familia, pero no surgió absolutamente nada”, dicen en la fiscalía. Hasta el momento de su muerte, Nisman estuvo pendiente de esa investigación, convencido de que pretendían atacarlo.



En general, excepto cuando trabajaba junto al fiscal Martínez Burgos, recibía a los familiares de las víctimas del atentado a la AMIA solo; el escritorio impecable, sin un papel, los biblioratos en fila.

—¡Decime dónde están los avances! ¿Te das cuenta de que no estás haciendo nada?—le dice una mujer de pelo ya blanco. A su lado el abogado querellante, Sergio Burstein y dos familiares más asienten en silencio.

Nisman se levanta de su sillón con seguridad. Los gritos y los modales de la mujer no lo alteran.

—Claro que hay avances—responde y abre la puerta para gritar—. ¡Martín, traé la carpeta que te di ayer por favor!

Cada vez que sucede  algo así, Nisman no se pone nervioso ni se achica. Llama a sus colaboradores para que muestren información extra, argumenta una y otra vez y les da a los familiares esperanzas de nuevas pistas. Quienes participaban de aquellas reuniones coinciden: “No lo hacía de mala fe”.

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La maquilladora de TN lo sacó de su limbo mental de fojas, escuchas, fechas y detalles sobre la denuncia contra el gobierno. Con Nisman ya sentado en el estudio, tuvo que apurarse: “Como no tuve la intimidad de la sala, sólo le puse un poco de polvo porque tenía la cara demasiado brillante”. Eso recuerda de su última entrevista televisada. “Me agradeció y me fui, nada raro. Sólo lo vi un poco ansioso cuando la cámara lo enfocaba mientras entrevistaban a los demás invitados”, relata la maquilladora, que hasta esa noche no lo conocía.

Después del largo reportaje de Edgardo Alfano en TN, Nisman caminó hacia el panel de control para chequear en los monitores cómo había salido. No le importaba lo que había dicho, porque de eso estaba absolutamente convencido: el fiscal fue a controlar cómo salía su imagen en HD.

Esa tarde, en una sesión de fotos para La Nación había mostrado la misma inquietud. Primero en el lobby y después en el jardín interno del complejo de tres torres, le pidió al fotógrafo: “A ver, ¿salgo con ojeras o con cara de cansado? Estoy enloquecido de trabajo y encima esta noche salgo en TN. Te pido por favor: cuidame”.

Nota completa

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Como era de preverse, el ídolo (¿mártir?) del “republicanismo” judicial antikirchnerista, promocionado por los medios hegemónicos y los políticos opositores, era en realidad un ídolo con pies de barro…

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