A tres años de iniciada la que aquà llamamos Revolución Macrista ya es hora de hacer un balance parcial de su gobierno. Más aún si, como parece, Macri intentará su reelección el año próximo.
Aunque el gobierno de Cambiemos nunca contó con mayorÃa en ninguna de las dos cámaras del Congreso, supo hacer pasar todo tipo de leyes apelando a negociaciones polÃticas (sanctas o non sanctas) y aprietes, propios o a través de los medios afines, hacia legisladores o gobernadores de la oposición. No olvidemos tampoco que desde el dÃa uno contó con la gestión de los tres principales gobiernos: nación, provincia y ciudad de Buenos Aires, con sus tres inmensos presupuestos, además de todas las fuerzas de seguridad nacionales (más los servicios de inteligencia) y de los dos más grandes distritos argentinos. Sin dejar de mencionar a los medios hegemónicos de difusión que (hasta hoy) apoyan fervientemente las medidas gubernamentales y tapan o minimizan cualquier fallo o corrupción que roce a Cambiemos, y agrandan o inventan cualquier caso de corrupción del kirchnerismo.
DecÃamos aquà mismo ya a fines de 2015, cuando Cambiemos camuflaba sus intenciones en «mejorar lo que estaba bien y corregir lo que estaba mal» del kirchnerismo, cuáles eran sus verdaderos propósitos a cumplir en su gobierno(1), los que resumiremos asÃ:
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*Una brutal devaluación del peso, endeudar al paÃs y las provincias en el mercado nacional e internacional, para apelar en finalmente al prestamista de última instancia, el FMI, como tabla de salvación de su inconsistente programa financiero.
*Pagarle a los fondos buitres sin reparos todo lo que reclamaron ante el juez Griesa.
*Reducir el gasto público hasta lÃmites pornográficos, procurando reducir al máximo el déficit.
*Quitar los subsidios a los servicios públicos indiscriminadamente, además de subir las tarifas de los mismos para beneficiar a las empresas de servicios.
*Liberar todos los precios de la economÃa (y reducir al máximo las retenciones a las agroexportaciones) sin importar las consecuencias en la población.
*Contener los aumentos salariales pisando las paritarias.
*Reformar el sistema jubilatorio, reduciendo el Ãndice de actualización, aumentando la edad jubilatoria, y luego apelar a la quiebra provocada del sistema para intentar privatizar la administración del fondo de jubilaciones en forma similar a las AFJP.
*Desmantelar Fútbol para Todos y destrozar AerolÃneas Argentinas para favorecer a las empresas privadas.
*Reprimir las protestas callejeras, cortes de calles o rutas y los cacerolazos, sin importar si son de la clase baja o media.
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La diferencia entre el supuesto programa de gobierno que Cambiemos presentó para el balotaje frente a Scioli y el revelado por nosotros (que a su vez el macrismo habÃa planteado para las PASO y la primera vuelta electoral) explica plenamente la diferencia de votos entre la primera y segunda vueltas de 2015.
Si se analiza cómo se encontraba el paÃs antes de la llegada de Macri a la Rosada y lo comparamos con el programa de gobierno veremos que se intentaba realizar un cambio de raÃz, revolucionario. Por eso es que desde entonces aquà calificamos a la gestión de Cambiemos como la Revolución Macrista.
Ya en el gobierno, como decÃamos aquÃ(2): Cambiemos implementó rápidamente las primeras medidas revolucionarias de su modelo, provocando no sólo una transferencia económica a favor de los poderes concentrados y en contra de la mayorÃa de la población sino una crisis económica (la misma que los voceros neoliberales anunciaron inútilmente durante todo el kirchnerismo) que justificara las medidas de ajuste que “se vio obligado†a ejecutar en 2017 para sanear la economÃa. Simultáneamente, la alianza del gobierno con algunos jueces federales y los medios hegemónicos (principalmente el Grupo ClarÃn) lanzó una cacerÃa judicial de kirchneristas (corruptos o no), sindicalistas rebeldes y medios opositores, para llevarlos a prisión (con motivo o no) y asà distraer todo lo posible la atención popular de las medidas de gobierno y sus consecuencias y, fundamentalmente, desprestigiar todo lo posible a cualquier polÃtico o movimiento polÃtico que en un futuro pudiese cuestionar el cambio de proyecto de paÃs que el macrismo vino a instalar. Esto no puede concretarse sin una consolidación de lo que el macrismo mediático denominó “la grieta†entre los kirchneristas y el resto de la población.
También se cumplieron nuestras expectativas de agudización de esos rasgos revolucionarios cuando el gobierno deroga o modifica leyes por decreto, como la ley de blanqueo, o cuando presiona a los gobernadores para que se vote la reforma previsional por el congreso. También, como decÃamos entonces aquÃ: es de esperar que con el tiempo esta tendencia se acelere, y veamos que la economÃa no arranque, que la pobreza y desocupación crezcan, al igual que el déficit comercial y por ello el endeudamiento externo. Esto alimentará la protesta social, lo cual cebará la represión y los métodos para-constitucionales para implementar las medidas gubernamentales. Porque, como dijimos en La revolución macrista (II), una lección para la izquierda nacional(2): “la historia argentina muestra, lamentablemente, que la derecha nunca se detiene en su camino y apela a cualquier método, legal o no, constitucional o no, pacÃfico o no para lograr sus fines. Y no tiene pruritos ni remordimiento al enfrentar a sus adversarios desde el poder, sean éstos minoritarios o mayoritarios. En tal caso, la derecha conservadora siempre fue y será revolucionaria para mantener o recuperar sus privilegios.
Sin embargo, advertÃamos hace unos meses(3) que las consecuencias dañinas a la economÃa doméstica de las mayorÃas que producen las medidas económicas macristas podÃa producir su propia decadencia: Un gobierno que se esforzó en revertir la redistribución económica del kirchnerismo a favor de las clases baja y media, que anula o disminuye derechos adquiridos por el pueblo, que no deja de atacar la situación económica de la mayorÃa de los argentinos (incluyendo a quienes lo votaron) crea un caldo de cultivo fértil para el origen de un movimiento que se oponga a ese modelo de paÃs.
Hoy en dÃa es evidente que la campaña de enlodamiento de la figura más importante de la oposición al macrismo, Cristina Fernández, ya no es efectiva para tapar los desaguisados, corruptelas o efectos catastróficos del modelo económico y social de Cambiemos, como muestran todas las encuestas. Y lo que fuera el programa de gobierno y modelo de paÃs que intentó la revolución de Cambiemos junto al «cÃrculo rojo» parece virar a un programa distinto, manejado por quienes se mueven con mayor sigilo y poder que Cambiemos, como explicamos aquÃ(4): la mano invisible del TÃo Sam estaba detrás de la causa de las fotocopias de los cuadernos de Centeno, algo que confirma indirectamente el mismo Bonelli en su nota, cuando dice: “Prado – el nuevo embajador en Buenos Aires (dijo que) las empresas americanas deben invertir en Argentina aprovechando la nueva relación bilateralâ€. (…) En esa reunión circuló un dato polÃtico clave: la Casa Rosada trabaja en un proyecto de ley para “encapsular†el escándalo de los cuadernos.
“La intención es preservar a las empresas para que no se frene la obra pública. En las “coimas†están involucradas todas las importantes.â€
La devaluación junto con la baja de las acciones de esas empresas, dañadas por el escándalo de las fotocopias, dejarÃa el campo orégano para su compra a precio irrisorio por parte de capitales yanquis.
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Hoy en dÃa, cuando el pacto electoral de Cambiemos con sus votantes y con las empresas que lo apoyaron parece resquebrajarse, vemos que los resultados económicos y sociales no son los que dichos apoyos esperaban.
Con mencionar algunos frÃos números de la economÃa que alcanzan para ilustrar los resultados del macrismo en función de gobierno.
Al finalizar su perÃodo en 2019, Cambiemos habrá aumentado la deuda externa con vencimientos por un total de 118.500 millones de dólares, y para peor. distribuidos de la siguiente manera:
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21.000 millones en el 2020
21.500 millones en el 2021
40.000 millones en el 2022
36.000 millones en el 2023
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La recesión que sufre la economÃa se prolongarÃa al menos hasta marzo. La inflación acumulada desde su asunción en diciembre de 2015 supera el 150%. Desde 2015, el dólar cuadruplicó su valor (de $9,80 a $39 aproximadamente). Por esa razón, al dolarizar las tarifas, la del gas aumentó 8 veces, la de la electricidad 17 veces, la de agua 6 veces, el transporte aumentó al triple y el combustible también. La producción industrial se desplomó 6% y el salario real promedio cayó 10%. La caÃda del consumo es récord, el cierre de empresas chicas y medianas ya es una epidemia, que también afecta a las empresas grandes como por ejemplo ARCOR. Según la Universidad Católica Argentina, la pobreza creció desde el 29,2% de los argentinos en 2015 hasta el 33,6% de 2018, afectando a 13.600.000 personas. Sólo en estos últimos doce meses cayeron en la pobreza 2.179.000 argentinos.
Para tener una idea de lo ocasionado por el modelo macrista en la economÃa nacional, comparemos los números de la economÃa que recibió en diciembre de 2015 y las actuales en este cuadro.
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Ahora bien, qué hemos de esperar en los meses por venir. Siguiendo la lÃnea de análisis que ensayamos desde 2015, podemos arriesgar que el gobierno y sus apoyos mediáticos reforzarán la campaña antikirchnerista centrada en las denuncias judiciales, aunque ya no tengan la repercusión de antaño. La principal deficiencia de esta táctica es que la burda repetición de acusaciones de corrupción huérfanas de pruebas contundentes no sólo debilita el argumento contra el gobierno pasado sino que puede resultar contraproducente. Más aún si siguen apareciendo casos similares que afectan a las propias figuras de Cambiemos.
La principal debilidad del macrismo es la orfandad de logros económicos y sociales para enarbolar en la campaña electoral de 2019. Caso contrario para la oposición kirchnerista, que se verá favorecida, como ya señalamos aquÃ(4): La única salida para el
establishment es que en 2019 CFK no gane las elecciones, porque es la única que puede aglutinar a su alrededor no sólo los votos necesarios sino la epopeya revolucionaria (similar a la de su marido en 2003) capaz de cortar el nudo gordiano con que el macrismo está maniatando al paÃs. Y para eso sólo hay dos salidas: la proscripción o la cárcel, ya que el intento de desprestigiarla con el aparato mediático-judicial no parece estar funcionando. (…) hoy en dÃa Cristina ya ha dejado de ser una candidata posible para convertirse (Ernesto Laclau mediante) en el “significante vacÃo†que une a vastos sectores populares dispersos vÃctimas de la economÃa macrista. Cristina ha dejado de ser la expresidenta, la principal polÃtica de la oposición o la senadora, para pasar a ser un sÃmbolo de la resistencia a esta polÃtica agresiva contra las clases
media y baja. Una bandera que crece desde abajo en las juventudes que abogan por el aborto legal y gratuito, por el “ni una menos†o la rebeldÃa ante el avance del mercado cruel contra los salarios o las jubilaciones desfallecientes. La letra K ha dejado de ser una propiedad del kirchnerismo para pasar a ser (gracias al mismo macrismo) un sinónimo de todo lo no Macri, y el antónimo de todo lo malo del macrismo. No tanto quizás por las virtudes del kirchnerismo sino por los errores o daños que la misma Revolución Macrista ha derramado en el paÃs. Algo similar a lo ocurrido con el peronismo durante los años de la “Revolución Libertadora†y las presidencias posteriores. El odio que destila el gobierno y sus medios hegemónicos afines contra todo lo que huela a K permea amplias capas del pueblo vÃctima de esa economÃa, y al mezclarse con la decepción de los votantes de Cambiemos o el rencor de quienes no lo votaron ni en la primera vuelta ni en la segunda y va generando una reacción cristinista que puede generar (vaya paradoja) un cuarto gobierno kirchnerista.
establishment es que en 2019 CFK no gane las elecciones, porque es la única que puede aglutinar a su alrededor no sólo los votos necesarios sino la epopeya revolucionaria (similar a la de su marido en 2003) capaz de cortar el nudo gordiano con que el macrismo está maniatando al paÃs. Y para eso sólo hay dos salidas: la proscripción o la cárcel, ya que el intento de desprestigiarla con el aparato mediático-judicial no parece estar funcionando. (…) hoy en dÃa Cristina ya ha dejado de ser una candidata posible para convertirse (Ernesto Laclau mediante) en el “significante vacÃo†que une a vastos sectores populares dispersos vÃctimas de la economÃa macrista. Cristina ha dejado de ser la expresidenta, la principal polÃtica de la oposición o la senadora, para pasar a ser un sÃmbolo de la resistencia a esta polÃtica agresiva contra las clases
media y baja. Una bandera que crece desde abajo en las juventudes que abogan por el aborto legal y gratuito, por el “ni una menos†o la rebeldÃa ante el avance del mercado cruel contra los salarios o las jubilaciones desfallecientes. La letra K ha dejado de ser una propiedad del kirchnerismo para pasar a ser (gracias al mismo macrismo) un sinónimo de todo lo no Macri, y el antónimo de todo lo malo del macrismo. No tanto quizás por las virtudes del kirchnerismo sino por los errores o daños que la misma Revolución Macrista ha derramado en el paÃs. Algo similar a lo ocurrido con el peronismo durante los años de la “Revolución Libertadora†y las presidencias posteriores. El odio que destila el gobierno y sus medios hegemónicos afines contra todo lo que huela a K permea amplias capas del pueblo vÃctima de esa economÃa, y al mezclarse con la decepción de los votantes de Cambiemos o el rencor de quienes no lo votaron ni en la primera vuelta ni en la segunda y va generando una reacción cristinista que puede generar (vaya paradoja) un cuarto gobierno kirchnerista.
Con la votación del presupuesto se produjo finalmente el parteaguas que diferencia a la oposición al macrismo del “paraoficialismo opositor» ante la sociedad. De ahora en adelante se verá el crecimiento de dos polos que podemos calificar de filocristinismo y filomacrismo, que crecerán en espejo, nublando cualquier otro polo polÃtico, más aún que en los comicios de 2017.
El macrismo y sus propagandistas saben que el único rubro que pueden agitar en campaña es la seguridad y, ya en menor medida, la corrupción del gobierno anterior, porque no hay ni un solo logro económico o social que haya beneficiado a los votantes, todo lo contrario.
La oposición, a su vez, tiene un amplio ramillete de fracasos y despropósitos de Cambiemos con qué atacar. Pero, no todos los opositores están en las mismas condiciones para hacer campaña. El kirchnerismo cuenta con las mejores cartas para utilizar en esta mano: ha sido gobierno durante tres perÃodos consecutivos, aumentando su desempeño electoral en cada triunfo electoral, mejorando la calidad de vida de la población y dejando al paÃs en 2015 mucho mejor que como lo recibió en 2003, algo inédito en nuestra historia desde la recuperación de la democracia en 1983, como lo puntualizamos aquà en La Herencia K: Memoria y Balance final 2003-2015(5).
Las encuestas vienen mostrando desde el año pasado la caÃda de la imagen y la intención de voto de Macri y un crecimiento de Cristina, más allá de la lluvia de denuncias de corrupción y otros delitos en su contra. Incluso está mermando el clima de ensañamiento contra el kirchnerismo que reina en Comodoro Py, y ya empiezan a picar las balas cerca del actual ocupante de la Rosada, tal vez a consecuencia de lo que están mostrando esas mismas encuestas.
Cuál vaya a ser el resultado de las próximas elecciones es arriesgado decirlo hoy, pero sà podemos afirmar que el panorama que se atisba es completamente diferente al que el gobierno y el establishment mismo esperaban el año pasado. Sin embargo, desde aquà seguimos afirmando que basados en el accionar de los distintos poderes fácticos durante estos años y nuestra historia nacional, es de esperarse una pleamar del tipo de movimientos populares tÃpico de Argentina, como señalamos aquÃ(3). Es decir, surgirá seguramente un movimiento reivindicativo de derechos populares y de una reconstrucción económica y social del paÃs; pero “cuándo surgirá este nuevo movimiento popular no es posible asegurarlo. Si será en 2019
o 2023 dependerá no de las teorÃas de sociólogos o politólogos, de los deseos de polÃticos o de los propios actores sociales sino de los hechos sociales y polÃticos mismos, tan difÃciles de pronosticar como de negar. Pero lo seguro es que, si no se producen cambios drásticos en el rumbo del gobierno, el caldo de cultivo de un nuevo movimiento popular reivindicativo de los derechos perdidos o amenazados de la población seguirá creciendo. El proceso no serÃa igual al de los casos anteriores, porque la historia (a pesar de la creencia popular) no se repite, pero no debemos soslayar las coincidencias y aprender de sus leccionesâ€.
o 2023 dependerá no de las teorÃas de sociólogos o politólogos, de los deseos de polÃticos o de los propios actores sociales sino de los hechos sociales y polÃticos mismos, tan difÃciles de pronosticar como de negar. Pero lo seguro es que, si no se producen cambios drásticos en el rumbo del gobierno, el caldo de cultivo de un nuevo movimiento popular reivindicativo de los derechos perdidos o amenazados de la población seguirá creciendo. El proceso no serÃa igual al de los casos anteriores, porque la historia (a pesar de la creencia popular) no se repite, pero no debemos soslayar las coincidencias y aprender de sus leccionesâ€.
Hoy en dÃa, es más probable que ese horizonte se haya acercado a 2019 que cuando realizamos ese análisis. Por eso, en los meses próximos se verá una aceleración de los procesos de unificación en la oposición, incluso aglutinando figuras polÃticas que los medios hegemónicos descartaban del polo peronista-kirchnerista. Pero ese ya es tema de otra nota.
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