
La polÃtica de aumentos del precio del gas está fundamentada en el siguiente argumento (resumido en una lÃnea): la tarifa anterior no alcanzaba a cubrir el costo de producción real y ese saldo lo cubrÃa el Estado vÃa subsidios.
Independientemente de la letra chica, el argumento funcionó y funciona. Sin embargo, la cuestión no acaba ahà y el devenir de la implementación del aumento asà lo demuestra. En un programa de televisión, un economista lo describÃa: “el gobierno tenÃa el arco vacÃo y le pegó afueraâ€. QuerÃa decir: tenÃa la convicción de hacerlo y, más difÃcil, el terreno social fértil para ejecutarlo. Cualquier encuesta arrojarÃa hoy un Ãndice alto de “se pagaba pocoâ€. Lo único que restaba era empujar la pelota al arco. Es cierto que la metáfora del arco distorsiona un poco el verdadero proceso, en especial cuando se trata de establecer algo tan difuso como un precio justo†a un bien o servicio. Si antes se “pagaba pocoâ€, ¿cuánto era pagar “lo justoâ€? Quizás habÃa tantas respuestas a eso como usuarios de gas.
Una lectura podrÃa ser, entonces, que el Gobierno erró el tiro porque no supo calibrar la fuerza,  porque aumento “de másâ€. Pero otra lectura podrÃa ser que no erró tanto la fuerza como la dirección del tiro: que no sólo fue importante el cuánto del aumento sino que en el medio se cambió el para qué (y que ambas variables se sobredeterminan todo el tiempo).
El resultado concreto del aumento del gas, sea cual termine siendo en términos nominales, no fue una reducción significativa del déficit que le provocaba al estado. De hecho, el estado se apropia apenas de un tercio del aumento a usuarios privados, comerciales e industriales, según un informe del Estudio Bein.  Los dos tercios restantes fueron una transferencia directa del usuario a la empresa. Tomando el primer aumento anunciado, de los 3.500 millones de dólares “nuevos†que iban a pagar los usuarios, 2.000 iban directo del usuario a la empresa y sólo el tercio restante a “terminar con la fiestaâ€.
Roberto Aguirre, del diario de RÃo Negro, hacÃa un cálculo similar: “de ese monto sólo 1.100 millones serán en subsidios, mientras que el resto es por la baja del precio del precio de importación. Esos 1.100 millones representan una rebaja de 0,2 puntos en el déficit fiscal del 7,3 del PBI que aduce el gobierno nacional como ´pesada herencia´â€. Sin entrar en detalle, a ese cálculo habrÃa que sumarle la heterodoxa forma en la que el gobierno llegó a decir que se encontró con un 7,3 de déficit.
“Alguien, en el momento del disparo, le tocó la mano al llanero solitarioâ€, describió el informe Bein. Si el objetivo declamado era “terminar con la fiestaâ€, en el camino algo lo distorsionó hasta que el resultado final se transformó en reconstruir la rentabilidad de las empresas del sector.
Claudio Scaletta sostiene que uno de los puntos claves está en el establecimiento del nuevo precio para el gas en boca de pozo: “las petroleras ya recibÃan 7,5 dólares el millón de BTU (Unidad Térmica Británica) por el ´gas nuevo´, un estÃmulo para promover la producción y sustituir importaciones. El problema fue el nuevo valor establecido para el ´gas viejo´, el que ya se producÃa, y que fue llevado de 2,6 dólares por millón de BTU – valor por encima de la cotización de referencia internacional, el Henry Hub, que hoy ronda los 2 dólares el millón de BTU – a 5 dólares, bastante más que el nuevo valor de importación de Bolivia de 3 dólares y similar al de regasificaciónâ€. ¿Habrá sido ese reclamo el que le movió la mano al llanero solitario?
El segundo tiempo de la polÃtica pública fue la administración de sus efectos. Previo a la última corrección de esta semana, si el incremento residencial promedio en el paÃs fue de 200%, en la Patagonia, según el Centro de Estudios Patagonia, llegó a 540% de promedio. Para comercios e industrias, aún peor: 700% en el paÃs y 1250% para la Patagonia. Las reacciones terminaron con la ya famosa reunión entre gobernadores y los ministros del Interior y EnergÃa y las posteriores modificaciones, que seguramente no hayan puesto un punto final sino, apenas, un paréntesis.
El “retroceso†en la medida puso en evidencia una cuestión natural para una polÃtica pública. La diputada Graciela Camaño se preguntaba en un programa de televisión: ¿“por qué 400% y no 300 o, incluso, por qué no 1000%?†No era una pregunta inocente: buscaba evidenciar el carácter naturalmente polÃtico de una decisión que lejos estaba de ser, tal como fue argumentada, meramente técnica.
Acercarle la lupa al proceso de implementación de una polÃtica pública a veces puede decir más sobre la naturaleza de un gobierno que enumerar las polÃticas que continúa o discontinúa. En este caso: presentar un aumento en una tarifa como una necesidad del estado de distribuir mejor los costos de ese gasto podrÃa ser considerada, asà enunciada, una medida de carácter progresista.
Ahora bien, si en la aplicación de esa polÃtica alguien le mueve la mano al llanero solitario y el disparo que iba “a redistribuir el costo†se convierte en un disparo para reconstruir la rentabilidad de las empresas, la lectura tiene que ser necesariamente otra. No se trata de una “victoria de la comunicación†que logró presentar un objetivo cuando “el verdadero†era otro, si no más bien la exposición natural (y más sana y más honesta) de que en la implementación de las polÃticas se juega también el carácter ideológico que todo gobierno tiene y del que este no es la excepción.
Y es en la mirada sobre ese proceso donde se puede desarticular el carácter “necesario†de una polÃtica pública (no necesario en cuanto a que “habÃa que hacerlo†sino en cuanto a que no puede sino ser de ese modo). La esencia de la polÃtica es exactamente la contraria. Para ver en este caso cómo las pequeñas decisiones ideológicas moldean la polÃtica pública final: hay una apuesta concreta por recomponer los márgenes de rentabilidad sostenida en el presupuesto ideológico de que es la condición necesaria para que “se realicen las inversionesâ€. Eso no tiene “necesariamente†que ser asÃ: es asà por una decisión en el marco de otra serie de decisiones posibles, por mencionar sólo una: la que señala Aguirre acerca de atar los aumentos a un plan de inversión auditado por los organismos de regulación.
Toda esa suma de pequeñas decisiones moldean la ideologÃa de un gobierno y a la vez la explican: independientemente del orden de los factores, lo importante es que esa ideologÃa lo describe. Acercando la lupa al proceso de implementación, a lo mejor, se puede ver quién le mueve la mano al llanero solitario.
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