¿Hay que hacer como Brasil o no?

EscribaSergio abrieron la serie. Me dispongo ahora a hacer un tercer aporte. Se desarrolla el post en torno a un tema: la inflación. Tomamos como antecedente lo publicado en este artículo de Página del domingo. Sus datos son la base de lo que sigue. 

Sin embargo, vale una aclaración: la idea del post no es comparar la situación brasilera con la argentina para decidir quién ha optado por el camino mejor. Pensamos que toda decisión en materia económica conlleva la asunción de un costo. Y que este aspecto es el que hace que no existan recetas únicas, trasladables a cualquier situación y contexto, con el aura de “verdad revelada”. Pensamos que la evaluación de los casos particulares, que la observación pormenorizada de la dotación de recursos y las condiciones estructurales son las que definen las prioridades a la hora de decidir qué costos pagar. Para decirlo más salvajemente y asumiendo una premisa discutible como verdadera: ¿son aplicables las “exitosas” recetas brasileras a la realidad argentina? ¿a qué precio?

Haciendo foco en el tema inflación, tomamos como base la idea de que ésta es un problema mundial. Que lógicamente asume características propias en cada país. Y que, en algunos casos, esas características propias de cada país son parcialmente compartidas por países de la misma región.

El tema es, entonces, determinar qué se hace con la inflación. Qué costos se pagan para “frenar” la inflación.   

 Brasil milita en las huestes de los países que han asumido una política de “inflation targeting”. A grandes rasgos: se define una meta de inflación anual, y el Banco central subordina todas las herramientas de política monetaria a la consecución de esa meta.

Argentina, en cambio, persigue la meta del tipo de cambio, en lo que podríamos llamar una política de flotación administrada de la moneda. Las mismas herramientas que Brasil emplea para lograr las metas de inflación anual, el Banco Central argentino las dispone al fin de sostener un tipo de cambio nominal alto.

 (Una digresión: he leído últimamente algunas opiniones que sostienen que la Argentina lleva a cabo un régimen de tipo de cambio fijo. No estoy de acuerdo en absoluto. Creo, sí, que puede dar esa impresión, en tanto, en la actual coyuntura, el ingreso de divisas vía comercio exterior superavitario aumenta la oferta de dólares en el mercado, y presiona a una baja del tipo de cambio. El BCRA muestra resistencia a que esto se traslade al tipo de cambio nominal. Pero no creo que sería igual la resistencia en el caso de que la tendencia del tipo de cambio fuera al alza. Creo que no vale como ejemplo el comportamiento del BCRA cuando, en medio del conflicto con el campo, se perpetró una mini corrida contra el peso. Es más significativo, en cuanto a la tendencia de largo plazo, observar los ajustes administrados al alza del tipo de cambio que precedieron al conflicto).

 Volviendo al tema de la “inflation targeting” brasilera, digamos que la meta adoptada para este año es de 4,5% con dos puntos porcentuales para arriba de “tolerancia”. El IPC brasilero anualiza actualmente 6%, con lo cual la meta se estaría cumpliendo.  Pero, si nos centramos en el IPC-alimentos, los números triplicarían al IPC-total. Los datos y las fuentes, en la nota de P12 citada arriba.

En Argentina, comparados con estos, los datos “asustan”. Los extraoficiales, digo. Tomemos a ojo, más o menos, los números promedio de las estimaciones privadas. Digamos, entre 22 y 28% de IPC, entre 30 y 35% de alimentos.

Ahora bien, teniendo en cuenta el grado de indexación de la economía, estos números estarían dando entre 25 y 30% de aumentos salariales para el año próximo. Para esta estimación liviana, con poco rigor, nos basamos en lo observado en los años anteriores, en que los aumentos salariales fueron unos puntos porcentuales mayores a los del IPC total (del INDEC, primero; privados, en el último año). En esa hipótesis, la indexación salarial se ubicaría en una posición intermedia entre el IPC total y el IPC alimentos (dejando de lado las presunciones respecto del año entrante, esa ha sido la situación de los años anteriores). El salario, así, le gana a la inflación general, pero pierde respecto de los alimentos, lo cual perjudica el poder adquisitivo del salario de aquellos grupos sociales en cuyas canastas de consumo los alimentos ponderan más.

Esta situación sea, probablemente, la que permite decir que la inflación golpea más fuertemente a los sectores de más bajos ingresos.

Bueno, ahora pensemos que todas estas consideraciones fueron hechas con datos según los cuales el IPC alimentos supera entre un 10 y un 20% al IPC total.

¿Es necesario profundizar demasiado en cómo sería la situación en el caso de que la inflación en alimentos triplique a la general, tal como ocurre en Brasil, según los datos consignados? Bueno, de nuevo a ojo, estaríamos en un 6,5% de inflación, un 10% de salario, y un 20% de alimentos. Peor, mucho peor todavía, para los salarios más bajos.

 Decíamos al principio que cualquier decisión en materia de política económica comporta la asunción de un costo. Supongamos que no consideramos que lo dicho hasta aquí signifique un costo demasiado elevado, en relación al que se paga sin “inflation targeting”. Cosa que no comparto, pero concedo.

No es el único costo.

Con una inflación estructural de un 3%, aproximadamente, y con presiones inflacionarias importadas por aumento internacional de commodities, controlar la inflación para cumplir la meta significa tomar medidas de política monetaria restrictivas.  Más o menos, controlar el crecimiento del circulante para evitar que, vía consumo, convalide alzas de precios. Esto enfría el crecimiento de una economía. Así es como Brasil, mientras las economías latinoamericanas viven un período de auge generalizado, crece por debajo del promedio.

Las herramientas para operar sobre los agregados monetarios son: tasas de interés (al alza), emisión de letras, aumento de encajes, etc.

La suba de tasas de interés, más el anuncio de que Brasil alcanzó el “investment grade” generaron un ingreso de capitales (contabilizados como inversión extranjera directa, pero que en general es inversión financiera, como la guita que entra para hacer subir acciones de Petrobras), que sólo se equilibra (y ya vimos que con el “inflation targeting” este es un fusible que se deja saltar) con baja del tipo de cambio. Simplificando: crece la cantidad de dólares en plaza a mayor ritmo que la cantidad de reales, el valor del real expresado en dólares sube.

Una economía como la brasilera no sufrirá consecuencias demasiado importantes en cuanto a la desarticulación de su aparato productivo, a pesar de esta situación (en la que lo importado se abarata en relación con la producción local). Y esto se debe a algunas características propias de la estructura productiva del Brasil.

El economista Fajnzylber habló, en los 70, de ventajas competitivas genuinas y ventajas competitivas espurias. No comparto el espíritu de la caracterización, que tiene la intención de sancionar el empleo del tipo de cambio como política de protección de la producción nacional. Sin embargo, viene bien para observar cómo una situación como la descrita en Brasil no es tan nociva para su aparato productivo como lo sería en Argentina para el propio.

Una industria que cuenta con una infraestructura altamente desarrollada que le permite minimizar los costos de logística, con tecnología de punta que le permite mejorar la productividad (que visto descontextualizado no es muy socialmente justo: más producto por menos horas/hombre, o sea, más capital y menos salario), con financiamiento de parte del estado a tasas preferenciales, con escala de producción que permite, entre otras cosas, que los costos marginales tengan un peso menor en los costos medios (que son el piso del precio), con una inserción en los mercados que hace que puedan pelear un liderazgo por diferenciación y no por costos, en definitiva, una industria que ha desarrollado “ventajas competitivas genuinas”, puede prescindir de las “ventajas competitivas espurias” que aporta el tipo de cambio alto, sin sufrir demasiado. Estas ventajas competitivas genuinas, lógicamente, son el fruto de la aplicación de políticas de desarrollo industrial durante largos períodos, en los que no se prescindió, por supuesto, del usufructo las ventajas competitivas espurias del proteccionismo.

 Conclusión

 Se puede emular a Brasil, pero esto no puede significar el “transplante” de un modelo, tal como está, a otro lugar. Hay que evaluar las diferencias estructurales en cuanto a dotación de recursos, para conocer las consecuencias que dicho modelo puede provocar en un caso y en otro.

Brasil y Argentina están, a mi modo de ver, en distintos estadios de desarrollo del capitalismo.

Reformulo, entonces, una frase que resuena con frecuencia: “hagamos como Brasil”.

Que esto no signifique “hagamos lo que hace Brasil”, sino “empecemos a hacer lo que Brasil ya hizo en los últimos 50 años”.

  

PD: el post es muy extenso, sin embargo, quedan por tratar un par de temas: el análisis del «investment grade», y el petróleo, dos fetiches de los argentinos «brasileristas».

11 comentarios en «¿Hay que hacer como Brasil o no?»

  1. Excelente Mariano, pocas veces he leído artículos de economía que me aporten tanto y los pueda entender con tanta claridad. El análisis que realizás entre el IPC total, el IPC alimentos y los salarios, comparado con el modo de controlar la inflación en Brasil y las consecuencias que tendría imitarlos, al distanciar el IPC total del IPC alimentos, no lo había escuchado nunca y me parece brillante. También es muy claro lo del enfriamiento de la economía en relación con las dificultades que tendríamos al ser menos competitivos que Brasil desde el punto de vista de las ventajas «genuinas». Esto sí lo había escuchado alguna vez y encuentra un cuestionamiento de parte de economistas ortodoxos, sobre el que quisiera conocer tu opinión. Una de las críticas a las ventajas competitivas «espurias», es que si el estado compensa mediante el tipo de cambio los problemas estructurales, estos problemas tienden a persistir. Algo así como «si no dejás que el chico se golpee, nunca va a aprender a andar en bicicleta». A mi esto me suena qué es al revés, si no lo ayudás un poco, la escala de producción no va a llegar a crecer, la inserción en los mercados no va a poder desarrollarse, etc. Pero, ¿es posible que en la medida que vas mejorando haya que ir «soltándole la mano», de manera que así como lo hiciste arrancar, después tenga que pelear cada vez un poco más a través de las ventajas «genuinas»? Y la segunda cuestión relacionada a esto es si el tipo de cambio actual, que todavía es alto, no estoy tan seguro si respecto del dolar (¿la convertibilidad sería un dolar a 2,60 de ahora, más o menos?), pero sin dudas respecto del Euro y del Real, pero que ya no es tan alto como hace cuatro años, por ejemplo, pensás que se debe en parte a lo que decía antes, en la medida en la que van surgiendo las ventajas genuinas (no sé hasta qué punto se mejoró en ese sentido en Argentina comparando ahora con seis años atrás), de a poco el tipo de cambio se hace menos alto, se los ayuda «menos» por decirlo de algún modo.

  2. Un granito nomas:

    Brasil tiene una deuda interna de mas de 1.300.000.000.000 (lo escribo con zeros porq no tenemos la misma numeracion, digo, nosotros los venidos de Portugal y ustedes de Espanha).

    Solo de interesses (juros) pagamos 160.000.000.000, por año. Reales claro.

    Y eses brasilianistas de que hablas, es que ellos saldrian a las 00h a caminar por las calles de Rio de Janeiro como lo hacia yo en Buenos Aires?

    Bueno el post!!

  3. Felicio:
    gracias.
    La idea del post era hablar sobre inflación y recetas para combatirla. Fijate que en el post de Escriba que cito se habla de la violencia, y creo que en el de Sergio también.
    Respecto de la deuda, Argentina tiene una deuda muy abultada, que, en base a una estrategia respecto de la misma está virando de externa a interna en parte, y de nominada en dólares a nominada en pesos. Hay algo sobre esto que en el post no se dice y se debería remarcar: la inflation targeting trae aparejada la merma en los ingresos fiscales, y por lo tanto una mayor dependencia delacceso al crédito. Con deudas abultadas no sé si es tan bueno.
    Un saludo.

  4. 1) Antes de pensar en estrategias anti-inflacionarias, arreglemos el INDEC.

    2) Ants de pensar en si como o igual que Brasil, ver que implica el Mercosur. Si Brasil nos puede vender sus productos a menos precio, va a tener que ser como Brasil.

  5. Sergio:
    te agradezco mucho, pero un poco exagerado el comentario.
    Respecto de lo de las ventajas comparativas espurias y genuinas.
    Hay una cosa muy cierta: el tipo de cambio alto dificulta el acceso a la tecnología importada. Esto es crucial.
    El tipo de cambio alto es una medida proteccionista defensiva, digamos. Para alcanzar el desarrollo es necesario poner en funcionamiento políticas activas que complementen el incentivo de la baja de costos.
    Por otro lado, un país con ventajas comparativas en ciertas actividades, si pretende desarrollar otras, es necesario que establezca políticas diferenciales.
    Después con más tiempo la seguimos.
    Un abrazo.

  6. Habria que ver la evolucion de los salarios en Brasil, despues voy a investigar con mas tiempo, pero no encontre nada en esta pagina a primera vista…

  7. Esteban: el dato de inflación de alimentos que se levanta en P12 está sacado del Informe 2007-2008 de CEPAL. No es del diario.
    El tema salarios: no digo en el post que en Brasil los salarios indexen (no conozco el tema). Lo que digo es: si trasladamos la situación IPC total – IPC alimentos, de Brasil a la Argentina, pasaría tal cosa con los salarios. No sé cómo indexan los salarios brasileros. ¿Indexan?
    Saludos

  8. Uf, muchos temas en un solo post y se mezcla el corto con el largo plazo, me parece.

    Supongo que lo que te los mezcla es el tema del tipo de cambio, que por un lado es un tema de política monetaria, y por ende inflación, en el corto plazo, y por otro un tema casi de política industrial o de exportaciones y hasta de desarrollo en el mediano/largo. Y si no entiendo mal estás diciendo que Brasil sacrifica crecimiento por elegir un sistema de metas de inflación en lugar de uno como el argentino de metas de tipo de cambio.

    Primero, sigo insistiendo en que esta política de tipo de cambio no es lo que se conoce en la literatura como «flotación administrada». La flotación administrada es una política de tipo de cambio más o menos flexible con intervenciones esporádicas para disminuir la volatilidad excesiva del tipo de cambio. En Argentina ahora las intervenciones no son para nada esporádicas y el tipo de cambio se mueve en una banda bastante estrecha, por lo que yo diría que es una política de tipo de cambio más o menos fijo o bastante fijo.

    Fijate además que hay una contradicción en decir política de meta de tipo de cambio, que implica que lo estás fijando, y flotación, por más administrada que esta sea.

    Y después está lo del tipo de cambio nominal y real. Si la meta es para el tipo de cambio real, me parece que se dejó de lado hace rato.

  9. Ana:
    el tema de la confusión entre el corto y el largo plazo no lo niego. Me parece que es un problema que se repite en todos los que no provenimos de la economía y nos metemos con ella. Seguiremos intentando aprender, de todos modos.
    Entendió correctamente lo de Brasil, pero agrego algo. Considero (y lo trato de plasmar en el post) que para que la política que adopta Brasil sea existosa y sus costos no tan elevados es necesario tener unas espaldas que Brasil tiene y Argentina no, producto de 50 años de disparidad en sus caminos. No cuestiono la política empleada por Brasil en tanto brasilera, sino que intento llamar la atención sobre las disímiles consecuencias de su repetición en un país como el nuestro.
    Sobre el tipo de cambio, está bien. Yo veo un proceso de 5 años en que se fue administrando un tipo de cambio que pasó de 2,80 a 3,20. Proceso que se interrumpió con el conflicto del campo y la corrida que «obligó» al Central a retroceder sobre sus pasos hasta el 3,06 actual. Lo veo como algo coyuntural. El proceso completo y la tendencia se explica por lo que le comentaba antes, creo.
    Lo del tipo de cambio real es bastante complejo. Prometo que lo vemos con más tiempo, si le interesa mi opinión, por supuesto.
    Un saludo

  10. Los que quieren inflation targeting y nada más quieren eso y usarían cualquier argumento para enfriar y ajustar. Lo dicen sus libritos y no les importa nada. No les importa cómo es Brasil en realidad.
    Saludos

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