Algunas observaciones sobre D´Elía

Aclaraciones preliminares:
NO voy a discutir sobre el carácter de Luis D´Elía.
NO voy a discutir acerca de la posición del susodicho con respecto a Irán e Israel. Posición con la que discrepo en gran medida pero que pertenece a otro ámbito de debate.
NO será tema de este texto el discutir sobre la forma en que el señor D´Elía obtiene recursos dinenarios para proporcionarse la subsistencia, ni sobre la eventualidad o no de que esos fondos sean estatales. 
NO pienso ponerme a evaluar sus dichos sobre los blancos y la «puta oligarquía.»

 Un pedido a los comentaristas o lectores:

Discutamos desde la argumentación razonada, la buena fe y el respeto por el disenso. Evitemos el prejuicio de clase, ideológico o racial que eventualmente suscita un personaje tan controversial como Luis D´Elía.
Alejandro afirma que:

«Luis D´Elía es uno de los dirigentes más interesantes de la Argentina. Interesante por lo novedoso de sus prácticas políticas, tan distintas a las del partido como a las del sindicato. Interesante por la complejidad de su relación con el Estado.

Luis D´Elía es, al mismo tiempo que un dirigente social y político, un personje controvertido. Se siente cómodo produciendo incomodidad. Por eso D´Elía también es un signo. Y ese signo es, para unos, testimonio escandaloso de la irrupción de la barbarie en el orden público. Para otros, sublimación de la novedosa organización colectiva de los sectores populares.»

 Papel de los movimientos sociales

Es interesante leer la opinión de D´Elía sobre lo que Alejandro llama «novedosa organización colectiva de los sectores populares». Desde su punto de vista los actores sociales pertenecientes a la clase trabajadora se organizan en su hábitat y no en la vieja fábrica. Lo que el entrevistado sintetiza mediante la máxima: «La nueva fábrica es el barrio.»

Es una opinión interesante y discutible. Lamentablemente Luis D´Elía no ha profundizado dichos conceptos. Desde nuestra óptica no somos tan optimistas ni estamos seguros sobre la conveniencia de la organización territorial sobre la sindical. Es evidente que los piqueteros representan a gran parte de los sectores populares. De hecho muchos de sus componentes han cambiado las modalidades de protesta y ahora se dedican a construir casas, autogestionar fábricas abandonadas por sus dueños, tejer alianzas con sectores políticos y hasta desempeñar cargos en el gobierno nacional o provincial contribuyendo a la institucionalización de sus dirigencias.

No obstante, es pecar de ingenuos el creer que los sectores populares se hayan movilizados. La desmovilización es casi total y casi nadie se ha movido para defender a este Gobierno. El activismo se encuentra en franca baja y la crisis de representación de las clases populares no se ha subsanado. Por otra parte, habría que detenerse a analizar hasta que punto los movimientos sociales (convención que utilizaremos a falta de otra más convicente) poseen poder de presión sobre el oficialismo o que nivel de incidencia tienen en lo político-partidario y en lo referido a la toma de decisiones gubernamentales. 

Hasta ahora, en mi opinión, no difieren en demasía del viejo «aparato». Si dejaran atrás su alto nivel de atomización y tejieran alianzas firmes con los sectores juveniles y de centroizquierda que apoyan al Gobierno seguramente su peso crecería. De lo contrario, no habrán ni retrocedido ni avanzado.

Hay una sentencia que dice que en un país con las tradiciones políticas y sociales como el nuestro difícilmente pueda considerarse consolidado un régimen democrático sin un considerable grado de inclusión de los sectores populares. También es obvio que no hay democracia consolidada mientras se sostenga en un solo garante, sea éste personal (Kirchner) o colectivo (El «kirchnerismo»). La inclusión más completa de lo popular hace posible que un factor de recurrente generación de situaciones de inestabilidad en nuestro país, esto es, la generalización de contestaciones populares extrainstitucionales, sea, en principio, menos probable (en la medida, claro, que la inclusión se traduzca en cierta eficacia de respuestas a las demandas populares). Lo cierto es que hasta ahora esta administración ha creado empleo (sin entrar a discutir su calidad) y ha anunciado verbalmente el «inicio de la redistribución». Así que en este ámbito, si bien aclaramos ,como es obvio, que los sectores populares se encuentran en mejores condiciones que hace unos pocos años, no han sido interpelados masivamente ni han alcanzado grados de movilización y adhesión sustancialmente distintos a los existentes al comienzo de la presidencia Kirchner.

Durante buena parte de su alocución, D´Elía dice claramente que para los Kirchner, los movimientos sociales se  convirtieron en una apuesta estratégica y jugarán un papel central en el futuro armado político-electoral del kirchnerismo. El dirigente piquetero va más allá aún y afirma que el papel que les cabe a los piqueteros kichneristas en dicha corriente peronista es mayor ahora que en los años anteriores. En su opinión, ante la poca confianza de Kirchner en el Partido Justicialista, los movimientos sociales son a partir de ahora una opción de peso para Néstor Kirchner, en sus palabras:
«Ahora, ya el pejota no es el centro de esto, vos fijate el que anuncia el acto del 20 de Junio y del 9 de Julio somos nosotros, y por pedido de Kirchner y no el pejota”.
Como se puede apreciar, Luis D´Elía se muestra confiado y hasta rebosante de optimismo en lo que hace a este punto. 

No compartimos esta perspectiva. En primer lugar, habría que retroceder hasta el instante en que Kirchner decide reorganizar (palabra nefasta pero a falta de otra la utilizaremos) al justicialismo partidario bajo su tutela. Esa movida defensiva del Gobierno, destinada a blindarse ante eventuales sacudidas políticas acaparando el control del PJ han hecho que Kirchner concentre todos sus esfuerzos en ganar efectivo control de los actores políticos peronistas y haya relegado a las ideas de la transversalidad centroizquierdista o movimientista.

 Por supuesto que el actual Gobierno aceptará de buen grado a cualquiera que se encuentre dispuesto a defenderlo –todos los gobiernos lo hacen- y no se no se nos escapa que los movimientos sociales, pese a su dispersión y atomización, poseen un lugar importante en la estructura política de este Gobierno. No obstante, ese lugar dista de ser central y en modo alguno ha desplazado al PJ o a la CGT como cree D´Elía. Bastaría comparar la importancia que poseen personajes como Hugo Moyano, Julio Pereyra o Hugo Curto en la actual administración con la que ejerce D´Elía.

Para finalizar, creemos que para que se produzca un crecimiento efectivo de los movimientos sociales en el seno de la corriente peronista denominada como «kirchnerista» es menester que el movimiento piquetero oficialista vertebre una nueva relación con el partido Peronista y con la centroizquierda, bien distinta al «movimientismo» que sólo se invoca para justificar un mayor pedido de cargos en las boletas electorales. Esto es: ha de ganarse la confianza del PJ y a la vez ha de dar pruebas de su fidelidad al Gobierno y exigir por la misma mayores retribuciones que las hasta ahora obtenidas, pero sin que esto implique una pérdida demasiado evidente para el justicialismo partidario.  

 

Golpismo

 

Sigue siendo preocupante que desde el discurso oficial cristalizado en esta ocasión por D´Elía se siga hablando de un golpe de Estado. Ni siquiera es ya el famoso «clima destituyente» sobre el que no nos ponemos de acuerdo con Balvanera. Directamente el 25 de Marzo hubo para D´Elía: 

«El 25 (de Marzo) hubo un golpe cívico, un conato de golpe cívico»

Se puede comprender que la asociación de los cacerolazos de estos meses con los ocurridos en Diciembre del año 2001 haya afectado fuertemente la sensibilidad de muchas personas. No obstante, aclarado este punto, no se puede atribuir a los caceroleros de Marzo la intención de derrocar al Gobierno, ya que dicha afirmación no cuenta con el más mínimo fundamento empírico, ni posee criterios de verificación plausibles, sino que la única certeza sobre la que se asienta esa acusación no es más que un producto de la mente de su autor. Es menester que se entienda que esa calificación no es analítica ni tan siquiera es seria, solamente es una mera operación propagandística gubernamental y sirve a esos efectos.

La comparación con los cacerolazos del 2001 bordea lo insólito. Y es sobreestimar lo que fueron estas acciones de protesta. No obstante, subestimar a la protesta también un error político grave, pero calificar de golpismo a una acción que ni siquiera llegó a ser contestaria es una mera exageración. Lo que ha ocurrido es que los actos de corte de rutas y desabastecimiento llevados a cabo por el movimiento campestre ciertamente contribuye a la producción e climas en los que vastos y ambivalentes sectores sociales pueden desear una refundación o una reorganización de las capacidades estatales de acuerdo con la lógica corporativa y no con la democrática. Este amplio movimiento busca instituirse y por eso viene a «destituir» al poder anterior. Pero pese a la barbarie demostrada por los actores corporativos rurales, lejos se estuvo de tentativas certeras y realmente peligrosas para la continuidad del régimen democrático.  

Hacia el final del reportaje el entrevistado afirma que gracias a sus intervenciones se ha avanzado en la discusión de un gran arco de temáticas como ser: concentración y extranjerización de la economía, papel de los medios de comunicación y saqueo de los recursos naturales. Llegado a este punto es realmente insólito que D´Elía crea que sus declaraciones hacen avanzar discusiones sobre tópicos tan caros al pensamiento progresista. De hecho da la impresión de que o bien no le ha dedicado siquiera un minuto a revisar como los medios reflejan su imagen o bien se ha ausentado del país por un tiempo. Las intervenciones de D´Elía no hacen avanzar ningún tipo de debate porque precisamente, su figura es la más deseada por los medios de comunicación para mostrar la violencia gubernamental en contraposición a los “mansos” del “campo”. Hasta ahora, los únicos debates que ha logrado suscitar D´Elía han sido en referencia a su polémica con Fernando Peña y a su presunto “odio” por los habitantes del paquete Barrio Norte entre otras grandes contribuciones a los debates nacionales. 

Párrafo aparte merecen las comparaciones entre el movimiento campestre y los grupos autonomistas de derecha que surgen en varios puntos de Latinoamérica. D´Elía atribuye (con razón) la presencia de los Estados Unidos detrás de estas fuerzas políticas que levantan causas políticas de larga data y también vincula al agropiquetero Alfredo de Angelis con ellas. Esta asociación está absolutamente traída de los pelos y deja mucho que desear como visión de la realidad social argentina.

D´Elía acude en muchas ocasiones a justificaciones que convierten al conflicto con el «campo» en un choque binario de posiciones enemigas entre ellas que genera un denso entramado cultural antagónico y dual de irreconciliables (pueblo-oligarquía, nación-antinación, popular-antipopular, patria-vendepatria). Ante este juego de pasiones el pensamiento crítico debe estar más activo y en guardia que nunca porque es necesario un fuerte compromiso político. El asumido por sectores intelectuales por caso, puede ser muy importante a la hora de hallar una solución, o al menos explicar mejor toda esta situación(también puede servir para echar más leña al fuego, simple escala probabilística). Justificar, dotar de bellas palabras(reformista, distribucionista, interventor, modelo con inclusión social), en otras palabras, “racionalizar”, o más vulgarmente hacer pasar gato por liebre, las decisiones que tomó y toma el Gobierno (al que ahora se le debe agregar “nacional y popular” como algunas mentes entusiastas acompañan este generoso calificativo autoatribuido por el oficialismo a sí mismo) es esquivarle el bulto y no es “defender a la democracia” ni muchos menos «darle leña a la puta oligarquía».

 

 Por otra parte, pese a la obvia aglutinación de la derecha de todo tipo y pelaje detrás del movimiento campestre, debe aclararse que en ningún modo se trata de toda la derecha como en los casos que nombra D´Elía(Venezuela, Ecuador, Bolivia). No menos cierto es que el Gobierno de Cristina Fernández mantiene una estable relación con el gobierno estaudonidense y con buena parte de la derecha económica y financiera. Además de esto, De Angeli expresa un fenómeno demasiado inestable para las posiciones conservadoras, puede ser tanto un aliado táctico como un enemigo cerril. Su inestabilidad no lo convierte en el aliado ideal para ese tipo de intereses.

Para finalizar, es necesario destacar que todas las luchas y conflictos por venir pueden y deben darse dentro de los marcos de la política republicana, ámbito en el que se encuadran esas luchas a través del establecimiento de reglas de juego comunes a todos los actores políticos. No por eso dichos actores dejarán de constituirse con discursos en los que hay sesgos y valoraciones parciales, en los que hay visiones totalizadoras y totalizantes, en los que se encuentran e imbrinca relaciones de poder, en los que se expresan conflictos actuales y pensamiento y acción significativos. No obstante, las Democracias que funcionan son las que logran que todos los grandes desacuerdos se canalicen a través de los resortes institucionales, es decir,  sin llegar al extremo que implica la violencia. Desde el 10 de Marzo nuestro país se ha visto sumido en un profundo resquebrajamiento de las reglas del marco democrático. Es de esperar que de ahora en adelante no se vuelvan a producir hechos semejantes y que nuestro país avance hacia esa modesta utopía que es la de vivir en «un país normal».

 

 

 

 

34 Comments on “Algunas observaciones sobre D´Elía”

  1. Resumo mi opinión sobre D’Elía de lña siguiente manera: la noche del primer cacerolazo veíamos con mi mujer lo que ocurría con ira y espanto. Veíamos como un grupo de cajetillas se apoderaba de «nuestra» plaza y acudia al recuerdo de las cacerolas contra de La Rua, pero también contra Salvador Allende en Chile. No era fácil calcular cuántos eran, ya que la técnica del primer plano usada y abusada por los medios convierte a un puñado de personas en una multitud. Pero lo grave era la sensación que la tele difundía de que masivas manifestaciones se pronunciaban contra el gobierno constitucional y popular. La tele es una caja de resonancia que agranda un fenómeno minúsculo y a partir de allí lo convierte en real y estimula que se multiplique. Nos angustiamos porque algunos pequeños problemas de salud nos impedían ir a la plaza y sin embargo resultaba imperativo que alguien se hiciera presente, que no les dejara la escena para ellos sólos.Vayamos aunque sea nosotros dos, nos dijimos, con un cartel de apoyo a Cristina y de repudio al campo. De pronto escuchamos a D’Elía y a Pérsico convocando y nos tranquilizamos. Yo creo que esa noche D’Elía salvó la democracia argentina, la nuestra, la popular; dentro de un tiempo se apreciará mejor lo vital y decisivo que fue esa respùesta política (frente al avance de la derecha «apolítica»). Creo, desde ese suceso, que D’Elía es un patriota. Lo demás viene después, hay que tener paciencia y reconstruir al pueblo en las personas, tan lesionadas después de 30 años devastadores; hay que corregir el horror de la política de medios y comunicacional del gobierno, que hubiera ahorrado muchos sobresaltos y energía. Pero este es un momento que requiere de patriotas y de conciencia sobre su necesidad e importancia.

  2. Excelente artículo. Sobre todo porque se tomó en serio la entrevista sin vociferar a favor ni en contra.
    Juan, creo que muchas cosas que decis son rebatidas con argumentos en la nota de Julian.

  3. Julian: Bien por optar no analizar a Delia sino sus dichos.

    Igual, acuerdo con Juan.

    Delia dice que hubo un «intento de derrocamiento» aunque en otras oportunidades le escuché (o leí) usar terminos más suaves.

    Tal vez en vez de eso, haya habido intento de debilitamiento, una jugada para condicionar, una marcada de cancha, un ensayo y testeo sobre la capacidad de respuesta del gobierno. Pero algo hubo.

    Tal vez nadie o muy pocos haya soñado con la foto del helicoptero. Pero algo hubo. Durante la semana santa había habido una campaña de hartazgo. Hasta algunos periodistas deslizaban que iba a pasar algo…

    Además de tener en cuenta los cacerolazos de 2001 para analizar el 25 de marzo último, habría que recordar los paros patronales y cacerolazos de Chile en 1973 y los de Venezuela en 2002-3.

    A la relación de Cristina relación con EEUU no la llamaría estable, sino formal. Si bien no hay enfrentamientos, tampoco desde el norte llegan gestos de simpatía como si llegan hacia Alan García, por ejemplo. Hubo varias solicitadas en diarios financieros y editoriales contra los K, incluso se podía sospechar cierto deseo de un nuevo default.

    En fín… son sólo signos y antecedentes. No indican que el gobierno es bueno, impoluto, socialista, sino que tiene rivales poderosos.

    Por último, la frase “un país normal” nunca me gustó: ¿qué es la normalidad en los países?, qué Dick Cheney sea vice, qué Merkel ponga cara de asco al saludad a Evo, qué Japón privatice al mayor banco del sistema solar alegando falta de inversionistas?.

    Sobre el resto de texto, no tengo mucho más que decir.

    Saludos,

  4. Julián:
    Me gustaría participar con unas cositas.
    -Sobre la cuestión comparativa entre los movimientos sociales territoriales y el sindicalismo. Creo que los movimientos territoriales tienen ventaja ante la evaluación de tener que enfrentar un enemigo anti-liberal clásico que significó en Argentina la irrupción del desocupado como actor social. Al mismo tiempo, un mercado laboral inestable, también contribuye a que estas organizaciones adquieran mayor fortaleza subidas a nuevas oportunidades de accionar, por la liviandad del compromiso del trabajador con su ámbito laboral.
    Ahora bien, ante la intención de desarrollar un mercado interno fuerte, y diversificar la estructura productiva a través de la participación industrial, la reorganización sindical juega un papel vital, sobre todo como mecanismo de contrabalancear el poder creciente de los industriales. Dependería entonces del camino a transitar hacia adelante, en un momento en que ambas construcciones conviven como elementos tácticos.

    -Respecto del golpismo: no es necesario que todos los individuos ejecutores de un plan tengan plena conciencia de la finalidad del mismo. El tema pasa por ver quién le da significación en los hechos. Los caceroleros no son golpistas, no es equiparable a los cortes de ruta, más caceroleo, más operaciones mediáticas no conducen a un golpe. Yo, particularmente creo que sí pueden consucir a un golpe. Aunque me muestren mil encuestas de tipos diciendo: «no quiero que se vaya Cristina». La cosa no se juega en el terreno de las opiniones individuales, sino de las fuerzas colectivas, cargadas de significado socialemente.

    -Creo que hay un grado de parentesco innegable entre los autonomismos boliviano-venezolanos y ciertas manifestaciones ruralistas. La mejor manera de leer el conflicto, sin embargo, me parece a mí que es a la luz de la historia argentina. Los beneficiarios de la renta generada por una región discuten con el poder central la apropiación de dicha renta, traduciendo la controversia en términos de Interior-Poder central. Pero ni el Interior abarca realmente al interior real, ni el Poder central es un poder abstracto sin puntos de apoyo territoriales representativos de intereses de algunos lugares del interior, no representados por el Interior. Más o menos como en la Batalla de Caseros.

    -Y una observación sobre lareferencia a la democracia y el país normal. Los países «normales» han resuelto las cuestiones fundamentales de su constitución como Nación en el siglo XIX o a lo sumo a mediados del XX, cuando la violencia a nivel mundial era la forma en que se dirimían las cuestiones políticas de manera habitual.
    Hoy, la violencia como resolución de los conflictos políticos sobrevive con más fuerza en la perisferia(son muy raras sus apariciones en el Centro). Es decir, donde no están todavía resueltas las cuestiones fundamentales. Tal vez allí haya una clave para entender este tema.

    Perdón por lo largo del coemntario. Un saludo

  5. Julián: Varias cosas:

    1. «no se puede atribuir a los caceroleros de Marzo la intención de derrocar al Gobierno». Creer que todos los caceroleros tienen las mismas intenciones es una simplificación gruesa. El único elemento en común es «estar en contra de…» y ahí agregale lo que te parezca. El hijo del Alfredo Chacarero estará contra la 125, la Pando contra el juzgamiento del los genocidas, Pirulo contra el tren bala y Mongulo contra todo esto junto. El elemento en común es algún acto del gobierno. Y me queda cero dudas que todos volverían chochos a su casa si Cristina saliera en el helicóptero. O no? O se apenarían? Entonces, al margen de las motivaciones teflonarias individuales, el resultado que satisfaría a todos es ése: Cristina out. Ya seguir discutiendo ésto me parece al cuete.

    2. La asociación USA/De Angeli no será real, pero si funcional. Ambos desean el mismo resultado final. Sobre los titiriteros que pueden estar detrás de ésto señalé algunos probables en mi blog hace 2 días (ver). No sé si será exactamente así, pero verosímil, es. Veremos con el correr de los días.

    3. El Juancho supo sumar desde la juventud maravillosa (luego imberbe) al lopezreguismo. En los tiempos que corren, no se pueden ignorar a los movimientos sociales. Que por cierto, no tienen ni la misma matriz, ni estructura ni interesas que el clásico «aparato».

    4. Y finalmente, comparto 100% lo dicho por Juan. Nosotros llegamos a la costa justo ese 25 de marzo. Cuando vimos lo que pasaba en Plaza de Mayo, me subí al auto para ir a Buenos Aires.

    Mi jermu me paró en la esquina al grito de «Pará, boludo, que cuendo llegues a Buenos Aires ya se fueron todos a dormir».

    Bajé a las puteadas (reconociendo que esta vez sí tenía razón), y me alivió mucho ver que Luisito había ocupado mi lugar. Y nunca dejaré de agradecérselo.

  6. Julian:
    Es claro que si ni la carta de los intelectuales ni lo expresado por Balvanera en sus detallados posts han conseguido convencerlo de la existencia de un proyecto destituyente, nada ni nadie podrán convencerlo. No obstante, quisiera plantear algunas ideas sobre el tema.

    Creo que para la casi totalidad de los poderes que son, en nuestro país y en países a los que les interesa nuestro país (disculpe Bernie), el peronismo continúa siendo el «hecho maldito» de la política argentina.

    Esto hace referencia a un estado de conciencia, si quiere así llamarlo, incrustado en el espíritu de millones de argentinos que no aceptan el hambre y la pobreza (la falta de justicia social, si quiere), conviviendo con la riqueza extraordinaria de unos pocos.

    Esta insatisfacción está acompañada de la convicción profunda de que esta realidad puede ser modificada, empezando hoy mismo, con el concurso organizado del pueblo. y esto es inaceptable para el establishment.

    Por eso intentarán debilitar, corromper, condicionar, comprar o derrocar cualquier gobierno que se asemeje así sea lejanamente al peronismo, ni le cuento si perciben que intentan meterle la mano en el bolsillo para mejorar el reparto de la torta. Ni siquiera traidores manifiestos como Menem les inspiraban verdadera confianza.

    En cuanto a los dichos de D’ Elia, me parece que se está apoyando en el pensamiento que tenía al respecto el Gral. Perón y fueron esbozados en «La Comunidad Organizada» y otros escritos, en los que planteaba que el poder debía residir en las denominadas «organizaciones libres del pueblo», nucleamientos libres de ciudadanos (generalmente de carácter territorial) para la resolución de problemas específicos (tal vez hoy las llamaríamos ong, pero la idea no es exactamente la misma).

    Cabe señalar que el Gral. consideraba que el PJ era una herramienta para ganar elecciones, pero no le inspiraba mucha confianza fuera de esa función.

  7. El artículo está muy bien redactado, pero es un desperdicio considerando el sujeto de debate, ya que lo de D´Elia no merece mucho análisis.

    Por lo de que ¨habría que recordar los paros patronales y cacerolazos de Chile en 1973 y los de Venezuela en 2002-3.¨

    Hay una falacia, porque CFK no es ni Allende ni Chavez. Asi que el que en lo formal un evento sea similar no implica que deba ser interpretado de la misma forma. Tanto Allende como Chávez, cada uno a su manera, hablan de socialismo, socializar la riqueza, etc., cosas que a CFK no se le ocurrirían decir. A lo mas que llega CFK es a hablar tardíamente de ¨redistribución¨, anunciando hospitales que nadie compra (ayer tres hospitales anunciaron que no pueden operar mas por faltas graves de insumos y equipamiento/mantenimiento).

    Acá el conflicto, sin que haya habido posibilidad de golpe, es entre dos modelos neoliberales de distribución de parte de la renta, no entre todos los argentinos o con los pobres, sino que entre dos sectores dominantes con intereses no comunes. D´Elía y el muy mediático Depreti se han comprado el paquete redistribucionista porque han decidido cambiar el ¨sujeto histórico¨ de modo que a ellos le convenga. Todas las medidas que toma el gobierno serían ¨progresistas¨ si además incluyeran formas de redistribución real de la renta, fin del sistema impositivo regresivo, gravación de la renta financiera, fin de la precariedad laboral y varias medidas mas. Hasta ahora no es mas que una forma de dirimir que grupo concentrado va a recibir una mayor parte de la renta.

  8. No lo hacía de izquierda, Alberto, mas bien melo imaginaba festejando el dí ade «nuestra» independencia.

  9. Siguiendo con el comentario de Alberto, voy a tirar un elogio y una pregunta:
    Elogio: me parece necesario y positivo que el gobierno tenga una política de redistribución que subsidie al consumo popular (entre otros, transporte, servicios). No sé si le va a dar el cuero para sostenerlo, pero como no soy economista no me subo a los comentarios tremendistas del tipo CEMA, López Murphy, etc.
    Pregunta: por qué en vez de utilizar mecanismos cuyo alcance es relativamente modesto (retenciones tardíamente asignadas a mejorar el sistema de salud) no se aumenta el impuesto a las ganancias? Por qué no se baja el IVA?
    Son medidas más simples, y que obviamente apuntan de manera directa a achicar la distancia entre ricos y pobres.
    Que alguien me lo explique así dejamos de discutir entre los que queremos que la inequidad disminuya si la presidenta leyó al 18 Brumario o no.

  10. «Ni siquiera traidores manifiestos como Menem les inspiraban verdadera confianza.»

    Político Aficionado: estás seguro de ésto? Este comentario servirá a tu argumento («el peronismo fue, es, y será el hecho maldito del país burgués»), pero no se ajusta mucho a la realidad. Basta leer los diarios de los noventa. ¡Qué linda época cuando Carlitos desfilaba ropa para la revista de La Nación! Te acordás?

    Menem fue tan hábil como Rosas: sus políticas concentraron la riqueza gracias a que convencieron a las elites de que eran el mejor instrumento para estabilizar el país (la provincia en el caso del Restaurador) y seducir (no utilizo la palabra aquí en sentido peyorativo) a los sectores populares. ¿Qué mejor programa para los ricos?

  11. Una aclaración para todos:

    La frase un «país normal» no me pertenece. Fue utilizada originalmente por José «Pepe» Nun en un editorial de su autoría publicado en la revista «La Ciudad Futura», en su número 48. Lo pueden ver acá: http://clubsocialista.com.ar/publicaciones/ciudad_futura/index.php

    La idea fue verbalizada por Néstor Kirchner en su discurso de asunción de 2003 y por Cristina Fernández en el suyo de Diciembre del 2007. Usé el término a los efectos de contrastar la modesta utopía oficial con lo que realmente ocurre.

    La frase no está mal si se aclara lo que ha aclarado Mariano. El problema tal vez consista en que la Alianza haya hecho uso y abuso de ella.

  12. Julián: respecto del país normal, también es bueno aclarar que, en tanto la normalidad dependa de la resolución de conflictos históricos, toda normalidad sería transitoria. Digo, hay que abrir el paraguas por si se arma en Europa…

    Releí mi comentario anterior y me encontré con una insólita expresión: anti-liberal. Voy a tener que ir a un psicólogo a que me explique por qué escribí eso cuando estaba justamente pensando en su contrario (liberal).

    Y una cuestión sobre el planteo de Curioso y los impuestos. Sobre el Impuesto a las Ganancias, algunos veníamos haciendo «lobby» en favor de su aumento antes del quilombo del campo. Ahora, si con las retenciones se armó la que se armó en los centros urbanos, con Ganancias no me quiero poner a pensar. Eso y la actualización tarifaria con tarifa social son otros de los puntos conflictivos que habrá que asumir. Creo que el diagnóstico político que se hizo sobre la situación heredada por CFK fue erróneo en general. No llegaban tiempos de «normalización» sino de conflicto más virulento que en el período anterior (si se quiere profundizar lo que se amagó).
    Lo del IVA: en un contexto inflacionario como el actual, la rebaja del IVA debería ir acompañada de acuerdos de precios eficaces. Porque en caso contrario, serían una transferencia directa desde el Estado hacia los sectores más concentrados de la cadena de comercialización de los productos afectados por la rebaja. Me parece que no están dadas las condiciones hoy para eso. Aunque no habría que perderlo de vista como un objetivo a cumplir en el mediano plazo (antes del cambio de gobierno).

    Saludos

  13. Mariano,
    Gracias por tu comentario. Estoy de acuerdo en los problemas que planteas para las medidas que propongo. Seguro que si el aumento a las ganancias se hubiera propuesto, eso habría hecho cacarear a La Nación. Pero probablemente habría dividido las aguas de otra manera, y, sobre todo, habría ofrecido menos excusas a los que se oponen a que les toquen el bolsillo. Una discusión como esa tendría que haber pasado sí o sí por el Congreso (o me equivoco?), ni habría parecido tan inconsulta y soberbia como esta. Con los problemas de quien absorve la baja del IVA, también estoy de acuerdo, pero, de nuevo, se podría haber dado una batalla más transparente que ahora acerca de la naturaleza regresiva del sistema impositivo argentino. Saludos.

  14. Juan:

    No me parece que este sea un «gobierno popular». Si bien esa es una categoría un tanto indescifrable, creo que como requisito se requiere tener más del 50 % de los votos. Paradojas de la vida, si así fuera, el Gobierno de Menen sería «popular» y este no. También se requiere de una gran movilización de masas y de apropiación de lo público y eso no se da en la Argentina desde 1983, para ser generosos, desde 1987 o 2001.

    Creo que te contradecís a vos mismo. Acuerdo con vos en la necesidad de cambiar la política de medios. Que, dicho sea de paso, el gobierno «popular» forjó solito. Al mismo tiempo reconocés que la forma de comunicarse de este Gobierno es defectuosa, pero al mismo tiempo llamás a D´Elía «patriota» y «salvador», y a partir de ahí te embarullás. D´ELía no «salvó» a nadie porque en ningún momento se encontró en riesgo el régimen democrático y menos que menos el 25 de Marzo con esos patéticos cacerolazos minúsculos. Yo comprendo que en un momento en que el Gobierno se veía asediado en las calles y rutas los piqueteros K se hayan calentado mucho y hayan acudido a «liberar» la Plaza, o más simplemente, que se les haya ordenado hacer eso. De hecho, a mí los cacerolazos me parecían igual de patéticos y lamentables, pero no creo que lo actuado por D´Elía haya estado bien. Actuó como un provocador y un patotero, dando piedra libre a que los medios se hicieran una orgía cualunquista. Si los piqueteros kirchneristas desean ganar reconocimiento social deben aprender a reaccionar para evitar que lo que ellos hacen se vuelva en contra suya y del Gobierno. Tienen que medir muy bien como se enfrentan a los ruralista, porque sino el efecto es el contrario. Y lamentablemente no parece que se haya aprendido por lo visto en el circo de la Plaza de los Dos Congresos.

    Pero hay algo más, no sé puede actuar como si se representara a toda la sociedad argentina (a Cristina Fernández la votó el 45% del padrón de electores) y eso es lo que se ha hecho. La sociedad es demasiado compleja como para manejarla con meras expresiones de bronca, o pensando que su movimiento político representa a la enorme mayoría del pueblo argentino, y por lo tanto puede hacer lo que se le cante.

    WW: Gracias por el inmerecido halago. Creo que hay que apostar por el debate de ideas y tratar de dejar en casa los prejuicios que uno pueda tener respecto de tal o cual cosa, eso ya sería revolucionario hoy por hoy en Argentina. El caso de D´Elía ha servido tal vez para desnudar un poco al tétrico sentido común de la clase media. Esperemos cambiarlo

    Américo:

    Que algo hubo es evidente y creo que lo defínis bien. Por eso no entiendo que se hable tan livianamente de golpismo. Me molesta que se maltrate a las palabras, eso es lo que siempre ha hecho el pensamiento de derecha. ¿Qué hubo un gran condicionamiento a las políticas públicas con ribetes desestabilizadores y extorsivos? Sí. Pero de ahí a justificar todas las acciones de Gobierno por contraste con «los oligarcas golpistas» hay mucho trecho, que no deberíamos recorrer.

    El Gobierno tiene rivales poderosos pero aliados igualmente poderosos. Y en un buen análisis de situación no se puede obviar que el Gobierno cuenta con el cordial aval de la UIA, ABA, Fedecámaras y la Cámara de Comercio. La relación con Estados Unidos es bastante estable, es obvio que ellos prefieren un Uribe, pero de ahí a enemigos o antipáticos hay un gran paso. Además si ganan los demócratas el ambiente bilateral prodbablemente se relaje un poco (ojalá que no, mejor tenerlos lejos).

    Américo, yo no creo en la política aséptica porque una premisa es que en la política real no existe el lenguaje de la imparcialidad. Los actores se constituyen con discursos en los que hay sesgos y valoraciones, en los que se expresan conflictos, posicionamientos, juicios de valor y concepciones del mundo. No obstante, esto no autoriza ni bendice el halago de la voluntad sobre la razón. Por otra parte, ¿qué es esa «pasión política» qué tanto se reclama? ¿Agarrar los fierros? ¿Afanar en el Concejo Deliberante con Grosso? Ahí había pasión también. Eso de que la pasión y la suciedad son buenos per se es algo que no me convence.

    Expliqué lo de la frase un «país normal» arriba, la usé para correr al Gobierno con sus propios argumentos. Y sí, el mundo hace rato que gira al revés. Lo de Merkel y Evo Morales que contás no lo ví, le tenía más respeto a la mina, pero sí hizo eso… En fin, hace buena memoria a su jefe el «antinazi»(sic)Adenauer.

  15. Mariano: Gracias por tu aporte, muy interesante en realidad y no tenés que disculparte por la longitud, al contrario.

    Con respecto a las organizaciones territoriales tenés razón en que son una forma de representación y de inclusión de los sujetos en un horizonte de metas colectivas. No obstante, también hay una alta posibilidad de que se tejan relaciones de tipo clientelar informales. Un sindicato siempre está bajo el paraguas de la legalidad y los beneficios simbólicos y materiales que obtienen tanto sus dirigencias como sus militantes se encuentran pautados y relativamente reglamentados. Coincido con vos en que lo mejor es que se transite hacia una articulación con el sindicalismo. Alguna punta tiré arriba, le veo futuro a una alianza entre juventudes, fracciones de la CTA y las organizaciones territoriales.

    Sobre el golpismo y la cacerola de Doña Rosa paqueta: Es obvio que operetas mediáticas más cacerolazos pueden conducir a una destitución presidencial. De la Rúa puede atestiguarlo. No obstante, en esta ocasión ni una sola de las condiciones requeridas para que se produzca un golpe de Estado estuvo presente. Este Gobierno es lo suficientemente fuerte como para no ser volteado y los actores políticos y económicos apuestan al régimen democrático. Tampoco es factible un «golpe de mercado» ya que el Gobierno tiene el apoyo táctico de los industriales, la Bolsa y los Bancos. Acuerdo con vos en que la mejor lectura que se puede hacer es a la luz de la historia argentina.

    Sobre lo del «país normal» y la periferia. Hay mucho de certero en ese enfoque. Ee el caso argentino muchas voces coinciden en citar a 1930 como la marca de aguas que impide la creación de hegemonía perdurable. Gracias por comentar, un saludo.

    Eduardo Real: En ningún momento dije que todos los caceroleros tuvieran las mismas motivaciones, eso es interpretación tuya. Igualmente podríamos convenir en que es una simplificación igual de gruesa que decir que hay un golpe de Estado en marcha o que en Marzo hubo un «conato de golpe civil». No tengo la más mínima duda de que mucha gente vería con agrado la salida de CFK en helicóptero. Pero usar al golpismo como estrategia de polarización no da réditos y monta una dicotomía irreal entre democracia vs dictadura, que era creíble en los ochenta, pero ya no.
    Los actores ocultos acá son los grandes exportadores. Si algo tiene la Argentina es que no hace falta que esté la mano del Imperio por detrás, nosotros nos cagamos a tiros solos.
    Si el Gobierno se quiere peronizar al viejo estilo sería mejor que tratara de reproducir algo similar a 1945 (asumiendo que eso fuera posible en la actualidad, algo que no creo para nada) y no la de los 70. No desmerecí a los movimientos sociales, pero tampoco pienso sobredimensionarlos. Por otra parte, sigo creyendo que hay una absoluta desmovilización en los sectores medios y populares. ¿Dónde están las campañas de afiliación para el PJ/K? ¿Dónde están esos nuevos cuadros? Yo no los veo.
    Ojalá que no se repita lo que pasó en la Plaza y que tanto orgullo te produce. Ese tipo de situaciones no dejan demasiado bien parado al «Gobierno de los DD. HH» ¿No te parece? Termina siendo un gol en contra y da aire a las peores andanadas de los medios.

    Albert: No considero que haya sido un desperdicio el artículo, y parece que a usted tampoco porque comentó. Sobre si es simple el análisis sobre D´Elía no lo sé. En mi caso veo que los que la hace fácil son los oficialistas (el «salvador» de la Patria) y los opositores viscerales («negro de mierda»).

    Veo que sigue firme en la postura del Partido Obrero, está en todo su derecho, pero dejem acotar algo. La puja no es entre dos modelos neoliberales, ni el Gobierno es neoliberal, ni las aspiraciones del «campo» son noventistas. No quita esto que la Rural y CRa ansíen una sumisión al capital internacional y una apertura comercial total con pago a los bonistas que no se adhirieron al canje incluido. Más no obstante, yo veo al «modelo» del «campo» más cerca del duhaldismo que del menemismo. Por otra parte, acá no se discuten modelos eso es claro. Pero no quita que detrás del «campo» esté aglutinado lo peor.

    Político Aficionado: La frase del «hecho maldito» pertenece a Cooke. Creo que Jósé Pablo Feinmann la había reformulado en los noventa diciendo que el peronismo se había covnertido en el «hecho burgués del país maldito». Carlos Menem claramente arrió absolutamente todas las banderas del peronismo histórico pero en cierto sentido fue el más renovador de los renovadores justicialistas. Por otra parte, al establishment y al peronismo se los vio muy bien en los noventa, pese a que entiendo su punto, el peronismo es siempre incómodo para el capital porque es tan impredecible como aquel, lo que no quita que el justicialismo pueda ser el que lleve a cabo tanto políticas distributivas como regresivas. Recuerdo que Catalina Smulovitz había dicho que lo que nunca entendió el antiperonismo es que el peronismo no se impuso por el «plato de lentejas», sino porque supo construir una sociedad más igualitaria, considerando a individuos desposeídos como ciudadanos con derechos. Más no obstante, no comparto su optimismo sobre las ansias de justicia social de este Gobierno. Creo que debe definirse, o se corre a la izquierda o se corre a la derecha. El sueño de la transversalidad y la coalición de centroizquierda no es realizable, por eso creo que los partidarios del Gobierno harían bien en pedirle al mismo que redistribuya, lo que es algo progresista, pero la en la Argentina esa es una idea es más bien peronista que progresista.

  16. Coincido con Alberto. El artículo está muy bien redactado y no se engancha desde la pasión, pero creo que es un desperdicio.

    Para mí, D’elía es un aventurero y me parece de mayor interés es lo que hace y no tanto cómo lo justifica.

    En cuanto al tema del golpe, el panorama se aclara observando los hechos y no juzgando presuntas intenciones.

    Un golpe de estado es la toma del poder por la fuerza, por parte de algún grupo — tipicamente con participación militar aunque esta no es una condición excluyente.

    Un intento de golpe implica un intento fallido de tomar el poder por la fuerza — aquí los deseos, las fantasías y las intenciones no cuentan, sólo los hechos.

    Si hubiera habido un intento de golpe, sin duda, el gobierno hubiera actuado contra sus protagonistas.

    Lo otro — clima desestabilizador, destituyente o como quieran — es materia opinable y, en la mayor parte de los casos, ni siquiera constituiría un delito.

    Por qué? Por que la diferencia entre generar un «clima desestabilizador» y la acción natural y habitual de un grupo político opositor para desgastar a una fuerza que ejerce el poder — de no mediar la comisión de un delito — es sólo una cuestión de grados.

  17. -Che, ya sé que no es tuya la frase.

    – Sobre «el intento de Golpe»: ya que es evidente que «algo hubo» habría que preguntarse no sólo qué pasó sino porqué. En general, los enemigos poderosos el poder financiero (que está en los medios y en los pools) no busca «golpear» a quién es dócil, amable, manejable, previsible, o que avance hacia donde «hay» que avanzar.

    Simplemente eso. No me gusta apoyar a quienes buscan golpear y le doy cierto apoyo al golpeado.

    – Sobre «Grosso y la pasión»: no sé, sacas conclusiones afiebradas y que se disparan para cualquier lado. No entendí mucho de lo que escribiste al final.

    Saludos,

  18. Curioso: De acuerdo con usted. Ahí abajo Mariano le respondió algo. Va siendo hora de que los que pensemos parecido estemos más o menos cerca, hay que crear consenso para que Doña ROsa deje de criticar a los planes sociales y al boleto subsidiado del Roca y en vez de pedir recortes del gasto pida optimización del mismo.

    Mariano: No entendía lo de anti-liberales, gracias por aclararlo. Lo de Europa está cada vez más oscuro. Estaría bueno que el dueño del blog «Los anaqueles» se escribiera algo sobre eso acá.

    Es cierto que muchos sectores venían hablando de redistribución desde hace rato, como ser la CTA, el IMFC, la Paritaria Social, Lozano y Solanas, etc. Pero acuerdo con Curioso, se debería haber pensado mucho más el asunto, para que la polarización fuera de otro tipo. Esperemos que a partir de ahora se avance en serio con respecto a la gran agenda pendiente que hay por delante. Lo que no comparto es el planteo que hace D´Elía de «apoyen las retenciones que después hacemos la redistribución». No me parece serio y para peor, me hace acordar al alfonsinismo.

  19. Sobre la similitud de los caceroleros con los del Chile de Allende:

    Como decía Albert, en primer lugar, Cristina Fernández no es Allende. No lleva a cabo un programa socialista ni se ciernen sobre ella los tentáculos de la CIA y el Ejército. Su Gobierno no se encuentra aislado, no hay una crisis económica galopante ni amenaza real de golpe.

    Reconozco que entre los caceroleros hay similitudes de estilo (barrios altos, clase media despistada) y de estética entre estos y aquellos. La relación que veo más clara es la referida al papel de la clase media, que -otra más y van- sale a protestar para expresar una bronca incontenible frente a un Gobierno que ha hecho de todo para favorecerla. Más no obstante, toda la trama de imágenes que se evocan al pensar en el Chile de Allende no se pueden extrapolar a la realidad actual, eso es un ejercicio discursivo pero afortunadamente no un dato de la realidad.

    Rodrigo: Coincido con vos en lo referido a la existencia del «golpe».

    Américo:
    Podrías releer el comentario. Fiebre hace rato que no tengo. Por otra parte, ya que hablamos de afiebramientos, me pareció ver algo el otro día, vos decías que la teocracia iraní era al islam lo que la teología de la liberación al catolicismo, si eso no se dispara para cualquier lado…….

  20. Julián: yo no me refería a esos defensores de la redistribución en tanto no son quienes deben hacerla (se les aplica el teorema de Baglini). Hablaba de que dentro del mismo gobierno y entre su militancia rondaba la idea de aumentar ganancias (como medida anti-inflacionaria).
    Respecto de las retenciones, yo hace un tiempo escribí un post en el que señalaba que no eran una medida redistributiva en sentido clasista, pero sí redistribuyen entre sectores de la economía evitando que los recursos productivos se concentren en el sector primario (y, peor, en una o pocas actividades del sector primario). Sigo pensando eso, la posición no es (o no debería ser) «después hacemos la redistribución». Un fortalecimiento del mercado interno, en este contexto internacional, sin retenciones es imposible. Por otra parte, sin tipo de cambio nominal alto (cubierto por las retenciones), la crisis financiera nos hubiera pasado como un huracán (como el tequila o la caipirinha). Esa es la forma en que las retenciones redistribuyen. Entiendo, igualmente, que existe el derecho a pedir más, pero haciendo el esfuerzo por hacer una justa valoración de lo que hay.
    Un abrazo.

  21. Julián: Sobre si es golpe, no es golpe, si es clima destituyente o no, es una cuestión de las experiencias que uno haya vivido y de sus propias percepciones.

    Cuando uno ya pasó por varios, éso se huele en el aire. No me pida más explicaciones, porque no lo podría describir. Se siente o no se siente, y punto. No hay forma de ponerse de acuerdo.

    Y porque yo lo sentí así, aunque vos no, yo hubiera querido estar en BA el 25 de marzo. Porque sentía que no podía quedarme viendo lo que ocurría por la TV. Si D’Elía es prócer o no, no me incumbe. Pa’ calificar ya están los medios. Pero yo hubiera querido estar allí y del mismo lado. Qué querés que le haga? Que le das pasto a las fieras? Y si. Pero entonces qué hago? me quedo con el control remoto en la mano?

    (a Cristina Fernández la votó el 45% del padrón de electores) Y si. Que yo sepa, nadie gana con el 100%. Pero entonces, Cristina es presidenta del 45% de los argentinos y el 55% restante tiene otro presidente que yo no conozco? Mal que me pese, el roedor fue mi presidente aunque yo no lo votara ni a ganchos, qué le puedo hacer.

    «Los actores ocultos acá son los grandes exportadores» Yo sé que habitualmente suelen ser los malos de la película, pero esta vez me parece que te quedaste corto. Hay más. Pasá por casa y mirá.

  22. Mariano:

    «Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven»

    Comparto el sentido de las retenciones. Sobre Ganancias el Gobierno subió varias veces el mínimo no imponible y sigue sin reconocer a la CTA. No me hago esperanzas por ahí, pero al menos pido que hagan obra pública. En lo posible sin que De Vido meta mano.

    Eduardo:

    Lo del 45% lo dije en un contexto que no responde al de un comentarista de La Nación. No era ni es ni será mi intención deslegitimar al Gobierno de Cristina Fernández, más no obstante, ante las ensoñaciones acerca del «gobierno nacional y popular» creo conveniente que tengamos en cuenta que un Gobierno no representa a todos, como desea Doña Rosa, sino que surge de un pacto electoral y que por lo tanto, el oficialismo tampoco puede entenderse a si mismo como representante de la totalidad del pueblo.

  23. Julián:
    bueno,paso por alto las varias descalificaciones que hacés de lo que digo.Prefiero tratar de precisar el asunto sobre el que discutimos.
    El golpe.Nadie cree,yo tampoco, que haya habido peligro de un golpe tradicional,con tanques y tropas en la calle. Ni siquiera un golpe financiero.Son cosas que hoy resultan imposibles porque Kirchner se tomó el trabajo de acumular un alto nivel de reservas y de dsarticular el partido militar.
    Pero no hace falta un golpe de estado formal para que un gobierno se vea debilitado,atadas sus manos y obligado a obedecer a los poderes establecidos. Y mi convicción es que esto si constituyó un peligro cierto aquella noche de marzo. Y que D’Elía lo advirtió y actuó en consecuencia.
    Por supuesto que no tengo pruebas ni comprobación empírica. Desde Aristóteles sabemos que solo hay empiria de lo que es o de lo que ocurrió. El único modo de verificar la existencia de un golpe es a posteriori, después de que ha sucedido.
    También es mi convicción que la política tiene una lógica distinta que la de otras áreas, es -otra enseñanza de Aristóteles- el ámbito de lo probable, de lo verosímil, de la cambiante conducta humana. Por eso hay veces que un proceso o un estado de cosas se define en una escaramuza,por ej. en la toma de la Plaza de Mayo. Y un tercer aspecto vinculado con la irrupción en la plaza es el simbólico, que no tiene que ver siempre con la importancia material. Dicen que la toma de la Bastilla en la Rev.Francesa fue sólo un gesto ya que en la famosa cárcel no quedaba ningún prisionero. Pero el alto significado de la Bastilla como muestra de la opresión del un régimen hizo que su liberación se convirtiera en un emblema revolucionario.
    No importa la cantidad de gente que hubo caceroleando en la plaza de mayo,pero si los cajetillas se hubieran quedado allí toda la noche los medios tal vez habrían decretado el fin del gobierno. ¿Cómo saberlo?. No podemos saberlo. Porque otra de las condiciones de la política es que a veces hay que actuar sin garantías y arriesgarse.
    En cuanto a la conducta errónea de D’Elía, «provocador y patotero» lo llamás, yo me había ilusionado con la idea de que en este espacio ,iba a estar a salvo de las expresiones típicas de: Lanata y su séquito, La Nación con M.Solá,Natalio Botana, etc.,el Dr. Nelson Castro,Alfredo Leuco, Clarín, Canal13 y TN,Mónica Gutiérrez y Canal América, etc. etc. Lo mismo puede decirse de tu desdén hacia las carpas en plaza Congreso que categorizás de «circo» y ello después de haber tratado de enseñarme que quiere decir «popular». Me parece que el barullo lo tenés Vos, querido Julián.

  24. Juan:

    Le erraste al vizcachazo hermano. Debería ser obvio y lo aclaré arriba. Escribí este texto porque respeto a la Política. Asimismo, considero valioso, promisorio e interesante discutir con ustedes. No me interesa hablar de lo que dicen o dejan de decir Santo Biasatti, Madgalena, Nelson Castro, Lanata o Moralés Cobrá. A diferencia de muchos, yo ya pensaba que Clarinada era una mierda antes de que empezara el conflicto con el «campo».

    Dije que estabas confundido. No veo descalificaciones ahí, si te sentiste ofendido te pido disculpas. No te trate de «enseñar» que era un «gobierno popular». Te expresé mi punto de vista según el cual este gobierno no es de tipo «popular». No entiendo el tono recriminador y agresivo de tu comentario.
    Por otra parte, mi texto va dirigido a realizar una crítica a D’Elía, no para decir que el Gobierno actuó bien y racionalmente y merece ser apoyado acríticamente. Yo no creo que este gobierno posea una concepción ideológica (o de «carácter» Carrió dixit)que lo predestine a la violencia. Esas huevadas se las dejó a los chantas de la CCL.

    El carpódromo de la Plaza de los Dos Congresos es la coronación de la política para los medios. El efectismo circense y la cortedad de miras comunicativa que desea competir con «Bailando por un sueño». ¿O ahora las 5 carpitas son los soviets que van a tomar Petrogrado? No me jodás, más que el triunfo de la voluntad lo de las carpas es el triunfo de la imbecilidad.

    Decís «No importa la cantidad de gente que hubo caceroleando en la plaza de mayo,pero si los cajetillas se hubieran quedado allí toda la noche los medios tal vez habrían decretado el fin del gobierno». Pero antes de eso me corriste de lo lindo sobre que la política es la dinámica de lo impensado, el ámbito en donde todo es imprevisible y se arriesga, para luego terminar convalidando la versión de que la política se hace en por y para los medios. ¿Acaso que Clarín diga que «No hay Gobierno» es condición suficiente para que caiga el mismo? ¿Tan virtuales son las cosas? ¿Si Clarín es tan peligroso por qué el Gobierno era amigo? ¿Cómo se pudieron tener amigos así? La política se hace con hombres, no bastan las operetas mediáticas. A Chávez lo derrocaron en el 2002 el establishment, algún que otro milico y la prensa. Volvió a los cuatro días. Acá ni siquiera estuvimos lejos de una situación similar. El Gobierno es fuerte y mató a votos a la oposición en Octubre. Ningún líder político puede capitalizar un eventual vacío de poder hoy en la Argentina.

    Estoy totalmente convencido de que ir a desalojar al grupo de cajetillas de la Plaza de Mayo es un acto violento y provocador. No estoy haciendo un juicio de valor, estoy contando un hecho objetivo. Violento porque implicó tensión y amenazas verbales entre ambos bandos y provocador porque un grupo de particulares se apropió del poder de policía que no le corresponde. La presencia de los partidarios del Gobierno en la Plaza lejos de ayudar al Gobierno pusó la excusa perfecta para el orgasmo manipulador y tendencioso de los grandes medios. El Gobierno no sólo cometió una serie de errores que posibilitaron una copulación entre los sectores más concentrados del agro y el fetiche de los «pequeños y medianos»(error, que pese a su imprevisibilidad, pudo ser remediado luego del 10 de Marzo y no lo fue hasta esta semana y esta por verse), sino que también les dio aire a los medios masivos de comunicación para que una vez producido el quilombo de la Plaza y el primer caceroleo jueguen con la realidad como se les antoje.

    En las democracias formales, la organización de los actores en en el espacio público de forma no violenta es la regla. Es obvio que la política siempre tiene elementos de lucha y confrontación y que no es un todo definido, ni una cuestión de ilusorios esquemas predefinidos. Pero la política democrática no puede permitir que ninguna protesta(recordemos que no era una acción desestabilizadora como el corte de rutas. Era una concentración en una palza pública)sea desplazada mediante el uso de la intimidación. Está mal en todos los casos, y aquí son independientes las causas y los motivos que justifiquen ese desplazamiento.

    PD: Al Partido Militar lo desarticuló Menem. Kirchner constituyó el eslabón final de ese proceso y todavía faltan instancias. Pero afortunadamente los milicos no vuelven nunca más.

    PD2: Una ligera chicana. Es obvio que este enfrentamieno, nos guste o no, es entre lo que Hay y lo Peor. Pero ¿desde cuando el Gobierno no obedece a «los poderes establecidos»? ¿No prorrogó las licencias a los mismos medios qué ahora le juegan en contra? ¿No hay un pacto sucio con Hadad? ¿ No será que sólo creyó que las corporaciones rurales se la iban a bancar porque están en la orgía más grande de su historia y les salió mal? Son preguntas, nomás. No voy a apoyar al «campo» por hacermelas, pero creo que, coincidiendo con vuestra llamada a levantar el pensamiento crítico, no podemos dejar de hacérnoslas.

    Saludos

  25. Leyéndolos me tenté. Y aquí estoy, metida en el entrevero, sumándome a estos intercambios tan valiosos. Y tan necesarios, porque son un deshago y nos salvan de morir de un infarto, cosa que tal vez ocurriría si nos quedásemos atragantados – mudos – ante los sopapos de la realidad y la presión desaforada de los medios.
    Y bueno, empiezo. Ahí va la primera…

    En las prácticas interpretativas, como las del Psicoanálisis y aun las de la Semiótica, es frecuente que las emisiones en apariencia menos relevantes, situadas en los bordes, en los márgenes del discurso, encubran la clave de lo que verdaderamente estamos diciendo sin querer decirlo, sin saber que lo decimos.
    A Julián se le escapa, por ahí, un significante muy tierno: ‘barullo’. Julián afirma que Juan se embarulla con lo que dice. ¿Juan se embarulla a sí mismo? ¿O embarulla a Julián? ¿O Julián se embarulla, él solo, con lo que dice Juan? ¿Dónde está la dificultad: en el alocutor (emisor/ hablante; en este caso: Juan) o en el alocutario (receptor / oyente; en este caso: Julián)?
    Cualquier intento comunicativo está regido por un principio ineludible: el ‘principio de cooperación’. No sólo debe tener voluntad de hacerse comprender quien codifica (responsabilidad del emisor), sino también deber tener voluntad de comprender quien decodifica (responsabilidad del receptor). Uno puede no captar un mensaje porque no posee la competencia adecuada. O bien porque se niega a escucharlo.
    Es evidente que si alguien se niega a escuchar, lo que está haciendo es proceder a la borradura del otro. Un ejemplo interesante, en ese sentido, es el de Alfredo De Angeli, quien repite con tozudez inquebrantable su repertorio, sin atisbos de que pueda ser modificado por ninguna razón. De manera sistemática se niega a escuchar. Su estrategia consiste en persistir, ajeno a lo que no sea su esquema del mundo. El de De Angeli es un discurso monológico, que pretende ser hegemónico, como el discurso de las dictaduras – militares y/o económicas- ceñido a una semiocracia que es la imposición de un signo, eje de todas las significaciones de la sociedad, tal como lo fue la economía en la década del ’90.
    Ahora bien, negarse a escuchar no siempre es una manipulación dictatorial. Hay grados y hay contextos. A veces, alguien no escucha, o distorsiona lo que escucha, sin darse cuenta. Porque está inmerso, quizás alienado, en su andamiaje de ‘a prioris’, adherido a una socialización primaria y a una socialización secundaria mediante las cuales fue internalizando valores, hábitos, conductas, que a veces hasta funcionan a contrapelo de la propia ideología. En estos casos, el disenso, o meramente otro sujeto que se instala y habla y se siente con derecho a desenvolver su discurso, es vivido como una amenaza, como una violación a las certezas que se fueron consolidando en múltiples experiencias. Y ese es el ‘barullo’, algo que confunde, algo que desagrada a nuestros oídos, algo que irrumpe en nuestro sistema de creencias como una disonancia.
    El ‘barullo’ es casi una ecolalia (sonidos balbuceantes infantiles). Es ruido. No hay concepto.
    Tal vez Julián quiere expresar con el significante ‘barullo’ que percibe algunos tramos del discurso de Juan como un ruido. Tal vez, sin saberlo, lo que busca es descalificar ese discurso, tan sólo porque no coincide con él.
    Sucede a menudo.

  26. Marta:

    Un placer leer un comentario tan esmerado como el suyo. Me disculpará que le responda más tarde. Es muy temprano para retribuir como se debe.

  27. Julián: «El carpódromo de la Plaza de los Dos Congresos es la coronación de la política para los medios. El efectismo circense y la cortedad de miras comunicativa que desea competir con “Bailando por un sueño”. ¿O ahora las 5 carpitas son los soviets que van a tomar Petrogrado? No me jodás, más que el triunfo de la voluntad lo de las carpas es el triunfo de la imbecilidad.»

    Si, el carpódromo fue un circo, pero el Circo del Dr. Chalita, que tenía un malabarista y 4 perros que caminaban en 2 patas.

    Si el carpódromo del Congreso fue un circo, cómo le llamás a los 300 Sarrasanis armados durante 100 días en todo el país?

    Y guarda que éstos tenían tigre de bengala y todo, eh? Simulando parar (cualquiera que haya andado x las rutas habrá visto el «paro» que hacían) y cagando al resto del país, pero vendiendo afuera más que lo que habían vendido el año pasado, eh?

    Yo aún aguardo la desmentida del campo con números, no diciendo simplemente que es un verso pero sin demostrar cuáles son los números correctos.

    Viste el circo chico. El otro era tan grande que estabas adentro y no lo viste.

  28. Julián: «Es obvio que este enfrentamieno, nos guste o no, es entre lo que Hay y lo Peor.» Sí, Julián. Para un pueblo tan egregio, solidario, altruista, honesto, sincero y comprometido como el nuestro, «lo que hay» es poco. Nos merecemos no menos que Teresa de Calcuta.

  29. Eduardo Real:

    Yo también aguardo la desmentida del «campo» con números, yo también aguardo que esos sectores pidan perdón a su pueblo por lo que le han hecho. ¿Qué te hace pensar qué soy un campestre? ¿Qué haya hecho críticas a D´Elía? ¿Si hago críticas a lo que fue el carpódromo de la Plaza de los Dos Congresos soy un enemigo del pueblo y estoy con el «campo»?

    En una discusión racional y adulta se discute y rebate al otro con argumentos no con falacias. Lo peor de esto es que cuando te señalan con el dedo de este modo, te empujan a hacer antikirchnerismo del más barato y no a mantenerte en una posición equilibrada y ecuánime.

    Yo defiendo una postura en la que creo. Huelga decir que puedo estar equivocado pero espero que se me rebata con buena leche y argumentos, no desde la lógica del que se las sabe todas y no tolera una crítica.

  30. Julián: Tenés razón, creo que coincidimos en un 70-80% así que no corresponde que te hinche los huevos por el 20-30 restante. Pero me pareció que lo del circo y lo de «lo que hay» debían tener una respuesta. Pero si, tenés razón, no es para tanto y por éso te pido disculpas.

  31. Julián:

    No es que me ensañe, pero ciertos rasgos de tus textos me inspiran. Creeme, muy por el contrario de lo que decís, no sólo no demandan ‘esmero’ (ni para la comprensión ni para la réplica) sino que funcionan como un disparador.
    Me complace responderte porque intuyo que hasta se podría alcanzar algún nivel de diálogo, lo que sería imposible, por ejemplo, con el señor (o señora) La Pampa. En ese caso sí debería esmerarme, ante todo para sofocar la ira.
    Volviendo al tema de Juan (disculpame la insistencia) se infiere, a través de lo que ha manifestado en este blog, que él es lo que quiere ser: peronista. En cambio, a través de lo manifestado por vos apenas se infiere lo que no querés ser.
    Expresarse desde la afirmación siempre parece más fluido, más espontáneo que expresarse desde la negación. Negar lo otro para afirmarse tiene sus inconvenientes. Por ejemplo, puede ocurrir, cuando se trata de no querer ser peronista, que uno se sienta obligado, todo el tiempo, a mostrar ‘racionalidad’ (a veces de manera excesiva) con el propósito de diferenciarse de los que adhieren al sentimiento ‘nacional’ y ‘popular’, quienes serían presuntamente ‘irracionales’.
    Hay dos adjetivos que usás (me parece que en tu cruce con Eduardo Real) que prueban tu ahínco por mostrarte ‘racional’. Esos adjetivos son: “equilibrado” y “ecuánime”.
    Entiendo que estos discursos mediante los cuales interactuamos en el blog se inscriben en un
    contexto donde la cuestión fundamental es el acontecer político. De lo que trata la política,
    Julián, es, básicamente, del desequilibrio constitutivo de la sociedad humana. Al menos, de la sociedad capitalista. Todas las luchas populares no son más que un enorme y sacrificado esfuerzo por desarticular ese ‘desequilibrio’ impuesto por las clases (y/o mafias) dirigentes (burguesías rural y urbana, dueños de la tierra y del mercado, tahúres financieros, etc.)
    Pregunto: ¿es posible proponerse ‘equilibrio’ en un discurso cuyo contenido es el desequilibrio histórico que padecen las mayorías – un desequilibrio por el cual sus responsables, para mantenerlo, llegaron hasta el genocidio -? ¿Vos, que percibís como ‘ruido’ los argumentos de un peronista (Juan), y que vivís como agresión los supuestos racionales que manejan otros participantes del blog, reclamás equilibrio?
    En cuanto a ‘ecuánime’, ¿qué significa? ¿Que hay que colocar en un mismo plano de valoración objetiva tanto a los que ejercen la violencia matando, torturando o sometiendo al hambre como a los que la sufren e intentan defenderse de ella?
    La política no es ciencia. La política es una práctica impulsada por ideologías. En política nadie es objetivo. Uno puede comprender y hasta suscribir el intento científico de Marx, lo que no puede es ignorar que ese intento impugna precisamente a las ciencias tradicionales burguesas, porque son la trampa del capitalismo para propiciar sus exclusiones. Por ejemplo, tanto la teoría del darwinismo social como, un siglo más tarde, la del ‘fin de la historia’
    – proclamada por el yankee/ nipón Fukuyama – pretendían ser científicas y exponentes incuestionables de ‘racionalidad’ y ‘pragmatismo’. El daño que ocasionaron, y que siguen ocasionando, no es poco.

  32. Marta:

    Tu segundo comentario es aún más interesante que el primero pero,a mi entender, cometés un error: Estás poniendo en boca mía cosas que jamás dije ni osaría decir. Cuando le contesté a Eduardo lo hacía con bronca porque muchas veces el kirchnerismo tiene tendencias centrífugas que son altamente injustas y que no se corresponden con la realidad. Mi posición «ecuánime» es estar decididamente contra el lock out patronal y ni con ni contra el Gobierno. Si la coyuntura se pone muy grave estoy dseguro de que lado de la vereda estoy, y eso es que llaman «el campo nacional y popular». Generosa forma de referirse a un proceso que es mucho más conservador que el peronismo inicial.

    Sobre mi posicionamiento político: es difícil hablar afirmativamente de la posición ideológico-político de uno en un país tan fuertemente cruzado por el peronismo y el antiperonismo. Yo podría decir «soy de izquierda reformista» y no tendría ningún sentido.

    Como dice Ostiguy (http://elcriadordegorilas.blogspot.com/2008/06/clivajes-sociales-en-bailando-por-un.html): «la cultura peronista es, al nivel estético y de gustos, clase popular. Es decir, el peronismo está más cerca de Boca que de Marx». «Dos espectros políticos que abarcan de izquierda a derecha, paralelos el uno al otro. Uno culturalmente “peronista”: popular, localista, “con pelotas”, inmanente y personalista. Y otro no peronista, más formal y “bien educado” (por lo menos en público), “institucionalista”, a menudo muy preocupado por la mirada “desde afuera”. «A menos de ser ciego, ¿quién puede ignorar la diferencia de “sensibilidad” entre el socialismo argentino y el peronismo del Gran Buenos Aires o de La Rioja. ¿Podrían ser Barrionuevo o Moyano socialistas? ¿Por qué en Harvard pueden estar dispuestos a invitar a Carrió a dar una charla, pero no lo harían con el ex presidente Duhalde?» (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-100540-2008-03-12.html)

    Sólo bajo los gobiernos peronistas(con Perón vivo) una enorme masa, millones de argentinos, sintieron que el país era por fin de ellos aunque todo siguiera en manos de sus patrones, que por cierto sentían que ya no lo eran tanto. Ésto solo bastaría para explicar y justificar al peronismo.

    Entonces vivo en mi encrucijada: como ser de izquierda sin ser gorila pero tampoco razonar de forma elitista. A mi favor diré que ya fui gorila (era casi inevitable) y nunca más lo seré, pero tampoco puedo ser peronista.

    Ahora bien, lo que no te acepto es ese sayo que deseás ponerme referido a mi posición «racionalista». Ese sayo no me lo pongo. Mi pensamiento político no es ajeno ni a la voluntad política, ni a la pasión, ni al conflicto de intereses o de clases y no comparto, tu identificacion del sentido crítico y la racionalidad con el abandono de la política. Mucho menos es ajeno a la evidente contradicción entre una democracia capitaista y la desigualdad inherente a dicho sistema económico. Como dice Anyuletta por ahí «El problema de los tipos ideales weberianos reside en su formalismo. Formalismo, Lilita Sullos, significa que son moldes por el momento vacíos hasta que uno los llena con construcciones teóricas. Tratan de explicar la realidad, Lilita, no existen en la realidad. Los ejemplos no se ajustan completamente a los tipos ideales porque estos no existen en la realidad. Ideal es distinto a realidad. Lo real apunta a lo ideal como fin, pero dicho fin es solo una utopia»

    Mi texto apuntaba a realizar una crítica a D´Elía fundada en explicaciones sobre al realidad. De ninguna manera creo que los actores sociales se comporten como agentes racionales, pero tampoco me vas a ver nunca exaltando el triunfo de la voluntad. Puedo comprender a quienes lo hagan, pero yo no tomaré esa posición. La Argentina vivió un desierto desde 1991 hasta 2002-2003 y en el contexto actual ver «renacer» a la política relaja los ánimos e incentiva las mentes, más yo creo que a la hora de analizar o pensar la realidad, lo que cuadra es la honestidad intelectual y la buena leche. Cosas que trato de tener conmigo, aunque no siempre las traiga.

    Tal vez porque es divertido echar piedras sobre mí tu segundo cometario se vuelve algo reiterativo. Describís mi comportamiento en escasa media carilla dos veces como «no querer ser peronista» y acompañás cada calificación con un solo argumento, invariable, y una sucesión de ejemplos que demuestran que el uso de la razón en política está equivocado, sutrae la conflictividad y la desigualdad del sistema capitalista y que soy poco menos que un iluso.

    Yo me refiero a programas un tanto diferentes a los llevados a cabo por el Gobierno. Programas (nefasta palabra otra vez, que se le va a hacer. A falta de otra…) absolutamente políticos, conflictivos, que implican las relaciones entre diversos actores desiguales, tensión, violencia material y simbólica, intereses, lucha, historia, ideología, valores. La identificación que has hecho, entre lo político y el modo en que creés a lo político o en la forma que te gusta que sea.

    Tu posición política es tuya y ante vos debés responder. Lo que me mueve es que hagas como que no ves que mi posición, que está sujeta a arbitrio de la Historia sobre su certeza o no, pero que se encuentra tan cargada de significantes políticos como la tuya. Pretende estás igualmente llena de pasión y compromiso.

    Mi intención es reformular y reorientar el conflicto y el antagonismo actual hacia nuevas dimensiones que permanecen invisbles o sin ser tocadas. Yo no quiero un Fukuyama, yo deseo la vuelta de la Historia (que tampoco se fue con Menem que era un excelente político nos guste o no, pero si se fue trágicamente con la formación de la Alianza) pero para eso creo que hay que salir de la lógica del aguante que domina hoy en dña. En la hora de la acción y de armas tomar el cálculo, la astucia y el tacto son dotes que no deben faltarles a lo viejos zorros, sino caeremos en el consabido «animémonos y vayan» también tan caro a estas hermosas regiones.

    Un cordial saludo. Es un placer leerte

  33. Marta:

    Tu primer comentario hace una lectura sumamente interesante de mi primera respuesta a Juan. Lectura con la que, aunque me pese, debo decir que estoy de acuerdo.

    Me negué a escuchar. Pero fue a los efectos del debate político actual. Tan castrado, estéril y sobrecargado de chicanas. Hace rato que la sociedad no discute de política y uno se va encerrando en su terruño ideológico sin salir a confrontar con otras visiones. En ese contexto, me jodió la defensa de una acción con la que no acuerdo y, en lugar de criticarla como es debio (como considero que hice en la segunda rspuesta a Juan) simplemente cambié el eje de la discusión.

    Tu interpretación extremadamente sutil, interesante e inteligente (¿Y por qué no marcada por un toque especial que hace a la condición de mujer) de mi molestia ante la posición de Juan no debe hacerte olvidar que el ofendido fue él y lo manifestó abiertamente, y no yo.

    Un par de ideas que me quedaron sobrevolando de tu segundo comentario:

    Decís: «Todas las luchas populares no son más que un enorme y sacrificado esfuerzo por desarticular ese ‘desequilibrio’ impuesto por las clases (y/o mafias) dirigentes (burguesías rural y urbana, dueños de la tierra y del mercado, tahúres financieros»

    Pregunto: ¿Es posible creer que el Gobierno comanda las «luchas populares»? ¿ Es posible creer que las «lucahs populares» siguen es ascenso y son siquiera tenidas en cuenta por este Gobierno? ¿Cuántas «luchas populares» son usadas como nimia excusa por vanguardias iluminadas (PO, PCR, MST) que no comprenden ni quieren comprender la realidad argentina? ¿ Es posible creer que los Kirchner son algo más que el resultado de una puja entre fracciones capitalistas en el 2002? Que sea la mejor y que tenga altos matices de imprevisibilidad no puede hacernos olvidar de esto. La corriente kirchnerista no expresa a la alianza de clases de 1945, le falta mucho terreno que recorrer. Y no se sabe si lo quiere o no recorrer.

    No estimada Marta, nunca diría que la política es Ciencia ni que la ecuanimidad es hacer tabla rasa con las condicones de existencia de los sujetos. No soy liberal y por lo tanto creo que no todos los actores tienen la misma capacidad de posicionarse en el mercado.

    La política siempre tiene elementos de lucha, división y confrontación. Ante esa condición inherente de la política -agravada por la coexistencia de las instituciones democráticas formales en conjunto con el sistema captalista y su lógica de exclusión- se yergue el andamiaje institucional,el mismo les pone un techo o tope a esas luchas: no admite que ninguna voz sea desplazada del espacio público por la violencia. Está mal en todos los casos, con independencia de circunstancias y motivos.

    Como decía hace poco Natanson en Página: en la política real no existe el lenguaje de la imparcialidad y ese concpto que tanto gusta al progresismo televisivo que es el del llamado «término medio». Los actores se constituyen con discursos en los que hay sesgos y valoraciones, en los que se expresan conflictos y posicionamientos fuertes. Las democracias que funcionan son las que logran que todos los grandes desacuerdos se tensen sin llegar a la violencia. Para decirlo en peronista. El conductor del Movimiento es también responsable de su comportamiento. En las buenas todo el crédito recae en él, pero en las malas es cuando se ven los pingos. La Organización política debe estar firmemente estructurada para lograr vencer al Tiempo y no debe permitirse que las masas populares sean conducidas de manera aventurera.

    En algo no le errás, como dice El Canilla: «Siempre me interesó la política, nunca fuí peronista».

    Retribuyo -tardíamente- la dedicación que le ponés a los comentarios. Seguí «ensañándote» que eso es lo bueno de la democracia, donde la única idea prohibida debéría ser no discutir ideas.

    Será un placer leer una entrada tuya.

    Cordiales

  34. Hola, Julián. Me colgué. Los últimos acontecimientos me tuvieron muy entretenida. Además, quedé tildada… Pero no me olvido de responderte.
    Sabía que el diálogo era posible. Lo celebro, porque no siempre lo es.
    Me gustó tu opinión sobre ciertos aspectos de mis entradas. Sos muy amable.
    También observé que ejercés la autocrítica: hoy por hoy, una práctica casi perimida. Eso me obliga a una confesión: yo también, a veces, me niego a escuchar. Y lo hago adrede.
    Una de las múltiples tácticas del discurso polémico consiste en desoír los argumentos del contrincante para descalificarlo. (La idea que subyace es: “lo que decís no merece siquiera que te responda”). De ahí, mi gesto hacia La Pampa (o De La Pampa). En determinadas ocasiones, este modo de actuar se impone como necesario, porque hay mentalidades que clausuran el intento dialógico. Quienes las exhiben no dialogan. Si no te sometés a ellos, cuando tienen el poder te matan.
    A propósito, los Cuatro Jinetes del Apocalipsis (los muchachos de la Mesa de Desenlace) se hacen los sordos que da miedo. Ves, esos – en especial los de SRA- no sólo apoyaron el exterminio. Dieron la orden. Y continúan dando órdenes. Son los que realmente tienen el PODER. Y de un modo u otro lo hacen sentir. Esta vez les bastó con Cobos (¡poca cosa!), pero están dispuestos a arremeter hasta las últimas consecuencias. Hay que mantenerse alerta. Y no descuidar el barquito de Bush que anda husmeando por los mares del Sur. Tampoco a la Santa Madre, (Bergoglio y demás deudos…) que de santa no tiene nada.
    Hablando de otra cosa (aunque en realidad sigo hablando de lo mismo), me hizo sonreír tu identificación de peronistas con boquenses. A mí no me parece tan simétrico. Los de Boca le dieron forma a un Golem (neoliberal) que ahora tenemos que padecer en la Reina Del Plata. Es cierto, los medios hicieron lo suyo con mano maestra: hasta las clases más necesitadas terminaron convencidas de que su peor enemigo iba a salvarlas.
    En cuanto al innombrable de Anillaco, lejos de pensar que ha sido un gran político, tengo la certeza de que sólo ha sido un Gran Turco, Nefasto 1º de la Cuesta de Miranda.
    Respecto de lo que decís acerca de las carpas levantadas en la Plaza de los Dos Congresos, mi opinión es ésta: un pueblo que lucha por sus dignidad (no incluye a los mercenarios que imitan las prácticas populares para exhibir su poderío y su voluntad destituyente), un pueblo- te decía- que se mantiene en vigilia para hacer sentir su presencia a los que, al legislar, deciden su suerte, no me parece un circo. Me parece que es la asunción real de una democracia participativa y militante. No lo percibo como payasesco. Lo vivo como épica. Aunque a veces se pierda y uno tenga que retirarse llorando por Callao o pateando el cordón de la vereda por la furia y la impotencia. Lo que sí me parece un circo (¡un circo infame!) es lo que sucedió, no afuera, sino dentro del Congreso: que algunos hablen de principios cuando, en realidad, de lo único que se trata es de intereses. ¡De sus concretas ganancias personales!
    En fin, como el texto ya se me escapó para el lado del deschave, voy a hacerte una última confesión: me metí en “Algunas observaciones sobre D’Elía” para ver hasta dónde lo criticaban.
    Hará un mes, o no sé cuánto, en un momento álgido de todo este aquelarre sojero, la teflonada había salido a manifestar: a la altura del obelisco, uno de ellos (un masculino) con estentóreo vozarrón le exigió a la Sra. Presidente que gobernase también para los blancos. Estaba viendo la escena por TN (a veces miro ese canal, supongo que para flagelarme). Me llené de bronca y en medio de la bronca pensé: “ yo soy blanca – más blanca que ese racista – y tengo el más absoluto convencimiento de que él es mi enemigo y el negro D’Elía es un patriota. Un cuadro disciplinado como pocos. Un modelo de militante”.
    No te enojes, Julián. Me estoy confesando. O bajando línea, que es casi lo mismo.

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