ContactoQuiero hacer mías las palabras que María Esperanza escribía hace algunos meses:
No obstante, tal como afirmaba María Esperanza por arriba, lo que se ha dado en llamar “conflicto” con “el campo”, ha provocado un pase al frente de la mayor parte de la intelectualidad. Otra vez parece estar entre nosotros el intelectual público, que ubica a sus interlocutores en un escenario mucho más general y anónimo. No requiere que el punto de partida para el diálogo sea la existencia de una comunidad de principios e ideas, pero sí pretende que sea el resultado de la comunicación entre ideas diferentes y a veces cotnrapuestas. El intelectual público es un sujeto político que apela a la comunidad y que posee una ideología determinada. Lejos tanto de la tecnocracia como del amateurismo, el intelectual público es el modelo de intelectual típico del Estado de Derecho, aspira a ser oído y a proponer programas de acción.
“Este reverdecer de la polémica es una buena cosa. Que gente que se dedica a pensar para vivir se diga en la cara, de repente, “no estoy de acuerdo con vos y lo que decís me parece una gansada” me parece una buena cosa. Que descubramos que (¡oh!) las diferencias teóricas encubren diferencias ideológicas es una buena cosa. Venimos de una década y media de insoportable levedad del discurso intelectual. Durante los noventas, la cuestión era fácil: casi todos eran antimenemistas y admiradores de variantes rosáceas de la socialdemocracia, el institucionalismo y la tercera vía (salvo honrosas excepciones, Escudé y algunos más.) Estar en desacuerdo con el gobierno de Carlos Menem era fácil. Admirar al laborismo inglés o a la socialdemocracia francesa. Despotricar contra el desequilibrio de poder en la esfera internacional también.
Ahora, sin embargo, las opciones son más dificíles. ¿Es este de gobierno de izquiera o de espantosa derecha? ¿Es el kirchnerismo conservador y provinciano o totalitario y movilizante? ¿Es Chávez la esperanza latinoamericana o un loco populista? ¿Son los empresarios agrícolas la esperanza de la república o un grupo de exacerbados capitalistas? Las respuestas no son fáciles. Ahora hay que pensar.
Y también marca una redescubierta vocación de los intelectuales de abandonar aunque más no sea por un rato la academica para meterse en el barro. Esto es doblemente bienvenido en el caso de las generaciones más jóvenes, que se suman, y muchas veces polemizan, con el coro de voces ya consagradas.”
Realizar un intento de clasificación de los intelectuales nunca deja de ser riesgoso. La posibilidad de un análisis sesgado y arbitrario siempre estará presente, más allá de las consideraciones que se tomen en cuenta para elaborar el listado: las generaciones a las que pertenecen, sus ideologías, la relación que sostienen con la política, sus tradiciones culturales, sus visiones sociales, sus núcleos de ideas básicas, sus tipos de discurso, entre otros criterios.
Sin embargo podríamos afirmar que en la década de los noventa se acentuó un modelo de intelectual que persiste hasta nuestros días. El intelectual privatizado. Este tipo de intelectual es aquel que sólo se preocupa por dirigirse a un grupo reducido de interlocutores, es decir, a los que son de su entorno inmediato, que comparten puntos de vista y aceptan una cosmovisión; no le representa una preocupación el deseo de expandir su influencia, pero sí el hacer más férrea e invulnerable la que ostenta; su responsabilidad sólo la proyecta hacia la institución social a la que está adscrito, la cual hasta puede ser privada. El accionar de dicho intelectual se limita al diálogo con sus inmediatos compañeros, convirtiendo su actividad social en una monótona circulación de posiciones ideológicas ya conocidas en un espacio reducido.
Desde acá saludamos esta iniciativa y esperamos que se sigan sumando más intelectuales al debate público y que el tan ansiado debate de ideas que confronten entre sí se pueda comenzar a dar. Al mismo tiempo cabe llamar la atención sobre el hecho de que las posiciones netamente de izquierda revolucionaria no han logrado ningún tipo de trascendencia más allá de su opción por la negativa, lo cual no deja de ser un error a la hora del debate intelectual que tienda a la búsqueda de un país con horizontes de justicia e igualdad.
No me creas lo que digo
Ni una sola palabra de esto es verdad
No me creas lo que digo
Sobre todo si te digo que estoy enamorado de vos
(…)
No me creas una sola palabra
Es que las palabras son tan fáciles de decir
Y tu corazón es como una promesa
Está hecho para ser roto
Thin Lizzy (en lo personal prefiero la versión de The Cure)
Como tan bien se ha encargado de ratificarlo la compañera presidente(¿a?) Cristina Fernández, a este simple lego se le han ocurrido algunas ideas para aplicar a la realidad social argentina. A saber:
Reducción eficaz del grado de oligopolización del mercado interno y las diferentes cadenas productivas.
Combate sin tregua contra el empleo en negro urbano y rural.
Aumento del gasto público con control efectivo y real de parte del Congreso en vistas a su eficientización.
Jerarquización del empleo en el Estado. Sustancial aumento de sueldos y blanqueo de figuras como el “becario”, el “contratado” o el “meritorio”.
Profunda reforma tributaria que apunte hacia horizontes de alta progresividad en el esquema tributario nacional. Combate a la evasión fiscal en impuestos como bienes personales. Pago de Ganancias por parte de los jueces, funcionarios y legisladores actualmente eximidos.
Reducción progresiva de las tranferencias al sector privado en desmedro de los sectores populares (escuelas privadas, trenes, redes de transporte de energía eléctrica). Estudiar seriamente la posibilidad de constituir una empresa estatal de ferrocarriles, exigir contraprestaciones y planes de obras a cambio de los subsidios. Controles efectivos de precios con equipos técnicos idóneos y articulación con redes de protección al consumidor.
Estudiar seriamente el problema energético.
Boleto Obrero-Estudiantil.
Aumento sustancial del presupuesto universitario.
Ley Nacional de organización estudiantil (Centros de Estudiantes Secundarios) Plan nacional de inclusión estudiantil para la enorme masa de jóvenes que abandonan la cursada del secundario.
Fortalecimiento e integración del sistema de Asistencia Primaria de Salud (salitas). Apertura de la misma las 24 horas y dotación de mayor personal. Analizar la construcción de nuevos hospitales.
Programa de Primer Empleo para los jóvenes.
Reconocimiento al derecho ancestral de posesión de tierras por parte de las comunidades indígenas.
Por supuesto que todo lo dicho anteriormente no intenta desmerecer las mejoras existentes del año 2002 a la fecha. De ninguna manera tampoco se pretende igualar el rol de un simple comentarista como el que esto escribe con el que les cabe a los protagonistas de la política vernácula. Sölo ha tratado de expresar que el tiempo de las excusas y de la simple sumatoria de impresentables en la vereda de enfrente como argumento para bancar lo que sea ya ha caducado, se trata, en suma de comenzar a debatir estos y muchos otros temas, de que el tan meneado apoyo “crítico” pase a criticar y a proponer. Tal vez eso no ayude a modificar la realidad, no sé sabe si estaremos mejor o peor, pero aunque sea contribuiríamos a no ser tan berretas en las discusiones sobre actualidad.
Se solicita la colaboración de la población para dar con el paradero de Elisa María Avelina Carrió, la misma fue vista por última vez a aproximadamente 0,45 Km. del palco en el acto campestre de Palermo, en compañía de la señorita Patricia Bullrich Luro Pueyrredón, reconocido ejemplar de la especie camaleónica vernácula, y junto al masculino Adrián Pérez, comisario político de la ciudadana Carrió y vocero cívico-popular-republicano del cual no se posee mayor información. Temiéndose un posible secuestro se apela a la solidaridad de cualquier persona que pueda aportar datos.
Elisa María Avelina Carrió, más conocida como Lilita, de nacionalidad argentina, de 52 años de edad, republicana con decisión peronista, nacida en Chaco en el seno de una familia tradicional, cursó sus estudios primarios y secundarios en la ciudad de Resistencia. Abogada recibida en la Universidad Nacional del Nordeste, profesora universitaria, afiliada y desafiliada radical, convencional constituyente, diputada en múltiples ocasiones y dos veces candidata presidencial. Buque insignia de la nueva política y baluarte demócrata.
Allegados a Elisa María Avelina Carrió afirman que la noche del pasado jueves 17 de Julio, la ciudadana libre, sin cargo y al servicio de la Nación habría compartido una vigilia con cuatro compañeros de trabajo y lucha político-campirana. Desde entonces no se tienen noticias sobre su paradero. Las principales sospechas recaen sobre el presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, diputado Adrián Pérez, quien ha sido acusado de alta traición a los ideales cívico-republicanos. La versión, no obstante, debe ser rechazada por carencia absoluta de pruebas.
Artepolítica es una entidad comprometida con la verdad, la memoria y la justicia, y prestará la cooperación necesaria para la resolución de este caso. Por eso, ante la gravedad del hecho, es menester otorgar un papel protagónico a los lectores del blog, que en caso de tener certezas sobre el paradero de la ciudadana, no duden en informar en los comentarios.
Desde ya, muchas gracias.
Diego Capusotto ha inaugurado un nuevo tipo de ensayismo político. Lo ha hecho de una manera ingeniosa y sin igual creando al personaje “Bombita” Rodríguez, el Palito Ortega Montonero. En estos meses este personaje nos ha hecho reir a carcajadas a la vez que reflexionar sobre los años `70.
Horacio González dice por acá:
“Sin duda, con el humor que acompaña necesariamente todo nuestro decir literal, queremos mostrarnos como seres sensibles, que no van por la vida creyendo necesariamente que cada frase pronunciada es una lápida en nuestra conciencia. Por eso “tomamos las cosas con humor”, lo que quiere decir que siempre sopesamos lo dicho y lo retrabajamos para usarlo en otros módulos y contextos. Aliviamos así la vida con el recurso a la ironía y otras armas plausibles del dislocamiento de las creencias. Hacer del lenguaje un collage permanente y aludir a sus estereotipos, hayan sido o no trágicos, es una forma de salvarnos para otras conversaciones que imaginamos únicas, fuera de toda repetición. Ese retorno de las frases hechas, que un día fueron graves, pero ahora son parte de un humor piadoso que las reproduce con autoindulgencia y ternura, es tan necesario que no suponemos que sean profanaciones, formas de despreciar los valores más queridos.”
La historia de “Bombita” Rodríguez esconde, detrás de su arte, una dura y difícil relación con su madre y su entorno social de clase media-alta. “Bombita” fue un artista que intentó combinar Revolución y melodías berretas y pegadizas.
En el recuerdo de este artista no debe faltar la mención de sus ideas políticas resumidas en su histórico comunicado del año 1971:
La lucha del pueblo se encara hoy dentro de una clara lucha contra el imperialismo y sus personeros. Por eso desde mi humilde arte, la música, quiero poner pros en mi carrera hacia un socialismo nacional, bailable y para toda la familia. Sin eso menoscabar de modo alguno los otros frentes que los compañeros asumen día a día como un campo vital de enfrentamiento hacia la oligarquía explotadora, su cultura antinacional.
A continuación, todas las emisiones de “Bombita”:
Capítulo 2-”El Baile del Mao-Mao”
Capítulo 3-”La sonrisa de mamá es como la de Perón”
Capítulo 4-”Bombita en el show del MontoGigio”
Capítulo 5-”El Picnic de los Montoneros”
Capítulo 6- “Bombita y los Cinco por uno/Cecilio, el cruzado anticomunista”
Advertencia: El texto que sigue refleja la reacción de su autor ante declaraciones que ya tienen una relativa antigüedad para los tiempos de la Argentina mediática. Su hallazgo se ha producido en una revisión del copioso archivo que ha dejado el paso de los últimos meses.
El 19 de Junio pasado, el ex presidente Eduardo Duhalde pronunció un discurso frente a sus partidarios de la ciudad bonaerense de Mar del Plata. Las mismas fueron reproducidas por los principales matutinos porteños del día siguiente. Las coberturas de Página/12, La Nación y Clarín coincidieron en el relato de la parte sustancial de la alocución del dirigente. Durante su transcurso, Duhalde afirmó que “era una pavada acusar al campo de golpista” y que “los justicialistas tuvimos más culpas que el campo a la hora de producirse el golpe”.
Había habido antecedentes y remansos en la relación del dirigente peronista con los años `70. Tal vez el ex presidente se sintió tentado de revivir aquel 17 de Octubre del año 1975 en el que las columnas justicialistas de Lomas de Zamora, bajo su liderazgo, cantaron entrando a la plaza de Mayo, poco antes de que hablara Isabel: “¡A la lata, al latero, queremos las cabezas de los jefes montoneros!”
Salta a la vista que no fueron las entidades rurales por sí mismas las responsables del golpe. Hubo un conjunto de actores que intervinieron, distintos sectores civiles y militares, para derrocar al gobierno. La responsabilidad del lockout agrario en los días previos fue importante en la caída del gobierno de Isabel, independientemente del enfrentamiento entre la guerrilla y la Triple A. Fue un golpe en el que confluyeron distintas fuerzas, incluidos sectores productivos y financieros, entre ellos el rural.
Es preocupante que en los dichos de Duhalde se filtre una versión procesista de las causas que condujeron a la trágica jornada del 24 de Marzo de 1976. Duhalde afirma que “tuvimos más que ver nosotros. Y eran las Tres A y esos militantes guerrilleros los que le dieron una coartada a las Fuerzas Armadas para que derrocaran al Gobierno en el 76″, en lo que constituye una velada aceptación del discurso que sostiene que ante el caos social, las Fuerzas Armadas no tuvieron otra salida que tomar el poder. Los dirigentes políticos deberían recordar que el golpe fue dado por el conjunto de las fuerzas militares, no con el objetivo de luchar contra las organizaciones armadas, acción que ya venían desarrollando desde comienzos de 1975 y que, sumado a los múltiples errores de la guerrilla, daban un cuadro de franco retroceso y debilitamiento de la misma, en un contexto de derrota y aislamiento político evidente e incontrastable. El objetivo del asalto armado al Estado, lejos de pretender ”pacificar” la vida política nacional, tuvo como objetivo central el imponer un modelo económico sustentado en la represión clandestina sistemáticamente organizada por el aparato del Estado. Dicho sistema económico fue acertadamente descripto por Rodolfo Walsh como “una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”. De más está decir que el plan económico desarrollado por la última dictadura militar contó con el firme apoyo de los grandes sectores de la burguesía industrial y comercial, los sectores financieros y, por supuesto, las corporaciones rurales.
Por otra parte, Duhalde incurre en un grosero error al equiparar dos coyunturas absolutamente disímiles. La misma conducta malintencionada en que reiteradamente han reincidido, cual adictos a un revisionismo superficial y ramplón, tanto los sectores de la fracción rural-clase media opositora como el kirchnerismo.
Tal vez esta haya sido una de las tantas posturas circunstanciales que ha mantenido Duhalde a lo largo de su extensa carrera política, y las declaraciones sobre las que trata este escrito tampoco significarán demasiado en un futuro cercano. Ese es nuestro deseo. Al reiterado y ambiguo uso del pasado por parte del Gobierno nacional, algunas veces en una meritoria labor informativa, otras rayando la manipulación histórica y promoviendo acríticas versiones de un desarrollo histórico basado entre “héroes” y “villanos”, se le suma el trasnochado intento del diario La Nación y sus acólitos, que saliendo a rebatir las versiones de la historia que da el kirchnerismo, se ven en la necesidad de hacer malabares para seguir sosteniendo su fantasioso discurso sobre la “historia completa y que muestra todas las campanas” que en verdad sólo sirve a los inconfesados propósitos de defender veladamente al Proceso. Duhalde tiene el mismo derecho que cualquier hijo de vecino a hacer política en una democracia formal. Sin embargo, desde este humilde ámbito le pedimos que ejerza su derecho desde los valores que dice reivindicar y defender: el diálogo, el consenso y la verdad. Cierto es que estos arranques bucólicos solo persiguen la idea de llevar buena prensa al líder justicialista más no obstante, creemos que esa línea política le puede traer mucho más éxito y, en todo caso, ayuda a mantener su honorabilidad a salvo, que el intento de jugar con el pasado en función de la necesidad de justificar la conducta política del presente.
Coincidiendo con una entrada reciente de Alejandro y con el objetivo de darnos un respiro en esta larga y apasionante semana cargada de tensiones políticas, decido realizar un humilde aporte en la lucha contra las caras de tuje y los agretas que pululan por doquier.
La última emisión de Marca de Radio(programa conducido por Eduardo Aliverti en la mañana sabatina por radio La Red) incluyó un jugoso debate entre Artemio López y Atilio Borón. Como forma de cerrar ese segmento los participantes estuvieron de acuerdo en que Aliverti leyera un cuento humorístico. A continuación está la transcripción de dicho relato y el archivo de audio con la lectura del mismo por parte de la fenomenal voz del periodista. Se recomienda leer mientras se escucha el audio. Debido a que el archivo es muy pesado para ser escuchado en esta página, el hipervínculo enlaza con una página desde donde podrán descargar el archivo.
Un niño japonés llega a Estados Unidos y el papá lo inscribe en una escuela. El primer día de clase la maestra presenta a Susuki, hijo de un empresario japonés, a los chicos de sexto grado.
Luego la maestra les dice a los alumnos: “Empecemos repasando un poco la historia de América del Norte y del Sur”
“- ¿Quien dijo “Denme la libertad o denme la muerte?”
La clase se quedó callada, excepto Susuki: “- Lo dijo Patrick Henry, 1775-”.
- “¡Muy Bien! ¿Quien dijo que “El gobierno del pueblo y para el pueblo no debe desaparecer de la faz de la tierra”. De nuevo, ninguna respuesta de la clase en Estados Unidos, salvo Susuki: - “Abraham Lincoln, 1863”-.
La maestra, asombrada, les dice: - “Chicos, debería darles vergüenza, Susuki, que es nuevo en nuestro país, sabe más de nuestra historia que ustedes”.
La maestra alcanza a escuchar un susurro: - “¡A la mierda con los malditos japoneses!-”.
“-¿Quién dijo eso?-”preguntó la maestra. Nuevamente Susuki levanta la mano y dice: - “General McArthur, 1942”.
La clase queda muda y uno de los chicos alcanza a decir: “Voy a vomitar”.
La maestra trata de ver quien fue el alumno irrespetuoso: - “Ya está bien, ¿quien dijo eso?”
Y Susuki dice: - “George Bush padre, al Primer ministro japonés, 1991-?”
Uno de los alumnos, furioso, le grita al japonés desde el fondo:
-”¡Chupame esta!”-.
Susuki, casi saltando en su silla, le dice a la maestra: - “Bill Clinton a Monica Lewinsky. 1997-”.
El que era el número uno de la clase gritó: -“Estaba primero hasta que llegó este japonés de mierda”-. Y Susuki contesta: “-Mario Vargas Llosa elecciones peruanas, 1990-”.
La clase entra en un estado de histeria. La maestra se desmaya, cunde el caos.
Mientras los chicos se arremolinan alrededor de la desvanecida maestra, uno de ellos exclama: - “Mierda, la cagamo´ ¿y ahora cómo salimos de este desastre?…” y Susuki responde: “-Néstor Kirchner, Buenos Aires, Marzo 2008-”.
Sería un agravio a los análisis sociales negar que la delincuencia y los hechos violentos aumentan o disminuyen en proporción directa al deterioro o al crecimiento económico.
Y sería un agravio a los análisis políticos ignorar los oscuros tejes y manejes noticiosos de las informaciones policiales.
Este último concepto no sólo tiene que ver con el tratamiento morboso. Ya se sabe que un asalto o un asesinato “venden”, pero venden mucho más si están acompañados por violaciones. Los bajos instintos del lector, del televidente y del oyente se sienten, en esos casos, mejor complacidos.
No soy quien para avanzar demasiado en el desarrollo de ese tema, ya que no poseo formación específica y estaría pedaleando en el aire.
En cambio, me permitiré alguna que otra reflexión política acerca de la descomunal dedicación que ciertos medios periodísticos le están brindando a lo que se define como “auge de la violencia”.
Repasemos: los noticieros de Canal 9 y de América 2 junto con la emisora Radio 10 continúan afirmándose en la tendencia de ser unos auténticos vertederos de sangre y horror cotidiano, a un punto que lo macabro desplazó ya casi por completo a la información general. Y mal que (nos) me pese son de lo más visto y escuchado por el país. Creo que, a propósito de ese índice de rating, el porqué hay que buscarlo en la necesidad del pueblo de consumir las noticias que, en forma rápida, están cerca de su comprensión. Lo que más se ve, es lo que se entiende más.
Obviamente y al margen del morbo personal, un abuso sexual o un crimen pasional dan menos trabajo que la interna del PJ. Un tiroteo es más plácido que la deuda externa.
Un delincuente muerto, más entendible que las retenciones móviles. Golpes a una docente, más sencillos que los votos en el Senado. Pero además de esta dificultad, quienes intentamos mantener una línea de pensamiento digna y coherente con los postulados del ideario progresista y democrático, o de izquierda, o de esa inmensidad que se denomina “campo nacional y popular”, debemos reconocer que seguimos sin hallar la fórmula capaz de de transformar lo complicado en sencillo. Por el contrario: un repaso de las expresiones periodísticas – y también de los funcionarios, de los dirigentes políticos y de los factores de poder en general- demuestran que en la Argentina se escribe y se habla cada vez más en difícil. Las columnas de análisis de los diarios, por ejemplo, tienen un lenguaje directamente inentendible para quien esté lejos de la jerga política o económica. Se han convertido en los ”escribas del Poder”, cuya producción parece destinada, y a veces ni siquiera, a la sola lectura de quienes lo integran. La contrapartida, claro está, es que resultan muchísimo más eficaces para comunicarse con el común del pueblo los gritos eufóricos, las goriladas y el terrorismo ideológico que practica un González Oro.
Pues bien, si resulta comprensible, recorriendo su historia, que la falta de escrúpulos del Grupo Hadad y de la triada De Narváez-Vila-Manzano den lugar a ese interminable espectáculo de salvajismo, no lo es tanto entender que de unos años a esta parte se viene observando el mismo proceso en el grupo mediático más importante del país.
Las tapas de Clarín están siendo al periodismo gráfico lo que Telenueve o América Noticias es a la televisión, oscureciendo incluso, el amarillismo sincero de Crónica y Popular.
No está pasando día sin que por lo menos un cuarto de portada deje de estar al servicio de algún hecho de violencia, así se trate de un asalto común. Ni hablar de cuando la noticia tiene más tela para cortar (muerte, violación, persecución policial) y más morbo que generar. Más impresionante aún es ver el desmesurado espacio que ocupa en sus páginas internas la sección de “Policiales”. Aunque algunos periodistas honestos hagan policiales y no el juego de redacción macabro y morboso uno termina entendiendo que el aumento del crimen y la violencia es desmesurado.
Nadie en su sano juicio podría negar que el empobrecimiento generalizado deja paso a la marginalidad, al raterismo y a la delincuencia mayor. Nadie podría pretender el ocultamiento periodístico de esa realidad. Nadie, inclusive, podría afirmar, sin alto riesgo de equivocarse, que la violencia no está en aumento en la Argentina, en sus formas múltiples y en sus nuevas formas. Y si no lo está lo estará pronto frente a lo que parece ser un progresivo crecimiento de la miseria.
Pero lo que los medios mencionados y otros cuantos dan a entender es que vivimos una situación inédita.
Incluso he vuelto a oír una frase que consideraba desterrada para siempre: “Con los militares estábamos mejor, había más seguridad”.
Me quedé pasmado
¿Acaso eran menos los robos durante la dictadura? ¿Menos los asesinatos, menos las violaciones, menos los secuestros, menos los malos tratos?
Eran tantos o eran infinitamente superiores a hoy, más treinta mil desaparecidos, cientos de campos de concentración, el origen de la policía del gatillo fácil y el no saber si pensar querría decir ser hombre muerto al día siguiente.
Con una diferencia más: desde 1983 la violencia se puede publicar.
Desconozco si la tendencia periodística descripta responde a una campaña de intereses políticos o si se trata de una renovada estrategia comercial. O si es una mezcla de ambas cosas.
En cambio, si se que se está advirtiendo un notable incremento de frases tales como “así no se puede vivir”, “adonde vamos a parar”, “ya no se puede salir a la calle”, entre otras, las cuales están a punto de ser naturalizadas por la sociedad.
La historia de lo cotidiano enseña en cual argumento desembocan: “la democracia no sirve para nada”
Y la historia del país enseña cuál ha sido siempre la primera y la más exitosa de las tácticas de los sectores que siempre ven en el régimen democrático una mínima amenaza a sus privilegios, por parte de quiénes lo son o de quienes los sirven: asociar democracia con inseguridad personal.
La memoria colectiva no debería olvidarlo
La teoría del enemigo interno como caldo de cultivo del caos social – que la gran prensa corporiza, en este caso, en los autores de la brutal agresión a la docente bonaerense, como antes en todos aquellos que poseen un tono de piel cobrizo, en los consabidos “motochorros”, en la “juventud sin rumbo”, en los drogadictos y en una larguísima lista en la que no debe olvidarse allá lejos y hace tiempo, con todos aquellos que desobedecieron a la dictadura.
Si interesa destacar que esta reinstalación del “cuidado con el que tiene al lado” y del “¿usted sabe qué está haciendo su hijo?” no está siendo privativa de Editorial Atlántida o Canal 26 y de publicaciones y medios cholulo-fascistas por el estilo. Otras publicaciones y otros medios, con idénticos intereses pero más habilidad para disfrazarse de “serios”, adhieren a la campaña tan previsible como peligrosamente. No debe olvidarse que las ridiculeces de un diario , por ejemplo, cuentan con periodistas radiofónicos y televisivos que las retroalimentan en un juego mutuo de la peor estofa reaccionaria.
Ante este escenario, el pensamiento democrático, una vez más, no supo, no quiso o no pudo explicar concretamente alternativas que resulten creíbles.
Si miramos el mapa político nacional veremos que los candidatos de la “mano dura” han perdido, pero en una observación más profunda nos encontramos con un Scioli por acá, o un Macri por allá que, en lugar de plantear en términos vagos la democratización de las fuerzas de seguridad y su control por parte de la sociedad, decidieron hablarle claramente al jubilado de la plaza de la otra esquina.
Peor ha sido el papel jugado por la izquierda orgánica, que frente a un Gobierno que ya cedió ante la cruzada militarizadora de lo social en 2004, ante unos medios de comunicación que debaten sobre si se debe aplicar pena de muerte o se debe torturar como “solución final” al crimen, ha respondido con el ideologismo incompresible para el común del pueblo de “poner en manos populares a las fuerzas de seguridad”, denunciar las ataduras al imperialismo, comparar a Kirchner con Videla y plantear la liberación con la sencillez de quien se cree inmerso en un estado revolucionario y no en una democracia burguesa.
Mientras todo el mundo está pendiente del conflicto con el “campo” el pensamiento cualunquista sigue vivo.
No debemos olvidarlo, si queremos arribar a mayores grados de democratización de la sociedad y recrear condiciones de solidaridad sociale entre los grupos que la componene, es menester que combatamos al pensamiento y al periodismo del gatillo fácil.
A continuación transcribo el texto íntegro de la entrevista realizada al filósofo Ricardo Forster por los administradores de esta Comunidad y publicada por María Esperanza el 30 de Mayo pasado en esta dirección:
Si alguien desea leerla en el Word subí el archivo por acá:
Otra vez los paréntesis son de mi autoría y están colocados con el fin de quitarle rasgos de oralidad al entrevistado y de agregar información adicional a lo dicho por él.
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Un poco retomando la pregunta en torno a lo que suscita el debate en torno al populismo hoy en la Argentina y en América Latina. Hay una serie de confusiones. Primero históricas, gravísimas, (populismo) es una palabra fetiche, comodín, que hoy permite decir mucho y no decir nada. Hay una historia dentro de la experiencia política que se abre desde el siglo XIX en adelante en torno al populismo y a la diversidad en el interior de esa experiencia populista. Ha habido populismos de derecha, populismos de izquierda. El origen del nombre proviene de las tradiciones de los Narodnikis rusos, los populistas rusos que se insurreccionaron contra el zarismo y buscaron en el pueblo campesino ruso la esencia de una nacionalidad recuperada, etcétera, etcétera. Pero para ser más próximo a la conversación, me parece que caída la perspectiva de una izquierda revolucionaria, desmantelado el modelo soviético con el derrumbe del Muro en el `89, (produciéndose) una profunda crisis de los ideales socialistas, emancipatorios, lo que se desplegó fue una lectura unidireccional, absolutamente cerrada y unívoca de la historia en nombre de un capitalismo neoliberal que ya no tenía un enemigo con quien confrontar. Es decir, El enemigo comunista, el enemigo soviético, el enemigo revolucionario habían quedado absolutamente en desuso como un resto de una historia ya perimida. Y de repente y con ciertas sorpresas reaparecen, sobre todo a comienzos de esta última década en América Latina, una serie de fenómenos político-sociales diversos, complejos, no homologables, pero que tienen sin embargo algo en común, que van a ser caracterizados rápidamente como populistas. Entendiendo que acá hay un deslizamiento interesante, no sólo semántico, sino ideológico-político.
En los años `60-70 el debate en torno al populismo fue un debate en el interior de las izquierdas, en el interior de los movimientos populares. Se debatía en torno al bonapartismo. Se lo discutía -como dice mi amigo Casullo- desde la izquierda. Es decir, se lo pensaba como parte de un proceso histórico asociado a veces a los movimientos populares, pero también como una avanzada de lo burgués en el interior de las experiencias revolucionarias.
En los noventa la palabra populismo (es) una palabra absolutamente colocada como el nuevo bestiario de época, lugar de demonización que tiene que ver más bien con la pura demagogia, tiene que ver con el clientelismo, con reducir a la política a un negocio puramente mediático o desprovisto completamente y vaciado de cualquier otra connotación que implique discusión de modelos, de proyectos, de rol del Estado, de relación Sociedad Civil-Gobierno, pueblo-partidos-movimiento. La discusión sobre el populismo (se convirtió en) una discusión que yo definiría como brutalizada, casi analfabeta y absolutamente intencionada, ligada a este fenómeno –insisto- de demonización y de desplazamiento. Desplazado el comunismo como enemigo, lo que aparece ahora como enemigo es esta suerte de anomalía o de retorno de lo impensado que lleva el nombre de populismo. Sobre todo en América Latina, en este sentido estos últimos años en América Latina han quebrado cierta homogeneidad internacional, cierta lógica globalizada que había clausurado experiencias sociales, políticas, debates ideológicos, y que había naturalizado el despliegue de una razón neoliberal que, en última instancia, había devorado cualquier otra posibilidad de alternativa a su propio gesto hegemónico y se había convertido en el fin y la clausura de la historia.
El “populismo” o estos movimientos anómalos, extraños que resurgen en América Latina vienen a poner en cuestión ese bloque homogéneo, ese discurso único, y desde ese punto de vista me parece que es extraordinariamente importante y significativo, haciendo por supuesto las diferencias entre procesos políticos o sociales muy diversos. Como puede ser el de Chávez en Venezuela o el de Evo Morales en Bolivia, o el de los Kirchner en Argentina, Correa en Ecuador o Lula en Brasil. Me parece que se trata de hilar fino, de pensar las diferencias, pero también de interrogar por aquello que hoy hace de América Latina un espacio políticamente fascinante y de nuevo interesante.
Yo creo que hay un rasgo o quizás un par de rasgos significativos (en el populismo), que es volver a hacer visible como sujeto de la política a aquellos que han sido arrojados a la invisibilidad: los pobres, los marginados, los humillados, los que de alguna manera fueron derrotados en su representación política y en su construcción de sujetos activos por el discurso hegemónico del neoliberalismo. Me parece que hay un punto clave, Laclau habla de pueblo, (la cual) me parece que es una categoría compleja como el la define en el interior de esta lógica del significante vacío disponible para ser llenado con diversos contenidos. Pero creo que, efectivamente lo que el populismo vuelve a traer en escena es a ciertos lenguajes, ciertas tradiciones, cierta estructura simbólico-mítica incluso propias de la política, que habían quedado devastadas o puestas a un costado o invisibilizadas.
Entonces me parece que por ese lado hay que prestarle atención a la interpelación que el populismo hace de ese mundo popular. Aunque la equivalencia (populismo/popular) parece exacta no lo es de ninguna manera. El populismo es un dispositivo complejo, político, que tiene formas ligadas a cuestiones estatales, y lo popular responde a perspectivas que no siempre quedan enmarcadas dentro de la lógica del populismo. Por ejemplo: en el proceso boliviano actual los mundos populares de ninguna manera pueden ser reducidos a lo que podríamos llamar la tradición populista. Primero por lo que en Bolivia supone las antiquísimas tradiciones indígeno-campesinas, mineras, las tradiciones de una izquierda muy poderosa e históricamente decisiva en Bolivia. La propia biografía intelectual, sindical y social de Evo Morales, que es muy diferente al caso de Venezuela donde si podemos ver una relación Gobierno-Estado-Pueblo más típicamente populista por la propia biografía incluso de Chávez, que es una biografía más típicamente latinoamericana en términos de un militar que viene de tradición golpista y termina afirmando una posición populista “democrática”. Son instancias distintas.
Otro rasgo significativo importante es que el populismo reinstala al menos la cuestión del Estado, la cuestión de que debe ser un Estado, de quién debe ocuparse un Estado, y sobre todo también, y este quizá sería un tercer rasgo. El segundo es (resurgir) en una época en que un discurso hegemónico como el del liberalismo devenido en absoluto reclama este desguace del Estado como núcleo de atención político-social. Un tercer rasgo y no menor es que de alguna manera el populismo vuelve a hacer visible el conflicto en la política, es decir, la política no es leída como pura gestión, como una lógica neutralizadora, como un ejercicio ingenieril y como un proceso consensualista empresarial. Que ha sido de alguna manera el núcleo del discurso, la ideología y la práctica de lo político-económico al menos en los últimos veinte años. Con claridad, caída la disputa entre el mundo liberal occidental y el mundo socialista, lo que caía es también la idea de la política como confrontación en algún punto.
Me parece que lo que el populismo de alguna manera reinstala o pone en escena es la visibilidad del conflicto en el interior de la dinámica política, que lejos de ser algo problemático o algo negativo, es uno de los puntos más interesantes y más significativos de lo que está aconteciendo hoy en América Latina, que justamente es uno de los puntos contra el que arremete esta naturalización liberal que supone que conflicto y confrontación son algo pecaminoso, y que tiende a producir universales abstractos, categorías vaciadas de contenido (como) “la gente”, “la sociedad”, “el campo”, cómo si fueran lugares neutrales, homogéneos, sin diferencias, sin contradicciones. Y la idea del conflicto en lo político supone que la sociedad se vuelve a hacer visible en el plano de sus discrepancias, sus contradicciones, sus proyectos antagónicos. Incluso discutiéndola y por supuesto opinando la idea porque es muy problemática, reinstala de algún modo la categoría amigo-enemigo. Es una vieja categoría del debate político, que si bien está dentro del patrocinio de Carl Schmitt y de lo que su tradición significa, no es solamente del orden del patrocinio de una tradición de derecha en la Europa, sobre todo en la primera mitad del siglo XX a la que hay que ir a buscar esta categoría. Creo que en las tradiciones también “progresistas”, esta palabra entrecomillada porque hay que redefinirla, de izquierda, populares, populistas, etcétera, etcétera, también es una categoría importante.
Sobre todo también, encontrarle la diferencia a un antagonismo de la pura violencia exterminadora, a un conflicto que opere en el interior de una dinámica democrática en la que no se trata de eliminar al otro sino (que) se trata de debatir y contraponer proyectos de Sociedad, de Nación, de Estado diferentes.
Retomando un poco la pregunta sobre la delgada línea que separa a la confrontación de la enemistad radical: ¿Hasta dónde una confrontación de proyectos diversos no producen antagonismos irreparables que terminan en una suerte de guerra de unos contra otros o de guerra civil o de lo que fuere? ¿Hasta dónde esta idea del conflicto en el interior de la política, de los antagonismos, de la dialéctica amigo-enemigo, puede todavía ampararse en una disputa que por comodidad podríamos llamar democrática en el sentido de que no sea eliminatoria del otro?
Por supuesto las líneas siempre –insisto- son delgadas, tenues y se van corriendo. Nada está garantizado. Hemos naturalizado un tipo de construcción democrática que olvidó que la democracia es cotidianamente una reinvención permanente de si misma, es decir, que muchas veces va transgrediendo sus propios límites, va refundándose, va incorporando nuevos elementos. Por ejemplo, para mirar desde otro lugar: los otros días en el acto de Plaza de Mayo, yo veía algo que me pareció interesante. Nos acostumbramos durante mucho tiempo a despojar de la dimensión política su núcleo mítico-simbólico, en nombre de una extrema racionalización de lo político. Por supuesto que, después de la existencia de los fascismos, de la existencia del nacionalsocialismo, hay que tener mucho cuidado en el debate y la introducción de lo mítico-simbólico en el universo de las prácticas políticas. Pero a su vez también es fundamental comprender que la reducción de la política a pura racionalidad, con arreglo a fines, casi weberiana, a pura neutralización, a homologación respecto a las lógicas empresariales, económicas, a los discursos de la técnica, terminan por devastar lo emancipatorio, lo conflictivo, lo interesante de la propia dimensión política como búsqueda del bien común, como construcción de proyectos alternativos, como profundización democrática.
Hay una dimensión, otra, impronunciable en lo pronunciable, lo no dicho del lenguaje, lo que es del orden también de lo apasionado, de lo inconsciente, de lo que está en el interior de la máquina deseante que es fecundadora de la política. Sin la cual –sin esa dimensión- la política se convierte en calculabilidad pura. Entonces creo que la reemergencia de lo mítico-simbólico es interesante en el interior de un debate refundacional de la política.
Hay un excelente libro de un filósofo alemán que se llama Manfred Frank, que se llama El Dios venidero, es una nueva mitología donde él analiza a partir de la tradición del romanticismo alemán, pero no sólo, mezclando la Escuela de Frankfurt, Weber y otras cosas, analiza justamente el peligro que significa el abandono radical por parte de lo político contemporáneo de esas dimensiones de lo mítico-emancipatorio. Una paradoja, casi un oxímoron, mítico-emancipatorio. Es un viejo debate que está ligado a cierta dimensión peligrosa del mito Pero también la dimensión del mito como estructura de pensamiento político, como algo que mueve a una voluntad de acción.
En este punto, la gran carencia de las últimas décadas es justamente la de la relación compleja, impredecible entre las dos dimensiones de lo político. Hay que volver a desplegar esas dos dimensiones para pensar la política. La urticaria que produce el populismo entre otras cosas como proceso social concreto, sobre todo en aquellos que lo ven desde una tradición liberal, es –justamente- esta reintroducción en el escenario político de la mano del “populismo”, de esto que denominamos mítico-simbólico, es decir, lo irracional, etcétera, etcétera . Allí surgen cuestiones bien interesantes.
En el caso de Eduardo Grüner (el suyo) es un artículo extremadamente inteligente y sutil(se refiere a un artículo titulado “¿Qué clase(s) de lucha es la lucha del “campo”? publicada por el citado autor en el matutino Página/12 el día 16 de Abril. Enlace: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-102489-2008-04-16.html), porque se coloca en una tradición de una izquierda y de un marxismo crítico. La obra de Eduardo en ese sentido es una obra interesante, que vale la pena retomar en el interior de un debate refundacional de una tradición emancipatoria que había quedado anquilosada. Hay muchas cosas que comparto con él, de alguna manera los dos leemos con gusto sobre todo cierta tradición frankfurteana, Benjamin, etcétera, etcétera. Después podrá haber diferencias. Creo que el (Grüner) sigue viendo la escena contemporánea desde una matriz que, para mi gusto, habría que revisar o pensar críticamente.
El artículo es oportuno de todos modos, porque reinstala un debate que también había sido clausurado y había sido olvidado que es el debate en torno a la clase social. Después de la crisis del marxismo y de su defunción de los años ´80, hoy me parece que hay una saludable vuelta a una relectura crítica de Marx. Lo expresó muy sutilmente en su momento Jacques Derrida con un libro fenomenal que se llama Los espectros de Marx, donde justamente se presenta por lo espectral de Marx en Marx y en nosotros. Creo que no hay tradición emancipatoria actual que pueda refundarse sin un regreso crítico a la tradición de Marx, que no es la tradición del marxismo anquilosado, dogmatizado, perimido. Sino que es una tradición que interrumpió un discurso dominante desde una perspectiva extraordinariamente reveladora de las fuerzas ideológico-político-económicas y de los modelos de construcción de sociedad que se desplegaron en el interior del mundo capitalista.
Desde esa tradición la lectura de Eduardo (Grüner) es una lectura interesante. Hay un diálogo clave entre esa lectura y, por ejemplo, la que puede pensar Laclau en su interpretación del populismo, o la que podemos hacer algunos de nosotros desde la revista Confines (se refiere a la revista semestral Pensamiento de los confines editada por Alejandro Kaufman, Matías Bruera, Ricardo Forster y Nicolás Casullo, entre otros. Enlace virtual: http://www.rayandolosconfines.com.ar/seleccion.html). Incluso Eduardo participa de la revista. Son parte de una discusión reabierta o reinaugurada en los últimos tiempos, que yo celebro, y que nos permiten precisamente iluminar zonas que habían estado oscurecidas. Debatir no solamente la cuestión de las clases sociales, sino también de esas otras categorías también olvidadas como la igualdad.
Hoy apareció sorprendentemente una palabra en desuso: redistribución. El arte de la retórica siempre va junto con el poder decir lo que no se va a hacer, pero hacer de cuenta que se hace. De todas maneras, el retorno de ciertos lenguajes o de ciertas palabras es fundamental para tratar –efectivamente- de ejercer un acto de transformación de la escena de la realidad. No hay transformación de la escena del mundo si no hay lenguajes que vuelven a reaparecer en esa escena. Es una ganancia notable en todo este conflicto que haya vuelto a la escena una palabra como redistribución de la renta - a la que habría que ponerle clarificación: renta y riqueza no son cosas equiparables en si mismas, uno puede redistribuir la renta y no mejorar la desigualdad en la distribución en la distribución de la riqueza-. Por lo tanto, lo que estamos debatiendo es si hay un pasaje a un debate sobre la redistribución de la renta que se corresponda con un debate en términos de la cuestión de la desigualdad.
Todo esto, en parte se debe a un regreso de la política de la mano de una experiencia que no imaginábamos que iba a acontecer en la Argentina en el 2001, en el 2002, e incluso en el 2003. Eso hay que celebrarlo y está ligado a un tipo de gestión de Gobierno que ha puesto sobre la escena algo distinto, lo que nos retrotrae de vuelta a la pregunta anterior respecto del conflicto, los límites. Hay momentos en los que, incluso defendiendo a ultranza el derecho democrático de todas las expresiones, en que el nivel de diferencia o de conflictividad de proyectos alternativos exigen romper la falacia del puro consensualismo. Esa perspectiva no significa que se trate de retornar a la lógica de la guerra sino que se trata de ser muy claros(con respecto a) las contradicciones que siguen existiendo en el mapa socio-político-económico, y también de la inexorable presencia de niveles de confrontatividad nacidos de proyectos que no se corresponden los unos con los otros. No es posible imaginar transformaciones sociales, no es posible revertir el proceso de desigualdad brutal por el que atravesó América Latina en las últimas décadas, sin salir a discutir a fondo contra aquellos que han sido los gestores del empobrecimiento brutal de nuestra sociedad.
Si bien hay que cuidar extraordinariamente el Estado de Derecho y sus límites. Los límites siempre tienen esa dimensión de lo que se borra y se vuelve a trazar. Es cuestión de ver como los actores sociales, las clases, los grupos políticos vayan a desplegarse en la escena actual.
Si uno ve lo que sucedió en las últimas semanas con la confrontación desatada por el lockout empresarial del campo, de ciertos sectores del campo, ve claramente que el punto de la confrontación no estaba necesariamente inscripto en lo que se define como el “gesto kirchnerista de la confrontación”, como modelo del kirchnerismo, sino que claramente desde aquellos que reclaman una tradición liberal, democrática, consensualista y dialoguista, eso aparecía como un velo que cubría su modelo de confrontación, su intención de imponer una idea de Sociedad, de Estado, de país. Por lo tanto, yo creo que no hay que tenerle demasiado miedo (a la confrontación). Sobre todo porque muchos años de vivir en democracia, con todas las cuestiones de vaciamiento de la propia democracia, al menos garantizan, todavía en nuestra sociedad, que no se pasen los límites que no deben pasarse. Frente a eso, es importante no esconder el cuerpo, no temerle a las movilizaciones, no temerle a la reaparición del espacio público como un espacio de representaciones diversas, etcétera, etcétera.
¿Qué ha sucedido con el campo intelectual? Algo ha pasado, una especie de excitación polémica desde distintas perspectivas, y también como asociar esto al debate sobre el populismo, que también es un debate que tiene una prohibición. Sólo podemos discutir teóricamente populismo en el campo de las ideas, pero pareciera ser que nadie en el campo de lo político quiere tomar el traje de “populista”. (A este término) se lo tiene siempre como una especie de tachadura, etcétera, etcétera.
Si algo celebro de todo lo que está sucediendo es que hay una nueva potencialidad de debate en el campo intelectual. Me parece notable lo que está sucediendo en un medio periodístico como Página/12, que es un radar, que es una especie de anomalía. No solamente en la Argentina sino en el mundo, que sea una caja de resonancia de debates políticos, ideológicos, filosóficos, culturales, comunicacionales. Que se escriban largos textos y que la gente los lea y los debata, que haya nombres propios que intervienen, que una facultad como Ciencias Sociales haya quedado en el ojo de la tormenta porque ha querido intervenir de una manera importante y significativa en el conflicto actual, sobre todo denunciando ciertas lógicas de la corporación mediática, y que hayan suscitado también, en estos últimos tiempos, debates que habían quedado encapsulados o disminuidos, que incluso hoy vuelva a aparecer una figura también un tanto desaliñada o menos visible como la figura del intelectual. No es menor y es interesante que desde el Poder Ejecutivo se citen una y otra vez algunos momentos de estas discusiones que antes hubieran pasado desapercibidas para el mundo político. Algunas (menciones) exageran, algunas hacen que nos pongamos un poco colorados, que nos preguntemos: “¿No será demasiado que la Presidenta cite a fulano o mengano?.”
Ayer iba manejando y escuchando Radio Nacional, y de repente apareció un micro de Cristina Fernández hablando en Santa Fe citando un reportaje al director de la carrera de Comunicación con ese título que me causó mucho agrado: “Todos los días nos invaden los marcianos en la Argentina”, y al mismo tiempo diciendo que ella lee atentamente todos estos debates. Me parece notable por un lado, y al mismo tiempo me interrogo respecto a qué está sucediendo, si es que efectivamente hay un verdadero interés de lo político hacia el mundo intelectual-académico o si lo que está mostrando también es una sequía muy profunda en el mundo dirigencial-político, que no tiene producción interna o que a lo largo de la historia argentina, ha producido una sospecha muy grande hacia el mundo intelectual.
De todas maneras recuerdo un momento que me pareció muy notable, el año pasado- ¿cómo todas las cosas que sucedieron hace poco parecen muy lejanas?- que fue la clausura del Congreso de Filosofía que se hizo en San Juan. Hubo dos intervenciones: una fuera de programa, que la movilizamos un pequeño grupo, que fue la intervención de Marilena Chaui, que es una notable filósofa brasileña que reúne dos condiciones: ser una de las máximas autoridades en la tradición de la filosofía spinoziana y la filosofía del siglo XVII, y al mismo tiempo fundadora del PT (se refiere al Partido de los Trabajadores de Brasil) y compañera de ruta de Lula. Por un lado, Marilena Chaui dio un discurso extraordinario sobre los orígenes de la tradición liberal y los medios de comunicación, y por otro lado, cerró el Congreso (Cristina Fernández de Kirchner) -en el mismo momento prácticamente terminó el discurso de Marilena, de casi una hora, (y le) siguió el discurso de Cristina Fernández de Kirchner- cuando todavía era candidata. En el que al comienzo de ese discurso ella celebró la posibilidad de volver a restablecer los vínculos entre filosofía y política. Eso era notable como escena, por supuesto, los medios de comunicación no le dieron importancia, o leyeron el Congreso de San Juan como una manipulación kirchnerista cuando hubo cuatro mil personas, estudiantes de todas las universidades de Argentina y de países limítrofes, un mundo plural, mesas plurales. Un encuentro notable en muchos aspectos, con un cierre notable, primero por la absoluta independencia de una pensadora como Marilena, y la actitud abierta en su momento de Cristina Fernández de Kirchner, que podría haber dicho: “No ¿cómo voy a hablar después de una persona qué va a dar un discurso sin ninguna duda para mil gentes vinculadas a la filosofía, qué va a ser consistente, brillante”. Y sin embargo fue muy interesante cómo fue (su actitud) en cuánto a eso.
Fin de la entrevista
Aclaraciones preliminares:NO voy a discutir sobre el carácter de Luis D´Elía.
NO voy a discutir acerca de la posición del susodicho con respecto a Irán e Israel. Posición con la que discrepo en gran medida pero que pertenece a otro ámbito de debate.
NO pienso ponerme a evaluar sus dichos sobre los blancos y la “puta oligarquía.”
Un pedido a los comentaristas o lectores:
“Luis D´Elía es uno de los dirigentes más interesantes de la Argentina. Interesante por lo novedoso de sus prácticas políticas, tan distintas a las del partido como a las del sindicato. Interesante por la complejidad de su relación con el Estado.
Luis D´Elía es, al mismo tiempo que un dirigente social y político, un personje controvertido. Se siente cómodo produciendo incomodidad. Por eso D´Elía también es un signo. Y ese signo es, para unos, testimonio escandaloso de la irrupción de la barbarie en el orden público. Para otros, sublimación de la novedosa organización colectiva de los sectores populares.”
Papel de los movimientos sociales
Es interesante leer la opinión de D´Elía sobre lo que Alejandro llama “novedosa organización colectiva de los sectores populares”. Desde su punto de vista los actores sociales pertenecientes a la clase trabajadora se organizan en su hábitat y no en la vieja fábrica. Lo que el entrevistado sintetiza mediante la máxima: “La nueva fábrica es el barrio.”
Es una opinión interesante y discutible. Lamentablemente Luis D´Elía no ha profundizado dichos conceptos. Desde nuestra óptica no somos tan optimistas ni estamos seguros sobre la conveniencia de la organización territorial sobre la sindical. Es evidente que los piqueteros representan a gran parte de los sectores populares. De hecho muchos de sus componentes han cambiado las modalidades de protesta y ahora se dedican a construir casas, autogestionar fábricas abandonadas por sus dueños, tejer alianzas con sectores políticos y hasta desempeñar cargos en el gobierno nacional o provincial contribuyendo a la institucionalización de sus dirigencias.
No obstante, es pecar de ingenuos el creer que los sectores populares se hayan movilizados. La desmovilización es casi total y casi nadie se ha movido para defender a este Gobierno. El activismo se encuentra en franca baja y la crisis de representación de las clases populares no se ha subsanado. Por otra parte, habría que detenerse a analizar hasta que punto los movimientos sociales (convención que utilizaremos a falta de otra más convicente) poseen poder de presión sobre el oficialismo o que nivel de incidencia tienen en lo político-partidario y en lo referido a la toma de decisiones gubernamentales.
Hasta ahora, en mi opinión, no difieren en demasía del viejo “aparato”. Si dejaran atrás su alto nivel de atomización y tejieran alianzas firmes con los sectores juveniles y de centroizquierda que apoyan al Gobierno seguramente su peso crecería. De lo contrario, no habrán ni retrocedido ni avanzado.
Hay una sentencia que dice que en un país con las tradiciones políticas y sociales como el nuestro difícilmente pueda considerarse consolidado un régimen democrático sin un considerable grado de inclusión de los sectores populares. También es obvio que no hay democracia consolidada mientras se sostenga en un solo garante, sea éste personal (Kirchner) o colectivo (El “kirchnerismo”). La inclusión más completa de lo popular hace posible que un factor de recurrente generación de situaciones de inestabilidad en nuestro país, esto es, la generalización de contestaciones populares extrainstitucionales, sea, en principio, menos probable (en la medida, claro, que la inclusión se traduzca en cierta eficacia de respuestas a las demandas populares). Lo cierto es que hasta ahora esta administración ha creado empleo (sin entrar a discutir su calidad) y ha anunciado verbalmente el “inicio de la redistribución”. Así que en este ámbito, si bien aclaramos ,como es obvio, que los sectores populares se encuentran en mejores condiciones que hace unos pocos años, no han sido interpelados masivamente ni han alcanzado grados de movilización y adhesión sustancialmente distintos a los existentes al comienzo de la presidencia Kirchner.
“Ahora, ya el pejota no es el centro de esto, vos fijate el que anuncia el acto del 20 de Junio y del 9 de Julio somos nosotros, y por pedido de Kirchner y no el pejota”.
No compartimos esta perspectiva. En primer lugar, habría que retroceder hasta el instante en que Kirchner decide reorganizar (palabra nefasta pero a falta de otra la utilizaremos) al justicialismo partidario bajo su tutela. Esa movida defensiva del Gobierno, destinada a blindarse ante eventuales sacudidas políticas acaparando el control del PJ han hecho que Kirchner concentre todos sus esfuerzos en ganar efectivo control de los actores políticos peronistas y haya relegado a las ideas de la transversalidad centroizquierdista o movimientista.
Por supuesto que el actual Gobierno aceptará de buen grado a cualquiera que se encuentre dispuesto a defenderlo –todos los gobiernos lo hacen- y no se no se nos escapa que los movimientos sociales, pese a su dispersión y atomización, poseen un lugar importante en la estructura política de este Gobierno. No obstante, ese lugar dista de ser central y en modo alguno ha desplazado al PJ o a la CGT como cree D´Elía. Bastaría comparar la importancia que poseen personajes como Hugo Moyano, Julio Pereyra o Hugo Curto en la actual administración con la que ejerce D´Elía.
Para finalizar, creemos que para que se produzca un crecimiento efectivo de los movimientos sociales en el seno de la corriente peronista denominada como “kirchnerista” es menester que el movimiento piquetero oficialista vertebre una nueva relación con el partido Peronista y con la centroizquierda, bien distinta al “movimientismo” que sólo se invoca para justificar un mayor pedido de cargos en las boletas electorales. Esto es: ha de ganarse la confianza del PJ y a la vez ha de dar pruebas de su fidelidad al Gobierno y exigir por la misma mayores retribuciones que las hasta ahora obtenidas, pero sin que esto implique una pérdida demasiado evidente para el justicialismo partidario.
Golpismo
Sigue siendo preocupante que desde el discurso oficial cristalizado en esta ocasión por D´Elía se siga hablando de un golpe de Estado. Ni siquiera es ya el famoso “clima destituyente” sobre el que no nos ponemos de acuerdo con Balvanera. Directamente el 25 de Marzo hubo para D´Elía:
“El 25 (de Marzo) hubo un golpe cívico, un conato de golpe cívico”
Se puede comprender que la asociación de los cacerolazos de estos meses con los ocurridos en Diciembre del año 2001 haya afectado fuertemente la sensibilidad de muchas personas. No obstante, aclarado este punto, no se puede atribuir a los caceroleros de Marzo la intención de derrocar al Gobierno, ya que dicha afirmación no cuenta con el más mínimo fundamento empírico, ni posee criterios de verificación plausibles, sino que la única certeza sobre la que se asienta esa acusación no es más que un producto de la mente de su autor. Es menester que se entienda que esa calificación no es analítica ni tan siquiera es seria, solamente es una mera operación propagandística gubernamental y sirve a esos efectos.
La comparación con los cacerolazos del 2001 bordea lo insólito. Y es sobreestimar lo que fueron estas acciones de protesta. No obstante, subestimar a la protesta también un error político grave, pero calificar de golpismo a una acción que ni siquiera llegó a ser contestaria es una mera exageración. Lo que ha ocurrido es que los actos de corte de rutas y desabastecimiento llevados a cabo por el movimiento campestre ciertamente contribuye a la producción e climas en los que vastos y ambivalentes sectores sociales pueden desear una refundación o una reorganización de las capacidades estatales de acuerdo con la lógica corporativa y no con la democrática. Este amplio movimiento busca instituirse y por eso viene a “destituir” al poder anterior. Pero pese a la barbarie demostrada por los actores corporativos rurales, lejos se estuvo de tentativas certeras y realmente peligrosas para la continuidad del régimen democrático.
Hacia el final del reportaje el entrevistado afirma que gracias a sus intervenciones se ha avanzado en la discusión de un gran arco de temáticas como ser: concentración y extranjerización de la economía, papel de los medios de comunicación y saqueo de los recursos naturales. Llegado a este punto es realmente insólito que D´Elía crea que sus declaraciones hacen avanzar discusiones sobre tópicos tan caros al pensamiento progresista. De hecho da la impresión de que o bien no le ha dedicado siquiera un minuto a revisar como los medios reflejan su imagen o bien se ha ausentado del país por un tiempo. Las intervenciones de D´Elía no hacen avanzar ningún tipo de debate porque precisamente, su figura es la más deseada por los medios de comunicación para mostrar la violencia gubernamental en contraposición a los “mansos” del “campo”. Hasta ahora, los únicos debates que ha logrado suscitar D´Elía han sido en referencia a su polémica con Fernando Peña y a su presunto “odio” por los habitantes del paquete Barrio Norte entre otras grandes contribuciones a los debates nacionales.
Párrafo aparte merecen las comparaciones entre el movimiento campestre y los grupos autonomistas de derecha que surgen en varios puntos de Latinoamérica. D´Elía atribuye (con razón) la presencia de los Estados Unidos detrás de estas fuerzas políticas que levantan causas políticas de larga data y también vincula al agropiquetero Alfredo de Angelis con ellas. Esta asociación está absolutamente traída de los pelos y deja mucho que desear como visión de la realidad social argentina.
D´Elía acude en muchas ocasiones a justificaciones que convierten al conflicto con el “campo” en un choque binario de posiciones enemigas entre ellas que genera un denso entramado cultural antagónico y dual de irreconciliables (pueblo-oligarquía, nación-antinación, popular-antipopular, patria-vendepatria). Ante este juego de pasiones el pensamiento crítico debe estar más activo y en guardia que nunca porque es necesario un fuerte compromiso político. El asumido por sectores intelectuales por caso, puede ser muy importante a la hora de hallar una solución, o al menos explicar mejor toda esta situación(también puede servir para echar más leña al fuego, simple escala probabilística). Justificar, dotar de bellas palabras(reformista, distribucionista, interventor, modelo con inclusión social), en otras palabras, “racionalizar”, o más vulgarmente hacer pasar gato por liebre, las decisiones que tomó y toma el Gobierno (al que ahora se le debe agregar “nacional y popular” como algunas mentes entusiastas acompañan este generoso calificativo autoatribuido por el oficialismo a sí mismo) es esquivarle el bulto y no es “defender a la democracia” ni muchos menos “darle leña a la puta oligarquía”.
Para finalizar, es necesario destacar que todas las luchas y conflictos por venir pueden y deben darse dentro de los marcos de la política republicana, ámbito en el que se encuadran esas luchas a través del establecimiento de reglas de juego comunes a todos los actores políticos. No por eso dichos actores dejarán de constituirse con discursos en los que hay sesgos y valoraciones parciales, en los que hay visiones totalizadoras y totalizantes, en los que se encuentran e imbrinca relaciones de poder, en los que se expresan conflictos actuales y pensamiento y acción significativos. No obstante, las Democracias que funcionan son las que logran que todos los grandes desacuerdos se canalicen a través de los resortes institucionales, es decir, sin llegar al extremo que implica la violencia. Desde el 10 de Marzo nuestro país se ha visto sumido en un profundo resquebrajamiento de las reglas del marco democrático. Es de esperar que de ahora en adelante no se vuelvan a producir hechos semejantes y que nuestro país avance hacia esa modesta utopía que es la de vivir en “un país normal”.
A continuación dejo el texto íntegro de la desgrabación del reportaje realizado por la muchachada al dirigente Luis D´Elía. En unos días haré algo similar con la que se le realizó a Ricardo Forster. Transcribí rápidamente la entrevista a Luis D´Elía, por lo tanto, si detectan errores de desgrabación o de ortografía, notifiquénme y serán reparados. Los paréntesis son de mi cosecha y sólo cumplen la función de quitar rasgos de oralidad al entrevistado, en modo alguno se alteró ninguna palabra de las pronunciadas por dicha persona.
I
(…) Los movimientos sociales son el sujeto más dinámico porque, bueno, hoy la precariedad y la transitoriedad, la informalidad, hace que el que tiene un puesto de trabajo siga rehén de ese puesto. A pesar de que han descendido drásticamente las tasas de desocupación. (…) Eso genera que buena parte de la clase (obrera) decida organizarse en el territorio y no en el ámbito laboral, entonces, a partir de ahí (se produce) el dinamismo y el protagonismo de los movimientos. La nueva fábrica es el barrio.
Nosotros creemos que la peor de todas las derrotas que tuvo el pueblo argentino en 30 años -más allá de la económica, la social y la política- la peor derrota es la cultural. Y creo que uno de los sectores más afectados por la derrota cultural es el sector político. Por ejemplo este debate que hay en la centroizquierda, si es más periférica… es como encarar la derrota cultural de los sectores medios. (Por un lado) están los “chachoibarristas” que dicen “no hagan olas”, “en realidad hay que surfear arriba de la crisis”, “que la agenda la pongan los derrotados”, “no los cuestionemos, no los enfrentemos porque eso es piantavotos”. Y yo creo que esa visión progresista berreta, trucha se fue, se murió en el helicóptero con De la Rúa.
El debate fuerte lo pone sobre todo Néstor Kirchner, (por ejemplo) cuando dice que lo que hay que hacer con la sociedad y con los sectores medios derrotados culturalmente es politizarlos, confrontarlos, generarles debate. Y una sociedad politizada, a izquierda o derecha es lo mismo, es una sociedad mucho menos manipulable, sobre todo por los medios masivos de comunicación. Por eso si una ventaja tiene toda esta crisis del campo ha sido que la sociedad va ganando, sobre todo los sectores medios, un alto grado de politización.
Un sector (de los sectores medios) se va a ir a la derecha, o sea que va a abandonar la neutralidad falsa, apolítica en la que estaba ahora. Una gran ventaja es que se corran a la derecha. Y también va a haber un corrimiento hacia la izquierda nacional y popular, por eso, esto amplía la base de sustentación electoral del kirchnerismo, donde ahí vamos a tener a los indigentes, a los pobres, a la clase media baja y un pedazo importante de los sectores medios. Con eso, nos alcanza para avanzar.
Aún no habiendo pobres, suponiendo que no hubiera pobres, es un sector cultural que no tiene gancho con los sectores medios, digo, el tipo del conurbano es diametralmente opuesto al porteño así más…. (¿Careta?). Acá aplaudían al campo (pero) ibas al conurbano y te decían “ay esa tipa habla… pufff”
Yo soy una encuesta que camina, hoy en los sectores medios recibo mucha adhesión y mucho rechazo. Me ha pasado estar cruzando una calle y que un tipo en esta esquina me dijera farsante, hijo de puta como (me pasó) esta mañana, y que cruzara la calle y un tipo del mismo sector social me pidiera que me saque una foto con él. No creo ni en la puteada de uno, ni en la foto del otro. Pero es que son dos imposturas, pero que hay un debate (abierto) en la clase media no te quepa duda, y les aseguro, les pido, no se lo pierdan.
A mí me encantó lo que dijo Cristina ayer, me pareció pero (gesto de “espectacular”). Digo, para mí es muy fácil, junto al campo, al Gobierno, al campo le va bárbaro, al Gobierno bárbaro y feliz día de la bandera, la casa está en orden. Esa es una forma de gobernar, de toda esta (muchedumbre) de caciquejos políticos derrotados, la otra es gobernar en serio. Gobernar desde las convicciones, gobernar desde la política, gobernar desde el interés general, eso es un poco más complejo. Que es lo que está haciendo Cristina. Y yo creo que eso da mucho resultado político. Vos fijate en estos días como la Presidente se ha ido abriendo espacios, pero en base a convicciones, no en base a … Hoy me causó mucha gracia -y digo como han cambiado los tiempos ¿no?- que sea Hebe de Bonafini la que esté pidiendo la captura de los cinco ruralistas. Me parece un signo de los tiempos, así, muy fuerte.
II - Cacerolazos del 25 de Marzo
No, no tuve información, tuve una experiencia concreta. Yo esa tarde tenía un plenario de mi organización en la Manzana de las Luces, me voy antes con un productor familiar de Misiones que vos lo conocés: el Gringo Mathod, Oscar. Nos vamos con el gringo e íbamos a escuchar a Cristina en el Salón Sur de la Casa Rosada, entramos a tomar un café en “La Victoria” y veo que todo el boliche está lleno de adeptos de Cecilia Pando, y ella estaba con una periodista de la BBC de Londres y un megáfono amarillo y blanco apoyado en el piso. Le digo (al Gringo) “che Gringo, que raro todo esto. Esto es muy raro, no se entiende”. Fui, escuché a Cristina, me pareció un discurso brillante y cuando salimos a la media hora estaba la Pando caceroleando con todos los tipos. Prendo la tele y veo todos los canales en cadena. Y (me) digo “esto es un golpe mediático, y está todo armado de antes”. Yo veo los canales en cadena y digo, “ah la Pando, el megáfono, la mina de la BBC, el otro”. Esto estaba todo armado.
Ahora, el 25 de Marzo, a mi juicio, indica un punto de inflexión en las opciones del kirchnerismo. Antes del 25, el PJ y la CGT eran estratégicos para Kirchner, después del 25, son meramente tácticos. Y afortunadamente, desde esa táctica, el acertó en conducir el PJ. Ahora, ya el pejota no es el centro de esto, vos fijate el que anuncia el acto del 20 de Junio y del 9 de Julio somos nosotros, y por pedido de Kirchner y no el pejota.
El 25 (de Marzo) hubo un golpe cívico, un conato de golpe cívico y el PJ se borró del escenario. Peor aún, muchos dirigentes empezaron a discutir el poskirchnerismo.
Por lo pronto, vamos a un camino distinto, a un camino donde, bueno Cristina lo definió ayer con toda claridad, “la opción son los más pobres”. Y la opción macro política más clara es democracia y justicia social. Y una tercera (opción) que para mí va a quedar en los libros de historia del siglo que viene, que (es algo) que pasó ayer, que es, emerge la democracia confrontando y ganándole a las corporaciones. Por primera vez, hay una corporación que sale derrotada. Creo que la próxima corporación que va a recibir un sablazo feo son los medios, me parece que después de esto, viene la nueva Ley de Radiodifusión.
III
Aprendí algunas reglas de la comunicación, por ejemplo en este momento (ámbito de la entrevista) mandan ustedes. ¿Por qué? Porque me están grabando y después pueden editar. Ahora, cuando estamos en vivo, mando yo ¿no? Entonces yo normalmente voy a programas en vivo, es una norma. Y así como se hacía, o sea, los ejércitos de ocupación en los sesenta y en los setenta eran militares, hoy los ejércitos de ocupación son mediáticos. Antes se hacía la guerra de guerrillas contra los ejércitos regulares, hoy la guerra de guerrillas se hace con más éxito que contra los medios. Yo soy un tipo muy peligroso para los medios, y me saben un tipo muy peligroso. Porque soy rápido, porque tengo algunas cosas que para actuar de manera táctica…. Digo, todo el mundo tiene debilidades y fortalezas, una fortaleza mía es transformar, hacer verdaderas guerras mediáticas que lo ponen muy mal al poder.
Logré que todo el mundo discutiera concentración y extranjerización (de la economía), y, preservación de recursos como el agua ¿no? Ahora, todo el mundo hacía seminarios, talleres, conferencias, marchitas. Ahora, fui con una tenaza así (gesto de “enorme”), un camión del Ejército y veinte periodistas y logré lo que (querían ellos).
Yo a veces te puedo estar cinco puntos o te puedo estar treinta como te estoy ahora. Pegar una piña el 25 de Marzo significa que tengás (sic) tres o cuatro puntos de consideración pública. A tres meses de pegada esa piña y de abierto el debate, por esa misma causa tenés treinta puntos, que es lo que tenemos ahora. ¿Me entendés lo que te digo? Y después creo que los medios empiezan a tener una crisis de credibilidad muy grande, no acá ¿eh? En todo el continente, vos fijate, prácticamente todos los gobierno que hay en América Latina salvo hornadas excepciones han crecido y se han consolidado contra las corporaciones mediáticas. Hay que ir a Clarín y en la boca del león decirle “Clarín es un oligopolio papapa papa (remite a etcétera, etcétera).” Y que el mismo Grupo te vea. Claro eso es políticamente incorrecto para “Chacho” Álvarez y Aníbal Ibarra. Ellos jamás harían una cosa así, porque consideran que es una locura. Para nosotros se trata de personajes de poca monta, sin ningún tipo de convicción y que no nos reportan nada en términos de recambio y de progreso social a las sociedades donde les toca actuar.
Pero es un debate que hay, Chávez hace lo mismo o peor. Y no es que Chávez está loco o no piensa lo que dice, no, es una actitud deliberada. Cristina empieza a tomar ese sesgo, desde un lugar, desde una estética distinta, pero, en el fondo, empieza. Ayer cuando ella explicaba que “hubiese sido más fácil para mí entrar en las componendas que ustedes (los medios) construyen, pero yo tengo la obligación de gobernar, no de consensuar ni de dialogar. Es un camino ¿no?
IV- El armado político”
Yo creo que Kirchner puede tener un armado más partidario y un armado más movimientista. Con algún candidato que sea de todos, que sé yo, Estela Carlotto, por decir.
Pregunta ¿María Esperanza?: “Pero vos ya estás haciendo así (señalando dos columnas), o sea, dos ¿boletas? ¿colectoras?”
Puede ser, nos vamos a jugar a eso. Ahora en definitiva el jefe es él, así que nosotros (realiza la venia militar) haremos lo que el jefe dice. Somos muy parecidos con Kirchner, pero muy parecidos. Yo hay cosas que juego de memoria con él porque sé lo que piensa. Es un duro (se refiere a Kirchner), así como Menem era un duro por derecha, éste (Kirchner) es duro por izquierda. No van a joder así nomás, es un duro.
Ganamos el año que viene y en 2011
Pregunta ¿María Esperanza?: “¿Y en el 2011 con quién?
Probablemente con Cristina
Pregunta una voz masculina: “¿Tira Cristina- D´Elía?
No, aunque nunca digas nunca. La vida política de los pueblos no es una foto. A Evo Morales lo echaron por narcotraficante de la cámara de Diputados de Bolivia, y a los cinco años fue (electo) presidente de la República (boliviana). Por narcotraficante, con una campaña mediática feroz. A los cinco años era presidente de Bolivia.
Yo hoy tengo gente de todos lados que viene a militar con nosotros
Afirma una voz masculina: “Podrías haber sido presidente”.
No, pero tengo cincuenta años, la vida es larga ¿no?
V
Yo creo que en este país hay que discutir: concentración y extranjerización de la tierra como un problema urgente. Y el problema de la pobreza y la indigencia a fondo. Y después hay que repensar la Argentina. (A) la Argentina hay que recolonizarla por ejemplo. Hoy, el ocho por ciento (8%) de los argentinos ocupa el 90 % del territorio. Un disparate.
Ella (Cristina Fernández de Kirchner) dice “si yo no voy sobre la rentabilidad extraordinaria de algunos sectores. No puedo distribuir la renta nacional” .Y tiene razón.
(Una ley de Radiodifusión que permita que) un propietario de medios no pueda tener otro medio, (que) no pueda intervenir en política, vos prendé América 24 y el dueño es De Narváez, De Narváez es diputado, digo no queremos (tener un) Berlusconi en la Argentina. Que garantice el pluralismo, que desmonopolice, que el 33% de esas posibilidades de comunicación estén en manos de las comunidades locales, municipios, barrios.
Modificar la carta orgánica del central e ir por una especie de “Tobin tax”. Si (en) algo coincido con Buzzi (Eduardo, presidente de la Federación Agraria Argentina) en estos días es que dijo que hay que empezar a gravar al resto de los sectores. Él lo hace medio malintencionadamente porque omite que de cada diez dólares que salen de la Argentina en materia energética, seis se quedan en el Estado nacional. O que se le acaba de poner a la minería por la reforma a la ley de Aduanas el 10% de retenciones, por llamarlo de alguna manera, y eso (el porcentaje anterior) tiende a aumentar. Bueno, hay que gravar el sector financiero también.
VI
Pregunta ¿María Esperanza?: ¿Cómo ves el contexto latinoamericano actual? (es una especulación mía, pero estoy seguro de que preguntó algo similar)
Apasionante, lleno de esperanza, y con grandes acechanzas también. (Él) Plan Colombia (como) la mayor de todas las acechanzas.
Vos fijate que similar (es) el discurso de De Ángeli, unitario, secesionista, que similar (es) al de la derecha boliviana que plantea lo mismo, (es decir) unitarismo, secesionismo en nombre de las autonomías. Igual a lo que sucede en el estado de Zulia en Venezuela y en Guayaquil ahora en Ecuador. O sea, el planteo del Imperio es hoy tratar de fragmentar los territorios, ( Estados Unidos) trata de consolidar cabezas de playa y siempre (esconde sus intenciones) detrás de las grandes cuestiones ligadas a los recursos naturales y energéticos. Acá es por los agroalimentos y los excedentes propios de los agroalimentos, en Bolivia es por el gas y el hierro, en el estado de Zulia es por el petróleo, y en Ecuador también por el petróleo (que se encuentra) en Guayaquil.
VII
Bueno a mí me echaron de este Gobierno. Yo creo que la política exterior hacia Medio Oriente es caótica y estuvimos a un “tris” de habernos involucrado en una situación… A ver, si Argentina hubiese pedido lo que se comprometió el 18 de Julio en la AMIA, que es la ruptura de relaciones con Irán y la declaración de Irán como Estado terrorista, y eso hubiese habilitado la invasión americana a mediados del año pasado, Argentina hoy estaba en un problema gravísimo.
La verdad (es) que (en lo referido a) el problema del campo tardaron (el Gobierno) tres años en darse cuenta. Yo lo hablé veinte veces con ellos.
Sí vos me decís que todavía falta profundizar el reparto, es cierto, ahora que no se hizo nada es falso. Tenemos un millón y medio de nuevos jubilados, seis puntos del PBI para Educación, tenemos un mega plan de obra pública como hace mucho tiempo no tenemos. (Tenemos) cuatrocientas mil viviendas que hace 50 años que ningún Gobierno no construye viviendas en esa escala. Han hecho muchas cosas, ahora sí vos me decís (que) faltan muchas otras, es cierto. Ahora, el común del pueblo argentino siente que estamos en la dirección correcta, que como todos dicen “venimos del desastre y vamos en una dirección más o menos viable, déjenlo avanzar”.
VIII
Opinión del entrevistado sobre la dirigente Elisa Carrió (líder la Coalición Cívica):
“Me parece un personaje (que) no tiene ningún atractivo para mí.”
Opinión del entrevistado sobre Mauricio Macri, actual jefe de Gobierno porteño:
“El símbolo más alto de la derecha argentina.”
Opinión del entrevistado sobre Hermes Binner, actual gobernador de la provincia de Santa Fe por el Partido Socialista:
“Un buen tipo, un gringo prudente que articula bien con lo que él expresa culturalmente que es a los gringos de la Pampa gringa. Él (Binner) es un poco eso, pero de mejor calidad humana que el común de los gringos.”
Opinión del entrevistado sobre Alberto Balestrini, actual vicegobernador de Buenos Aires por el PJ:
“Un buen táctico, pero a veces da la impresión de (que) no tiene grandes convicciones, pero un buen táctico.”
Opinión del entrevistado sobre el ex vicepresidente Eduardo Duhalde:
“Ni. Vos decís Menem, derecha o centroderecha, Kirchner, centroizquierda. ¿Duhalde qué es? Es un ecléctico, un escéptico que no cree en la política por eso el expresa la fe del aparato.”
Opinión del entrevistado sobre Martín Sabatella, actual intendente de Morón por un partido de centroizquierda:
“Un buen pibe, prolijito, con buena prensa, pero me gustaría que estatice la basura. Si vos tenés privatizada la basura, eso siempre tiene olor a negocio. Por eso a mí cuando un intendente se quiere vender como honesto, lo primero que le pregunto es: ¿Cómo tenés la basura en tu distrito? ¿Es privada o estatal? Sí es estatal es porque estoy ante un tipo honesto.”
Opinión del entrevistado sobre Jorge Capitanich, actual gobernador del Chaco por el PJ:
“Un buen converso, (es) un ¡converso! Un tipo que dijo “yo estaba en los noventa profundamente equivocado”. Ahora, es un tipo muy formado, muy capaz, y bienvenido a este lado de la conversión porque si todo lo que sabe lo aplica de este lado…”
Fin de la entrevista
El sociólogo Vicente Palermo-en mi opinión un provocador genial- a través del Club de Cultura Socialista José Aricó propuso una respuesta a los firmantes de la “Carta Abierta firmada hace unas semanas por cerca de mil intelectuales, periodistas, artistas, y un largo etcétera.
Transcribo íntegra la respuesta de Palermo.
Carta abierta a (todos) los firmantes de la Carta Abierta / 1 del 19 de abril de 2008*
Debería ser obvio; escribo esta carta porque los respeto. Porque considero valioso y políticamente promisorio discutir con ustedes. No me interesa discutir con Mariano Grondona. No me atrae hacer la vivisección de Alfredo De Ángelis, a quien conozco de naranjo por haber seguido sus pasos no menos desatinados que los que da ahora como protestador rural, cuando era uno de los principales activistas de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú, asamblea que el gobierno nacional respaldó sin cortapisas en sus objetivos absurdos, diagnósticos tremendistas y metodologías “iliberales” (cría cuervos que te sacarán los ojos). Y no los respeto a ustedes solamente por las trayectorias en parte comunes que tengo con muchos de ustedes. También los respeto porque convocan a la discusión, del mismo modo en que lo estamos haciendo unos cuantos otros en estos mismos y amargos días. Quien convoca necesita y se supone que quien convoca (como ustedes lo hacen) a la política plural y al debate necesita debatir. Quien escribe y dice lo que quiere ha de leer y escuchar quizás lo que no quiere.
Ustedes dicen que desde el 2003 la política ha vuelto a ocupar un lugar central en la Argentina. Personalmente creo que hay aquí un aspecto importante con el que coincido. Pero quiero precisar. No coincido con las visiones que sostienen que la política se allanó, en América del Sur en general, y hasta la nueva ola de gobiernos que ustedes mencionan, a la voluntad de los “discursos hegemónicos”, el “pensamiento único” y el poder de los mercados. Por ejemplo, en modo alguno se podría ver al gobierno de Menem bajo esta óptica. Tampoco a muchos de los gobiernos de la región en los 90, que ustedes parecen colocar (al menos implícitamente) en la misma bolsa oscura del pasado “neoliberal”. No creo que esas simplificaciones sirvan para comprender muchas de las experiencias de nuestra región, como, por caso, el gobierno de FHC en Brasil. Creo que, emblemáticamente, la experiencia que se podría leer en la Argentina como la defección trágica de la política es el gobierno de la Alianza. Puedo darles de barato que así haya sido, lo que de paso me facilita las cosas para una primera crítica a mis propias posiciones pasadas, ya que acompañé al Frepaso y a la Alianza mucho más que la mayoría de ustedes. Y en ese sentido a ustedes no les falta razón: en efecto la gestión K (aunque, vaya uno a saber por qué, omiten ustedes a otros protagonistas de este mismo cambio, como Duhalde y el entonces ministro Lavagna) representa una cierta restituci&oacut! e;n del lugar de lo político. Y no solamente en política económica, Kirchner tomó la política en sus propias manos (como, me permito decirles, y si lo encuentran escandaloso sería bueno que argumentaran para explicar por qué no fue así, lo hizo también otro peronista de intachables credenciales, Carlos Menem). Observación esta que me permite una segunda (y última, por esta vez) crítica a mi mismo (no utilizo el vocablo “autocrítica” porque me evoca cosas sumamente desagradables, supongo que las mismas o bastante parecidas que las que les evoca a ustedes, o al menos a algunos): tras la debacle de la convertibilidad y el derrumbe económico, social y político, yo me encontraba tan abrumado por el fracaso de las experiencia de la Alianza que mi diagnóstico acerca de lo posible no incluía algunas de las decisiones más importantes que en materia político-económica tomaron Duhalde/Lavagna y Kirchner/Lavagna. Hubo en esas decisiones política, y política acertada (por más cierto que sea que, luego del colapso, se habían ampliado enormemente los grados de libertad para los gobiernos, si comparados con los preexistentes, cuando la bomba de tiempo de la convertibilidad no había estallado aún). Este es un mérito conspicuo y hay que reconocerlo.
Hasta aquí lo que puedo, hoy, acordar con ustedes. El problema es que la voluntad política, o la restitución para la política del lugar que le corresponde, se ha convertido, casi desde un principio de las gestiones K, en el triunfo de la voluntad. Estoy utilizando, con todo propósito, el título de un documental importante en la historia del siglo XX, como ninguno de ustedes ignora; aunque, por qué no, la expresión podría evocar asimismo literatura argentina mucho más reciente destinada a consagrar relatos del pasado con los que, ciertamente, discrepo.
El triunfo de la voluntad consiste en una concepción de la política que no puedo compartir y, debo decirles, me parece asombroso que ustedes hagan silencio sobre ella. En extrema concisión, diría que esa concepción define un talante para encarar la política, consistente en la más absurda exaltación de la voluntad y la más ciega fe en “nuestra” capacidad de usar de modo virtuoso el poder. Según este talante la voluntad política es condición necesaria y suficiente para todo cuanto importa. Y la virtud se da por descontada. Tengo que recordarles que la historia es un cementerio de experiencias en las que triunfos iniciales de la voluntad son seguidos por derrotas y desastres catastróficos. Yo creo que éste, y no otro, es el núcleo duro del así llamado “setentismo”. Y es esto lo que permite entender que sea, al menos verosímil, que el ex presidente Kirchner haya considerado en estos días, cosas tales como que “lo que siempre criticamos del Perón del 55 es que no fue a fondo frente a la Libertadora, a nosotros no nos va a pasar”.
Me pregunto si alguno de ustedes estaría dispuesto a suscribir semejante disparate, y eso es lo que me preocupa. Con voluntad política todo se puede: se puede hacer una política macroeconómica inconsistente, se puede mantener un comportamiento de compadrito en el contexto internacional, se puede decidir que la Argentina precisa un tren bala, se puede disponer que los agentes económicos se avengan a ser desplumados sin chitar. Claro, para todo esto hace falta dinero, pero no solamente, ni principalmente, dinero. Hace falta, por encima de todo, populismo político. Y la mayoría de ustedes lo sabe tan bien como yo. Y me resulta curioso leer y releer una carta abierta en la que no puedo evitar tener la impresión de que se hacen los distraídos. Se precisa tanto populismo como el necesario para cubrir la diferencia entre la voluntad política triunfal en acción y los resultados de esa acción. Se precisa tanto populismo como rebeldes sean los precios, los intereses, y otros malvados de la vida. Cuanto más rechina y cruje la maquinaria de la voluntad política en acción más, mucho más populismo es necesario.
Y esto, después de todo, ¿qué tiene de inconveniente? Para los K parecería que nada, ellos me dan la impresión de que no entendieron mal, sino demasiado bien, a Ernesto Laclau. ¿Qué tiene de inconveniente que el choque de la voluntad política triunfante con los malvados de la vida nos obligue a denunciar a los malvados de la vida por oligarcas, golpistas, antidemocráticos, desestabilizadores, destituyentes? Ese es el tipo de conflicto político del que el peronismo tarde o temprano no se sabe sustraer: un conflicto moral, entre buenos y malos, pueblo y antipueblo, nación y antinación. Y la voluntad política triunfal en acción no es menos torva, en su populismo, a la hora de la “conciliación”. La hora de la conciliación, lo sabemos todos, es aquella en la que – o témpora, o mores! – se denuncian las “falsas o artificiales divisiones en el pueblo” y se recuerda que los enfrentamientos “sólo han servido para dividir al pueblo y para que nuestro país se llenara de fracasos y frustraciones”.
Pero, no se trata de que el conflicto constituido en términos pop