Cipriano Reyes

El posting de Ana C sobre Isabel Perón me hizo recordar cosas de mi juventud. Como sabemos por Proust, una vez que se empieza a pensar sobre el pasado no se para. Me acordé de un nombre oído en mi primera infancia, Cipriano Reyes. Personaje muy clave en el principio decisivo del peronismo por lo que leí despues, a quien le fue muy mal. Y de quien sé poco. No soy ‘peronista’, como es obvio por mis comentarios en postings en el blog. Pero hay mucha gente en este blog que sabe mucha mas historia peronista de la que yo sé. La figura de Reyes me intriga, porque  por lo poco que sé de él lo veo como  un ingrediente esencial del aspecto más rescatable del primer peronismo, pero fue sacrificado por Perón. Mas o menos la misma historia de Perón en su retorno, y su relación con los militantes que primero alentó y despues echó de la plaza. Si esto que veo como coincidencia es cierto – o no – espero que me lo aclaren. Gracias.

22 comentarios en «Cipriano Reyes»

  1. Reyes fue el más tenaz de los laboristas, el más obstinado cuando Perón ya ocupaba todo el escenario, por eso le inventaron una causa judicial y lo mandaron a la cárcel.

    No fue el único sindicalista decapitado por Perón. Después de liquidar al Partido Laborista, el ´macho´ desplazó a Luis Gay de la conducción de la CGT una vez que le falló la maniobra de ubicar a Borlenghi como Secretario General. El régimen fue más allá: le hizo la vida imposible, llegando al punto de presionar a las empresas para que no lo tomaran como empleado.

    Prefiero no opinar sobre la relación de estos hechos con la expulsión de la ´juventud maravillosa´.

  2. Transcribo un texto de Horacio Gonzalez sobre la relación de Cipriano Reyes con Perón. El lenguaje poético de Gonzalez a veces resulta denso, pero tiene el atractivo de profundizar ciertos temas más allá de las dicotomías: malos/buenos, leales/traidores, etc.
    «Cipriano Reyes fue figura central del primer peronismo destinada a entrar muy pronto en conflicto con Perón. La naturaleza de ese conflicto es necesario verla como fundadora, hilo perdurable de los diferendos de Perón con otros hombres que lo acompañaron algún tramo de su vida política, de su cursus honurum, como suele decirse, pero si aceptamos que hay en el honor, tanto una realización, como culpa y fracaso. Porque siempre un trayecto personal, en cuanto se lo piensa como algo homogéneo, se presenta como artificioso e imposible. Entonces es necesario hacerlo parte de un itinerario encantado, que pase por alto los oscuros silencios y las nervaduras densas, rotas, de una vida. El honor, concepto máximo de la piedad laica hacia las pobres criaturas mundanas, viene a rescatar lo que en cada vida sería un soplo irreductible de señorío».
    Del libro: Perón, Reflejos de una Vida.

  3. El caso de Cipriano Reyes (como el de Luis Gay o Aurelio Hernández o Domingo Mercante) ilustra un aspecto del peronismo que resulta inabordable si se lo encara desde un punto de vista moral. No digo que no se puedan hacer juicios morales, lo que digo es que no sirven como herramienta analítica.
    El peronismo corresponde a un tipo de régimen político que se ha llamado «bonapartismo sui géneris». En países donde la burguesía nacional es demasiado débil, demasiado cobarde o, con frecuencia, ambas cosas, los regímenes políticos adoptan una forma bonapartista (en el sentido de un aparato estatal con mayor autonomía respecto de la clase dominante local), que hacen equilibrio entre el imperialismo y las masas. Algunos de estos regímenes se apoyan en el primero contra las segundas y otros a la inversa.
    Estos últimos, como a mí me resulta evidente, son progresivos y deben ser apoyados en su resistencia al imperialismo. Pero siguen siendo predominantemente bonapartistas, con rasgos autoritarios mayores o menores y cambiantes en el tiempo. El período 1947-52 fue en el régimen peronista un momento en que sus rasgos autoritarios se exacerbaron y hasta condujeron a la marginación e incluso persecución de algunos de sus partidarios importantes pero díscolos.
    Disculpen la extensión y el tonito maestro ciruela. Seguramente muchos ya sabían todo esto sin necesidad de que yo lo contara.
    Saludos

  4. Así explicado pareciera que el bonapartismo sui generis es una fatalidad por estos lares. No lo creo, el Uruguay del siglo XX no tiene una experiencia de tal tipo, y en políticas sociales estaba a la par o adelante de la Argentina. Tampoco lo encontramos en Chile, a excepción quizás del gobierno de Ibañez, que no dejó como herencia al ibañismo.

    Además, cuando se toma como contradicción única al imperialismo contra la nación oprimida, se le abre la puerta a frentes funestos como el Frejuli de 1973. Así se la toma, aunque se diga la mentira de es la principal reconociendo en apariencia que hay secundarias. Y aquí es pertinente la comparación con Chile, el gobierno de Allende no persiguió a sus seguidores y a militantes de otras corrientes con una organización criminal como lo hizo el peronista, supuestamente progresivo en el clivaje.

    Además, desde 1984 hemos aprendido que no hay que ir detrás del milico de turno por más bueno que parezca. Perón salió de un dictadura militar de tendencia fascista, ¿no?. A Seineldin nadie le dio pelota cuando se mandó la chirinada en el gobierno entreguista de Menem, así que eso del clivaje progresivo por antiiperialista sin importar el autoritarismo ya fue. Por suerte.

  5. Emilio: sus objeciones dan para una mesa de debate, porque excede este marco.
    De todas maneras, le aclaro que en Chile yo identifico varios casos de bonapartismo sui géneris más o menos progresivos: Alessandri el viejo, el fugaz Grove, Ibáñez y el propio Alende. Y lo contrario: González Videla y Pinochet.
    Uruguay, como usted dice, tiene particularidades que lo hacen una mosca blanca en América Latina, posiblemente por el peso del sector financiero. Nunca hubo allí, hasta donde yo conozca, un gobierno siquiera un poquito enfrentado al imperialismo (y el Tabaré de turno sigue la rima). Bonapartismos sui géneris proimperialistas hubo por lo menos dos: Terra y la dictadura desde el autogolpe de Bordaberry.
    Pienso que fui claro en señalar que los grados de autoritarismo varían de un caso a otro e incluso en distintos momentos de un mismo régimen (no sólo Perón, también Getulio Vargas). Depende de un montón de variables y de cambiantes relaciones de fuerza. Ahora, si usted lo que pretende son discusiones morales, ahí no lo sigo. Ya bastante complicado es analizar la realidad, para encima complicarla más con juicios de valor.
    Saludos

  6. Hola Andrés el viejo,

    Me parece que no tenemos la misma definición de bonapartismo. Yo no califico como tal a Pinochet, ni a Allende, y si bien puedo hacerlo con otros, como usted bien dice, esos casos fueron fugaces. Por otra parte, en mi opinión, Uruguay no estuvo enfrentado al imperiamismo yanqui porque lo usa como carta ante las apretadas de sus vecinos gigantes desde la época de Batlle, y por cierto que Tabaré la sigue usando. Es decir, también tiene que preocuparse de los cuasiimperialistas de la región.

    De todo modos, su planteo para la Argentina tal vez tenía sentido en 1947. Me parece que estamos grandes para seguir a un `bonapartista sui géneris`, a un papá caudillo, o al rótulo más amable que se nos ocurra para disimular a un dictador.

    Saludos cordiales.

  7. Ezequiel:

    Perón no era Videla, claro, pero está muy vinculado a Seineldín. Uno armó o consintió la AAA, el otro colaboró con ella. En ideología los dos están atravesados por el nacionalismo integrista y por la variedad local del fascismo, el llamado fascismo cristianizado. Los dos fueron golpistas (Perón ya en el 30), ambos anticomunistas, los dos tenían preocupación por lo social, y también eran antiimperialistas por derecha.

    Les tocó vivir dos épocas, de ahí las enormes diferencias entre ellos, pero en lo básico son dos gotas de agua. Afortunadamente, hoy no hay espacio para un Perón/Seineldín.

    Me parece que quien hizo la pregunta se debe estar matando de risa, ya que él no opinó nada y nos dejó hablando solos.

  8. La última Ezequiel, ya que el asunto no merece más.

    La mentada resistencia al imperialismo del gobierno peronista no dio una nación con independencia económica y desarrollo industrial. En ese punto fracasó rotundamente. Tuvo «éxito» en anularle la autonomía al movimiento obrero, y para eso tenía que liquidar a Reyes, Gay, etc. Por lo tanto, tampoco es un mero asunto de orden moral como dicen vos y Andrés. Y hoy deberíamos estar pensando en como reformular un movimiento obrero autónomo, en como ampliar la ciudadanía, en vez de en como obeceder a un papá caudillo supuestamente antiimperialista. Chau.

  9. Emilio: si no te entiendo mal, más allá de que estás volviendo a la tesis de Perón como exponente del fascismo vernáculo, que ya discutimos unas cuantas veces, y de que estás dando por sentada la autonomía de un sindicalismo largamente orientado y definido por la orientación estatal (como anécdota, vale la intervención de Ortiz en la disputa de los ferroviarios, entre Tramonti y Domenech), estás diciendo dos cosas más:

    -que podés aceptar la categoría de bonapartismo para 1947 (no creo que nadie la extienda más allá)

    -pero que no te parece hoy, con lo cual cabe preguntar: ¿te parece dable poner a los liderazgos actuales del peronismo en la lista en que con toda comodidad pusiste a Perón y a Seineldín?

    Naturalmente, ya sabés lo que pienso hasta con número de edición, de modo que no te voy a aburrir.
    Por otro lado, debés ser el único tipo más o menos serio, con lectura y actualización, que sostiene lo que no sostiene nadie más. El fascismo cristianizado es Cabildo: esa corriente no puede tener menos que ver con el peronismo.

  10. La verdad, en estos términos, retiro lo anterior: por mucho respeto personal que te tenga, y lo tengo, no puedo debatir con alguien que trata de sostener semejantes disparates. Buena suerte.

  11. Para Emilio, los dejé ‘hablando solos’ porque, como expliqué, me interesaba oir opiniones sobre el tema, que considero un hecho muy contradictorio de Perón (y para comprender que es el peronismo). Además, la cita de Horacio Gonzalez me dejó sin palabras.

  12. No entiendo la relevancia de la cita de González. Al mismo tiempo que se encargaba de ofrecer una de las legislaciones sociales más avanzadas del mundo, Perón también se dedicaba a concentrar poder y a quitarle autonomía a los trabajadores organizados en el Partido Laborista. Reyes fue una de las víctimas de esta política.
    La necesidad de ver trayectorias individuales en toda su riqueza, ambivalencia y dinámica–como pide González–no exime de criticar lo que sea criticable. Es más, en este caso concreto, no vería la política de Perón hacia el laborismo (desarrollada inmediatamente después de acceder a la presidencia) como algo excepcional, sino como un rasgo que se reitera: cuanto más se da en lo social y económico, más se intenta identificar lo político con el gobierno del peronista de turno. Evidentemente, esto es algo que todos los políticos quieren hacer, no solo los peronistas, pero ellos son los que mejor lo hacen. Y además, los que menos lo disimulan ya que contraponen el supuesto «contenido» de sus decisiones con las «formas» supuestamente superficiales del republicanismo.
    No me voy a cansar de decirlo: que los «republicanos» sean una manga de hipócritas no exime a los peronistas de pensar un poquito más seriamente los problemas derivados de la concentración de poder.

  13. Curioso: Bueno, según mi entender la cita de Gonzalez dice más o menos lo mismo que vos, no sé qué es lo que no te gusta de ella.
    Cuando dice: «La naturaleza de ese conflicto es necesario verla como fundadora, hilo perdurable de los diferendos de Perón con otros hombres que lo acompañaron algún tramo de su vida política», es parecido a lo que decís en estas palabras: «no vería la política de Perón hacia el laborismo (desarrollada inmediatamente después de acceder a la presidencia) como algo excepcional, sino como un rasgo que se reitera», también de alguna manera aprueba lo que dice Guillermo en el post, cuando compara a Reyes con lo ocurrido en el retorno de Perón.
    Y lejos de eximirlo de ninguna crítica, en todo caso Gonzalez señala la imposibilidad de una trayectoria que no incluya la culpa y el fracaso. El lado de la realización estaría dado por «una de las legislaciones más avanzadas del mundo», usando tus palabras.
    Me parece raro que no te haya gustado la cita, porque para mi decís casi lo mismo.

  14. Sergio,

    Gracias por tu comentario. ¿Sabés que tenés razón? Por ahí González plantea que su relación con Reyes será fundamental para entender un aspecto de Perón. Pido disculpas, entonces: leído a las apuradas y centrándose en sus reflexiones sobre el cursus honorum, el texto parece quitarle trascendencia histórica a esta relación, cuando realmente está planteando lo contrario. Pido disculpas entonces. Saludos.

  15. Ezequiel:

    Yo también te respeto, creo que superamos las bardeadas recíprocas. Me llama la atención tu resistencia a analizar la vinculación entre el peronimo y el fascismo. Dicha vinculación no implica la asociación lisa y llana entre ambos, y por supuesto que el peronismo no es (ni fue) un fascismo vernáculo. No obstante ello, el fascismo está presente en la genealogía del peronismo histórico. A eso apuntan Tulio Halperín Donghi, Alberto Spektorowski, Federico Finchelstein y Sandra McGeee Deustch.

    En cuanto a bonapartismo. Veo que hay gente que califica como tal al gobierno K. Yo tengo otra definición de bonapartismo, y en la historia argentina lo más parecido a un gobierno bonapartista fue el régimen militar de 1943.

    Ortiz no sujetó al movimiento obrero como lo hizo Perón, por más que laudara o se inclinara en una disputa.

  16. Ezequiel: no estoy diciendo que vos califiques de bonapartista al gobierno K, digo que aquí hay gente que sostiene tal calificación.

  17. Creo que nos fuimos lejos del post original. Los temas, insisto, son varios y amplios, más de lo que aguanta este formato. Sólo quiero explicar el sentido que doy, en el contexto de la presente discusión, al término bonapartismo. Este puede entenderse, en sentido estrecho o estricto, como un régimen cuya base de sustentación es el aparato militar-policial del Estado (los dos napoleones, Bismarck, etc.). Pero yo lo identifico, repito, en esta discusión, con un régimen en que el Estado tiene un grado mayor de autonomía respecto de la clase dominante (incluso para defender los intereses de ésta, lo que explica aquellos casos en que un gobierno favorable a dichos intereses es mal visto por los favorecidos).
    Saludos

  18. Emilio: habré interpretado mal dos frases suyas, no es la primera vez que nos pasa. Se las paso y si quiere me las traduce.

    1) «Perón no era Videla, claro, pero está muy vinculado a Seineldín. Uno armó o consintió la AAA, el otro colaboró con ella. En ideología los dos están atravesados por el nacionalismo integrista y por la variedad local del fascismo, el llamado fascismo cristianizado»

    2) «Y hoy deberíamos estar pensando en como reformular un movimiento obrero autónomo, en como ampliar la ciudadanía, en vez de en como obeceder a un papá caudillo supuestamente antiimperialista»

    (acá, la última línea, llevada al plano del «hoy», me hizo bastante ruido)

    Por lo demás, coincido en que el kirchnerismo no tiene nada de bonapartismo, entendido como el equilibrio que un Estado logra al arbitrar entre diferentes sectores sociales (dominados y dominantes, o bien, diferentes grupos dominantes).

    Eso sí, comparto la tesis de Torre que indica que Perón, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, tuvo como primer proyecto un «bonapartismo fallido»: incorporar a los industriales a su proyecto de conciliación de clases. Ese proyecto, quiero subrayarlo, FRACASA ya en junio de 1945, con el Manifiesto de las Fuerzas Vivas, donde 300 organizaciones empresariales le dicen que no: a diferencia del caso italiano, no existía temor entre los sectores propietarios a una revolución, y en esa medida, no veían la necesidad de conceder absolutamente nada. Perón se quedó con una base demasiado obrera para su gusto, y empezó a meter mano a ver si encontraba cómo atemperarla. Apareció la UCR JR, el PS RN, etc.

  19. 24 de febrero de 1946 – Primer triunfo de Juan Domingo Perón
    El 24 de febrero de 1946 se celebraron las elecciones presidenciales que darían triunfo a Juan Domingo Perón, quien encabezó la fórmula del Partido Laborista. Este partido había sido creado poco después del 17 de octubre de 1945 por los sindicatos que apoyaban a Perón con la intención de lanzar su candidatura. Tres meses después del triunfo electoral, el 23 de mayo de 1946, a pocos días de asumir su primer gobierno, Perón decidió disolver el Partido Laborista. En respuesta a esa medida, el sindicalista Cipriano Reyes, destacada figura tanto en los sucesos del 17 de octubre de 1945 como en el Partido Laborista, le escribió a Perón una encendida misiva que a continuación reproducimos.

    Carta de Cipriano Reyes a Juan Domingo Perón
    Autor: Cipriano Reyes, La farsa del Peronismo, Sudamericana-Planeta, 1987

    “Señor presidente electo de la república por
    el Partido Laborista, general Juan D. Perón.

    ”Hace pocas horas, día 23 de mayo, usted termina de romper amarras, intempestiva y públicamente, con el laborismo, a través de un “ordeno y mando”, como si lo hubiera hecho el zar de Rusia o el mismo Calígula, emperador de Roma.

    ”Desconoce el movimiento que lo llevó al poder porque teme que el mismo le exija la realidad de ese mundo mejor que le hemos prometido al pueblo y al país. Desea destruirlo de toda acción comprometida, pero se cuida bien de quedarse con sus banderas, que representan la doctrina democrática, cristiana y humanista del laborismo con su programa de reivindicaciones sociales y de emancipación de los argentinos.

    ”Lo hace para que los trabajadores y el pueblo sigan creyendo en su utopía, e ignorando al mismo tiempo que usted jamás pondrá en sus manos ese mundo de paz y libertad que les hemos prometido.

    ”Su ambición era llegar… y ha llegado. No le importa lo que deja detrás suyo, lo que hiere, lo que destruye, ni las cosas de que se ha valido para “escalar la montaña”. Ahora está en la cima, y desde allí arroja al precipicio a los amigos que lo ayudaron a subir. Usted no desea compartir el triunfo con nadie, y mucho menos con los que lo sacaron de la cárcel el 17 de octubre.

    ”Nada lo detiene porque su demagogia es tan auténtica como su falta de respeto a la dignidad y a los derechos de los demás. Su ambición no es ser el líder, ni el conductor político, sino el amo de la República, para convertir a sus turiferarios y sus creyentes en su rebaño predilecto.

    ”Desde esa noche fría y nebulosa del 23 de mayo usted, señor presidente, desvió el cauce de la revolución popular y nacional que el país anhelaba, convirtiendo a sus adláteres en un conglomerado amorfo, sometido al servilismo, lo que tarde o temprano le provocará la corrupción, como a Hipólito Irigoyen, aunque éste fuera un demócrata.

    ”Los que hemos llegado a conocerlo sabemos cuales son sus pensamientos y hasta donde puede imponerse con sus intenciones… usted invoca a Dios solamente para sacarle provecho a su ambición y no porque crea en su existencia, pero yo ruego que El lo ilumine para que pueda realizar el bienestar de los argentinos, y para que nunca más se repita con el pueblo lo que usted termina de hacer con el laborismo.
    ”Nosotros, Dios mediante, y sin duda alguna, seguiremos luchando de pie y sin claudicaciones, por el Mundo Mejor que todos anhelamos.

    ”De mi parte, hágale saber que me incorporaré a mi banca de diputado nacional, sosteniendo lo que usted, señor presidente, arrojó a la clandestinidad: el laborismo.

    Cipriano Reyes – 27 de mayo de 1946

    Fuente: http://www.elhistoriador.com.ar

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