Es inevitable reflexionar sobre si Filmus fue el mejor candidato. Me arriesgo a decir que no veo probable que algún otro – del menú de opciones – hubiera asegurado un resultado mejor. Amado Boudou tiene una imagen distinta, menos alejada, uno supone, de lo que los votantes de Macri – la mayorÃa demostrada – podÃan aceptar. Y es una figura nueva, una imagen joven, que en polÃtica tiene valor.
Tomada es más aceptable para el peronismo tradicional – una minorÃa en la Capital, pero propia -, y no lleva la carga de previas derrotas. Pero ninguno de ellos garantiza el voto progresista. Un animal mitológico, dirÃa mi amigo Artemio. Pero aún si se acepta que la experiencia progresista en la Ciudad está concluÃda – yo me inclino a hacerlo – eso no quiere decir que todos sus votantes, los que le dieron el triunfo en otros momentos, Dios los perdone, a Chacho Ãlvarez y a Lilita Carrió, se hayan muerto o mudado al country.
Aclaro: si me parece probable que la “experiencia progresistaâ€, para llamarla de algún modo – el ciclo que simbolizan las gestiones de AnÃbal Ibarra, con De la Rúa y con Kirchner – ya no sea un proyecto polÃtico viable, no es por un razonamiento teórico. Sucede que ni en esta campaña de Filmus, ni en la de Heller – un candidato aún más representativo de ese espacio – hace dos años, se movilizaron en forma masiva agrupaciones y sectores de la izquierda moderada.
Es cierto que no hubo movilizaciones masivas, de ningún lado. Y que la campaña del FpV fue una de las más pobres y desorganizadas que se tenga memoria en esta ciudad. Quiero rescatar aquà dos ejemplos de la imaginación y la pasión de dos mujeres de la blogosfera: éste, elegante y cool, de La Farolera, peronista y éste, brutal y concreto, de Eva Row, progre (No digo que los estilos están cambiando?).
Porque si la campaña no fue mejor, si no se supo incorporar talento y despertar energÃa, la falla no fue de los publicistas, sino de los polÃticos, que no supieron convocarla. Por la pequeñÃsima parte que me toca, tengo que decir “no supimosâ€. Pero eso es para discutirlo luego.
Por ahora, el asunto queda en manos de los tipos y tipas que van a votar el domingo. Cualquiera que sea el resultado, hay un hecho que me parece evidente: No desprecio a los votantes de Macri – como decÃan de los condenados a la horca “AllÃ, pero por la gracia de Dios, voy yo†– y el 13 % que reunió Proyecto Sur es un espacio importante para la polÃtica porteña. Pero lo que se construya para el futuro como proyecto polÃtico, para darle un nombre ya gastado, “nacional y popularâ€, será a partir de los que voten a Filmus-Tomada.
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La elección ya terminó, y los resultados no son buenos. No son buenos para el peronismo, claro, ni para el progresismo afÃn al gobierno nacional. En mi opinión, tampoco son buenos para todas las opciones polÃticas, en tanto tales, ya que la victoria de Mauricio Macri ha sido construÃda en base a una estrategia deliberada de evitar aparecer como una opción polÃtica definida. Ni siquiera como la expresión del anti kircnerismo, que – a pesar de las limitaciones de todo anti – por lo menos es una definición polÃtica.
Uno cita a Toynbee “Los que no se interesan por la polÃtica, tendrán un merecido castigo: Serán gobernados por gente que sà se interesa“. Pero debemos ser sinceros: la falla está quienes querÃan interesarla y no lograron hacerlo. Como decÃa hace poco un comentarista en mi blog, los polÃticos deben ir hacia la gente; no la gente a los polÃticos.
El impacto de estos resultados en las elecciones nacionales del 14 de agosto y del 23 de octubre da para un debate interesante, al que trataré de aportar. Pero ahora quiero acercar una propuesta que no tiene que ver con lo inmediato sino con el futuro de esta ciudad. Que es una parte no insignificante, en población, en economÃa, en vitalidad de Argentina.
Se me ocurre que éste es el momento adecuado para impulsar aquà – como ya lo hizo la provincia de Buenos Aires – una ley de Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, a semejanza – en lÃneas generales – de la ley nacional que se aplicará por primera vez el 14 de agosto.
Por supuesto, es imposible que esta ley local se apruebe – no hablemos que se aplique – para esa fecha. En uno, dos años, es un objetivo razonable. También está claro que no debemos copiar servilmente los lineamientos nacionales. Por ejemplo, podemos exigir un mÃnimo de votos inferior al 1,5 % del padrón, y permitirnos el lujo de tener más pequeños partidos, como muestra de nuestra diversidad y gusto por las novedades.
Muchos detalles serán resultado de la inevitable negociación para que una ley como ésta sea aprobada. Estoy pensando en esta Legislatura, de la que bastantes de sus miembros no permanecen después del 10 de diciembre. Algunos de ellos pueden estar interesados en dejar una memoria más… institucional de su trayectoria. “Ir por el bronceâ€, se lo llama. Ciertamente, ofrece una posibilidad de protagonismo a las opciones polÃticas locales que han sido pulverizadas esta vez por el enfrentamiento entre Macri y el oficialismo.
Igual, tengo claro que es un proyecto utópico si no hay respaldo popular. Y que hoy sólo puede interesar a polÃticos y politizados. Precisamente por eso, creo que los que hemos conversado de esta idea y la encontramos válida – amigos que apoyaron al proyecto de las 62 Organizaciones en la Capital, compañeros de agrupaciones que apoyaron a Boudou en la interna virtual de esos meses y, cosa extraña, no se desanimaron en el lapso entre la decisión por Filmus y su elección para candidato a Vice, otros – debemos pensar en un recurso previsto en la Constitución de la ciudad autónoma: un referendum.
Creo que los porteños no se han desinteresado totalmente de la polÃtica. Sà de estos polÃticos. Pero pienso que pueden engancharse con la idea de elegir a los que van a competir.
Ese es el valor que esta ley puede tener para el peronismo porteño. Y para las demás opciones polÃticas que quieran ser algo más que sellos. “El dedo†se ha mostrado definitivamente como un mecanismo inadecuado para transferir intención de voto. Todos los candidatos elegidos a dedo han fracasado (No vale mentar a Macri; allà el dedo apuntó a sà mismo, no habÃa nada que transferir).
Es cierto que para el peronismo tiene un valor especial. Una interna realmente abierta, que alcance a todo el espacio que hoy ocupa el Frente para la Victoria y – por qué no – sus aliados, permitirá definir el equilibrio, siempre cambiante, entre las muy diversas realidades que hoy lo forman. Es la única definición, muy pragmática, que puede funcionar en el peronismo: ser lo que los peronistas deciden que sea… en el tiempo que lo deciden.
Tá bueno, queremos más Abel en AP.