Las muertes, Macri, Fanon y el discurso zoológico

Javier Chocobar, Mariano Ferreyra, Sixto Gómez, Roberto López (de la comunidad toba) y Heber Falcón (policía) -los tres en Formosa-, ahora Bernardo Salgueiro y Rosemary Churapuña son las muertes que duelen y deben ser esclarecidas. Toda muerte es política. Pero para comprender debemos ir más allá que simplemente colocar la culpa en algún lugar para tranquilizar la conciencia. Manuel dice y yo concuerdo:

Formosa no es lo mismo que Ferryra y ni que esto, que ni siquiera sabemos que és todavía.
Sigue siendo bandera la no represión del gobierno nacional, pero siguió habiendo víctimas. Federalismo y división de poderes, lamentablemente. Y autogobierno de la cana.

Hechos de esta naturaleza siempre tienen versiones encontradas. En Formosa la comunidad toba declara que la policía reprimió y mató. El gobierno de Formosa aduce que fueron los qom quienes dispararon primero y mataron a Falcón. Silvia Vázquez y Luis D´Elía solicitaron la intervención de la provincia. Desde mi blog me pronuncié en contra de la represión y esperaba, como muchos compañeros blogueros, que el gobierno nacional se pronunciara fuertemente en contra de la violencia.

Son muchas muertes. Una muerte sola es demasiada muerte. Pero atentos, que el clima electoral siempre produjo incrementos de la violencia y, lamentablemente, ese clima se ha adelantado tanto que podemos afirmar, casi sin temor a equivocaciones, que todo el gobierno de Cristina Fernández fue vivido en un clima electoral y de una gran violencia por parte de los opositores: lock out agrofinanciero, ataque mediático y un Congreso que durante todo este año quiso cogobernar o -directamente- gobernar.

Toda muerte es política, lo repetimos, pero en un sistema republicano, de división de poderes -el verso preferido de la Derecha cuando no gobierna- es la Justicia la que debe investigar, echar luz, juzgar y castigar a los responsables de cualquier crimen.

La muerte es una tragedia. Es atroz. Representa el quiebre definitivo. Nadie volvió para contarnos cómo es pero si quedan aquí los deudos para reflejar el dolor de la ausencia, tan profundo que es indecible. Por los que se fueron -pero más aún por los que dejaron- es que debemos exigir que la Justicia actue con premura. La responsabilidad del Poder Político es pronunciarse en contra e imprimir su volúmen para que el esclarecimiento de los hechos y el castigo de los responsables sea lo más precoz posible. El poder político nacional se pronuncia en contra, separa a los policías implicados y se pone a disposición de la Justicia. El poder político de la Ciudad de Buenos Aires -locación de los hechos- no asume su responsabilidad y, con un discurso xenófobo, intenta tranquilizar la conciencia de sus votantes. Dos respuestas tan disímiles que no dejan lugar para la duda.

Nos dice José Pablo Feinmann en La Sangre Derramada (pág. 335-336):

¿Será ilusorio proponer el reemplazo del desencanto por la duda cartesiana? Decir, por ejemplo, «de acuerdo, nada es tal como lo deseamos, habitamos una democracia imperfecta, un mundo imperfecto, estamos rodeados de seres imperfectos, no votaremos por impecables, irreprochables políticos sino por hombres tramados por errores, impurezas, avances y retrocesos». Dudamos de ellos y dudamos de todo, pero no para quedarnos a un costado como espectadores desencantados, sino para agitar nuestra imaginación, para comprender debilidades y, comprendiéndolas, exigir que no se incurra en ellas.

Propongo que dudemos de nuestro desencanto. Que nos preguntemos si no será la figura más terrible a la que nos ha conducido le malin génie, dispuesto siempre a enmarañarnos en el error, en la vanidad, en el solipsismo, en la privacidad, en la soledad orgullosa, en el individualismo estéril. (Porque hay un individualismo fértil, que no es el del desencanto. Es, por el contrario, el de la duda. La duda comienza por ser un gesto individual. Un quiebre, una ruptura entre el yo y el mundo de lo fáctico, por medio de la cual se constituye el yo. Un yo que sólo podrá constituirse acabadamente arrojándose al mundo.)

Peligrosamente, el desencanto se ha convertido en una postura existencial elegante y prestigiosa. El desencantado advierte que ya no creerá en nada y que, por consiguiente, nada logrará engañarlo. Ni convocarlo. Así, el desencanto entrega al desencantado tanto la comodidad como la lucidez. La comodidad, porque puede entregarse sin culpa al egoísmo. Y la lucidez porque el desencantado se proclama como más inteligente que el, digamos, encantado. Precisamente esta figura del encantado es la que el desencantado critica duramente. El encantado sería un ser acrítico, que se deja engañar por artilugios, por vidrios de colores, un ingenuo que aún se atreve a la inelegancia de creer en algo.

Bastará con afirmar que el antagónico del desencantado no es el ingenuo y manipulable encantado, sino el sujeto crítico, el sujeto que nació con Descartes y que sabe que la creencia en algo no es una fe ciega y torpe, sino que es el acto libre del compromiso sometido a la severa vigilia de la duda metódica.

Por lo citado arriba, un amigo bloguero, Sujeto de la Historia, comentó:

Hace rato leí ese excelente libro de Feinmann; si no me equivoco, es en él donde explica la reducción del otro al estatuto del objeto, dándole así el permiso para cualquier aberración, porque el otro dejó de ser humano, pasó a ser «el boliviano que le saca la comida y el trabajo a los argentinos».
Veo venir, por derecha, una embestida muy importante ligada al racismo y la xenofobia, porque a Macri, si no se agarra de esto, se le derrumba el mundo, no por cuestiones ideológicas, sino por inútil. Creo yo que se va a poner en el lugar del único que se opone a que este gobierno siga importando pobres de países limítrofes, y esto, en CABA, lamentablemente siempre va a tener simpatizantes.

Vaya si tenemos historia en nuestro país de ese lenguaje del colonizador que tan bien describió Frantz Fanon, en el que se adjetiva al Otro -al que se quiere destruir, matar, exterminar o señalar como causante de todos los males- como a un animal, carente de rasgos mínimos de humanidad. Esa estigmatización abre la puerta para liberar a los demonios. Justifica el Mal.

Que lo explique mejor José Pablo (La Sangre Derramada, pág 54-55):

…Escribe Fanon: «El lenguaje del colono, cuando habla del colonizado, es un lenguaje zoológico» (…) asimilando al reprimido a la animalidad o excluyéndolo del derecho de gentes, del derecho a la ley, a la justicia (…) ¿Cómo, entonces, no va a tener el derecho de ejercer violencia sobre él?…

…no es necesaria la ley para matar a los animales y, asimismo, los animales no pertenecen al ámbito de la juridicidad…

No eran humanos los indios que se exterminaron durante la conquista española y durante la campaña del desierto roquista (nótese el uso de la palabra «desierto»: ahí no había nada, según la historiografía oficial). El aluvión zoológico peronista. Durante la última Dictadura, el «aniquilamiento» de la «subversión», elementos infectantes de nuestra forma de vida cristiana y occidental (Camps: «No desaparecieron personas, sino subversivos…»). Los asesinados como «desaparecidos» (no son, no están). Esos negros villeros de mierda, como causantes de la degradación cultural que hay que «combatir». La juventud kirchnerista, hitleriana. Los bolivianos, paraguayos, peruanos que vienen a usar nuestros hospitales y quitarnos el trabajo a los argentinos de bien, que pagamos nuestros impuestos.

Desentrañar este mecanismo de deshumanización es fundamental para que no sea sentido común el discurso facilista y xenófobo de Mauricio Macri, quien -cual tapa de Clarín que responsabiliza a la «crisis» por las dos nuevas muertes- responsabiliza de las muertes en Villa Soldati a la «inmigración descontrolada». Tan arraigado está ese prejuicio que, aún luego de murieran dos personas por represión policial, el Jefe de Gobierno de la CABA dice que:

…»si tuviese la Policía Federal» a su cargo, «daría la orden de desalojo del parque» Indoamericano.

La muerte no lo va a parar. La xenofobia es uno de los reductos en los que descansa la Derecha -en todo el mundo- para ofrecer soluciones mágicas a problemas reales que deben ser abordados de manera democrática y responsable.

Acerca de Ricardo

De Ricardo se dice: Es un sufrido hincha de River que nació en Tucumán. Le gustan los Bitles y el Yorc Jarrison. Estudia medicina. Está casado. Políticamente es un idealista pragmático que se ubica a la izquierda del arco político pero no le da el cuero para ser revolucionario y se conforma con que la gente viva un poco mejor cada día. Para que lo denosten sus amigos se reivindica no como kirchnerista sino como Nestorista de la primera hora.

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2 comentarios en «Las muertes, Macri, Fanon y el discurso zoológico»

  1. Fanon, luego de hablar del colonizador, le habla al propio colonizado en sus ya célebres Conclusiones de «Los Condenados de la Tierra»(1), y sería muy bueno leérselas a los «Muchachos PRO», eternos aspirantes de cuarta al primermundismo.

    Luego de escuchar a los «vecinos indignados que pagan sus impuestos» de los monoblocks que se encuentran detrás del paque, mucho me temo que en las próximas elecciones Macri arrasa. Los mismos tipos que, quizás tres o cuatro años atrás se encontraban en idéntica situación que los actuales apaleados, ahora son los que esgrimen la bandera de la mano dura. Sacaron su propia nariz tres centímetros de la mierda en la que estaban sumergidos hace poco tiempo y ya tratan a los demás de «negros de mierda».

    Aunque la oportunidad resulta impropia, a modo ilustrativo viene muy al caso el siguiente «chiste» que circulaba hace un tiempo:

    Una familia de negros es visitada por un primo que hacía tiempo no los veía. Grande es la sorpresa de la familia cuando ven que el primo Jorge, negro de nacimiento como ellos, ahora es blanco.

    – ¿Qué ha sucedido, Jorgito, que te has vuelto blanco? le preguntan a coro
    – Sucede que estuve bajo tratamiento de un médico que me recomendaron, que inventó un medicamento que a los pocos minutos de tomarlo, te convierte en blanco.

    La familia delibera unos momentos, consigue la dirección del médico que les recomendara el primo, piden turno y hacia allá parte la familia negra para recibir el tratamiento «milagroso».

    Comienzan a pasar uno por uno, entrando negros al consultorio y saliendo blancos. Queda para el final Danielito, que se resiste tenazmente a adulterar su condición de negro original. Discusiones van, discusiones vienen, y Danielito se opone de modo irreductible al «tratamiento blanqueador».

    En tono ofuscado, se oye finalmente al padre gritar:

    ¡Ésto no puede ser! ¡Hace 10 minutos que somos blancos, y ya tenemos problemas con estos negros de mierda!

    (1) http://centroizquierda.blogspot.com/search/label/Frantz%20Fanon

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