Para leer al pato donald

Para leer al Pato Donald es un libro que pese a haber sido escrito hace más de 35 años, nos ayuda a luminar el presente.

Aquí reproducimos parte de las conclusiones que sacan sus
autores: el  chileno Ariel Dorfman y el belga Armand Mattelart. No es copy and paste, lo tipié yo de este link

¿El Pato Donald al poder?

Sobrino: “Estamos salvados. Tío Donald. La cañonera dejó de hacer fuego”

Donald: “Y yo apagué todas las mechas”

Disneilandia Nº364

No es una novedad el ataque a Disney. Siempre se lo ha rechazado como propagandista del “american way of life”, como un vendedor viajero de la fantasía, como un portavoz de la “irrealidad”. Sin embargo, aunque todo esto es cierto, no parece ser la catapulta vertebral que inspira la manufactura de sus personajes, el verdadero peligro que representa para  países dependientes como el nuestro. La amenaza no es por ser portavoz del american way of life, el modo de vida del norteamericano, sino porque representa al “american dram of life”, el modo en que la metrópoli nos exige que nos representemos nuestra propia realidad, para su propia salvación.

Toda realidad puede entenderse como la incesante interacción dialéctica entre  una base material y una superestructura que la representa y la anticipa en la cabeza de los seres humanos. Por ende, los valores, las ideas, las “visiones del mundo”, y las c titules y comportamientos diarios que los acompañan hasta en sus gestos mas mínimos, están articulados según la forma concreta en que los seres humanos se relacionan socialmente entre sí para poder producir y vencer la naturaleza. Es la necesidad de representar coherente y fluidamente en las cabezas y en las diversas prácticas emocionales y racionales humanas la base material que permite al hombre subsistir y desarrollarse. Desde el momento en que un ser humano se halla inserto en una sistema social determinado –y por lo tanto desde su gestación y nacimiento- es imposible evadir esta necesidad de hacer y ser conciente de su materialidad. En toda sociedad, donde una clase social es dueña de los medios de producción de la vida, también esa misa clase es la propietaria del modo de producir las ideas, los sentimientos, las instituciones, en una palabra el sentido del mundo. Para la burguesía, en definitiva, se trata de invertir la relación real entre la base y superestructura: las ideas producen la riqueza por medio de la única materia que les queda limpia: la materia gris y la historia pasa a ser la historia de las ideas.

Por lo tanto, para capturar el mensaje central de Disney, es imprescindible preguntarse acerca de estos dos componentes en ese mundo de fantasía, porque de esta manera comprenderemos exactamente cuál es la forma en que se representa la realidad en ese mundo y de qué modo se puede relacionar esa ficción con la concreta existencia de los hombres, es decir, con su condición histórica inmediata. La forma en que Disney  va a resolver el problema superestructura-base debe ser comparado con la forma en que se presenta esta relación en el mundo cotidiano de los países dependientes. Las diferencias  y semejanzas estructurales nos aportan la clave para enjuiciar críticamente los efectos que ese tipo de publicaciones tiene en una realidad subdesarrollada.

Ya hemos probado hasta la saciedad que el de Disney es un mundo que desearía ser in-material, donde ha desaparecido la producción en todos sus formas( industriales, sexuales, trabajo cotidiano, históricas), y donde el antagonismo nunca es social (competencia entre el bien y el mal, individualidades más o menos afortunadas, tontos e inteligentes). Por lo tanto la base material que existe en cada acción en nuestro mundo cotidiano concretamente situado no está presente para los personajes de Disney. Sin embargo no se trata de ángeles insustanciales volando en alguna séptima estratosfera: hemos visto que es esencial a ellos agitarse en lo cotidiano. En ausencia purgación del sector secundario (la producción industrial que da origen a la sociedad contemporánea y es la base del poder de la burguesía y del imperialismo), la única infraestructura que le queda a Disney, que le permite encontrar algún tipo de cuerpo para su fantasía, que da forma material a sus ideas, que automáticamente representa la vida económica de sus personajes, es el sector terciario, aquel que surge al servicio de la industria y depende en definitiva de ella.

Tal como hemos observado, todas las relaciones en este mundo son de compulsión consumista  y todos viven en la compraventa de ideas. La revista misma no  escapa de esta situación: Disneylandia mismo nace al servicio de una sociedad que necesita entretenerse, es una industria de entretención, que nutre el ocio con mas ocio disfrazado de fantasía. Es la única máquina que queda en el universo, depurada de sus contradicciones industriales y por lo tanto la única forma de salvarse en el futuro que se cierra implacablemente, es un parque de juegos infantiles ( y adultos) donde todos pueden llegar pero nadie puede irse.

Por eso no puede haber antagonismo entre superestructura e infraestructura en Disney. La única base material que hay ha sido difundida previamente como una superestructura. Los personajes se mueven en el reino del ocio y por lo tanto en un mundo donde los seres humanos han dejado de tener necesidades materiales. Su preocupación primaria y última es amoblar su tiempo libre, es decir, entretenerse. Esta entretención constituye un mundo autónomo, y tan rígido y concluso, que todo elemento que pudiera recordar otro tipo de infraestructura, productiva, pre-ocio, una verdadera materialidad, capaz  por ende de denunciar con su sola presencia la falsa fusión entre mundo de diversión y mundo “real”, entre fantasía y vida, ha sido sustituido. La única forma que toma la materia es ser conciencia, la forma de la historia es se teimpo libre, la forma del trabajo es la aventura sensacionalista, la forma de la cotidianidad es la novedad informativa.

Las ideas de Disney resultan así PRODUCCIONES bien materiales de una sociedad que ha alcanzado un desarrollo de sus fuerzas productivas. Es una superestructura de valores, ideas, y juicios que corresponde a las formas en que una sociedad post-industrial debe representarse su propia existencia para poder consumir inocentemente su traumático tiempo histórico. Es justamente un mundo donde la burguesía industrial puede imponer sus leyes a todas las actividades y aspiraciones de lso demás sectores, internos y externos, utilizando ideológicamente el sector terciario de la actividad económica como utopía, como proyección sentimental, como único futuro. Esta dominación en un momento histórico concreto, se traduce y se refleja en una dominación similar dentro del universo-Disney, ya sea por medio de la industria de la fantasía  misma que vende la revista, ya sea por las relaciones de los imaginarios personajes entre sí.

 

15 comentarios en «Para leer al pato donald»

  1. Muy buena idea.Es un libro antológico.Sobre todo ahora que se olvidan,frecuentemente, conceptos fundamentales como infraestructura y superestructura.
    Saludos.

  2. Totalmente de acuerdo. Es un libro fundamental y (esto es opinión) muestra los alcances de una disciplina como el «análisis del discurso», cuando tiene una matriz teórica específica y coherente. Buena diferencia con el análsis de discurso «postmoderno», ¿no?

  3. Digo, más allá de que a uno le guste o no. La diferencia es que existen una serie de postulados teóricos coherentes y sistemáticos y sobre ellos se articula el análisis.

  4. Efraín:
    Si parece re loco. Ya nadie habla de estas categorías.
    Cresto:
    Creo que de eso se trata, el otro día creo que era Diego F y luego Lucas Carrasco que analiaban el discurso de Carrió. Es importante ver como emergen los personajes a partir de lo que dicen.
    Se me ocurria que George W y Ronald Ragan eran ma Pato Donald que Bill Clinton o Carter, pero luego de postear, uno siempre se queda pensando, descubrí mucho mas disneylandua en Kennedy Clinton y por supuesto Obama.
    Esa inocencia juvenil a prueba e balas mediaticas que señalaba el Criador de los demócratas es ma donalesca que la mirada del western de los republican.
    Gracias por pasar

  5. Después de este libro que fué un acierto y hoy ,creo,un clásico en el análisis de discursos,los autores se separaron en cuanto al soporte,Dorfman se dedicó a la literatura y el periodismo,con la calidad y seriedad de siempre.Pero, Armand Mattelard siguió con la sociología y pude ver hace años unos artículos muy interesantes,sobre las nuevas tecnologias:comunicación por satélites,etc.que ya comenzaban a aparecer en el mercado y que eran de invento y propiedad del imperio.Sería interesante si tuvieras algo de eso a mano poder reelerlo.Es un autor que los más jovenes no conocen y creo debemos difundirlo dado su compromiso con la seriedad teórica y el rigor científico,que no desprecia el aporte del marxismo moderno a las ciencias sociales.

  6. Hay un pequeño error de tipeo en el párrafo inicial: La amenaza no es por ser portavoz del american way of life, el modo de vida del norteamericano, sino porque representa al “american dram of life”, el modo en que la metrópoli nos exige que nos representemos nuestra propia realidad, para su propia salvación.

    Es «american dream of life», Sr. Boyle.

    Pocos veces se tiene en cuenta que el punto de contacto más alto de la visión disneyliana de y para América Latina quizás no corresponde a los años sesenta ni los setenta, si no que tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial con los filmes latinos de Hollywood en el marco de la «buena vecindad» de la administración de F.D.Roosevelt.

    Dejo este link a los Productos culturales del Good Neighbor.
    http://www.forosegundaguerra.com/viewtopic.php?t=5855

  7. Hola, Charly… Soy Marcos y tengo 21 años. Mirá. Yo estoy a punto de rendir el examen final de Comunicación Social II y elegí como tema central de mi discurso «Para leer al Pato Donald», de Dorfman y Mattelart. Leí el libro hace unos pocos días. Y luego me dispuse a recoger de Internet opiniones acerca de este libro que me sirvieran para comprender aún más lo que los autores han propuesto con esta especie de ensayo político. Sí… Yo también creo que después de estas lecturas, ya no podremos ver a Disneyland con los mismos ojos. Y eso que, debo reconocer, fui y sigo siendo un «big fan» de las historias de Disney. Al menos ahora sé lo que realmente transmiten esas historias. Ya no es más la mirada inocente de un niño. Sino el juicio crítico de alguien que ve «el negocio» justamente desde el lado del negocio. Gracias por este artículo. Me es de gran utilidad. Veamos qué piensa mi profesora. Suerte, Charly.

    Te dejo mi MSN:
    marcos_comnet@hotmail.com

  8. Mirá si hay una ilusión que uno tiene cuando escribe o arma un post que que a alguien le sirva y lo tome.
    No sabés la alegría que me dá saber que hayamos sido de utilidad tanto yo como los comentaristas para que que se forme un pedazo de sociólogo.
    Si esto es así el esfuerzo está pagado con creces.
    Mucha Merd para mañana y no dejes de comentarnos como te fue.

  9. hola¡¡¡ estoy aca con para leer el pato donald, y lo tengo como libro en una materia estoy en segundi año de getion cultural, me crie con el pato donal, creo q como todos, y por ahi es como raro ver q hagan libros q desdibujen un poco aquello ke siempre creimos. ahora tengo q rendir con este tema y la verdad me custa muchisisimo por esas razones.

  10. Hola

    Aprendi a leer con estas divertidas historietas, son gran parte de mi infancia, aun estan en mi casa, ahora que lei este libro me desiluciona que a mis 25 años, estudiante de ICI me doy cuenta de su mensaje oculto…. netamente politico

    Saludos a todos…

  11. 1972, la literatura política latinoamericana alcanzó ribetes de epopeya con una aguerrida lectura ideológia comunista aparecida, precisamente, en el crispado y radicalizado Chile del marxista Salvador Allende. La obra en cuestión, por increíble que parezca, lleva como título “Para leer al pato Donald,” al que le sigue un subtítulo algo menos rimbombante: “Comunicación de masa y colonialismo.” Un recordatorio, sin duda, de que las acciones tienen consecuencias. Incluso las malas.
    ¿Y de qué se trata? Los chilenos Ariel Dorfman y Armand Mattelart se proponen encontrar el oculto mensaje imperial y capitalista que encierran los personajes de historietas. Estos intrépidos autores quieren desenmascararlos a toda costa, demostrar las sinuosas intenciones que esconden y denunciar ante los pueblos del orbe la silenciosa infiltración que el imperialismo efectúa en sus tierras. Donald, Mickey, Pluto y compañia no son lo que parecen. Son agentes encubiertos de la reacción conserva-derechosa para asegurar una relación de dominio entre la metrópoli yanki y sus colonias. Disneylandia es un símbolo del capitalismo -y metáfora del propio Estados Unidos- con el que se induce a los niños a cultivar el egoísmo más frío y materialista en favor de los intereses de Wall Street. Obsérvese: “Disney expulsa lo productivo y lo histórico del mundo, tal como el imperialismo ha prohibido lo productivo y lo histórico en el mundo del subdesarrollo.” No se trata de las divertidas peripecias de un pato malhumorado. “Disney construye su fantasía imitando subconscientemente el modo en el que el sistema capitalista mundial construyó la realidad y tal como desea seguir armándola.” No se trata de un dibujante que hace su trabajo. “Pato Donald al poder es esa promoción del subdesarrollo y de las desgarraduras cotidianas del hombre del Tercer Mundo en objeto de goce permanente en el reino utópico de la libertad burguesa… Leer Disneylandia es tragar y digerir su condición de explotado.”
    Este delirio tuvo nada menos que treinta ediciones en veinte años. ¿Por qué? Porque está sintonizado en frecuencia paranoica, y justifica así la tendencia (muy humana, por cierto) de atrubuir a un tercero las culpas por las propias fallas; en este caso, el subdesarrollo y la postergación de las naciones de América Latina. Los paladines de la semiótica, Dorfman y Mattelart, gritan a los cuatro vientos para todo aquel que quiera oir, que la historia es una conspiración de malos contra buenos en que los segundos llevan invariablemente las de perder. En su audaz sobre-análisis, se ven a si mismos como el centro de la intriga universal que intenta sojuzgarlos.
    Ahora bien, ¿hacia dónde conduce esa manera de pensar y de ver las cosas? Absolutamente a ninguna parte, salvo a seguir ahondando en la decadencia. Y a justificarlo todo por medios de argumentos dialécticos desde el menos delirante (después de todo, en país de ciegos el tuerto es rey) hasta los más increíbles alardes de demencia y delirio propios de la mente alucinada de algún esquizofrénico sobremedicado, como este dúo dinámico (o no dinámico). Dorfman y Mattelart no son los únicos autores setentistas, pero esto ya es demasiado. Estos “profundos ensayistas” deberían dejar en paz al pobre pato Donald y, en cambio, comunicar a los lectores de su “tratado superior” que las miserias que azotan a los pueblos se deben a las políticas estatistas e intervencionistas realizadas por sus propios gobiernos generación tras generación, ya que los países que han alcanzado los máximos grados de desarrollo, lo hicieron porque, sin excepción, han adoptado una economía de mercado; y que la verdadera dominación que somete al hombre es la ignorancia, porque como decía Mariano Moreno, si los pueblos no se ilustran cambiaran de tirano pero no de tiranía.

    1. Bravo!
      Está bien que había paranoia y síndrome de persecusión en el siglo 20. Pero ya es hora de evolucionar, de dejar el complejo, y de mirar primero el propio ombligo.

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